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LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

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LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Aingeru el Mar Ago 26 2014, 23:03

EL PASADO GLORIOSO DE LA DECADENCIA


Creo que es interesante recordar determinados pasajes de la historia, y hacerlo de una forma amplia y clara, o por lo menos, lo más amplia y clara que el entendimiento pueda dar de sí. Debido a la extensión del tema, voy a procurar hacerlo en varias partes, para no cansar en demasía, y esclarecer los puntos y apartes de una Constitución que pretendió romper con el Antiguo Régimen que tantos sufrimientos causo a España, y a Hispanoamérica, testigo mudo de unos años tristes e importantes en la Historia de España.

Merece la pena detenernos un poco en aquella Constitución, para comprender el sentimiento que enfrentó ideológicamente a una nación que se debatía en una guerra que tanto dolor causó. Fue la primera Constitución que se dio en España, y puede ser considerada como una Constitución Liberal, término este del que Larra hablaría mucho en tiempos aún por venir, y de hecho, se especula como una de las causas prendieron la mecha de su triste final, la desesperación que sentía frente al fracaso del ideal del liberalismo en el mundo político de los tiempos que le tocaron vivir.

Posiblemente fuera causa y efecto de una necesidad, pero una necesidad mal entendida, o mal interpretada por aquellos que en su momento, pudieran ver la oportunidad de dar un giro brusco en el rumbo de la política nacional, posiblemente con la culpabilidad de las prisas y el derroche de la urgencia, sin detenerse demasiado en buscar el respaldo de una sociedad hastiada de guerra, pero a su vez, parte dogmática en cualquier pretensión que sobre el futuro del Estado se pudiera buscar. Una sociedad conocedora del infructuoso pretérito más cercano, parte esencial de una decadencia triste y abandonada a su suerte, pero una sociedad con la que al fin y al cabo, se debería contar, aunque nos permitimos dudar que así fuera.

Una Constitución que consigna que la soberanía reside en la nación, que el catolicismo es la única religión, el texto consagraba a España como Estado confesional católico, prohibiendo expresamente en su art. 12 cualquier otra religión, y el rey lo seguía siendo "por la gracia de Dios y la Constitución" (aunque posteriormente se legislara en contra por medio de los veinteañistas), que la monarquía es hereditaria y no absoluta, que propugna la división de poderes, habla sobre los derechos y deberes de los ciudadanos, el sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad o la fundamental abolición de los señoríos, no incorporó una tabla de derechos y libertades, pero sí recogió algunos derechos dispersos en su articulado. Además, incorporaba la ciudadanía española para todos los nacidos en territorios americanos, prácticamente fundando un solo país junto a las excolonias americanas. Del mismo modo, este texto constitucional no contempló el reconocimiento de ningún derecho para las mujeres, ni siquiera el de ciudadanía (la palabra "mujer" misma aparece escrita una sola vez, en una cita accesoria dentro del art. 22), aunque con ello estaban en plena sintonía con la mayoría de la sociedad española y la Europa del momento, pero, sobre todo y ante todo, derroca el absolutismo, que era la quintaesencia del problema.


En la imagen, el juramento de las Cortes de Cádiz en 1810




Frente a algunos historiadores y personajes influyentes que ensalzaban a todo trance el espíritu absolutista y tradicional se enfrentaban los que tenían la pasión puesta en defender las ideas liberales y europeizantes pero adaptadas la forma de vida del español de la época. Los primeros, es decir, los absolutistas, argumentaban el lamento de que con la Constitución se rompe totalmente con el pasado glorioso, pero olvidaban que no todo ese pasado fue glorioso, ya que España llevaba casi doscientos años mal gobernada por Nithard, el padre Juan Everardo Nithard, confesor de la reina Mariana de Austria, esposa de Felipe IV y regente como madre de Carlos II, un hombre carente de las condiciones necesaria que sin desearlo, se convirtió en valido, sus desaciertos fueron enormes y llevó a España por los caminos de la derrota (Paz de Aquisgran, independencia de Portugal etc), otro valido más que dejó desvalida a España, o por el llamado Duende de Palacio o Corredor de Orejas, que era como antes llamaban a los alcahuetes, nos referimos a Fernando Valenzuela, ejemplar degenerado y que fuera conductor de las desdichas de una monarquía nefasta y de un desgraciado pueblo español. Fue un pícaro napolitano y corrido pendenciero carente de escrúpulo, listo más que inteligente y con sobradas prisas por trepar, otro valido en el resumen de un tiempo en el que una herida casual en una cacería era motivo suficiente para ser Grande de España, o por el narciso Almirante, Juan Tomás Enrríquez de Cabrera y Ponce de León, el del motín del pan, genovés Almirante de Castilla, que supo apoyarse en la debilidad de la reina Maria Ana de Neuburgo, la segunda esposa de Carlos II, otro favorito más, y quien antes también había asediado a su predecesora María Luisa de Orleans, parece ser que en la historia de España era el oficio principal de los validos, o por Anne Marie de la Trémoille, la Princesa de los Ursinos, quien tuvo en sus manos el destino de una España en guerra (Guerra de Sucesión) gobernada por un endeble Felipe V, maestra de intrigas en la Corte de un rey que no sabía cómo reinar. Esta mujer tuvo su pago de la mano de Isabel de Farnesio.
En la imagen, Isabel de Farnesio.




Reyes y reinas extranjeras que hacen una política anti-española y derraman la sangre y los caudales españoles por los campos de Europa buscando tronos para sus hijos que algunos como Felipe, hijo de Isabel de Farnesio, se jactaba y alardeaba de ignorar la lengua castellana. O por el habilidoso cocinero y abate italiano Julio Alberoni, de profesión valido, maestro en la intriga y cuyas previsiones resultaron fallidas en su totalidad y todas sus esperanzas frustradas. O por el aventurero holandés, el barón de Riperdá, Juan Guillermo Ripperdá, un personaje que fue nombrado primer ministro con la influencia de la Farnesio, atenta siempre al bien de sus hijos y no al de España, y que una vez fueron descubiertas las mentiras e intrigas del de Riperdá por divulgar secretos de Estado, fue depuesto, encarcelado y fugado. Convertido al Islam, intentó después apoderarse de Ceuta.

Este es el pasado glorioso, entre otros, que entrega España a Napoleón, en manos de otro valido, Godoy, como siempre, con desastrosos resultados, los de otra monarquía absoluta y decadente, fruto de la dejadez de los gobernantes demasiado hastiados por gobernar, y contra todo este pasado glorioso, es el que lucha el pensamiento político español, el liberalismo plasmado en la Constitución como amparo ante cualquier tipo de despotismo y con vistas a potenciar los esfuerzos por iniciar una nueva historia que camine paralela al resto de Europa. Pero su camino fue corto, y su final, si es que tuvo alguna vez algún principio, trájico, tanto como lo han sido otros finales de gloriosas luchas de un pueblo que se debate a dos bandas entre la aclamación y la adoración de los gobernantes de un despotismo y neopotismo ilustrado propio de una dinastía francesa maestra del gobierno con tedio y arrogancia sin parangón, y el desengaño y frustración de unos austrias menores que dejaron en España la humillante costumbre de caer, levantarse, y volver a caer. Y España, ha dado muestras en muchas ocasiones que el levantarse de nuevo, cada vez, cuesta más.

Por otro lado, existe también el hecho de que los impugnadores de la Constitución de 1812 afirmaran a su vez que no era en absoluto española ni en espíritu ni en letra, y al contrario que los reformadores de Cádiz afirmaron que era una obra en la que se hundían sus raíces en la más pura tradición española, los que postulaban en contra de esta idea afirmaban que la obra de los legisladores gaditanos tenía más de Revolución francesa que de la tradición española, pero, además, cuando llegó el momento de la promulgación, no ya la Comisión» sino las Cortes, se creyeron en el deber de ilustrar a la generalidad del pueblo acerca de la fidelidad con que la Constitución había respondido al deseo general de renovación y corrección de defectos políticos, y en el Manifiesto dirigido al país fueron todavía más explícitas y rotundas de lo que la propia Comisión había sido (pues ésta cuidó de especificar que no había nada nuevo en la sustancia).

Según decía el propio Manifiesto al que nos hemos referido, «Asegurar para siempre la libertad política y la civil de la nación, restableciendo en todo su vigor las leyes e instituciones de nuestros mayores, era uno de los principales encargos que habían puesto a su cuidado...; la Religión santa de vuestros mayores, las leyes políticas de los antiguos reinos de España, sus venerables usos y costumbres, todo se halla reunido corno ley fundamental en la Constitución política de la Monarquía.»


