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Misterios y Mitologia

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Re: Misterios y Mitologia

Mensaje por José Francisco el Mar Ago 16 2016, 17:18

10 grandes autores adictos a las drogas
Posted: 15 Aug 2016 09:16 AM PDT

10 grandes autores adictos a las drogas.




Las drogas y la literatura no necesariamente están vinculadas, aunque de hecho existan varios casos de notable asimilación.

Si bien el consumo de drogas no es un requisito indispensable para que un autor pueda acceder a los sótanos de su conciencia y enfrentar a los miedos primordiales que lo pueblan, tampoco una vida frugal, libre de colesterol y sobresaltos hepáticos, nos aseguran ese grado de indiscreción.

En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de 10 grandes autores adictos a las drogas. Naturalmente, podríamos citar docenas más de ellos, quizás cientos, pero difícilmente con el mismo nivel de compromiso con la adicción, la autodestrucción y el arte de escribir para socavar el infierno personal, la esclavitud que supone cualquier atadura física y emocional a las drogas.

En esta lista evitaremos la adicción al alcohol, la cual merece un capítulo aparte. 


10- John Keats.


John Keats fue un notable poeta del siglo XIX. A pesar de su enorme genio, sus progresos eran muy lentos, a tal punto que publicó su primer poema apenas cuatro años antes de su muerte, que de hecho se produjo de forma prematura, a los 25 años de edad, debido a la tuberculosis.

De una lentitud pasmosa John Keats pasó a la productividad más impresionante. A comienzos de 1819, se volvió adicto al opio, lo cual le trajo aparejado un sinfín de malestares físicos pero también un ritmo de composición asombroso. En pocos meses creó sus poemas más conocidos: Oda a un ruiseñor (Ode to a Nightingale) y Oda a la indolencia (Ode to Indolence); los cuales parecen evidenciar un corte abrupto, un quiebre, con sus primeras obras.

Como a muchos niños de aquella época, a John Keats también se le administró láudano desde muy temprana edad para tratar los efectos letales de la diarrea.



9- Charles Baudelaire.


El autor francés Charles Baudelaire, creador de Las flores del mal (Les fleurs du mal), fue un miembro activo del Club de Hachichins (Hashish Club), donde entabló amistad con otros artistas de la época, como Alejandro Dumas y el pintor Eugène Delacroix.

Charles Baudelaire no solo se volvió un consumidor frecuente del hashish, sino que también escribió sobre sus virtudes terapéuticas —totalmente desacreditadas en nuestros días— y la facilidad con la que esta sustancia podía inducir estados vecinos de la inspiración.



8- Samuel Taylor Coleridge.


Samuel Taylor Coleridge obtuvo la inmortalidad a través de dos poemas impresionantes: La balada del viejo marinero (The Rime of the Ancient Mariner) y Kubla Khan (Kubla Khan). De hecho, toda su obra poética posee un aura etérea, anhelante, como si hubiese sido construida dentro de un sueño.

Samuel Taylor Coleridge no se enorgullecía de su adicción; de hecho, la ocultaba como un secreto bastante incómodo. Por ejemplo, aseguraba que Kubla Khan había sido compuesto durante el sueño, sin aclarar que ese sueño era en realidad una ensoñación inducida por el consumo de opio, en este caso, para tratar los síntomas de la disentería.

Samuel Taylor Coleridge comenzó su adicción cuando era un estudiante, y durante cuarenta años construyó una resistencia admirable contra sus efectos, a tal punto que podía llegar a consumir dos cuartos de botella de láudano (derivado del opio) en una semana.

Para poner en perspectiva esa dosis descomunal hay que calcular que, en el siglo XVIII, las concentraciones de láudano contenían 10 mg. de morfina por mililitro; lo cual se traduce en unos 18.9 gramos de morfina por semana para la dieta de Coleridge. Solo se necesita 1.2 gramos de esta sustancia para matar a un caballo.



7- Percy Shelley.


En una época difícil para ejercer la libertad personal, Percy Shelley se volcó al opio para alterar su conciencia y ejecutar acciones consideradas totalmente inadecuadas para la sociedad.

Tanto él como su futura esposa, Mary Shelley —autora de Frankenstein (Frankenstein)—, se entregaron al abrazo devastador del dragón verde. Años después, esas experiencias se transformaron en frecuentes episodios de confusión, pesadillas, espasmos, convulsiones, y al menos un intento de suicidio.

Según sus propias observaciones, el opio era una especie de catalizador de la creatividad de Percy Shelley; sin embargo, lo esclavizaba en el resto de las áreas de su vida cotidiana, perjudicando con particular énfasis su salud mental y estabilidad emocional, al punto de conducirlo a verdaderos arrebatos de locura.



6- Elizabeth Barrett Browning.


Elizabeth Barrett Browning fue una de las más reconocidas poetisas victorianas. A su increíble productividad hay que sumarle otras ocupaciones, por ejemplo, sus campañas contra la esclavitud y varias reformas legislativas vinculadas al trabajo infantil y los derechos de la mujer.

Por prescripción médica, Elizabeth Barrett Browning empezó a consumir láudano (más precisamente, tintura de opio) a los 14 años de edad para suavizar los terribles dolores que sufría en la columna y el cuello.

Los dolores la acompañaron durante el resto de su vida, así como el láudano y la morfina. A los 20 años de edad, la adicción era una parte esencial de su rutina diaria. Elizabeth Barrett Browning consumió su última dosis el 29 de junio de 1861, cuando contaba con apenas 37 años. Horas después, su cuerpo sin vida fue hallado en la cama, según los dichos de su esposo, el poeta Robert Browning, con una sonrisa rígida tallada en el rostro.



5- Aleister Crowley.


Aleister Crowley, más conocido por sus aportes al ocultismo y el esoterismo, también fue un excelente poeta; y quizás habría llegado a ser uno realmente genial si hubiese evitado frecuentar ciertas adicciones particularmente desagradables.

Después de haber consumido heroína para tratar su asma, Aleister Crowley se convirtió en adicto. En su obra:Confesiones (Confessions), el mago realiza un minucioso repaso por sus sustancias predilectas: peyote, marihuana, morfina, mescal, ether, opio. Murió en 1947 de una complicación respiratoria producida por su primer gran amor: la heroína.



4- Robert Louis Stevenson.


Robert Louis Stevenson fue un consumidor frecuente de cocaína, por aquel entonces, una sustancia legal. Estaba enfermo de tuberculosis y las drogas servían para paliar las terribles dolencias y malestares que padecía prácticamente todo el tiempo. No obstante, el consumo trajo aparejadas otras prestaciones.

Casi inválido, incapaz de realizar las tareas más elementales, Robert Louis Stevenson llegó a escribir más de 60.000 palabras en cinco días. No cualquier tipo de palabras, como fácilmente podríamos atribuirle a un adicto fuera de control, sino las que conforman la totalidad de la novela: El extraño caso del doctor Jeckyll y mr. Hyde (The Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde); la cual menciona un polvo blanco capaz de transformar a alguien correcto y agradable en un detestable criminal.



3- William S. Burroughs.


William S. Burroughs escribió más de 18 novelas y una cifra incalculable de relatos. Su obra más famosa, sin embargo, no tiene nada que ver con la ficción: Junkie, autobiografía despiadada, relata precisamente su experiencia como adicto a las drogas, de todo tipo, clase y frecuencia.

Burroughs manifiesta un punto de vista negativo acerca del uso de drogas como forma de aumentar la creatividad. Por el contrario, opina que las drogas solo aumentan la productividad del escritor mediocre:

Ya sea si la aspiras, la fumas, la comes, o si te la metes por el culo: el resultado es el mismo.

