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MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

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MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Miér Jul 02 2014, 16:56

MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI



 
MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI
Fundador de Hispanidad en nuestro lejano Occidente
Una proeza que aconteció hace 450 años.
 
Al hojear uno de los libros de Historia que edita la Secretaría de Educación Pública, de distribución gratuita para el segundo curso de educación secundaria de los alumnos mexicanos (Cuchí III Espada, Víctor Manuel, Historia I) edición de 2013, en su mapa 1.6 de la página 31, hace mención de grandes travesías marítimas del siglo XVI. Me sorprendió que desconoce, ni siquiera esboza la ruta de la mayor hazaña de esa centuria, llevada a cabo para dominar el entonces llamado Mar del Sur –el Océano Pacífico–, que fue salir de las costas mexicanas al continente asiático y su regreso exitoso.
Es así como con ignorancia o por mala fe de los educadores de la juventud, se menosprecia, se empequeñece nuestra herencia de grandeza, para dar lugar a enaltecer a piratas, filibusteros y corsarios anglos, holandeses y franceses, que asolaron y saquearon puertos y ciudades de la América hispana y se posesionaron de numerosas regiones insulares y de tierra firme, por ejemplo, para no ir tan lejos, Belice.
La Nueva España ideada por Hernán Cortés, no podía quedar estática en tierra firme, le preveía mayores horizontes. En todo lo largo de su costa, donde se ocultaba el sol, en el inexplorado Mar del Sur de Vasco Núñez de Balboa, se abría un amplio espacio para cimentar los ideales de la Hispanidad en regiones ignotas.
Fernando de Magallanes zarpa de San Lucas de Barrameda en septiembre de 1519, para rodear el continente americano y buscar la ruta para llegar a Las Molucas, islas de la Especiería, que aseguraba pertenecían a España y no a Portugal. Después de una azarosa travesía, la flota logra a más de año de su salida de España, encontrar el paso buscado –el estrecho que lleva su nombre– y contemplar el mar que por la calma de sus aguas llamaría Pacífico. Al cabo de otros penosos cien días de travesía llegaron a la isla de Guam, en el archipiélago de Las Marianas, esto sucedía el 7 de marzo de 1521; navegaron otros diez días y llegaron a la isla de Samar, del archipiélago que denominaron San Lázaro y que posteriormente sería llamado De las Filipinas, en honor al entonces Príncipe de Asturias y después rey, Don Felipe. En la isla de Cebú, Magallanes tuvo un enfrentamiento con los nativos, que le llevó a la muerte. La flota que al mando de Juan Sebastián Elcano, quien completa el primer viaje de circunnavegación del globo terráqueo, el 6 de septiembre de 1522; había trascurrido casi tres años cabales desde su salida en el mismo puerto al que arribaron.
Apenas dos meses después de la llegada de Elcano, el emperador don Carlos ordenó organizar otra expedición que seguiría la misma ruta de Magallanes. La puso al frente de frey García Joffre de Loaisa y como Piloto Mayor, Elcano, quien llevaba como asistente a un joven vascuence que no cumplía aún dieciocho años, oriundo de Villafranca de Ordizia: Andrés Ochoa de Urdaneta y Cerain. Siete navíos zarparon de La Coruña en 1525. De ellas sólo cuatro desembocaron en el Mar Pacífico. En la travesía murieron Loaisa y Elcano. Fracasada la empresa, los sobrevivientes, Urdaneta uno de ellos, quedaron en Las Molucas. El patache Santiago, dirigido por Santiago de Guevara, perdido, se desprendió de esa flota y costeando logró llegar a Tehuantepec. Sorprendido de ese arribo, les recibió el gobernador nombrado por Cortés, quien les indicó que acudieran a entrevistarse con él. Así fue como los náufragos llegaron a la ciudad de México al mediar agosto de 1526 y relataron a Cortés lo acontecido. Providencialmente, Cortés con su visión de grandeza, había iniciado en Zacatula (hoy puerto Lázaro Cárdenas, en Michoacán), la construcción de tres naves para explorar las costas del Mar del Sur, pero el rey Don Carlos, le ordenó que esas carabelas salieran para auxiliar a los navegantes que estaban en Las Molucas. De inmediato, Cortés obedece la orden real y organiza la armada que pone al mando de su primo Álvaro de Saavedra Cerón, flota que salió de Zihuatanejo el primero de noviembre de 1527. Llegaron a Tidore, donde los castellanos náufragos de la expedición de Loaisa, combatían contra los portugueses. Allí se encontraba aquel Urdaneta. Al tratar de regresar a Nueva España, fracasó la expedición de Saavedra luego de dos intentos frustrados; en el primero de ellos descubrió la Nueva Guinea. Ese grupo de españoles que permanecían abandonados en esas islas, pudieron regresar a la Península, donde arribaron a Lisboa al mediar 1536. Fue así como Urdaneta, el ya experimentado hombre mar, fue el segundo humano en dar la vuelta al mundo. Habían transcurrido once años desde su salida del puerto gallego.
