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Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

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Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Sáb Jun 07 2014, 19:21

MITOS, LEYENDAS Y UTOPÍAS
SOBRE EL DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO




Ilustración del libro El Nuevo y desconocido mundo.
Descripción de América y del Sur (Amsterdam, 1671)



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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Sáb Jun 07 2014, 19:32

LA TRADICIONAL CONCEPCIÓN SOBRE EL MUNDO CONOCIDO


Desde la Antigüedad, cualquier persona culta sabía que la tierra era redonda, algo evidente desde el siglo IV a. C. con Aristóteles. Un siglo después, Eratóstenes calculó la media esférica, y de ahí la teoría pasó a Ptolomeo, que afinó aún más la medición.

La Iglesia no puso en duda aquella teoría, aunque el Génesis propone una imagen plana de la Tierra según la ciencia mesopotámica, ya desde el siglo IV con san Agustín existieron autores cristianos que defendieron la tesis de la esfericidad de la tierra: Isidoro de Sevilla en sus Etimologías hacia el año 600, o Beda el Venerable a principios del siglo VIII, y después Tomás de Aquino, que completó la teoría de Aristóteles con datos de la astronomía árabe.

En las universidades españolas y portuguesas del Renacimiento se enseñaba que la tierra es redonda y, además, se aceptaba una longitud casi igual a la actual: 40.000 kilómetros por el ecuador.

En el siglo XII, el geógrafo musulmán El-Edrisi, consideraba al océano Atlántico como “un mar donde nadie sabe lo que hay en él, ni puede averiguarse, por las dificultades que a la navegación oponen las profundas tinieblas, la altura de las olas, la frecuencia de las enfermedades, los innumerables monstruos que lo pueblan y la violencia de sus vientos”.



Mare Tenebrosum

Era llamado Mare Tenebrosum por los cristianos y Mar de las Tinieblas por los musulmanes. Un espacio poblado de animales fantásticos y agresivos que defendían sus aguas hundiendo cuanto barco osaba penetrar en ellas: cíclopes, cinocéfalos, unípodos, hipódopos, grifos, basiliscos, ave fénix, dragones y sirenas. Más allá se encontraban las antípodas y tierras ignotas.

Se trataba de supersticiones producto de la incapacidad de los europeos por sortear las duras condiciones de una mar muy diferente al sosegado Mediterráneo, donde la vela aseguraba el movimiento del bote y donde la visión continuada de la costa proporcionaba tranquilidad a la marinería.

La península Ibérica siempre había sido el límite occidental para las invasiones de las civilizaciones que llegaban desde el Oriente cuyo lema podría ser el de “Non Plus Ultra” (No más allá), el cabo Fisterra era considerado como el “fin de la tierra”, donde termina la tierra y comienza un mar inexplorable y el estrecho de Gibraltar era conocido como las “columnas de Hércules”.

El primer paso en descubrir ese mar de las Tinieblas llegó entre 1341 y 1342, cuando dos barcos de bandera portuguesa redescubrieron las islas Canarias y los archipiélagos de Madeira y las Azores.

A finales del siglo XV, España y Portugal se habían convertido en las dos grandes potencias marítimas y astronómicas de Europa. La Corona de Aragón tenía una intensa experiencia marinera por su dominio del Mediterráneo, y la Corona de Castilla mantenía rutas muy seguras en el Atlántico norte y Canarias. Portugal abrió rutas por las costas africanas, descubrió el paso del sur africano hacia Oriente por el cabo de Buena Esperanza, y llegó a la India abriendo la ruta de las especias. Hubo, por tanto, un de mentalidad sobre como había que afrontar el dominio de ese mar inexplorable, cuyos marinos deseaban llegar más allá “Plus Ultra”.


Portolano attribuito a Paolo dal Pozzo Toscanelli

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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Sáb Jun 07 2014, 19:48

EL PENSAMIENTO UTÓPICO DE CRISTÓBAL COLÓN


En ese ambiente de innovación técnica en la navegación y organización de expediciones marítimas surge la figura de Cristóbal Colón, quien llegó a Lisboa en 1476. Estuvo convencido de que navegando la esfera terrestre hacia Occidente era posible llegar a las Indias, demostrando la esfericidad de la tierra. El auténtico misterio de Colón no es donde nació, sino más bien por qué estaba tan seguro de poder llegar a las Indias.

Cristóbal Colón poseía cierta información procedente del matemático Paolo del Pozzo Toscanelli, al servicio de la corte portuguesa. Se trataba de la correspondencia y los mapas que, en 1474, el sabio florentino había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins. Este era una de las grandes eminencias de la época y afirmaba que el camino occidental hacia Cipango estaba salpicado de islas que facilitaban la navegación.

Con unas medidas escritas por el sabio árabe Alfragano , Colón calculó el ecuador: 20.400 millas marinas. Pero Colón se equivocó en el cálculo, pues estaban expresadas en millas árabes (2.000 metros), unidad de medida bastante más larga que la milla latina convencional (1.480 metros) usada en Europa. Con lo que reducía las distancias a un cuarto de las reales, sustrayéndole unos 10.000 kilómetros a la circunferencia terrestre real que son 40.000 kilómetros. Y, con estos equivocados cálculos, Colón intentó llevar a la práctica su teoría. Lo que estuvo en discusión no fue la esfericidad de la tierra, sino la distancia que podía existir entre las costas occidentales de Europa y la isla de Cipango (Japón).

Su pensamiento se vio influenciado por la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II y el Tractatus de Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, pero también por el relato de Juan de Mandeville, El Millón de Marco Polo, clásicos del siglo XIII, cartas de Toscanelli, etc.



Reconstrucción hipotética en proporción cilíndrica de la carta
entregada por Tascarelli a Colón

De todas ellas extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos situados en el fin del Oriente como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli recogió Colón todo lo relativo al Gran Kan de Mongolia, a la tierra firme asiática y sobre todo al Cipango (Japón), isla distante 1.500 millas del continente y famosa por su riqueza.

Todas estas informaciones de dudosa veracidad científica hicieron creer a Colón que la Tierra era un cuerpo inmóvil y esférico que ocupaba el centro del globo cósmico, que tenía forma de pera, un Ecumene habitada por los hombres y dividida en tres continentes: Europa, Asia y África, y un paraíso terrenal ubicado en el océano Atlántico.

Pero el proyecto en la mente de Colón no pudo ponerse en práctica en la Corte de Juan II, ya que los portugueses pretendían llegar a las Indias bordeando las costas africanas, cuando en aquella época cruzar el canal de Suez y navegar por el mar Rojo era un suicidio ante el cerrojo establecido por los otomanos. La apuesta de Colón fue atravesar el Mare Tenebrosum, y llegar a Cipango (Japón) y Catay (China).