Sin embargo, y pese a todas estas manifestaciones y seguridades, pese también a que el texto del proyecto se entregó a los diputados casi en vísperas de comenzar su lectura y discusión, hasta el punto de que apenas hubo tiempo para que lo leyeran despacio, algunos suspicaces no acabaron de casar las declaraciones de la Comisión acerca de la inspiración que la había guiado con lo que habían leído del proyecto, y es más, ni siquiera se llegaron a expresar lo que vinieron en llamar en su momento como los antecedentes jurídicos de cada uno de los artículos debido a las prisas por aprobarlos con rapidez, más aún, cuando, en palabras del propio presidente de la Comisión, se aludía al amor a la brevedad, para no perder tiempo, cosa que más bien inclinan el ánimo en pensar que así se hizo. Según el marqués de Miraflores, en sus memorias, advierte que esa misma Constitución escrita, dada a Francia en su primer ensayo constitucional, fue por la que se modeló la Constitución de 1812 en Cádiz, punto que está hoy fuera de controversia. Tómense ambas Constituciones en la mano y se conocerá la afinidad.

Unido a esto, existe otro factor principal, que es al que, por lo general, no se le suele conceder gran atención, como es las aspiraciones del pueblo, de la inmensa mayoría de los españoles que se batían contra los franceses o sufría la ocupación de las tropas de Bonaparte.

En el próximo capitulo, hablaremos de FERNANDO VII EN VALENÇAY Y EL NACIMIENTO DE LA PEPA.





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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Luego Cabalgamos el Mar Ago 26 2014, 23:33

En mi opinión, la Constitución de 1812 tuvo mucho más de española que de francesa. No tienes más que ver su profundo conservadurismo, dentro del hecho de lo políticamente liberal, su cariz católico y su espíritu paternalista para con el pueblo español, de quien emana su naturaleza jurídica. 

Por otra parte, es extremadamente "revolucionaria" para el grueso de los españoles del siglo XIX, por su reconocimiento de los derechos individuales, su declaración de principios (libertad, igualdad, fraternidad), la abolición de la Inquisición, los señoríos y el diezmo, la libertad económica, la libertad industrial y de contratación, etc. Quizás "demasiado" revolucionaria para la mayoría de los españoles de la época, desconocedores de las Luces (no olvidemos el cordón sanitario de Carlos IV), por eso su caída a corto plazo se preveía en su propia promulgación, ante esa gran parte de la población que deseaba, imbuidos aún por el reaccionarismo, continuar como hasta ahora con el Antiguo Régimen, en la persona de Fernando VII.

Pero, no en vano, la Constitución de 1812 fue la que consagró España como nación política. Y para mí, su nacimiento fue uno de los cuatro acontecimientos más importantes de nuestra historia (los otros tres serían el III Concilio de Toledo, el final de la Reconquista y el Descubrimiento de América). Es decir, la brecha ya estaba abierta. Y no se volvería a cerrar. La Constitución había impreso su huella en una parte de los españoles y, aunque abolida, su espíritu no tardaría en triunfar en España y en los corazones de los españoles, así empezó el Trienio Liberal y el ulterior rumbo de España a través de rutas liberales.

Es indiscutible que marcó un antes y un después en nuestra Historia, por lo menos en nuestra filosofía de vida y de pensamiento. Fue la primera en ilustrar a ese sector del pueblo español, hoy completamente anestesiado por el pan y el fútbol que sabiamente le sustenta la casta política, que anhelaba hacer la revolución social y auténtica que España lleva siglos necesitando para implantar una justicia trasformadora que asegure la bonanza del pueblo y la posesión de su destino. Y sólo eso, pese a su corta duración, a su excesivamente extenso texto doctrinal y a que se dejó algunas asignaturas pendientes (como la abolición de la esclavitud, tercamente reivindicada por Agustín de Argüelles), es razón suficiente para ascenderla gloriosamente al pedestal de las grandes maravillas épicas y maestrías heroicas de nuestra Historia.

Buena aportación, Aingeru.
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Aingeru el Vie Ago 29 2014, 20:07

FERNANDO VII EN VALENÇAY  Y EL NACIMIENTO DE LA PEPA

Mientras los españoles sacrificaban sus vidas en el altar del Deseado (Fernando VII), él, pasaba su dulce cautiverio en Valençay sólo amargado por el miedo a perder la vida, y muestra de este miedo son sus palabras escritas a Napoleón sobre el intruso José:

"Señor:
He recibido con sumo gusto la carta de V.M.I. y R. del 15 del corriente, y le doy las gracias por las expresiones afectuosas con que me honra y con las cuales yo he contado siempre. Las repito a V.M.I. y R. por su bondad en favor de la solicitud del
duque de San Carlos y de D. Pedro Macanaz, que tuve el honor de recomendar.

"Doy muy sinceramente, en mi nombre y de mi hermano y tío, a V.M.I. y R. la enhorabuena de la satisfacción de ver instalado a su querido hermano el rey José en el trono de España. Habiendo sido siempre objeto de todos nuestros deseos la felicidad de la generosa nación que habita en tan dilatado terreno, no podemos ver a la cabeza de ella un monarca mas digno ni mas propio por sus virtudes para asegurarsela, ni dejar de participar al mismo tiempo el grande consuelo que nos da esta circunstancia.

"Deseamos el honor de profesar amistad con S.M., y este motivo ha dictado la carta adjunta que me atrevo a incluir, rogando a V.M.I. y R. que después de leída, se digne presentarla a S.M. Una mediación tan respetable nos asegura que será recibida con la cordialidad que deseamos. Señor, perdonad una libertad que nos tomamos por la confianza sin límites que V.M.I. y R. nos ha inspirado, y asegurado nuestro afecto y respeto, permitid que yo renueve los mas sinceros e invariables sentimientos, con los cuales tengo el honor de ser, Señor, de V.M.I. y R. su mas humilde y muy atento servidor.
Valençay, 22 de junio de 1808.

Firmado: FERNANDO".

Napoleón le rodeó de comodidades y de distracciones, entre las que se encontraba el bordar, labores de aguja e hilo en las que hacía competencia a su tío don Antonio. Desde su prisión de oro en Valençay, llegó a felicitar a Napoleón por sus victorias sobre las armas españolas, y  además era tal el grado de adulación de Bonaparte por parte de Fernando, que llegó a pedirle a aquél la mano de su sobrina Lolotte, hija de Luciano Bonaparte y de Catalina Boyer, aunque esto fue poco antes de la guerra, pero parecía sentirse como un miembro más de la familia Bonaparte, y no cejó en su empeño de emparentar con ellos llegando incluso a tener la feliz ocurrencia de pedir la mano de Zenaida Bonaparte, hija del rey intruso José I y de Julia Clary. A Talleyrand, que velaba su custodia, cuando le escribía le llamaba primo.

En la imagen, Fernando VII.




En este orden de cosas, se reunieron las Cortes en Cádiz, baluarte de la independencia y cuna de la libertad, después de venir de la Isla de León (San Fernando), y promulgaron ese ideal artículado en el que prevalecen las ideas de los oradores y políticos liberales como don Diego Muñoz Torrero, Agustín de Argüelles y Álvarez González, quien podría ser el diputado más reconocido de las Cortes de Cádiz y padre de la Constitución,  Isidoro de Antillón y Marzo, Juan Nicasio Gallego y Hernández del Crespo, José María Calatrava Peinado, o José Mexía Lequerica, entre otros. Fue sin duda  uno de los textos jurídicos más importantes del Estado español, por cuanto sentó las bases de constituciones posteriores. Considerada como un baluarte de libertad, fue promulgada en Cádiz en el Oratorio de San Felipe Neri el 19 de Marzo de 1812, día de la festividad de San José, por lo que popularmente fue conocida como “La Pepa”, casualmente el mismo día de la onomástica de José I Bonaparte, el rey intruso.

Compuesta de diez títulos con 384 artículos,  y es considerada como el primer código político a tono con el movimiento constitucionalista europeo contemporáneo, de carácter novedoso y revolucionario, y esto de revolucionario es con respecto a su contenido, y no  al estilo de la Revolución francesa, si no de carácter más español, adaptada a las circunstancias de la nación, desde la legalidad, por quienes eran los legítimos representantes, acordándola conforme a las normas procesales del momento, y como contrapartida o respuesta al Estatuto de Bayona, inspirado en el modelo de Estado constitucional bonapartista.