(Whether you sniff, it smoke it, eat it, or shove it up your ass, the result is the same)



2- Philip K. Dick.


Philip K. Dick, que dicho de paso también sufría de esquizofrenia, fue un verdadero maestro de la ciencia ficción. Publicó 44 novelas y 121 relatos fantásticos, muchos de los cuales fueron escritos bajo el abuso de anfetaminas.

Buena parte de sus novelas se basan en personajes incapaces de diferenciar la realidad de la psicosis; de hecho, el propio Philip K. Dick solía tener alucinaciones frecuentes acerca de un gigantesco rostro metálico que lo observaba desde el cielo, y hasta llegó a considerar la posibilidad de que su cuerpo estuviese poseído por el espíritu del profeta Elías.

Las drogas lo convirtieron en un sujeto paranoico; lo cual se refleja en un episodio ocurrido en 1971, donde un ladrón común ingresó a su domicilio. Durante los siguientes 11 años, Philip K. Dick escribió docenas de miles de páginas acerca de una conspiración mundial. La hipótesis más interesante deduce que él mismo fue aquel ladrón, y que su cerebro habría sido lavado por una agencia gubernamental desconocida.

En 1982, a la edad de 54 años, Philip K. Dick sufrió dos derrames cerebrales y murió pocos días después. Dentro de su interminable lista de genialidades podemos mencionar: El hombre en el castillo (The Man in the High Castle),Ubik (Ubik)SIVAINVI (VALIS)Podemos recordarlo por usted (We Can Remember It for You Wholesale) yUna mirada a la oscuridad (A Scanner Darkly).



1- Thomas De Quincey.


Thomas De Quincey escribió el primer libro sobre adicciones a las drogas de occidente: Confesiones de un inglés comedor de opio (Confessions of an English Opium-Eater).

Si bien Thomas De Quincey cayó en las garras del opio al utilizar esta sustancia como tratamiento para la neuralgia, rápidamente se convirtió en un adicto. Para 1813 se encontraba totalmente obsesionado con el consumo, el cual se acentuaba durante breves pero horrorosos períodos de abstinencia.

De Quincey, en parte gracias a la traducción de Charles Baudelaire, titulada Los paraísos artificiales (Les paradis artificiels), se convirtió en un referente de la literatura más oscura del período, y en uno de los ejemplos más perturbadores de lo que la adicción a las drogas puede hacer con la integridad del hombre.

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Mensaje por Arus el Sáb Sep 17 2016, 18:08

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Las sectas satánicas

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Re: Misterios y Mitologia

Mensaje por José Francisco el Miér Sep 21 2016, 17:55

Necronomicón: la verdadera historia




Necronomicón: la verdadera historia.




H.P. Lovecraft siempre fue un entusiasta creador de libros apócrifos. A menudo utilizaba estas herramientas narrativas con una precisión innata, inigualable, e imitada hasta el hartazgo por los acólitos de su Circulo literario.

Hoy hablaremos del mayor ejemplo de mitificación en la literatura moderna: El Necronomicón.

H.P. Lovecraft creó el mito del Necronomicón como engranaje para sus relatos; una forma de anclar lo sobrenatural dentro de un marco coherente y aceptable, en este caso, un antiguo libro maldito.

Ahora bien: ¿qué oculta el Necronomicón y en qué consisten sus páginas?

Podemos pensar el Necronomicón como un grimorio dedicado a las artes negras, fundamentalmente a la nigromancia.

Allí se funden algunos siniestros rituales prearios, con otros ritos conocidos y documentados por los folkloristas.

En el Necronomicón también se revelan algunas espantosas ilustraciones. H.P. Lovecraft las utiliza en varios relatos, por ejemplo, en el primer cuento en donde se menciona al Necronomicón: El sabueso (The Hound), de 1922.

Para dar un breve resumen de la historia del Necronomicón es imprescindible entender su naturaleza apócrifa.

Paradójicamente, hablar del Necronomicón cómo un libro apócrifo puede ser un error insoslayable. Se dice que algo es apócrifo cuando se quiere marcar su carácter falso o ficticio, sin embargo, la traducción literal de la palabra griega apócrifo sería "lo oculto"; de apos, "lejos", y kryptein, "ocultar").

De este modo, en vez de catalogar al Necronomicón como un libro de ficción estaríamos otorgándole un valor histórico concreto.

Según lo comenta el propio H.P. Lovecraft, el verdadero nombre del Necronomicón es Al Azif. Fué escrito en el año 730 d.C. por el árabe loco Abdul Alhazred; cuyo nombre puede rastrearse hasta las páginas de las Mil y una noches.

El libro fue traducido al griego con el nombre de Necronomicón por Theodorus Philetas en el año 950 d.C.; el patriarca Miguel ordenó su destrucción en 1050; Olaus Wormius lo tradujo del griego al latín en 1228; en 1232 el papa Gregorio IX suprimió las ediciones latinas y griegas, pero una misteriosa edición alemana apareció en el siglo XVI. Finalmente, el Necronomicón fue reimpreso en Italia entre los años 1500 y 1550, y en el siglo XVII se publicó una edición española. Este último es el Necronomicón que aparece citado en la mayoría de los relatos de H.P. Lovecraft.

El nombre original del Necronomicón, como ya dijimos, es Al Azif. Su significado puede traducirse cómo "el zumbido"; nombre genérico que los árabes le daba a los ruidos nocturnos causados por los insectos, a quienes les atribuían una naturaleza demoníaca.

Para los amantes de la literatura gótica, y más concretamente de la novela gótica, diremos que H.P. Lovecraft confesó haberse inspirado para el nombre del Necronomicón en una nota al pie de página del Vathec (Vathec) de William Beckford.

El nombre griego del libro -Necronomicón- puede traducirse sin riesgos. La palabra Nekros significa "muerto"; Nomos, "ley"; e Ikos es una partícula sin significado que solo sirve para formar los adjetivos.

Por lo tanto, Necronomicón significa: "relativo a las leyes de los muertos".

Lo verdaderamente llamativo es el nombre del autor del Necronomicón: Abdul Alhazred.

Este nombre puede encontrarse en las Mil y una noches; por lo tanto, no sería descabellado que H.P. Lovecraft haya abrevado en esa fuente para crear al mítico autor del Necronomicón.

Algunos investigadores inquietos y amantes de los mensajes cifrados, han elaborado una teoría alternativa sobre el origen del árabe loco. Estos estudiosos de la obra de H.P. Lovecraft afirman que el nombre Alhazred esconde un significado oculto:

Alhazred= all has read ("el que lo ha leído todo").


Lo ideal sería ir descubriendo las cualidades y texturas del Necronomicón directamente de los relatos de H.P. Lovecraft. Fuera de contexto, todo libro apócrifo pierde su razón de ser.

No obstante esta juiciosa advertencia, diremos algo acerca del contenido del Necronomicón.

En repetidas ocasiones el autor nos advierte que la lectura del Necronomicón puede conducir a la locura. Casi todos los protagonistas de sus relatos sufren espantosamente al leer el libro maldito, experimentan pesadillas y visiones horrorosas, vislumbran ese mundo informe de monstruos imposibles y arquitecturas caprichosas.

El Necronomicón agrupa los conocimientos nigrománticos de un culto antiquísimo; plagado de invocaciones, ritos y arcanos supuestamente perdidos. No todos los dioses y criaturas del Necronomicón son invenciones de H.P. Lovecraft; algunas, de hecho, pertenecen a panteones bastante conocidos, como Dagón, por ejemplo.