Mapa de Henricus Martellus, de 1489

Aquella aventura en la mente del almirante se materializó en Palos de la Frontera, relevante puerto de la Corona de Castilla que hervía de iniciativas náuticas, como todo el suroeste peninsular, no sin antes vivir un periodo en el monasterio de La Rábida, centro científico con demostrada innovación náutica y cartográfica.

En 1486, la reina Isabel I recoge de nuevo el proyecto y lo somete a una comisión de expertos en Alcalá de Henares. El veredicto es que con las medidas reales de la circunferencia terrestre, es imposible llegar en carabela, y además, es altamente costoso.

Pero, a pesar de la opinión de los expertos, Isabel confía en el plan de Colón, y es que, aunque existían certidumbres científicas bastante asentadas, como la medida real de la tierra y la distancia entre Europa y Asia, por otro lado, existía la certidumbre práctica con un cierto éxito ante la posibilidad de que hubiesen tierras intermedias entre ambas costas que no mostraban los mapas por no ser descubiertas aún: el Nuevo Mundo. Y esa posibilidad práctica, que no técnica, fue la que motivó a los asesores de los Reyes Católicos a aceptar la aventura, frente a los dictámenes de los sabios. La voluntad política de los Católicos y la hipótesis de Colón pudo con la sabiduría científica los expertos.

El 2 de agosto de 1492, la expedición de Colón zarpó desde Palos de la Frontera. Adentrada en el Atlántico, se dieron una serie de descubrimientos relevantes: los pilotos constataron que la brújula no marca exactamente el norte, la estrella polar, sino que se desvía. Calcularon por primera vez la declinación magnética, la diferencia entre el polo norte magnético y el polo norte geográfico. Un gran hallazgo científico.

En el mar de los Sagazos, descubren una inmensa extensión de algas que cubría esa parte del océano. Llegaron a pensar que eran aguas bajas y que podían embarrancar, por ello, arrojaron una sonda y comprobaron que se trataban de aguas muy profundas. A pesar de aprovechar siempre el alisio hacia el oeste, también descubrieron que existían vientos hacia el este, de ese modo, supieron que el tornoviaje estaba garantizado.

A principios de octubre, Colón se dio cuenta que sus cálculos estaban fallando y que las islas que esperaba encontrar se habían quedado atrás. Llevaban 1.000 leguas de navegación. El día 10 de octubre, los almirantes Pinzón pusieron fecha de regreso si no encontraban tierra. La expedición hizo historia y en la noche del 12 de octubre de 1492, un sevillano vigía de la Pinta, Rodrigo de Triana, gritó "¡Tierra!", fue el primero en avistar el Nuevo Mundo.

Se trataba de la isla San Salvador perteneciente al archipiélago de las Lucayas (Bahamas). Tras hallar el archipiélago de las Antillas mayores, entre el 28 de octubre y el 5 de diciembre de 1492, las naves se movieron por la costa oriental de Cuba. Colón creyó que esta isla pertenecía a Catay, se vio mucha vegetación y frutos, pero no se vio grano de oro alguno ni noticias de la corte del Gran Khan. Y es que no fue hasta la muerte de Colón cuando se verificó que las tierras descubiertas no eran parte de Asia, sino de un nuevo continente.


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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Sáb Jun 07 2014, 19:58

LA HIPÓTESIS DEL PREDESCUBRIMIENTO


Para algunos historiadores, la razón por la cual Cristóbal Colón defendió su proyecto con gran convencimiento es que posiblemente tendría más datos de los que mostraba, y que contemplaba con cierta posibilidad un “pre-descubrimiento” de unas tierras inexploradas.

Esta leyenda fue escrita por el cronista fray Bartolomé de Las Casas, fuente primordial, en su Historia de las habladurías y leyendas que en aquél momento había en la isla Española.

Otro cronista, Gonzalo Fernández de Oviedo también recoge la misma leyenda en su Historia General, donde afirma que el piloto, amigo íntimo de Cristóbal Colón, se resguardó en la casa de éste y allí murió, pero antes le dio información de su viaje e incluso una carta de marear en la que había señalado las tierras que había visto.

Incluso otros cronistas como Francisco López de Gomara y Garcilaso de la Vega Inca recogen los hechos después de un siglo. Este último es el único que da nombre al piloto: Alonso Sánchez de Huelva quien le daría detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias. Este personaje mitológico a quien se denomina a menudo como el Navegante Desconocido o el Prenauta fue un marino portugués o castellano que, tras una tormenta, acabó recalando con sus naves en las Antillas, siendo el único superviviente. De algún modo logró regresar, y así fue como transmitió su información a Colón antes de morir.

Algunos autores ven como una declaración por Cristóbal Colón sobre este hecho en una carta incluida en el Libro de las Profecías, en torno al 1501, en la que confesaba a los Reyes Católicos que recibió algo que le abrió el entendimiento, un “milagro evidentísimo”, refiriéndose a que era posible navegar desde Europa hasta las Indias por poniente. Posiblemente se referiría al momento en el cual conoció a aquel Prenauta que le aportó toda la información de su hallazgo durante sus frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias entre los años 1477 y 1482.

Ante aquella noticia, Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.



Descubrimiento de América

Los defensores del “pre-descubrimiento” apuntan también, como evidencia de sus afirmaciones, a la llamada Capitulaciones de Santa Fe, firmada en abril de 1492 por los Reyes Católicos, y en la que se conceden grandes privilegios a Colón sobre lo que estaba por descubrir. En dicho texto se aludo a lo que Colón “ha descubierto”, literalmente, y no “lo que descubrirá”, como sería lógico. Según estudiosos, no se trataba de un error de escritura, sino la prueba de que Colón había convencido a los monarcas con evidencias de que conocía la existencia de ese Nuevo Mundo.

Desde entonces, muchos autores son los que han pronunciado a favor o en contra de la hipótesis del pre-descubrimiento.

Los defensores de esta hipótesis siguen la línea interpretativa basada en que Hernando Colón procuró evitar que se restara protagonismo a la figura de su padre, negando cualquier pre-descubrimiento. Estos, a su vez, defienden dos tipos de hipótesis sobre el pre-descubrimientos:

La primera hipótesis cree en la leyenda del piloto desconocido, que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Aportaría informaciones concretas sobre la localización de las Antillas, la ruta a seguir, las minas de oro, algunos de los puntos geográficos clave e incluso sobre ciertas señales que el pre-descubridor habría dejado en América para que pudiera comprobarse luego su veracidad.