Si bien hay que reseñar que tenía algunas influencias o coincidencias con la Constitución francesa de 1791, pero es importante aclarar quiénes fueron los constitucionalistas de Cádiz. De facto, fueron en un principio 104 diputados que asistieron a la primera sesión y 223 que firmaron el acta de la última, aunque no son considerables pues no se tiene una verdadera constancia, y que la mayoría de los autores establece un número de  diputados clasificados de los cuales 97 eran eclesiásticos, de los que solo 5 eran obispos, prevaleciendo los de alto y medio clero secular, 60 abogados, 55 funcionarios públicos y 16 catedráticos, además de 4 escritores y dos médicos, añadiendo 37 militares de los cuales no podemos contabilizar si eran o no aristócratas (más adelante explicaremos el por qué de esto, ya que los militares de carrera eran aristócratas, y los que se supone que respaldaron la Constitución venían del mundo de las guerrillas), 8 nobles titulados y 9 marinos, además de 15 propietarios y 5 comerciantes.

Podemos decir que se trata pues de una minoría instruida que no opera según un consenso popular. La clase media silenciosa no participa en la acción política de Cádiz, ni la respalda, y este dato, es muy importante a tener en cuenta, para dar explicación a acontecimientos posteriores que marcaron con yerro candente la Historia de España.

En resumen, digamos que  los integrantes de las Cortes formaban una grupo heterogéneo en el que figuraban muchos burgueses liberales, funcionarios ilustrados e intelectuales procedentes de otras ciudades tomadas por el ejército del rey José, y miembros de las Juntas, que, huyendo de la guerra, se habían concentrado en Cádiz, ciudad-refugio protegida por la marina británica.

A causa de las dificultades de la guerra, la alta nobleza y la jerarquía de la Iglesia apenas estuvieron representadas en Cádiz.

Tampoco asistieron los delegados de las provincias ocupadas, (la mayoría), a los que se buscó suplentes gaditanos, lo mismo que a los representantes de los territorios españoles de América. Predominaban en las Cortes las clases medias con formación intelectual, eclesiásticos, abogados, funcionarios, militares y catedráticos, aunque no faltaban tampoco miembros de la burguesía industrial y comercial. No había, en cambio representación alguna de las masas populares: ni un solo campesino tuvo sitio en la Asamblea de  Cádiz; y tampoco hubo mujeres, carentes todavía de todo derecho político.

Mientras tanto, Fernando VII se dedicaba en Valençay a lo que mejor sabía hacer, véase como ejemplo la siguiente carta, en la cual, felicita a Napoleón por sus victorias contra los españoles que se batían en cuerpo y alma a muerte:

Señor: El placer que he tenido viendo en los papeles públicos las victorias que la Providencia corona sucesivamente la augusta frente de V.M.I. y R., y el grande interés que tomamos mi hermano, mi tío y yo en la satisfacción de V.M.I y R. nos estimulan a felicitarle con el respeto, el amor, la sinceridad y reconocimiento en que vivimos bajo la protección de V.M.I. y R.
Además era tal el grado de adulación de Bonaparte por parte de Fernando, que llegó a pedirle a aquél la mano de su sobrina Lolotte, hija de Luciano Bonaparte y de Catalina Boyer.   Asimismo, los miedos que Fernando arrastraba desde la infancia, le hicieron salir de Madrid para tener un encuentro con el Emperador de los franceses, paralizándole de tal modo que no pudo detenerse en Vitoria para intentar la fuga, con la consiguiente abdicación del trono español. Ya que Fernando parecía sentirse como un miembro más de la familia Bonaparte, no cejó en su empeño de emparentar con ellos. Y entonces llegó a tener la feliz ocurrencia de pedir la mano de Zenaida Bonaparte, hija del rey intruso José I y de Julia Clary.

En el próximo capítulo, trataremos sobre el título de MUERTE DE UNA ESPERANZA

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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Juanma_Breda el Sáb Ago 30 2014, 14:13

Me ha gustado. Me he informado de cosas que ignoraba.

Vamos, que fue una constitución de los que como le gustaría a nuestros políticos actuales que fuera, o sea, hacer una constitución que solo lo puedan votar ellos y el resto del pueblo español se mantiene al margen.

Así no es de extrañar que en 1.814 el pueblo español gritase "viva las cadenas" y apoyaron a Fernando VII a abolir una constitución que se hizo a españolas del pueblo español aunque hipocritamente de diga que esté hecho en su nombre.
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por hacer pensar el Sáb Ago 30 2014, 23:20

Gran Bretaña no tiene Constitución y se gobierna perfectamente, pero nosotros necesitamos unas normas, pero esta vez que se cumplan , como excepción, que hasta ahora no se han cumplido.
¿Sabeis cual es el país donde más y mejores leyes se dan pero menos se cumplen?

Ejemplo: "todos los españoles somos iguales ente la ley" 10. 000 aforados. " los españoles tienen derecho a un trabajo y a una vivienda digna" toma del frasco Carrasco.

Me apunto con Gallardón; que se queden en 22 aforados... y luego en el sigguiente paso en ninguno.
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Aingeru el Dom Ago 31 2014, 00:12

@hacer pensar escribió:Gran Bretaña no tiene Constitución y se gobierna perfectamente, pero nosotros necesitamos unas normas, pero esta vez que se cumplan , como excepción, que hasta ahora no se han cumplido.
¿Sabeis cual es el país donde más y mejores leyes se dan pero menos se cumplen?

Ejemplo: "todos los españoles somos iguales ente la ley" 10. 000 aforados.  " los españoles tienen derecho a un trabajo y a una vivienda digna" toma del frasco Carrasco.

Me apunto con Gallardón; que se queden en 22 aforados...  y luego en el sigguiente paso en ninguno.

Si, pero ¿sábes lo que pasa?...pues que para hacer esto, tienen que reformar la Constitución, y como bien dice una amiga mía, mucho me temo que sea una trampa.
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por hacer pensar el Dom Ago 31 2014, 09:03

Posiblemente en estos tiempos la Constitución se cambiaría precisamente en el sentido contrario al que hay que cambiarla, conn la excusa de que hay que decir que sí siempre en política...
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Aingeru el Jue Sep 04 2014, 20:35



MUERTE DE UNA ESPERANZA

Tras la llegada Valencia el 16 de abril de 1814, después de haber visitado algunas ciudades españolas, se encontró allí con el cardenal arzobispo de Toledo y de Sevilla, Luis de Borbón y Vallabriga, hermano de quien fuera María Teresa de Borbón y Vallabriga, esposa de Godoy. Era presidente de la Regencia y favorable a las reformas liberales de 1812. También se reunió con una representación de las Cortes de Cádiz presidida por Bernardo Mozo de Rosales, encargado de entregar al rey un manifiesto firmado por 69 diputados absolutistas (de los 284 que componían las Cortes), llamado Manifiesto de los Persas, que propugnaba la supresión de la Cámara gaditana y justificaba la restauración del Antiguo Régimen.



El manifiesto toma el nombre de una referencia que se contiene, al principio del mismo, sobre la costumbre de los antiguos persas de tener cinco días de anarquía tras la muerte del rey. Los firmantes comparan esa anarquía con el periodo de liberalismo imperante hacía dos años ("en los mayores apuros de su opresión", reza el título), equiparan la Constitución de 1812 a la Revolución Francesa y piden la restauración de los estamentos tradicionales del Antiguo Régimen. El documento sirvió de base al rey para decretar, el 4 de mayo siguiente, el restablecimiento del absolutismo. Aquí se deja constancia del párrafo en concreto:

"SEÑOR:
1.- Era costumbre en los antiguos Persas pasar cinco días en
anarquía después del fallecimiento de su Rey, a fin de que la
experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a
ser más fieles a su sucesor. Para serlo España a V. M. no necesitaba
igual ensayo en los seis años de su cautividad, del número de los
Españoles que se complacen al ver restituido a V. M. al trono de sus
mayores, son los que firman esta reverente exposición con el
carácter de representantes de España; mas como en ausencia de V.
M. se ha mudado el sistema que regía al momento de verificarse
aquélla, y nos hallamos al frente de la Nación en un Congreso que
decreta lo contrario de lo que sentimos, y de lo que nuestras
Provincias desean, creemos un deber manifestar nuestros votos y
circunstancias que los hacen estériles, con la concisión que permita
la complicada historia de seis años de revolución".

