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Manual del Buen Progre. Capítulo 1: si discrepas de la izquierda eres un ‘fascista’

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Manual del Buen Progre. Capítulo 1: si discrepas de la izquierda eres un ‘fascista’

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Lun Abr 07 2014, 17:10

Su método favorito para silenciar a quienes contradecimos sus dogmas

Manual del Buen Progre. Capítulo 1: si discrepas de la izquierda eres un ‘fascista’
Mar 5·3·2013 · 7:37h 16

Inicio hoy una serie de artículos para diseccionar esa forma de adolescencia ideológica que se conoce como progresía. Este primer capítulo lo dedico a repasar su método más común para ahorrarse el esfuerzo de debatir con quienes contradecimos sus dogmas: presentarnos -seamos lo que seamos- como ultraderechistas, fachas o fascistas.

Razonar, aunque enriquece intelectualmente, es más difícil que estigmatizar, pero el buen progre sabe que a falta de argumentos -lo cual es habitual-, tachar de “fascista” al que discrepa suele ser una forma eficaz de amedrentarle y silenciarle. Los más acomplejados tiemblan al escuchar la palabreja -pues muchas veces se usa como diana para señalar objetivos a los violentos- y son capaces de lo que sea para que la izquierda les otorgue el carnet de demócratas (aunque la expedición de ese carnet la hagan fans de dictadores como Lenin y Fidel Castro).



A continuación os mostraré una serie de ideas o situaciones que los progres usan como pretexto para llamar “fascista”, “facha” o “ultraderechista” a los demás:

Defender el derecho a la vida de los niños no nacidos. Es complicado oponerse a la defensa de un derecho humano tan elemental. Algunos progres lo hacen negando la humanidad de los no nacidos. Pero incluso en la izquierda da algo de corte intentar convencer a la gente de que las mujeres conciben seres no humanos. Algunos prefieren el silenciador de ideas que nos ocupa: por ejemplo, Izquierda Unida tacha de “fascista” defender ese derecho. Es muy difícil razonar que defender la vida de seres humanos inocentes e indefensos sea propio de “fascistas”, pero más difícil aún es sostener que matar a esos niños sea un “derecho” y un signo de progreso, y ahí tenéis a la izquierda abortista diciéndolo sin ruborizarse.

Ayudar a las mujeres embarazadas sin recursos que desean tener a sus hijos. Derivado del anterior punto. Desde la izquierda se insiste en que abortar -es decir, matar a tu hijo en su edad prenatal- es en realidad un ejercicio de “libertad de elección”. En realidad, para el buen progre esa “libertad” sólo tiene un ejercicio digno de ser promovido: abortar. Así, por ejemplo, el PSOE ha señalado que ayudar a las embarazadas sin recursos que no quieren abortar es cosa de “ultraderechistas”. Y es que los millonarios dueños de los abortorios también son progres y cada niño que nace es una clienta que pierden. Por supuesto, si objetas todo esto a un buen progre ya sabes lo que tendrás por respuesta: “¡fascista!”.

Casarse y tener hijos. Pues sí: hacer algo tan elemental, tan extendido y tan beneficioso para la sociedad provoca rechazo en el buen progre. A modo de ejemplo, en 2011 el PSOE se refirió a la familia natural como “el modelo familiar de la ultraderecha”. Alguien podría alegar que ese modelo familiar es el de muchos dirigentes y militantes socialistas. El buen progre sabe lo que eso significa: que los “fascistas” se han infiltrado en el partido.

Ayudar y dar de comer a los necesitados como voluntario de Cáritas. Pues sí, no es broma. Hay progres que consideran que esto es merecedor de que a uno le equiparen con Mussolini. El año pasado ya hablé aquí del caso de un conocido bloguero progre que llamó “cristofascistas” a los voluntarios de Cáritas. Ni uno solo de sus fans le reprochó tal insulto. A fin de cuentas, Cáritas es una ONG católica, y todo lo católico tiene en los progres los mismos efectos que el agua bendita en la niña de la película de “El exorcista”.

Defender la libertad de idioma. El buen progre piensa que la libertad para educar a tus hijos en la lengua que elijas es cosas de “fascistas” y la imposición lingüística no lo es. Curioso, ¿no? Por eso hay izquierdistas que apoyan la imposición del gallego y llaman “fascistas” a los que piden libertad. Por supuesto, la imposición del idioma tiene excepciones: para el buen progre imponer el español es “fascista” pero imponer el catalán no lo es. Porque sí. Si apelas a la lógica para discutir ese absurdo, te espera el sambenito de siempre: “fascista”.

Oponerse a que un gobierno negocie nuestro futuro con ETA. Francisco José Alcaraz, entonces presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, encabezó la oposición cívica a la negociación del PSOE, primero, y después el gobierno de Zapatero con la banda terrorista. Desde las filas socialistas y sus aledaños no escatimaron en ataques e insultos para acallar esas críticas. A modo de ejemplo, en marzo de 2008 desde las juventudes del PSOE tacharon a Alcaraz y a la AVT de “fascistas”. Es muy significativo comprobar que ese mismo insulto se dirigió contra la AVT desde medios proetarras.

Escuchar la Cadena COPE. Pues sí: ser oyente de la emisora católica también se ha merecido la acusación de “fascista” desde las filas socialistas. En enero de 2005 el dirigente socialista Juan Alberto Belloch afirmó que tras escuchar la COPE sus oyentes “se transforman de inofensivos fachas en peligrosos fascistas”. Sería de risa si el gobierno de Zapatero no se hubiese servido de memeces como ésa para impulsar una campaña de acoso contra esa emisora por atreverse a criticar la actuación de los socialistas en el poder.

Pedir menos impuestos, más libertad económica y menos Estado. Ése ha sido el eje principal del discurso del Tea Party en Estados Unidos. Según el diario izquierdista Público, ésos son “postulados ultras”. Alguien podría objetar que el fascismo, igual que la izquierda, defiende más Estado y menos libertad económica. No intentes razonarlo. Un buen progre no tiene que saber historia, sólo ha de saberse las consignas que otros le dictan.

Defender la regulación del matrimonio vigente en la mayoría de los países democráticos, y vigente también en España durante varias décadas de democracia y bajo sucesivos gobiernos de UCD, el PSOE y el PP hasta 2005. Según el gran gurú progre Ignacio Escolar defender eso es una “fascistada”. El caso es que esa “fascistada” ha existido también en todos los regímenes socialistas, y según esa tesis, hasta Fidel Castro también es un fascista. Una vez más, pedir al buen progre un mínimo ejercicio de lógica tendrá como contrapunto la palabra mágica de siempre: “fascista”. No se le puede pedir más. Al fin y al cabo, muchos que tachan de “homófoba” la defensa del matrimonio natural no tienen reparos en ponerse una camiseta con el retrato del Che Guevara, un tipo que odiaba a los homosexuales y que les sometía a duros castigos para corregir su orientación.

