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Isabel la Católica, ¿santa o villana?

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Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Jue Jun 05 2014, 23:29

Isabel la Católica, ¿santa o villana?



Con la petición formal de la Conferencia Episcopal española para reabrir la causa de beatificación de la Reina Isabel la Católica, César Vidal escribe una reflexión. César Vidal es doctor en historia antigua, filosofía, teología y licenciado en derecho.




Acusada de intolerante, racista e incluso sucia, Isabel la Católica vuelve a ser noticia una vez más en virtud de la publicación de varios libros relacionados con ella y el relanzamiento de su causa de beatificación. Sin embargo, ¿cómo fue realmente Isabel la Católica?

La utilización que el régimen de Franco hizo de los Reyes Católicos facilitó la tarea de todos aquellos que sentían por otras razones una especial repulsión hacia su legado y deseaban denigrarlo. Los enemigos de la memoria relacionada con los Reyes Católicos han ido históricamente de los republicanos a los islamistas pasando por los separatistas vascos y catalanes que siempre han lamentado la tarea de reunificación nacional consumada (que no iniciada) por Isabel y Fernando. Sobre estas razones políticamente correctas, se ha ido labrando un cúmulo de leyendas especialmente contrarias a la reina de Castilla tachándola de sucia, intolerante, fanática y racista.

Sin embargo, la realidad es que ninguno de esos mitos resiste la más elemental confrontación con las fuentes históricas. Empecemos por la leyenda relativa a una Isabel que no se cambiaba nunca de camisa aunque ésta apestara. Lo que nos enseñan las fuentes es que precisamente Isabel era una mujer de pulcritud sorprendente para su época; que se esforzó por hacer extensivas al conjunto de la población sus normas de conducta acentuadamente higiénica; que los informes de los médicos de la corte señalan su especial preocupación «por la higiene o los alimentos».


No era racista

No menos difícil de sostener es la acusación de racista lanzada sobre Isabel. No sólo fue ella la principal inspiradora de las Leyes de Indias que convertían a los indios americanos en súbditos de pleno derecho frente a las codicias de no pocos, sino que además el número de judíos que trabajaron para ella antes y después del Edicto de Expulsión fue muy numeroso. Nombres de gente de estirpe judía como Pablo de Santa María, Alonso de Cartagena, el inquisidor Torquemada, fray Hernando de Talavera, Hernando del Pulgar, Francisco Álvarez de Toledo o el padre Mariana entre otros muchos son muestra de hasta qué punto Isabel no fue nunca racista.

Este tipo de ataques ha intentado sostenerse sobre todo en episodios como la expulsión de los judíos y el final de la Reconquista. La expulsión de los judíos significó un conjunto de dolorosísimos dramas humanos pero en su época la acción distó mucho de tener esa connotación tan negativa. Las fuentes históricas nos muestran no sólo que la medida fue precedida por otras similares en naciones como Inglaterra, Francia o Alemania, sino que incluso fue saludada con aprecio en Europa porque, a diferencia de lo ocurrido en otras naciones, los Reyes Católicos no actuaron movidos por el ánimo de lucro.

En su momento, la decisión estuvo además relacionada con el proceso de Yuçé Franco y otros judíos que confesaron haber matado a un niño en la localidad de la Guardia en un remedo blasfemo de la Pasión de Jesús y, muy especialmente, con los intentos de ciertos sectores del judaísmo hispano por traer de vuelta a la fe de sus padres a algunos conversos.

Actualmente, los historiadores tienden a considerar el caso del niño de la Guardia como un fraude judicial pero lo cierto es que en aquella época las formalidades legales se respetaron escrupulosamente y este hecho, unido a la gravedad del crimen, provocó una animadversión en la población que, en apariencia, sólo podía calmarse con la expulsión de un colectivo odiado.

Por otro lado, Isabel se preocupó personalmente de que no se cometieran abusos en las personas y haciendas de los judíos expulsados como se puso de manifiesto en la Real Provisión de 18 de julio de 1492 que velaba por evitar y castigar los maltratos que ocasionalmente habían sucedido en algunas poblaciones como la actual Fresno el Viejo.

Por si fuera poco, durante los ciento cincuenta años siguientes, la innegable hegemonía española en el mundo no llevó a nadie a pensar que la expulsión de los judíos hubiera sido un desastre habría que esperar a la Edad Contemporánea para escuchar esa teoría y, desde luego, difícilmente se hubiera podido sostener que el episodio había sido más grave que otros similares realizados en otras naciones europeas.

Aún más fácil de comprender resulta el final de la Reconquista. Que los Reyes Católicos, tras reunir los territorios de Castilla y Aragón, ambicionaran concluir el proceso reconquistador era lógico y, desde luego, no chocaba con las trayectorias de otros monarcas anteriores. Con todo, la lucha contra el Reino nazarí de Granada no fue provocada por ellos sino por la ruptura de los pactos previos por parte del rey moro y por las incursiones de agresión que los musulmanes desencadenaron contra las poblaciones fronterizas.

No se trataba, desde luego, de una lucha meramente religiosa sino también nacional y no deja de ser significativo que cuando se supo que Granada había capitulado, los judíos danzaran para celebrarlo ya que también ellos habían sido víctimas de la intolerancia musulmana.

Sin embargo, la grandeza (grandeza difícilmente negable) de Isabel de Castilla descansa no en el hecho de que los ataques contra ella sean de escasa consistencia, sino en que fue una reina verdaderamente excepcional en lo político, en lo humano y en lo espiritual. Por ejemplo, supo comprender el efecto pernicioso que sobre la economía ejercía la subida de impuestos y prefirió la austeridad presupuestaria al incremento de la presión fiscal.





¿Conversiones a la fuerza?

Asimismo fue enemiga resuelta de las conversiones a la fuerza y así lo dejó expresado en la Real Cédula de 27 de enero de 1500. Además, en agudo contraste con la figura de su hermanastro y antecesor Enrique IV el Impotente, Isabel fue partidaria de una adjudicación de funciones públicas que no derivara del favor real, sino de los méritos del aspirante.

Esa circunstancia basta por sí sola para explicar buena parte de los méritos de gestión del reinado y, especialmente, el deseo que Isabel tenía de que las mujeres pudieran recibir una educación académica similar a la de los hombres. Como ella misma diría, «no es regla que todos los niños son de juicio claro y todas las niñas de entendimiento obscuro».

Aún más notable es el aspecto humanitario de la personalidad de la reina. Por ejemplo, cuando en 1495 tuvo noticia de que Colón había traido de América indígenas a los que había vendido, dispuso que se procediera a su búsqueda y se les pusiera en libertad con cargo a las arcas del reino. Aunque fue una excelente mujer de estado, Isabel no dejó jamás de mostrar una profunda preocupación por la suerte de los más débiles y desfavorecidos.

A ella hay que atribuirle el establecimiento de las primeras indemnizaciones y pensiones para viudas y huérfanos de guerra; una disposición tomada después de la guerra civil de Castilla cuando las arcas del tesoro estaban exhaustas o la creación de los primeros hospitales de campaña durante la guerra de Granada.

A todo lo anterior hay que añadir su ejemplaridad de vida o, de manera muy especial, su celo por la expansión del Evangelio por encima de cualquier otra consideración. Desde luego, el descubrimiento y la posterior colonización de América son incomprensibles sin una mención cualificada a las causas espirituales expresadas desde el primer momento por Isabel la Católica y recogidas en diferentes documentos de la época.

Todo ello explica que su figura fuera muy estimada en su época y abundan los testimonios de españoles y extranjeros que la tuvieron por una mujer no sólo excepcional, sino tocada por la gracia de la santidad. De hecho, los ataques contra su persona procedieron exclusivamente de enemigos que temían lo que representaba e históricamente se han caracterizado por su falacia. Poco ha cambiado al respecto.


Ataques ignorantes

En la actualidad, los ataques contra Isabel arrancan o bien de una clara ignorancia histórica (como muestra la leyenda de su camisa sucia) o de una repugnancia ante sus logros excepcionales. En contra de esa visión marcada profundamente por el sectarismo se hallan los testimonios de la época y las opiniones favorables de personajes de la talla de Washington Irving, Walsh, Prescott, Pfandl, Marcel Bataillon, Gregorio Marañón, Salvador de Madariaga, Ortega y Gasset o incluso Johnson y Eisenhower, ambos presidentes de EE UU, entre muchos otros. Al final, como sucede con tantas otras cuestiones, sobre el frío y documentado análisis histórico prevalece la lucha política.


LA RAZÓN. 27 NOVIEMBRE 2002. ESP.






Isabel y Fernando, Reyes de España


Isabel, hija de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, y Fernando, hijo de Juan II de Aragón y de Juana Enríquez, contrajeron matrimonio en Valladolid el 19 de Octubre de 1469, entre fuertes oposiciones al mismo. Isabel heredaría el trono de Castilla en 1474 después de la muerte de su hermano Enrique IV; había un conflicto sucesorio entre ella y Juana, hija de Enrique IV, de la que se decía era hija de D. Beltrán de la Cueva y no del rey. Este conflicto prosiguió después de la coronación, ya que Alfonso V de Portugal, esposo de Juana, lanzó una ofensiva en apoyo de ésta; ofensiva que se disputó en las batallas de Toro y Albuera tras las cuales Isabel, que salió vencedora, fue reconocida reina por las Cortes de Madrigal.

Mientras tanto Fernando era nombrado heredero a la muerte de su hermano Carlos. En 1468 recibió el trono de Sicilia y a la muerte de su padre en 1479, el de la corona de Aragón. Participó en las luchas a favor de su esposa Isabel y a partir de esta fecha se produjo la unión dinástica de Aragón y Castilla y el comienzo del reinado conjunto, siguiendo los acuerdos que se habían firmado en 1475 en la concordia de Segovia por los que ambos monarcas mantenían su igualdad en lo tocante a Justicia, moneda y expedición de privilegios, pero reservaba a Isabel la fidelidad de los tenedores de Castillos y las cuestiones de Hacienda.

Este matrimonio ha sido considerado como el punto de partida de la unidad y de la grandeza de España. El primer objetivo de los nuevos monarcas fue el de restablecer la autoridad real para lo cual se sirvieron de una poderosa organización, la Santa Hermandad, creada en 1476 que era una especie de policía judicial que perseguía a los perturbadores del orden. También constituyeron el Consejo Real que sustituía a las Cortes y nombraron corregidores para controlar las ciudades y vincularon la dirección de la Mesta al Consejo Real. De este modo quedaba controlada la política del reino, aunque estas medidas pesaron más sobre el reino de Castilla que sobre el de Aragón.

La siguiente misión era concluir la reconquista en el reino nazarí de Granada lo que consiguieron en 1492. La paz interior y la buena organización del reino permitieron que las arcas reales se llenaran y con ellas se acometieran nuevas empresas como el apoyo al almirante genovés Cristóbal Colón que descubriría América en 1492, aportando riquezas para el reino y un fuerte expansionismo exterior.

El éxito de la guerra anti-musulmana y la presión de los confesores de la reina indujeron a los reyes a unificar la religión de sus súbditos por lo cual en 1492 se procedió a expulsar a los judíos y los mudéjares granadinos, obligados a convertirse. Ya en 1478 se había creado la Inquisición para perseguir a los cristianos nuevos que volvían a sus antiguas creencias.