Entre otros artículos el Manifiesto declaraba las siguientes intenciones:

La monarquía absoluta es una obra de la razón y de la inteligencia; está subordinada a la ley divina, a la justicia y a las reglas fundamentales del Estado: fue establecida por derecho de conquista o por la sumisión voluntaria de los primeros hombres que eligieron sus reyes. Así que el soberano absoluto no tiene facultad de usar sin razón de su autoridad (derecho que no quiso tener el mismo Dios); por esto ha sido necesario que el poder soberano fuese absoluto, para prescribir a los súbditos todo lo que mira al interés común, y obligar a la obediencia a los que se niegan a ella. Pero los que declaman contra el poder monárquico, confunden el poder absoluto con el arbitrario;
sin reflexionar que no hay Estado donde en el constitutivo de la soberanía no se halle un poder
absoluto.
Los más sabios políticos han preferido esta monarquía absoluta a todo otro gobierno. El hombre en aquélla no es menos libre que en una república; y la tiranía aún es más temible en ésta que en aquélla. España, entre otros reinos, se convenció de esta preferencia y de las muchas dificultades del poder limitado, dependiente en ciertos puntos de una potencia superior, o comprimido en otros por parte de los mismos vasallos [...]
No pudiendo dejar de cerrar este respetuoso Manifiesto en cuanto permita el ámbito de nuestra representación y nuestros votos particulares con la protesta de que se estime siempre sin valor esa Constitución de Cádiz, y por no aprobada por V. M. ni por las provincias [...] porque estimamos las leyes fundamentales que contiene de incalculables y trascendentales perjuicios, que piden la previa celebración de unas Cortes españolas legítimamente congregadas en libertad y con arreglo en todo a las antiguas leyes.
(...) 20. Quisiéramos grabar en el corazón de todos, como lo está en el nuestro, el convencimiento de que la democracia se funda en la inestabilidad y la inconstancia; y de su misma formación saca los peligros de su fin (...) O en estos gobiernos ha de haber nobles, o puro pueblo: excluir la nobleza destruye el orden jerárquico, deja sin esplendor la sociedad.

21. La nobleza siempre aspira a distinciones; el pueblo siempre intenta igualdades: éste vive receloso de que aquélla llegue a dominar.
40. En fin, Señor, esta Constitución, firmada el 18 del propio marzo (...) dice: Que la Nación española es libre e independiente y no es ni puede ser patrimonio de nadie, ninguna familia o persona. Y el artículo 14 expresa que el gobierno de la nación española es una monarquía hereditaria: artículos inconciliables.
134. La monarquía absoluta es una obra de la razón y de la inteligencia: está subordinada a la ley divina, a la justicia y a las reglas fundamentales del Estado: fue establecida por derecho de conquista o por la sumisión voluntaria de los primeros hombres que eligieron sus Reyes (...) En un gobierno absoluto las personas son libres, la propiedad de los bienes es tan legítima e inviolable que subsiste aún contra el mismo soberano (...)
Madrid. 12 de abril de 1814



El 17 de abril, el general Francisco Javier de Elío (Pamplona, 1767 - Valencia, 1822) , al mando del Segundo Ejército, puso sus tropas a disposición del rey y le invitó a recobrar sus derechos. Para darle más fuerza a su juramento, los oficiales gritaron "¡Viva el rey! ¡Muera el que así no piense!". Este hecho puede ser considerado el primer pronunciamiento de la historia de España, y digamos que fue posteriormente uno de los principales responsables en la represión absolutista de la restauración borbónica de Fernando VII, siendo ejecutado tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1820, Revolución de la que luego hablaremos. En la imagen el general Elío.




El 4 de mayo de 1814, Fernando VII promulgó un decreto, redactado por Juan Pérez Villamil (instigador y autor intelectual del célebre Bando de Independencia o Bando de los alcaldes de Móstoles, que ha trascendido históricamente como el documento que inició Guerra de la Independencia) y Miguel de Lardizábal ( en 1815 perdió el favor del rey que lo encarcelaría en el castillo de Pamplona, este ilustre personaje fue el único mexicano pintado por Francisco de Goya y Lucientes, en 1815 ) que restablecía la monarquía absoluta y declaraba nula y sin efecto toda la obra de las Cortes de Cádiz:

" mi real ánimo es no solamente no jurar ni acceder a dicha Constitución, ni a decreto alguno de las Cortes sino el de declarar aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo, y sin obligación en mis pueblos y súbditos de cualquiera clase y condición a cumplirlos ni guardarlos".

El 5 de mayo, Fernando VII sale de Valencia y emprende una marcha triunfal hacia Madrid. El entusiasmo popular ante el retorno de El Deseado es inmenso. El régimen constitucional no es capaz de oponer resistencia y las Cortes son disueltas el 10 de mayo de 1814.

Toda esta tarea legislativa no significó un triunfo definitivo de los liberales, el pueblo se siente absolutista, no conoce este proceso revolucionario de Cádiz y por ello aclamará la llegada de Femando VII como rey absoluto. A partir de 1814, los españoles están divididos ideológicamente, esta ruptura se hará sangrienta a lo largo del XIX.



La restauración del absolutismo llenó las cárceles y presidios de África de patriotas que habían luchado por España en la Guerra de la Independencia, mientras el monarca pasaba su presidio dorado en Valençay, pero las razones de la sociedad estaban más que claras, y era que la Constitución no significaba en realidad el sentimiento de toda una Nación, y los desengaños serían significativos, ya que desde un principio, no se contó con los factores sociales más evidentes, entre ellos, la directa participación del pueblo. Comenzaba un período de seis años de gobierno en el que iban a dominar los sectores más reaccionarios de la sociedad:

La Iglesia encabezó una cruzada contra las ideas de libertad y democracia, y defendió a los partidarios del antiguo régimen; se restableció el Tribunal del Santo Oficio (la Inquisición), que se suprimió en las Cortes de Cádiz. Se suprime libertad de expresión y de asociación, donde muchas universidades expulsaron a profesores más abiertos a las ciencias e ideas liberales.

Toda esta tarea legislativa que significó la Constitución de 1812 no significó un triunfo definitivo de los liberales, el pueblo se siente absolutista, no conoce este proceso revolucionario de Cádiz y por ello aclamará la llegada de Femando VII como rey absoluto, y más que nada, por temor a otra Revolución como la francesa, contra la que habían luchado. A partir de 1814, los españoles están divididos ideológicamente, y esta ruptura se hará sangrienta a lo largo del XIX.

La realidad era que no pocas cuestiones se solventaban no en las Cortes de manera abierta, sino en los pasillos y en reuniones secretas o de que los diputados parecían más estar en una tertulia que al servicio de la nación. También de que, buscando el lucimiento, se elevaban perdiendo el contacto con la realidad, además las Américas, parte de España a la sazón, no estaban suficiente y legítimamente representadas; cómo además se pretendía que los diputados no tuvieran empleo en el Estado y, sobre todo, cómo constituía un gran error que las Cortes no fueran las que decidieran la regulación de los impuestos. Asimismo, la Constitución carecía de realismo al abordar las relaciones entre las Cortes y la Corona. Digamos que acabó fracasando no por la falta de patriotismo o de brillantez de sus redactores sino, fundamentalmente, por la manera en que éstos se dejaron llevar. La constitución refleja un marcado carácter liberal, incluso bastante desparejado con la forma de vivir a la que el pueblo estaba acostumbrado. Proponía medidas liberales imposibles de ser absorbidas por la sociedad de la época. Una constitución que obligaría a cambiar las estructuras de una nación frágil de un golpe, quizás demasiado, y además se vieron superados por un idealismo que les cegó ante la reacción que los grandes beneficiarios del Antiguo Régimen como fueron la monarquía absoluta y la iglesia católica, quienes se opondrían con las armas de un pueblo principalmente analfabeto, a sus avances.

