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La División Azul

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La División Azul

Mensaje por Luego Cabalgamos el Lun Abr 07 2014, 14:55

Voy a dedicar este hilo a colgar exclusivamente material sobre la 250 división de voluntarios de la Wehrmacht, o División Azul.


La División Azul:
La División Azul española fue la 250ª División de Infantería de las fuerzas armadas alemanas que luchó en el frente del Este. La formaron unos 45.500 hombres, de corte mayoritariamente falangista al principio (voluntariado azul) y militar al final (“caquis” obligados). Ésta División surgió como pago humano que se hubo de hacer a Alemania por la ayuda prestada a Franco, aunque no sería un pago equilibrado, pues España dejó en suelo ruso a 5.000 hombres, cuando Alemania había perdido en la península a poco más de 300. El ataque alemán a la URSS se desencadenó en la madrugada del 22 de junio de 1941: 119 divisiones de infantería, 19 acorazadas y 15 motorizadas (3.050.000 hombres en total), con la ayuda de 18 divisiones finlandesas y 12 rumanas, embistieron las posiciones soviéticas a lo largo de un frente de 2.400 kilómetros, desde el océano Ártico hasta el mar Negro.

El Ministro español de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer, informó a Franco, su cuñado, y le planteó la posibilidad de contribuir a la lucha alemana con un contingente falangista voluntario. El reclutamiento de voluntarios para la División Azul fue rápido y masivo. Tras diez días de concentración, los voluntarios marcharon a Alemania a mediados de julio. Se concentraron en la localidad bávara de Grafenwörhr donde tuvieron un intenso programa de entrenamiento durante algo más de un mes. El viaje hacía Rusia fue muy duro. Necesitaron 53 días, hasta mediados de octubre, para llegar al frente. La primera parte del viaje la hicieron en tren, pero desde Suwalki (Polonia) hasta las proximidades de Moscú lo hicieron a pie (casi 900 kilómetros). Se impuso un ritmo de entre 30 y 40 kilómetros diarios en jornadas de sieto u ocho horas.


Cuando la División Azul transitaba ya por la autopista que la conducía a Smolensko, Muñoz Grandes recibió la inesperada orden de virar. En lugar de dirigirse a Moscú, debía hacerlo hacia el norte, hacia Novgorod. Era una decisión de Hitler ante la necesidad de refuerzos en la zona y ante los malos y prejuiciosos informes alemanes sobre los españoles. La unidad mantenía una ambigua relación con sus colegas alemanes, cuyo “orgullo racial” y concepto del orden dificultaban la interacción con personas de ámbito mediterráneo, más propensas al individualismo y la improvisación. Durante la marcha, en la ciudad de Grodno, los divisionarios confranternizaron con las muchachas judías, para disgusto de los alemanes. Cantaban, iban con los primeros botones de la guerrera desabrochados y se relacionaban con los residentes, al margen de credos y prejuicios raciales. Sus tratos con los civiles rusos generalmente fueron sencillos y amables, afectuosos incluso (por no hablar de los muchos idilios de divisionarios con rusas).


Pero una vez en el frente, los españoles se ganarían la confianza de los alemanes por su manera de entender el combate, sin concesiones a los reveses (lo reconoció Hitler ante los suyos, en privado, y ante los micrófonos de la radio). Y cuando se cambiaran las tornas para los invasores, sabrían resistir e improvisar. La reconciliación hispano-alemana de manos de la lucha lo sería hasta tal punto que, tras su repatriación, la “Blaue Division” se echaría en falta. El momento del combate llegó en la zona del río Voljov, en torno a la ciudad de Novgorod. El avance español, que empezó con el cruce del río y la toma de diversas localidades, duró unos días y alcanzó Posselok, Otenski y Possad. Pero la reacción soviética obligó a los divisionarios a una dura lucha en el invierno de 1941 y 1942 que fue el más frío de cuantos se habían vivido en lo que se llevaba de siglo.


Río Voljov y ciudad de Novgorod
Al finalizar el año, los muertos de la División Azul ascendían ya a 1.400, en tanto que los alemanes se acercaban a 250.000. Moscú no había sido tomada y Leningrado resistía. En enero de 1942, una operación que requería cruzar el helado lago Ilmen supuso más de un 90% de bajas en un equipo de unos doscientos soldados. La división siguió en la zona hasta finales de agosto, cuando fueron trasladados a Kolpino. A principios de 1943, un ataque soviético en Krasny Bor, otra barriada de Lenningrado, provocó 2.252 bajas entre los españoles en un solo día (de ellas, 1.125 fueron muertos), casi el 25% de las habidas en dos años.






En octubre la División Azul abandonaba el frente de combate. Sin embargo, quedó allí una Legión Azul como una especie de parche del régimen de Franco para justificar ante Alemania la retirada de la División Azul. Sólo vivió un mes en el frente. A finales de febrero, Hitler decidío su repatriación. Acabada también la Legión Azul, quedaron aún al lado de Alemania unos cientos de combatientes españoles, pero ya no como unidad oficial, sino como voluntarios que luchaban clandestinamente, pues el régimen abominó de ellos. La causa aliada se imponía de forma clara a un Eje en paulatina descomposición. Franco cambió de rumbo: la de congraciarse con los aliados. Y ello hasta el extremo de olvidarse a varios cientos de divisionarios en el presidio soviético durante más de 10 años (entre 1941 y 1954). Éstos llegaron el viernes 2 de abril de 1954 al puerto de Barcelona a bordo del buque Semíramis, entre el fervor de muchos y la ausencia de Franco.

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Luego Cabalgamos
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Re: La División Azul

Mensaje por Luego Cabalgamos el Lun Abr 07 2014, 15:27

División Azul. Capellanes españoles en la Cruzada contra el comunismo:
por Pablo Sagarra Renedo

Siguiendo la tradición religiosa de nuestros Institutos Armados, al organizarse la División Española de voluntarios, el Estado Mayor Central se preocupó de organizar también el servicio espiritual de las distintas Unidades que la integraban

Ninguna nación del mundo ha estado tan disponible a las llamadas del Espíritu como la española”

Hace no mucho tiempo, 70 años tan sólo, una porción granada de la juventud de nuestro país se integró en la unidad de combate, si no la más famosa, la más singular de nuestro Siglo XX: la División Española de Voluntarios, más conocida como la División Azul. Durante casi tres años dicha División y su sucesora, la Legión Española de Voluntarios o Legión Azul, junto a sus hermanas en la Luftwaffe, las Escuadrillas Azules, combatieron en el frente ruso encuadradas en la Wehrmacht. Fueron casi cincuenta mil los españoles que sirvieron en el Ejército Alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Este episodio tan concreto de nuestra historia sigue haciendo correr ríos de tinta.

Ha sido tal el interés que ha despertado y sigue despertando la División Azul allende sus fronteras, entre historiadores y literatos españoles y extranjeros, y a nivel popular, que la producción bibliográfica se ha incrementado hasta el punto que comienza a ser inabarcable, siendo de justicia recordar, con Stanley G. Payne, que acaso constituya la unidad militar tipo División de todos los Ejércitos de la Segunda Guerra Mundial que más literatura ha generado. Carlos Caballero Jurado y Rafael Ibáñez Hernández, en 1989, en su libro Escritores en las trincheras, dataron 132 publicaciones de temática divisionaria. A fecha de hoy ese trabajo ha quedado obsoleto tras la riada de libros editados en España y en el extranjero en los años 1990 y siguientes. Manuel Liñán Pérez, a comienzos de la primera década del Siglo XXI, tenía localizados más de 1.200 artículos y más de 400 libros y folletos históricos, políticos, de memorias, de lance…, dedicados a la División Azul o en los que, por diversos motivos, aparecen capítulos, pasajes, referencias o ilustraciones de cierta entidad, referentes a la misma. La filmografía relacionada con el tema es muy escasa –alguna película y varios documentales- mientras que la Informática e Internet han abierto un campo sin límites a través de las páginas webs, los foros interactivos, los blogs o los wargames (juegos de guerra).

A nivel académico o historiográfico, el análisis histórico de la campaña de Rusia asombra por su extensión e intensidad. No hay hecho de similar magnitud en la historia de España, por supuesto en su historia militar, que esté cosechando tan alta proporción de estudios de índole científica. Al margen de multitud de relatos testimoniales, novelísticos o de ficción, que arrojan en ocasiones importantes luces sobre la División Azul, el tratamiento histórico que la misma acumula en la última treintena abruma por su cantidad y calidad. En los últimos años, pues, se han publicado numerosas obras de autores españoles y extranjeros, algunas de carácter general y otras increíblemente específicas. Tales obras denotan la valoración in crescendo por esta parcela de la historia de España que constituye un elemento clave del primer franquismo y de la “participación” de nuestro país en la mayor conflagración que conocieron los siglos, la Segunda Guerra Mundial. Insistimos, no hay nada semejante en el campo de la historiografía española, ni siquiera en la dedicada al ámbito de lo militar.