El reino continuó ampliándose al conseguir Fernando de Carlos VIII de Francia la restitución de la Cerdaña y el Rosellón en virtud del tratado de Barcelona de 1493. Así mismo en Italia se enfrentó al monarca francés consiguiendo la conquista del Reino de Nápoles en 1504. En ese mismo año fallecía la reina Isabel y aunque dejaba como regente de la heredera al trono, Juana I, a su marido Fernando el Católico, la nobleza castellana no lo apoyó por lo que éste marchó a sus estados de Aragón.

De este modo quedaba encargado del gobierno de Castilla Felipe de Austria, el Hermoso, esposo de la reina Juana I de Castilla, la Loca. Pero la muerte de Felipe en 1506 obligó a restituir a Fernando, llamado por el Cardenal Cisneros a Castilla en 1507. Los últimos años de su reinado se caracterizaron por los enfrentamientos con Francia en terreno italiano. A la muerte de Fernando el Católico heredó el trono su nieto Carlos I de España.

Desde el punto de vista artístico esta etapa se caracteriza por la supervivencia de la tradición gótica y la lenta penetración de los nuevos moldes renacentistas. Bajo el impulso de los monarcas o de la alta nobleza se erigieron numerosos edificios, iglesias, universidades, hospitales, castillos, etc., especialmente en tierras castellanas dada la supremacía económica de dicho reino en aquella época. En el campo de la pintura se superpusieron el estilo flamenco y la novedad renacentista. En este período continuaron desarrollando su obra pintores que ya habían comenzado tiempo atrás como Huguet, Gallego, Bermejo a la vez que el nuevo estilo renacentista asomaba a las obras de artistas como Rodrigo de Osona el Viejo o Pedro Berruguete.




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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por wad ras el Vie Jun 06 2014, 09:33

Como católico llevo mucho tiempo deseando que se reabra el proceso de canonización de la MEJOR Reina que jamás ha tenido España. Bajo el absoluto respeto que como hijo de la Santa Madre Iglesia debo a su Magisterio solemne, humildemente opino que hay elementos sobrados para dar a la Reina Isabel el tributo máximo de la santidad en Cristo Nuestro Señor.

Evangelizadora de las Américas, precursora de los Derechos Humanos, protectora de los indios, estandarte sólido de la Reconquista patria, activa luchadora por la unión de los españoles de todas las provincias y reinos, madre y esposa cristiana, católica fidelísima y humildísima hija de la Iglesia... Naturalmente que si. ¿Por qué no?

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por Ferenc Nagy el Sáb Jun 07 2014, 05:26

Su candidata santa mandaba despelucar y alejar muchos judíos.
En fin de cuentas, no ella será el primer Rey/na Santo/a de mano cubierto de sangre.

Ni el nuestro Rey San Esteban Primero era más fino.
Él y ella crearon un estado con hierro y con sangre.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por wad ras el Sáb Jun 07 2014, 10:18

@Ferenc Nagy escribió:Su candidata santa mandaba despelucar y alejar muchos judíos.
En fin de cuentas, no ella será el primer Rey/na Santo/a de mano cubierto de sangre.

Ni el nuestro Rey San Esteban Primero era más fino.
Él y ella crearon un estado con hierro y con sangre.


Debes repasar el hilo previo, nada de cubierta de sangre. En una época en que lo normal era exterminar a judíos el Decreto de conversión y, subsidiariamente, expulsión, era la medida más humanitaria de todo el orbe cristiano. No había ánimo racista ni antisemita, dado que la propia Reina tenía amistades judías. Se impuso la superior razón de Estado sobre las consideraciones particulares. España fue la ÚLTIMA de las naciones europeas en decretar la expulsión de los judíos, y lo hizo con muchas más garantías y con criterios más humanitarios.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 07 2014, 10:49

@wad ras escribió:Como católico llevo mucho tiempo deseando que se reabra el proceso de canonización de la MEJOR Reina que jamás ha tenido España. Bajo el absoluto respeto que como hijo de la Santa Madre Iglesia debo a su Magisterio solemne, humildemente opino que hay elementos sobrados para dar a la Reina Isabel el tributo máximo de la santidad en Cristo Nuestro Señor.

Evangelizadora de las Américas, precursora de los Derechos Humanos, protectora de los indios, estandarte sólido de la Reconquista patria, activa luchadora por la unión de los españoles de todas las provincias y reinos, madre y esposa cristiana, católica fidelísima y humildísima hija de la Iglesia... Naturalmente que si. ¿Por qué no?
Creo que el protector de los indios fue un oblispo o un cardenal no recuerdo ,que denuncio las barbaridades que se estaban haciendo alli

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Sáb Jun 07 2014, 10:57

La expulsión de los judíos por la reina Isabel I se debe a dos causas principales: la tendencia que habían tomado otros reinos de Europa a expulsarles, robarles y asesinarles; las peteciones de muchos nobles y alcaldes de ciudades ante la ola de violencia que había entre cristianos y judíos en algunas ciudades.
Isabel I les obligó a marcharse pudiendo vender sus pertenencias, es decir, sin expolios como hacían en el resto de Europa, o convertirse al Cristianismo manteniendo todo su patrimonio. De hecho, la reina católica tuvo entre sus secretarios reales y cortesanos algunos judíos, como por ejemplo al financiero de la expedición de Cristóbal Colón que descubrió América, Luis de Santángel.

Muchos reinos de la Europa Bajo Medieval ya los había expulsado, usurpado y asesinado antes, unas prácticas nada humanitarias especialmente en el Reino de Iglaterra:

http://www.niunpasoatras.org/t908-genocidios-del-imperio-britanico

EL EXPOLIO Y LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS EN INGLATERRA

El destierro de los judíos en Inglaterra comienza cuando el rey Juan I, también necesitado de dinero, no tuvo mejor ocurrencia que detener a un acaudalado judío de Bristol y venderle su libertad a cambio de 10.000 marcos. La negativa inicial de este pobre hombre a pagar al extorsión duró tanto como la valoración que tenía de su propia dentadura, pues el rey comenzó a arrancarle un diente por cada día que se retrasase en la “compra de su libertad”. A la sexta mañana la cantidad ya estaba abonada.

Este rey es recordado en Inglaterra con admiración, en las facultades de Derecho del mundo es estudiado como ejemplo de defensa de libertades, por ser el que redactó la Carta Magna, pero en lo que respecta a sus abyectos sistemas de tesorería apenas se dice algo.

Vistos los buenos resultados, las sucesivas necesidades de liquidez de la Corona fueron provistas de fondos con el mismo sistema, hasta que en 1290 Eduardo I acabó por expulsar a cuantos judíos quedaban en Inglaterra, unos 16.000. Por supuesto, habiéndoles quitado previamente cuanto tenían. Este rey les prometió hacerse cargo de su traslado hasta Jerusalén, hecho que les debió tranquilizar e ilusionar bastante, aunque por poco tiempo, pues nada más salir las naves a alta mar, los judíos fueron echados por la borda entre las risotadas de la marinería que les gritaba: “¡Llamad a Moisés para que venga a recogeros!”.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Sáb Jun 07 2014, 11:03

sandro escribió:Creo que el protector de los indios fue un oblispo o un cardenal no recuerdo ,que denuncio las barbaridades que se estaban haciendo alli

Montesinos primero y De las Casas después. Muy cierto, denunció la barbaridades que algunos colonos sin escrúpulos estaban cometiendo porque no obedecieron el testamento de Isbel l, en el cual exigía el absoluto respeto a los nativos.

Leamos con más detalle en el siguiente post la verificada aportación que los Reyes Católicos hicieron por la protección de los nativos del Nuevo Mundo y por el desarrollo de los Derechos Humanos.


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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Sáb Jun 07 2014, 11:12

REYES CATÓLICOS
PRECURSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS


Los Reyes Católicos fueron precursores en el establecimiento de los Derechos Humanos, a diferencia de otros imperios de la época moderna como el portugués o otomano, o más tarde el inglés, el holandés o el francés, donde existío el esclavismo o la aniquilación sistemática de indígenas.

El sistema de población que Isabel y Fernando proyectaron en el Nuevo Mundo estuvo basado en el tradicional sistema de repoblación de la Reconquista, que se materializó en el régimen de encomiendas, con trabajadores nativos libres de servidumbre que percibían un salario justo por el trabajo desempeñado en las mismas.

Tanto la Monarquía hispánica como la Iglesia católica hicieron grandes esfuerzos para la protección de indios y erradicar los abusos de los colonizadores que se concretaron en la redacción de las Leyes de Burgos de 1513. Un hecho sin precedentes en cualquier Imperio de Occidente hasta aquel momento.

http://spainillustrated.blogspot.com.es/2012/04/reyes-catolicos-precursores-de-los.html




REYES CATÓLICOS


La colonización del Nuevo Mundo fue un proceso realmente complicado, no sólo por la exploración de un continente desconocido y por la adaptación física a un medio difícil, sino también por el modelo de colonización que se pretendió establecer y su puesta en práctica.

Durante los primeros dos o tres años del descubrimiento, los colonizadores sufrieron una extraña mezcla de locura del oro y fiebre tropical que produjo latrocinios, asesinatos, abusos de nativos y hasta muertes masivas de colonos por enfermedad. El origen del desastroso sistema que Colón estableció fue consecuencia de la falta de previsión ante un descubrimiento inesperado.

Los Reyes Católicos pusieron todo su empeño en controlar las nuevas tierras y en el segundo viaje de Colón enviaron a dos hombres de su confianza, dos catalanes: Pere Margarit, un prestigioso militar caballero de Santiago, que se encargó del dominio político y militar de la zona; y fray Bernardino Boil, un benedictino que se convirtió en el primer vicario apostólico. Ambos informaron a la Corte del inadecuado sistema de dominio y control que Colón y sus parientes habían establecido allí. Años más tarde otros enviados volvieron con las mismas denuncias.

Durante los primeros años el marino genovés desarrolló en la isla La Española el mismo sistema que los portugueses estaban efectuando en África y que, además, coincidía con el modelo de explotación mercantilista al estilo italiano: factorías comerciales, colonización en régimen asalariado donde el trabajador no pueda establecerse con sus familias y poseyera tierras propias, derechos económicos compartidos exclusivamente por el descubridor y la Corona, esclavización y venta de la población nativa, etc.

Ese modelo de colonización fue rechazado sin contemplaciones por Isabel I, porque era contrario a su proyecto de evangelización de las nuevas tierras. Fue ella quien prohibió la esclavitud de los pobladores del territorio americano, de hecho, dictaminó que aquellas gentes eran hombres libres tal como los habitantes de Castilla.



LLEGADA DE COLÓN A SAN SALVADOR

Colón hizo todo lo posible para que en la Corte no supieran que había comenzado un incipiente tráfico de indígenas, pero aquellos primeros esclavos que Colón llegó a vender fueron rescatados y devueltos a su tierra originaria.

En aquellos tiempos el comercio con personas era una práctica muy extendida y el proceder de la reina fue realmente atípico para su época, por lo tanto, son muchos quienes afirmaron que Isabel I fue una precursora de los Derechos de la Humanidad. Tales actos, tan fuera de lo común en su época, fueron uno de los tantos fundamentos que se presentaron ante la Santa Sede para canonizar a la reina. Pero el proceso quedó inconcluso debido a la presión que un cardenal alemán ejerció para evitarlo.

El modelo de dominio y población que los Reyes Católicos proyectaron estaba basado en el tradicional sistema de repoblación y colonización efectuado durante la Reconquista en las tierras arrebatadas al moro, es decir, en la figura del campesino libre cristiano, también del campesino soldado, que llegaba a unas tierras ganadas al islam, las ocupaba con su familia, las trabajaba y las defendía como propietario de ellas frente a posibles ataques sarracenos. Esta era una forma de iniciativa privada popular, muy lejos de lo que Colón pretendió.