Hoy en día, cuando disponemos de más fuentes para informarnos mejor en menos tiempo, sorprende que algunos sigan destilando con tanto odio e intolerancia contra quienes no opinamos como ellos y que, a pesar de eso, aún tengan la jeta de creerse con derecho a darnos lecciones de democracia a los demás. Su actitud no dejaría de resultar incluso cómica si no fuese por la cantidad de medios que jalean esa intolerancia progre y por los violentos que, animados por esa demonización del discrepante, la traducen en algo peor que simples insultos.

http://www.outono.net/elentir/2013/03/05/manual-del-buen-progre-capitulo-1-si-discrepas-de-la-izquierda-eres-un-fascista/

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Re: Manual del Buen Progre. Capítulo 1: si discrepas de la izquierda eres un ‘fascista’

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Lun Abr 07 2014, 18:48

Manual para ser un perfecto Progre, basado en tres puntos primordiales... preste atención.



1.- Usted es de izquierdas:

Da igual que ni se crea el concepto o se lo crea pero no lo practique.
Usted debe presumir allá por donde vaya y repetir constantemente y en voz alta “es que yo soy muy de izquierdas”.

Pero tenga cuidado.

Una cosa es decir que se es muy de izquierdas y otra muy distinta serlo.

¿O quiere acabar con largas barbas y gafas redondas de culo de vaso, vestido de hippy trasnochado, dando vueltas en una bici cutre con un macuto de la Caixa Rural para reunirse con tipos tan cutres como usted a discutir sobre la autenticidad del marxismo bien entendido?

Noooooooo !!!

Usted es guay.

Recuerde esta nueva máxima: Para ser guay es imprescindible ser de izquierdas, pero no todos los rojeras son guays.

Digamos que el guay suele circunscribirse en la línea PSOE.

Vale que en IU hay algún guay que otro, pero son los menos.

Eso de la mujer con sobaco peludo, del okupa con litrona… eso no va con el modernillo.

Por supuesto que siempre mostrará en público todo tu respeto y admiración por ese rojeras impenitente, por ese okupa que okupa la casa de un burgués pepero (salvo que okupe una de las viviendas vacías de su propia familia).

Pero una cosa es hablar bien de ellos y otra tener una buena opinión de ellos.

¿Cómo va a relacionarse con quien no admira y conoce el diseño más exclusivo? No.

En la escala social el rojeras practicante está por debajo del progre (el pepero simplemente no es persona).

Con el rojeras que va de camarada contactos los justos.

2.- Usted es republicano:

Recuerde otra gran máxima.

República=democracia.

El estado republicano es “per se” un estado tolerante, democrático, igualitario.

La república es un paraíso para vivir, es la maravilla hecha realidad.

Presuma allá por donde vaya de republicano.

Hable maravillas de la república.

La monarquía es retrógrada, refugio de vagos, insolidaria, provoca infelicidad en el pueblo.

Dígalo bien alto.

¿Qué corre el riesgo de que alguien le diga que el Chile de Pinochet o la Alemania de Hitler eran sistemas republicanos? No tema.

La gente no se entera o si se entera no se atreve a hablar para no ser acusado de facha.

Y si tropieza con un listo ya le indicaremos en la próxima lección qué hacer.

3.- El enemigo:

En la época de Franco cuando algo no salía bien el Régimen le echaba la culpa a sus 3 enemigos: la horda roja, la pertinaz sequía y la conspiración judeomasónica.

Usted se desternilla con estas cosas de Paquito.

Pero no se equivoque, el progre también tiene sus chivos expiatorios a los que echar la culpa de todos los males.

Sus acérrimos enemigos también son 3: Franco, el PP, la Iglesia y los Estados Unidos.

¿Qué son 4? No crea.

Son 3 porque usted va a identificar siempre que tenga ocasión al PP con Franco.

El dictador y la actual derecha son la misma cosa.

Si habla en un terreno no muy favorable diga que los peperos son herederos de Franco, pero en un entorno favorable diga tranquilamente que son franquistas y quédese tan ancho.

¿Qué la ministra de Vivienda dice que va a comprar zapatillas a los jóvenes para que busquen vivienda?

La culpa del PP.

¿Qué Zapatero nos deja en mal lugar ante al delegación de Polonia?

La culpa de los Estados Unidos.

¿Qué el Zerolo provoca un incidente diplomático gratuito?

La culpa de la Iglesia.

Recuerde y recuerde bien: Detrás de cualquier cosa negativa que pase están el PP-Franco, los USA o la Iglesia.

Este aspecto es fundamental para su educación.

Esto va viento en popa.

Ya tiene amigos homosexuales amantes del diseño, ya vive a golpe de “El País” o de la “SER”, ya luce novia progre, ya opina con suficiencia en las tertulias, ya presume de izquierdas y se define republicano, ya ha culpado a Franco y los USA de su último resbalón en la escalera.

Estamos consiguiendo que usted haga del gafapastismo un arte.

Siga practicando maestro.

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Re: Manual del Buen Progre. Capítulo 1: si discrepas de la izquierda eres un ‘fascista’

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Vie Abr 22 2016, 12:41

¿Qué es un "progre"?




El presente artículo fue escrito hace 10 años y publicado en alguna revista impresa que no recuerdo. De ahí que se aluda a personajes que ya hoy han pasado al basurero de la Historia: José Luis Rodróguez Zapatero, la Alianza de Civilizaciones, Santiago Carrillo. Hemos efectuado una corrección rápida y una adaptación mínima, pero lo esencial del artículo está intocable. Las alusiones a Podemos (progresismo quintaesenciado de este momento) son pocas y las hemos incorporado ahora. El tema daría para mucho más, pero esto son solo unos apunten que caracterizan a lo que es el "pensamiento progre". Algunos lo llaman "pensamiento soft" (blanco). Quizás sería mejor llamarle "pensamiento nulo". En cual quien caso, estos son sus destrozos.
 
¿Qué es un «progre» y cómo ve el mundo?
 
«Progre», apócope de «progresista», suele utilizarse con voluntad denigratoria para resaltar las limitaciones de una ideología que no llega a tal, sino que apenas es un racimo de tópicos y prejuicios. «Progresía», por su parte, se utiliza como sinónimo de feligresía «progre». El «progresismo» es tan limitado en lo ideológico que «progre», su limitación silábica, se adapta mejor a sus contenidos, de la misma forma que un dinosauro político indocumentado no es un «reaccionario» reaccionario sería un Donoso Cortés, un Metternich, un Guénon, un Evola, luminarias de un pensamiento conservador tan consecuente como coherentesino más bien un «regre». Lo «progre» y lo «regre» son las dos caras de la misma moneda: la sobreutilización sistemática del tópico aplicado a la política y al día a día.