Pedro de Alvarado y Contreras, el Adelantado de Guatemala, regresó a España en 1538, donde conoció e hizo amistad con Urdaneta, quien le relató sus aventuras marinas y le persuadió para organizar una expedición al Mar del Sur. Con ese ánimo, Alvarado lo invitó para formar parte de esa empresa, que Urdaneta aceptó sin más  y así fue como se embarcaron rumbo al Nuevo Mundo. En efecto, Alvarado formó una escuadra con once navíos que salió de Centroamérica y costeando llegó al puerto de La Purificación en Jalisco, para tomar bastimentos y reclutar más soldados. Un suceso inesperado le sorprendió: L a rebelión de El Mixtón; para sofocarla, Cristóbal de Oñate pidió el auxilio de la tropa de Alvarado, quien  murió a consecuencia de un accidente en plena campaña. Así fue como quedó inconclusa esa pretendida incursión a las islas del poniente.
Urdaneta se quedó a residir en Nueva España, donde el virrey Mendoza le concedió los cargos de corregidor en la provincia de Ávalos (Una región entre las hoy estados de Colima y Jalisco) y de visitador en ´pueblos comarcanos a su corregimiento.
En plena madurez, a sus 45 años, este, repito, rudo y experimentado hombre de mar, quien había afirmado que “…hasta con una carreta podría yo regresar de las islas del Poniente…”, abandonó riquezas y honores mundanos e ingresó en la Orden de San Agustín, donde profesó en su convento de la ciudad de México en 1553.
Hasta aquí dejo este casi obligado preámbulo para dar paso a la semblanza de López de Legazpi.
Gobernaba Nueva España el segundo virrey don Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón, quien al conocer las proezas del veterano marino y fraile, propuso a Felipe II organizar una nueva empresa, esa ya de conquista de las islas españolas allende el Mar del Sur. El rey sin más acepto la idea de Velasco y le ordenó enviar “…dos naos del porte y manera y con la gente que allá pareciere, los cuales enviéis al descubrimiento de las islas del Poniente hacia las Molucas, que procuren traer alguna especiería para hacer el ensaye de ella y se vuelvan a esta Nueva España para que se entienda si es cierta la vuelta…”.
A fray Andrés le escribió el monarca desde Valladolid, en esa misma fecha:
“Yo he sido informado que vos, siendo seglar, fuiste en el armada de Loaysa y pasastes al Estrecho de Magallanes y a la Especiería. Donde estuvisteis ocho años en nuestro servicio. Y porque agora Nos habemos encargado a Don Luis de Velasco, nuestro visorrey que envíe dos navíos al descubrimiento de las islas del poniente hacia las Molucas…y porque según la mucha noticia que diz que tenéis de las cosas de aquella tierra y entender, como entendéis bien, la navegación, della y ser buen cosmógrafo, sería de gran afecto que vos fuedeses en los dichos navíos, así para lo que toca a la dicha navegación, como para el servicio de Dios nuestro Señor…”. Previa consulta con su superior, fray Agustín de la Coruña, Urdaneta aceptó la propuesta del rey contestó al rey, el 28 de mayo de 1560:
“Según mi edad que pasa de 52 años y falta de salud que de presente tengo y los muchos trabajos que desde mi mocedad he pasado, estaba necesitado de pasar lo que me resta de vida en quietud, pero considerando el gran celo de Vuestra Majestad para todo lo que toca al servicio de Nuestro Señor Dios y aumento de la santa fe católica, me he dispuesto para los trabajos de esta jornada…”
Estaba lograda la magna empresa; pero ¿Quién la comandaría militarmente? Interrogante que resolvió Urdaneta, al sugerir al virrey a un paisano suyo, quizá su pariente, un hombre de calidad noble con más de sesenta años, a la sazón alcalde mayor de la ciudad de México: Miguel López de Legazpi y Gurruchategui.
Don Miguel había emigrado a Nueva España desde 1528 y era viudo de doña Isabel Garcés y Castejón, hermana que fue del primer obispo de Tlaxcala, fray Julián Garcés, O. P. y padre de nueve hijos, cuatro varones y cinco hembras. Hombre culto, que gozaba de buena posición económica y encumbrada clase social, mas nunca en su vida había participado en acciones castrenses, aunque siempre tuvo “…su casa poblada con criados, armas y  caballos…”
 