ENCOMIENDA AMERICANA

La Monarquía española implantó en América un nuevo modelo de colonización que ninguna de las potencias de la época estaba aplicando. Consistía en la asignación de un grupo de indígenas a cada colono para su evangelización y explotación económica mediante una remuneración monetaria tasada por el gobernador. Dicho salario entraba en el derecho que pretendía diferenciar la libertad jurídica reconocida al indio encomendado frente a la servidumbre del esclavo.

Este novedoso sistema de encomiendas fue aprobado por Real Provisión de 20 de diciembre de 1503, firmado por la reina Isabel I en Medina del Campo y dirigida al gobernador Nicolás de Ovando. Antes de que la reina firmara este importante documento, pasaron diez años de ensayo y hubo consultas a expertos teólogos, a letrados y a juristas.

Tiene similitudes con el sistema que Roma desplegó en la fase alta del Imperio, pero con la importante excepción de que se prohibió la esclavización de las poblaciones autóctonas, acorde al sentido evangelizador que tuvo la conquista desde el primer momento.

Los Reyes Católicos habían establecido que la condición jurídica de los indios era la de personas libres y no sujetas a servidumbre. Esta característica a favor de la dignidad y libertad de las poblaciones indígenas es exclusiva del Imperio español. No se realizó por otra potencia de la época como los Imperios portugués y otomano, como tampoco en la gran era colonial, ni en la América anglosajona, ni en el África bajo dominio europeo.



ISABEL I DE CASTILLA

En un fragmento del codicilio de la reina Isabel I anexo al testamento, otorgado en Medina del Campo a 23 de noviembre de 1504 pocos días antes de morir, la reina Católica pidió un buen trato para los indios, vecinos y habitantes de las Indias:

“Cuando nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las Islas y Tierra Firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, como así se lo suplicamos al Papa Alejandro VI, de dichosa memoria, que nos lo concedió, nuestra principal intención fue procurar inducir y traer a los pueblos de allá y convertirlos a nuestra fe católica, y enviar a las dichas Islas y Tierra Firme prelados, y religiosos, y clérigos y otras personas doctas y temerosas de Dios, instruir a los vecinos y moradores de ellas en la fe católica, y enseñarles y adoctrinarles en las buenas costumbres, y poner en ello la diligencia debida, según en las letras de la dicha concesión se contiene, por tanto suplico al rey mi señor, muy afectuosamente, y encargo y mando a la princesa Juana, mi hija, y al príncipe Felipe, su marido, que así lo hagan y cumplan, y que este sea su principal fin, y que en ello pongan mucha diligencia, y que no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno ni en su persona ni en sus bienes, sino que manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien y provean por manera que no se exceda en cosa alguna lo que por las letras apostólicas de la dicha concesión nos es mandado”.

La inicial aportación de Isabel I no fue suficiente, la Iglesia católica y las siguientes ordenanzas durante el reinado de Fernando el Católico continuaron la defensa de la dignidad de los hombres y mujeres de aquellas tierras. Entonces, un dominico llamado fray Antonio Montesinos sentó en la conquista de América las bases del respeto y la dignidad del hombre, germinando una corriente de grandes defensores que desembocaría en los actuales Derechos Humanos.



ESTATUA DEDICADA A ANTONIO MONTESINOS EN SANTO DOMINGO

El 21 de diciembre de 1511 en la ciudad de Santo Domingo, capital de las Indias, Montesinos pronunció su discurso denunciando el sistema de encomiendas en el que trabajaban los indígenas de la isla La Española.

El sermón de Montesinos, que alcanzó resonancias universales, tuvo como tema central el cuestionamiento de la licitud del dominio español en las Antillas, así como la censura frente a la explotación a la que los colonizadores (especialmente los encomenderos) sometían a la población nativa.

Planteó tres graves preguntas a los colonos de la isla:

- ¿en qué condiciones podía hacerse la guerra justa contra los indígenas?
- ¿con qué título se ejercía para predicar el cristianismo en América?
- ¿podía emplearse la fuerza contra los indígenas para predicar el cristianismo, o esta predicación debía realizarse solo por medios pacíficos?

Por una parte, atacó con dureza el sistema de encomiendas, al mismo tiempo que denunciaba las injusticias y abusos cometidos contra los indios. Por otra, cuestionaba la legitimidad de los títulos de soberanía de la Corona de Castilla sobre el Nuevo Mundo, que eran el Tratado de Tordesillas y las Bulas Alejandrinas.

En palabras del historiador norteamericano Lewis Hanke, el célebre sermón de Montesinos “fue el hito iniciador de la lucha por la justicia”.



ENCOMIENDA AMERICANA

Montesinos, elegido por su comunidad religiosa para iniciar la protesta, subió al púlpito y abroncó a los líderes de aquella primera posesión española de la siguiente manera:

“Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestable guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas; donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Éstos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¡Tened por cierto, que en el estado que estáis, no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo!”

Este es un resumen del famoso sermón de Montesinos que fue escrito por el fray Bartolomé de las Casas, presente entre los oyentes, y que ningún historiador ha puesto en duda.

El eclesiástico sevillano continuó describiendo el ambiente que se respiraba tras escuchar los asistentes aquella denuncia:

“Finalmente de la manera explicó la voz que antes había muy encarecido, que los dejó atónitos, a muchos como fuera de sentido, a otros más empedernidos y algunos algo compugidos, pero a ninguno, a lo que yo después entendí, convertido”.



BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

El sermón y el papel de esos primeros dominicos tuvieron un lugar importante en la historia de los Derechos Humanos. Fueron profetas que encarnaron la figura del buen samaritano, que escucharon el gemido de los indígenas maltratados, y hablaron en nombre de Dios.

Aquellas intenciones de Montesinos y la polémica generada tuvieron su repercusión en la Corte. Por eso, en 1512 el rey Fernando el Católico no dudó en convocar en Burgos una Junta formada por expertos teólogos y juristas, además de consejeros religiosos de los reyes con el objetivo de analizar la situación y pronunciarse sobre tal controversia. A este debate asistieron fray Antonio Montesinos y el franciscano Alonso del Espinar que partieron hacia España en primavera de ese mismo año.

El resultado de aquella Junta fueron las Leyes de Burgos de finales de 1512 y principios de 1513 para que los indios “se les guarden las excepciones y privilegios que se les concedieron”, lo cual es importantísimo, porque significa que los indios son sujetos de derecho. En la elaboración de estas Reales Ordenanzas dadas para el buen regimiento y tratamiento de los indios influyó más el compresivo Alonso del Espinar que el crítico Montesinos.

Asentó jurídicamente los derechos de los reyes a hacer la guerra a los indígenas que se resistieran a la evangelización y encontrar un equilibrio entre el predominio social de los colonizadores españoles y la protección al indígena, que se quería conseguir con la encomienda. En definitiva, mejoraron la situación del indios, pero manteniendo las encomiendas. Fue un triunfo, pero a medias, aunque un gran avance para la época moderna.



CATEDRAL DE BURGOS

Por supuesto que habría abusos y excesos pero, precisamente, pudieron ser denunciados porque existieron unas leyes que protegían a los indios. Las crónicas están plagadas de casos en los que no solo encomenderos, sino también funcionarios reales de alto nivel fueron investigados por la justicia, apresados, conducidos a España, juzgados, encarcelados e incluso ejecutados por los abusos cometidos.

De sobra es sabido que habría encomenderos brutales, que habría colonizadores que tras arriesgar su vida y conquistar tierras sufrieron el enorme impacto psicológico que debió de ser la prohibición de la esclavitud en una época donde la misma seguía siendo una institución social vigente. Todas las potencias tenían esclavos: los portugueses, los árabes, los otomanos; pronto los ingleses, los holandeses y los franceses. Precisamente por eso comenzó la importación de esclavos negros, vendidos por los mercaderes árabes y por las tribus africanas.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por wad ras el Sáb Jun 07 2014, 11:23

sandro escribió:
@wad ras escribió:Como católico llevo mucho tiempo deseando que se reabra el proceso de canonización de la MEJOR Reina que jamás ha tenido España. Bajo el absoluto respeto que como hijo de la Santa Madre Iglesia debo a su Magisterio solemne, humildemente opino que hay elementos sobrados para dar a la Reina Isabel el tributo máximo de la santidad en Cristo Nuestro Señor.

Evangelizadora de las Américas, precursora de los Derechos Humanos, protectora de los indios, estandarte sólido de la Reconquista patria, activa luchadora por la unión de los españoles de todas las provincias y reinos, madre y esposa cristiana, católica fidelísima y humildísima hija de la Iglesia... Naturalmente que si. ¿Por qué no?
Creo que el protector de los indios fue un oblispo o un cardenal no recuerdo ,que denuncio las barbaridades que se estaban haciendo alli

LLegó con retraso, y encima empleó malas artes y exageraciones. Cuando Fray Bartolomé de las Casas era todavía un encomendero torturador la Reina ya había cursado numerosas instrucciones y normas para defender a los indios de abusos.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por URSINO el Lun Jun 16 2014, 18:23

"La obra de Isabel de Castilla fué grandiosa y perduró porque supo crear en los pueblos y en las ciudades un espíritu nuevo, porque rompió con los viejos prejuicios, porque con las Guardias y Santas Hermandades que creó cortó el latrocinio de los grandes y sometió a los ambiciosos. Dura y difícil fué entonces su tarea, que sólo pudo morir con el olvido y las maquinaciones criminales de los que, deseando repartirse nuestra capa, empezaron minando nuestro espíritu."
FRANCISCO FRANCO.Discurso en la Inauguración de la Escuela Nacional de Instructoras de Juventudes.
12 de junio de 1951.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por hacer pensar el Lun Jun 16 2014, 21:37

Como todos los grandes personajes de la historia tiene sus luces y sus sombras, yo creo que en definitiva fue muy buena y positiva para España. sus leyes para los indios eran extraordinarias, su política de unión europea dio buenos resultados con Carlos I, su nieto.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por Luego Cabalgamos el Mar Jun 17 2014, 16:38

@Ferenc Nagy escribió:Su candidata santa mandaba despelucar y alejar muchos judíos.
En fin de cuentas, no ella será el primer Rey/na Santo/a de mano cubierto de sangre.

Ni el nuestro Rey San Esteban Primero era más fino.
Él y ella crearon un estado con hierro y con sangre.

 -10  -10  -10  
A mí me enerva que ese tipo de gilipolleces se digan también con frecuencia en la literatura extranjera. Hace un tiempo me leí una novela extranjera de "historia" que describía como despiadada e infame a nuestra santísima reina. Lo gracioso es que en el libro se continuaba hablando del reinado de Isabel en un punto temporal del año 1506, cuando históricamente la católica llevaba dos años muerta. Para que veáis el rigor historiográfico del autor, cuyo libro no voy a nombrar para no publicitarlo.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Mar Sep 09 2014, 15:49

Este es el multimedia que realizamos para la exposición de Isabel la Católica que tuvo lugar en la Catedral de Toledo en el año 2005.
El guión lo realizamos a partir del testamento de la Reina.
Las obras que aparecen para ilustrar el documental son piezas de época, del siglo XV- principios del XVI (excepto una que pertenece al siglo XIX). Todas ellas están relacionadas con el entorno de la corte de los Reyes Católicos.
La música recoge piezas del mismo periodo, y está interpretada por el grupo Psalterium.
Gran parte de la textura emocional del audiovisual se la debemos a la locutora Amparo Corrochano que se supo poner en la piel del personaje de manera brillante.