Como detalle curioso diremos que la historia y la cronología del Necronomicón resultaron tan convincentes para el público, que durante años los libreros de todo el mundo recibieron gran cantidad de pedidos por parte del público general, y hasta de algunos bibliófilos aficionados. Aún en la actualidad circulan versiones falaces que hablan del Necronomicón como si hubiese existido realmente.

Tal vez lo más atrayente del Necronomicón es su capacidad de evocar en el lector lo que los mitólogos del siglo XIX llamaban "memoria de la raza". Dentro de todos nosotros -afirmaron- late una sombra que duerme; un instinto, un llamado, quizá; de los bosques que aún hoy reclaman el tributo de bailes enloquecidos a la luz de la luna.

El Necronomicón nos recuerda una época en la que los libros podían ser mortales, dónde seres nocturnos plasmaban en sus páginas los arcanos de un saber siniestro; pero sobre todo que el conocimiento de ciertos secretos, celosamente guardados por las aguas y el tiempo, no deben ser examinados impunemente.


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Re: Misterios y Mitologia

Mensaje por José Francisco el Jue Jul 06 2017, 22:02

Arthur C. Clarke: el autor que descubrió el VERDADERO NOMBRE DE DIOS
Posted: 05 Jul 2017 07:00 AM PDT

Arthur C. Clarke: el autor que descubrió el VERDADERO NOMBRE DE DIOS.




Para buena parte de las mitologías, incluidos los mitos bíblicos y los mitos hebreos, el verdadero nombre de Dios es secreto.

No es un nombre oculto. Tampoco es inaccesible o indescifrable: está hecho de signos. William Blake lo encontró en el diseño del Tigre. Borges, en el Aleph. Y Arthur C. Clarke en el lenguaje informático.

Pero conocer el verdadero nombre de Dios tiene sus complicaciones. Así lo deduce Jorge Luis Borges en El golem:


Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.


Esto significa que no hay diferencia entre el nombre y la cosa. La palabra rosa es la rosa. La palabra Nilo es el Nilo, y el verdadero nombre de Dios es Dios.

Existen muchas historias acerca de la búsqueda del verdadero nombre de Dios, pero una de ellas se destaca del resto por su exquisita originalidad.

Hablamos de Los nueve billones de nombres de Dios (The Nine Billion Names of God) —a veces publicado en español como Los nueve mil millones de nombres de Dios—, relato fantástico de Arthur C. Clarke (1917-2008), publicado en la edición de febrero de 1953 de la revista pulp Star Science Fiction, y posteriormente incluido en el Salón de la fama de la ciencia ficción (The Science Fiction Hall of Fame).

Este gran cuento de Arthur C. Clarke relata la historia de unos monjes budistas, quienes han pasado siglos enteros escribiendo las distintas combinaciones posibles de letras para formar el verdadero nombre de Dios.

Si bien las posibles combinaciones en cualquier alfabeto no son infinitas, su cifra final es astronómica; de manera tal que los monjes recurren a una empresa informática para adquirir un ordenador lo suficientemente potente como para completar la tarea.

De este modo, el ordenador podrá realizar todas las permutaciones posibles de forma mucho más rápida, adelantando el mismo resultado que podría obtenerse mediante la tediosa labor manual de los monjes durante milenios, pero también adelantando el fin de los tiempos.

Porque el descubrimiento del nombre de Dios es también el descubrimiento de Dios, y no precisamente en términos espirituales.

Finalmente, los monjes compran este ordenador y lo trasladan a su monasterio, situado en el Tíbet. Hacia allí nos lleva el autor, en compañía de los ingenieros enviados por la empresa, quienes se preguntan cuál será la reacción de los monjes cuando la máquina por fin realice los últimos cálculos y el universo no se autodestruya.

El final de este breve relato de Arthur C. Clarke es, por lejos, uno de los mejores y más aterradores de la historia de la ciencia ficción.




Los nueve billones de nombres de Dios.
The Nine Billion Names of God, Arthur C. Clarke (1917-2008)

—Es esta una petición un tanto inusual— dijo el doctor Wagner—. Que yo recuerde, es la primera vez que alguien solicita una computadora de secuencia automática para un monasterio tibetano. No me gustaría mostrarme inquisitivo, pero me cuesta pensar que en su, bueno, establecimiento, haya aplicaciones para semejante máquina. ¿Podría explicarme que intentan hacer con ella?

—Por supuesto —contestó el lama, arreglándose la túnica de seda y dejando cuidadosamente a un lado la regla de cálculo que había usado para efectuar la equivalencia entre las monedas—. Su computadora Mark V puede efectuar cualquier operación matemática rutinaria que incluya hasta diez cifras. Sin embargo, para nuestro trabajo estamos interesados en letras, no en números. Cuando hayan sido modificados los circuitos de producción, la maquina imprimirá palabras, no columnas de cifras.

—No termino de comprender.

—Es un proyecto en el que hemos estado trabajando durante los últimos tres siglos; de hecho, desde que se fundó el lamaísmo. Es un tanto extraño para su modo de pensar, así que espero que me escuche con la mente abierta mientras trato de explicárselo.

—Desde luego.

—Es algo sencillo, en realidad. Hemos estado recopilando una lista que contendrá todos los posibles nombres de Dios.

—¿A qué se refiere?

—Tenemos razones para creer —continuó el lama, imperturbable— que todos esos nombres se pueden escribir con no más de nueve letras en un alfabeto que hemos creado.

—¿Y han estado haciendo esto durante tres siglos?

—Sí; suponíamos que nos costaría alrededor de quince mil años completar el trabajo?

—¡Oh! —exclamó el doctor Wagner, un tanto aturdido—. Ahora comprendo por qué han querido alquilar una de nuestras máquinas. ¿Pero cuál es exactamente la finalidad de este proyecto?

El lama vaciló durante una fracción de segundo y Wagner se preguntó si lo había ofendido.

—Llámelo ritual, si quiere, pero es un aspecto esencial de nuestras creencias —dijo, y luego añadió—. Los nombres del Ser Supremo que existen: Dios, Jehová, Alá, etcétera, son creaciones del hombre. Esto encierra un problema filosófico que no discutiré ahora, pero en algún sitio entre todas las posibles combinaciones de letras están los que se podrían llamar verdaderos nombres de Dios. Mediante una permutación sistemática de las letras, hemos intentado elaborar una lista con todos esos posibles nombres.

—Comprendo. Han empezado con AAAAAAA y han continuado hasta ZZZZZZZ.

—Exacto, aunque nosotros utilizamos un alfabeto especial, propio. Un problema bastante más interesante es el de diseñar circuitos para eliminar combinaciones ridículas. Por ejemplo, ninguna letra debe figurar mas de tres veces consecutivas.

—¿Tres? Seguramente quiere usted decir dos.

—Tres es lo correcto. Temo que me ocuparía demasiado tiempo explicar por qué, aun cuando usted entendiera nuestro lenguaje.

—Estoy seguro —dijo Wagner, apresuradamente—. Por favor, prosiga.

—Afortunadamente, será sencillo adaptar su computadora para ese trabajo, puesto que, una vez ha sido programada adecuadamente, permutará cada letra por turno e imprimirá el resultado. Lo que nos hubiera costado quince mil años se podrá hacer en cien días.

El doctor Wagner apenas oía los débiles ruidos de las calles de Manhattan, situadas muy por debajo. Estaba en un mundo diferente, un mundo de montañas naturales, no construidas por el hombre. En las remotas alturas de su lejano país, aquellos monjes habían trabajado con paciencia, generación tras generación, llenando sus listas de palabras sin significado. ¿Había algún limite a las locuras de la humanidad? No obstante, no debía insinuar siquiera sus pensamientos. El cliente siempre tiene la razón.