En resumen, La mayoría de la nobleza se sentía herida por la supresión de los señoríos, y la mayoría de la jerarquía eclesiástica se oponía a las reformas liberales de forma hostil y belicosa. El pueblo llano experimentaba la esperanza, lógica después de los padecimientos de una guerra, en un futuro feliz en el que todos los males pasados tendrían remedio. Para los españoles de 1814 esa esperanza se centraba en la persona de Fernando VII el Deseado. La tensión entre partidarios y enemigos de las ideas liberales se trasladó al choque entre el rey y la Regencia. En este conflicto de poder ganará el más fuerte. Las tropas del segundo ejército mandadas por Elío, rindieron honores reales al monarca a pesar de haberlo prohibido la Regencia. Podemos decir en consecuencia que el rey desaprovechó una oportunidad única de lograr una convivencia entre las dos Españas que durante la guerra de la Independencia se habían formado, o que posiblemente, aprovechó la falta de apoyo del pueblo a una Constitución que no acababa de comprender, y en la que una importante parte de la sociedad estaba sin representar.
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En el próximo capítulo, trataremos sobre LOS MINISTROS Y LA CAMARILLA DEL SEXENIO ABSOLUTISTA.







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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Aingeru el Sáb Sep 13 2014, 18:20

LOS MINISTROS Y LA CAMARILLA DEL SEXENIO ABSOLUTISTA

En el nuevo gobierno absolutista, los secretarios y los Ministros no tuvieron la estabilidad deseable ni esperada. Las intrigas de la Corte y las acusaciones producían constantes cambios de ministros, pasando de  treinta los que hubo en seis años, y tanto el desorden como la inmoralidad de la Administración llegaron a extremos escandalosos, prueba de ello es  la colección de Decretos de  Fernando VII que da una falsa idea de que se llevaron a cabo numerosas medidas tendentes a reorganizar la situación del país, pero de hecho la lentitud burocrática hizo que todo quedara en meros deseos de reformas.

 Los nuevos ministros son incapaces de desarrollar una buena política. Medidas como la reinstauración de la Mesta (Gremio o asociación profesional de origen medieval que agrupaba a los ganaderos dedicados a la trashumancia), los gremios, los privilegios fiscales estamentales, la devolución de las propiedades desamortizadas, etc. llevan al país a una situación de bancarrota. La situación económica que encontró Fernando VII en 1814 fue deplorable: el país se encontraba destrozado, la agricultura esquilmada, la industria deshecha, las comunicaciones inservibles y las arcas de la Hacienda vacías. A todo ello hay que añadir el comienzo de la emancipación americana, que trajo como consecuencia el corte brutal de la llegada de metal acuñable y del comercio ultramarino, es decir,  la disminución de la llegada de remesas de plata americana. Pero también es conveniente recordar que el carácter del sistema de Fernando VII es el no tener ninguno y, por tanto, no se puede hablar de un programa coherente, de un criterio firme o de una línea política constante, y cuyo resumen fue la bancarrota al final de esos seis años de absolutismo, como se ha comentado.

En términos generales, los ministros de esta época absolutista, fueron gentes mediocres elevadas por el capricho del monarca. Macanaz fue acusado de cohecho con la venta de cargos en Filipinas y desterrado, el duque de San Carlos (José Miguel de Carvajal, Vargas y Manrique) separado, según reza el decreto "por su cortedad de vista", Martín de Garay desterrado, Felipe González Vallejo al presidio de Ceuta, estos últimos, por poner un ejemplo. Hay que decir que el monarca, en demanda de soluciones, llegó a designar a ministros de matiz liberal, como el propio Martín Garay o León y Pizarro, pero su gestión no fue más afortunada que la de otros.


Los secretarios no tuvieron más que autoridad aparente como los Consejos, ya que el poder lo tenía la "Camarilla". La palabra "Camarilla", en realidad había nacido ya en tiempos de Carlos IV, el cual solía conversar con sus allegados cortesanos en una pequeña cámara o habitación de Palacio, de ahí su nombre, y estaba cercana a sus habitaciones privadas, y de esta derivó la privanza de Manuel Godoy, y en el mismo sitio le dio a Fernando VII a conversar con todo tipo de gentes modestas, y no tan modestas, pero a saber de que su carácter era de conversador impenitente, gran fumador, populachero y que realmente le gustaba más el contacto con gentes modestas de las cuales aprendió bastante de la chulapería de los barrios bajos de Madrid.

Esta "Camarilla", aunque nunca fue un cuerpo organizado,  sí es cierto también que tampoco tuvieran todo el poder político que se les atribuía, ya que aunque existían unos cuantos habituales, su presencia no era regular, y su finalidad era por la desconfianza de Fernando VII, que quería saber a través del pueblo cómo lo hacían sus ministros, y en algunas ocasiones, a raíz del carácter desconfiado del rey,  funcionaba como válvula de escape y órgano consultivo. No caemos en una contradicción argumentar que la Camarilla era la que realmente tenía el poder, y que nunca fue un cuerpo organizado y sí de carácter variable, ya que así se demuestra el carácter de gobierno del propio rey absoluto: sin fundamento y carente de toda imaginación de gobierno.


Nos detendremos un poco en desmenuzar las características de algunos de los integrantes de esta Camarilla, para poder hacernos una idea del carácter de los acontecimientos que vinieron después, y de la falta de gobierno y del carácter mundano de un rey absoluto falto totalmente de ideas, y de idealistas para su pretensión.


Eran hombres de escasas luces, y en ella figuraba el antiguo preceptor Escóiquiz, Que había soñado con ser un ministro-cardenal de la talla de Cisneros o Richelieu, cuando no era más que un conspirador o intrigante, el adulador Antonio Ugarte, que había sido esportillero, maestro de baile y agente de negocios, interviniendo en algunos escándalos, que por la oscuridad de las cuentas dio con sus huesos en la cárcel (tema de los barcos de Rusia, por ejemplo). Otro consejero del Deseado fue el antiguo vendedor de agua de la Fuente del Berro, Pedro Collado, alias "Chamorro", que le hacía reír con sus chistes y gracias y burdas,  natural de Colmenar Viejo, se encumbró á la servidumbre de Fernando, cuando todavía era príncipe de Asturias. Su lenguaje truhanesco y su cómica garrulidad le merecieron algunas confianzas del príncipe, e iniciado en la conspiración del Escorial, estuvo preso e incluido en la sentencia de aquella causa. Había servido entonces Chamorro de espía de los demás criados, y celaba también la cocina por encargo de Fernando, que temía le envenenasen la comida.


Sentado en el solio el hijo de Carlos IV y de María Luisa, creció el favor de Chamorro; y habiendo acompañado al Monarca a Valençay, y elevádose a confidente intimo, regresó a España convertido en favorito. De tal suerte se había el Rey acostumbrado a las gracias y libertades de su criado, que no podía vivir sin su compañía, y en más de una ocasión esta planta, humilde pero venenosa, carcomió las raíces y abatió los cedros más excelsos.  Se dice de este bufón que se jactaba de haber echado abajo un Ministerio con un chiste dicho al rey al tiempo de estarle desnudando. Si al recorrer los años, cuyo cuadro trazamos, vemos cruzarse las intrigas más torpes, y no les encontrarnos significado político alguno, será preciso buscar la solución en el recinto del gabinete real, donde, lejos de todas las miradas, se ataban los hilos de la red en que enredados los ministros caían y se levantaban según el impulso de los actores.


No tardó en aparecer al frente de la camarilla, con desdoro del soberano a quien representaba, el bailío (agente de la administración real o señorial en un territorio determinado) Tattischetf, embajador ruso destinado en Madrid, estímulo y atizador de aquella fragua, siempre ardiendo y vomitando rayos contra la felicidad pública. El bailío ruso tuvo la destreza necesaria para persuadir a Fernando de las ventajas de su íntima alianza con Rusia para sostener el gobierno absoluto, culpando a los ingleses, como lo hizo Napoleón, de las novedades introducidas en España durante su estancia en Valençay. Fernando abrió, bajo los auspicios de Tatischeff, su cordial correspondencia con el emperador Alejandro. Según Villaurrutia, Tatischeff, con la ayuda de Antonio Ugarte (de quien hablaremos algo más detenidamente después), personaje destacado en la camarilla del rey, consiguió introducirse en este grupo, ganándose el favor  real hasta 1820. Seis años pasó ejerciendo, según este historiador, funciones de valido y siendo el verdadero árbitro de la política exterior de España. Dice también Villaurrutia que ponía y quitaba secretarios de Estado sin más dificultad. Parece todo esto un poco exagerado, aunque es indudable la influencia que llegó a tener Tatischeff en la Corte y la existencia de una camarilla que trataba de llevar al rey a su redil. Se le entregó a Tatischeff, por sus gestiones para la firma del Acta de Viena y la Santa Alianza, el Toisón de Oro el 9 de julio de 1816, alta merced nunca hasta entonces concedida a un embajador extranjero, lo que supuso un escándalo en su momento, por ser una prueba más o menos palpable de la influencia de Tatischeff en el Gobierno. A todo esto, hay que decir el mal efecto que había tenido esta condecoración en los británicos, ya que Inglaterra temía que la alianza hispano-rusa le restara influencia en la Península después de tantos sacrificios en la Guerra de la Independencia. En la imagen siguiente, Tatischeff.