Isabel la Católica from Carolina Abad on Vimeo.


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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Mar Sep 09 2014, 16:28

Isabel la Católica ordenó a sus sucesores que bajaran los impuestos




Tres días antes de morir, Isabel la Católica añadió unas disposiciones a su histórico Testamento. Estas disposiciones se referían a la gestión de los impuestos y las tenían que cumplir sus sucesores sin importar el tiempo que hubiera pasado.

El 23 de abril de 1504 Isabel la Católica dispuso que se formara un consejo de sabios para revisar los impuestos y que:

“…se informen y procuren saber el origen que tuvieron las dichas alcabalas (impuestos), y del tiempo y cómo y cuándo y para qué se pusieron, y si la imposición fue temporal o perpetua o si hubo libre consentimiento de los pueblos para poderse poner y llevar y perpetuar como tributo justo y ordinario, o como temporal, o si se ha extendido a más de lo que ha principio fue puesto”.

Está claro que al Gobierno de España actual, y a los anteriores, le da exactamente igual este detalle porque nos impusieron a todos los españoles una subida de impuestos sin consultarnos.

La Reina, Isabel la Católica, también decretó que si se determinaba que algunos impuestos no tenían sentido, se reuniesen las Cortes y:

“… las dichas alcabalas se quiten luego, para que no se puedan mas llevar, de manera que nuestras almas y conciencias sean respecto de ello descargadas y nuestros súbditos paguen lo que fuere justo y no reciban agravio”.

Además Isabel la Católica observó que parte del dinero empleado en la Cruzada para conquistar el reino de Granada, se desvió a otros fines (¿cursos de Formación? ¿EREs?). Así que dijo:

“… mando, que si de las dichas cruzadas y jubileos y subsidios se han tomado algunos maravedíes por nuestro mandado, para gastar en otras cosas de nuestro servicio y no en las cosas para que fueron concedidas y dadas, que luego sean tomados los tales maravedíes y cosas que de ello se hayan tomado, y se cumplan y paguen de las rentas de mis reinos de aquel año que yo falleciera, para que se gasten conforme al tenor y forma de las dichas concesiones y bulas”.

Por cierto, sobre el trato a los indios, añadió que sus bienes y patrimonio fueran tratados como el de todos sus súbditos, es decir, como cualquier español:

“y no consientan ni den lugar que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, más manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido lo remedien y provean por manera que no se exceda en cosa alguna lo que por las letras apostólicas de la dicha concesión nos es ungido y mandado”.

¿Por qué los gobernantes actuales no toman nota de este testamento? ¿Alguno no quiere recordar la historia de España?


http://elmunicipio.es/2014/05/isabel-la-catolica-ordeno-a-sus-sucesores-que-bajaran-los-impuestos/

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Mar Sep 09 2014, 16:38

@hacer pensar escribió:... su política de unión europea dio buenos resultados con Carlos I, su nieto.

lo cuestiono, Carlos I eliminó las leyes forales de Castilla y frió a impuestos a sus ciudades, de ahí la revuelta de los Comuneros y las Germanía. Por otra parte, todo el oro y plata traído de América en concepto de impuesto, el quinto real, fue para financiar sus guerras, mantener su patrimonio territorial, y alzarse como emperador, y no aprovechó esta oportunidad económica y financiera para desarrollar una incipiente industria como si hicieron los Fugger en Alemania. Y al final permitió que Francia se apoderase de la Navarra continental (Iparralde), que era territorio español.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Mar Sep 09 2014, 17:10

Provisión de los Reyes Católicos a Ovando para el buen trato de los indios


Provisión mandando al Comendador Ovando que compela a los Indios á tratar con los cristianos y á trabajar, pagándoseles su jornal y mantenimiento, juntándose para ser doctrinados como personas libres que lo son y no como siervos.




“Doña Isabel, por la gracia de Dios, Reina de Castilla, de León &c. : Por cuanto el Rey mi Señor é Yo por la instrucción que mandamos dar á D. Fr. Nicolás de Ovando, Comendador mayor de Alcántara, al tiempo que fue por nuestro Gobernador á las islas y tierra-firme del mar Océano, hobimos mandado que los Indios, vecinos y moradores de la Isla Española fuesen libres y no sujectos á servidumbre, según mas largamente en la dicha instrucción se contiene, y agora soy informada que á causa de la mucha libertad que los dichos Indios tienen huyen y se apartan déla conversación y comunicación de los cristianos; por manera que aun queriéndoles pagar sus jornales no quieren trabajar, y andan vagamundos, ni menos los pueden haber para los doctrinar y traer á que se conviertan á nuestra Sancta Fe Católica, y que á esta causa los cristianos que están en la dicha isla y viven y moran en ella no hallan quien trabaje en sus granjerias y mantenimientos, ni les ayudan á sacar ni coger el oro que hay en la dicha isla, de que á los unos y á los otros viene perjuicio; y porque Nos deseamos que los dichos Indios se conviertan á nuestra Sancta Fe Católica , y que sean doctrinados en las cosas della, y porque esto se podria mejor facer comunicando los dichos Indios con los cristianos que en la dicha isla están, y andando y tratando con ellos, y ayudando los unos á los otros para que la dicha isla se labre y pueble y aumenten los frutos de ella, y se coja el oro que en ella hobiere, para que estos mis Reinos y los vecinos dellos sean aprovechados, mandé dar esta mi Carta en la dicha razón: por la cual mando á vos el dicho nuestro Gobernador que del dia que esta mi Carla viéredes en adelante compeláis y apremiéis á los dichos Indios que traten y conversen con los cristianos de la dicha isla, y trabajen en sus edificios en coger y sacar oro y otros metales, y en facer granjerias y mantenimientos para los cristianos, vecinos y moradores de la dicha isla, y fagáis pagar á cada uno el dia que trabajare el jornal y mantenimiento que según la calidad de la tierra y de la persona y del oficio vos pareciere que debieren haber, mandando á cada Cacique que tenga cargo de cierto número de los dichos Indios para que los haga ir á trabajar donde fuere menester, y para que las fiestas y dias que pareciere se junten á oir y ser doctrinados en las cosas de la fe en los lugares designados; y para que cada Cacique acuda con el número de Indios que vos les señaláredes á la persona ó personas que vos nombrárales para que trabajen en lo que las tales personas les mandaren, pagándoles el jornal que por vos fuere tasado; lo cual hagan é cumplan como personas libres como lo son , y no como siervos : é faced que sean bien tratados los dichos Indios, é los que dellos fueren cristianos mejor que los otros; é non consintades ni de lugar que ninguna persona les haga mal ni daño ni oiro desaguisado alguno: é los unos ni los otros no fagades nin fagan ende al por alguna manera, so pena de la mi merced y de diez mil maravedí­s para la mi Cámara á cada uno que lo contrario ficiere; y demás mando al horae que les esta mi Carta mostrare que los emplace y parezcan ante Mi en la mi Corte do quier que Yo sea del dia que les emplazare, fasta quince dias primeros siguientes , so la dicha pena so la cual mando á cualquier Escribano público, que para esto fuere llamado, que dé ende al que se la mostrare testimonio sinado con su sino, porque yo sepa cómo se cumple mi mandado.

Dada en la Villa de Medina del Campo á veinte dias del mes de Diciembre, año del Nascimienlo de nuestro Señor Jesucristo de mil y quinientos y tres años.=YO LA REINA.=Yo Gaspar do Gricio, Secretario del Rey y de la Reina nuestros Señores, la fice escrebir por su mandado de la Reina nuestra Señora. Y en las espaldas de la dicha Carta está escripto y firmado lo siguiente; Jo. Eps. Gartbag.=Franciscus Licencialus.=Jo.Licenciatus.=Fernandus Tello Licencialus.=Licenciatus Carbajal.=Licenciatus de Santiago.=Registrada.=Licenciotus Polanco.=Francisco Diaz, Chanciller &c.”


http://elmunicipio.es/2014/02/provision-de-los-reyes-catolicos-a-ovando-para-el-buen-trato-de-los-indios/

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por hacer pensar el Mar Sep 09 2014, 22:34

No creo que los reinados de Carlos I y Felipe II, cuando en España no se ponía el Sol fueran malos para España, a pesar de tener a Juana prisionera y estrujar a los castellanos a impuestos para las guerras por Europa.
Muchísimas gracias por vuestras buenas clases de historia.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Sáb Sep 20 2014, 01:58

Textos clásicos de los Reyes Católicos, reyes de España


por Santiago Cantera Montenegro


Tradicionalmente se ha visto en la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492, así como en la posterior incorporación del Reino de Navarra en 1512 a la nueva monarquía fundada por ellos, la culminación de la reunión de los distintos territorios hispanos bajo estos gobernantes y, por lo tanto, el logro de la unidad nacional española. Sin embargo, esta valoración, que era prácticamente aceptada sin plantear problemas ni dudas tanto por los historiadores como por el resto de la sociedad, ha venido siendo puesta en entredicho desde hace unos veinticinco años a partir de ciertas posturas.

Por eso mismo también, los miembros de mi generación hemos escuchado muchas veces, de la boca de diversos políticos y periodistas, así como de bastantes profesores de Historia tanto de Enseñanza Media como Universitaria, que «hasta el siglo XVIII y los Borbones, y más concretamente hasta Carlos III, no se puede hablar de Reyes de España», y no pocas veces se añadía a esto que «tampoco puede hablarse de España». Afirmaban que «los Reyes Católicos no eran Reyes de España». Incluso un eminente hispanista y buen conocedor del período y la obra de Isabel y Fernando, como Joseph Perez, después de haber titulado su estudio sobre estos monarcas Isabelle et Ferdinand. Rois Catholiques d'Espagne, cambia este nombre en su edición española, dándole ahora el de Isabel y Fernando. Los Reyes Católicos, y nos sorprende nada más comenzar la introducción con estas palabras: «He titubeado mucho antes de dar a este libro el título de Fernando e Isabel, Reyes Católicos de España. Para empezar, España no es, a fines del siglo XV, más que una expresión geográfica, como ocurrirá con Italia hasta el siglo XIX. [. . .] Fernando e Isabel no fueron jamás reyes de España, sino reyes de Castilla y de Aragón, por así decirlo. Para ser totalmente exactos, habría que escribir, por lo menos: Reyes de Castilla, de Aragón, de Valencia, Condes de Barcelona...» (2)

Por supuesto, resulta evidente que los Reyes Católicos nunca usaron en su intitulación la forma «Reyes de España», sino que siempre emplearon la de «Rey e Reyna de Castilla, de Leon, de Aragon, de Siçilia, de Toledo...» Sin embargo, también es innegable que numerosos autores contemporáneos, tanto extranjeros como aún más hispanos, les denominaban «Reyes de España».

Así pues, ¿cómo pueden conjugarse estos aspectos al menos en apariencia contradictorios? ¿Se les puede llamar «Reyes de España», tal como se lo llamaban sus contemporáneos, o es incorrecto, tal como nos dicen algunos historiadores, políticos y periodistas que aseveran, rotundamente y dejando constancia de su autoridad, que no es apropiado? Trataremos de responder aquí a estas cuestiones, acercándonos a los textos de la época y ofreciendo asimismo un marco más amplio.


La expresión "Reyes de Espana" en el medievo Hispánico

Acerca del problema de si se puede hablar de España en la Edad Media y, en general, antes del siglo XVIII, se debe recordar la existencia de algunas obras bien documentadas y trabajadas como la ya clásica, pero no por ello falta de un gran valor actual, de José Antonio Maravall acerca de El concepto de España en la Edad Media (3). Ciertamente, se trata de un libro bastante largo y denso, y por ello puede resultar algo pesada a veces su lectura. Por eso es probable que no haya sido tan leído como merece. Por otra parte, recientemente se han editado unas muy interesantes reflexiones de destacados académicos de la Historia sobre el ser de España (4), que aportan luz de nuevo sobre la hoy tan debatida cuestión de qué es España y cómo se ha concebido a lo largo de su Historia.