—No hay duda —replicó el doctor— de que podemos modificar el Mark V para que imprima listas de este tipo. Pero el problema de la instalación y el mantenimiento es lo que me preocupa. Llegar al Tíbet en los tiempos que corren no será fácil.

—Nosotros nos encargaremos de eso. Los componentes son lo bastante pequeños para poder transportarse en avión. Este es uno de los motivos por los que elegimos su máquina. Si usted la puede hacer llegar a la India, nosotros proporcionaremos el transporte desde allí.

—¿Y quieren contratar a dos de nuestros ingenieros?

-Sí, para los tres meses que se supone ha de durar el proyecto.

—No dudo de que podremos proporcionarle a las personas idóneas —El doctor Wagner hizo una anotación en la libreta que tenía sobre la mesa—. Pero hay otras dos cuestiones que...

Antes de que pudiese terminar la frase, el lama sacó una pequeña hoja de papel.

—Este es el saldo de mi cuenta del Banco Asiático.

—Gracias. Parece ser... bueno... adecuado. La segunda cuestión es tan trivial, tan obvia, que vacilo en mencionarla, pero es sorprendente la frecuencia con que la que uno pasa por alto estas cosas: ¿qué fuente de energía eléctrica tiene ustedes?

—Un generador diesel que proporciona cincuenta kilovatios a ciento diez voltios. Fue instalado hace unos cinco años y funciona muy bien. Hace la vida en el monasterio mucho más cómoda, pero, desde luego, en realidad fue instalado para proporcionar energía a los altavoces que emiten las plegarias.

—Desde luego —admitió el doctor Wagner—. Debía haberlo imaginado.

La vista desde el parapeto era vertiginosa, pero con el tiempo uno se acostumbra a todo. Después de tres meses, George Hanley no se impresionaba por los dos mil pies de profundidad del abismo, ni por la visión remota de los campos del valle semejantes a cuadros de un tablero de ajedrez. Estaba apoyado contra las piedras pulidas por el viento y contemplaba con displicencia las distintas montañas, cuyos nombres nunca se había preocupado de averiguar.

Aquello, pensaba George, era la cosa más loca que le había ocurrido jamas. El Proyecto Shangri-La, como alguien lo había bautizado en los lejanos laboratorios. Desde hacía ya semanas, el Mark V estaba produciendo acres de hojas de papel cubiertas de galimatías. Pacientemente, inexorablemente, la computadora había ido disponiendo letras en todas sus posibles combinaciones, agotando cada clase antes de empezar con la siguiente.

Cuando las hojas salían de las impresoras, los monjes las recortaban cuidadosamente y las pegaban a unos libros enormes. Una semana más y, con la ayuda del cielo, habrían terminado.

George no sabía qué oscuros cálculos habían convencido a los monjes de que no necesitaban preocuparse por las palabras de diez, veinte o cien letras. Uno de sus habituales quebraderos de cabeza era que se produjese algún cambio de plan y que el gran lama (a quien ellos llamaban Sam Jaffe, aunque no se le parecía en absoluto) anunciase de pronto que el proyecto se extendería aproximadamente hasta el año 2060 de la Era Cristiana. Eran capaces de una cosa así.

George oyó que la pesada puerta de madera se cerraba de golpe con el viento al tiempo que Chuck entraba en el parapeto y se situaba a su lado. Como de costumbre, Chuck iba fumando uno de los cigarros que le habían hecho tan popular entre los monjes, que, al parecer, estaban completamente dispuestos a adoptar todos los menores y gran parte de los mayores placeres de la vida. Esto era una cosa a su favor: podían estar locos, pero no eran tontos. Aquellas frecuentes excursiones que realizaban a la aldea de abajo, por ejemplo.

—Escucha, George —dijo Chuck, con urgencia—. He sabido algo que podría terminar siendo un disgusto.

—¿Qué ocurre? ¿No funciona bien la máquina? —ésta era la peor contingencia que George podía imaginar.

Era algo que podría retrasar el regreso, y no había nada más horrible. Tal como se sentía él ahora, la simple visión de un anuncio de televisión le parecería maná caído del cielo. Por lo menos, representaría un vinculo con su tierra.

—No, no es nada de eso —Chuck se instaló en el parapeto, lo cual era infrecuente en él, porque normalmente le daba miedo el abismo—. Acabo de descubrir cuál es el motivo de todo esto.

—¿Qué quieres decir? Yo pensaba que lo sabíamos.

—Cierto, sabíamos lo que los monjes están intentando hacer. Pero no sabíamos por qué. Es la cosa más loca que hayas oído.

—A ver, ¿de qué se trata? —gruñó George. 

—El viejo me acaba de hablar con total claridad. Sabes que acude cada tarde para ver cómo van saliendo las hojas. Pues bien, esta vez parecía bastante excitado o, por lo menos, más de lo que suele estarlo normalmente. Cuando le dije que estábamos en el último ciclo me preguntó, en ese acento inglés tan fino que tiene, si yo había pensado alguna vez en lo que intentaban hacer. Yo le dije que me gustaría saberlo, y entonces me lo explicó.

—Continúa.

—El caso es que ellos creen que cuando hayan hecho la lista de todos los nombres, y admiten que hay unos nueve billones, Dios habrá alcanzado su objetivo. La raza humana habrá terminado aquello para lo cual fue creada y no tendrá sentido alguno continuar. Desde luego, la idea misma es algo así como una blasfemia.

—¿Entonces que esperan que hagamos? ¿Suicidarnos?

—No hay ninguna necesidad de esto. Cuando la lista esté completa, Dios se pone en acción, acaba con todas las cosas y... ¡listo!

—Oh, ya comprendo. Cuando terminemos nuestro trabajo, tendrá lugar el fin del mundo.

Chuck dejó escapar una risa nerviosa.

—Esto es exactamente lo que le dije a Sam. ¿Y sabes que ocurrió? Me miró de un modo muy raro, como si yo hubiese cometido alguna estupidez en la clase, y dijo: no se trata de nada tan trivial como eso.

George estuvo pensando durante unos instantes.

—Esto es lo que yo llamo una visión amplia del asunto —dijo después—. ¿Pero qué supones que deberíamos hacer al respecto? No veo que ello signifique la más mínima diferencia para nosotros. Al fin y al cabo, ya sabíamos que estaban locos.

—Sí, ¿pero no te das cuenta de lo que puede pasar? Cuando la lista esté acabada y el universo no no estalle, o no ocurra lo que sea que ellos esperan, nos pueden culpar a nosotros del fracaso. Es nuestra máquina la que han estado usando. Esta situación no me gusta para nada.

—Comprendo —dijo George, lentamente—. Es interesante lo que dices, pero ese tipo de cosas han ocurrido otras veces. Cuando yo era un chico, allá en Louisiana, teníamos un predicador chiflado que una vez dijo que el fin del mundo llegaría el domingo siguiente. Centenares de personas lo creyeron y algunas hasta vendieron sus casas. Sin embargo, cuando nada sucedió, no se pusieron furiosos, como se hubiera podido esperar. Simplemente, decidieron que el predicador había cometido un error en sus cálculos y siguieron creyendo en él. Me parece que algunos de ellos creen todavía.

—Bueno, pero esto no es Louisiana, por si aún no lo has notado. Nosotros no somos más que dos y los monjes, cientos. Yo les tengo aprecio y sentiré pena por el viejo Sam cuando vea su gran fracaso. Pero, de todos modos, me gustaría estar en otro sitio cuando eso suceda.

—Esto lo he estado deseando yo durante semanas. Pero no podemos hacer nada hasta que el contrato haya terminado y lleguen los transportes aéreos para llevarnos lejos.