El virrey, hombre de reconocidos méritos como gobernante, “Padre de los Indios” le llamaban, aceptó la propuesta de Urdaneta y escribió al Rey en los primeros días de 1561:
“…Y para caudillo y principal de la gente ha de ir con ellos [se refiere a los navíos] que serán de doscientos a trescientos hombres, entre soldados y marineros y gente de servicio he señalado a Miguel López de Legazpi, natural de la provincia de Lepuzcoa (sic), hidalgo notorio de la casa de Lezcano….y de los cargos ha tenido y negocios de importancia que le he cometido, ha dado buena cuenta, y a lo que de su cristiandad y bondad hasta ahora se entiende no se ha podido elegir perdona más conveniente y más a contento de fray Andrés de Urdaneta, que es el que ha de gobernar y guiar esta jornada, porque son de su misma tierra y deudos y amigos y conformarse han…”
Los Legazpi era una familia antigua de Guipúzcoa, que estableció sus lares en la villa de Zumárraga, donde erigió la casa–torre de Legazpi-Jaúregui. Don Miguel nació hacia1503. No se ha logrado definir donde y como realizó Miguel sus estudios, básicamente de Jurisprudencia, que le llevaron a ocupar el cargo de concejal en el ayuntamiento de su natal Zumárraga en 1526 y de escribano, como su padre, en la alcaldía mayor de Ariria al año siguiente.
Para el 19 de enero de 1530, se le recibió en el ayuntamiento de la ciudad de México como escribano del cabildo, quien le otorgó una huerta y un solar. El virrey Antonio de Mendoza le mercedó al noreste de la recién fundada Valladolid, en términos de Tarímbaro, Zinapécuaro e Indaparapeo, un sitio de ganado mayor y una caballería y media de tierras (unas 1800 hectáreas). Según apunta Juan Suarez de Peralta, en su Tratado del descubrimiento de las Indias, López de Legazpi tuvo la responsabilidad de la tesorería de la Casa de Moneda y como letrado culto, fue uno de los primeros alumnos de la recién fundada Real Universidad de México.
Ordenada la expedición por el Rey, fue elegido el puerto de La Navidad para construir las naves. Una pléyade de carpinteros, herreros, aserradores, calafateros y peones de todas calidades se distribuían los trabajos; con gran celeridad y honradez se manejaron los caudales enviados de España, aún el propio Legazpi hubo de sufragar los gastos, para lo cual vendió sus propiedades, excepto su casa solar de la ciudad capital del virreinato.
Por fin, la salida se dispuso para el mes de octubre siguiente. Se cargaron las naves con bastimentos para la esperada larga travesía: tocinos, barriles de aceite, cecinas, quesos, pescados ahumados, toneles de vinos generosos, maíz, frijol, arroz, garbanzo, yuca, pan cazabe, pasturas y forraje para los animales vivos que se transportaban. Herramientas para reparar averías de las naves, hachas, redes, anzuelos; lanzas rodelas, picas, espadas, ballestas y armas de fuego, trabucos y mosquetes. Agujas magnéticas, sextantes, astrolabios, planos, libros de bitácora. Al final, se embarcaron los abastos vivientes, caballos, reses, cerdos, cabras, ovejas y gallinas de Castilla y de la “tierra” (léase guajolotes). El general almirante, de seguro aconsejado por Urdaneta, no omitió proveerse de libros de navegación. Selectos pilotos y capitanes al frente de cada navío.
Así llegó el 19 de noviembre de 1564. En la playa, el altar de campaña para la celebración del Sacrificio Eucarístico. El general almirante y toda la tripulación lucen sus mejores galas. El alférez ondea el pendón de Castilla y según se ha relatado, la imagen de Santa María de Guadalupe del Tepeyac que acompaña a Urdaneta, preside la ceremonia. Aquellos casi cuatrocientos valientes, rodillas en tierra, imploran la protección del Altísimo para la magna empresa que están por iniciar. Sobre el libro de los Evangelios, Legazpi y toda su oficialidad juran guardar fidelidad a Dios y a su Rey. Como recuerdo quedó en La Navidad la gran Cruz a cuya sombra tuvo verificativo ese espectacular e inolvidable acto. El municipio de Cihuatlán, al cual pertenece el puerto, la inmortaliza en su escudo de armas, una cruz de gules sobrepuesta a sus cuatro cuarteles.
En ese momento solemne, aquellos novohispanos, lo mismo peninsulares que criollos, mestizos, indios, negros y mulatos, ignoraban que daban comienzo a una de las más trascendentes proezas del género humano: dominar marítimamente el hoy océano Pacífico y por si fuera poco, legar a Nueva España, a nuestro México, un episodio de grandeza, nunca más ni siquiera igualado.
El trabajo e intelecto de multitud de desconocidos obreros mexicanos fueron los artífices de aquellos navíos, como mexicanos eran los caballos, las reses, los cerdos, gallinas y guajolotes, frutas, gramíneas y leguminosas, petates, ixtles y algodón, monedas recién troqueladas en la Casa de Moneda; todos ellos abastecieron la travesía. ¿Por qué desconocer, que fructificaba nuestra nación fundada por Hernán Cortés cuarenta años antes?
En las primeras horas del día 21 de noviembre, izaron velas y levaron anclas, la nave San Pedro, la capitana seguida de la fragatilla, el buque almirante San Pablo, el patache San Lucas y el galeonete San Juan.
El 27 de abril de 1565 fondearon en la rada de la isla de Cebú. Los indígenas los recibieron con hostilidad. Ante la negativa de acudir su cacique de nombre Tupas en son de paz al llamado de Legaspi, se vio obligado a desembarcar dos compañías de arcabuceros que fueron ferozmente atacados hasta que entró en juego la artillería y espantados los nativos quemaron su aldea y huyeron al monte. Al registrar las casas que quedaban en pié, salvadas del incendio, halló un marinero vizcaíno de nombre Juan Camus, una imagen del Niño Jesús en una caja amarrada con una cuerda de cáñamo, llevada por Hernando de Magallanes y que fue regalo de Antonio de Pigafetta a la reina de Cebú, esposa del cacique Carlos de Habamar, que se convirtió al catolicismo. Al llevarla frente a Legazpi, cayó de rodillas ante el Niño Jesús y le pidió lo alumbrara y encaminara de manera que todos sus actos fueran a honra y gloria de su Nombre y ensalzamiento de la Fe Católica.
Al otro día, mandó construir una pequeña capilla donde colocar esa imagen, la que fue llevada en procesión por los religiosos. Es en ella donde Urdaneta, depositó también la imagen guadalupana que llevaba consigo (imagen destruida por el bombardeo yanqui en 1898). Con posterioridad, se levantó un fuerte de madera, al que constantemente atacaban los aborígenes con sus flechas envenenadas. Por fin el 8 de mayo, Legazpi procedió a fundar un incipiente poblado. Al centro quedaban la capilla y el fortín. Los indígenas, poco a poco, se acercaron a la nueva fundación, confiados en las palabras amistosas del general Legazpi y se dice, atraídos por la seductora bondad que expresaba la imagen guadalupana.
En acatamiento a los reales mandatos, una vez reparada la nave capitana San Pedro, Legazpi dispuso una de más de sus trascendentes decisiones: dar inicio al tornaviaje. Es decir, regresar a Nueva España. Con doscientos hombres a bordo y mandada por Felipe de Salcedo y Legazpi (su nieto), bajo la sabia dirección náutica de fray Andrés de Urdaneta, zarpó la nave la mañana del primero de junio de 1565. Era portador de cartas dirigidas a Felipe II, donde avisa de su llegada a las islas del Poniente, otra firmada además por sus acompañantes sobre la necesidad de ayuda y donde alaban la labor de Urdaneta, pidiendo su retorno, así como una Relación de la situación de las islas y calidad y condiciones de los naturales. Cuatro meses duró la travesía, escorbuto, hambres, padecieron los tripulantes y tropa. El lunes ocho de octubre llegaban a Acapulco. Por fin estaba consumada la vuelta tanto ambicionada.
Se iniciaba un periplo que daría a Nueva España, que es México, una singular conformación que aún perdura: social, económica, costumbrista, gastronómica, artística, forjada durante un cuarto de milenio de continúo intercambio con el continente asiático.