La segunda posibilidad contempla que no fue un piloto anónimo el informador, sino un grupo de indígenas que en un desplazamiento por las islas del Caribe hacia 1482-1483 fueron desviadas hacia el oeste en pleno océano por culpa de una tormenta, donde pudieron encontrarse con Colón e informarle.

Incluso también no hay que descartar la posibilidad de que fuera el propio Colón quien hubiera llegado previamente a América por lo que tendría conocimientos previos. No es aventurada esta hipótesis si se tiene en cuenta la rapidez del primer viaje, la seguridad con que pidió un plazo de tres días a los marineros amotinados o el recorrido insular.



Continúan las hipótesis, especulaciones y mitos referentes a si realmente fue Colón el primer europeo en alcanzar el Nuevo Mundo. Algunos historiadores consideran que los vikingos precedieron al genovés como lo corroboran los restos hallados en el campamento L´Anse aux Meadows, en la costa noroccidental de Terranova. Incluso antes pudieron llegar los egipcios a América del sur, tal y como demostró el aventurero noruego Thor Heyerdahl en los años 70. El último nombre en unirse a esta lista ha sido Zheng He, el eunuco que, entre 1403 y 1433, exploró al frente de una flota de juncos las costas del sudeste asiático y el este de África.

A principios del siglo XVI ya se encuentran a pescadores cántabros y vascos en las costas de Terranova buscando los caladeros de ballenas y bacalaos a bordo de naves consistentes, sin saber aun cuándo llegaron allí por primera vez.

Las hipótesis más arriesgadas incluyen a los caballeros templarios, a quienes algunos atribuyen haber llegado a América. Esta información sobre las tierras del Oeste había pasado a la Orden de Cristo, sucesora del Temple en Portugal, donde el almirante pasó varios años antes de emprender su aventura y donde habría tenido conocimiento de la misma.

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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Sáb Jun 07 2014, 20:07

LA RUPTURA DE UNA CONCEPCIÓN TRADICIONAL


El Descubrimiento de América, el 12 de Octubre de 1492, fue una hazaña científica y técnica que permitió traspasar unos límites oceánicos y descubrir unos territorios que, sin lugar a dudas, cambiaron la mentalidad y conocimientos científicos tanto del hombre occidental como del indígena. No es aventurado afirmar que fue el hallazgo geográfico más importante para la Humanidad.

En la costa andaluza se desarrolló una incipiente industria náutica, con perfeccionamiento de naos y carabelas, velas redondas, rectangulares y latinas, cartas de marear, sistemas de proyección, astrolabios y cuadrantes, tablas y almanaques, bitácoras, ampolletas y sondas. Se desarrolló el galeón como nave acondicionada para superar las adversidades atlánticas. Sevilla se convierte en capital portuaria para la navegación y comercio con el Nuevo Continente.

En 1503 se creó la Casa de Contratación de Sevilla, centro de investigación y foco de ciencia, y cátedras como las de Cosmografía, Astronomía, Matemáticas, Geografía e Hidrografía. Se impulsaron expediciones científicas, se estudió el magnetismo terrestre, se perfeccionaron métodos para la determinación de longitudes y latitudes, corrientes atmosféricas y marítimas, cartografía del planeta, bibliografía sobre los nuevos países e información sobre botánica y zoología coloniales.



Grabado del puerto de Sevilla 1740

El descubrimiento de América planteó problemas sobre la naturaleza y capacidad de los indios, trato que debía dárseles, protección, legalidad moral de la Conquista, derecho de los aborígenes, etc.

El descubrimiento de América representó por tanto el derrumbe de la concepción tradicional del Mundo, y se iniciaron enigmas sobre la unidad o variedad de la especie humana, el origen y filiación de las lenguas, emigración de los pueblos, avances en la navegación, forma de la Tierra, origen de los vientos, variaciones del clima, corrientes oceánicas, flora y fauna, etc.

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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Mar Jun 24 2014, 20:20

LA AVENTURA DE ELDORADO



Lago Parima y la ciudad de El Dorado en un mapa de 1625

Lo que verdaderamente movió a mucho conquistadores fue la ambición de riqueza. Un incentivo eterno en la historia del mundo que a ellos les llevó a lanzarse, con tanta codicia como atrevimiento, en busca de quiméricos tesoros y leyendas. Todo empezó con un rumor, pronto convertido en un clamor. Entonces el Nuevo Mundo se convirtió para muchos en la tierra del oro: Eldorado. Su búsqueda se convirtió en una obsesión, una quimera, un sueño demencial, y una ambición desmedida en el pensamiento de muchos de los colonizadores.

En 1636, el cronista Juan Rodríguez Freyle describía la ceremonia de iniciación del nuevo cacique Dorado que los indios muiscas realizaban en la laguna de Guatavita, cerca de Bogotá, de esta manera:

“Desnudaban al heredero y lo untaban con una liga pegajosa, y lo rociaban con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de ese metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba de pie, y a su alrededor depositaban un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios…”

La imaginación brotaba de la mente de los colonizadores y el mito de Eldorado se convirtió en el principal aliciente para aquellos buscatesoros que en realidad fueron la mayoría de los conquistadores.

Un relato sobre lugares deslumbrantes, un pesado adorno colgado del cuello de un indígena, un brillo en el horizonte, etc., todo podía ser una pista, un indicio de lo que escondía la tierra desconocida. Aquellos aventurados eran a menudo incultos y analfabetos, se dejaban arrastrar cegados por su propia codicia de enriquecimiento, incluso al pionero, Cristóbal Colón, quien en su diario de a bordo ya mencionaba la palabra oro en varias ocasiones. En las descripciones que los cronistas hacían sobre los nativos siempre se referían primero a las joyas u objetos de valor que los adornan.