—Claro que —dijo Chuck, pensativamente— siempre podríamos probar con un ligero sabotaje.

—Eso solo empeoraría las cosas.

—Míralo de este modo: funcionando las veinticuatro horas del día, tal como ahora, la máquina terminará su trabajo dentro de cuatro días. El transporte llegará dentro de una semana. Pues bien, todo lo que necesitamos hacer es encontrar algo que tenga que ser reparado cuando hagamos una revisión; algo que interrumpa el trabajo durante un par de días. Lo arreglaremos, desde luego, pero no demasiado aprisa. Si calculamos bien el tiempo, podremos estar lejos de aquí cuando el último nombre quede impreso en el registro. Para entonces ya no nos podrán alcanzar.

—No me gusta la idea —dijo George—. Sería la primera vez que he abandonado un trabajo. Además, les haría sospechar. No, me quedaré y aceptaré lo que venga.


—Sigue sin gustarme —dijo George, siete días mas tarde, mientras los pequeños pero resistentes burros de montaña los llevaban hacia abajo por la serpenteante carretera—. Y no pienses que huyo porque tengo miedo. Lo que pasa es que siento pena por esos infelices y no quiero estar junto a ellos cuando se den cuenta de lo tontos que han sido. Me pregunto como se lo va a tomar Sam.

—Es curioso —replicó Chuck—, pero cuando le dije adiós tuve la sensación de que sabía que nos marchábamos de su lado y que no le importaba porque sabía también que la máquina funcionaba bien y que el trabajo quedaría muy pronto acabado. Después de eso... claro que, para él, ya no hay ningún después...

George se volvió en la silla y miró hacia atrás, sendero arriba. Era el último sitio desde donde se podía contemplar con claridad el monasterio. La silueta de los achaparrados y angulares edificios se recortaba contra el cielo crepuscular: aquí y allá se veían luces que resplandecían como las portillas del costado de un transatlántico. Luces eléctricas, desde luego, compartiendo el mismo circuito que el Mark V.

¿Cuánto tiempo lo seguirían compartiendo?, se preguntó George. ¿Destrozarían los monjes la computadora, llevados por el furor y la desesperación? ¿O se limitarían a quedarse tranquilos y empezarían de nuevo todos sus cálculos?

Sabía exactamente lo que estaba pasando en lo alto de la montaña en aquel preciso instante: el gran lama y sus ayudantes estarían sentados, vestidos con sus túnicas de seda e inspeccionando las hojas de papel mientras los monjes novicios las sacaban de las máquinas de escribir y las pegaban a los grandes volúmenes. Nadie diría una palabra. El único ruido sería el incesante golpear de las letras sobre el papel, porque el Mark V era de por sí completamente silencioso mientras efectuaba sus millares de cálculos por segundo.

Tres meses así, pensó George, eran ya como para caminar por las paredes.

—¡Allí esta! —gritó Chuck, señalando abajo hacia el valle—. ¿Verdad que es hermoso? 

Ciertamente, lo era, pensó George. El viejo y abollado DC3 estaba en el final de la pista, como una menuda cruz de plata. Dentro de dos horas los estaría llevando hacia la libertad y la sensatez. Era algo así como saborear un licor de calidad. George dejó que el pensamiento le llenase la mente, mientras el burrito avanzaba pacientemente pendiente abajo.

La rápida noche de las alturas del Himalaya casi se les echaba encima. Afortunadamente, el camino era muy bueno, como la mayoría de los de la región, y ellos iban equipados con linternas. No había el más ligero peligro: sólo cierta incomodidad causada por el intenso frío. El cielo estaba perfectamente despejado e iluminado por las familiares y amistosas estrellas.

Por lo menos, pensó George, no habría riesgo de que el piloto no pudiese despegar a causa de las condiciones del tiempo. Esta había sido su ultima preocupación. Se puso a cantar, pero lo dejó al cabo de poco. El vasto escenario de las montañas, brillando por todas partes como fantasmas blancuzcos encapuchados, no animaba a esta expansión. De pronto, George consultó su reloj.

—Estaremos allí dentro de una hora —dijo, volviéndose hacia Chuck. Después, pensando en otra cosa, añadió—: Me pregunto si la computadora habrá terminado su trabajo. Estaba calculado para esta hora.

Chuck no contesto, así que George se volvió completamente hacia él. Pudo ver la cara de Chuck; era un ovalo blanco vuelto hacia el cielo.

—Mira —susurró Chuck.

George alzó la vista hacia el espacio.

Siempre hay una última vez para todo. Arriba, sin ninguna conmoción, una a una las estrellas se estaban apagando.

Arthur C. Clarke (1917-2008


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Re: Misterios y Mitologia

Mensaje por José Francisco el Vie Jul 07 2017, 18:08

Kelev: el extraordinario perro de Adán y Eva
Posted: 06 Jul 2017 07:10 AM PDT

Kelev: el extraordinario perro de Adán y Eva.






Los mitos bíblicos y los mitos hebreos lo omiten maliciosamente, pero por otras referencias sabemos que Adán y Eva no estaban solos en el Edén.

Cuenta la leyenda que Adán, luego de darle nombre a todos los animales de la creación, se encariñó con uno en particular: un perro, a quien no bautizó con ningún nombre en particular hasta hallar el más apropiado de acuerdo a su personalidad.

Este perro presenció las circunstancias previas al nacimiento de Eva; por ejemplo, la llegada de Al, la mujer lobo que enamoró a Adán, así también como el romance fulminante entre el primer hombre y Lilith, la madre de los vampiros.

Tras el advenimiento de Eva (de esa costilla de la que no nació), Adán resolvió mantener en secreto sus anteriores aventuras amorosas. En definitiva, no quería ensombrecer el entusiasmo de Eva por considerarse su primera y única mujer en el universo. Pero entonces ocurrió algo.

Bajo la forma de una serpiente, Lucifer delató el pasado de Adán. Por despecho, Eva se entregó entonces a los brazos del demonio Samael, con quien engendraría a Caín en el mismo útero en el que crecía Abel, hijo de Adán.

Una vez cometido el adulterio, Samael se reveló como lo que realmente era: un demonio. Su espíritu pérfido abandonó la forma humana que había asumido y regresó al infierno, dejando detrás un puñado de huesos.

Eva, profundamente arrepentida pero no lo suficiente como para confiarle su indiscreción a Adán, resolvió enterrar los huesos de Samael. Sin embargo, aquel acto tuvo un testigo:el perro de Adán.

En su elemental intuición, el perro decidió no comprometer a Eva, pero se mantuvo alejado de ella durante un tiempo. Solo se dejaba acariciar por Adán, a quien seguía en todas sus expediciones por el Edén.

Cierto día, muy cerca del Árbol del Conocimiento, donde Eva había enterrado los huesos de Samael, el perro empezó a ponerse inquieto.

Lleno de remordimiento por su silencio, el perro comenzó a cavar frenéticamente con sus patas en aquel sitio. Pero Adán, que ya conocía la traición Eva, observó el extraño comportamiento del perroy entendió lo que éste trataba de decirle.

Adán pensó entonces que era momento de darle un nombre al perro, un nombre que él se había ganado con su fidelidad; y lo llamó Kelev, que en hebreo significa literalmente «cerca del corazón»; en referencia al compañerismo y la lealtad de este animal con su amo.

Poco se sabe sobre el destino de Kelev, solo que siguió a Adán y Eva cuando fueron expulsados del Edén.

En cualquier caso, los sabios recomiendan no enojarse con los perros cuando estos empiezan a cavar enloquecidamente en los jardines, en las alfombras o los pisos de madera: solo están siendo leales a su amo.