La naturaleza progre viviseccionada

El progre se quiere aureolado de tres rasgos que definen su médula:
1) de cara al sistema, es «renovador, reformista e innovador»
2) de cara a sí mismo, le gusta verse como «tolerante, humanista y laico»
3) de cara al arco político, es «de izquierdas», «de centro izquierda» o «centrista» (y si es centrista, por supuesto, se reafirma diciendo que es «de centro progresista» porque más acá de la izquierda hay que añadir la coletilla).
Es difícil no considerarse progre, porque, en principio, los dos primeros rasgos no los puede negar nadie. Nadie con dos dedos de frente se encierra en un bunker político negando la necesidad de reformas y renovaciones. En tanto la sociedad avanza y evoluciona (o involuciona, que todo es posible), siempre es preciso introducir correcciones en el sistema. Así mismo, es difícil negar que «tolerante» y «humanista» son posiciones más agradecidas que «intolerante» e «inhumano» e incluso semánticamente «progreso» parece más esperanzador que «regreso». Como aquel profesor de historia que me decía con una seriedad pasmosa que Hitler era un genio de la propaganda por hablar del “nuevo orden” en lugar del “viejo desorden”. Y en cuanto a lo laico siempre será más árido, pero más racionalista, que cualquier forma de pensamiento mágico.
Sería difícil encontrar un término político o cultural que, en sí mismo, resumiera todo su contenido y que, en sí mismo, quiera decir tanto y ser, en el fondo, tan limitado.

El progre y su ubicación política

Pero lo más sorprendente es que todo progre se ubique sistemáticamente del centro a la izquierda del panorama político. No hay progres de derecha o al menos, si los hay, nunca resultan creíbles, ni tolerables por los progres con marchamo de autenticidad. Esto crea algún problema a la vista de que ese espacio político es tan amplio como heterogéneo. En el fondo, uno de los motores del malhadado «proceso de paz» vasco fue la irracional creencia de ZP en que los «abertzales» se situaban a la izquierda del panorama político vasco, esto es, próximo a los socialistas y que solamente les hacía falta un pequeño impulso para que los chicos de la gasolina, el tiro en la nuca y la dinamita, hicieran causa común con ellos.
El razonamiento de ZP era más simple que el mecanismo de un botijo: «si se llaman a sí mismos «izquierda abertzale», eso quiere decir que son «progresistas» (porque son de izquierdas) y si lo son, es que son buenos chicos. Así que accederán a pactar con otros «progres» como nosotros». De ahí al fracaso no había más que un paso que ZP dio con una audacia propia de Cerolo, en sus mejores tiempos, reivindicando vaselina para sus rizos con cargo a la seguridad social.
El progre para serlo, debe ser de izquierdas, de lo contrario no es completamente progre. El progre centrista es un falso progre o un progre emboscado y a éste se le define como «oportunista» (y seguramente lo es). Una parte de él se ha quedado en el armario. El verdadero progre, como mínimo, está del «centro–izquierda» a la extrema–izquierda. Esto explica muy a las claras porqué el progre es «antifascista», pero nunca, oigan bien, nunca «anticomunista».
A decir verdad, si el progre fuera «tolerante, humanista y laico», difícilmente podría encajar con una doctrina que, desde Marx hasta que fue arrojada a las letrinas de la historia, sus tres rasgos esenciales eran la intolerancia de la que solían hacer gala sus partidarios, sus contenidos inhumanos cristalizados en una ideología fría y desprovista de sentimiento (Artur Koestler que la conocía bien porque fue uno de sus propagadores, explicaba en sus memorias que no podían entender por qué cuando su célula se reunía en los bosques, toda la naturaleza callaba en torno a ellos, como si muriera) y su formulación con forma de religión laica (dotada de libros sagrados –los escritos canónicos de Marx, Lenin, Stalin, Mao e incluso del «camarada Arenas», o el exótico «camarada Gonzalo», alias Abimael Guzmán –clase sacerdotal –los cuadros del partido, símbolos sagrados –la hoz y el martillo, la bandera roja, el puño cerrado, ritos –el canto de la Internacional, la discusión sobre la última resolución del Comité Central, la fiesta del partidosu horizonte mesiánico –la dictadura del proletariado y el fin de la historiay el infierno para los impíos –el GULAG, psiquiátrico y/o el paredón–).
Pero a los progres de hoy les ocurre con los comunistas como a ZP con los chicos de la gasolina: si ellos dicen que son progres, es que lo son y poco importó que crearan el universo concentracionario más denso de la historia universal, las checas, el stalinismo y, simplemente, propusieran esa lindeza de la «dictadura del proletariado» quintaesencia del pensamiento teleológico y mesiánico aplicado a la política.
Si usted le niega a un progre, justamente, el que es progre, puede ocurrir que reaccione con violencia inusitada: el progre es progre porque lo dice él (de hecho, ¿quién va a saberlo mejor que él? Así que hay que hacerle caso).
Hubo un tiempo en el que el marxismo (y su precedente, el socialismo utópico) era de una austeridad propia de los profetas del desierto. No es por casualidad que el sufraguismo feminista naciera en esos pagos abonados por la ausencia de Dionisos, la ignorancia de Eros y el mutis de Apolo. Era el tiempo –desde la sociedad victoriana hasta el último suspiro de Mao o el reventón de Pol Poten el que una parte de la «izquierda progresista» condenaba a la sexualidad como una manía pequeño burguesa que alejaba de los verdaderos problemas del proletariado y creaba vicio y molicie en los militantes obreros.
Los maoístas siempre sostuvieron que un maricón era alguien para el que el ano del amante era más importante que la lucha del proletariado y, por tanto, prescribían la abstinencia en materia sexual. No vamos a discutir tan singular punto de vista, desde luego, pero en esa misma época y desde principios de los años 70, otra secta izquierdista, el «trotskysmo», ya advertía el inmenso potencial que albergaban los movimientos de liberación sexual y pasaba a constituir los primeros núcleos de los futuros «partidos arcoiris».

