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Los Godos,fundadores de la nacionalidad española

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Lun Ago 11 2014, 22:59

“La herencia goda no vino sólo por la herencia física sino por el espíritu que dejaron en nuestras instituciones a través de la Reconquista. Que los godos no formaban sino una minoria en la Hispania postromana no es un secreto. Que una minoria rectora es la que a veces responde por todo un país y hace de el un Estado no debería tener que ser recordado, al menos no en una página nacionalista. Los Godos españoles eran los Visigodos, o Godos Nobles, que habían conquistado España en el Siglo V para perderla en el Siglo VIII, antes de recuperarla a través de esa larga guerra civil que llamamos Reconquista. Los valores Góticos fueron también los que acabada la Reconquista conformaron nuestros Siglos de Oro. Los Godos conformaron dentro de la mitología nacional y social de esos tiempos el mismo papel que la Roma de Augusto tomó para los renacentistas italianos.
Para los escritores del tiempo de la Inquisición y la creación del nuevo mundo proveían una continuidad cultural a partir de la que se rediseño España. Eran los descendientes míticos de los Cristianos viejos a partir de los que se había reconquistado la hegemonía de la cultura occidental y cristiana sobre la península. El empleo que se hizo de los antepasados góticos en la genealogía de los reyes cristianos no fue una casualidad ni una fantasia sin sentido. Cuando Alonso de Cartagena, Obispo de Burgos e hijo del Obispo de Burgos, Pablo de Santa María, invocó la ascendencia germánica de la Monarquía Castellana en Juan II de Castilla tal vez no se ajustaba a la documentación, desaparecida o ilegible desde siglos atrás, sino a la leyenda que es una forma superior de legitimidad histórica.”
A lo largo de los siglos V y VI se asentaron en España los godos, un pueblo germánico originario de la Gothia escandinava (Gotaland) que, después de un largo periplo, terminó por conformar su nueva y definitiva patria en nuestra Península. Nos informa San Isidoro de Sevilla en su obra «Historia de los Godos, Suevos y Vándalos» (Historia Gothorum): «Como (los godos) no podían aguantar los ultrajes (de los romanos) tomaron las armas furiosamente, invadieron la Tracia, saquearon Italia y alcanzando España, establecieron allí hogar y dominio». Otros pueblos germánicos se establecieron también en España como fue el caso de suevos y vándalos, unas pocas decenas de miles; pero fueron los godos, especialmente la rama de los visigodos o godos tervingios, los que en un número cercano a los 300.000 individuos incidirían esencialmente en el desarrollo de las gentes hispanas.
Se trata de una cifra pequeña en relación a la población del conjunto peninsular (unos 5 millones de habitantes), aunque significativa sobre todo por la trascendencia futura del lugar de su asentamiento preferente, la Meseta Central, concretamente las cuencas de los ríos Duero y Tajo, como así ponen de relieve las numerosas necrópolis. En este espacio interior, escasamente poblado, los godos establecieron su hogar, su verdadera tierra de promisión, cambiando la espada por el arado, unas tierras aptas para su deseado cultivo del cereal y también para el desarrollo de la ganadería extensiva, una de sus principales actividades económicas. En varias comarcas de este territorio la proporción entre godos e hispano-romanos era de 2 a 1 a favor de los primeros.
Debido, pues, a la reducida población autóctona pudo efectuarse un reparto no problemático de tierras entre ambas comunidades, pasando a establecerse los godos en pequeñas aldeas formadas por viviendas unifamiliares próximas a sus explotaciones agropecuarias. El peculiar modo de instalación de los godos en la Península, mediante pactos y repartimientos con los hispano-romanos, explica que no hubiera invasión, no hubo ni vencedores ni vencidos, sino que godos e hispano-romanos coexistieron con sus diferencias, sin superponerse, hasta que paulatinamente iría verificándose la fusión entre ambos.
El pueblo visigodo pasó masivamente desde la Galia a Hispania en grandes carros tirados por bueyes, como así lo atestiguan varios documentos latinos de la época (l), sobre todo, a partir de la batalla de Vouillé (507) en la que los francos auxiliados masivamente por los galo-romanos autóctonos y aliados con los burgundios derrotaron al ejército visigodo, provocando el establecimiento franco en las tierras entre el río Loira y los Pirineos, adjudicadas hacía casi un siglo a los visigodos por el poder imperial romano, y la marcha de éstos hacia el otro lado de las montañas pirenáicas. Así pues, la batalla de Vouillé se convirtió en un hecho de gran trascendencia en nuestra historia ya que terminó por identificar el reino de los godos con la Península. También durante aquel siglo VI llegarían elementos ostrogodos a Hispania con motivo de la regencia de su rey Teodorico el Grande sobre los visigodos (511-526) y, desde luego, también tras la derrota de los ostrogodos instalados en Italia a manos del ejército imperial bizantino de Justiniano.
En el conjunto de la importante inmigración goda a Hispania, debemos diferenciar, entonces, a la minoría político-militar dirigente, y el contingente popular gótico. Mientras aquélla se acantonaba en las principales ciudades de la Hispania romana (Mérida, Barcelona, Valencia, Sevilla, Córdoba y Toledo, la capital), el otro se instalaba mayoritariamente en el ámbito rural meseteño. La elección por el rey Leovigildo de la ciudad de Toledo como capital del Reino hispano-godo respondía a las necesidades de control sobre el conjunto peninsular (identificado entonces como el recinto territorial de dicho Reino), más fácil desde su centro y en un entorno de numerosa población gótica. La elección de Toledo hacía de la Meseta Central, por primera vez, el centro político y cultural de la Península.
Ataúlfo fue el primer jefe visigodo que entró en España y lo hizo en defensa de los intereses romanos, de una Roma que, forzada por los godos, había pactado su asentamiento en el sur de la Galia, de una Roma cada vez más débil, sobre todo, tras su primera expugnación por el victorioso ejército visigodo dirigido por el antecesor de Ataúlfo, Alarico, el año 410. Walia, sobrino y sucesor de Ataulfo, renovó el pacto con Roma el año 418, comprometiéndose a restaurar el orden imperial en Hispania, quebrantado tras las irrupciones de suevos, vándalos y alanos años atrás. El rey Eurico (466-486), durante cuyo reinado tuvieron lugar los primeros establecimientos populares góticos, puede ser considerado el primer gobernante autónomo de Hispania puesto que el año 476 sucumbe definitivamente el Imperio romano de Occidente con la conquista de Roma por el rey de los hérulos, Odoacro.