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Re: Misterios y Mitologia

Mensaje por José Francisco el Vie Jul 14 2017, 17:57

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Esas personas que cuando algo sale mal siempre tienen un: ¡TE LO DIJE!
Posted: 13 Jul 2017 06:36 AM PDT

Esas personas que cuando algo sale mal siempre tienen un: ¡TE LO DIJE!




Si todo sale bien, este tipo de individuos se sumen en el más profundo silencio; pero si algo sale mal, por pequeño y hasta insignificante que sea, utilizarán su recurso más temido:

¡TE LO DIJE!

No es malo ser precavidos, e incluso evaluar una situación que puede llegar a salir mal, pero estos sujetos no se limitan a anunciar posibles desaciertos, sino que se se caracterizan por pronosticar fracasos en todo lo que emprendemos, o que incluso ellos mismos emprenden.

Tampoco sería este el problema. Después de todo, uno puede actuar sabiendo de antemano que algo puede salir mal. Pero estos individuos no se satisfacen con la confirmación de sus pronósticos, sino que además necesitan reafirmarlos con aquel insoportable: ¡TE LO DIJE!

Ahora bien, antes de condenarlos a la hoguera es importante entender algo: de una forma y otra, todos lo hacemos.

Los gurús de la autoayuda lo llaman autoboicot, que sería algo así como hacer todo lo posible para que algo nos salga mal; cuestión que solo sería reconocible cuando las cosas efectivamente nos salieron mal. La ciencia, por su parte, describe un fenómeno todavía más inquietante: el Sesgo Retrospectivo.

¿De qué se trata?

Básicamente de una especie de determinismo, y define la actitud de ciertas personas que, luego de que un hecho determinado ocurra, suponen que su resultado era predecible a pesar de que no existían fundamentos objetivos para pronosticarlo.

Esta tendencia a evaluar los resultados y a creer que hubiesen sido fácilmente pronosticados de los lleva a cultivar la tendencia a anunciar el posible fracaso de todo emprendimiento, proyecto u actividad. Y en los casos en los que esto se confirma, recurren al irritante: ¡TE LO DIJE!

La experiencia personal que todos vamos acumulando a lo largo de la vida nos lleva a ir acentuando el Sesgo Retrospectivo, es decir, a creer que algo que salió mal pudo haber sido evitado si prestábamos más atención o analizábamos los detalles con mayor grado de precisión.

También es cierto que algunas personas llevan este sesgo demasiado lejos.

Las estructuras mentales que actúan creyendo que el resultado será negativo, aún cuando no haya nada que pueda sugerir que esto ocurra, encuentran cierto alivio, cierta satisfacción, cuando las cosas efectivamente salen mal.

El Sesgo Retrospectivo puede causar, entre otras cosas, una distorsión de la memoria. Cuando algo sale mal inmediatamente miramos hacia atrás, empezamos a recolectar y a reconstruir la información previa al fracaso, y elaboramos teorías generalmente falsas acerca de por qué hemos fallado.

La personalidad de cada individuo es decisiva al respecto. Algunas personas seguirán intentándolo una y otra vez mientras que otras, en cambio, utilizarán el Sesgo Retrospectivo para anunciar de antemano que algo saldrá mal, y de esa forma proteger su integridad.

Un ejemplo fácil del Sesgo Retrospectivo sería el siguiente:

Tratemos de recordar el último suceso impredecible que nos haya ocurrido.

No hace falta recurrir a ejemplos dramáticos. Algo sencillo es suficiente; por ejemplo, que tal día en particular tenemos turno con nuestro médico.

Al llegar al establecimiento una empleada nos informa que lamentablemente el doctor se ha tomado el día por razones burocráticas y que por eso no podrá vernos.

Inmediatamente después de este suceso ocurren dos cosas:

1- Nos sentimos enojados, frustrados, o lo que sea.

2- Nuestro cerebro recolecta la información previa al suceso, reconstruye esa secuencia, y nos induce la certeza de que por alguna razón YA SABÍAMOS QUE EL MÉDICO NO NOS IBA A ATENDER.

No se trata aquí de una revelación, y menos aún de una epifanía retrospectiva. Pero por algún motivo, en alguna parte recóndita de nuestra consciencia, algo nos dice que YA SABÍAMOS QUE ESO IBA A OCURRIR.

Todos sabemos que existe cierta probabilidad estadística de que algo salga mal; siguiendo con el ejemplo anterior, de que el médico no pueda atendernos. Pero las personas que viven atravesadas por el Sesgo Retrospectivo siempre iniciarán esas actividades diciéndose a sí mismas que algo saldrá mal.

No importa cuántas cosas salgan bien, basta que una sea negativa para que el sesgo se refuerce a sí mismo. Cuando la actividad es emprendida por un tercero, luego utilizarán el infame: ¡TE LO DIJE!; y cuando el resultado negativo sea personal pensarán: ¡LO SABÍA!

Pero las personas que normalmente no encaran una actividad creyendo que esta saldrá mal, como aquel individuo que fue sorprendido por la ausencia de su médico, también deben soportar a un sujeto del que no podemos librarnos tan fácilmente.

Aquella sensación de que YA SABÍAMOS QUE ALGO IBA A SALIR MAL no es otra cosa más que nuestro cerebro gritándonos: ¡TE LO DIJE! 
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Re: Misterios y Mitologia

Mensaje por José Francisco el Jue Ago 03 2017, 20:14

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El primer desengaño después del Armagedón
Posted: 02 Aug 2017 05:35 AM PDT

El primer desengaño después del Armagedón.



Uno podría pensar que el Armagedón, el Apocalipsis, el fin del mundo, o como prefieran llamarlo, nos traería cierto alivio respecto de cuestiones sentimentales. Quiero decir, resulta difícil andar preocupándose por estos asuntos en medio de la devastación general.

Pero estábamos equivocados.

También creíamos que la aniquilación de las instituciones nos haría retroceder de vuelta al Neolítico. Y lo hizo, al menos en parte. Pero cuando uno logra satisfacer las necesidades más elementales, los viejos hábitos siempre regresan.

Pasaron doce inviernos desde el carnaval del asteroide, y aquí estoy, en este improvisado refugio en los viejos túneles del subterráneo. Arriba, supongo, están las ruinas de Buenos Aires.

Mi rutina diaria es simple: sobrevivir. No es mucho, pero es lo que hay. Uno se aferra a la repetición para no perder la cabeza.

Mi dieta es, como mínimo, exigua. Al principio había cadáveres, había ratas, había un musgo ennegrecido por el hollín que crecía en los muros de los túneles, pero ahora solo hay cucarachas.

Pienso que los científicos estaban en lo cierto: las cucarachas sobreviven en las condiciones más precarias.

El único contacto que tengo con el exterior es una radio. La encontré de casualidad, persiguiendo a una de las últimas ratas de los túneles. Supongo que sería parte del viejo sistema de subterráneos de la ciudad. ¿Quién sabe? Pero lo cierto es que funciona.

Afortunadamente, hay suficiente electricidad almacenada en las baterías de los trenes como para utilizar esa radio durante doce y quince vidas. 

Las bandas comerciales dejaron de transmitir casi de inmediato. Las frecuencias militares continuaron durante unos meses más, pero una a una se fueron apagando. Solo queda ese espantoso ruido blanco, el canto de las estrellas, como una fritura insoportable; y la voz de ella.

La voz transmite en ciclos que se repiten cada 36 horas. Desde luego, se trata de una grabación; probablemente un mensaje de alerta o algo así. No entiendo una puta palabra de lo que dice.