En la actualidad se quiere conocer más en profundidad a la División Azul, se palpa un mayor interés por ella en muchos ambientes. Por ello y para conmemorar la efeméride de los 70 años, se están organizando congresos y jornadas, conferencias, viajes a Rusia, ferias de militaria, aparte la edición de libros y la publicación de artículos monográficos. Hay que ampliar y volver a contar a la sociedad española lo que fue y lo que significó la División Azul. Su trascendencia histórica sigue siendo no sólo cautivadora si no imperecedera. Este artículo pretende sumarse a esta gran cadena de eventos y publicaciones tocando un asunto hasta ahora muy poco conocido: la presencia de sacerdotes en el seno de la División Azul y las Escuadrillas Azules. En este artículo hablaremos no tanto de ellos como de lo que representaron en el contexto de la campaña de Rusia. Estas líneas son un adelanto de la monografía que este mismo año saldrá publicada en la editorial ACTAS. Un libro poderoso, de investigación, dedicado a ellos y a la cruzada que protagonizaron las armas españolas en el frente del Este.

Ideológicamente hablando, en la génesis de la División Azul convergen diversos factores: la germanofilia de buena parte de la juventud española, la presión del falangismo que cree en una Europa nueva –de aire fascista- triunfante sobre la Rusia soviética y las plutocracias occidentales, y hasta el ánimo belicoso de tantos excombatientes de la Guerra Civil que languidecían cruzados de brazos…; pero la idea fuerza, lo que aúna todos los factores y todos los sentimientos, es un anticomunismo radical, plenamente definido. Los perfiles de este anticomunismo se enraízan en la Guerra Civil. En la mañana del 13 de julio de 1941, José Enrique Varela Iglesias declama ante los voluntarios que se despiden de Madrid y de España: “ a la severa e implacable realización de esa justicia histórica, vais a contribuir con el impetuoso esfuerzo de vuestro bien templado ánimo, llena el alma del recuerdo, ejemplar y doloroso, de nuestros héroes, de nuestros mártires, de cuantos sufrieron persecuciones y torturas por confesar a Cristo y bendecir y honrar la tierra en que habían nacido ”. El tono de arenga de la alocución potencia el trasfondo ideológico de la empresa de la División Azul dirigida y controlada, precisamente y entre otros, por el propio General Varela, Ministro del Ejército a la sazón. El que habla no es un cardenal ni un eclesiástico siquiera; es un Ministro de la España de la época. Dice lo que piensa y su pensamiento no es otro que animar a los voluntarios para que luchen en el frente ruso partiendo del recuerdo de la recién terminada Guerra Civil. Las premisas de combate son claramente de orden espiritual, más aún, eminentemente religiosas. No hay espacio para motivaciones de tipo material; de conquista, de honores o de soldada, ni nada parecido.

Es irrefutable que lo que animó socialmente a la División Azul fue la Guerra Civil. Sin ella difícilmente se hubiera formado la Unidad; por muy intervencionista y germanófila que fuera la sociedad española de la época no hubiera sido posible reclutar a tantos miles de jóvenes para luchar, bajo bandera extranjera, en los confines de Europa, en la remota Rusia. Esa es la realidad ideológica de la campaña; por encima de cualesquiera otras motivaciones, más o menos intensas y dependiendo también del período de reclutamiento –no es igual el corpus humano de la 1ª División Azul que la de los siguientes relevos-, los divisionarios fueron a luchar contra el mismo enemigo contra el que se luchó en la Guerra Civil: el comunismo. A éste se le consideraba responsable –sin que realmente fuera él el único responsable, ni siquiera el mayor- de todos los males derivados de la Revolución desatada en España a raíz del Alzamiento Nacional y de la subsiguiente guerra.

Esta guerra no debe olvidarse que los que la ganaron la consideraron, entre otras cosas, una Cruzada. La consideraron así y por ello, las generaciones posteriores pero en especial los que ahora oficiamos de historiadores, debemos respetar tal opinión. Nuestra Guerra Civil fue una verdadera Cruzada porque fue una guerra en defensa de la Religión, una guerra contra la violencia anticlerical que desplegaba el bando republicano. Eso pensaba una parte notable de los partidarios del bando nacional y así lo   sancionó la jerarquía católica en España. Estos dos son los elementos decisivos que la configuran como tal Cruzada aunque debamos admitir que no fue solo una Cruzada, una guerra religiosa; fue también una guerra más compleja ya que supuso un colosal enfrentamiento civil en el orden social, patriótico y político. Esa es la verdad histórica. Con independencia de lo que los españoles de hoy puedan pensar, incluso eclesiásticos. Se vivió como Cruzada por gran parte de los partidarios del bando nacional y se consideró como tal por quien tenía autoridad para ello: los obispos de la época. Los juicios posteriores que niegan el carácter de Cruzada a la Guerra Civil son eso, juicios posteriores. Tales juicios no pueden alterar, no pueden subvertir lo realmente acontecido en aquellos años.

La División Española de Voluntarios, y la 1ª Escuadrilla Azul, salieron para Alemania en julio de 1941 acompañadas de sacerdotes. Merece la pena detenerse en ellos, en primer lugar, porque formaron parte del secular Cuerpo Eclesiástico, uno de los grandes desconocidos de nuestras Fuerzas Armadas. Aún no ha sido escrita la historia de este Cuerpo militar y pocos saben de su existencia cuando, en nuestra milicia, desde la Edad Media, siempre ha habido sacerdotes. En la Reconquista los hubo en las huestes cristianas que batían al moro, aunque fue en la Edad Moderna cuando su presencia se consolidó en los formidables Tercios de Infantería de los Austrias así como en los ejércitos reales de los Borbones. A comienzos del Siglo XVIII nació el Cuerpo Eclesiástico como cuerpo militar especializado integrado por sacerdotes y responsable de la atención espiritual de los ejércitos de tierra y de la mar. Y en la España contemporánea, con la salvedad del Ejército Popular de la II República, por motivos obvios, todos los ejércitos de España han tenido sus capellanes, incluidos los carlistas en las guerras civiles del XIX. Los cuerpos eclesiásticos militares -en la época de Franco se creó además el Cuerpo Eclesiástico del Ejército del Aire-, se han mantenido en España durante siglos, con ciertas incidencias, hasta la ley aprobada en la segunda legislatura del Felipe González, la Ley 17/1989, de 19 de julio, reguladora del Personal de las Fuerzas Armadas.

Esta norma los declaró a extinguir y estableció un ente nuevo, el Servicio de Asistencia Religiosa (SARFAS), cuyos integrantes carecen de la condición de militares. El hecho de que los nuevos curas castrenses españoles no sean verdaderos militares no impide que, a efectos orgánicos, queden vinculados por una relación de servicios profesionales de carácter permanente (o no) con el Ministerio de Defensa. A fecha de hoy, en el año 2011, ya sólo quedan nueve capellanes del extinto Cuerpo Eclesiástico, la mayoría con la graduación de Coronel y, por consiguiente, con muy pocos años de permanencia en activo por delante. Son los últimos de los últimos. El día que se jubile el más joven de ellos, se cerrará una página gloriosa; habrán desaparecido 300 años de historia de los Ejércitos de España. Sin dejar de advertir que esta maniobra forma parte de un plan más vasto para expulsar la religión no sólo de nuestras Fuerzas Armadas sino de cualquier espacio público, no cabe ahora, muy a nuestro pesar, alargarnos sobre esta cuestión que dejamos para mejor ocasión.

El segundo motivo que exige saber más sobre los capellanes de la División Azul es porque ellos fueron los responsables de la espiritualidad española en el frente del Este. Su existencia es sintomática de la idiosincrasia católica de la División Azul y de las Escuadrillas Azules. Ellos no son un ente ajeno a los voluntarios, ellos estuvieron allí ineludiblemente, entre otras cosas, porque ellos mismos eran voluntarios en la lucha contra el comunismo. No empuñaron las armas –no es esa la misión de un capellán militar- pero prestaron ayuda pastoral a los que sí las empuñaron para aplastar al enemigo soviético. La causa de la lucha era la misma que la de 1936 con el añadido que exigía la Hoja de Campaña, el periódico de la División Azul, en su frontispicio: “Por una España mayor y una Europa más justa”. A este lema muchos voluntarios, siguiendo la estela marcada por el General Varela, y dado su marcado anticomunismo, genuinamente hispano -genuino viene de genus, noble-, vivieron la campaña de Rusia como una continuación de la Guerra Civil y, por consiguiente, con los componentes religiosos, de auténtica cruzada, que aquella conflagración supuso para el bando nacional: una lucha contra los sin Dios en la que se muere por Él y por España. Esto es lo principal por lo que un hombre, en este caso español, puede dar la vida. Morir por el propio honor –un valor capital en el ámbito castrense-, por el alto concepto que el hombre tiene de su dignidad, es sublime pero está en otro diapasón. De alguna manera, la campaña de la División Azul no es más que la continuación de la guerra iniciada en 1936. La paz de abril de 1939 abrió un período de pausa que ahora terminaba con el ataque iniciado por Alemania contra la “hidra soviética”. España –la España identificada con el bando nacional- reinicia con la División Azul esa lucha atacando al comunismo anticristiano en su propia madriguera. Dicha motivación religiosa de la “Cruzada contra el Bolchevismo” se refrenda, con mayor o menor vehemencia según los casos, en la prensa española de la época, civil y eclesiástica, en los recuerdos orales y escritos de los voluntarios y en sus cartas y diarios personales.