Maravall se acerca de manera profunda a la realidad de los diversos reinos cristianos de la Península Ibérica en el Medievo, y analiza la razón de las expresiones «Regnum Hispaniae», «Reges Hispanici», «Reges Hispaniae», etc., que tantas veces aparecen en textos medievales (5). No vamos a tratar aquí con detalle ni a resumir ampliamente estos asuntos, pero sí diremos que, propiamente, el autor deja claro que en la Edad Media se habla de España y que este vocablo no se reduce a un simple valor geográfico, ya que «¿cuál es en tal caso, la extraña condición de una entidad geográfica capaz de dar origen a un hecho tan singular (la realidad de las expresiones "Regnum Hispaniae" o "Reges Hispanici")?» Después de estudiar la cuestión, Maravall viene a concluir que la idea medieval de España hace referencia a una comunidad de identidad histórica, religiosa y cultural, que en un pasado (la época visigótica) había estado unida también políticamente, pero que luego perdió este último aspecto y no se aspira a recuperarlo de una manera plenamente intencionada. Es decir, los distintos reyes hispanos o españoles y sus reinos, son legítimos y no se piensa en acabar con ellos, pero sí existe entre ellos una solidaridad asentada sobre esa unidad histórico-religioso-cultural que hemos señalado. Y esto les confiere una identidad frente al Islam y dentro de la Europa cristiana. En palabras suyas, «la "divisio regnorum" es un sistema, si no querido, por lo menos aceptado y que se mantiene de tal forma que se da, a la vez, una variedad de reinos y pluralidad de reyes con la conservación de una conciencia de unidad del que concomitantemente se llama "Regnum Hispaniae'" [...] Durante siglos, nadie piensa, o tal vez muy pocos, en reunir los reinos hispánicos, en restablecer efectivamente la "Monarquía hispánica"; pero esta situación de división de reinos no resulta incompatible con el sentimiento de comunidad de los hispanos y con el concepto de Hispania -con todo el contenido histórico y, por consiguiente, político, que ese concepto lleva en sí».

Así, por lo tanto, estos reyes «forman un grupo claramente definido y fijo: los reyes de España. Y cabe decir, incluso, que la expresión se va estabilizando y generalizando a medida que el tiempo avanza». Hay que señalar que Maravall no afirma todas estas cosas a la ligera, sino que, como ya hemos dicho, el suyo es un trabajo muy documentado y fruto de un notable esfuerzo. De este modo, indica cómo la expresión de la que se ocupa aparece en diplomas reales, crónicas y textos literarios, tanto pontificios y del extranjero, como de toda España: Castilla, Cataluña, Navarra... y la expresión es conocida por los mismos reyes. Y «unidad fundamental es aquella en la que descansa la expresión "Reges vel principes Hispaniae", no de mera circunstancia geográfica, ni aún histórica». Muntaner la reduce a términos de absoluto, porque no dice siquiera que "son de una carne y de una sangre", sino que "son una carne y una sangre"». Exactamente, Muntaner dice en su Crónica que «si aquest quatre reis que ell nomena, d'Espanya, qui son una carn e una sang, se tenguessen ensems, poc dubtaren e prearen tot l'altre poder del mon».

Por otra parte, se debe recordar cómo al final del Poema de Mio Cid, el matrimonio definitivo de las hijas de Rodrigo Díaz de Vivar emparenta a éste con los linajes regios hispanos, de tal modo que el autor afirma: «Oy los reyes d'España sos parientes son; / a todos alcança onrra por el que en buena ora naçio» (6). Menéndez Pidal ya vio un «valor nacional» en esta expresión y en todo el Poema, y no deja de tener interés el hecho de que viene a mostrarse así al Cid como un vínculo entre las casas reales hispanas, con lo cual incluso podemos considerar que, de ser un héroe castellano, pasa a convertirse en un héroe español.

En la obra editada por la Real Academia de la Historia, a la que ya nos hemos referido, uno de sus autores resalta cómo, «ciñéndonos a la época medieval, no parece que pueda haber muchas dudas sobre la presencia de España como realidad histórica, de la que sus propios habitantes, integrados en la Europa medieval, tomaron conciencia creciente a partir de los siglos XI al XIII, a través de ideas que, como suele suceder, fueron expresadas por los grupos dominantes pero que alcanzarían amplia aceptación social» (7). En otro trabajo, este mismo autor afirma que «el concepto de España es, ante todo, un concepto histórico y cultural, más allá de lo geográfico y más allá de lo político, que son dos de sus elementos componentes, relativamente fijo el primero, cambiante en el tiempo el segundo.» (8)

En línea con Maravall, se refiere igualmente a la situación de «los cinco reinos», a la realidad de la pluralidad de entidades políticas en la Península, pero indicando que «no hay motivo para ignorar o negar que existió una España medieval», independientemente del grado de cohesión o disgregación política que existiera en ella. Hacia el año 1300, en el que concluye su estudio, «la hipótesis de traducir la realidad histórica española, que era sentida conscientemente por los dirigentes, en una entidad política común que favoreciera la concentración de poder en manos de una sola monarquía, era eso: una hipótesis». También matiza la idea de Maravall de que los «reyes de España» regían el ámbito hispano solidariamente, pues recuerda que en realidad fueron frecuentes los enfrentamientos entre ellos, si bien esto no significa que no existiese ese sentimiento de comunidad. Y, por otro lado se ocupa del neogoticismo y de la «Reconquista» como elementos característicos de las cuestiones tratadas. Y en este sentido, debemos recordar cómo Sánchez Albornoz insistió siempre en el papel de la Reconquista en la configuración de España.

Así, pues, hacia el 1300 «existía, en fin, un concepto ya muy elaborado sobre la existencia histórico-cultural de España que permitiría en el futuro, entre otras cosas, imaginar y justificar proyectos de convergencia política».

Por eso, no debe extrañarnos que los reyes de Castilla se acogieran a la protección del Apóstol Santiago, a quien se referían habitualmente en los preámbulos de los documentos que otorgaban como «el bienaventurado Apóstol Señor Santiago, Luz e Espejo [o Patrón] de las Españas, caudillo e guiador de los reyes de Castilla e de León». Y cabe recordar que el arzobispo de Toledo era el «primado de las Españas», y «cardenal de España» cuando se le concedía el capelo cardenalicio.

Tampoco debe sorprendernos que en documentos elaborados en el ámbito vasco se aludiera en muchas ocasiones a su integración en la Corona de Castilla y a la idea de España, como se puede observar, por ejemplo, en la fundación del mayorazgo del solar de Muñatones, en Somorrostro (Vizcaya), por Juana de Butrón y Múgica, esposa de Lope García de Salazar, en 1469, en virtud de la facultad real dada por Juan II de Castilla, y en la que se indica que se da preeminencia a los hijos mayores sobre los otros, «lo qual guarda y comúnmente es guardado, y se acostumbra a guardar en todo el mundo, y especialmente en España, y aún singularmente en estas montañas y costa de la mar». El mencionado Lope García se definía en 1471 como «morador en Somorrostro, vassallo del muy alto y esclarecido Príncipe y muy poderoso Rey y Señor nuestro, el Rey don Enrique [IV], Rey de Castilla e de León, a quien Dios mantenga» (9).

Y que España era algo más que un simple concepto geográfico y se sentía muy hondo, lo reflejan frases como la recogida en el preámbulo de la fundación de mayorazgo que hizo Juan Ramírez de Guzmán, señor de Teba y Ardales (Málaga), mariscal de Castilla, previa facultad del citado rey Enrique IV, en 1460, al referirse a «los reyes de nuestra España de gloriosa memoria, ya los pasados y los que viben» (10). Esto es lo que puede explicar también que los embajadores del rey Alfonso V de Aragón, Juan de Hijar y mosén Berenguer Mercader, exhorten a Juan II de Castilla a trabajar por la unidad de la Iglesia, esfuerzo para el que deben llegar a un acuerdo entre ambos monarcas y, asimismo, con los de Navarra y Portugal, para que «axi unida tota Spanya o pur la major part», otros príncipes cristianos se adhieran y les sigan, y de esta concordia obtendrán «gran merit davant Deu, gran gloria en tot lo mon, e sería gran honor de tota la naçió de Spanya» (11). Ya en el concilio de Constanza de 1414, los cuatro reinos habían actuado con un voto único como «nación»: entonces, este término se entendía básicamente como lugar de nacimiento, pero ha-bían tenido la conciencia de ser una entidad que, en su comunidad, era distinta de las otras cuatro «naciones» con voto, a saber, Italia, Alemania, Francia e Inglaterra. Y, más aún, Italia y España eran las que habían mantenido el nombre romano, mientras que las otras habían adoptado el de los pueblos «bárbaros» que se habían asentando en ellas (12).

Por lo tanto, habiendo visto brevemente que en el Medievo hispano se emplean con frecuencia las expresiones referentes a España y a los reyes de España, y habiéndonos acercado a la manera en que se conciben, pasemos ahora a tratar el punto tocante a la denominación de «Reyes de España» que varios autores de la época de los Reyes Católicos dieron a éstos.


Los autores de la época de los Reyes Católicos

Uno de los autores que más emplea el término es el franciscano Fray Ambrosio Montesino, perteneciente al círculo de Cisneros y poeta y predicador de los Reyes Católicos, que cuenta en su obra poética con dos piezas dedicadas a San Juan Evangelista, compuestas a petición de la Reina Isabel la Católica, quien, como sabemos, era muy devota de este Apóstol. Incluso el escudo de los Reyes Católicos, como también es de sobra conocido, nos muestra el águila de San Juan acogiendo y protegiendo bajo sus alas las armas de todos los territorios englobados en la unión dinástica. En las Coplas escritas hacia 1485 ya encontramos uno de los más antiguos poemas del fraile franciscano: las coplas In honore Sancti Johannis Evangelista (13), realizadas «por mandado de la reyna de españa nuestra señora». Y en ellas, las últimas cuatro estrofas adquieren un interés especial. En la primera de estas cuatro dice el autor:

«Todo el çielo te acompaña
y te honora,
y la reina te es despaña
servidora [. . . ]»

Fray Ambrosio denomina a Isabel «Reina de España» y en los siguientes versos alude a la construcción en Toledo del magnífico monasterio franciscano de San Juan de los Reyes, levantado por los monarcas para conmemorar la batalla de Toro y el triunfo en la Guerra de Sucesión de Castilla, y a la vez para impulsar la reforma observante. No hay que olvidar que en este edificio, asimismo, se plasma de forma constante la simbología política de Isabel y Fernando. La siguiente estrofa es una «Suplicación a sant Juan por la reina nuestra señora», y lo que pide especialmente es la asistencia en la Guerra de Granada. Por fin, las dos últimas estrofas se dirigen a la propia Reina Católica, de la que hace varios elogios y dice creer ser su capitán «vuestro dulçe evangelista / que es sant Juan». Y en las otras Coplas de San Juan Evangelista, igualmente compuestas «por mandado de la cristianísima reina doñaÊIsabel», también denomina a ésta «reina de las Españas», en el sexto verso.