 
No es el caso en este artículo de citar todos los incidentes que acontecieron en la conquista del archipiélago filipino. Aborígenes, mahometanos y portugueses ofrecieron resistencia, mas la prudencia y experiencia de López de Legazpi, salvaron sangrientos enfrentamientos. Legazpi, como lo había hecho Cortés, llamaron siempre a la concordia, nunca a las acciones de armas, salvo cuando les fue forzoso accionar pólvora y aceros. Felipe II le nombró Gobernador de Cebú, Adelantado y Gobernador
Al cabo de casi seis años de conquistas pacíficas, sin masacres, el 24 de junio de 1571, Legazpi fundó la ciudad de Manila.
Víctima de un ataque cardiaco, falleció en la pobreza, este ínclito cristiano, valiente capitán, honesto gobernante, que entregó su saber y su vida por la gloria de la Hispanidad, el 20 de agosto de 1572. Sus restos reposan en el convento agustino de la ciudad que fundó.
Mis lectores preguntarán: ¿todo este “rollo”,tiene algo que ver con Tianguistenco?
Al parecer nada, pero les respondo:
1.- Trascendencia económica:
 
La ansiada tornavuelta de Asia a las costas de América, fue la máxima proeza marítima del siglo XVI a nivel mundial. Con ella, Nueva España –México– mercadeó con China, con la India, con Ceylán, durante más de 200 años. Hubo un imponderable intercambio cultural, comercial, folklórico. Una o dos veces cada año desde 1565 a 1813, llegaba a Acapulco la nao de China, con productos asiáticos. Se organizó la arriería para trasportar esas mercaderías, y Tianguistenco fue paso casi obligado de las recuas que se dirigían desde Acapulco al interior de Nueva España y de su regreso, con productos de esas regiones que se enviarían a Las Filipinas. Como reminiscencia, queda la Danza de Arrieros en todos los pueblos de nuestra región.
2.- Presencia genealógica:
2.1.- Miguel López de Legazpi dejó ilustre progenie en Nueva España. Su hijo Melchor fue heredero del título de Adelantado de Filipinas. Casó en 1572 con doña Luisa de Albornoz y Acuña. Su nieta, IV Adelantada de Filipinas, doña Luisa de Albornoz y Legazpi fue esposa desde el 31 de marzo de 1639, del segundo Conde de Santiago de Calimaya, por quienes sus herederos a ese título de Castilla, también usufructuaron el Adelantamiento de Filipinas. Como es de sobra conocido, los condes de Santiago de Calimaya, Adelantados de Filipinas, fueron los propietarios de la hacienda de la Purísima Concepción de Atenco hasta su venta, en 1878 a don Rafael Barbabosa y Arzate.
2.2.- Margarita, hija de Miguel López de Legazpi, fue esposa del conquistador Gaspar de Garnica, acompañante de Cortés en sus incursiones al Pánuco y Las Hibueras; tuvo la encomienda de Tlacotepec en el Valle de Toluca, donde además fue dueño de una estancia, que años después poseyó don Felipe de la Cruz Manjárrez. Tuvieron tres hijos: Gaspar, heredero de sus encomiendas, Ana, esposa de Francisco de Olmos e Isabel.
Viuda, doña Margarita casó con don Julián de Salazar, hijo de Sancho Guillarte y de Catalina Gómez de Lona, con él tuvo tres hijos: Baltasar de Salazar, quien murió sin tomar estado y sin descendencia; Juliana, casada con Eugenio de Vargas, con hijos, y doña Inés, mujer de Martín de Olivares, el Primer Correo Mayor de Nueva España.
En Toluca, puedo asegurar que no hubo familia antigua y distinguida que no llegare a entroncar con los Garnica Legazpi o Salazar Legaspi, sean López de Cárdenas, Barbabosa o Cruz Manjárrez (por ejemplo: Alejo de Garcia Legaspi, bautizado en Toluca el 3 de septiembre de 1641, fue hijo de Antonio de Garnica Legaspi y de doña Ana de Yseo). Hasta hoy, no he conseguido asentar documentalmente alguna filiación, pero es casi seguro que hay rastros de la prosapia de López de Legazpi en alguna de las añejas familias tianguistecanas.
Dejo aquí este artículo con la semblanza de Miguel López de Legazpi, quien mediante su arraigada fe católica, con el ejercicio de la caridad cristiana y la diplomacia con pueblos agrestes, además de exhibir  una valentía a toda prueba, logró incorporar al virreinato de Nueva España –vuelvo a repetir, que es México– y al Imperio Español, casi sin derramamiento de sangre ya de nativos, ya de conquistadores, un archipiélago mayor a siete mil islas e islotes, en nuestro lejano oeste, allende del que parecía indómito Mar del Sur.
 