Se debe precisar que este espíritu de cruzada en la División Azul se desarrolló al margen de la opinión oficial de la Iglesia ya que ésta, ni en España ni en Roma, sancionó la “Cruzada emprendida contra el Comunismo” como cruzada religiosa. Esta es una diferencia decisiva respecto de la Cruzada de la Guerra Civil española cuando la jerarquía española, como hemos dicho, sí se pronunció sobre el sentido religioso de la contienda y la calificó como Cruzada.

El ideario de la División Azul tiene, pues, junto al componente político y patriótico –de basamento falangista y típicamente español- otro componente de orden religioso. En relación con este último, la razón de ser de la División Azul es el combate contra el stalinismo soviético al que se le considera, entre otras cosas, el fautor, en última instancia, de la matanza de miles de curas y frailes y de otros tantos laicos que murieron por su condición de católicos en la retaguardia de la España republicana. Nada más lejos de la realidad que la siguiente afirmación del periodista Jorge M. Reverte, “la División Azul fue más nacionalcatólica que falangista". Reverte, para calificar a la División Azul utiliza un término anacrónico, el del nacionalcatolicismo, inventado en el tardofranquismo por un clérigo precisamente, el P. González Ruíz –a raíz de una entrevista en un periódico francés-. Este peyorativo término no se ajusta a la realidad histórica. Tampoco cabe decir que la División Azul fuera más falangista que católica –nos negamos a hacer uso del término nacionalcatólico por ser tendenciosamente impreciso-; la División Azul lo que fue es anticomunista y por anticomunista, en el contexto de la España de 1941, fue profundamente hispana –patriota-, militarista, falangista, germanófila y católica, con todos los matices que se puedan hacer al tratarse de un colectivo muy grande integrado por decenas de miles de personas. Conviene por ello puntualizar que en la decisión personal que tuvo cada voluntario a la hora de alistarse, que en la abrumadora mayoría de los casos supuso la adhesión a la empresa colectiva de la campaña, el mayor peso lo tuvo el componente político y patriótico de dicho anticomunismo. El énfasis no se pone en lo religioso, aunque todos los voluntarios fueron copartícipes hasta cierto punto de un auténtico espíritu de cruzada en su lucha contra el Ejército Rojo, continuador del vivido en la guerra de España. Si hay un calificativo para motejar a la División Azul ese es el del anticomunismo. El resto de elementos socioculturales –religiosos- o políticos que se encuentran en la misma se ordenan al anticomunismo. Esta es la única realidad ideológica y operativa de la División Azul.

Partiendo de la consideración de la Guerra Civil como Cruzada, con las matizaciones expuestas, y del análisis somero del espíritu de la División Azul y de los motivos por los que merece la pena profundizar en el estudio de sus capellanes, demos unas pinceladas sobre su organización, sus actividades, entreviendo hasta cierto punto la del Servicio Religioso en el ejército del Tercer Reich, el Wehrmachtseelorgedienst. Otro campo absolutamente desconocido de la historia de la Segunda Guerra Mundial: la existencia de un servicio de capellanes en el Ejército Alemán que estuvo operativo toda la guerra y en el que se encuadraron miles de sacerdotes de la confesión protestante y de la católica.

Volviendo al nacimiento de la División Azul, en junio de 1941, es cuando surge su capellanía junto al resto de servicios divisionarios. Había que procurar un servicio sanitario, otro de intendencia, uno cartográfico, otro de propaganda, etc. y también un servicio responsable del mantenimiento espiritual de la unidad: el servicio religioso o servicio eclesiástico, que de las dos formas era conocido, y en singular o en plural. El Estado Mayor Central del Ejército solicitó al Vicariato General Castrense, cuyo titular era D. Gregorio Modrego Casaús, que propusiera 25 capellanes para atender a los expedicionarios. De inmediato, casi una veintena de curas pertenecientes al Cuerpo Eclesiástico del Ejército se incorporaron a las expediciones que se organizaban en las cabeceras de las regiones militares. El Vicario selecciona a este primer contingente de sacerdotes de entre los capellanes que mejor conoce, en especial los veteranos del antiguo Cuerpo Eclesiástico disuelto por la República. Es gente bragada en el servicio religioso, con años de experiencia, y que se había batido el cobre en las guerras de Marruecos y por supuesto en la Guerra Civil. La mayoría tenían el empleo de capitán.

Como es sabido, todo sacerdote necesita licencias para poder administrar los Sacramentos. En el caso de la capellanía de la División Azul, antes de salir de España, el 10 de julio de 1941, obtuvo las correspondientes licencias directamente de la Sede Apostólica. El otorgamiento canónico se realizó mediante un Decreto especialfirmado por el Excmo. Sr. Vicario General, ya citado, el Doctor D. Gregorio Modrego . Este Decretum Subdelegationis quarumdam facultatum cappellanis militaribus hispanis factae, se publicó en el Boletín Oficial del Clero Castrense y se le entregó a cada capellán expedicionario en un fascículo de ocho páginas escrito en latín. Merece la pena publicarlo porque es una síntesis magnífica de la labor que les correspondía desarrollar a tales sacerdotes en la campaña de Rusia. Ésta es la traducción directa del latín original:

DECRETO DE SUBDELEGACIÓN DE CIERTAS FACULTADES CONCEDIDAS A LOS CAPELLANES MILITARES ESPAÑOLES

Por benigna concesión hecha a Nos por la Sede Apostólica y en virtud de las presentes Letras, subdelegamos a nuestros carísimos Capellanes Militares por Nos designados para la asistencia espiritual de los soldados españoles que forman en el llamado CUERPO EXPEDICIONARIO O DIVISIÓN AZUL y se dirigen a apartadas regiones para combatir contra el comunismo ateo, las facultades que por el Sumo Pontífice Pío XII, felizmente reinante, fueron concedidas “a todas las naciones o regiones en las que reina el estado de guerra o existe o puede existir convocación de soldados para la guerra” por la Sagrada Congregación Consistorial el día 8 de Diciembre de 1939 y que se enumeran en el Indice confeccionado, en igual fecha.

De esas facultades podrán usar los dichos Capellanes desde el momento que lleguen al lugar de la guerra y mientras allí permanezca la predicha DIVISIÓN AZUL. Al pasar por naciones extranjeras gozarán, con respecto tan solo a sus soldados, de las mismas facultades que en España tienen concedidas.

Queremos también, y así lo hacemos a todos conocer, que Nos hemos elegido al Reverendo Doctor D. Joaquín Mur Callau para que haga nuestras veces, manifestándosele por todos la debida obediencia y gobernando él paternalmente a los Capellanes súbditos.

Finalmente: A todos vosotros os exhortamos en el Señor para que de las facultades contenidas en los siguientes folios uséis sabia y santamente “a nadie dando ofensa alguna para que no sea vituperado nuestro ministerio”, trabajando en edificación de los fieles, alabanza y gloria de Dios.

Dado en Toledo a 10 de Julio de 1941.

Gregorio, Obispo

Vicario General Castrense.

La organización del Servicio Religioso pivotaba sobre su Jefatura, adscrita al Cuartel General divisionario, y ocupada por el Capellán Mayor de la División. El primero de ellos, el primer Jefe de los capellanes divisionarios fue el citado por el Decreto de Facultades, Joaquín Mur Callao, el capellán más antiguo de todos los enrolados y el más carismático. Procedía del Alto Aragón, de Huesca; llevaba de sacerdote 35 años y en el Cuerpo Eclesiástico 32; había estado en Marruecos y sufrido la expulsión del Ejército a causa de las reformas de Azaña durante la República. En la Guerra Civil se libró de la cruel persecución que se abatió sobre el clero a partir de julio de 1936. De lo que se libró, exactamente, fue del “paseo” porque sí estuvo encarcelado, concretamente en el penal de Porlier, en Madrid. Allí estuvo encerrado varios meses, durante los cuales ejerció su ministerio de manera clandestina, logrando escapar de dicho recinto de manera semimilagrosa en diciembre de 1936. Recién llegado a Grafenwöhr, el P. Mur cumplió los 57 años. Él fue el alma máter de la capellanía de la División Azul. Sus sucesores al frente del Servicio Religioso, D. José García Cortázar y D. José Sanchón Lacambra estuvieron también a la altura de Mur Callao.

Hay que destacar junto al Capellán Mayor la figura del P. Conrado Simonsen Armus, un fraile legendario entre los divisionarios. De padre alemán y madre irlandesa había nacido en Hamburgo en el año 1905 e ingresado en los Capuchinos en España, en 1931. Su papel en la División Azul fue extraordinario dada su condición sacerdotal, su nacionalidad alemana y su conocimiento del idioma. Actuó al servicio de la Jefatura española ejerciendo labores pastorales dentro de la División y, lo que es más importante,   haciendo de enlace con la superioridad eclesiástica castrense de la Wehrmacht; con el Capellán Mayor del Ejército en el cual estaba encuadrada la División Azul –el 16º Ejército del General Busch, y sobre todo el 18º Ejército del General Lindemann que fue el Ejército del que más tiempo dependió la División Azul-; el Capellán Decano del Grupo de Ejércitos Norte de Von Leeb (después Von Küchler), el Coronel Capellán August Wischert; y los superiores de Berlín: el Vicario General Militar católico de la Wehrmacht, Feldgeneralvikar der Wehrmacht Georg Werthmann, y en última instancia, el Obispo castrense alemán católico (Feldbischof), monseñor Franz Justus Rarkowski.