Asimismo, este autor llama «Reyes de España» a los Reyes Católicos en el romance heroico sobre la muerte del príncipe don Alfonso de Portugal en 1491, hecho a petición de la infanta viuda doña Isabel, y que alcanzó una divulgación muy amplia, incluso en Francia. Cuando llega el caballero con la fatídica noticia, se le pregunta así:

«decid, ¿qué nuevas son estas
de tan triste lamentar?,
los grandes reyes d'España
son vivos o váles mal?,
que tienen cerco en Granada
con triunfo imperial».

En cuanto a las traducciones hechas por él, la «Epístola Prohemial» de la revisión del libro de las Epistolas y Evangelios (1512) la dedica «al Rey de España don Fernando nuestro Señor», y ahí dice ser «su mas leal y antiguo predicador y siervo» (14).

De un modo singular destaca el «Prohemio epistolar» de Montesino a la Vita Christi de Ludolfo de Sajonia, «el Cartujano» (Alcalá de Henares, 1502-03) (15). La traducción de esta extensa obra al castellano fue un encargo de los Reyes Católicos e interesó de manera especial también a Cisneros, pues veía en ella un elemento importante para la reforma de los seglares, sin por eso dejar de suponerlo igualmente para la de los religiosos y eclesiásticos en general. El proemio está «endereçado a los christianissimos e muy poderosos principes el rey don Fernando e la reyna doña Isabel, reyes de España e de Sicilia, etc., inuictissimos e muy excelentes, por cuyo mandamiento lo interpreto (la Vita Christi)». Y lo comienza así Fray Ambrosio: «Cristianissimos principes rey e reyna, reyes clementissimos de España, rey don Fernando e reyna doña Isabel muy poderosos; fray Ambrosio Montesino, el menor de los frayles menores de observancia, e el mas desseoso del servicio de vuestras altezas, implora e suplica a Dios por la salud e prospero estado de vuestra celsitud muy esclarescida, en lugar de la reverencial e acostumbrada salutacion que a la magestad real se debe.»

El proemio se puede dividir en tres partes. La primera es una digresión teológico política sobre el gobierno y los reyes, y en la cual Fray Ambrosio se convierte en un exponente del «máximo religioso». La segunda es un elogio de toda la labor desarrollada por los Reyes Católicos. Y la tercera trata del profundo valor de la obra traducida. En cierta manera, la división entre las partes segunda y tercera no resulta del todo clara, ya que el franciscano considera el mandato de traducir la Vita Christi del Cartujano como una más de las grandes tareas emprendidas por Isabel y Fernando. La verdad es que este proemio no tiene desperdicio alguno, y para el asunto que estamos tratando es de gran interés su segunda parte. Dentro de la primera, destacan las siguientes palabras: «Ansi que serenissimos principes: en este prohemio epistolar, no entiendo explicar por extenso la particularidad de vuestros excelentes e muy esclarescidos hechos, porque assaz basta ver por experiencia, que son de tal calidad e tantos, que ponen en olvido las victoriales hazañas de los reyes passados, e dan admiracion e espanto a los presentes, e son imagen de bivo original para los tiempos advenideros, en que miren vuestros successores, e aun los reyes de toda la cristiandad, para no errar en las costumbres de sus personas, e para ser siempre notables e diestros en las administraciones de sus reynos». Aún hace alguna alabanza más a continuación, en esta primera parte.

Pero es realmente en la segunda parte del proemio donde Fray Ambrosio realiza un gran elogio de Isabel y Fernando y de su obra.

Digamos sólamente que un poco más tarde, Fray Ambrosio Montesino se declara ser «su pobrezillo e muy leal seruidor» (de los monarcas), y que la portada de los volúmenes de la edición alcalaína nos muestra un dibujo en el cual Fray Ambrosio, arrodillado, está entregando un volumen a los Reyes Católicos, quienes se hallan sentados en el trono. A la izquierda aparece otro fraile franciscano, que tal vez pudiera ser Cisneros, como me ha sugerido la investigadora estadounidense Bethany Aram. Debajo del dibujo aparece el escudo de armas de Isabel y Fernando, evidentemente ya con la granada, y una leyenda que dice: «Vita christi cartuxano romançado por fray Ambrosio». La edición de Alcalá de Henares de 1502-03 es sin duda una auténtica joya tipográfica, igual que lo son las ediciones portuguesa y valenciana de la misma obra.

Ciertamente, la segunda parte del proemio tiene un alto contenido de propaganda política, como buena parte de los elogios de la época a la labor y las personas de los Reyes Católicos. Pero ello no quiere decir que no haya sinceridad de sentimiento en el autor, ni tampoco significa que no sea verdad lo que dice, pues el conocimiento de la Historia nos hace ver que todo lo que se ensalza fue verídico. Y es lógico que los contemporáneos alabasen una época de tantos éxitos reunidos y a aquéllos que los habían hecho posibles.

Cabe pensar en el modo en que este texto pudo calar en los lectores, y no sólo en los del momento, sino también en los posteriores. Habría que considerar incluso el efecto que pudo tener en quienes lo leyeron no muchos años después de salir a la luz, cuando a España volvieron unos tiempos más dificiles, como dificiles habían sido los precedentes al gobierno de los Reyes Católicos. Así, por ejemplo, el propio San Ignacio cuenta en su Autobiografía que leyó la obra durante su convalecencia en la casa-torre de Loyola en 1521, cuando se recuperaba de la herida sufrida en el asedio de Pamplona (16). Y el P. Leturia, buen conocedor del vasco Iñigo de Loyola, dice que, al encontrarse con el panegírico que Fray Ambrosio Montesino hace de los Reyes Católicos, «había de leerlo el enfermo con gusto, pues le llevaba a recordar sucesos por él mismo vividos en su pubertad, y que ofrecían afilado contraste con los disturbios y marejadas que habían seguido en todos los órdenes desde la muerte de la Reina Católica» (17).

Por otra parte, podemos resaltar el interés de los Reyes Católicos por ésta y otras vidas de Cristo difundidas por toda España y que tanto éxito tenían en esa época aquí y en toda Europa. Así, por ejemplo, fijándonos en Valencia, cabe señalar que Fernando el Católico escribió en marzo de 1496 al batlle general de aquel Reino, Diego de Torres, solicitándole la edición de la traducción de la misma Vita Christi del Cartujano, que Joan Roís de Corella hizo al catalán valenciano y que fue publicándose entre 1495 y 1500 (18). Por otro lado, la Reina Isabel pidió una copia de la Vita Christi que había escrito en un precioso catalán valenciano Sor Isabel de Villena, abadesa del monasterio de clarisas de la Trinidad de Valencia. Y gracias a esta petición, la obra fue enviada a la imprenta, ya que la sucesora de Sor Isabel en el cargo, Sor Aldonca de Montsoriu consideró que así cumpliría mejor el encargo de la Reina, y a ella, a la «molt alta, molt poderosa, christianissima Reyna e Senyora», le dedicó la obra en el prólogo que le puso y que firma como su «humil serventa e oradora Sor Aldonça de Montsoriu, indigna abbadessa del monestir de la Sancta Trinitat» (19).

Pero también otras personas e instituciones del momento hablaron de España y de los Reyes Católicos como Reyes de España con total naturalidad, como varios historiadores han observado. Así, los predicadores se dirigían a los monarcas en sus sermones como al «Rey y Reina de las Españas» o de «España», y un poeta valenciano les reconocía como «Reys d'Espanya», mientras que en 1493 el gobierno municipal de Barcelona se refirió a don Fernando como el «rey de Spanya, nostre senyor» y en 1511 el concejo de Murcia le indicó que «toda la nación [de] España» le rogaba que no se arriesgase personalmente en una expedición a Africa (20). Cabría añadir algunos ejemplos más, como son los que se recogen en la pluma de Diego de Valera y en la de Pedro Mártir de Anglería, entre otros (21), o por supuesto, el caso de Antonio de Nebrija, del que más adelante recogeremos una cita de gran valor, pero del que ahora podemos recordar que en su Historia de la guerra de Navarra, escrita en lengua latina, habla del enfrentamiento entre «hispani» (españoles, bien es cierto que a veces los identifica en especial con los castellanos, pero no sólo) y «galli» (galos, franceses) y presenta a Isabel la Católica como «Regina Hispaniarum» y a su hijo el príncipe don Juan como «Princeps Hispaniarum», a la vez que exalta toda la labor de Fernando el Católico y del duque de Alba en la incorporación del Reino y expone que éste era parte de España: «At Navariam, quis aequus rerum aestimator iudicet, ab Hispania posse disiungi?» (22)

Incluso el propio Fernando el Católico, satisfecho y orgulloso de su labor, decía en 1514 que «Ha mas de setecientos años que nunca la Corona de España estuvo tan acrecentada ni tan grande como agora, asi en Poniente como en Levante, y todo, despues de Dios, por mi obra y trabajo.» (23)

Sin duda alguna adquieren una relevancia destacable los textos referidos al hijo mayor y heredero de los Reyes Católicos, el príncipe don Juan, y en especial los que lamentan la muerte de aquella joven «esperanza de España» (24).

Luis Ramírez de Lucena dedicó su Arte del ajedrez (Salamanca, 1494-95) al «sereníssimo e muy sclarescido don Johan el tercero, Príncipe de las Spañas», y lo mismo hizo Juan del Encina con su Arte de poesía castellana (Salamanca, 1496), en cuyo proemio aludía a la labor del «dottísimo maestro Antonio de Lebrixa [o Nebrija], aquel que desterró de nuestra España los barbarismos que en la lengua latina se avían criado»; y también le dedicó su traducción de las Bucólicas de Virgilio (Salamanca, 1496), saludándole en el prólogo como «¡O bienaventurado príncipe, esperança de las Españas, espejo y claridad de tantos reinos, y de muchos más merecedor!» Por su parte, de un modo semejante a como denominaba Fray Ambrosio Montesino a Isabel y Fernando, Lucio Marineo Sículo llamó en latín «Princeps Hispaniae et Siciliae» a don Juan.

Ahora bien, según hemos indicado, la muerte de este personaje suscitó un tremendo dolor no sólo en sus padres, los monarcas, sino en toda España, pues se había puesto en él toda la esperanza de la continuación de la época de paz y esplendor de Isabel y Fernando y la definitiva consolidación de la unión de Coronas y Reinos bajo un mismo cetro. Así la lloró el mismo Juan del Encina, en un poema A la dolorosa muerte del príncipe don Juan, de gloriosa memoria, hijo de los muy católicos Reyes de España, donde recuerda cómo éstos habían logrado restaurar el orden en la Corona de Castilla:

«dionos Dios reyes de tal perfeción
que fueron remedio de mal tan entero [dicho desorden],
dioles Dios hijo varón, heredero, juntando a Castilla, Sicilia, Aragón.
¡O, quántos plazeres España sintió
en todos lugares haziendo alegrías,
fiestas las noches y fiestas los días
quando el gran Príncipe ya nos nació!
[...]
Él era de España la flor y esperança»,
y en su boda con «la gran Margarita, la flor de Alemaña,
juntónosla Dios con la flor de España
[...]
¿Quién dirá el gozo que España mostró,
sintiendo gran gloria destos casamientos?»

El mismo poeta, en un romance, comienza lamentándose así:
«Triste España sin ventura,
todos te deven llorar, / despoblada de alegría
[...]
pierdes Príncipe tan alto,
hijo de reyes sin par.»