Esos veinticuatro segundos que dura el mensaje son el momento más importante de mi vida, lo más excitante que ocurre aquí abajo. Toda mi rutina gira en torno a esa voz.

Una hora antes de que empiece el mensaje me preparo para la cita.

Me coloco mi mejor traje, que encontré hace años entre los cadáveres. Diariamente tomo la precaución de lavarlo lo mejor posible utilizando el refrigerante de los motores. No es mucho, y la tela se ha perjudicado mucho, pero funciona.

Entonces espero.

La espero a ella.

Y cuando llega su voz... bueno, no hace falta que entre en detalles.

Baste decir que, a fuerza de seguir día tras día, durante años, la misma rutina frenética, he logrado sincronizar mis orgasmos con la última vocal que ella pronuncia.

Después, lo mismo de siempre: sobrevivir.

Sobrevivir para volver a escucharla.

Pienso que es cierto lo que decían los científicos antes de que todo se vaya al demonio: hay cosas que sobreviven en las condiciones más precarias, como las cucarachas, por supuesto, y los amores imposibles.
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Re: Misterios y Mitologia

Mensaje por José Francisco el Jue Ago 10 2017, 20:29

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Aptrgongumenn: el peligro de invocar a los muertos a través de la NIGROMANCIA
Posted: 09 Aug 2017 06:39 AM PDT

Aptrgongumenn: el peligro de invocar a los muertos a través de la NIGROMANCIA.




No hay cultura en el mundo que haya estado a salvo de la presencia indeseable de muertos que se levantan de sus tumbas para alimentarse con la sangre de los vivos. Esto nos permite razonar que la nigromancia: el arte de invocar a los muertos y devolverlos a la vida, o a la no muerte, mejor dicho, era un oficio bastante lucrativo.

Y así como hay razas de vampiros sumamente populares, también hay otras que han cultivado un perfil más bajo.

En esta última categoría se inscribe Aptrgongumenn: el vampiro vikingo, uno de los ejemplos más prácticos para entender por qué la nigromancia generalmente terminaba siendo fatal para el propio NIGROMANTE.

Los mitos nórdicos no son precisamente discretos a la hora de delatar las maliciosas actividades de los muertos. Por el contrario: las principales fuentes de las leyendas vikingas, desde las sagas a los Eddas, abundan en referencias a este tipo de criaturas y sus maléficos creadores.

Por ahí anda el Bluatsauger, el vampiro teutón; Grendel, el montaraz troll de BeowulfDraugr, el vampiro nórdico; los Märt, tenebrosos chupasangres que nos visitan en sueños. Pero la información disponible acerca de Aptrgongumenn es tan escasa, tan famélica, que muchos investigadores se aventuran a ubicar a este escurridizo ser entre los más aterradores de la antigüedad, precisamente debido a la falta de referencias.

¿Pero cómo podemos determinar la diferencia entre un muerto invocado de la tumba por un nigromante de otro que se rehúsa a quedarse en su ataúd, por ejemplo, como consecuencia de una maldición?

Básicamente tomando en consideración dos puntos fundamentales: el nombre de la criatura en las leyendas y cuál era el método más recomendado para matarla.

Es lógico suponer que la resistencia de un no muerto, un vampiro, es decir, el grado de dificultad que supone matarlo, es directamente proporcional a su importancia.

Algunos traducen la palabra Aptrgongumenn como «muerto andante», literalmente, Walking Dead, para emplear una referencia contemporánea. Para matarlo se debía seguir un riguroso procedimiento:

En primer lugar, naturalmente, se debía exhumar el cadáver. Posteriormente era decapitado y uno de sus pies era amputado. Finalmente, el pie cortado era cosido al cuello, del mismo modo que la cabeza a la extremidad mutilada.

Tras este enojoso proceso, el cuerpo era inhumado nuevamente.

Esto, al menos, mantenía al muerto dentro de su tumba durante un tiempo, pero no eternamente, ya que el Aptrgongumenn no era una criatura que se producía como consecuencia de una maldición, por ejemplo, o de la mordida de otro vampiro.

Era necesario que un nigromante utilizara las runas mágicas para obligar al cadáver a salir de su tumba; presumiblemente, con propósitos vengativos.

En este contexto, el Aptrgongumenn no se asemeja demasiado a los espíritus familiares utilizados habitualmente en la nigromancia, sino más bien a un Golem o un Homúnculo, básicamente un esclavo de su creador.

Algunos sostienen que los hechiceros vikingos podían emplear las mismas runas mágicas para mantener al Aptrgongumenn dentro de su tumba, lo cual resulta sumamente sospechoso; habida cuenta de la costumbre de los nigromantes por hacerse pasar por hechiceros, y de ese modo lucrar vilmente con soluciones mágicas para problemas que ellos mismos creaban en primer lugar.

El Aptrgongumenn era capaz de simular cierta apariencia de normalidad, realizando trabajos forzados para el nigromante, e incluso asesinar en su nombre; pero poseía un defecto que lo hacía particularmente peligroso para su creador; y que en definitiva sirve de ejemplo acerca del peligro de andar invocando a los muertos sin el asesoramiento adecuado.

Siendo una criatura diabólica, fabricada a partir de la magia negra, el Aptrgongumenn solo podía mentir. La verdad le estaba prohibida. De modo tal que para saber quién era el nigromante que lo había invocado se le preguntaba a la criatura el nombre de todas las personas de la aldea que lo habían creado.

Ya que era incapaz de decir la verdad, el Aptrgongumenn daba el nombre de todas las personas que no habían intervenido en su invocación, dejando en un inobjetable margen de certeza al único que sí lo había hecho.




Diarios wiccanos. I Libros prohibidos.
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Re: Misterios y Mitologia

Mensaje por José Francisco el Sáb Ago 19 2017, 18:31

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Significado de las estatuas de los cementerios
Posted: 18 Aug 2017 08:37 AM PDT

Significado de las estatuas de los cementerios:




Las estatuas de los cementerios tienen un significado cultural y folklórico muy profundo; y si bien es cierto que las variantes son muchas en términos de diseño, casi todas se basan en una serie de pincipios simbólicos invariables, un patrón, si se quiere, que se repite en todos los cementerios occidentales.

Esto quiere decir que las estatuas de ángeles en los cementerios, por ejemplo, pueden variar en tamaño, diseño y estilo, pero a pesar de sus diferencias estéticas el motivo folklórico que las sustenta, en este caso, la figura mítica del ángel, posee un significado específico, y eso es precisamente lo que nos proponemos investigar en este artículo.

En primer lugar, hay que decir que todas las estatuas de los cementerios son representaciones de las distintas facetas del Espíritu Guardiánde la necrópolis.

Desde la Edad Media hasta nuestros días, todos los cementerios poseen un Espíritu Guardián: un alma destinada a proteger al cementerio y sus difuntos de los espíritus diabólicos; por un lado, pero también para evitar que las almas de los fallecidos regresen a atormentar a los vivos.

Para lograr este objetivo, el Espíritu Guardián es representado a través de estatuas, cada una con sus propias características, pero cuya función es, precisamente, proteger al cementerio y a sus habitantes.

Es decir que el significado de las estatuas de los cementerios no tiene nada que ver con lo ornamental. No están ahí simplemente para adornar un nicho, una tumba, una cripta, un mausoleo o un sepulcro, sino justamente para asegurar el descanso eterno de sus habitantes.

Algunas de las formas más populares en las que este Espíritu Guardián de los cementerios es representado es bajo la forma de ángeles, leones, esfinges, águilas, perros, caballos, figuras encapuchadas, entre otras.