El encuadramiento de los capellanes en la División Española de Voluntarios, en términos generales, se asemeja al de una unidad española de entidad divisionaria de los años 40. Sin embargo, al ser una División con mayor número de hombres y de unidades, su servicio religioso fue más nutrido. En principio, todas las unidades de entidad batallón dispusieron en plantilla de un capellán, en especial las unidades de choque, los 9 batallones de los tres regimientos de Infantería y los grupos de Antitanques y el de Exploración y los batallones de Reserva Móvil y el de Zapadores así como los cuatro grupos de Artillería. También se le dio gran importancia al Grupo logístico de Sanidad que prestaba el Servicio de Sanidad, ya que dispuso de entre 2 y hasta 3 capellanes adscritos al Hospital de Campaña y a las dos Compañías divisionarias de Sanidad. Los Hospitales de Retaguardia contaban, cada uno de ellos –salvo el Reservelazarette de Berlín-, con su correspondiente Páter.

En su unidad de destino el capellán solía estar adscrito a la Plana Mayor, caso de los batallones de Infantería, grupos de Artillería y demás unidades de combate divisionarias que disponían de ella. Tal ubicación le permitía moverse con libertad para llegar a todos sus soldados, ya estuvieran en primera línea o en el segundo escalón. Por su calidad de oficial, el Páter podía acudir con cierta agilidad a los destacamentos menores de su unidad dispersos por todo el frente. Hay que tener presente que en la División Azul los capellanes no eran plaza montada por lo que en principio no disponían de un caballo en plantilla; sin embargo al estar en la Plana Mayor hacían uso en sus desplazamientos de vehículos a motor, trineos o caballerías de la misma sin mayores dificultades.

Los capellanes realizaron en Rusia una impagable y escondida labor. Y digo escondida puesto que fue poco reconocida incluso en la época. En medios públicos, y al margen de las revistas de Acción Católica, salvo esporádicas excepciones en ciertos periódicos, pocas publicaciones contemporáneas se hicieron eco de ellos y menos aún otros medios como el cine o la radio. Sí hubo no obstante, una curiosísima alocución transmitida desde el frente a la Patria a través de Radio Berlín, en la que se da cuenta de la actividad de la capellanía de la División. La alocución, con una duración de 3 minutos tasados, fue leída en Grigorowo por el P. Mur ante un micrófono de los Servicios de Propaganda el día 21 de diciembre. Ese día quedó grabada en un disco gramofónico impresionado. Desconocemos en qué momento fue retransmitida por Radio Berlín a España y resto del mundo. Esta proeza técnica tuvo su correlato escrito en el Diario personal del capellán encargado de confeccionar la alocución que fue el P. Francisco Prado Lerena, redactor también de algunos pasajes religiosos de la Hoja de Campaña. De su Diario transcribimos dicha alocución porque refleja muy bien la organización y las actividades de los curas en la División Azul.

Siguiendo la tradición religiosa de nuestros Institutos Armados, al organizarse la División Española de voluntarios, el Estado Mayor Central se preocupó de organizar también el servicio espiritual de las distintas Unidades que la integran.

Al efecto; cada una de ellas tiene su Capellán procedente del Cuerpo Eclesiástico del Ejército y todos ejercen su ministerio bajo las inmediatas órdenes de un Jefe de Servicios que tiene para ello amplias facultades espirituales concedidas por la Santa Sede al Vicario General Castrense y Subdelegadas habitualmente por éste.

Es misión del Capellán celebrar el Santo Sacrificio de la Misa a las tropas, para lo cual gozan del privilegio de la binación, predicar a las mismas el Santo Evangelio, confesar a los que voluntariamente lo pidieren, administrar la Sagrada Comunión, dar conferencias religioso-patrióticas, etc.

El Capellán sigue a su Unidad en todas las vicisitudes de la vida de campaña; se establece con el servicio sanitario en el puesto de socorro en las horas de combate y allí recibe a los heridos, les prodiga palabras de consuelo, les administra, si de ello tienen necesidad, los Santos Sacramentos de Penitencia y Extremaunción. Si es preciso acude donde sea a prestar sus auxilios aunque para ello tenga que arriesgar su propia vida. En esa Santa misión y mientras la ejercía, una explosión de mortero enemigo hirió gravemente a uno de la División en el pasado mes de Octubre (el Capellán herido es D. José Mª Castrillo Fuente, del Regimiento de Esparza). Cuando la muerte sella definitivamente la vida del Combatiente, el Capellán da a sus mortales despojos cristiana sepultura; cuida de que sobre su tumba se coloque el signo de la Cruz; recoge los objetos del caído para enviarlos a sus familiares y escribe a éstos cartas de pésame y consuelo en esas horas de tremendo dolor.

Los componentes de la División Española han dado y dan cada día el ejemplo magnífico de la religiosidad de la Raza acudiendo, en gran mayoría, los domingos y días festivos a recibir los Sacramentos de Penitencia y Comunión, y esto lo mismo el General que los Srs. Jefes y Oficiales, Clases y tropa. Y es espectáculo admirable ver en chabolas y trincheras cómo la tropa reza diariamente el Santo Rosario dirigido por el Capellán y acompañado por todos con religioso fervor. Los Hospitales de campaña y retaguardia, los Equipos Quirúrgicos y Compañías de Sanidad tienen también su Capellán que no se separa de los heridos y operados y ejerce en tan humanitarios centros su misión consoladora.

Esta es, a grandes rasgos, la misión del Capellán en campaña y así atiende, en tan importante aspecto de la vida, la División Española a sus voluntarios. Esto servirá, sin duda, de consuelo a las madres, esposas, hermanas, novias y familiares de todos los que formando parte de aquella vinieron a Rusia a luchar contra el comunismo al lado del Ejército alemán”.

Es verdad, pues que los capellanes tuvieron que batirse el cobre en primera línea, un lugar en el que, en principio no debían estar puesto que al ser personal no combatiente el capellán debía quedarse en el segundo escalón. En caso de combate y con base en las experiencias de Marruecos y de la Guerra Civil el capellán debía estar en el Puesto de Socorro junto al equipo médico del batallón para atender a los heridos. Pero en la campaña de Rusia, en muchas ocasiones, las Planas Mayores de las unidades y los Puestos de Socorro estuvieron en los epicentros de los combates. No fue excepcional, pues, que los capellanes tuvieran que ejercer su ministerio bajo fuego enemigo. Así lo constata el voluntario Alberto Martín Gamero, destinado en el III Batallón del Regimiento de Infantería 263º, cuando, recién repatriado, es entrevistado por el diario ABC: “en el orden religioso nuestros camaradas viven una intensa vida espiritual. En medio del peligro, la santa misa es una ceremonia piadosa y edificante. No pocas veces, apenas comenzada, hubo de suspenderse por el intenso y certero fuego enemigo. En una posición el día 1° de Noviembre, nuestro <> don Indalecio Hernández, viejo luchador en Marruecos, primero, y en nuestra Cruzada, después, hubo de interrumpir la misa que celebraba cuando ya la metralla roja había herido a algunos de nuestros camaradas”.

Nada más por ahora. En aquella guerra terrible estuvo sólo un puñado de miembros del clero militar español pero es un puñado muy representativo. Según los resultados de nuestra investigación, sirvieron en la campaña rusa 70 sacerdotes españoles, 65 en la División Azul y 5 en cada una de las Escuadrillas Azules. Tras haber realizado un estudio en profundidad sobre este puñado de sacerdotes estimo de justicia resaltar su categoría humana y sacerdotal y también militar. Fueron muy dignos representantes de la capellanía castrense española del Siglo XX, viviendo hasta la saciedad el principio inter arma caritas . Actuaron con espíritu de sacrificio, con celo grande e incluso con heroísmo en muchos casos. Tuvieron 2 muertos, 6 heridos y recibieron varias condecoraciones españolas y alemanas de considerable importancia tratándose de personal no combatiente, entre otras, seis Cruces de Hierro, 2ª Clase y dos Distintivos de Asalto de Infantería, uno de ellos en plata. Cumplieron con su deber evangélico en una guerra devastadora tratando de mostrar –sólo Dios sabe hasta qué punto- que Cristo, por encima de todas las ideologías y calamidades, es la puerta para la salvación de los hombres, de todos los hombres sin distinción alguna.

·- ·-· -······-·
Pablo Sagarra Renedo
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Mensaje por Luego Cabalgamos el Lun Abr 07 2014, 17:55

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HOMENAJES A LA DIVISIÓN AZUL

Mensaje por Luego Cabalgamos el Lun Abr 07 2014, 19:17

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PROGRAMA DE RADIO PATRIOTAS DEDICADO A LA DIVISIÓN AZUL

Mensaje por Luego Cabalgamos el Lun Abr 07 2014, 19:34

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Re: La División Azul

Mensaje por x bandera el Lun Abr 07 2014, 21:31

El foro memoria Blau es muy muy bueno, muy interesante post. La División 250 de Voluntarios no debe ser legada al olvido jamás.
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Re: La División Azul

Mensaje por Luego Cabalgamos el Mar Abr 08 2014, 13:35

Una gesta española del siglo XX. Krasni Bor. España devuelve la visita a la URSS.

LaVerdadOfende / 10/02/2014


La batalla de Krasni Bor merece una memoria en este 71 aniversario. Lo que sigue fue publicado en 2008 en LD.  La novelé en Sonaron gritos y golpes a la puerta como recordarán quienes la hayan leído.