El reino godo se separa definitivamente del tronco del Imperio obteniendo su total independencia y Eurico rompe el pacto que le ligaba con Roma, amplía sus posesiones del sur de la Galia se anexiona la mayor parte de la Península Hispánica, creando así un gran reino occidental galo-hispánico. Pero, tras la citada derrota de Vouillé en la que resultó muerto el rey visigodo, Alarico II, el centro de gravedad geo-político de los visigodos se trasladó definitivamente al lado meridional de los Pirineos, pasando la capital del reino desde Tolouse primero a Barcelona y, finalmente, a Toledo. Tan solo la Septimania, un pequeño territorio alrededor de Narbona, se mantuvo problemáticamente en poder de los visigodos al otro lado de los Pirineos.
El rey Leovigildo (565-586) es el verdadero creador del Estado hispano-godo y, por ende, de la nacionalidad hispánica misma: Hispania, reino, entidad política independiente, sucedía a la antigua provincia sujeta al poder de Roma. Primeramente, desde su gobierno de Toledo, a salvo de la amenaza de francos y de bizantinos, intentó con éxito someter a la autoridad central la mayor parte del territorio peninsular en un momento crítico de fragmentación político-territorial, Así, tras consolidar el poder real, derrotó a los suevos del noroeste incorporando su reino y redujo a cántabros y vascones, alzados contra su autoridad. Leovigildo, el unificador, acuñó un ideal nacionalista que identificaba el Reino de los Godos («Regnum Gothorum») con Hispania, acotando nítidamente las diferencias respecto al Imperio de Bizancio, heredero oriental de Roma.
En torno a ese nuevo ideal hispánico debería producirse la aproximación definitiva, la fusión entre godos e hispano-romanos, con lo que derogó la prohibición de matrimonios mixtos establecida por el Emperador Valentiniano. Sin embargo, el mantenimiento de Leovigildo en su fe arriana (religión nacional de los godos) y el intento de imponerla a sus súbditos hispano-romanos de religión católica, impedía la constitución de ese pueblo verdaderamente unificado. Sería su hijo, Recaredo (586-601), quien al convertirse al catolicismo, y con él, oficialmente, todos los godos, pondría las bases de una comunidad político-religiosa nacional diferenciada, una nueva sociedad, en definitiva.
El III Concilio de Toledo (589), en el que tiene lugar la conversión pública de Recaredo, puede considerarse el punto de partida de nuestra nacionalidad en torno a un monarca, a un poder político ejercido sobre una sociedad que avanzaba firmemente hacia su plena integración desde sus dos elementos conformadores, el latino y el germánico. A diferencia de lo que sucedió en Italia o en el Norte de Africa donde ostrogodos y vándalos respectivamente constituyeron una minoría extraña y hostil, en España se produjó una fusión generalizada entre godos e hispano-romanos, y sobre esta unidad se pudo alzar un Estado independiente y conformarse la nacionalidad hispánica. Durante el siglo VII se iría consolidando la nacionalidad común de los denominados ya como “hispano-godos”, poseedores de una religión común, gobernados por un mismo monarca, e incorporados plenamente a la Administración los antiguos hispano-romanos.
Suintila (621-631) expulsa definitivamente a los bizantinos enquistados en el sur peninsular y consigue la unificación de todo el territorio de la antigua Hispania romana, incorporando Ceuta como cabeza de puente hacia la Mauritania africana, además de llave del Estrecho. La labor legislativa de los reyes Chindasvinto (642-653) y Recesvinto (653-672) refrendada en los Concilios toledanos, culmina con la promulgación del Liber Iudiciorum (Libro de los Juicios o Fuero Juzgo), compilado por este último rey, convirtiéndose en el único texto legal válido ante los tribunales del reino, un texto que incorpora la herencia jurídica romana a la costumbre germánica hasta el punto de ser aquélla claramente predominante.
San Isidoro de Sevilla, arzobispo de dicha ciudad, hijo de padre hispano-romano y de madre goda, es la figura señera de la naciente cultura hispano-goda. Será él quien mejor sabrá interpretar el nuevo tiempo, la nueva realidad nacional hispánica a lo largo de la primera mitad del siglo VII. Autor de una obra enciclopédica en lengua latina, Las Etimologías. el denominado «Doctor de las Españas» en su Historia Gothorum elevará a España a la categoría de Primera Nación de Occidente. Así, en el Laudes Hispaniae, el sabio Doctor dedica a su patria una célebre alabanza encomiástica: De cuantas tierras se extienden desde el Occidente hasta la India, tú eres la más hermosa, oh sagrada y feliz España, madre de príncipes y de pueblos. Con razón se te puede llamar reina de las provincias, pues iluminas no sólo el Oceano sino también el Oriente. Tú, honor y ornato del mundo, la más ilustre porción de la tierra donde florece y recrea la gloriosa fecundidad del pueblo godo”.
La Gens Gothorum, el pueblo godo, como el elemento diferenciador que da personalidad política a la antigua provincia romana, es, para San Isidoro, el primero de los pueblos de Europa pues tal fue la grandeza de su habilidad guerrera y notables las proezas de sus famosas victorias que aun Roma, la conquistadora de todas las naciones, se le sometió al yugo y cedió ante sus triunfos, y la dueña de todos los pueblos se les hizo su sierva (Historia Gothorum). En ese mismo texto describe a los godos como gente de naturaleza pronta y activa, que confía en la fuerza de la conciencia; de tez blanca, tienen el cuerpo potente y son altos de estatura. Todas estas palabras de San Isidoro, escritas hacia el año 630, alcanzada plenamente la unidad nacional-territorial, suponen el primer texto de un protonacionalismo ideológico en el seno de la cultura occidental. El nuevo ideal nacional que reflejan los textos del sabio sevillano se verifica en un territorio, la Península Hispánica, en un pueblo concreto, determinante de aquel ideal, los Godos, hasta identificar, de este modo, Tierra y Pueblo como la Patria común y diferenciada de todos, España.
Y España, en el Occidente, se opone a Bizancio, en el Oriente, sucesor del Imperio romano, un poder imperial bizantino considerado y sentido ya como algo extraño, ajeno, un poder invasor al que expulsar de sus amenazantes acuartelamientos en la franja sur peninsular. En aquel tiempo se hablaba de Toledo y Bizancio como los centros de dos polos de poder y civilización. Mientras en España con Toledo, su capital, se produce la fecunda fusión de un joven y dinámico pueblo germánico, los godos, con el civilizado conjunto de las gentes hispano- romanas, fusión que supone el embrión de la nueva cultura occidental, en Bizancio se amalgama la cultura euroasiática, sirio-helenística, de matiz oriental, que engendrará la civilización ortodoxa y las otras religiones cristiano-orientales.