El progre y el comunismo histórico

Lo realmente sorprendente es que a poco que se examine lo que fueron los partidos comunistas, se percibe con facilidad que la mayor monstruosidad de la historia les pertenece como patrimonio inalienable y que nunca nadie como los partidos comunistas negaron justo lo que los progresistas afirman. Se conviene –y es un ejemplo– que el progresismo de Santiago Carrillo es incuestionable. Cuestionarlo, al parecer, equivaldría a cuestionar lo mejor de la transición.
Carrillo en España entendió que los crímenes de Stalin, la invasión de Checoslovaquia y la represión constante que se generaba allí en donde un comunista había echado raíces, no convenía a sus intereses, así que creó –junto con Georges Marchais y Enrico Berlinguer– el «eurocomunismo» que era menos comunista y más progresista a efectos de imagen. Lo que no impidió que Carrillo y el PCE siguieran contando con subsidios, subvenciones, ayudas y mordidas de los países del Este. Ceaucescu fue el último en cancelar estas ayudas y no voluntariamente sino porque la ciudadanía rumana se soliviantó contra él, dándole de su propia medicina: juicio bufo y paredón. Donde las dan, las toman.
El progre para serlo debe ser asimétrico: antifascista por un lado, mirará por otro con simpatía al comunismo y a la historia del movimiento comunista. Es de buen tono, por ejemplo, que cuando se examina el franquismo y la transición española, el progre, especialmente destaque las cualidades de Santiago Carrillo para llevar al PCE por la senda democrática.
Si Carrillo fue algo, fue cualquier cosa menos un ejemplo de político con escrúpulos. No los tuvo durante la guerra civil (Paracuellos no fue un accidente en la vida de Carrillo, ni siquiera un pecadillo de juventud), no los tuvo cuando traicionó a su padre Don Wenceslao, sustrayendo las juventudes socialistas al PSOE, ni lo tuvo cuando puso pies en polvorosa dejando a los «pringaos» (militantes) a que le cubrieran su retirada en 1939; volvió a mostrarse tal cual era cuando liquidó a sus enemigos políticos lanzándolos a la loca aventura del maquis en la «invasión del Valle de Arán». Volvió a mostrar ese oportunismo cuando envió marcado a España a Julián Grimau que, como era de esperar, resultó detenido y fusilado. Volvió a mostrar más de lo mismo cuando en las proximidades del «proceso de Burgos» lanzó su llamamiento a «las fuerzas del trabajo y de la cultura» para que sellaran su «pacto por la libertad» (año y medio después de que los tanques de su benefactor, Breznev, aplastaran la «primavera de Praga» en nombre de esa misma libertad). Y por si eso no fuera poco, viajó a EEUU, tras las elecciones de 1977 para rendir pleitesía a los «amos del mundo», en forma de diosecillos del CFR (Consejo de Relaciones Exteriores norteamericano) y, de regreso, iniciara la voladura tan controlada como sistemática del PCE. Y, finalmente, pirueta de piruetas, después de haber pasado cincuenta años aguijoneando a la sigla PSOE, ingresó en este partido en el cenit del felipismo con su último escuadrón de fieles despistados y cerriles. Ese fue Santiago Carrillo, el «progresista», disputado por las emisoras de PRISA como tertuliano de pro antes de convertirse en polvo.

El progre y el terrorismo

El progre en su decantación política es pura contradicción e incoherencia galopante, reflejo especular de todo aquello que critica: los que peinamos canas, recordamos todavía como los progres de los sesenta y setenta, se declaraban pacifistas pero vitoreaban al Vietcong, como entre el humo aplatanante del porrete se declaraban a favor de la armonía universal y del amor, para acto seguido lucir una camiseta del Ché o de Angela Davis y elogiaran la última «acción armada» (esto es, terrorista), de la última guerrilla olvidada en el último culo del mundo; eso era anteayer, pero nada ha cambiado en los últimos cuarenta años; hoy, alardeará de haber retirado a las tropas de Irak pero evitará reconocer que metió a nuestras tropas en lugares tan peligrosos como Afganistán o el Líbano. Y si se ve forzado a reconocerlo, sostendrá que fueron allí a repartir bocadillos y a morir por la democracia (que en Afganistán es como morir en defensa del bocata de choped). Y, por tan loables, intenciones, nuestros soldados, al parecer, generaron la hostilidad del «terrorismo internacional». Si estalla una mina bajo su vehículo, si el helicóptero que los transporta es tiroteado y cae, si la base donde duermen las tropas recibe en la noche un pepinazo de 125 mm, todo ello no son acciones de guerra, sino del «terrorismo internacional» que la ha tomado con los que no aspiran más que a ayudar a la población y repartir futesas. Cualquier cosa menos reconocer que nos encontramos en «estado de guerra» allí en donde ZP llevó a nuestras tropas y donde Rajoy las mantuvo.
Aunque se obstine en negarlo, el concepto áureo del progre es: «dos pesos, dos medidas». La guerra es guerra sólo cuando nos mete en ella la derecha, pero es cualquier cosa menos guerra si la desencadena uno de ellos.

El progre, la religión y el laicismo

Las relaciones del progre y la religión son particularmente sorprendentes El progre, en sí mismo, suele definirse como laico, lo cual no está reñido con que algunos afinen un poco más y reconozcan que tienen fe religiosa, pero que ésta se aplica solamente a la «esfera personal». Eso está bien, ves.
Les pierde la simpatía por los «movimientos apostólicos de base», es decir, si les va algún tipo de religión es la religión de la no–religión, esto es, el cristianismo postconciliar más «avanzado». Un progre que se precie no albergará el menor problema en comulgar con una rosquilla que le tenderá el islamista que se sienta junto a él el día en que las cámaras de TV lo registren en la parroquia de San Carlos Borromeo, mientras el yonki de turno allí albergado le pispa la cartera o el peluco. Será de buen tono que considere esta «comunión» como «aproximación a los que sufren», pero nunca –y esto es definitivo, nunca– como una liturgia y un ritual religioso (porque si para él la religión católica debe ser algo, debe ser un ente desprovisto de liturgia, rito y dogma, reducida a demagogia social que la doctrina progre rotula abusivamente como «religión»).
El progre defenderá a capa y espada el laicismo del Estado. Hará todo lo posible para eludir que la historia enseña que la religión católica fue la tradicional de España y que difícilmente podría entenderse nuestra historia desconociendo el hecho católico. Lo que realmente le interesa es que la religión no se enseñe en las aulas y si hay que hacerlo, sin duda, el catolicismo debe estar en pie de igualdad con cualquier otra religión «para que el niño conozca y elija»… Resulta chocante que toda la hostilidad indisimulada servida en relación a la Iglesia se transforme en una admiración desmesurada hacia el Islam y todo lo que representa. Un progre que obstaculiza la enseñanza y simple mención del catolicismo, sin embargo, no tiene empacho en alentar la difusión, permisividad y promoción del Islam.
Y es que, si en materia religiosa el progre alberga alguna simpatía es hacia el islamismo hasta el punto de que en el mismo momento en el que defiende la desaparición de la asignatura de religión en la escuela, no tiene empacho en promover con cargo a los presupuestos generales del Estado la contratación de imanes y electroimanes para enseñar el islamismo en las aulas.
¿A qué se debe? Es simple entenderlo: en su particular visión histórica la «pérdida de España» en tiempos de Rodrigo no fue tal, sino apenas una colonización pacífica que llevó a la península a ser «el país de las tres culturas» hasta que los Reyes Católicos y los «grandes Austrias» dinamitaron este sueño dorado y convirtieron a nuestro país en el terreno abonado para el fanatismo religioso. El progre tiene tendencia a ignorar que el ejercicio de la inquisición fue racionalista en España, mientras que abundaron las brujas quemadas a mansalva en el resto de Europa. Si la «leyenda negra» ha cuajado en alguien ha sido en el progre que la ha asumido acríticamente y la ha dado por buena, sin más. De ahí que el progre no tenga inconveniente en «considerar» (PSOE, Podemos y su galaxia, sin ir más lejos) la propuesta de nacionalizar españoles a los descendientes de los moriscos expulsados (expulsados por pactar con el turco una nueva «pérdida de España, por cierto).