En ocasiones seguían cualquier pista remota que los indígenas les daban y que con frecuencia se trataban de mentiras improvisadas para librarse de ellos cuando antes. Incluso se inventaron lejanísimas y fantásticas ciudades rebosantes de oro, en la certeza de que así los perderían para siempre. En otras ocasiones fueron los propios españoles quienes, entusiasmados por el enriquecimiento de otros compañeros, exageraron relatos y crearon en sus mentes míticos países y tesoros. Los textos de los cronistas son elocuentes:

“Y estos caribes decían que tierra adentro estaba una provincia llamada Meta (…). Decían aquellos caribes, mostrándoles oro e plata, que no había plata; mas que hallarían mucho oro, e lo cogían en una sierra de la provincia de Meta.”
Gonzalo Fernández de Oviedo

“Noticia les dieron los indios que encontraban, de que en las tierras más delante de las suyas, en las playas y márgenes del río que llaman Barraguán y Meta, había innumerable cantidad de gente tan rica, que todo el servicio de sus casas era de oro y plata.”
Fray Pedro Simón

“Y lo que este testigo vio por sus propios ojo fue que todos los indios de aquella tierra, chicos y grandes, hombres y mujeres, traían chagualas de oro y unas paletillas de anchor de dos dedos y tres, el cual oro le parece a este testigo que tenía hasta doce o trece quilates, aunque en la color era más de veinte. Y preguntando a los dichos indios que de donde traían aquel oro, todos conformaban en decir que tierra adentro, hacía otras sierras, donde había mucha cantidad de oro.”
Juan Rodríguez

“Los indios le decían que en adelante hallarían grandes provincias asentadas en tierra llana, llenas de muchos indios que poseían grandes riquezas, porque todos andaban armados de piezas y joyas de oro.”
Cieza de León



Famosa balsa muisca evidencia de las ceremonias sagradas
que dieron origen a la leyenda de El Dorado

Pero, ¿era posible creer aquellos pensamientos? A principios del siglo XVI sí. Las referencias culturales de los europeos eran la Biblia, las fuentes grecolatinas y la literatura bajomedieval, sobre todo los viajes de Marco Polo. En ese repertorio, los relatos sobre ciudades repletas de oro eran algo común, y con aquella mentalidad, los colonizadores interpretaron el Nuevo Mundo bajo aquella percepción.

En la búsqueda del mito de Eldorado se organizaron muchas incursiones, en las que cayeron miles de hombres, aportando una enorme cantidad de datos geográficos del Nuevo Mundo. Ningún otro mito movió más a los aventureros que el de Eldorado, convirtiéndose no sólo en una leyenda eterna, sino en un concepto simbólico y semántico.

Según la versión de la leyenda que cada cual reciba, los conquistadores buscaron a un hombre (el cacique Dorado), una región (Omagua), una ciudad (Manoa), una laguna (Guatavitá, Parima), etc.

En 1530 se organizó la primera expedición en busca de Eldorado por Antonio Sadeño, gobernador de la isla Trinidad, adentrándose en el Orinoco en intentando remontar el río en varias ocasiones hasta que muere.

Muy sabiamente, los indígenas no dejaban de inventar doradas leyendas para alejar a los colonizadores. Es la treta que hicieron con Diego de Ordás, cuando en 1531 remontó el Orinoco convencido de que en su nacimiento se hallaba el País del Oro. Pero antes de intentarlo, Ordás consiguió escalar la cima del volcán de Popocatépetl para desde allí ver algún punto reluciente y brillante que le guiase. Durante el camino fue integrando a su hueste grupos de españoles aislados, restos de la expedición de Antonio Sadeño. El meta se terminaría llamando aquella nueva ensoñación, y todo por que un indio de los caribe que fue apresado les dijo que las montañas que bordean el río Meta había mucho de ese dorado metal.

Ordás muere en su regreso a España en busca de refuerzos, en cambio su tesorero Jerónimo Dortal siguió explorando el mismo camino hacia 1534. Envió río arriba a su lugarteniente Alonso de Herrera, que alcanzó los rápidos del río Meta en 1535, pero muere combatiendo con los indios. El propio Dortal continuó la misma ruta sin éxito.

La fabulosa tierra fue el objetivo en la mente de Gonzalo Pizarro, hermano de Francisco, en la expedición que también tenía por objetivo el País de la Canela, otra leyenda sobre un lugar rico en ésta y otras codiciadas especias, que ya estuvieron en los planes de Colón y de otros exploradores. La nutrida hueste acabaría internándose en las espesas selvas amazónicas donde, bajo furiosas lluvias, voraces ciénagas, miles de mosquitos, el acecho de reptiles y la falta de alimentos, fue mucho lo que padecieron. Muy pocos y en deplorables condiciones pudieron regresar para contar con decepción que ni habían encontrado con pista alguna de Eldorado ni habían encontrado el País de la Canela. Aunque la apreciada especia se iba encontrando, no se hallaba en abundancia, y además eran tierras pantanosas, sin alimentos e inhabitable.



Mapa de 1562 donde se observa el territorio de Nueva Andalucia
y la Provincia de Omaguaa la altura del río Amazonas

También los alemanes, a los que Carlos I había asignado parte de la actual Venezuela, cayeron en el hechizo del mito. Desde Coro había partido en 1541 el conquistador Philipp von Hutten cuando le hablaron del rico País de Omagua. La expedición sufrió penalidades y alucinaciones hasta fracasar. Hernán Jiménez de Quesada evitó que sus hombres perecieran buscando el mito de la Casa del Sol gracias a que se encontraba en territorio asignado a los alemanes. Según la leyenda, se trataba de un templo que estaba totalmente cubierto de oro y del que no tuvieron más noticias.

La expedición alemana dejó una herencia mitológica que adquirió la expedición liderada por Pedro de Ursúa en 1559, quien buscó Eldorado en la cabecera del Amazonas. Entonces surgió la figura demente de Lope de Aguirre, un loco criminal, cuya fiebre por el oro acentuó aún más su delirio. Se rebeló contra Felipe II, asesinó a su capitán Ursúa, a muchos de sus hombres, a centenares de indios y a su hija Elvira, antes de ser capturado y ejecutado.

A pesar de todo, la leyenda sobre Eldorado y sobre el País de la Canela se mantenían vivas en las codiciosas y aventuradas mentes de los colonizadores. En 1569, Gonzalo Jiménez de Quesada consiguió el título de Adelantado y aun año después emprendió una expedición en busca del “indio dorado” por la complicada selva amazónica partiendo desde Santa Fe al mando de una expedición compuesta por 300 españoles, 1.500 indios, 300 caballos y 800 animales de granja. Dos años después, a causa de las deserciones, el hambre y las luchas, sólo regresaron 64 españoles, 4 indios y 18 caballos.

Para la elaboración de toda esta leyenda fue decisivo el encuentro que Jiménez de Quesada tuvo con los indios muiscas en los Andes colombinos, donde mezclada con otros mitos, encumbró la leyenda del país del oro. Allí el español pudo contemplar el opulento ritual de coronación que el cacique local efectuó en Quito.

El primero en creerse el cuento de Jiménez de Quesada y aventurarse tras él fue Sebastián de Belalcázar. Hasta Timaná, en la actual Colombia, llegó con sus expedicionarios, donde fueron retenidos por la fiera defensa de los indígenas yalcones.