Antes de proseguir es importante hacer una excepción:

El Espíritu Guardián de los cementerios NUNCA es representado como una estatua mirando hacia arriba: el guardián siempre mira hacia abajo, vigilando a aquellos a quien debe proteger, o bien hacia el frente, observando sus dominios y custodiándolos.



Significado de las estatuas de leones en los cementerios:


El león es un símbolo de fuerza y poder. Casi siempre las estatuas de leones en los cementerios se encuentran en pares. Su función es custodiar la entrada a un mausoleo y evitar el ingreso de espíritus malignos.

Mientras uno de los dos leones descansa, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, o incluso con los ojos cerrados, como si estuviese durmiendo, el otro observa atentamente hacia adelante, vigilando.

De esta forma es representado el Espíritu Guardián del cementerio en su rol de custodio. Cuando los leones aparecen en otras posiciones simbolizan el coraje de los fallecidos, quienes esperan pacientemente, como el león a su presa, el momento de la resurrección.

En los cementerios de la Antigua Roma, los leones eran utilizados para ahuyentar a las Bustuariae: las reinas del cementerio, es decir, mujeres entregaban sus cuerpos sobre las tumbas a cambio de dinero; y, ya en la Edad Media, a los nigromantes, quienes frecuentaban los cementerios para practicar ritos odiosos, como invocar a los muertos.



Significado de las estatuas de esfinges en los cementerios:


Las estatuas de esfinges son, básicamente, aquellas que poseen el cuerpo de un león y una cabeza humana. Si bien son las criaturas mitológicas más populares en las necrópolis occidentales, puede haber otras, aunque generalmente con un mismo significado en común.

Al igual que las estatuas de los leones, suelen encontrarse en pares; pero a diferencia de aquellos, las esfinges no vigilan la entrada a la tumba de visitantes indeseables, sino que su trabajo consiste en impedir que las almas de los fallecidos salgan de su sepulcro.



Significado de las estatuas de águilas en los cementerios:


Las estatuas de águilas en los cementerios suelen estar ubicadas en el techo de ciertos mausoleos. Rara vez se encuentran en pares.

Las águilas simbolizan la fe, el coraje y la generosidad; pero dentro de los cementerios usualmente representan al Espíritu Guardián en su rol de psicopompo; es decir, de guía de los muertos.



Significado de las estatuas de perros en los cementerios:


Una de las estatuas de cementerio más populares es la de un perro sentado junto a un mausoleo, tumba, cripta o sepulcro.

Pueden o no aparecer en pares; pero casi siempre se observa a un solo perro, sentado, como esperando tranquilamente a su amo, lo cual simboliza la lealtad, la fidelidad y la vigilancia del Espíritu Guardián.

En algunos cementerios existen estatuas de perros un poco alejadas de las tumbas, y siempre mirando hacia la entrada principal. Esto representa la leyenda de que el Espíritu Guardián puede perseguir a los intrusos que pasan la noche en el cementerio bajo la forma de un enorme perro negro.

No es lo más común de observar, pero en ciertos cementerios hay estatuas de perros enfurecidos, enseñando los dientes en una clara actitud agresiva. En estos casos, protegen a los fallecidos de la presencia de los Grobnik y los ghouls: vampiros de cementerio, criaturas abominables que cultivan el malicioso hábito de comer cadáveres.

También hay casos de estatuas de dos perros, un macho y una hembra. El macho generalmente se ubica a la derecha, con un objeto entre las patas, que puede ser una pelota o una pequeña presa. La hembra, situada a la izquierda desde la perspectiva del observador, aparece jugando con algún cachorro.

En ambos casos esto representa al Espíritu Guardián en su rol más piadoso y comprensivo, el cual sugiere que los lazos que construimos a lo largo de la vida continúan después de la muerte.



Significado de los caballos, alces y ciervos en los cementerios:


Las estatuas de este tipo de animales representan, en general, al Espíritu Guardián del cementerio como líder de la comunidad de difuntos, no únicamente como guardián de una tumba en particular.

Muchas veces se los encuentran en áreas del cementerio donde no hay personas enterradas, sino inhumadas en nichos, por ejemplo.



Significado de las estatuas de ángeles en los cementerios:


Las estatuas de ángeles, independientemente de su tamaño y diseño, representan al Espíritu Guardián en su rol como intermediario entre el cielo y la tierra.

Si se trata de la estatua de un ángel que llora, generalmente se ubica en un mausoleo donde está enterrado el cuerpo de una persona que falleció prematuramente. Las estatuas de ángeles con espada, en cambio, protegen al nicho familiar, es decir, a todos los miembros de la familia enterrados ahí. El mismo significado se les atribuye a los ángeles que llevan una rosa en las manos.

En los mitos bíblicos, los ángeles son algo más que simples mensajeros: son intermediarios entre el hombre y Dios; y si bien muchos de ellos son representados llorando, otros aparecen llevando en brazos a un niño, o incluso a una figura humana adulta, reflejando así su labor como transportadores de almas.

En cualquier caso, los ángeles de los cementerios cumplen dos funciones específicas: cuidar al alma, llorarla, si se trata de una muerte temprana, pero también escoltarla hacia la otra vida.



Significado de las estatuas de figuras encapuchadas en los cementerios:


Las figuras encapuchadas son, quizá, las estatuas de los cementerios más misteriosas, y poseen muchas variantes que vale la pena repasar.

Algunas figuras encapuchadas pueden verse sentadas, o bien de pie frente a la tumba que custodian. Sus rostros aparecen cubiertos, pero solo en parte, revelando facciones que no parecen ser precisamente amigables.

En este sentido, las estatuas de figuras encapuchadas representan al Espíritu Guardián en una postura que tradicionalmente se conoce como de "eterno silencio"; es decir, de quietud y paciencia por el alma que acaba de partir, la cual necesita tiempo para abandonar la tumba y ascender al cielo.

Otras figuras encapuchadas aparecen lamentándose visiblemente, a veces arrodilladas, otras inclinadas sobre la tumba o mausoleo, como si estuviesen llorando.

De acuerdo a la leyenda, las figuras encapuchadas recorren el cementerio durante la noche, con la cabeza al descubierto, para custodiar su perímetro y alejar a los malos espíritus. En cualquier caso, estas extrañas figuras están encapuchadas durante el día por la sencilla razón de que si alguien observa fijamente sus ojos podría ver su propia muerte.



Algo más acerca de los Espíritus Guardianes de los cementerios:


Para finalizar este repaso por el significado de las estatuas de los cementerios, diremos algo más acerca de sus misteriosos guardianes.

No se trata de un espíritu enviado para esa tarea, sino esencialmente del alma de la primera persona enterrada en el cementerio. Esta tradición alcanzó una enorme popularidad en la Edad Media, y se trasladó hasta nuestros días, a veces con matices sumamente perturbadores.

Algunas personas eran especialmente seleccionadas para ser los Espíritus Guardianes del cementerio. Esto, que a simple vista parece un gran honor, refleja en gran medida los oscuros ritos funerarios del pasado, ya que esa primera persona en ser enterrada en el cementerio debía, además, ser enterrada viva.

De esta forma se aseguraba que el alma no ascendiera al cielo, sino que quedara perpetuamente arraigada al cementerio. Por otro lado, el Espíritu Guardián del cementerio solo puede ser reemplazado cuando alguna otra persona es enterrada viva allí, algo que en otros tiempos ocurría con bastante frecuencia.

Más allá de estos detalles macabros, la función del Espíritu Guardián es asegurar que la frase que se encuentra tallada en prácticamente todas las tumbas se cumpla con absoluto rigor: Requiescat in Pace (R.I.P.), es decir, «descansa en paz».

Y para que los muertos descansen, él debe velar.
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José Francisco
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