“Ayer se cumplió el 65 aniversario de la batalla de Krasni Bor. La División Azul combatió como las mejores alemanas, no cometió los crímenes y matanzas que perpetraron muchas de estas, y sirvió de advertencia a cualquier posible agresor de que una invasión de España podría resultar muy costosa.

De Años de hierro:

“Todavía sería más furioso el combate de Krasni Bor, en el extremo del sector español. Desde allí se percibía, en la cercana Kolpino, el trasiego de armas y tropas: los rusos preparaban un golpe tremendo. Los desertores y prisioneros también informaban de él. “La noche llega a las reservas del Batallón de Reserva Móvil… Sobrecoge el silencio (…) y el capitán Miranda, siendo plenamente consciente de la situación, (…) recuerda el capitán Oroquieta, tuvo la feliz iniciativa de rogar al Padre Pumariño (…) que oficiase una misa en el búnker de mi compañía, para que así asistiera el mayor número posible de voluntarios (…) La comunión puso una paz total en nuestro espíritu, confortándonos para todo aquello que pudiera sobrevenir”. Alfredo Miranda, un capitán campechano y audaz, advirtió al páter que probablemente ninguno sobreviviría..


“Miranda se enderezó y sonrió, subió las escaleras y marchó a la 2ª compañía de Ulzurrun, a la izquierda. Oroquieta volvió a sentarse, y en ese momento un centinela llamó a la puerta. “Ruidos, mi capitán”. Echó a correr el oficial hacia la fría oscuridad y oyó paladas, martillazos y voces de mando rusas. Preparaban los emplazamientos para la nueva artillería. Luego, un sonido distinto: el fuerte rugido de motores de carros de combate, a distancia”. Los motores funcionarían toda la noche, por temor a que la helada les impidiera arrancar por la mañana. “Palacios envió a buscar a los tres jefes de sección de la 5ª Compañía. “Mañana correrán los toros”, les dijo, y les dio instrucciones de doblar la guardia y comprobar el estado de las posiciones, pero no de despertar a los soldados. “Dejadles dormir”, musitó. “Para muchos puede ser su último sueño” .

El ataque artillero superó todo lo imaginado, uno de aquellos de los que los hombres solo podían salir para el cementerio o para el manicomio, en frase de un general ruso. “Eran las siete menos cuarto de la mañana del miércoles 10 de febrero de 1943. Kolpino entró en erupción como un volcán colérico. Ochocientas bocas escupían fuego sobre el sector de Sagrado. La tierra temblaba y se movía”; “El bombardeo sorprendió a Palacios bajando a “El Trincherón” (…). Los pinos estallaron en llamas como luminarias. Los fogonazos de las granadas le cegaban pero, en unos segundos, también ellos quedaron oscurecidos por una sucia nube de turba, humo y cristales de hielo (…) El acre olor de la cordita le ahogaba. Se hundió la trinchera. Desapareció el fortín de mando. Callaron los teléfonos”; “Negro contempló fugazmente el frente. Los puntos rojo herrumbre de las granadas soviéticas se concentraban en las compañías 5ª y 6ª. Los puntos se expandían, devoraban el humo, se clavaban al cielo y subían como un acantilado de fuego rojo. Negro se pegó al fondo de la trinchera”.

Parte del frente español quedó volatilizado, pero no todo. “Convencidos de que las líneas españolas estaban destruidas [los ivanes] venían confiados (…). A Negro se le hizo un nudo en la garganta. ¡Tantos rusos! “Calma, calma”, tranquilizaban los oficiales”. La angustia que precede al choque se desvaneció de golpe: “Negro vio a sus compañeros ponerse en pie. Gritando, riendo, saltando, lanzaban ráfaga tras ráfaga y tiraban bombas y más bombas a las figuras que pugnaban más abajo con la barrera (…) Toda la tensión acumulada durante hora y media de bombardeo saltaba como un resorte. (…). La 63ª de Guardias [soviética] se retiró, dejando atrás los cuerpos mutilados de sus compañeros. Siguió un sepulcral silencio” .

Pese a una resistencia febril, Krasni Bor cayó en manos rusas, porque la ayuda alemana llegó tarde. Los rusos podrían haber avanzado mucho más, dado el agotamiento de sus enemigos, pero se detuvieron, debido a sus pérdidas extraordinariamente altas, entre 7.000 y 9.000 hombres, según estimaciones alemanas, aparte de numerosos tanques, hasta el punto de que los rusos interrogaban a los prisioneros de la División sobre una supuesta arma secreta que explicaría tal efectividad. En menos de 24 horas la División Azul tuvo 1.125 muertos, 1.036 heridos y 91 desaparecidos, además de 300 prisioneros. Las pérdidas más fuertes, con diferencia, tenidas hasta entonces en una sola batalla. Pero, en conjunto, fue una victoria pues, en combinación con las defensas alemanas, desbarató los ambiciosos planes de ofensiva soviéticos”.

“Atrás quedaban dos años de combates incesantes en las condiciones casi inconcebibles (para los dos bandos) del frente ruso. Atrás quedaban los nombres y a menudo los hombres: Román, Ordás, Ulzurrun, Garay, Palacios, Escobedo y tantos otros, en escenarios apenas pisados nunca antes por españoles. Habían nutrido la división, en distintos relevos, más de 45.000 soldados o guripas, que dejaban en tierra rusa unos 4.000 cadáveres, el 9%, y en torno a 400 prisioneros (Según Morán, en el bando soviético lucharon 749 españoles, con 204 muertos, una tasa tremenda del 28%. Los rusos se habían opuesto al principio a su participación, pensando reservarlos para futuras operaciones políticas o militares en España, pero muchos de ellos se habían enrolado, incluso saltándose las rígidas normas soviéticas). Los heridos pasaban un poco del doble. Habrían infligido a los soviéticos más del triple de bajas, unas 50.000, dato difícil de comprobar pero muy posible, habida cuenta del escaso ahorro de vidas propias por parte del Ejército rojo. Las bajas hispanas por enfermedad y congelación habrían elevado la cifra en 9.000 más. La proporción de oficiales caídos fue alta, por la costumbre atacar a la cabeza de sus hombres. Hubo muy pocas deserciones, y quienes se alistaron con intención de pasarse a los soviéticos tuvieron la brutal sorpresa de ser recluidos también en el GULAG, donde sobrevivía asimismo un número de pilotos y marineros españoles del Frente Popular, retenidos en 1939 e internados por no aceptar la ciudadanía soviética. De los prisioneros morirían en los campos un 30%(*).

La división ganó dos cruces de caballero de la cruz de hierro, una de ellas con hojas de roble, 2 cruces de oro, 2.497 cruces de hierro (138 de primera clase), 2.216 cruces del mérito militar con espadas (16 de primera clase), innumerables distintivos, pasadores y ostmedaillen de 1942, más una medalla específica de la división, ordenada por Hitler, distinción que ninguna otra unidad tuvo. Y por parte española, 8 laureadas, 44 medallas militares y otras condecoraciones.

Aunque Moscú acusó a la división de crímenes de guerra, parece más cierto que no los hubo. El trato de los voluntarios a los civiles rusos fue en general correcto, incluso afectuoso y correspondido por los paisanos, que a menudo los protegían frente a los partisanos; tampoco hubo crueldades con los prisioneros, aunque en algunos casos extremos los divisionarios no admitieran la rendición de enemigos. Hay testimonios del buen recuerdo dejado por la unidad cuando algunos veteranos, ya viejos, volvieron de visita por aquellas tierras. Con los alemanes no faltaron roces y malentendidos, fuera por la disciplina poco estricta o la grosería de algunos españoles con las mujeres germanas, o por su protección a grupos de judíos, o por la altanería de algunos mandos teutones, o por el abandono de estos en Krasni Bor, durante unas horas. Pero prevaleció ampliamente la camaradería y el respeto mutuo.

En la unidad combatió una representación peculiar de la sociedad española, pues la integraron personas de todas las regiones y de capas sociales urbanas. Si bien muy pocos campesinos, en aquella España todavía mayoritariamente rural. Fue absolutamente desusado el porcentaje estudiantes universitarios e intelectuales, sobre todo en las primeras expediciones: el 25%. Abundaron los empleados –pero no los funcionarios– los obreros mecánicos, conductores etc., y pocos de la construcción.

Al margen de su significación moral como cancelación bien sobrada de la deuda de sangre con Alemania y en parte de la deuda económica, la división tuvo otros valores, desde el punto de vista del régimen: contribuyó, aun si modestamente, a frenar al comunismo, pero sobre todo cumplió un doble papel político muy relevante: sirvió para calmar un tanto los recelos y actitudes amenazantes de Berlín, y ofreció una prueba palpable, a los Aliados y al Eje, de que una agresión a España no saldría barata.




(*) La mayoría restante, unos 250, volverían a España en 1954, en el buque Semíramis, que recibió en Barcelona una acogida entusiasta y multitudinaria. Unos pocos se casaron y se afincaron en Rusia, y no volvieron.
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LAS CANCIONES DE LA DIVISIÓN AZUL

Mensaje por Luego Cabalgamos el Mar Abr 08 2014, 13:42

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Re: La División Azul

Mensaje por Luego Cabalgamos el Vie Abr 11 2014, 10:28















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Re: La División Azul

Mensaje por Sotacomitre el Vie Abr 11 2014, 16:23

La División Azul en las Memorias de Lidia Osipova (encargada de la lavandería española)



1941

19 de septiembre.