Un desastre más que no tuvo en consideración Antonio del Berrio, casado con una sobrina de Quesada, cuyos beneficios invirtió en continuar la expedición hacia Eldorado hasta en tres ocasiones por las selvas y los llanos de Venezuela. En la última de ellas, la de 1590, Berrio embarcó a sus huestes en bergantines para seguir el curso del río Orinoco, donde fue atacado y capturado por Walter Raleigh. El corsario inglés, conocedor del mito de Eldorado, también perdió la vida en el empeño. El hijo de Berrio, Fernando de Berrío continuó el proyecto de su padre Antonio, pero tampoco se libró de la maldición que se cernía sobre todo aquel osado que pretendía buscar esa quimera. Eldorado se convirtió en sinónimo de tragedia.



Mapa del Siglo XVII, con El Dorado, el Lago Parime y la cuenca del río Amazonas

La misma ensoñación de Eldorado señaló otros lugares geográficos motivando la misma nube de avaricia.

Para librarse de su hostigamiento, los indígenas de la Florida le dijeron a Pánfilo de Narváez en 1527 que las montañas de los Apalaches estaban repletas del dorado metal. Y hasta allí llevó a sus hombres en una durísima hazaña de la que sólo sobrevivieron Cabeza de Vaca y tres hombres más. No obstante, la Fiebre del Oro continuó en aquella cordillera estadounidense hasta el siglo XIX.

Cualquier cosa que se supiera creaba expectativas, y así sucedió con lo que contó Cabeza de Vaca a su llegada a Culiacán en 1536 acerca de los que había visto mientras estuvo perdido por el sudeste de los actuales Estados Unidos. El virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza, no tardó en enviar como explorador a fray Marcos de Niza junto con Estebanico el Negro, compañero de aventuras de Cabeza de Vaca. Estos dos hombres tomaban por doradas ciudades los poblados de adobe de los indios zuñi, seguramente iluminados por el sol. Estebanico sólo encontró la muerte en la principal de estas ciudades, Cíbola.

El relato de Niza a su regreso motivó una expedición a la que se unieron muchos viejos conquistadores que, liderados por Francisco Vázquez Coronado, partieron en 1540. En poco más de dos meses llegaron a Cíbola y comprobaron que la fantasía de fray Marcos resultó ser un territorio pobre y desértico. Pero sus moradores aseguraron la existencia de siete ricas ciudades situadas más al norte, un país llamado Quivira. No dudaron en buscarlo y lo único que hallaron fue un poblado de indios pieles rojas en el actual estado de Kansas, tras haber pasado por los de Texas y Oklahoma.



Mapa de 1635 con las provincias de Venezuela y Nueva Andalucia

También hubo una proliferación de mitos en el sur del Nuevo Mundo descubierto, más concretamente en torno al río de la Plata. La leyenda de la Sierra de la Plata fue divulgada por unos náufragos supervivientes de la expedición de Juan Díaz de Solís, descubridor del Río de la Plata, así bautizado por las riquezas que estos hombres aseguraron haber visto en la llanura fluvial. Esta nueva quimera fue buscada de forma insistente por el vascongado Diego Martínez de Irala desde Asunción, quien capitaneó el último intento en 1547 a través del Chaco boliviano, una funesta empresa que solo sirvió para apresar a miles de indígenas tras comprobar que todo se trataba de una farsa.

Más al sur, en tierras australes, se ubicó otra fantasía: la Ciudad de los Césares. Era un lugar que tampoco se halló y que surgió inspirado en las riquezas encontradas en el Perú, en espejismo del Imperio inca y en cuentos trasladados por los indios de un lugar a otro del continente. El nombre se debe a Francisco César, miembro de la expedición de Giovanni Caboto, quien llegó hasta los Andes y trajo noticias deslumbrantes del Cuzco. En una de esas expediciones murió Rodrigo de Cepeda y Ahumada, hermano de Santa Teresa de Jesús.


A finales del siglo XVI, los colonizadores se fueron dando cuenta que el mito de Eldorado, si existe, debía haber sido cualquiera de los lugares que han encontrado ya. Y se señaló especialmente a la laguna de Guatavitá, que habría sido el escenario de aquella legendaria ceremonia donde el cacique Dorado rendía ofrendas de oro. La locura más inverosímil que se le pudo ocurrir a algún desesperado fue intentar desecar aquella laguna para rescatar sus tesoros del fondo. Así es como en 1573 Antonio de Sepúlveda abrió un canal en un extremo de la laguna para hacer descender el nivel unos cuantos metros. Encontró una cantidad importante de oro y esmeraldas, en todo caso, no lo suficiente para compensar los gastos.

Muchos otros intentaron el mismo procedimiento, por ejemplo en el siglo XIX lo hizo una compañía alemana al mando del geógrafo y naturalista Alexander von Humboldt. También los intentaron portugueses, holandeses e ingleses. Estos últimos dirigidos por el coronel Percy Harrison Fawcett, en quien se ha inspirado Steven Spielberg para imaginar a Indiana Jones.



Mapa de 1599 elaborado por Jodocus Hondius.
Se observan los lagos Casipa y Parime y la ciudad de El Dorado

Por último, el mito de "el Dorado" se desplazó hacia las islas del océano Pacífico gracias a la Historia de los Incas escrita por Pedro Sarmiento de Gamboa. Según los incas, en el Pacífico existía una isla llena de oro y piedras preciosas llamado Ophir.

De la mítica Ophir ya habían soñado Marco Polo y Cristóbal Colón, ignotas islas de las que se aprovisionaba el rey Salomón de los metales nobles que necesitaba. Y de este pensamiento se contagió el aventurero de Álvaro de Mendaña quien en 1567 organizó una expedición de descubrió las llamadas islas Salomón por Gamboa en honor al rey judío.

En 1595, Mendaña realizó otra expedición marítima con el objetivo de encontrar Ophir. Redescubrió las salomón muriendo en ellas por enfermedad. La expedición fue continuada por su mujer, la almiranta Isabel Barreto, quien llegó a las Filipinas sin hallar nada más que enfermedades que diezmaron a la tripulación.

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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Miér Jul 30 2014, 19:29

EL SUEÑO DEL PARAÍSO TERRENAL


Los viajes colombinos estuvieron influidos en parte por el mito del Paraíso Perdido, pues en el subconsciente de Cristóbal Colón predominaba la idea de que el espacio europeo estaba agotado, y había que encontrar una especie de Paraíso Perdido atravesando el Atlántico, creyendo que era el camino más corto para ir a las Indias.