La Alianza de Civilizaciones o el progresismo quintaesenciado

¿Se acuerdan de la Alianza de Civilizaciones aquella memez en la que Zapatero dilapidó capitales, tiempos, energías en un vano intento de entrar en la historia por la puerta grande y que tan sólo consiguió hacerle un hueco en el capítulo de los memos? Tras haber lanzado en NNUU su llamamiento, ZP fue apoyado entusiásticamente por Mongolia –si, por Mongolia, capital Ulán Bator– pero ZP declinó educadamente tanto fervor y se fue en busca de aliados más acordes con su proyecto. Le salieron dos de los llamados «países oportunistas», Marruecos y Turquía, aspirantes ambos a los mercados y a los subsidios de la UE, únicos apoyos del esperpéntico y coriáceo proyecto. Así que ZP contrató a un «grupo de sabios» –o presuntos tales– para que enunciaran las medidas más adecuadas para alcanzar la «armonía civilizacional» a la que aspiraba. Estos «sabios» después de deliberar dictaminaron que había que cuidar particularmente a la infancia e imbuirles desde pequeños ideas loables: por tanto habría que enseñar a los niños españoles el Islam y a los afganos el cristianismo… Os juro que fue así hace ya diez años. Les pagaron sus emolumentos y nadie volvió a acordarse del disparate, ni de retirar a los «sabios» el marchamo de tales. Hubieran merecido, más bien, ser corridos a alpargatazos.
De la Alianza de Civilizaciones queda hoy el sorprendente hecho de que parece unilateralmente orientada hacia el Islam, como si el hinduismo, el confucianismo, el budismo y el sintoísmo no existieran. La Alianza de Civilizaciones miró al Islam como el mariquita de poco cuerpo y mucha pluma suele mirar al metromacho esculpido a base de pesas, esteroides y anabolizantes. El día en el que ZP se ausentó de La Moncloa sin dejar señas, este proyecto apetardado se fue con él.
En el fondo, la inspiración de ZP vino de Catalunya. Gracias a Maragall pudo ser secretario general del PSOE y gracias al Pacto del Tinell encontró una estrategia para aislar al PP. Y fue también gracias al alcalde Joan Clos (luego ministro) que encontró un modelo a universalizar en forma de «Alianza de Civilizaciones». Ese modelo fue el «Forum de las Culturas 2004», una verdadera orgía progre.
El Forum 2004 surgió de la colusión de dos elementos: 1) las ansias recalificadoras  del Ayuntamiento de Barcelona (Barcelona, encerrada entre montañas y por otros términos municipales difícilmente podría expanderse si no era apurando la zona de Diagonal Mar donde se construyó el foro y se promocionó un nuevo sector urbano como 12 años antes se hizo con la Zona Olímpica) y 2) el misticismo masónico presente siempre en el ayuntamiento de la ciudad condal, cuyas loables intenciones aportaron el contenido emotivo y sentimental a una operación que era, a la postre, inmobiliaria.
Los progres del ayuntamiento enunciaron los principios que inspiraron al foro y estos serían «libertad, igualdad y fraternidad» (originalidad ante todo). De los tres términos, el tercero era el clave: «fraternidad», no ya entre las personas, sino entre las culturas, como si las culturas dialogaran entre sí como las parientas de una corrala. Del Forum 2004 no quedó nada tras el día del cierre, salvo la operación inmobiliaria que había resultado triunfal (Digonal Mar). Pues bien, la idea, ampliada, terminó en Alianza de Civilizaciones cristalización del buenismo más ramplón y babosillo que pudiera concebirse.

El progre y el sentido de la historia

El progre, en este como en cualquier otro aspecto de su vida, suele confundir sus deseos con la realidad. Nadie niega la necesidad de reformar constantemente la sociedad; la diferencia entre el progre y una persona sensata es que mientras ésta última será consciente de que las reformas sino funcionan en una dirección hay que hacerlas en otra, el progre es sólo capaz de concebir una sola dirección, hacia delante, es decir, hacia el “último grito”, como aquellos mulos de carga a los que cubrían lateralmente los ojos para que solamente pudieran avanzar siguiendo a su nariz. La primera actitud es la razonable, por tanto, no es lo que cabe en la mentalidad de un progre.
Para el progre, la historia es unidimensional, lineal y siempre ascendente. En su extraordinaria simplicidad reduce la historia a un «va p’adelante y va p’arriba» que desalienta cualquier crítica. Así pues, todo lo que vaya en esa dirección, esto es, que no se haya ensayado anteriormente, es positivo, saludable y lo que pide la situación. El progre nunca mira hacia atrás en busca de inspiración, ni de enseñanzas históricas: si no es completamente ciego –que también ocurre– mira hacia delante en dirección a las novedades nunca antes ensayadas, de eficacia indemostrable y resultados dudosos.
Suele ocurrir que por mor de esta actitud rígida, con una frecuencia inusual, las «propuestas progresistas» supongan verdaderas catástrofes. En la enseñanza es, sin duda, en donde los progres han hincado más sus garras y no es por casualidad que la enseñanza es una de las instituciones que sufren una crisis más profunda en nuestro país (el PSOE no admite ninguna otra reforma de la educación que no haya inspirado él, es decir, que no degrade, más y más la enseñanza). La enseñanza es, a decir verdad, la pira de las vanidades progresistas. Ni una sola de sus intuiciones se ha demostrado eficaz; y lo que es peor, a medida que se han ido aplicando unas y otras, el sistema de enseñanza ha ido decayendo hasta ingresar, finalmente, en la UVI sin grandes esperanzas de recuperación. Y así lleva en coma desde hace como veinte años. La fuga hacia la enseñanza privada de la población que se lo puede permitir evoca el momento en el que los aspirantes a náufragos del Titanic se abalanzaron hacia las lanchas. Mientras, la orquesta del PSOE toca en cubierta.
El progre dice tener memoria «histórica». Lo dudamos. Si la tuviera se preocuparía muy mucho de guardarse sus vergüenzas. Gracias a la «memoria histórica» hemos podido recordar lo que muchos hubiéramos deseado olvidar: las checas de Madrid, y Barcelona, Carrillo firmando autógrafos en Paracuellos, los paseos al amanecer que afectaron no solo a Lorca, la vergonzosa guerra en el Norte, los fusilamientos de sacerdotes, el desentierro de momias de monjas, las quemas de conventos, la inviabilidad de la República, la subversión socialista de octubre de 1934. Lindezas de la memoria histórica que solamente hemos logrado recordar gracias a Zapatero y a su inefable abuelito.