¡Se realizó! ¡Llegaron los alemanes! Al principio fue difícil de creer. Salimos de la grieta y fuimos a ver a dos auténticos soldados alemanes. Todos se arrojaron a ellos… Las abuelas inmediatamente se zambulleron en la grieta y trajeron a los alemanes caramelos, terrones de azúcar, tostadas blancas. Todos sus tesoros, que ellos mismos no se atrevían a comer, se los dieron a los soldados. Los alemanes aparentemente estaban muy confusos, pero no manifestaron ninguna agresión. Preguntaron en dónde lavarse… y en cualquier caso, nuestra “conquista” sucedió como algo completamente imperceptible y sin efecto. Incluso algo insultante: esperamos, nos preocupamos, anduvimos con un miedo mortal y esperanza, y viene un alemán con un huevo de gallina roto en la mano, un huevo que para él tenía mucha más importancia que todos nosotros con nuestras emociones. ¡Y sin embargo ya no hay rojos! ¡Libres!
(…)(…)

23 de septiembre.

… Conversamos con dos oficiales jóvenes. Uno de ellos dijo a propósito del Evangelio: “mi Evangelio es servir al Führer y el Führer es mi dios”. ¿Qué significa esto? ¿Son como nosotros? ¿No nos habremos equivocado con ellos? Aunque, ¿qué nos importan ellos, y ellos a nosotros?
(…)(…)

5 de octubre

El idilio con los alemanes se acabó, comienza la tragedia de la guerra. Ayer, frente a la farmacia, los alemanes ahorcaron a dos hombres y una mujer.

[…]Los ahorcaron por merodeadores. Entraron en territorio prohibido entre las trincheras alemanas y las rusas y saquearon casas vacías… Pese a que esto es la guerra y nos encontramos en la línea del frente, una nube oscura cayó sobre la ciudad. Todos tenemos el ánimo sombrío. Después de todo, la gente creía que todo el horror y la fealdad se terminaba ya, que comenzaba una nueva vida libre y legal. ¡Y he aquí una ejecución pública! […]
(…)(…)

1942

25 de mayo

[…]Ya estamos en Pavlovsk… Nos hemos instalado bien… Aquí hay muchos menos disparos y recuerda más una vida pacífica. Hay tiendas y mercado; más productos y se pueden comprar con dinero. […]
(…)(…)

25 de junio.

…Todos los días se parecen unos a otros. Todo el tiempo lo pasamos buscando comida que aquí hay más que en Tsarkoe Selo. Pero no nos basta…

…Hay conversaciones de que pronto llegarán españoles. La famosa “División Azul”.

8 de agosto.

…Dicen que los españoles ya han llegado… Ayer sólo he conocido al traductor de los españoles, un tal Aleksandr Aleksandrovich Trikdan, emigrante ruso; éste es el segundo “guardia blanco” que vemos…
(…)(…)

25 de agosto.

He conocido a otro de los traductores de los españoles, un tal Dotski, un emigrado blanco completamente típico: chófer en París, después mercenario en el ejercito español. Luchaba, es verdad, contra el ejercito rojo, pero probablemente por pura casualidad. Franco pagaba más. Vulgar arribista… mediante el soborno a Dotsky… me preparo para dirigir la lavandería española. Los españoles son más buenos, humanos y justos.

Los españoles han destruido todo lo que nos imaginábamos de ellos como un pueblo orgulloso, hermoso, generoso, etc. Ninguno de operas. Pequeños, inquietos como los monos, sucios y ladronzuelos como gitanos. Pero son muy bondadosos. Todas las bellezas alemanas rápidamente pasaron de los alemanes a los españoles, y los españoles también manifiestan una gran ternura y afición por las muchachas rusas. Entre ellos y los alemanes existe odio que además ahora crece a causa de la rivalidad por las mujeres.

… Los españoles reciben dos raciones: una del ejercito alemán y otra de su gobierno y reparten las sobras entre la población. La población ha valorado inmediatamente la generosidad española y rápidamente se encariñó con los españoles como nunca pudo haberse encariñado con los alemanes, especialmente los niños. Si va en un carro un alemán, nunca veréis en él a los niños; si va un español, a él no se le ve detrás de los niños. Todos estos “José” y “Pepe” van por la calle a cuestas con los niños…

17 de septiembre.

(Es un ejemplo de cómo el capitán español rescató a un niño extraviado en el ataque — N. L.)… la conducta del capitán se considera, aparentemente (entre los españoles) completamente normal… ¿Cómo podría la gente no querer a estos chiflados?

30 de septiembre…

…Por supuesto, es mucho mejor trabajar con los alemanes. Con ellos siempre sabes lo que quieren. Pero estos inspirados personajes españoles siempre te juegan una mala pasada. Por ejemplo, al capitán no le cuesta nada inspirarse y ordenar que se gaste toda el agua de lavandería en bañar soldados. La lavandería rápidamente se convierte en una sauna, la lavandera se queda sentada medio día sin trabajo, y entonces empieza el ataque de nervios a causa del retraso con el pedido. Y media hora más tarde los soldados se las arreglan para quedar tan sucios como estaban antes del lavado…

1 de octubre.

Los españoles enterraron a una muchacha muerta por un proyectil. El ataúd lo llevaron con sus propias manos y todos sollozaban. Han robado todo el invernadero que han criado los alemanes. Dicen que no sin ausencia de reyerta… Muchos de ellos van a nuestra iglesia… Rezan mucho y fervorosamente, y cada uno lleva en el cuello iconos y escapularios.

5 de octubre.

Me cansan mis españoles cada vez más. No tengo fuerzas para trabajar con ellos. Es interesante trazar un paralelismo entre alemanes y españoles, tal como los vemos:

1. Los alemanes son silenciosos y tranquilos. Los españoles, ruidosos e inquietos como cachorrillos.

2. Los alemanes obedecen sin rechistar cualquier orden, sin importar la que sea. Los españoles siempre se esfuerzan para que no se ejecuten, sin importar la que sea. El “verboten” de los alemanes ofende a los españoles como huéspedes. Y aparentemente son tratados con cortesía, aunque los detesten apasionadamente. Los españoles también cada sábado por la noche buscan camorra a los alemanes después de emborracharse con la ración semanal de vino. A veces sobrios visiblemente durante el día golpean a los alemanes hasta casi la muerte. Los alemanes sólo se defienden.

3. Los alemanes son extremadamente ahorrativos con el equipo y víveres. Llevan ropa interior requeterremendada. Zurcen pulcramente los calcetines para sí mismos y para otros. No malgastan ni una migaja de alimento. Los españoles, al recibir calzones completamente nuevos de seda, cogen unas tijeras y los transforman en calzoncillos cortos. Los retazos los tiran para maravilla de mis lavanderas…

Los españoles recorren 35 kilómetros desde Pavlovsk a por víveres cada semana. Y todo el mundo sabe qué han recibido esa semana. Si son limones, entonces hasta el tubo de escape del camión está taponado con un limón, y los limones sobresalen de todos los sitios posibles e imposibles. Si son manzanas… sucede lo mismo con las manzanas y con todo lo demás…

4… Los alemanes son valientes si así lo manda el Führer. Los españoles desconocen completamente el instinto de conservación. En un ataque pueden perder el 50% de los hombres, mientras que el otro 50% continúa combatiendo y cantando. Esto lo hemos visto con nuestros propios ojos…

5. Los alemanes, pese a su sentimentalismo, son muy groseros con las mujeres. A ellos les gusta organizar una semblanza de vida familiar con sus amigas, pero en el fondo son egoístas y despectivos con ellas. Y en “campaña” hacen que las chicas limpien los retretes y con deleite y escarnio defecan todos. A los alemanes no les cuesta nada golpear a las mujeres.

Los españoles son apasionados, impetuosos y sinceramente respetuosos de las mujeres; pueden muy fácilmente y simplemente por celos matar a sus compañeras, pero nunca las golpean.

Los alemanes y los españoles coinciden sólo en una cosa: en el fiero desprecio que se tienen mutuamente. Creo que si por una casualidad, digamos, se revolvieran los españoles, gustosamente irían con nosotros para batir a los alemanes… Si los alemanes tienen todos los aliados de esta clase, entonces tienen el problema de cubrirse.
(…)(…)

5 de noviembre…

(familiaridad con los vascos — N. L.) Cómo se diferencian de los españoles. Una apariencia muy atractiva. Altos, delgados… Como si estuvieran tallados en roca. Muy reservados y nobles.
(…)(…)

23 de diciembre.
Es extraño, pero se siente la Navidad en nuestro mundo terrible y fantástico. Los alemanes la sienten más agudamente que los españoles (¡aunque éstos rezan sinceramente y son piadosos exteriormente!)… Aparentemente, el aprecio por mí es alto. El propio Dotsky nos trajo regalos a mí y a las lavanderas…
(…)(…)

1943.

8 de enero.