Siempre se consideró mesiánico, creía que la Tierra tenía forma de pera y situaba en su pezón el Paraíso Terrenal. En su tercer viaje creyó haber llegado al Paraíso Terrenal, una especie de protuberancia de la esfera del Globo hacia la que se había elevado, poco a poco, la superficie de los mares. La desembocadura del Orinoco le hizo pues creer que había llegado muy cerca del Paraíso Terrenal, y en carta de octubre de 1498 así se lo hizo saber a los Reyes Católicos.




Tiempo después, en pleno siglo XVII, el historiador Antonio de León Pinelo, en su El paraíso en el Nuevo Mundo, comentario apologético, historia natural y peregrina de las Indias Occidentales (1656), quiso demostrar la ubicación del Paraíso Terrenal en América del sur, en las márgenes del Amazonas, mezclando etnografía, mística, arqueología, leyenda y fábula, negando que el Edén hubiese estado ubicado en Mesopotamia. Para este autor, Perú fue el Pardes hebraico, y los hombres entraron en el continente Americano por el estrecho de Behring. El árbol de la ciencia del Bien y del Mal fue la granadilla, fruta de los Quixos del Perú. Y los cuatro ríos del Paraíso fueron el Fisón, el Hehón, el Hideki y el Perath, que para él fueron el río de la Plata, el Amazonas, el Magdalena y el Orinoco. Consideraba que estos cuatro ríos fueron trasladados por Dios al Viejo Mundo por venas ocultas: sustentando el Plata al Nilo, el Magdalena al Ganges, el Orinoco al Tigris y el Marañón al Eufrates.

Para León de Pinelo, el continente americano es así el paraíso por la riqueza y fertilidad del suelo y la bondad del clima. Su geografía es maravillosa y peregrina, aunque intentó ser erudito. Este autor, como tantos otros, se hacía eco de la resonancia que el eterno mito había adquirido desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. Hijo de judío converso, se trasladó a América para buscar en ella la Tierra prometida.



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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Miér Jul 30 2014, 19:37

LA IDEA DE LA FUENTE DE LA ETERNA JUVENTUD


Puestos a imaginar como sería aquel exuberante Nuevo Mundo aparecen en el pensamiento de muchos la idea de que podría esconder magias y milagros, como una Fuente de la Eterna Juventud. Desde muy antiguo, la idea de aguas curativas y de inmortalidad ha estado presente en leyendas, alquimias y religiones.



Ponce de León y la Fuente de la eterna juventud

Una fuente de la vida infinita es lo que, según una fábula indígena, le contaron que había en Bimini al conquistador Ponce de León. Hacía esta isla occidental de las actuales Bahamas partió en 1512 con dos carabelas y pronto avistó tierra. Un primer intento de desembarco fue repelido y entonces dobló el cabo Cañaveral, donde intentó de nuevo el desembarco, pero igualmente encontró una resistencia infranqueable. Desalentado por estos hechos y por no encontrar la isla, Ponce regresó a Puerto Rico.

El piloto Antón de Alaminos, que en este viaje había descubierto la Corriente del Golfo, prosiguió la búsqueda y dio con la isla, comprobando que el mito era falso. El sueño de la eterna juventud se había esfumado para siempre.



La fuente de la juventud por Lucas Cranach el Viejo

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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Miér Jul 30 2014, 20:06

EL MITO DE LAS MUJERES AMAZONAS


Desde la Grecia clásica resonaba la leyenda de las mujeres guerreras y, por supuesto, renace en distintos puntos de América ya en los primeros momentos del descubrimiento.

Cristóbal Colón, en las anotaciones correspondientes al 16 de enero de 1493, escribe sobre la isla de Martinino, al suroeste de La Española, donde había mujeres que vivían sin hombres, que en determinadas épocas del año importaban para procrear, y desechaban a los hijos que nacían varones.

Hernán Cortés, en sus cartas al rey del 14 de octubre de 1524, anota refiriéndose a una tribu de mujeres que vivían en Colima, al sur de Panamá.

En 1535, a Diego de Almagro le describieron los indios una región dominada por mujeres cuya reina se llamaba Guanomilla; y en 1536, Jerónimo de Ortal visitó a una cacica llamada Orocomay, que era “gran amiga de cristianos”, y era sólo servida por féminas y no albergaba ningún hombre en su ciudad.

Asimismo, la tropa de Gonzalo Jiménez de Quesada, cuando estaba acampada cerca del valle de Bogotá, recibió noticias sobre una tribu de amazonas cuya reina se llamaba Jarativa y su poblado era rico en oro. Quesada envió a su hermano Hernán en busca de estas tierras, pero fracasó en su misión, volviendo meses después convencido de haber estado muy cerca de su objetivo.

En 1539, Francisco de Orrellana se sumó a la expedición de Gonzalo Pizarro en busca del País de la Canela (especia muy cotizada en la Europa del siglo XVI) en el oriente ecuatorial, pero termina en otra expedición paralela descendiendo el río Amazonas con el objetivo de alcanzar las tierras de Eldorado y las de las misteriosas mujeres guerreas. Partiendo desde Perú en 1542, la expedición extremeña cruzó los Andes, construyó una selva y navegó río abajo por el Napo, el Río Negro y el Amazonas hasta su desembocadura. El primer europeo en recorrer los 4.800 kilómetros del río más caudaloso tardó siete meses en navegarlo.

Los pobladores de la región amazónica siempre han considerado al bosque como un sitio sagrado, un nexo vital entre el hombre y la naturaleza. Su belleza es leyenda y sus poderes curativos legendarios también.

Fray Gaspar de Carvajal, que formó parte del grupo que recorrió con Francisco de Orellana el Amazonas, relata cómo en febrero de 1542, en una parada junto al río Napo, unos indios les dijeron que si iban a visitar los territorios de las Amurianos, a las que ellos llamaban “grandes señoras”, tomasen precauciones pues eran muchas y muy belicosas y los matarían.

El 24 de junio del mismo año, la expedición sufrió el ataque de unas jóvenes desnudas que, según el relato de Carvajal: “son muy altas y blancas y tienen el cabello largo y entranzado, son muy membrudas, andaban desnudas y tapadas sus vergüenzas, con sus arcos y flechas en las manos…”. A partir de este relato es cuando, supuestamente, las referencias al gran río se hacen ya con el nombre de Amazonas.