El progre y la ecología

No es raro que, a la vista de lo visto, el progre se refugie en campos que, a primera vista, solamente domina en exclusiva. En la ecología, por ejemplo, hay acumulación de progres. El progre se reviste aquí de rasgos apocalípticos, mesiánicos y escatológicos propios del profeta iracundo del Antiguo Testamento. También aquí se produce la paradoja de que los actos desmienten las palabras del progre que, una vez más, parece decir: «fijaros en lo digo pero no en lo que hago». Salvo honrosas excepciones –alguna habrá– el progre de bulto, no acompaña sus jeremiadas sobre el calentamiento climático, el agotamiento de recursos o lo insostenible del desarrollo (problemas muy reales, por lo demás), aplicándose el cuento y moderando su consumo energético, acudiendo a los transportes públicos y reciclando, sino que suele hacer una vida como el regre más regre del universo regre. Salvo en sus palabras, el progre no hace nada por el medio ambiente o lo que hace es tan pequeño que se pierde en el mar de la nada.
Además, conoce las necesidades de conservación (la palabra conservación produce estremecimientos en el progre salvo en materia ecológica) del medio de manera completamente aproximativa. Los campesinos y agricultores son, además de la clase más conservadora, los que mejor conocen las necesidades ecológicas del medio natural. Raro es que un campesino haga algo contra el medio ambiente del que, necesariamente, vive y depende. Pero el ecologismo tiene tanto que ver con los agricultores, como el progre con el sentido común.
Superficial entre los superficiales, el progre repetirá la necesidad de aplicar el protocolo de Kyoto sin tener una idea muy exacta de lo que es e ignorando que ni siquiera contribuye a disminuir de manera apreciable los niveles de CO2 en la atmósfera. Le bastará ver una mediocre y alarmista cinta de Al Gore para preocuparse por la tarde y volver a sus hábitos normales consumistas por la noche. Con esto su solidaridad con la naturaleza queda satisfecha. Acto seguido abre la puerta de su automóvil y contamina como cualquier otro hijo de vecino, progre, regre o mediopensionista.
Cuando un progre da una solución a un problema ecológico, podemos estar seguros de que causará más daños que los que aspira a combatir. «Hay que reciclar para evitar que la tala de árboles en Amazonia…», encomiable tarea que ignora, sin embargo, que el reciclado de papel y la necesidad de lavarlo con detergentes enérgicos, genera más contaminación y erosiona más el medio ambiente que una tala. Por citar un ejemplo. Hay muchos más. Además los ecoprogres solamente se ponen de acuerdo cuando afrontan a alguien que no es ecologista, ahora bien, cuando se trata de discutir entre ellos, se llevan la contraria unos a otros por el mero placer de hacerlo. Si unos dicen que hacen falta energías alternativas y proponen energía eólica, habrá otros que sostengan que las aspas pueden matar a especies en vías de extinción (a lo mejor están en vías de extinción por selección natural: pegársela contra un aspa no es, desde luego, la mejor forma de evidenciar instinto de supervivencia). Si unos dicen que hay que instalar paneles solares otros sostendrán que tienen «impacto visual» y, por tanto, son rechazables. Y todo así. Serán capaces de cambiar la variante de una carretera porque pasa a través de un paraje residencial de mariposonas. Repoblarán los Pirineos con osos y lobos, prohibirán su caza… hasta que finalmente, los osos y los lobos amenacen la seguridad de los rebaños y los excursionistas.
Créanme: si un ecologista le da una solución a algo, piense que existe un alto porcentaje de posibilidades de que esa sea, de todas las soluciones posibles, la peor.

El finalismo progre y la negación de lo instrumental

El progre es fundamentalmente alguien que ejerce el noble arte de la solidaridad con una facilidad y una reiteración pasmosa: se solidariza con quien haga falta, donde haga falta y para lo que haga falta. En su escala «finalista», aquellos valores que contribuirán a hacer una sociedad ideal al final del camino son mucho más importantes que los valores «instrumentales» que nos ayudan en el día a día a llevar una vida mejor y a hacer más soportable la cotidianeidad.
Los valores finalistas a los que se apresta a transmitir la asignatura «Educación para la Ciudadania» son encomiables y suponen la quintaesencia de la doctrina progre: pacifismo, solidaridad, humanismo, ecologismo, tolerancia, multiculturalidad… así que calculen; pero no dice nada de los valores instrumentales: jerarquía, fidelidad, rectitud, disciplina, esfuerzo, constancia, autocontrol, espíritu de sacrificio, etc.
Y así se da nuevamente la paradoja de que un chaval educado en los nobles valores finalistas, modelo de virtudes cívicas del universo progre, sea un perfecto borde, tirando a hijoputa, en su casa y esté dispuesto a solidarizarse con el cachalote de Borneo en trance de desaparecer, pero sea incapaz de facilitar la vida a sus padres, hacer una cama o simplemente contribuir al mantenimiento del hogar familiar.

El progre y las «fuerzas de la cultura»

El progre sufre mucho al percibir las «injusticias» y sufriría más si fuera capaz de reflexionar sobre los problemas que genera. La política nacional e internacional, la educación, la ecología son terrenos en los que los fracasos progres se cuentan tanto como sus iniciativas. Pero siempre les quedará la «cultura». Porque el progre está convencido de que es una persona «de cultura». Saber las cuatro reglas, habitualmente, las sabe, pero eso no le da necesariamente un marchamo de cultura; aspira a algo más a ser el representante genuino de las «fuerzas de la cultura».
La cultura progre es mediática, esto es, facilona: sus popes son Ramoncín para los más simplones y Saramago para los edulcorados, tontorrón uno y tristón el otro. Si fallece el Fary o se nos va Juanito Valderrama, alegría uno y gracejo torero el otro, no tendrá ni una palabra de cariño; desconfiará de Tintín, y en cuanto a Schwarzeneger o Clint Easwood le generarán todo tipo de desconfianza. Porque el progre tiene sus preferencias: en música, por supuesto, Camarón. Sobre todo Camarón el de voz más rota y cazallosa. Y en segundo lugar la «música étnica», «de mestizaje» o de «fusión». En cine, arte y ensayo, cuando lo había. Cine intimista, siempre (a la vista de que el cine de Pontecorvo desapareció) y si ha que ver algún producto americano que sea exclusivamente de «cine indi», «cine independiente» (los festivales de Sundance proveen anualmente de obras suficientemente aburridas como para satisfagan al progre de estricta observancia), minimalista y si puede ser, llegado del Tercer Mundo.
Y, luego, claro está, un tributo a la producción nacional: porque los actores y directores españoles son los niños mimados de las «fuerzas de la cultura» progre. Los actores españoles, además de actuar, se creen obligados a opinar y cuando hablan lo hacen ex cátedra. Gran problema éste. ¿Cómo se puede explicar a un actor que realiza su función cuando repite textos, mejor o peor, que otros han escrito y que cuando habla por sí mismo, expresando su opinión, frecuentemente hace el ridículo? No hay nada más simple que un actor expresando sus opiniones políticas. Habitualmente, logran hacerlo mediante una pegatina. Hubo un tiempo en que eran «panfletos parlantes», hoy apenas son «percheros de pegatinas». Su fiesta anual son los Goya que viene a ser como un reparto de la miseria.
No es raro que los esperpentos (a lo Torrente o a lo Mortadelo) generen más favor del público, puestos a elegir, la mayoría no progre se decanta hacia los productos no progres del sector. Sector subvencionado oficialmente en un 30% por cierto (y realmente casi en el 100%), el cine español agoniza de sobredosis progre. El director de cine progre ha aprendido a presentar proyectos sobrevalorados capaces de ser llevados a la práctica justamente con ese 30% que recibe de subvención. Si hay ingresos, hay beneficio y si no, al menos él, ya ha pillado. Tal es la mentalidad de la «industria del cine» español, última trinchera en el que la progresía hispana es mayoritaria.