Un ilustre novohispano por vocación y arraigo, que ha tenido y tiene presencia hasta nuestros días en nuestro Tianguistenco.

http://eccechristianus.wordpress.com/2014/07/01/miguel-lopez-de-legazpi/

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Re: MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Mensaje por Aingeru el Jue Jul 03 2014, 20:59


Excelente aportación, si señor, pero como me ha gustado, me he informado más sobre este personaje ilustre en nuestra historia, y sobre los comentarios que se hacen sobre el, sobresale un ideal que predica la máxima de que no se considera políticamente correcto decir que un vasco conquistó tierras para España, al igual que un vasco luchó y murió por España, pero es que además, Legazpi, no sale en la Leyenda Negra que nuestro bien amado inglés (lo de bien amado lo digo con coña, claro) se inventó. Lástima que el sub-mundo nazi-onalista vasco, no se acuerde ni de lejos de hombres como este, o como otros al igual que él, y promuevan a diestro y siniestro leyendas urbanas inventadas en zulos tras dos o tres botellas de txakolí, en compañía de una cuadrilla de descerebrados boquiabiertos, aleccionados por una intransigencia que les promete un puesto en los cielos de los hijos de Aitor. Que pena….pero que se jodan.

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Re: MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Mensaje por ilustrado el Miér Jul 09 2014, 17:17

Expedición y colonización de Filipinas por Miguel López de Legazpi


Para que el Imperio español pudiese comercializar las especias y productos de Oriente era necesario encontrar una ruta comercial fiable y segura desde las islas Filipinas hasta la costa americana que escapara de las clemencias meteorológicas y los peligrosos vientos alisios.

A la fracasada expedición de García Jofre de Loaysa en 1525, le sucedieron otras tantas: Gómez de Espinosa, quien ya lo intentó anteriormente con la nao Trinidad en 1522; las dos tentativas de Álvaro Saavedra, que partió del puerto mejicano de Siguantejo en 1528 y 1529; el trágico amago de tornaviaje de Hernando de Grijalva que, de vuelta del Perú, llegó hasta las Papuas (Nueva Guinea) en 1537; y el escarceo de Bernardo de la Torre.