Según otras descripciones, las guerreras tenían solo un pecho porque las bravas arqueras necesitaban apoyar el puño sujetando cerda y flecha sobre una superficie plana para disparar. Tienen su paralelismo en el mito griego que las ubicaba en Asia Menor a orillas del mar Negro, cual bellas mujeres fueron en ocasiones aliadas y enemigas de los troyanos, y de ahí se deriva el nombre de “amazonas”, originario de la palabra griega que alude a “amese-tadas”, sin pecho.”

El pecho restante era utilizado para amamantar a sus descendientes, mayormente sus hijas, pues también según estas versiones, los hijos varones eran sacrificados. En dicha sociedad, el hombre sólo se ocupaba de procrear y, eventualmente, marchar a la guerra, siempre en la última escala jerárquica, o esclavizado.

En otra expedición, al capitán Pedro Limpias le ofrecieron, en la actual Venezuela, dos coronas de oro que le aseguraron que eran de las amazonas. Y fue en estas mismas tierras donde los capitanes alemanes Spira y Hutten tuvieron noticias de estas mujeres, que vivían en un sitio llamado Ocuarica, en el río Manna. Muy semejantes a estos relatos fue el de Ulrico Schmidl en su Viaje al río de la Plata.

Como los anteriores casos existen otras tantas menciones de estas guerreras que, casi siempre son descritas como mujeres muy fuertes y altas, de piel blanca y pelo muy largo entrelazado en la cabeza, que iban desnudas y que eran muy diestras en el manejo del arco y las flechas. Muchas y elucubradas historias sobre ellas, pero al fin el misterio tampoco fue resuelto de forma fidedigna ya que no lograron capturar a ninguna comprobar su verdadero género.

Los historiadores que no dan pábulo a este mito consideran que aquellas tribus estaban integradas por varones de una etnia atípica, diferente al común del continente, hombres más altos y blancos que el aborigen tropical, con pechos abultados pero flácidos, miembros sexuales diminutos y el cabello muy largo y brillante, todo lo cual les otorgaba un aspecto femenino.

Tal tipología se ha llegado a estudiar, incluso, como una variante de la especie humana ligada a casos de hermafroditismo que la ciencia del siglo XXI tiende a examinar con detenimiento en busca de explicaciones sociales y culturales, involucrando a la transexualidad moderna, pero también premoderna y antigua, según quedó relevado en casos como el que se observa en las islas Indonesia, Filipinas y de Nueva Guinea.





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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por ilustrado el Dom Ago 03 2014, 14:47

EL SENTIDO ÚTOPICO DEL DESCUBRIMIENTO




El descubrimiento del Nuevo Mundo originó una nueva disciplina utópica del pensamiento español que consistía en una exaltación renacentista de la Naturaleza y una visión utópica de los pueblos primitivos.

Por una parte, el Renacimiento idealizó a los pueblos primitivos, por otra, el erasmismo facilitó también la descripción del indio americano como pacífico, humilde, inocente y sencillo.


La utopía del hombre natural representaba un estado no degradado por la civilización; un hombre no corrompido por ambiciones, envidias, odios, rencores, etc.; es el estado del hombre bueno, igual a sus semejantes, no explotado por otros. Utópicamente este hombre fue el salvaje que vive en el estado de la Naturaleza.

Cristóbal Colón fue en realidad el último hombre medieval, aunque también renacentista. En él se encuentran los temas utópicos que apasionaron a los autores renacentistas, entre los que se encuentran América como Tierra de la abundancia, y el indio como noble Salvaje. Describió siempre a América en tono hiperbólico, de acuerdo con el ideal de belleza que entusiasmaba a su época. Por eso, para todos los cronistas de Indias, América fue hermosura, bondad, ingenuidad y sencillez.

Fue después de Colón cuando se vio en América también desiertos, mamíferos, praderas sin árboles, cordilleras y una región polar. Pero Cristóbal Colón no tuvo nunca conciencia de haber llegado a un nuevo continente, y fue a partir de la epístola Mundus Novus, publicada en 1503 por Américo Vespucio, cuando los europeos miraron a América como tierra de promisión y utopía. El descubrimiento de América influyó por eso en la Utopía (1516) de Tomás Moro, La ciudad del sol (1626) de Tomasso Campanella, y La Nueva Atlántida (1627) de Francisc Bacon.

La Utopía de Tomás Moro es una serie de principios que deberían gobernar la sociedad, surgida como reacción crítica contra la política del Gobierno inglés. Considera a América como una tierra utópica, que espera impaciente la vieja y podrida Europa.


La exaltación de la naturaleza fue también un tema típico del Renacimiento, que se repitió con frecuencia primero a través de lo religioso, como espejo divino, y después como valoración profana y clásica.

Arcadia es así la idealización de los pueblos primitivos y el buen Salvaje, la nostalgia de la Edad de Oro. Su género más representativo es la novela pastoril, al que pertenecen la Arcadia de Jacopo Sannazaro, Menina e Moça de Bernardim Ribeiro, La Diana enamorada de Gaspar Gil Polo y Diana de Jorge de Montemayor.

La más influyente fue la Arcadia, que desarrolló el mito de la Edad de Oro, con grandes influencias de las obras literarias de fray Antonio de Guevara. Otros literatos españoles que exaltaron la naturaleza divina fueron Antonio de Torquemada con sus Coloquios satíricos y fray Luis de León.


Pedro Mártir de Anglería cuenta en Décadas de Orbe Novo que en Cuba se le apareció “un hombre principal, octogenario, varón grave, pero que iba desnudo”, que recomienda a Diego Colón no hacer mal a nadie. Este sencillo filósofo impresionó vivamente en Europa, y fue inspiración de la exaltación del hombre natural, la valoración de la paz y la tranquilidad, la enemistad hacia la guerra; la erasmista exaltación del pacifismo y la solución negociada de todos los conflictos. Ideal que recogieron Luis Vives en su De concordia y discordia del género humano de 1529, Antonio de Guevara en su fábula de El villano del Danubio de 1528, inspirador también de El villano del Danubio de Hoz y Mota, e incluso Américo Vespucio, quien idealizó también al indio en sus cartas.

Antonio de Guevara fue el primer autor en describir la contraposición barbarie-civilización, la diferencia entre el indio salvaje y el civilizado. Lo escribió, en su fábula El villano del Danubio.

Pero es en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de 1552, de fray Bartolomé de las Casas, donde españoles y nativos son descritos con los caracteres más opuestos: los españoles son lobos y los indígenas son corderos. Es el concepto de barbarie-civilización aplicada al Nuevo Mundo. Las Casas impugnaba el concepto de salvaje aplicado al indio, pues gozan de plena capacidad racional.