Hacia 1498, el comendador Román, criado de los Reyes Católicos, publicó unas Coplas sobre el fallecimiento del hijo de éstos, en las cuales aparece en cierto momento «una señora, la qual dezía ser España, haziendo grandísimo planto por el Príncipe», afirmando que «Yo soy la que más perdió / en este Príncipe santo / que la muerte nos llevó», pues había puesto en él gran esperanza de que fuera la garantía de continuidad del buen gobierno de sus padres. Y también Garci Sánchez de Badajoz compuso unas Coplas con el mismo tema, donde decía:

«Y cantemos sobre Spaña,
con triste voz y sonido
de ronco pecho salido,
la desventura tamaña
que a todos nos ha venido»;
en este mismo poema denomina a Isabel «Reina de los afligidos, / leona brava de Spaña» y refiere que el dolor por la muerte del Príncipe «por toda Spaña puebla».

De manera semejante, Pedro Mártir de Anglería elaboró un poema en latín titulado De obitu catholici Principis hispaniarum, y Diego Ramírez de Villaesclusa se refirió a Fernando el Católico, también en la lengua de los romanos, como rey de las Españas y de Sicilia. En castellano, Alfonso Ortiz redactó un Tratado del fallecimiento del príncipe don Juan, a quien designa igualmente como «príncipe de las Españas», «don Juan de las Españas» y «heredero primogénito de las Españas». A todo esto cabe añadir unos romances populares que recogen similares ideas y sentimientos, como el que comienza «Nueva triste, nueva triste que sona por toda España».

Por lo tanto, el príncipe don Juan fue ampliamente considerado «príncipe de las Españas» y futuro continuador de la época de paz, esplendor y unión hispánica lograda por sus padres, y su muerte supuso un tremendo dolor que afectó, y esto está documentado, a todas las capas de la sociedad y en todos los reinos, como lo reflejaron los funerales celebrados por su alma y el sentimiento de tristeza general que se observó en todos los lugares.


Los Reyes Católicos, ¿reyes de España o no?

Hemos visto con claridad que en la Edad Media hispana se habla de España y que ésta no se concibe como una entidad meramente geográfica, sino como una comunidad histórica y religioso-cultural, que confiere a sus miembros unos vínculos de solidaridad y de identidad. En principio, aunque se recuerda y en cierta manera se añora la antigua unidad política habida en la época visigótica y rota con la invasión islámica (es la idea de la «pérdida de España» desarrollada ya en la Crónica mozárabe del 754), no se aspira a recuperarla de un modo plenamente intencionado, al menos hasta fechas bastante tardías, pues se afirma la legitimidad jurídica de los distintos reinos y entidades políticas de la España medieval. Eso sí, éstos se ven interrelacionados entre sí por ese sentimiento realmente existente de comunidad hispánica y que les proporciona una identidad especial ante el Islam y en el seno de la Europa cristiana. Para la época de los Reyes Católicos, sin embargo, sí nos encontramos con unos deseos, en ocasiones muy marcados, de anhelo y búsqueda de la unión política, y las directrices del gobierno de los monarcas apuntan a ese fin. Esto, sin embargo, no procede de la nada, sino que se ha ido fraguando a lo largo de siglos, en especial desde el XIII. Según hemos indicado ya, en la propia centuria del 1400 toda una serie de textos fue preparando el terreno para la realización de la unidad hispánica bajo una sola Corona (25).

Por otro lado, los contemporáneos extranjeros e hispanos denominaron con cierta frecuencia «Reyes de España» a los Reyes Católicos, y además usaban el término con naturalidad. Sin embargo, es cierto que los monarcas nunca emplearon tal designación en su intitulación, sino que conservaron la larga lista de títulos que ya conocemos y que estaba abierta a añadir otros nuevos; y, efectivamente, ellos la agrandaron de forma sobresaliente.

Respecto de esta segunda cuestión, Fernando del Pulgar, en su Crónica de los Reyes Católicos refiere que en el Consejo Real se debatió qué intitulación debían emplear, y que, a pesar de que los votos de algunos consejeros se inclinaron porque se denominasen «reyes e señores de España, pues subçediendo en aquellos reynos del rey de Aragón eran señores de toda la mayor parte della, pero determinaron de no lo hacer e yntitularonse en todas sus cartas en esta manera» (es decir, la de la lista de reinos y señoríos).

Por lo tanto, hubo una negación por parte de Isabel y Fernando a la idea de autodenominarse de forma oficial «Reyes de España». Y, sin embargo, es evidente que no sólo les llamaron así numerosas personas e instituciones, sino que los monarcas no pusieron impedimento alguno a que lo siguieran haciendo. Más aún, lo permitieron e incluso ordenaron que se imprimieran libros en los que aparecía tal término. El caso del propio Fray Ambrosio Montesino es bien claro y significativo: se dirige a Isabel como «Reina de España», al menos ya desde las coplas que por encargo suyo compone hacia 1485; a ella y a Fernando les denomina «Reyes de España» en la Vita Christi en 1502; y finalmente dedica al segundo, como «Rey de España», las Epistolas y Evangelios en 1512.

Esto último lleva a reflexionar sobre otro aspecto: el calificativo se aplica tanto a Isabel sola, como únicamente a Fernando, y a los dos juntos. Es decir, cabe afirmar que hay una conciencia clara de que los dos son los Reyes de España, y que el «Tanto monta» funciona al menos en la teoría.

Así pues, ¿podemos considerar y llamar «Reyes de España» a los Reyes Católicos?

En primer lugar, queda fuera de duda que España es una realidad en la Edad Media y que existe un concepto de ella que no se limita a mera geografía, sino que, si bien ésta puede ser y es la base, hay bastante más: hay una conciencia de identidad y de comunidad. Por lo tanto, en caso de considerar a Isabel y Fernando «Reyes de España», lo serán de algo que no se restringe a lo geográfico.

En segundo lugar, ya se ha visto cómo se habla con frecuencia de los «Reyes de España» en el Medievo hispánico, así que tampoco es del todo novedoso que se aplique el término a Isabel y Fernando, sino que tiene una larga tradición. Pero lo que sí es novedoso es que se les considera como reyes de la unión recuperada de España, gracias a su matrimonio y a toda su labor, en la que cuentan como elementos muy importantes la incorporación de Granada, Canarias, Navarra... La expansión norteafricana, el descubrimiento de América... y, desde luego, la política matrimonial de los monarcas. Todo esto, sin olvidar lo que desarrollan en lo que toca a la hacienda y la moneda, la justicia, el ejército, la reforma y unidad religiosas, etc.

En tercer lugar, no sólo otras personas e instituciones denominan a Isabel y Fernando «Reyes de España», sino que ellos mismos tienen conciencia de serlo, aun cuando no quieran usar de manera oficial esta designación. Si no fuera así, no se comprendería que permitieran que se les llamase de este modo una y otra vez a lo largo de todo su reinado, y tanto por separado como en conjunto.

¿Por qué entonces no aceptaron el uso oficial del título «Reyes de España»? Como apunta Suárez (26), se pueden encontrar varias posibles respuestas a tal cuestión.

La primera de ellas puede ser la tradición: a lo largo de la Edad Media, los monarcas hicieron uso de un sistema de titulación plural, que fue plenamente heredado por los Reyes Católicos. Este factor ya lo señala Maravall (27), y hay que recordar que Isabel y Fernando eran tenidos, y ellos a sí mismos se tenían, más como «restauradores» que como «fundadores" (28).

La segunda razón es que pudo deberse a que la unión política de España aún no estaba acabada del todo: no eran todavía reyes de toda España, sino de una parte, aunque fuera la mayor, lo que creaba en ellos el deber de completarla (29).

En relación con esto hay que poner la cuestión de Portugal: ya sabemos que, a través de su política matrimonial, uno de los fines de los Reyes Católicos era la armonización política con este reino. Pero el uso del título »Reyes de España» de forma oficial podía molestar al vecino lusitano, que también se consideraba parte de España. Maravall ya indica este aspecto, y realiza un comentario acerca de que el rey don Manuel de Portugal hizo una reclamación a Fernando el Católico porque éste se hacía llamar «rey de España» (30). De todas formas, el hecho de que, en cambio, Isabel y Fernando aceptaran que personas e instituciones les denominasen así, podía constituir un elemento de propaganda de cara también a Portugal.

Y, hablando de propaganda, una cuarta razón la podemos ver en la fuerza que podía tener una larga intitulación, la cual, además, estaba abierta a nuevos añadidos. Ladero matiza que la efectividad y la fuerza de cada título era diversa: los había honoríficos (Atenas y Neopatria, por ejemplo), reivindicativos (Rosellón y Cerdaña hasta 1493) y efectivos (31). Como decimos, la lista podía ir aumentándose mediante la incorporación de nuevos reinos o señoríos y esto confería un evidente prestigio al monarca o monarcas (32). Y, como igualmente hemos dicho, los Reyes Católicos hicieron crecer en su época el número de títulos de forma considerable.

En fin, la última razón es quizá la más importante: la unidad estaba construida sobre la base de la diversidad territorial. Suárez también opina que éste fue el motivo principal de la cuestión y concretamente recalca que la unión se estaba edificando según el modelo de la Corona de Aragón (33). Ladero, por su parte, da importancia igualmente a la realidad de que la monarquía tenía dominios y componentes variados (34). Y Hillgarth, recordando que en la intitulación de los Reyes Católicos los reinos de la Corona de Castilla y los de la de Aragón se enumeran uno tras otro en rigurosa alternancia, cita a Gómez Mampaso en la idea de que esto parece reflejar «la concepción pluralista del Estado, yuxtaponiendo los reinos sin fundirlos» (35). Sin duda alguna, el corporativismo u organicismo cristiano medieval pudo jugar un papel muy destacado en la configuración de la unión dinástica. Cepeda Adán tiene en cuenta este factor al referirse a la concepción del reino, del Estado, en los Reyes Católicos (36). Son muy esclarecedoras, por otra parte, estas palabras de Antonio de Nebrija en el prólogo que dedica a Isabel la Católica, «Reina i señora natural de españa e las islas de nuestro mar», en su Gramatica de la lengua castellana de 1492: «I assi crecio [la lengua castellana] hasta la monarchia e paz de que gozamos, primeramente por la bondad e prouidencia diuina, despues por la industria e trabajo e diligencia de vuestra real majestad. En la fortuna e buena dicha de la cual los miembros e pedaços de España que estauan por muchas partes derramados, se reduxeron e aiuntaron en un cuerpo e unidad de reino. La forma e travazon del cual assi esta ordenada que muchos siglos, iniuria e tiempos no la podran romper ni desatar.» (37)

Nebrija ve con claridad que se ha alcanzado la unidad que llevaba esperando siglos y que ya es irrompible. Pero, además de esto, habla de «miembros» y «cuerpo», y cualquier entendido en textos políticos medievales sabe que no son palabras dichas al azar o sin significado. El reino se concibe orgánicamente en lo social y en lo territorial, y los territorios que lo componen son los miembros que forman el cuerpo del reino. Este no puede existir sin aquéllos, y aquéllos, a su vez, no tienen sentido y finalidad fuera del reino. Y, sin duda alguna, ésta era la visión de los Reyes Católicos. Ellos fundamentaron la unidad sobre la diversidad, bebiendo doctrinalmente para ello en buena medida del pensamiento corporativo del Medievo cristiano, que se fue perpetuando y renovando posteriormente y que en España tiene una de sus expresiones más recientes y bastante fiel heredera de él en el tradicionalismo carlista; en Portugal podemos verlo en el miguelismo y el integralismo. El foralismo carlista se explica bien desde esa perspectiva y trata de conjugar la unidad nacional con la diversidad regional, de una manera no muy lejana al modelo de los Reyes Católicos. Los cuales, aunque sin duda dieron muchos y muy importantes pasos en la construcción del «Estado moderno», seguían vinculados a las doctrinas de la Edad Media cristiana.