El reino hispano-godo derrota y expulsa a los bizantinos de todos los antiguos territorios del Imperio de Occidente, territorio donde se está generando una nueva interpretación y apreciación del mundo, la Civilización Occidental, resultado fundamental de la fusión de los pueblos germánicos (godos, francos, anglo-sajones) con los pobladores de los territorios del Imperio romano de Occidente (hispanos, galos, britanos, ). San Isidoro canta en alabanza a la Nación a la que pertenece, España, como una realidad ya inequívoca y distinta del Imperio romano así como del reino de los francos o de los mauritanos del Norte de Africa, destacando la decisiva acción del pueblo godo en la formación de la nueva patria; la conciencia isidoriana es expresión ya de un sentimiento nacional hispánico.
La Monarquía gótica como estructura de poder desplegará una organización política peculiar que hará posible esa nacionalidad distintiva (y, sobre todo, su proyección futura), una organización que tiene en el monarca su cabeza. El rey de los godos, de limpio linaje, máximo jefe político-militar, resulta de la celebración de una asamblea de electores, destacados miembros de la comunidad, que lo elijen “armas in sonandibus” tras la muerte del rey anterior. El rey (Thiudans), jefe popular electo, que, según la tradición germánica, no crea derecho, pues éste ya existe, es de carácter consuetudinario, lo produce la propia comunidad; como protector del reino, tiene el difícil encargo de hacer cumplir ese «derecho de la comunidad».
Prevalece, pues, la costumbre a la ley escrita, pues aquélla es producto social que facilita la convivencia colectiva regulando oportunamente las relaciones sociales y resolviendo puntualmente los conflictos, en virtud del precedente judicial (gran relevancia de los jueces, principales intérpretes del derecho popular). La Ley, concepto romano, privilegia al que la impone amenazando así la libertad e igualdad esencial de todos los miembros de la comunidad. La coexistencia de godos y romanos en el Reino de Toledo supondrá la progresiva romanización de sus estructuras jurídico-políticas, aunque nunca desaparecerán las costumbres germánicas, sobre todo, en las comunidades rurales góticas alejadas de la Corte toledana, costumbres jurídicas que reaparecerán con fuerza en los primeros siglos de la Reconquista, sobre todo en Castilla, recogidas en los fueros territoriales.
Existió un Estado hispano-godo dirigido por el rey y organizado por una serie de instituciones que sostenían la unidad política. El Aula Regia o Senado visigodo, es el órgano que colabora con el monarca, asesorándole en su labor de dirección político-militar, en su actividad legislativa y en la administración de justicia. El núcleo fundamental del Aula Regia lo componen los miembros del Oficio Palatino que agrupa a los nobles de la Corte, siempre de estirpe goda: condes, jefes de los «espatarios» o guardia del rey, de las caballerizas, etc. En definitiva, el Aula Regia reúne a los altos funcionarios del Ejército y la Administración hispano-godos.
Especial consideración merecen los Concilios de Toledo, precedente histórico de las futuras Cortes medievales, que aconsejaban en cuestiones militares, judiciales y eclesiásticas. Estos Concilios supondrán la expresión fundamental de la colaboración entre la Iglesia y el Estado, una Iglesia que era el recipiente principal, y mantenedor entonces, de la cultura y los saberes. En este sentido resultó muy influyente la doctrina jurídica de San Isidoro que establecía la sumisión de la potestad civil a las leyes o normas de la comunidad, en contra de la tradición cesarista del derecho romano y de la práctica oligárquica bizantina. Los Concilios de Toledo son, entonces, el punto de confluencia entre la potestad del Estado y la autoridad moral e intelectual de la Iglesia, de modo que los reyes godos solicitaban de los Concilios su asistencia y apoyo en el gobierno del Estado y en las tareas legislativas, e incluso enviaban a los magnates del Aula Regia a las reuniones de los mismos.
Existía, pues, una relativa intervención de estos organismos en el ejercicio del poder aunque éste residía fundamentalmente en el rey, jefe electo, que detentaba un enorme poder, causa de las sangrientas disputas que se desataban en el momento de la sucesión entre las distintas facciones y clientelas nobiliarias. El rey, que debía ser de estirpe gótica y caracterizado por sus buenas costumbres, era el jefe supremo de la comunidad y representación personal del Estado. Es él quien dirige las relaciones con otros países declarando la paz o la guerra. Es el jefe de la Administración del Estado, ostenta la potestad legislativa, y es el juez supremo con jurisdicción sobre todos los súbditos, correspondiéndole también la convocatoria de los Concilios de Toledo.
El Reino («regnum, patria»), al frente del cual estaba el rey, lo integran el pueblo (godos y romanos: los hispano godos) y el territorio de la Península y zonas adyacentes. El Estado visigodo tenía por finalidad procurar el bien común, la defensa del territorio contra los enemigos del interior y del exterior, y la aplicación del derecho mediante la actividad legislativa y judicial. El Estado visigodo no tuvo el carácter de Estado patrimonial, ni la comunidad hispano-goda se fundamentó en relaciones jurídico-privadas, se ordenó para fines de índole pública.
La ciudad de Toledo, capital del Estado godo-hispánico, suponía la concreción de un centro general de imputaciones, sede de la Corte del monarca, cabeza metropolitana de la Iglesia hispana y sede de los Concilios, residencia de los magnates rectores del reino y capital cultural. Toledo será el referente de la unidad hispánica cuando ésta se derrumbe tras la invasión islámica. El año 711 y tras tres décadas de crisis general motivada por las terribles luchas partidistas para apoderarse del trono, el reino hispano-godo se extinguiría definitivamente cuando aquella unificación nacional peninsular era todavía incipiente y corría serios riesgos de una progresiva feudalización.