Montaigne, admirador de Guevara, contrapuso también a españoles (ambiciosos y crueles), e indígenas americanos (nobles y felices).

Pero fray Domingo de Betanzos dijo en 1526 que los indios “eran bestias y tenían pecados”, y hacia 1540 se arrepintió.

Fray Tomás de Ortiz escribió “los hombres de Tierra Firme de las Indias comen carne humana; ninguna justicia hay entre ellos, andan desnudos , no tienen amor ni vergüenza, son como asnos, abobados, insensatos; no tienen en nada matarse ni matar; no guardan verdad si no es en su provecho; son inconstantes, ingratos y amigos de novedades, précianse de borrachos, tienen vinos de diversas yerbas, frutas, raíces y grano, emborrachándose también con humo y con ciertas yerbas que los sacan de seso; son bestiales en los vicios; ninguna obediencia ni cortesía tienen mozos a viejos, ni hijos a padres; no son capaces de doctrina ni castigo; son traidores, crueles y vengativos, que nunca perdonan; inimicísimos de religión, haraganes, ladrones, mentirosos y de juicios bajos y apocados; no guardan fe ni orden, no se guardan lealtad maridos a mujeres, ni mujeres a maridos; son hechiceros, agoreros, nigrománticos; comen piojos, arañas y gusanos crudos doquiera que los hallan; no tienen arte ni maña de hombres; cuando se olvidan de las cosas de la fe que aprendieron, dicen que son aquellas cosas para Castilla, y no para ellos, y que no quieren mudar costumbres ni dioses; son sin barbas, y si algunas les nacen, se las arrancan; con los enfermos no usan piedad alguna; aunque sean vecinos y parientes, los desamparan al tiempo de la muerte o los llevan a los montes a morir con sendos pocos de pan y agua; cuanto más crecen, se hacen peores; hasta diez o doce años parece que han de salir con alguna crianza y virtud; de allí adelante se tornan como brutos animales. Nunca creó Dios tan cocida gente en vicios y bestialidades, sin mezcla de bondad y policía”.

En la misma línea se expresa el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, quien asegura de los indios que “su principal intento es comer e beber, folgar, luxuriar, idolatrar e exercer otras muchas suciedades bestiales...; el matrimonio que usaban, que los cristinos tenemos por sacramento, se puede decir en estos indios sacrilegio. Practican el pecado contra natura... Esta gente de su natural es ociosa e viciosa, de poco trabajo, melancólicos, cobardes, viles e mal inclinados, mentirosos e de poca memoria e de ninguna constancia. Muchos de ellos por su pasatiempo se mataron con ponzoña por no trabajar y otros se ahorcaron con sus propias manos”.

Pero son mayoría los autores y textos que defienden la bondad y racionalidad de los indios. En carta a Carlos I, de 1531, fray Juan de Zumárraga, fray Martín de Valencia y fray Luis de Fuensalida, entre otros, exponen:

“Es el indio gente mansa; hace más por temor que por virtud... Es menester que los españoles sean constreñidos a que los traten bien; son trabajadores, si tienen quien les mande; buenos granjeros, si han de gozar de su trabajo; son tan hábiles para los oficios, que con sólo verlos los aprenden; aplicase a ganados, y son gente descuidada. Los mayores son servidos en gran manera, reverencia y temor; mienten razonablemente, poco con quien los trata bien. Son viciosos en se emborrachar...”

Fray Toribio de Benavente, Motolinía, afirman: “El que enseñó a los hombres la ciencia proveyó y dio a estos indios naturales gran ingenio y habilidad para aprender todas las ciencias, arte y oficios que les han enseñado... Tienen el entendimiento vivo, recogido y sosegado, no orgulloso y derramado.”

Por lo general los autores y misioneros que hablan bien de los indios son los que vivieron en el virreinato de Nueva España, de cultura superior a los del resto.

El pleito entre apologistas y detractores del indio se falló en 1537, cuando fray Bernardino de Minaya viajó a Roma para asegurar que indios aprendían con facilidad las enseñanzas católicas. Según este “no son vocingleros, ni pendencieros; no porfiados ni inquietos; ni injuriosos, ni rencillosos, sino agradables, bien enseñados y muy obedientes a sus maestros”.

Como resultado Paulo III publicó las bulas Unigenitus Deus, en 1537, Sublimis Deus, en 1537, y Veritas Ipsa, en 1537, en las que afirma que los indios no sólo son capaces de la fe cristiana, sino que se acercaron a ella con mucho deseo. Minaya envió estas bulas a América sin pasar por el Consejo de Indias, por lo que fue reprendido por el general de los dominicos, que le prohibió volver a América.

Muchos cronistas y eclesiásticos coinciden en que los indios son libres, y deben ser tratados como tales. Son pues mayoría los que los consideraban hombres libres, aunque admitiendo esclavitad legal para los que se resistían al proceso evangelizador.

Francisco de Vitoria negaba que Aristóteles hubiera admitido esclavos por naturaleza, aunque sí que los débiles tienen necesidad de ser regidos y gobernados por otros; por eso sustituye el concepto de servidumbre por el de tutela.

Juan Ginés de Sepúlveda admitió que lo imperfecto debe someterse a lo perfecto, los gobernantes son de naturaleza superior a los súbditos, y convierte la ley natural en patrimonio de una minoría, afirmando que los que exceden a los demás en prudencia e ingenio son señores, y los tardíos y perezosos siervos. Es lícito someter a los siervos por la fuerza, y como en América los españoles son superiores a los indios, deben tener soberanía sobre ellos; aunque no admite la esclavitud natural de los indios, y sí la tutela; excepto los que resistan a los españoles con violencia, que sí pueden esclavizarse.

Las Casas no admitió la esclavitad, pues los indios eran libres, y la guerra contra ellos era injusta. No se les debía pues privar de sus principados, reinos, estados, dignidades, jurisdicciones y señoríos, debiendo ejercer los reyes de España una supremacía honorífica y pacífica, derivada de la misión evangelizadora confiada por los Papas. Los encomenderos sólo debían imponerles tributos o exigirles servicios, dentro de un trabajo humano y justo. En general todos los misioneros denunciaron los abusos de los encomenderos.

Las Leyes Nuevas de 1542 abolieron la esclavitad, restringió las encomiendas, y prohibió que se forzara a trabajar a los indios en las pesquerías. Pero protestaron los colonos ante Carlos I, y en 1546 se volvió a un estado parecido al anterior a la promulgación de dichas Leyes.

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Re: Mitos, leyendas y utopías sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Jue Feb 19 2015, 21:08




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