La expedición de Ruy López de Villalobos partió de Navidad (Méjico) y arribó a Mindanao, dando el nombre de Filipinas en honor del príncipe heredero Felipe II. Por último, Iñigo Ortiz de Retes, a las órdenes de Villalobos, también fracasó en su intento de encontrar la tan deseada ruta fiable de regreso desde las islas orientales a las costas pacíficas de Nueva España en 1545.

Todas estas fracasadas navegaciones, junto con la exitosa primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, son las precursoras de la más satisfactoria: la de Legazpi, que estableció la ruta definitiva entre Filipinas y Nueva España por Urdaneta.


Durante el siglo XVI y tras el Tratado de Tordesillas, los portugueses se habían establecido en diversos puertos marítimos de África y de Asia. España y Portugal libraban una carrera por asentar rutas y dominios. Como parte de esa carrera, Felipe II ordenó al virrey de Nueva España, Luis de Velasco, la organización de una expedición a través del Pacífico hasta la Molucas. El rey tenía especial interés en un guipuzcoano natural de Villafranca de Orio, llamado Andrés de Urdaneta, fraile agustino, navegante experimentado y uno de los mejores cosmógrafos de su tiempo, al cual solicitó mediante carta la organización de dicha expedición.

Existían dos ambiciosos objetivos: por un lado, tomar posesión del archipiélago de Filipinas y fijar las bases de dominación en el Pacífico, fundando ciudades y asentamientos estables, para cerrar el paso a los portugueses; por otro, establecer una definitiva y codiciada Ruta de las Especies o Carrera de las Indias Orientales, e intentar rescatar a los supervivientes que no regresaron de la última expedición, la de López de Villalobos.

Urdaneta propuso a un pariente suyo establecido en Nueva España, Miguel López de Legazpi como organizador y jefe de la expedición. Legazpi era natural de Zumárraga (Guipúzcoa) nacido en 1502, poseía mejores dotes de mando y organización que Urdaneta. Había estudiado leyes y desempeñando cargos públicos en su villa natal. En 1528, marchó a Nueva España donde continuó su carrera administrativa: escribano mayor del cabildo de México, escribano de la Casa de la Moneda, y secretario del Santo Oficio. Combinaba sus funciones públicas con el desarrollo de sus negocios, acumulando propiedades rústicas y urbanas en Ciudad de México y Michoacán.

Legazpi se encargó de fletar barcos, aprovisionarlos de tripulación, pertrechos y víveres, conducir la travesía por el Pacífico y sentar bases en el territorio de destino, y el rey le recompensó nombrándole almirante, general y gobernador de todas las tierras conquistadas bajo su mando, ganándose el apelativo de adelantado de Filipinas.

La Armada, en la que Legazpi invirtió gran parte de su fortuna, la componían dos naos y dos pataches y unos 380 hombres (150 marineros, 200 solados, 5 agustinos y varios criados).

La nao capitana llamada San Pedro, desplazaba 500 toneladas, su piloto mayor era Esteban Rodríguez, mientras que la nao almiranta, San Pablo, sobrepasaba las 300 toneladas, su capitán, Mateo del Saz, era segundo jefe de la expedición.

El patache San Juan de Letrán, con 80 toneladas, llevaba por capitán a Juan de la Isla, y a su hermano Rodrigo como piloto. Y el patache San Lucas de 40 toneladas, que pronto desertaría, estaba mandado por Alonso de Arellano. A popa del San Pedro acompañaba un pequeño bergantín de remos, muy propio para transmitir órdenes de uno a otro navío.

Entre la tripulación de la expedición se encontraba numerosa gente de origen vizcaína: Andrés de Ibarra, alférez mayor; Luis de Haya, sargento mayor; Martín de Goiti, capitán de artillería; Andrés de Mirandaola, factor de la real hacienda; Andrés de Cauchela, contador, cuyo apellido puede ser una mala transcripción de Carchela, topónimo roncalés-suletino.

Los cargos de oficiales reales recaían en Guido de Labezarri, que sucedería a Legazpi. Como capitán de su guardia personal, llevaba Legazpi a su nieto Felipe de Salcedo Legazpi. Urdaneta lleva consigo un par de compañeros eclesiásticos que asumieron responsabilidades: el primero, Andrés de Aguirre era conocedor del derrotero por haber participado en el viaje de Loaysa y Elcano, sobreviviendo incluso a Carquizano y haber navegado durante once años por los mares de Oriente; el segundo, Francisco Rada, cosmógrafo, habría de ser el eficaz colaborador de Legazpi al regresar Urdaneta creando la ruta segura a Nueva España.

La expedición zarpó del puerto de Barra de Navidad (Jalisco), el 21 de noviembre de 1564, iniciándose una larga travesía con rumbo a Nueva Guinea. Cuando llevaban recorridas cien leguas, se abrieron los sobres lacrados con las órdenes a seguir que entregó la Audiencia de México y, según este pliego, se varió el rumbo hacia Filipinas.