Los árabes y bereberes, unidos en la nueva fe mahometana, derrotarán al ejército hispano-godo en las cercanías de Jerez de la Frontera. Sería decisivo en el fatal desenlace el apoyo recibido por los musulmanes por parte de los judios y de una facción nobiliaria, la de los witizanos, es decir, los partidarios de la familia del recientemente fallecido rey Witiza, opuestos al rey Rodrigo, y que incluso recabaron la presencia de los mahometanos en la Península como sus aliados. El gobernador árabe de Africa del Norte al servicio del Califato de Damasco, Musa ibn Nusair, respondió a la demanda de los witizanos enviando a su lugarteniente, el jefe bereber Tarik ibn Ziyad, que cruzó el estrecho de Gibraltar en el 711 al mando de un ejército de bereberes recientemente islamizados. Rodrigo fue derrotado y muerto en la batalla que con estos tuvo lugar, probablemente, a orillas del río Guadalete. Al año siguiente, en el 712, el propio Musa desembarcó con tropas de refuerzo, La intervención de los musulmanes, en un principio como apoyo a la facción witizana, se estaba convirtiendo en un proyecto de conquista a gran escala, aprovechando la impotencia de los jefes visigodos, agotados en una guerra civil sin sentido.
Destrozados en la batalla el ejército y el Estado hispano-godos, los musulmanes ocuparían la casi totalidad del reino en un periodo de siete años (con la importante colaboración de los judíos residentes en las ciudades hispanas que abrieron las puertas de muchas de ellas), arrasando, en unos casos, o pactando, en otros, con los opositores. Algunos nobles visigodos, no aceptando el dominio musulmán buscaron refugio en la montañas del norte peninsular. Los montes cantábricos y pirenáicos quedarían libres del efectivo dominio musulmán y en ellos se formarían prontamente dos reinos, Asturias y Navarra, resultado del pacto alcanzado entre las gentes autóctonas y los refugiados godos.
La realeza astur-leonesa, la aragonesa y también los Condes de Barcelona, reivindicarán su estirpe gótica como factor de legitimación histórica de los nuevos poderes resultantes de la articulación territorial de la resistencia hispánica frente al invasor islámico. Entramos aquí en otro periodo histórico, sucesivo de la Monarquía gótica, la Reconquista, denominado así por la pretensión de los nuevos poderes autóctonos de recuperar el territorio peninsular ocupado por los árabes (Pérdida de España), a los que en todo momento se les consideró extraños usurpadores, invasores de unas tierras que detentan ilegítimamente, po-seedores de una religión y una cultura contrarias, africanos para los que Hispania (al-Andalus) era un territorio colonial, susceptible de ser explotado en su beneficio a base de fuertes tributos, un botín en definitiva.
La gran herencia hispano-goda permitió restaurar en España, por medio de la acción resistente articulada político-militarmente en el norte peninsular, la civilización occidental de raíz grecolatina, cristiana y germánica, superando así el tremendo y prolongado impacto de la dominación islámico oriental, a diferencia de lo que sucedió en el Norte de Africa que, integrado en el ámbito occidental antes de la invasión de los árabes, permanecería ya definitivamente islamizada y arabizada.
El rey Alfonso I de Asturias (739-759) y verdadero creador del nuevo reino, hijo de Pedro, duque de Cantabria, del linaje de Recaredo, realizó una importante incursión en las tierras de la cuenca del Duero sometidas entonces a los mahometanos, situadas al otro lado de la Cordillera Cantábrica, bastión natural del reino astur. En aquella incursión, y tras golpear duramente a los ocupantes islámicos allí establecidos tras la invasión, trasladó a la gran mayoría de los pobladores hispano-godos del norte de la Meseta hacia el otro lado de las montañas, instalándolos con una motivación claramente política en los valles cantábricos que se extienden desde las rías altas gallegas hasta el río Nervión, hecho que recoge destacadamente la Crónica de Alfonso III (2).
La fusión de estas gentes del Duero de estirpe gótica y de lengua latina con los habitantes autóctonos de aquellos valles (cántabros principalmente) conformaría finalmente un nuevo pueblo, los castellanos, que, dirigidos por sus caudillos y reyes, protagonizarían ese periodo histórico fundamental para la adecuada comprensión de la cultura e identidad hispánicas: la Reconquista y la consiguiente Repoblación, un verdadero «empuje hacia el sur» que terminaría con la toma de Granada en 1492. Sólo aquellos hispano-godos refugiados en territorio cántabro-astur (nobles, clérigos, campesinos) poseerán la conciencia de una «Hispania por restaurar», conciencia de la que carecerían casi por completo los pueblos autóctonos de aquellos valles norteños, en los enfrentados al poder central toledano. Por lo tanto corresponde a aquel aluvión de refugiados la creación de un poder político nuevo, el reino astur-leonés (y posteriormente, a partir del siglo XI, su heredero: Castilla-León) guiado por un objetivo de recuperación de las tierras de Hispania, situadas al otro lado de la Cordillera Cantábrica, y que constituían su originario solar patrio. (3)
Estos sucesos coadyuvarán decisivamente en la “gotización” y , por ende, “hispanización” del reino astur-leonés como principal poder autóctono, opuesto al emirato y posterior califato islámico con sede en Córdoba. Alfonso II el Casto (791-842) reinstauraría en Oviedo el “Orden de los Godos” existente en Toledo, tanto en el Palacio como en la Iglesia, como así nos informa la Crónica Albeldense, primera de una serie de crónicas latinas, conformadoras de una verdadera historiografía medieval nacional (4).
La sistemática y consciente repoblación de la cuenca del Duero supuso la creación de una nueva realidad social, política y cultural, una nueva realidad étnica , el pueblo castellano, los que habitan en el país de los castillos (en referencia a las abundantes torres defensivas construidas en la frontera oriental del reino de Asturias), resultado final de la profunda amalgama racial sustanciada en los valles cantábricos a lo largo de la segunda mitad del siglo VIII y primera mitad del siglo IX. Ya no habrá más tribus de astures, cántabros, autrigones, várdulos o vascones, ya no se hablará de godos o romanos; desde ahora, producto de una completa etnogénesis, se hablará de los “castellanos”, del Reino de Castilla y León, sucesor histórico del Reino cántabro-astur de los primeros tiempos de la Reconquista. Los castellanos, principales herederos de los godos y base fundamental de la raza y cultura hispanas, dirigirán con firmeza ese «empuje hacia el sur», capitaneados por sus jefes, reyes, magnates e infanzones. (5)
El denominado neo-goticismo astur-leonés, restaurador del unitarismo godo, diseñado en la Corte de los reyes asturianos y leoneses y heredado por Castilla al constituir su primer rey, Femando el Grande (1035-1065), el Reino de Castilla y León, consistía en un relevante programa político-militar destinado a imprimir una coherencia definitiva al proceso reconquistador y a legitimar al rey de Castilla como histórico sucesor del rey de los godos, el máximo jefe político de aquella Hispania unida por la conciencia nacional goda, invadida por los árabes y que ahora se pretende restaurar 6.