El progre y las drogas

Hablando de sobredosis. El progre y las drogas es otro capítulo sorprendente. La postura políticamente correcta del progre es despenalizar las drogas, todas las drogas, menos el alcohol, el tabaco y los toros que deberían de estar, no sólo prohibidos, sino castigados.
En este terreno de las drogas, pensar en que un progre podría hacer realidad algún día su «proyecto» es, literalmente, aterrador. Miles de yonkis comprando heroína y cocaína en los supers y atracando al resto de clientes en la cola de la caja. Millones de chavales tirados por las calles consumiendo hachís a destajo y todos ellos –como los yonkis– con los vicios pagados por los caudales públicos.
¿Eso es “leglización de las drogas”? Seguramente es la visión que más se aproxima. Por si no hubiera suficiente con un «efecto llamada» para delincuentes, otro para inmigrantes, otro para los transexuales en busca de la sopa boba quirúrgica, ahora lo que la totalidad del universo progre plantea es un efecto llamada para los colgados de todo el mundo.
Gracias a los progres celtibéricos hemos conseguido que según NNUU, España sea el país del mundo que más drogas consume… mucho más que los EEUU. Finalmente, hemos logrado superar a los EEUU en algo. El mérito es para la progresía que en 1983 subió de la mano del PSOE enarbolando, entre otras lindezas, el slogan de «despenalización del porro». Aquellas aguas trajeron estos lodos.
Gracias a Felipe González el consumo de drogas se despenalizó, gracias a Aznar el porro se banalizó (a fin de cuentas, eso y la cerveza barata eran las formas de tener calladitos a las legiones de futuros parados o de subempleados), gracias a Zapatero  todo esto se convirtió en pandémico y con Rajoy, simplemente, se ha mirado a otro lugar. Hoy es más fácil liarse un porro que fumarse un cigarrillo.

El progre y la inmigración

Hubo un tiempo en el que el progre de estricta observancia se pirraba por el olor a sudor. Era algo que él no conocía ni conocería: el olor destilado por probos trabajadores después de horas de esfuerzo físico y antes de la ducha. Para el progre era como una droga embriagadora. Cuando eso se disipó -y se disipó cuando el marxismo dejó de ser lo último de lo último en cuestión de progresía- el progre buscó otro aroma que sedujera su pituitaria y excitaran su pchique. Lo encontró en la inmigración.


 
Hemos dicho «efecto llamada» y esto tiene que ver muy mucho con la inmigración. La posición tradicional del progre en esta materia es simple: «papeles para todos», por no hablar de aquel otro memorable de «ningún ser humano es ilegal» o el «refugiados welcome». Lamentablemente tanta solidaridad no se traduce, como es habitual, en un comportamiento diferente entre el progre y el resto de la población: el progre no pone un inmigrante en su vida (como máximo lo tiene de chófer, de jardinero, baby sister o chacha), no le ofrece su hogar para que pueda eludir la repatriación, ni un puesto de trabajo remunerado dignamente: en el terreno de la inmigración, una vez más, el progre predica unas cosas que nada tienen que ver con su comportamiento real. No conozco ningún empresario progre que pague un salario digno a sus trabajadores inmigrantes. De hecho, tampoco conozco muchos empresarios regres que lo hagan, lo que demuestra la equidistancia simétrica de clase entre progres y regres.
Para el progre la inmigración es necesaria dada nuestra baja tasa de natalidad. Justo después de lamentarlo enuncia su batería de medidas progres: aborto libre y gratuito, más facilidad para el divorcio que sea express, legalización de los matrimonios estériles, esto es gays y, sobre todo, inmigración y adopción de niños recogidos de los hospicios de medio mundo o vendidos al peso por empresas habilitadas ad hoc. Hoy un progre compra una niña negra o china como si se tratara de una mascota.
Cualquier cosa antes que medidas mucho más razonables (ayudas a las familias numerosas, desgravaciones fiscales a la paternidad, subsidios para la formación de nuevas familias, campañas de natalidad, etc.) son consideradas con desconfianza, sino motejadas pura y simplemente de fascistoides. Hay algo insano en el progre que le impulsa a ser «etnocida»: cualquier cosa antes que favorecer en algo a la propia etnia. Favorecer a cualquier otra, vale, a la propia, en absoluto.
Ahora bien, sobre este tema ¿para qué hablar? Si ha habido alguna medida que destile mejor el espíritu progresista es, sin duda, la reforma de la ley de inmigración que llevó a la regularización masiva de febrero–mayo de 2005. A partir de ahí ¿se pueden considerar con seriedad las posiciones «progres» en materia de inmigración? En absoluto, son el resultado de la ignorancia, de la irresponsabilidad, de la falta de criterios y de visión histórica y del humanitarismo elevado a la enésima potencia.
*     *    *
Hasta aquí no hemos caricaturizado, como máximo frivolizado y lo justo, sin pasarnos. Los progres son así. El progre es lo que es, una contracción risible y grotesca surgida del universo más simplón de la izquierda postmarxista. Un hombre de izquierdas es un pogre ilustrado, un progre a secas es un pobre individuo con déficit de conocimientos reales e inflación de tópicos.
El hombre de la izquierda tradicional (socialista, socialdemócrata, comunista) es una especie en vías de extinción, sin embargo, la proliferación vermicular de progres a secas constituye, sin duda, uno de los factores  esenciales de la recomposición de la izquierda europea. Asumir una ideología es comprometerse a demasiado y el progre no está dispuesto a hacerlo como hizo la izquierda marxista, resulta mucho más fácil asumir simplemente un catálogo de tópicos. Ahí está Podemos para recordárnosolo, y ahí está lo que queda del PSOE para confirmarnos que más allá del socialismo, más allá de la democracia, del bolchevismo y del anarquismo, está la nadaría progre.  De paso se ahorran la lectura de las sesudas obras de los clásicos del marxismo. Eso que ganan.
¿Cuáles son los laboratorios de la ideología progre? Sólo uno. Recordarlo: así como las revoluciones burgueses tuvieron en las logias masónicas sus laboratorios ideológicos, así como las revoluciones bolcheviques tuvieron a los partidos comunistas como instrumento, el mundo progre tiene en la UNESCO su centro elaborador y difusor de ideas. Vale la pena leer El Correo de la UNESCO para ir actualizando la doctrina progre. Ese es el laboratorio, no hay otro.
© Ernesto Milá – info|krisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto en soporte digital, sin indicar origen