D. Antonio Ugarte vino a Madrid desde Vizcaya, su patria chica, a buscar fortuna, siendo muy joven. Por algún tiempo estuvo de criado de esportilla, o mozo de plaza en casa del consejero de Hacienda D. Juan José Eulate y Santa. En la misma casa pasó luego a escribiente, pero salió de ella por un asunto desagradable. Entonces se tuvo que dedicar a maestro de baile. Entre los discípulos pudo contar, por su fortuna, a una señorita de Búrgos, la cual tomó en empeño favorecer a su maestro coreográfico, proporcionándole tanto discípulos como algunos negocios en que fuera agente: llegó a serlo de Indias, y más adelante de los cinco gremios. La fortuna empezó a sonreírle, pero mucho más cuando tuvo la suerte de que el embajador de Rusia, barón de Strogonoff,   le encargase la gestión de algunos negocios suyos particulares, que desempeñó con exactitud y esmero; de modo que habiendo de salir de Madrid el embajador precipitadamente en 1808, le dejó encargado de cuanto tenía en esta corte.
En ella siguió sirviendo a tirios y troyanos y a cuantos le proporcionaban negocios durante la guerra de la Independencia, de modo que, habiendo de marchar a Rusia don Francisco Zea Bermudez (embajador español, que posteriormente en tiempos de la regencia de María Cristina fue encargado de formar gobierno), que tenía allí relaciones mercantiles, a fin de obtener recursos a favor de España y contra el usurpador, fue Ugarte quien proporcionó en Madrid el pasaporte francés, añadiendo a éste una carta para Strogonoff, que también entregó al Sr. Zea, el cual poco después estipulaba el tratado de Velikie-Luki, en 12 de Setiembre de 1812, con el conde Nicolás de Romanzofí. Mediante este Tratado por el cual el zar, Alejandro I, que había entrado en guerra con Napoleón  establecía una alianza con España y reconocía la Constitución de Cádiz.


Dos años después vino de embajador de Rusia a España el bailío Tattischeff, de quien ya hemos hablado, y a quien Strogonoff había recomendado a Ugarte. Éste le sirvió, no ya como agente de negocios, sino como confidente en sus relaciones diplomáticas, lo cual dio gran importancia al propio Ugarte, pues gestionaba en la camarilla por cuenta del embajador, el cual a su vez le realzaba en la corte, paseando con él del brazo y distinguiéndole con no pocos honores, causando así algo de envidia y no poca extrañeza a sus antiguos discípulos de baile y clientela. En la imagen, Antonio Ugarte y su esposa.



Fernando VII  le confió el encargo de alistar la expedición que debía marchar al Rio de la Plata, para la pacificación de aquellos Estados. Faltaban buques, pero el bailío ofreció los que sobraban en Rusia, y al efecto se trajeron de allí á Cádiz cinco navíos y tres fragatas que estaban pudriéndose y casi desechados en los puertos de aquel país, que resultaron del todo inservibles para los mares meridionales y se pudrieron en la bahía de Cádiz,  Costaron aquellas piraguas apolilladas quinientas mil libras,  por lo que fue encarcelado en el alcázar de Segovia. Ugarte fue exiliado después de la revolución de 1820 y, tras restaurarse el régimen absolutista (1823), fue nombrado secretario del Consejo de Estado, pero, advertido el rey del poder que estaba adquiriendo, fue enviado como embajador a Cerdeña en 1825.
Hay que decir también que gracias  a su habilidad como intrigante, consiguió la caída del marqués de Campo Sagrado y su sustitución por Eguía.



Otro de la Camarilla eran Blas Gregorio de Ostolaza y Ríos, confesor de Fernando VII en Valençay, peruano de nacimiento y cuyo padre era oriundo de la villa guipuzcoana de Guetaria. Excelente orador. Fue uno de los firmantes del Manifiesto de los Persas, por lo que fue premiado con el título de confesor y capellán de honor de Fernando VII. Este singular personaje fue nombrado director del Hospicio de la Misericordia de Murcia, pero su conducta con los hospicianos y con las jóvenes hospicianas fue tal que se le denunció en 1817 por corruptor, fue encerrado en las cárceles de la Inquisición y después enviado, por orden del rey, al convento de las Batuecas. De allí pasó a Sevilla, en donde se le siguió el proceso que la Inquisición había reclamado para sí. La llegada de la Constitución supuso su traslado en 1820 a la Cartuja, desde donde intrigó contra la Constitución. En 1823 fue desterrado a Canarias, donde se adscribe al partido liberal y, un año después, vuelve a la Península, a Orihuela, en donde publica otro Sermón contra los voluntarios realistas.  En 1833, se unió a la causa carlista e intrigó en favor de los suyos hasta que, finalmente, fue detenido y luego fusilado. En resumen, cambiaba de bando conforme a las necesidades particulares. De absolutista y firmante de los Persas, a Liberal, y después a Carlista pasando por intrigante anticonstitucional.


El duque de Alagón, Francisco Fernández de Córdoba y Glimes de Brabant (después Francisco de Espés),  I duque de Alagón, señor y barón de Espés, barón de Alfajarín. Fue Jefe de la Guardia de Corps de Fernando VII y su consejero y amigo personal. Popularmente era conocido como Paquito Córdoba, individuo del real cuerpo de guardias de Corps, como hemos dicho,  y que nunca había visto la cara al enemigo, supo hallar el camino para llegar en el corto espacio de cuatro años á ser duque de Alagon, grande de España de primera clase, caballero del Toison de Oro, gran cruz de Carlos III y capitan de la guardia de la real persona.  Hubiera sido muy útil al Rey y a los españoles que semejante hombre no hubiese entrado jamás por las puertas de palacio, según palabras de D.Jose Presas.  Otro integrante de la Camarilla, y otro guardia de Corps que en la historia de España supo valerse de las necesidades más intimas de una reina, o en este caso, de un rey, quien le concedió el grado de Capitán General, y quien le preparaba al rey amores extraoficiales, en ocasiones, junto a un conocido que ya hemos nombrado, Chamorro.


Y aquí cabe adecuar un relato interesante sobre estas costumbres del rey, ya que, sabedores como eran los enemigos del Deseado de sus salidas nocturnas, se confabuló lo que se dió a llamar "La Conspiración del Triángulo", nombre que se dio a la intentona que una sociedad secreta masónica dirigida por el valenciano Ramón Vicente Richart, puso en marcha en febrero de 1816. Se le conoce como del triángulo porque acentuaban el secretismo actuando en grupos de tres personas. Cada uno de los conjurados tenía que buscar el apoyo de otros dos, a los que sólo él conocía y así sucesivamente. De modo que si caían en manos de la policía no pudiesen delatar más que a dos personas.


En el mecanismo conspiratorio, estaban implicados militares y civiles, muchos de ellos masones ya que la masonería contribuía muy activamente en la difusión del liberalismo, pero debido al secretismo no podemos saber exactamente quien estaba detrás, aunque también es justo decir que no podemos caer en el error en identificar a los masones siempre con los liberales, pues en esa asociación secreta, en España muy respetuosa con el catolicismo, había absolutistas, liberales y profesionales, sobre todo militares, que no es fácil de encuadrar en ideologías generales.

El presunto objetivo era asesinar a Fernando VII en una casa de citas y posteriormente proclamar la constitución de 1812, aunque como veremos seguidamente el asesinato del rey no se puede decir que fuera prioritario, ya que realmente fue desmentido posteriormente por dos cabos de granaderos llamados Francisco Leyva y Victoriano Illán, con quienes había contactado Richart, y a quien traicionaron después agobiados por el miedo.