Otro reflejo claro de tal concepción es el escudo de armas de Isabel y Fernando, en el cual se integran los distintos territorios y la personalidad de cada uno de ellos queda tan patente como la unidad alcanzada, al mismo tiempo que todo queda consagrado y protegido por el águila de San Juan Evangelista, por la fe católica (38).

Y esta diversidad en la unidad es la que también explica que muchas veces se hable de España en plural: «las Españas». También Felipe II utilizó, además de la larga lista de territorios en su intitulación, esa otra de «Philippus Hispaniarum Princeps» o «Philippus, Dei gratia Rex Hispaniarum...». Y esto ya lo había hecho su padre Carlos I, como se observa en varios sellos (39). Es decir, que después de los Reyes Católicos y antes de Carlos III, también otros monarcas fueron denominados (en los casos de Carlos I y Felipe II que aquí se refieren, se autodenominaron) «Reyes de España» o «de las Españas».

Los historiadores de la Edad Moderna, acogiéndose a veces a textos de autores de los siglos XVI y XVII, por ejemplo del P. Mariana, han propuesto, quizá como términos menos conflictivos, los de «Monarquía Católica» y «Monarquía Hispánica», para hablar de los reyes que gobernaron España desde Isabel y Fernando hasta la centuria del 1700. En realidad, son términos ciertamente bastante adecuados y que hacen referencia sobre todo a dos aspectos: la fe sobre la que se asienta la Monarquía y la universalidad. Porque, en realidad, tanto catolicidad como Hispanidad son conceptos que expresan universalidad, y la España de la Epoca Moderna muestra sin duda esta vertiente. Pero ello no quita el que, después de haber tratado toda esta cuestión, podamos sin temor hablar también de «Reyes de España» antes de Carlos III y que podamos aplicar tal calificativo igualmente sin miedo a los Reyes Católicos. Del mismo modo, no hay por qué evitar hablar de España antes del siglo XVIII, ni hay razones verdaderas para afirmar que España no existe ni ha existido en la Historia. Como bien dice el profesor Eloy Benito Ruano: «¿Negación actual de España? Síntoma de incultura histórica.» (40)


·- ·-· -··· ·· ·-··
Santiago Cantera Montenegro

1) Resumen de la conferencia pronunciada en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid el 4 de mayo de 2001, dentro de las Jornadas sobre La creación del Estado moderno español: una transición política a finales del siglo XV. En buena medida, habíamos abordado el tema en el artículo "Fray Ambrosio Montesino y los Reyes Católicos como Reyes de España", en Fundación, revista de la Fundación para la Historia de España (Argentina), II (1999-2000), pp. 261-282.

2) Tanto la edición francesa (París) como la española (Madrid, Nerea), son de 1988. La cita, p. 9.

3) Maravall Casesnoves, J. A.: El concepto de España en la Edad Media. Manejamos la 4a edicio~ilMadrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1997); la la es de 1954.

4) Espana. Reflexiones sobre el ser de Espana. Madrid, Real Acadernia de la Historia, 1997.

5) Op. cit., 2a parte. A continuación, recogemos algunas citas de las pp. 342, 345, 388-390 y 398.

6) Versos 3724-3725. Manejamos la 4a edición de Ramón Menéndez Pidal (Madrid, Espasa-Calpe, 1940, p. 298) y la de Colin Smith (Madrid, Cátedra, lg9l, p. 267).

7) Ladero Quesada, M. A.: ~España: Reinos y señoríos medievales (Siglos XI a XIV)", en España. ReJlexiones sobre..., pp. 95-129; p. 95.

8) Ladero Quesada, M. A.: "Ideas e imágenes sobre España en la Edad Media", en Sobre la realidad de España. Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Boletín Oficial del Estado, 1994, pp. 35-53; p, 38. Recogemos a continuación algunas citas de este trabajo y del mencionado antes.

9) Real Academia de la Historia (RAH), Col. Salazar y Castro, 9/356 (antiguo E-18), fols. 119 r. - 122 v.

10) RAH, Col. Salazar y Castro, 9/832 (antiguo M-25), fols. 180 r. - 188 r.

11) RAH, Col. Salazar y Castro, 9/706, (antiguo K-81), fols. 21 r. - 22 r.

12) En esta idea incide habitualmente el profesor Luis Suárez.

13) Para este autor, usamos principalmente la edición de la BAE (Biblioteca de Autores Españoles), vol. 35 (Madrid, Rivadeneyra, 1855), pp. 401-466; aquí, pp. 441-444. Y Rodríguez Puértolas, Cancionero de Fray Ambrosio Montesino, Cuenca, Diputación Provincial, 1987; pp. 253-260 y 260-268.

14) De la primera edición de Toledo, 1512, solo se conoce un ejemplar en el British Museum.

15) Por ejemplo, en la Biblioteca Nacional de Madrid (BN), R-4 a R-7. El proemio, en vol. I, fols. II-IV.

16) San Ignacio de Loyola: Obras Completas, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos (E3AC), 1977 (3a ed. revisada); p. 94.

17) Leturia, P. de S.I.: El gentilhombre íñigo López de Loyola en su Patria y en su siglo, Barcelona, Labor (Colección "Pro Ecclesia et Patria"), 1949 (2a ed. corregida); p. 152.

18) Riquer, M. de; Comas, A.; Molas, J.: Historia de la Literatura Catalana, vol. IV (Part Antiga, per Martí de Riquer. Barcelona, Ariel. 1985, 4a ed.); p. 117.

19) Existe ed. crítica reciente de la obra completa, realizada por Josep Almiñana i Vallés, 2 vols. Valencia, Ajuntament de Valencia, Regidoría d'Acció Cultural, 1992. El prólogo en vol. I, p. 204.

20) Hillgarth, J. N.: Los Reyes Católicos. 1474-]516, Barcelona, Grijalbo, 1984; p. 282.

21) Maravall, op. cit., p. 467. LADERO, "Ideas e imágenes...", pp. 46-48.

22) Nebrija, E. A.: Historia de la guerra de Navarra, Madrid, 1953.

23) Ladero, "Ideas e imágenes...", p. 48.

24) Para esta cuestión, es interesante Pérez Priego, M. A.: El Príncipe Don Juan, heredero de los Reyes Católicos, y la literatura de Stl época, Madrid, UNED, 1997; antología de textos literarios en pp. 55-101.

25) Ladero Quesada, M. A.: Los Reyes C~atólicos: la Corona y la Unidad de España Valencla, Asociación Francisco López de Gomara, 1989; pp. 88-90.

26) Suárez Fernández, L.: Los Reyes Católicos. Fundamentos de la monarquía, Madrid, Rialp, 1989, p. 14.

27) Maravall, op. cit., pp. 352-353.

28) Suárez, Los Reyes (~atólicos. Fundamentos..., capítulo I, 1 (pp. 9-14). De este autor, cabe recordar también "España. Primera forma de Estado", en España. Rellexiones sobre..., pp. 131-150.

29) Esta razón la apuntan también los profesores Maravall, Suárez (quien no cree que sea la más importante) y Ladero.

30) Maravall, op. cit., p. 470.

31) Ladero, Los Reyes Católicos ., p. 94.

32) Así lo veía Maravall, op. cit., p. 353.

33) Aparte de trabajos mencionados, es de gran interés el primer capítulo de su obra Claves históricas en el reinado de Fernando e Isabel, Madrid, Real Academia de la Historia, 1998.

34) Ladero, Los Reyes Católicos , pp. 93-94. En su obra España en 1492, Madrid, Hernando, 1978, p. 112, señala: "La Inonarqllía de ambos esposos es a la vez unión dinástica y ejercicio unido del poder en su cúspide. No supone un cambio en la constitución interna de los reinos y, tal vez por eso, Isabel y Fernando no se titularon oficialmente reyes de España, aunque como tales se considerasen, sino que mantuvieron las titulaciones tradicionales, incluso las honoríficas, unificadas en una larga relación donde cada reino -castellano o aragonés- tiene su puesto y a la que se incorporan las conquistas y anexiones efectuadas por ellos. Los monarcas de la Casa de Austria conservarían este procedimiento de titulación: [. ]".

35) Hillgarth, op. cit., p. 283.

36) Cepeda Adán, J.: En torno al concepto de Estado en los Reyes Católicos. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Historia Moderna. 1956; pp. 74-75.

37) Nebnrija, A. de: Gramatica de la lengua castellana, Salamanca, 1492. Hay edición facsímil de Valencia, Librerías París-Valencia, 1992. La cita, pp. 5-6.

3) 8 Es muy interesante el estudio de Menéndez Pidal de Navascués, F.: "Los emblemas de España", en Espaiia. Reflexiones sobre .., pp. 429-473.

39) Por ejemplo, en un sello de 1526 aparece la fórmula "Carolus Dei Gracia Rex Hispaniarum" (Archivo Histórico Nacional de Madrid [AHN], Sigilografía-Sellos, Caja 17, n° 63). Y en otro de 1541, "loana, Carlos su hiio, Reis de Spanna" (AHN, Sigilograffa-Sellos, Caja 47, n° 19).

40) Benito Ruano, E.¨"Reflexiones sobre el ser de España", en España. Reflexiones sobre..., pp. 583-587; p. 587.

http://revista-arbil.es/(65)sant.htm

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por hacer pensar el Sáb Sep 20 2014, 23:30

Sancho el grande de Navarra creo que se titulaba HIspaniarum rex y los reyes godos eran reyes de Hispania con capital en Toledo, que fue también capital con Carlos I, no sé si ya poneis esto en el artículo de arriba, que no me ha dado tiempo de leerlo.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por ilustrado el Dom Sep 21 2014, 14:34

Sancho III Garcés el mayor, rey de Pamplona, Nájera, Aragón, y con mucha influencia en León, ya se hizo llamar Rex Ibericus, Hispaniarum Rex, Navarrae Hispaniarum Rex, e incluso Imperator Totius Hispaniae. Tuvo un precedente en Alfonso III de León, quien también se hizo llamar Imperator Totius Hispaniae. Y después del rey pamplonés, el título de rey de España, lo llevaron Alfonso VI de León o Alfonso I el Batallador de Aragón, por poner dos ejemplos bien claros.

Y es que todos los reyes de los reinos cristianos hispánicos de la Edad Media sabían perfectamente que eran herederos y predecesores del Reino Hispano-visigodo. Cuando algunos de estos reyes acaparaban varios reinos y condados hispánicos cristianos y tenían un predominio sobre los demás, se legitimaban en la empresa de la Reconquista mediante el título de Rey de España, pensaban que eran la principal monarquía heredera del reino que asentaron Leovigildo y Recaredo y que cayó con Rodrigo en Guadalete el año 711, y que además tenían la obligación de recuperar el territorio perdido para la Cristiandad. Entonces, el título de Rey de España, era prestigioso y daba legitimidad en la lucha contra el islámico invasor. Por supuesto, que los Reyes Católicos se hicieron llamar así.

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Re: Isabel la Católica, ¿santa o villana?

Mensaje por URSINO el Dom Sep 21 2014, 14:46

@hacer pensar escribió:Sancho el grande de Navarra creo que se titulaba HIspaniarum rex y los reyes godos eran reyes de Hispania con capital en Toledo, que fue también capital con Carlos I, no sé si ya poneis esto en el artículo de arriba, que no me ha dado tiempo de leerlo.

Alfonso III rey astur-Leonés con sede en León, firmaba también los documentos oficiales con el título de Imperator Hispanae, (866-910). Saludos.

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