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LOS MANDAMIENTOS DEL BUEN PROGRE

Mensaje por wad ras el Miér Mayo 25 2016, 17:48

LOS MANDAMIENTOS DEL BUEN PROGRE



Tras muchos años de estudio y análisis del comportamiento de la fauna progre, he logrado recopilar los veinte mandamientos del Buen Progre. Los iré exponiendo por sucesivas etapas. Me limito al enunciado de cada mandamiento y, en su caso, a mencionar la eventual existencia de Enmiendas adicionales a algunos mandamientos. El desarrollo doctrinal de cada mandamiento se lo dejo a la experiencia personal de todos ustedes.

Primer mandamiento del Buen Progre: "Nada es bueno, nada es malo. Haz en cada momento lo que te apetezca. Pero esto no incluye ser fascista o retrógrado. Eso es muy malo, está totalmente prohibido. Los capitostes mediáticos progres dotarán a las nociones de "fascista" y "retrógrado" de un contenido sustantivo en función de los mandamientos séptimo, noveno y décimo".

Segundo mandamiento del Buen Progre: "Los Estados Unidos, Israel y, por extensión, toda la civilización occidental son responsables de todos los males de la humanidad desde que Adán mordió la manzana del Árbol Prohibido". Este segundo mandamiento fue objeto, hace unos años, de una Enmienda, la Enmienda de San Barack Obama.

Tercer mandamiento del Buen Progre: "No puedes fumar, no puedes comer hamburguesas, no puedes beber Coca-Cola. Sólo los capitostes y el resto del orden sacerdotal progre tiene licencia para ello".

Cuarto mandamiento del Buen Progre: (ojo que es el de enunciado más largo y extenso) "Todo creyente de culto monoteísta debe asumir que todo cuanto evoque su fe debe limitarse a su domicilio privado, y aun así, sin mucho alborozo ni meneo. No se admiten crucifijos en público, ni imaginería religiosa, ni expresiones o vocables religiosos, ni opiniones religiosas, dado que todo eso, por definición, es una imposición al buen progre. Las banderas tricolores republicanas y las del arco iris LGTB, en cambio, deben ser desplegadas en todos los balcones de edificios oficiales, permanentemente, sin que ello constituya imposición, sino proclamación gozosa de la libertad." Este cuarto mandamiento fue objeto, de forma casi inmediata, de una Enmienda, la Enmienda Islámica, en virtud de la cual, los que profesan tal credo quedan exentos del cumplimiento de este cuarto mandamiento, al estar insertos en el quinto mandamiento.

Quinto mandamiento del Buen Progre: "toda cultura o civilización es respetable. Salvo la cristiana occidental, que es deplorable y opresora".

Sexto mandamiento del Buen Progre: "La Iglesia debe autofinanciarse. El progre puede y debe financiarse del presupuesto público".

Séptimo mandamiento del Buen Progre: "Los pobres no saben lo que es mejor para ellos. Por ello, el progre debe decidir por ellos en todo, hasta en si deben nacer a este mundo o no, o cuando han de morir dignamente".

Octavo mandamiento del Buen Progre: "todo heterosexual puede pasar a ser homo o bisexual. El camino inverso está prohibido al ser sospechoso de homofobia".

Noveno mandamiento del Buen Progre: "Lo que diga la mayoría es la verdad, nunca se equivoca. Salvo cuando esa mayoría cuestiona alguno o algunos de los presentes mandamientos, en cuyo caso, no saben lo que es mejor para ellos, y el buen progre debe decidir por todos".

Décimo mandamiento del Buen Progre: "Todo, absolutamente todo, es negociable, salvo los presentes mandamientos".

Undécimo mandamiento del Buen Progre: "Alabarás al consenso, tu dios, por encima de todo".

Duodécimo mandamiento del Buen Progre: "El progre debe ser tolerantemente represivo. Y con talante. Por detrás y por delante."

Decimo tercer mandamiento del Buen Progre: "Todo comportamiento sexual es estupendo, salvo el habido en el seno de esa rémora social que es el matrimonio cristiano".

Decimo cuarto mandamiento del Buen Progre: "tener más de dos hijos es un salvaje atentado contra la sostenibilidad de la diosa madre tierra pachamama".

Decimo quinto mandamiento del Buen Progre: "en la enseñanza y el trabajo queda vetado todo esfuerzo, competitividad, superación, excelencia o idea análoga al sobresaliente o mención cum laude. Todo eso constituye elitismo, y es condenación del buen progre al acercarte al fascismo represor."

Decimo sexto mandamiento del Buen Progre: "santificarás al Che Guevara y a Nelsón Mandela, porque de ellos es el reino de los pedos".

Decimo séptimo mandamiento del Buen Progre: "Para el buen progre es mil veces más indigno diez millones de personas con trabajo a tiempo parcial que cinco millones en el paro y con subsidio en horario completo".

Decimo octavo mandamiento del Buen Progre: "fuera de la redacción de los presentes mandamientos, el lenguaje y la escritura deben reflejar los sexos existentes: homo, hetero, bisex, lesbi, transex y geer. Dicha enumeración es numerus apertus, pudiendo ampliarse vía noveno mandamiento".

Decimo noveno mandamiento del Buen Progre: "el cambio climático y el calentamiento global son dogmas y misterios de fe. La negación o mera expresión de duda sobre ellos constituye anatema máximo".

Vigésimo mandamiento del Buen Progre: "el terrorismo tiene siempre un contexto social, cultural, religioso, lingüístico, nacional, internacional, metafísico, físico, químico, sólido, etéreo, normal, paranormal, anormal, sexual, asexual y metrosexual, de modo que debe actuarse sobre tales causas antes que recurrir al procedimiento arcaico y fascista de defenderte con la ley, sobre todo con leyes capitalistas, fascistas y opresoras que no son acordes con la tradición progre".


Última edición por wad ras el Miér Mayo 25 2016, 18:25, editado 1 vez

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Re: Manual del Buen Progre. Capítulo 1: si discrepas de la izquierda eres un ‘fascista’

Mensaje por Aurelioj_2003 el Miér Mayo 25 2016, 18:22

¿Por qué será que algunas de esas descripciones me recuerdan a gente que conozco? Creo que voy a tener que depurar mi lista de conocidos, no sea contagioso el asunto... Smile

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