Además de Richart, pudieron participar en el intento de regicidio, Espoz y Mina, Rafael de Riego , Juan Díez Porlier y luis Lacy, pero esto se supo después, ya que en su momento era complicado de verificar, precisamente por su carácter esencial. El plan consistía en matar al rey de España cerca de la Puerta de Alcalá, cuando se dirigía durante sus paseos nocturnos a la cita habituales de su “vida privada”. Muchas noches salía el Rey de Palacio, disfrazado y sin más compañía que Chamorro y el duque de Alagón, dirigiéndose a casa de una hermosa andaluza llamada «Pepa la Malagueña», donde debía ejecutarse el plan del regicidio, en la habitación de aquella mujer, donde era fácil penetrar. La conspiración fue descubierta por una traición, cuya consecuencia fue la detención del director de la conspiración, el general Richard y un total de 50 sospechosos. Fueron juzgados y declarados culpables de traición y condenados a la pena de muerte sólo dos, el propio Richart, y su colaborador, Baltasar Gutiérrez, pues el mecanismo del triángulo impidió que se conociese quienes estaban implicados. La solidaridad entre los conjurados funcionó y el silencio en los interrogatorios hizo que a pesar de ser detenidos unos 50 sospechosos, como hemos dicho antes, no se pudiese imputar a muchos.

Hay otros autores que dan otra versión, dando a entender que la llamada Conspiración del Triángulo, que por cierto fue un método ideado por el alemán de origen judío Johann Adam Weishaupt, célebre por ser el fundador de una rama de la masonería conocida como los “Illuminati”, no existió verdaderamente, y que se trata más bien de un término apócrifo, basándose en que de haber sido real, no habrían sido detenidos tantos imputados, pero lo cierto es que sí se produjo la conspiración, aunque también se puede tener duda si su finalidad era la muerte de Fernando VII, ya que este hecho hubiera propiciado el reinado de su hermano Carlos, de ideología mucho más absolutista y hermética, con lo cual, se tiende más a la idea de que la finalidad era raptar al rey, para obligarle a jurar una Constitución más abierta, más ilustrada y en definitiva más reformista.



Lo cierto es que el 6 de mayo de 1816 fueron ahorcados y posteriormente decapitados en la Plaza de la Cebada de Madrid. Conviene recordar este sitio, para más adelante, pues volverá a ser testigo de otro suceso importante.

En la imagen, la Plaza de la Cebada en la época.




En un escrito de la época, se dice lo siguiente:

»El mismo duque (se refiere al duque de Alagón), el conde de Puñonrostro (Juan José Matheu y Arias Dávila. 1802-1836. XII conde de Puñonrostro. Firmante de la Constitución de Cádiz,  la Regencia lo nombró diputado suplente por Quito, de donde era natural), gentil hombre de cámara, y otros palaciegos, presumidos de graciosos, en las conversaciones familiares, procuraban con chistes y palabras lisonjeras persuadir a Fernando que nadie era capaz de sorprender su perspicacia.

»No era fácil que el Rey pudiese presumir ni aún remotamente que éstos y otros palaciegos en aquella misma ocasión lo engañaban, pues entonces fue, cuando lograron para sí y para otros, empleos, dignidades, distinciones y la particular gracia con que S.M. premió su fidelidad mal entendida, con la cesión de una parte del territorio de las Floridas, en la que fueron considerados Alagón, Puñonrostro y D. Pedro Vargas, tesorero particular de S. M.; pero estos miserables, sin tener conocimiento alguno del estado de los negocios, y confiados únicamente en sus intrigas y manejos clandestinos, se vieron poco tiempo después, y cuando menos lo pensaban, privados de esta propiedad, lo que se verificó en virtud del tratado hecho con los Estados-Unidos, que S. M. ratificó en 25 de Octubre de 1820, a cuyo favor dio y donó en toda propiedad y soberanía la Florida Oriental y Occidental, anulando expresamente las tres concesiones hechas a favor del duque de Alagón, Puñonrostro y Vargas.»


Estos eran, entre otros, los miembros de la "Camarilla", y decimos entre otros porque hubo algunos más, y de las más bajas escalas de la sociedad, pero por carecer de renombre e importancia, nos hemos limitado en poner aquí a algunos de los más importantes, para hacernos una idea de cómo funcionaba el gobierno del Deseado Fernando VII. Lo cierto, es que en la tertulia del regio Alcázar se despachaban asuntos de Gobierno, se elevaba o se decretaba la caída de altos funcionarios, se preparaban aventuras galantes, se repartían prebendas o cargos a políticos, se escuchaban delaciones y se premiaba a los delatores pues los tertulianos se denunciaban también entre sí, y se imponían castigos de puño y letra del rey.

La popularidad real disminuyó de forma progresiva, y el malestar producido originó varias sublevaciones que fracasaron, pero triunfó la de 1820, que se conoce vulgarmente como la sublevación de Riego, de la que más adelante hablaremos, y que dio pie al Trienio Constitucional.

Otra prueba de la nefasta actuación del gobierno de Fernando VII en esta época, es la política internacional, en cuanto a la defensa de los intereses de España, ya que se puede catalogar de desorientada. Prueba de ello fue la negociación llevada a cabo en el Congreso de Viena por el enviado de Fernando VII Pedro Gómez Labrador, Marqués de Labrador (Valencia de Alcántara 1772 - París 1850). Don Pedro Gómez Labrador fue un diplomático y noble español que representó a España en el Congreso de Viena (1814-1815). Labrador no consiguió los objetivos diplomáticos que se le encomendaron, que pasaban por restaurar en el trono de las antiguas posesiones españolas de Italia a los Borbones, que habían sido depuestos por Napoleón, y de restablecer el control de España sobre las colonias americanas, las cuales se habían rebelado durante la invasión napoleónica de España.


El Marqués de Labrador ha sido casi universalmente condenado por los historiadores por su incompetencia en el congreso, en el cual España no logró ninguna de sus metas diplomáticas. En algunos libros de historia aparece que fracasó debido a: "... Su mediocridad, su carácter altivo y su total subordinación a los caprichos del círculo íntimo del rey, es decir, a la Camarilla, por lo que no consiguió nada favorable.  El Duque de Wellington lo refirió como "el hombre más estúpido que he visto en mi vida". Lo único que   consiguió fue el desprecio hacia los intereses españoles, como eran los derechos relativos a la devolución de Luisiana y el reconocimiento de las posesiones americanas.  Su decadencia política se vio evidenciada posteriormente  debido a su apoyo al Carlismo.

No es nuestra intención formar aquí capítulo aparte, o adosado al principal sobre el papel de este hombre en lo que se refiere al famoso Congreso de Viena, pero, intentando hacer justicia histórica, es preciso mencionar que si realmente no se consiguió nada en el mencionado Congreso, no debemos juzgar como culpable absoluto al ilustre extremeño, prueba de ello puede servirnos tomando como base algunos documentos del Fondo documental del Marqués del Labrador. En un artículo de la revista La España, fechado el día 11 de septiembre de 1855 y Conservado en este fondo documental, se hace referencia al papel del Marqués en el Congreso de Viena y queda claro de que el Marqués defendió sus tesis con gran energía y patriotismo, pero no pudo hacer todo lo que le hubiera gustado, por las presiones recibidas desde la corte española:

“La Revista invoca el grande interés que tendrá España en que su voz sea escuchada el día en que se trate de un nuevo arreglo territorial en Europa. Títulos más poderosos que ninguna otra nación nos asistían cuando en 1815 se hicieron los tratados de Viena, y sin embargo, sabido es el triste papel que representamos en aquel congreso. El espíritu de partido ha vulgarizado la especie de que los diplomáticos españoles sacrificaron vergonzosamente los intereses de su patria, y éste es un error manifiesto. El Marqués de Labrador, de cuya capacidad podrá haber muchos que duden, pero cuyo patriotismo está al abrigo de toda sospecha, hizo cuanto pudo para sacar el partido a que tan justamente tenía derecho España. No sólo abogó con energía en pro de los intereses que representaba, sino que protestó todos los actos y decisiones que consideraba perjudiciales, y llevó su tenacidad hasta tal punto que, por su negativa, estuvieron mucho tiempo abiertos los protocolos, y no los hubiera firmado de no haber recibido orden expresa de la corte de Madrid. Era tan grande la insistencia del Marqués, que fatigado un día Lord Wellington de sus repetidas protestas, le dijo en tono un tanto burlón, que hablaba como si fuera el embajador de Carlos V, a lo cual contestó Labrador con notable oportunidad «Si yo fuera, señor duque, embajador de Carlos V, no hablaría tanto, pero en cambio haría más de lo que ahora puedo hacer «. Con tan significativa respuesta queda explicado el Congreso de Viena por lo que respecta a España”.