Esto es lo que los reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, ambos de la dinastía castellana de los Trastámara, y tras la unión de Aragón a Castilla alcanzada el año 1474 como consecuencia de su matrimonio, consiguieron cuando el 2 de enero de 1492 entraban victoriosos en Granada, alzando los estandartes simbólicos recibidos de sus antepasados, cumpliendo, en fin, el programa político inspirador de la Reconquista. Dice la Crónica de Alfonso III respecto de la batalla de Covadonga (722), punto de partida de dicha Reconquista: «Por esta montaña será salvada España y restaurado el ejército de los godos»; eso es lo que acabará significando la arriesgada emboscada de Don Pelayo, primer jefe rebelde, antiguo espatario del rey Rodrigo.
No son los Reyes Católicos los fundadores de la unidad nacional sino sus restauradores, aunque la unidad hispánica plena se conseguiría por Felipe II, y solo temporalmente, en 1580 al incorporar Portugal a su reino. Se equivocan, de modo interesado o ignorante, los políticos separatistas y sus clientelas cuando afirman que «sus pueblos» preexisten como «verdaderas naciones» a la «forzada» unificación de Isabel y Fernando finado el siglo XV. Para estos políticos, en su tergiversación histórica, dicha unidad fue un acto artificioso, ilegítimo e imperialista, destructor de esas «auténticas nacionalidades», o sea, Euskalerría o Cataluña que, dicho sea de paso, jamás existieron históricamente como entidades políticas unitarias e independientes.
España, como nacionalidad distintiva es muy anterior a ese siglo XV, debiéndonos remontar, como hemos comprobado, hasta la segunda mitad del siglo VI, obra principal de un pueblo germánico de primer orden, los godos, que como torrente, generoso y vivificador, vino a confundirse absolutamente en el anchuroso río de lo español hasta el punto de desaparecer como tal pueblo. Pero ellos también somos nosotros, los españoles. Permanecen en nuestros genes, en nuestros hábitos, en nuestra cultura (7). Ellos, los godos de España, fundaron nuestra nacionalidad cuando se iniciaba la Edad Media.
Ramón Peralta
NOTAS:
I- La Crónica Cesaraugustana del año 497 recoge el dato de la importante inmigración de grupos de godos a Hispania. Pero la llegada masiva de los godos a la península tiene lugar tras la batalla de Vouillé, prolongándose dicha entrada durante toda la primera mitad del siglo VI.
2- “Por él (Alfonso l) fue contenida siempre la audacia de los enemigos (los musulmanes). Con su hermano Fruela, muchas veces, conduciendo el ejército, tomó combatiendo muchas ciudades (…), matando con la espada a todos los árabes y conduciendo a los cristianos (los hispano-godos de la cuenca del Duero) consigo a la patria. En aquel tiempo (segunda mitad del siglo VIII) se poblaron las Asturias, las Primorias, Liébana, Transmiera, Sopuerta, Carranza, las Bardulias (que ahora llaman Castilla) y la región marítima (las rías altas gallegas)”.
3- Debemos destacar que el periodo histórico medieval que discurre entre los años 722 y 1492 adquiere su unidad a partir de la consideración central del proceso político-militar-cultural que supone la recuperación de las tierras ocupadas por el invasor musulmán, recuperación territorial progresiva (Submeseta norte, Valle del Ebro, Submeseta sur, Levante, Depresión bética y sudeste peninsular) acompañada de la repoblación de los tierras reconquistadas, es decir, la instalación en ellas de colonos (campesinos soldados) tras el previo desalojo, en la mayoría de los casos, del habitante islámico. Este proceso de reconquista y repoblación confiere una determinante homogeneidad a la sociedad que de este modo va conformándose, homogeneidad que sin duda alguna posibilitará la constitución de la moderna Nación Española, a fines del siglo XV, a partir de una comunidad de raza, de cultura, religión y costumbres.
4- Podemos destacar, junto a la Albeldense del siglo IX, la Crónica de Alfonso III o “Chronica Visigothorum”, la “Crónica Seminense”, el “Chronicum Mundi” de Lucas de Tuy, la “Historia Gothica” de Rodrigo Jiménez de Rada o la “Estoria General” del rey Alfonso X el Sabio, redactada ya en lengua castellana. Todas ellas continúan de algún modo la tradición historiográfica isidoriana, componiendo, en conjunto, la más brillante historiografía medieval europea. En todas ellas se describe una Historia de España que surge como comunidad política autónoma con los visigodos españoles. Destruido el reino hispano-godo, estas Crónicas, recogiendo primeramente el relato de San Isidoro de su Historia Gothorum, revelan la legitimidad del reino astur-leonés y de su sucesor, el reino de Castilla y León, en la restauración total del dominio sobre las tierras de España como verdaderos y legítimos herederos de los godos.
5- Justo Pérez de Urbel, en su magnífica obra EI Condado de Castilla destaca el hecho de que las personalidades rectoras de la Castilla emergente son de estirpe goda, poseedores de sonoros nombres germánicos: el Conde Rodrigo, primer conde de Castilla; Fernán González, primer conde independiente tras aglutinar en un solo y gran condado a los distintos condados del territorio oriental del Reino de León; Rodrigo Díaz, el infanzón de Vivar, gran guerrero y protagonista indiscutido de la poesía épica castellana, origen de la literatura española. Esta élite político-militar gótica, procedente genealógicamente de destacados refugiados en los valles de Cantabria, protagonizará la formación del Condado de Castilla y lo dirigirá victoriosamente en su enconado enfrentamiento con las poderosas huestes árabe-islámicas organizadas por el Emirato y posterior Califato cordobés.
6- Sobre la legitimidad del Reino de Castilla como heredero de la Monarquía Gótica, la historiografía castellana del siglo XV insiste en poner de relieve esa herencia política de los godos recibida naturalmente por Castilla. De este modo, al rey de Castilla es a quien pertenece el título de Rey de España, pues los reyes castellanos son los herederos directos de los reyes godos, y su misión será restaurar España en su antigua unidad peninsular. Este es el argumento central de la Compendiosa Historia Hispánica de Rodrigo Sánchez de Arévalo, auténtico colofón que culmina la historiografia anterior citada.
7- La herencia de los godos, además de la biológica, se manifiesta en multitud de facetas de la vida política y cultural hispana de la Edad Media, especialmente en Castilla. Efectivamente, la lengua, el derecho, el orden socio-político castellanos poseen una impronta germánica distintiva portada por la numerosa población gótica que participó en su formación. Para este particular resulta muy conveniente consultar autores como Claudio Sánchez Albornoz, Eduardo de Hinojosa o Ramón Menéndez Pidal.