A partir de enero de 1565, se fueron sucediendo los descubrimientos, como los de las islas de los Barbudos (Marshall), Placeres, Pájaros, Corrales y Jardines. Posteriormente arribaron a las islas de los Ladrones (Marianas) y anclaron en Guam. En febrero llegaron al archipiélago que Villalobos había bautizado como Filipinas.

Recorrieron las islas de Ibabao, Samar, Leyte, Limasawa, Camiguín y Bohol. Continuaron explorando por las de Mindanao, Siquijor, Negros y Cebú en mayo del 1566, donde se fundó el primer asentamiento español en aquellas tierras, la villa de San Miguel.

Desde Cebú, según las órdenes, se estableció el tornaviaje protagonizado por la nao San Pedro, comandada por Felipe de Salcedo, nieto de Legazpi, y Andrés de Urdaneta.

Mientras tanto, Legazpi y su nieto Juan de Salcedo prosiguieron su viaje pasando a la isla de Panay, base a la que llegaron los socorros del virrey novohispano, Enríquez de Almansa.

Desde un principio, Legazpi pretendió establecer un acuerdo pacífico con el cacique local Tupas, rey de Cebú, y su aliado, Tamuñán. Legazpi consiguió un pacto con un empleo limitando de la fuerza, tan solo le bastó un ruidoso pero poco preciso cañoneo desde los barcos. En aquellas playas de Cebú fundó la base principal, a la que llama Villa del Santísimo Nombre de Jesús y la Villa de San Miguel.

Su método de colonización era el mismo en todas partes: desembarco, compra de alimentos a los nativos, acuerdo de algún tipo de pacto con los caciques locales y toma de posesión de la tierra en nombre del rey. Legazpi supo sacar partido de las luchas entre tribus enemigas y de la hostilidad que los nativos profesaban a los portugueses. Y es que, frente al tipo de dominación portugués, bastante depredador, los españoles ofrecían protección y un trato más tolerante y respetuoso con los nativos.

Legazpi impuso disciplina a la tripulación, especialmente en dos aspectos: guerra a los piratas y respeto a los nativos. Desde Cebú, Legazpi fue organizando la expansión territorial, imponiendo su autoridad sobre una revuelta de sus propios hombres y rechazando dos ataques de la escuadra portuguesa.

Andrés de Urdaneta y Felipe de Salcedo, consiguieron llegar a Acapulco, en Nueva España, y hallar el tan necesitado tornoviaje o viaje de retorno a América. Esta proeza marina permitió que Felipe II enviase cuantiosos refuerzos desde Nueva España: tres galeones llenos de soldados, colonos y misioneros al mando de Juan de Isla que portaba el título de adelantado de las islas de los Ladrones para Legazpi.

Con estos refuerzos, desde esta autoridad y aprovechando su experiencia en México, Legazpi organizó el sistema de encomiendas como en América, dispuso metódicamente la ocupación, isla a isla, de todo el archipiélago filipino, fundando bases y asentamientos. Gestionó una buena administración, disponiendo de un sistema de organización política basado en las instrucciones generales de Felipe II. Cada ciudad sería doble: una, intramuros habitada por españoles; otra, extramuros formada por indígenas; que se gobernarían por dos alcaldes, doce concejales y un secretario.

Sometidas las islas de Panay, Masbate y Mindoro y designado gobernador y capitán general de las Filipinas, continuó su travesía para ocupar la isla de Luzón. En Mindoro rescató a los esclavos chinos con intención de establecer relaciones de amistad, una iniciativa que terminó por desplegar el comercio con China.





Legazpi encomendó la conquista de Manila, en la isla de Luzón, a su otro nieto Juan de Salcedo y al artillero Martín de Goiti. Llegaron a la bahía de Manila en mayo de 1570, donde acamparon unas semanas con la intención de formar una alianza con los jefes musulmanes. Sin embargo, Goiti tenía otros proyectos y engañó a los habitantes del territorio al creer que sólo se quedaban durante un período corto.

A finales del mismo mes estalló el conflicto. Goiti marchó con sus 300 soldados al interior de la isla, hacia Tondo, donde encontraron miles de defensores natales. La mayor parte de las fuerzas de Matanda Suliman acantonadas en Lakandula fueron derrotadas. Goiti ejecutó a los prisioneros que no guardasen servidumbre al reino de España y a Felipe II. Goiti y Salcedo continuaron su expedición hacia el río Pasig hasta tomar la ciudad de Manila el 6 de junio de 1570.

Pero esta toma de la ciudad de Manila consiguió un levantamiento de tribus nativas durante los próximos 10 meses. La expedición se fortificó en el área y erigió la fortaleza de Santiago. Cuando la lucha se puso intensa, forzaron algunos españoles a buscar refugio en sus flotas en la bahía de Manila. Finalmente lograron sofocar la rebelión el 24 de junio de 1571, mediante el control del territorio y un acuerdo de paz de Miguel López de Legazpi, a su llegada a Manila. En esta ciudad muere Legazpi, en agosto de 1572.