(Sobre el escándalo entre españoles y alemanes por el azotamiento de una muchacha por los alemanes que terminó con que) los españoles… empezaron a golpear a todos los alemanes que cayeron en sus manos por el camino. La pelea fue auténtica. Como siempre en el loco mundo actual la caballerosidad la han manifestado no los oficiales… sino los simples soldados. Parece que ahora en todo el mundo el pueblo es mejor que sus gobernantes y sus “elites”. Los alemanes hacen todo lo que pueden por apartar a la gente de sí. ¡Idiotas! Qué desgracia para el pueblo ruso que le haya tocado esperar ayuda de los alemanes y no de los pueblos verdaderamente democráticos. Estos pueblos democráticos ayudan intensivamente a los bolcheviques, traicionan al pueblo ruso para su burla y destrucción. ¿De veras no comprenden, qué nudo preparan a su propia cabeza?… Se dice que sólo entienden su propio beneficio. A cada koljoziano le está claro que sería más beneficioso dejar a los alemanes que derroten a los bolcheviques, y después junto con Rusia derrotar a los alemanes.
(…)(…)

8 de febrero.
(Después de varios dias de combates por Krasny Bor — N. L.) El combate terminó. …Los españoles y toda la población lucharon con rifles y revólveres. Los rojos no “liberaron” a nadie y no tomaron prisioneros. Conducían los tanques a las casas y batían las casas y sótanos donde se escondían los rusos. Los españoles se mantenían por encima de cualquier elogio; a los rojos los pararon. Las pérdidas de los españoles fueron de hasta el 50%, pero ellos continuaron la lucha. Incluso los alemanes los admiran… La población ha cambiado el nombre de el Bosque Rojo (Krasny Bor) por el “Bosque de la Carne”. El asunto es muy pequeño y no tiene ningún significado en el curso general de la guerra, pero a nosotros lo mismo nos da morir en un “asunto grande” o cuando “no hay novedad en el frente”; y especialmente nos da igual caer en manos de los rojos durante el combate o sin él. Tuvimos cierto alivio y así vamos viviendo.

15 de abril.

(Sobre la despedida con los españoles — N. L.)… Me trajeron como recuerdo una masa de fotografías, hasta había el capitán. Las guardaré. Y sólo pensar que nos hayamos conocido con los españoles… si alguien hubiera predicho tal cosa en abril de 1941, lo habrían tomado por loco. Después de aquel alejamiento y aislamiento de todo el mundo, nuestra escasa libertad actual parece fantástica. Incluso de esta libertad en cierta medida nos hemos saciado. No criticamos ahora a los bolcheviques a cada minuto como antes. Nuestros sentimientos hacia ellos quedaron como antes, pero nos acostumbramos a la idea de que ahora se puede hablar de aquello que antes daba miedo sólo de pensar, no fuera que se escapara en sueños.

http://javcus.es/documentos/ancho/la-division-azul-en-las-memorias-de-lidia-osipova
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Re: La División Azul

Mensaje por Juanma_Breda el Vie Abr 11 2014, 22:09

Mi abuelo intentó presentarse voluntario para la división Azul, pero era demasiado joven, en cambio su hermano mayor si pudo, murió congelado en una trinchera (según la versión que nos contaron) cuando a la división Azul se le destinó al sur en la proximidades de Stalingrado sobre el 1942 o 1943.

Pero ya no me sé los detalles, pero creo recordar que a la división Azul o parte de este se envió a reforzar a Stalingrado cuando esta quedó cercada.
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Re: La División Azul

Mensaje por Valle el Vie Abr 11 2014, 23:28

El Lago Ilmen.... 1.942

Acción del lago Ilmen

El 10 de enero de 1942 La compañía de esquiadores de la División Azul al mando del capitán José Manuel Ordás Rodríguez partiendo de la localidad de Spasspiskopez cruza el lago para socorrer a la guarnición alemana de Vsvad en la desembocadura del río Lovat, el día 21 de enero, en la batalla conocida como «Acción del lago Ilmen».

Ruptura del frente

El día 7 de enero de 1942 las tropas rusas avanzan sobre el sector donde se encontraba la División Azul, destrozando antes, a su paso, la 290 División de Infantería alemana, que se encontraba al sur del lago Ilmen. En la retirada, quedan cercados 543 hombres al mando del capitán Pröhl, son restos de otras unidades que se habían dispersado durante la precipitada retirada. Frente a los alemanes está formado el cerco por el 140 Regimiento de infantería del 11 Ejército Soviético.

Fuerzas sitiadas

En total 543 alemanes al mando del capitán Pröhl.

Panzer Jager Abteilung 290 (290 Grupo Cazacarros).
Kradschutze Bataillon 38 (38 Batallón de Fusileros motociclistas).
Wach Bataillon 615 (Batallón de Guardia).
6ª Compañía del 1º Regimiento de Transmisiones de la Luftwaffe.
Unidades de la milicia local rusa colaboracionista.


La marcha

La guarnición de Vsvad resiste y a la Compañía de Esquiadores recibe la orden de socorrerlos.

El itinerario más corto para alcanzar Vsad es la línea recta ya que por ser un lago helado no hay elevaciones pero al encontrarse los esquiadores con seis barreras de hielo de difícil franqueo, el recorrido es mucho mas largo, circunstancia que unida a las extremadamente bajas temperaturas sufridas durante la travesía, se produce un balance total de 102 bajas por congelación, 18 de ellos gravísimos y la pérdida de más de 30 trineos una vez que se contacta con la guarnición alemana de Ustrika en la ribera sur del Lago. Así, Ramón Farré Palaus, procedente de las Milicias de Barcelona y que formaba parte de la Compañía de Esquiadores en la 1ª Sección del Teniente Vicente Castañer Enseñat, sufrió congelación en ambos pies.

Lo que al principio parecía una simple operación de rescate bien pronto se reveló como una empresa casi imposible de lograr,a los 206 hombres hubo que añadir 70 trineos tirados por caballos pequeños, llevan nueve fusiles ametralladores, radio, médico, víveres y municiones para tres días.

El 17 de enero reciben el apoyo de cuarenta soldados letones frente a los 3 000 tiradores siberianos. Al primer choque se partió la línea enemiga, tres horas después llega el contraataque con dos batallones rusos, con piezas antitanques y seis carros que envuelven la vanguardia española. Otros carros lanzan contra el resto de la compañía. De los 36 esquiadores que cubren la zona de choque mueren 14. Los demás se abren paso entre la masa enemiga y llegan hasta la posición de apoyo. Al atardecer del día 17 Ordás consigue fijar su línea, que se mantiene intacta durante la jornada del 18.

Desenlace

Atacados por su retaguardia,los cercadores de Wswad se ven obligados a dividir sus fuerzas; unos continuarían el sitio, otras acudieron al fuego español, alarmadas ante la facilidad con que los esquiadores avanzaban y ocupaban los pueblos situados en el sur del lago Ilmen. La acción española permite que los sitiados de Wswad puedan organizar un salida violenta, de modo que los esquiadores siberianos se encuentran, inesperadamente, entre dos fuegos.


Una información deficiente les llevo a pensar que los españoles contaban con efectivos de un importancia numérica. Y en vista de ello cedieron terreno para reorganizarse. Ordás aprovechó aquella hora critica, y en la madrugada del 21 atacó resueltamente y también los sitiados atacaba al mismo tiempo. Así, a siete kilómetros de las posiciones españolas de la víspera, se abrazaban sitiados y la expedición de auxilio enviada.

La compañía

En la organización inicial la División Azul no contaba con ninguna compañía de esquiadores, pero debido a las especiales condiciones climatológicas se precisaba una Unidad que pudiera desplazarse rápidamente, a pesar de la nieve y atender las urgencias bélicas que pudieran presentarse.

El día 21 de noviembre de 1941,se formó oficialmente dicha Compañía siendo elegido el teniente de Artillería José Otero de Arce, cuando éste se encontraba en plena batalla de Possad.

En esta acción recibieron 32 Cruces de Hierro y a Ordás su segunda Medalla Militar Individual,al igual que el teniente José Otero de Arce.De esta forma la Compañía de Esquiadores se convirtió en la unidad más condecorada del frente de Leningrado y,por supuesto,la más condecorada de todas las fuerzas voluntarias extranjeras que lucharon encuadradas en la Wehrmacht.

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Re: La División Azul

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Mar Nov 04 2014, 15:51

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Re: La División Azul

Mensaje por URSINO el Mar Nov 04 2014, 19:51

Un catalán, último capellán de la División Azul.



No se habla de eso, pero los catalanes participaron en todas las épocas de las expediciones militares españolas.

Acabada la guerra, muchos catalanes se alistaron para ir a combatir a Rusia. “Le devolvemos la visita al comunismo”, decían, refiriéndose a las masacres que durante tres años provocó el Komintern en Barcelona. La División Azul le sirvió a Franco para contemporizar con Hitler -que le pedía la entrada en la guerra- y dar salida a las peticiones de muchos falangistas. El “regimiento catalán” estuvo integrado por 70 oficiales, 193 suboficiales y técnicos y una tropa de 1.758 soldados, que formaban 2 batallones de Infantería y una sección de Artillería de Soporte. A los soldados españoles en el frente ruso les acompañaron 71 sacerdotes, para atenderles espiritualmente.