http://hispaniagothorum.wordpress.com/godos/los-godosfundadores-de-la-nacionalidad-espanola/

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¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Mar Oct 14 2014, 17:11

San Isidoro de Sevilla elevó nuestro país a la categoría de «Primera Nación de Occidente» en el siglo VI. Una afirmación que mantuvo encendidas las aspiraciones cristianas de crear en la Edad Media una única entidad política en la península


ABC
Un heraldo de los Reyes Católicos, en el cuadro que representa la Rendición de Granada

Hispania, que procede de la palabra fenicia «I-span-ya» («Tierra de metales»), fue la denominación que los romanos pusieron a la provincia romana que ocupaba la totalidad de la península Ibérica. Como es habitual con los nombres elegidos por los romanos, la delimitación no respondía a la realidad tribal y se trataba de una decisión meramente geográfica. Hoy en día, aquella provincia romana está ocupada por tres entidades políticas distintas, Portugal, España y el Principado de Andorra, cuyas formas actuales costaron siglos de luchas y alianzas.
Si bien la Monarquía visigoda buscaba la creación de un reino unificado en toda la península Ibérica, los visigodos compartían originariamente el territorio con los suevos, instalados en el noroeste («Galliciense Regnum»), y los bizantinos, que controlaban zonas del sur. Por esta razón, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del s. VI, el rey Leovigildo sólo pudo proclamarse monarca de «Gallaecia, Hispania y Narbonensis». No desistieron los visigodos en su empeño de crear conciencia de una única entidad política y de una monarquía cristiana, como bien recogen las obras históricas del arzobispo San Isidoro de Sevilla –hijo de padre hispanoromano y de madre goda– que en el libro «Historia Gothorum» eleva a España a la categoría de Primera Nación de Occidente. «De cuantas tierras se extienden desde el Occidente hasta la India, tú eres la más hermosa, oh sagrada y feliz España, madre de príncipes y de pueblos», reza el texto de San Isidoro de Sevilla, que se convirtió en lectura obligatoria para todos los príncipes cristianos que habitaron la península durante la Edad Media.

El rey Leovigildo sólo pudo proclamarse monarca de «Gallaecia, Hispania y Narbonensis».