Goiti preparó el terreno para el establecimiento de Manila como capital de Filipinas y emprendió la conquista y colonización del resto de la isla con unos 300 hombres. Entre el período de 1571-1573, Martín de Goiti, exploró Pampanga, Pangasinan y funda varias ciudades en Luzón entre los períodos de 1571-1573. Solo Mindanao y Joló, islas del sur, quedaron fuera de la dependencia de la Monarquía hispánica.

Martín de Goiti encabezó la defensa de una invasión de 3.000 piratas chinos y guerreros conducidos por corsario Lim ah Hong, que sitió el Fuerte de Santiago y la ciudad de Manila en los tempranos períodos de 1574. Fue asesinado por Lim ah Hong, que masacró también una parte de los españoles en la ciudad. La mayor parte de los refuerzos españoles vinieron de Vigan y Cebú.

Juan de Salcedo, segundo de la expedición de Legazpi tras Martín de Goiti, abandonó Ilocos Sur, para trasladarse a Manila donde descubrió que la ciudad había caído en manos del invasor chino. Las fuerzas de Salcedo atacaron y redujeron a los piratas de Manila. Lim ah Hong y los soldados que sobrevivieron se retiraron a Pangasinan donde reorganizaron sus fuerzas.

En 1575, el ejército de Salcedo marchó al norte a Pangasinan en la búsqueda de los piratas y los sitió durante tres meses. Vengó la muerte de Goiti y resto de españoles dando muerte a Lim ah Hong y sus guerreros en el río de Pangasinan, quemándolos vivos, con sus barcos.

La colonización y asentamiento de estas islas se caracterizó por el proteccionismo hacia los nativos por parte de las órdenes religiosas. La ubicación de las islas en las rutas oceánicas mercantiles permitió que se tomaran como un lugar de recepción de mercaderías provenientes del conjunto del sudeste asiático destinadas a la metrópoli, creándose la capital general de las Filipinas y de una diversidad de islas desperdigadas por el océano Pacífico.

Las Filipinas son 7.100 islas, que hasta entonces, estaban habitadas por decenas de etnias distintas y enfrentadas a muerte. La llegada española supuso la pacificación del archipiélago. No hubo una mortandad como la americana porque la población filipina, a diferencia de la amerindia, no había vivido en un ecosistema cerrado. Y tampoco hubo una explotación como la de las Indias, porque los españoles ya habían sacado las consecuencias oportunas de su propia práctica imperial; de hecho en esta tierra los nativos jamás pagaron tributos a los españoles.

Los misioneros se encargaron de mantener pacificados a los indígenas, acabando con las guerras tribales; la evangelización progresó velozmente. En poco tiempo el castellano se convirtió en lengua franca de los filipinos.

Mientras tanto se extendía el uso de la rueda y el arado, y se creaban caminos, puentes, rutas estables de navegación. Filipinas era un territorio con una baja densidad de población, sin ciudades, y con formas de cultivo itinerantes, la llegada de los españoles permitió su urbanización. En 1611 los dominicos fundaron en Manila la primera universidad cristiana de Asia, la Universidad de Santo Tomás.

El archipiélago se convirtió en centro de una vida comercial intensa, centralizando el tráfico con el sudeste asiático, que luego partía hacia México en la ruta del Galeón de Manila o Cerrera de las Indias Orientales. Así, el Pacífico se convirtió en el “lago español”. El puerto de Manila mantuvo permanentes contactos comerciales con China, Siam, Japón y los reinos malayos, convirtiéndose en punto de inicio y final de una amplísima red comercial que unía todos los continentes. Los comerciantes chinos llevaban a su puerto sedas, clavazón, hierro en planchas, salitre, pólvora, porcelana, platería de Cantón, etc.

Las Filipinas serían españolas desde 1566 hasta 1898, más de tres siglos. Los norteamericanos invadieron estas islas en 1898, entonces se escribió otro capítulo digno de la historia de España, la de los héroes de Baler, los últimos de Filipinas.


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Re: MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Mensaje por HispanoCortés501 el Mar Jul 22 2014, 02:20

Se debería de admirar y dar a conocer a los héroes vascos y españoles como Miguel López de Legazpi o Blas de Lezo en vez de a racistas como Sabino Arana.
La vida de estos héroes no tienen nada que envidiar a los personajes de algunas películas.

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Re: MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Mensaje por ilustrado el Jue Feb 12 2015, 11:43

En memoria de Miguel López de Legazpi

 


En memoria de Miguel López de Legazpi, Juan Pérez de Tudela, Editorial Real Academia de la Lengua (2004), 178 págs.

Biografía sobre Miguel López de Legazpi descrita por la Real Academia de la Historia española y publicada en los actos de homenaje en su V centenaria de su nacimiento en Zumárraga. Una exposición de síntesis, sobre cuáles fueron las condiciones históricas antecedentes, en particular a la gesta de Legazpi, los acontecimientos por él protagonizados y sus trascendentales consecuencias.

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Re: MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Mensaje por El Zorro el Lun Feb 16 2015, 13:15


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