En resumidas cuentas, queda aquí de manifiesto que el verdadero culpable fue quien  condujo la política exterior e interior de España, que bien pudo ser el propio rey, directamente, o la Camarilla a la que hemos aludido en el presente capítulo, pero no debemos obviar la responsabilidad directa de la toma de decisiones. En una de sus cartas, fechada el 20 de mayo de 1815, sobre el Congreso de Viena,  Labrador dice lo siguiente:

“... Los ministros de cuatro potencias que se creen árbitros de la Europa, se reunían y reúnen casi diariamente, pero lo que tratan o no lo sabemos los demás o lo sabemos por contrabando... He notado que los ingleses miran a Londres como el centro del Universo, y quieren que sea su gobierno el tribunal de apelación hasta del Congreso Europeo...”.

En la imagen, Pedro Gómez Labrador.




En el próximo capitulo sobre este tema de la Constitución española de 1812, trataremos sobre el título OPOSICIÓN Y CAÍDA DEL ABSOLUTISMO.

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Última edición por Aingeru el Vie Sep 19 2014, 21:37, editado 1 vez
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por URSINO el Sáb Sep 13 2014, 20:36

España estuvo desde 1939 hasta 1978 sin constitución, y no pasó nada. Al menos nada peor que lo de ahora. La de 1812 y la de ahora, son producto de la masonería y el sionismo, que no conoce de profesiones o de pueblos. Por eso estaban representadas sólo las clases medias-altas, todas, menos el pueblo llano en la del 12. No interesaba. Ni ahora tampoco.

Las constituciones como la actual y las de entonces, sólo engendraron camarillas y corruptelas, como acaba generando la masonería en sus filas. Una constitución decía mi poco admirado Napoleón, debe ser corta y oscura. Para eso, mejor ninguna. No hay que ponerse nerviosos por eso. En España siempre se funcionó mejor si ellas.
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Aingeru el Sáb Sep 13 2014, 22:43

@URSINO escribió:España estuvo desde 1939 hasta 1978 sin constitución, y no pasó nada. Al menos nada peor que lo de ahora. La de 1812 y la de ahora, son producto de la masonería y el sionismo, que no conoce de profesiones o de pueblos. Por eso estaban representadas sólo las clases medias-altas, todas, menos el pueblo llano en la del 12. No interesaba. Ni ahora tampoco.

Las constituciones como la actual y las de entonces, sólo engendraron camarillas y corruptelas, como acaba generando la masonería en sus filas. Una constitución decía mi poco admirado Napoleón, debe ser corta y oscura. Para eso, mejor ninguna. No hay que ponerse nerviosos por eso. En España siempre se funcionó mejor si  ellas.

Has dado precisamente en el clavo, como se dice vulgarmente, y es que precisamente, Ursino, donde empiezan las libertades de unos, terminan las de otros. Ni aquella ni esta, son constituciones libres ni mucho menos, justas. Es un periodo de nuestra historia muy importante, y a veces, conviene recordar el pasado, para no caer en el error de repetir determinados acontecimientos. La masonería, aunque parezca un mito del pasado, sigue teniendo sus vínculos en el presente más que nada, por vicio de la costumbre en llamar libertad, a lo que en realidad es libertinaje.
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Luego Cabalgamos el Dom Sep 14 2014, 13:02

Creo que estáis siendo un poco injustos con la Constitución del 1812. No podemos olvidar que culminó el proceso de entronización de España como primera nación política de Europa. Su contribución al derrocamiento del Antiguo Régimen es otra cosa que siempre se olvida, aunque fuese una carta con muchos defectos, también era típicamente española y en gran medida, más tradicionalista que liberal. Otra cosa es que luego el liberalismo dejara un legado de tragedia en el siglo XIX español.
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por URSINO el Dom Sep 14 2014, 14:32

@Luego Cabalgamos escribió:Creo que estáis siendo un poco injustos con la Constitución del 1812. No podemos olvidar que culminó el proceso de entronización de España como primera nación política de Europa. Su contribución al derrocamiento del Antiguo Régimen es otra cosa que siempre se olvida, aunque fuese una carta con muchos defectos, también era típicamente española y en gran medida, más tradicionalista que liberal. Otra cosa es que luego el liberalismo dejara un legado de tragedia en el siglo XIX español.

Es cierto, el liberalismo masónico se apropió de lo, que reconozco tuvo de aprovechable, como era su marcado acento español, como dices. Llevó el agua a su molino, y la radicalizó en favor del antiespañolismo origen del separatismo y de una mal entendida idea de la representación a través del nefasto "gobierno" de los partidos
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Aingeru el Dom Sep 14 2014, 16:12

@Luego Cabalgamos escribió:Creo que estáis siendo un poco injustos con la Constitución del 1812. No podemos olvidar que culminó el proceso de entronización de España como primera nación política de Europa. Su contribución al derrocamiento del Antiguo Régimen es otra cosa que siempre se olvida, aunque fuese una carta con muchos defectos, también era típicamente española y en gran medida, más tradicionalista que liberal. Otra cosa es que luego el liberalismo dejara un legado de tragedia en el siglo XIX español.


Mira Luego Cabalgamos, me alegra mucho ver que te interesa el tema, y no sabes cuánto te agradezco tus comentarios, pues debes saber que este tema, me ha llevado meses de trabajo, de lectura y de trancripción de datos y documentos gracias sobre todo a mi amigo Miguel, del Archivo Histórico Nacional, y a la lectura de bastantes libros sobre el tema que aquí nos ocupa.

Ya se que no debe ser considerado como un trabajo de texto que sirva como modelo de opinión, puesto que a fin de cuentas, lo que aquí se trascribe es la realidad de lo que aconteció en aquellos años tan importantes en el devenir de la Historia de España, y te invito a que tengas paciencia, ya que tras el próximo capitulo que se titula OPOSICIÓN Y CAIDA DEL ABSOLUTISMO, viene otro que supongo que te interesará más, y dará respuesta a tus preguntas. Se titula EL TRIENIO CONSTITUCIONAL, no quiero adelantar acontecimientos aquí, ahora, ya que no tendría sentido. El trabajo hace ya muchos meses que está terminado, y he tomado la decisión de aportarlo íntegramente en este foro, ya que me parece adecuado hacerlo, pero todo en su momento. Ya verás como todas tus inquietudes tienen su respuesta medida, pero te adelanto que la intervención de los llamados veinañistas, fue decisiva en muchos acontecimientos, y además, hay otro dato…supongo que habrás oído hablar del Manifiesto Realista de 1826, bueno, pues fue falso, tan falso como el Tratado de Verona de 1822, aunque nada tenga que ver este último con el tema. Todo a su tiempo, amigo, todo a su tiempo. UN SALUDO.
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Re: LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812. CAUSAS Y EFECTOS.

Mensaje por Aingeru el Dom Sep 14 2014, 16:22

@URSINO escribió:
@Luego Cabalgamos escribió:Creo que estáis siendo un poco injustos con la Constitución del 1812. No podemos olvidar que culminó el proceso de entronización de España como primera nación política de Europa. Su contribución al derrocamiento del Antiguo Régimen es otra cosa que siempre se olvida, aunque fuese una carta con muchos defectos, también era típicamente española y en gran medida, más tradicionalista que liberal. Otra cosa es que luego el liberalismo dejara un legado de tragedia en el siglo XIX español.

Es cierto, el liberalismo masónico  se apropió de lo, que reconozco tuvo de aprovechable, como era su marcado acento español, como dices. Llevó el agua a su molino, y la radicalizó en favor del antiespañolismo origen del separatismo y de  una mal entendida idea de la representación a través del nefasto "gobierno" de los partidos

Veo que conoces bastante bien el tema, Ursino, con lo cual me eres de mucha ayuda, cosa que te agradezco enormemente, pero es que además de lo que dices, que es cierto, existe otra cuestión entre las muchas que llaman la atención en el articulado constitucional, y es que la capacidad de decisión pertenece a las Cortes en cuya composición predomina la burguesía, y se excluye asimismo a quienes no tengan una cierta posición económica al exigir a los diputados una renta anual procedente de bienes propios (art.92). En el capítulo EL TRIENIO CONSTITUCIONAL, que llegará pronto, ya queda expuesto este, y otros puntos interesantes.
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