Así, la idea de una única entidad «hispana» pervivió en la mitología e imaginario de los escasos núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Pocos años después de la batalla de Guadalete, 711, nada quedaba del Reino Visigodo, salvo pequeños reductos liderados por nobles norteños. A partir de este punto, la denominación de España se entendía, según el bando, como los reinos cristianos o como la zona musulmana. Por ejemplo, en tiempos del rey Mauregato de Asturias fue compuesto el himno «O Dei Verbum» en el que se califica al apóstol Santiago, patrón de la España cristiana, como «dorada cabeza refulgente de “Ispaniae"».

La creación de los estados modernos


ABC
Heraldo de los Reyes Católicos
No fue hasta el comienzo de la Edad Moderna, con la reducción del poder de la nobleza y el clero, cuando surgen los primeros embriones de estados modernos por toda Europa y los españoles ven cumplida su vieja pretensión. El intento corrió a cargo de los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, que unificaron las dos coronas más poderosas de la península en 1469 y cuyos descendientes heredaron una algarabía de reinos ibéricos que se conocían, entre otras denominaciones, como «las Españas». El Descubrimiento de América y la Conquista de Granada, ambos hechos acontecidos en 1492, están considerados simbólicamente como el origen de la España moderna.
Sin embargo, en opinión de muchos historiadores la unión dinástica no es un hecho suficiente para hablar de una única entidad política, puesto que no existía una integración jurídica. Los Reyes Católicos unificaron la política exterior, la hacienda real y el ejército, pero lo hicieron respetando los fueros y privilegios de sus reinos.

«Los reinos cristianos compartían la idea de reconstituir la unidad política perdida»

«A mediados del siglo XV, en la Península Ibérica no quedaban más que cuatro reinos cristianos: Portugal, Castilla, Aragón y Navarra. Los cuatro se consideraban originales, distintos, pero hermanos: todos eran españoles. A pesar de las diferencias políticas, existía una solidaridad indudable, compartían la idea de reconstituir la unidad política perdida. Los enlaces matrimoniales estaban destinados a recuperar la unidad peninsular y la boda de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en 1469, puso los cimientos de ese proceso», argumenta el hispanista Joseph Pérez, quien no duda en otorgar una configuración, identidad y conciencia de España a partir de la unión dinástica.
De una forma u otra, la palabra España pierde su significado meramente geográfico con la unión dinástica. Y aunque todavía no se puede hablar de sólo un reino, la dinastía de los Habsburgo ya utiliza entonces la designación de Rey de España para hacer referencia a sus posesiones en la península Ibérica. Así, Felipe II es denominado desde su nacimiento Príncipe de España.

El 80% de la población era castellana

A raíz de la unión dinástica comenzaron a surgir voces críticas contra la preeminencia de Castilla sobre el resto de reinos que formaban España. Los historiadores catalanes han acusado tradicionalmente a Castilla de apropiarse de la identidad española. En la práctica, la población castellana suponía el 80% de la población y ocupaba tres cuartas partes del territorio peninsular en el momento de la unión dinástica. No es de extrañar, por tanto, que el timón de esta nueva entidad tuviera protagonismo castellano, así como que los escritores castellanos de la época no hicieran distinción entre castellanos y españoles. El historiador Henry Kamen, en su libro «España y Cataluña: Historia de una pasión», recuerda que no se trata de un fenómeno aislado puesto que «en otros países de Europa los regentes políticos del centro territorial, económico o político han tendido siempre a identificarse como el verdadero estado y despreciar a las zonas periféricas».

«España es una nación discutida y discutible», recitó José Luis Rodríguez Zapatero

Sin embargo, la creación de un estado-nación español, tal y como lo entendemos hoy en día, fue un proceso mucho más lento que exigió siglos de un intenso intercambio cultural y comercial entre las regiones españolas. Con la llegada de la dinastía de los Borbones tras la guerra de Sucesión, Felipe V se puso al frente por primera vez del Reino de España.
«España es una nación discutida y discutible», recitó durante su presidencia José Luis Rodríguez Zapatero en una de sus más polémicas declaraciones. Pero, discutida o no, ¿desde cuándo podemos hablar de nación española? La mayoría de historiadores apuntan a la Guerra de Independencia, en concreto a la Constitución de Cádiz de 1812, como el nacimiento de la idea de España como nación. En plena invasión napoleónica, la promulgación de una constitución de corte liberal dejó recogido en su artículo 1 a la «Nación española» como «la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios». El resto del convulso siglo XVIII dio forma –con la pérdida de las colonias, las Guerras Carlistas y las sucesivas crisis políticas– al concepto de nación española que tenemos en la actualidad.

http://www.abc.es/espana/20141014/abci-espana-origen-pais-cuando-201410131626.html?ns_campaign=GS_MS&ns_mchannel=abc_es&ns_source=FB&ns_fee=0&ns_linkname=CM

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por URSINO el Mar Oct 14 2014, 20:38

Buen texto, sintetizado y clarificador para los que siguen diciendo, sin base alguna, que el concepto moderno? de España, nace en el XIX.