Entre ellos estaba Josep Comas Gros, un sencillo sacerdote que nació en Barcelona en 1915. Su padre era ferroviario, Josp Comas Fultarell y su madre, Dolores Gros Ariet. Estudió en los Hermanos Maristas de la Ciudad Condal, y en la guerra -ya seminarista- lo movilizaron en el Ejército republicano. Se ordenó cura en 1940. Le tocó hacer el servicio militar y ejerció su ministerio en Santiago varios meses, hasta que en 1942 el Vicario General Castrense le propuso marchar a la División Azul como capellán para relevar y cubrir bajas.

Aceptó y en marzo de ese año marchó a Rusia vía Alemania. En el “Infierno Verde” de los bosques del Volchov ejerció su ministerio, celebrando la Eucaristía y administrando los sacramentos de la penitencia y la extremaunción. En septiembre de 1942 cambió de frente y de unidad, y participó en la célebre batalla de Krasny-Bor, realizando su labor en primera línea bajo fuego enemigo constante. Aquella jornada y las subsiguientes fueron terribles, y se le grabó a fuego la cantidad de caídos a su alrededor.

En 1943 regresó a su diócesis de Barcelona y allí siguió como sacerdote hasta que se jubiló en 1990, con 75 años. Estuvo en las parroquias de Molins de Rey, en las Franquesas, en Santa Coloma de Marata y en Granollers. Fue secretario del obispo Modrego, y canónigo honorario de la catedral hasta 1990. Murió el pasado 29 de abril de 2013, a punto de cumplir los 98 años, como un sacerdote ejemplar.

http://dolcacatalunya.com/2014/01/08/un-catalan-ultimo-capellan-de-la-division-azul/
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Re: La División Azul

Mensaje por URSINO el Mar Nov 04 2014, 19:59

Capellanes en la División Azul: hombres, militares de honor y curas al cien por cien

Fueron 71 acompañando a los 50.000 españoles que lucharon contra el comunismo. Seis recibieron la Cruz de Hierro. Uno, catalán, murió en combate.



En la abundante bibliografía divisionaria había un agujero referido a uno de los colectivos más singulares que participaron en la campaña de Rusia: los sacerdotes. Capellanes en la División Azul (Actas), de Pablo Sagarra, cubre al fin ese hueco con un trabajo de investigación que nos acerca además de manera eficaz a la mentalidad del combatiente en una faceta muy descuidada en otros estudios: su religiosidad.

Hombres, militares de honor, curas al cien por cien

"En términos generales, el capellán español en la campaña del Este fue un hombre, un militar de honor por el juramento hecho ante la bandera, y por encima de todo, fue un cura cien por cien -la recepción del sacramento del orden imprime carácter-... Los curas que en ella intervinieron hicieron viable, sin ruido y sin lustre, el adagio clásico: Pax in bello, y antes, durante y después de su paso por la División Azul, fueron leales a su vocación de entrega y de servicio a Dios y a la Iglesia": así lo afirma el autor, doctor en Historia por la Universidad CEU San Pablo, tras una presentación personal de los 71 capellanes castrenses que, con edades de entre treinta y cincuenta años, se unieron a una epopeya en la que participaron cincuenta mil compatriotas, de los que más de cinco mil no regresaron.

Sufrimientos que no pueden imaginarse, sólo vivirse
Aunque formó parte de la Wehrmacht, es tan palmario que la lucha de la División Azul era contra el comunismo (calificado sólo tres años antes por el Papa Pío XI como "intrínsecamente perverso") y no por el nazismo, está tan demostrado su buen trato a la población civil y al enemigo uniformado prisionero, destacan tanto el espíritu de sacrificio que era preciso en el durísimo invierno ruso como "la elevada cualificación intelectual de gran parte de sus integrantes" que apunta Sagarra, que esta unidad ha tenido más enemigo en el olvido que en la difamación.



Ese olvido era aún más injusto referido a quienes se desplazaron hasta el frente del Este a ejercer con generosidad su ministerio sacerdotal. Su testimonio sale ahora desempolvado de decenas de archivos personales, casi siempre en forma de cartas de los mismos curas a sus familiares ("nuestra lucha en Rusia... es lucha por el Cielo, por el espíritu y por Dios", escribía Ovidio Rodríguez Castañé; "los sufrimientos son de tal magnitud que, no pasándolos, no pueden ni siquiera ser imaginados", apuntaba otro capellán, Francisco Prado Lerena), o bien en los recuerdos de divisionarios que evocan a los páter que les tocaron en suerte, o bien en informes oficiales ("era lugar de ejemplaridad en la capacidad de sacrificio, en la ratificación de la superioridad del espíritu sobre los cuerpos dolientes de los soldados caídos y en trance de muerte").

Un pitillo partido de un balazo

Parte de la actividad de los capellanes castrenses tenía lugar en las bases y acuartelamientos, e incluye misas de campaña, confesiones, celebración de las grandes festividades litúrgicas, conferencias y la mediación por la tropa ante la superioridad, a la cual tenían fácil acceso por su graduación de jefes y oficiales y su condición sacerdotal en la católica España de los cuarenta. También, por supuesto, la camaradería y los riesgos de aseglaramiento que, señala Segarra, formaron parte de sus riesgos espirituales, incluidos el juego y la bebida.

O el tabaco, algo nada infrecuente en aquella época entre el clero. Al mítico páter Indalecio (Indalecio Hernández Collantes), del III/263º, se le recuerda entre muchas otras cosas por una salva de disparos que le sorprendió en una trinchera con el pitillo en la boca. Uno de los balazos se lo partió: "Los rusos quieren quitarme el vicio de fumar", dijo, según recuerda el divisionario Francisco Robles.


El Capellán 1º (Capitán) Ovidio Rodríguez Castañé y su asistente, arrodillados ante el altar de campaña en el frente del Volchov en octubre de 1941 (archivo de Pablo Sagarra).

En la línea de fuego

Y es que donde realmente un capellán forja su leyenda es cuando se encuentra en primera línea de combate. Uno de ellos confiesa cierto arrepentimiento porque no atravesó con la diligencia debida una zona batida por fuego cruzado -aunque la había atravesado-, pero lo habitual era lo contrario.

El cabo Rafael Martínez recuerda la bronca que se llevó el páter de su regimiento de parte del teniente coronel Santos Ascarza: "Un día que hubo una concentración de fuego artillero sobre nuestra posición y en pleno cañoneo, con todo el mundo parapetado y cubierto, apareció el páter corriendo entre las innumerables explosiones por si había que auxiliar a alguien". "Si le perdemos nos deja sin servicio religioso", le recordó su superior.

En el asedio de Possad fue legendario el comportamiento del padre Ángel Larruy. Fue un auténtico infierno. "¡Admirable cura!", dice de él Pedro Bejarano, que recuerda cómo despegaban a los cadáveres del hielo para intentar enterrarlos: "El Páter, tras darles su bendición y un beso en la frente a cada uno de ellos los cubre de nieve...". Otro voluntario, Enrique García Gallud, le vio aparecer en un refugio: "Un hombre más bien corpulento, bastante sucio, con barba de muchos días y un capote con más quemaduras aún que el del comandante, y que se rascaba con indisimulado frenesí las picaduras de los piojos que le atosigaban por todos los rincones de su cuerpo". El padre Larruy preguntó, sin reparar en estar usando la misma frase que en los circos romanos: "¿Son éstos los que van a morir?". Y entonces se quitó el gorro e impartió a los presentes la absolución colectiva, antes de dirigirse a otra actividad en medio del terror de los combates.

Seis Cruces de Hierro, un muerto en combate
Seis capellanes divisionarios recibieron la Cruz de Hierro, algo poco común entre el personal no combatiente. Y hay que citar sobre todo al único de ellos que murió en combate, el catalán Victoriano Freixa Marsall, "que entre el fuego y el odio del enemigo llevaba su misión de amor y de sacrificio", como recuerda Demetrio Castro Villacañas. Cayó en la batalla de Posselok.

También en Krasny-Bor, 10 de febrero de 1943, el día más trágico y glorioso de la División Azul, destacaron los sacerdotes que estuvieron durante horas recorriendo un frente que iba y venía en medio de unidades copadas y machacadas por la artillería y oleadas incesantes de rusos enloquecidos.

El páter Marcelo Vargas Blanco narra su dramática búsqueda de un sargento moribundo al que sale a buscar a ciegas para llevarle los últimos sacramentos, en medio de una total confusión de líneas: "Me disparan a bocajarro... No veo a nadie por el humo que causan los proyectiles rojos que están batiendo el emplazamiento, y veo sorprendido que los artilleros han sacado las piezas y están tirando a cero, los rojos encima y los nuestros despreciando la muerte... Alguno me dice que muere por la Religión y por España, es angustioso, estamos incomunicados y con el rumor de que ya llegan...".

La Cruz y España en Rusia

Es inabarcable y emocionante lo que nos cuenta el monumental estudio de Pablo Sagarra. Nos retrata almas sacerdotales llevadas al extremo de la lucha más cruel, entregadas completamente a su misión de salvar almas justo en el momento en el que van a encontrarse con Dios. Y varios capítulos de Capellanes de la División Azul estudian también la religiosidad de los mismos combatientes, testimoniada de mil maneras y que justifica con creces -si falta hiciera- la presencia de esas decenas de valientes que fueron "hombres, militares de honor y curas cien por cien" en un rincón del mundo donde dieron testimonio de la Cruz y de la forma española de pelear por ella.

http://www.religionenlibertad.com/capellanes-en-la-division-azul-hombres-militares-de-honor-y-curas-26935.htm
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