Todavía no han explicado "qué es el concepto moderno de España". Por lo visto hay para ellos un concepto antiguo, pero tampoco aclaran cual. Cuando en realidad, España es una empresa espiritual y material sin solución de continuidad, que ya nace en la segunda guerra púnica, 218 a.c, con la profunda  latinización del trozo de suelo llamado Hispania, latinización que es la llama donde prende sin apagarse nuestra travesía histórica, referente continuo que sirvió para descubrir un Nuevo Mundo, y crear Universidades, Santos y el Derecho, lo que exaspera profundamente a los secesionistas y a la derecha socialdemócrata y liberal traidora a su electorado.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por Huroncete el Miér Oct 15 2014, 08:17

Ursino, los que dicen eso es por esto:
"La mayoría de historiadores apuntan a la Guerra de Independencia, en concreto a la Constitución de Cádiz de 1812, como el nacimiento de la idea de España como nación."
Pero claro, se refiere al concepto de España como nación, que dicho concepto de nación no existía hasta finales del S. XVIII y principios del XIX. Lógicamente, ni España ni ninguna otra nación existían como naciones antes que el propio concepto de nación, que a fin de cuentas es algo reciente. El concepto de España como patria, es muchísimo anterior, como se comenta en el artículo.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por HispanoCortés501 el Jue Oct 16 2014, 01:37

Depende a quien preguntes por que hay quienes afirman que España existe desde:
- La llegada de los visigodos. (410)
- La fundación del reino de Asturias por Don Pelayo. (722)
- La unión de las coronas de Castilla y Aragón por parte de los reyes católicos. ((1492)
- La llegada de los Borbones a España. (1714)
- La creación de la constitución de Cádiz en 1812.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por Jorge Olmedo C. el Vie Oct 17 2014, 22:40

España existe como nación desde el siglo VI. Es más, fue la nación más antigua del mundo. San Isidoro ya en esa época hablaba de España como nación, y no fue el único. Es más, existía un estado unificado. Cuando el rey Rodrigo es derrotado en Guadalete y tras la gesta de Covadonga se habla ya de la "España perdida". Los Reyes Católicos no crearon la nación española, sino que restauraron la unidad perdida tras la invasión de los musulmanes (muchos de los establecidos eran hispanorromanos y visigodos convertidos al Islam, sobre todo por interés económico), y se restauró el viejo ideal visigóticos, que era lo que Isabel y Fernando querían, al igual que los grandes guerreros y monarcas anteriores. Se constituye España como un estado-nación moderno, pero ya existía España como nación. El liberalismo en el siglo XIX y hasta nuestros días afirma que España es una nación desde 1808, pero eso no es verdad, es su manera de verlo desde esa ideología injusta y antihistórica que es el liberalismo. Os dejo el título de un libro que he leído sobre el tema y lo explica todo muy bien "Hispania-Spania. El nacimiento de España" de Santiago Cantera.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por Huroncete el Sáb Oct 18 2014, 09:46

Mucho mejor explicado.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por Fernando Villaamil el Sáb Oct 18 2014, 14:26

España existe, como idea e identificación de una cultura, sociedad, territorio y pueblo que habitan un espacio geográfico determinado como es nuestra Península, desde la conquista de nuestra Península por parte de Roma y el proceso de romanización de la misma que siguió a dicha conquista. Y esa concepción viene dada por la percepción de otras naciones o pueblos foráneos de la existencia de una nación en España, así como la de los propios romanos (véase como llamaba Julio César a nuestra Península en los apartados de sus "Comentarios sobre la Guerra Civil") y habitantes hispanorromanos que tanta influencia tuvieron en el Imperio romano, llegando Hispania (que se convirtió en el territorio más latinizado de todo el Imperio, hasta el extremo de que aún hoy día la lengua española se halla más cerca del latín que el propio idioma italiano o el francés) incluso a aportar varios emperadores como Trajano, Adriano o Teodosio I el Grande al mismo.

Posteriormente, en el transcurso de la época histórica en que Hispania estuvo regida por el reino visigodo, concretamente a partir del reinado de Leovigildo (cuya primera esposa, Teodosia, de cuyo matrimonio nacieron San Hermenegildo y el rey Recaredo, era hispanorromana), se convierte en realidad la unificación política de la península (como nación independiente, reconocida y soberana bajo una forma de Estado definido que la ordena, la rige y la gobierna, a diferencia de la época de Roma, y con capital en Toledo) es indudable bajo la base cultural y social de la población hsipanorromana asumida por los visigodos. Se legalizan los matrimonios mixtos entre godos e hispanorromanos, lo que permitiría la fusión de ambos pueblos. El poder militar y político lo tendrían los nobles visigodos, pero cada vez con mayor participación hispanorrona, al punto de que varios reyes visigodos de España posteriores fueron hispanorromanos. La organización política del reino llevada a cabo por el rey con Leovigildo alejó definitivamente la incertidumbre política creada en Hispania por la caída del Imperio romano. Por su parte, el hijo y sucesor de Leovigildo, el rey Recaredo, por medio del III Concilio de Toledo del año 589, abjuró del arrianismo y se convirtió al catolicismo, unificando religiosamente a visigodos e hispanorromanos, hay que tener en cuenta que antes del surgimiento del Estado-nación liberal era corriente en Occidente que la unidad de las naciones se basara también en su unidad religiosa. En cualquier caso, la España como nación es heredera directa de la Hispania como provincia romana, dado que, a diferencia de, por ejemplo los francos en lo que posteriormente sería Francia, los visigodos asumieron prácticamente en su totalidad la cultura hispanorromana y se disolverían paulatinamente en la población hispanorromana, abandonando el arrianismo en favor del catolicismo y respetando tanto el latín  como, parcialmente, el Derecho Romano (en el año 654 se consolida la unificación jurídica del reino por medio de la elaboración y promulgación del Liber Iudiciorum, documento jurídico considerado la mayor obra legal de la España visigótica y aplicable por igual a visigodos e hispanorromanos y de fuerte tradición romana, por parte del rey Recesvinto).

Posteriormente, durante la Edad Media, la organización de los reinos cristianos españoles surgidos durante el proceso de Reconquista, basada en la idea del Reino Visigodo de Hispania y de la recuperación de la España perdida (estando incluso la forma de ungir a los reyes de España basada en una costumbre de la monarquía visigótica, que se conservó posteriormente en el Reino de Asturias y así sucesivamente; otro dato a tener en cuenta es que los propios nobles de la Marca Hispánica del Imperio carolingio eran antiguos nobles de la Septimania del reino visigodo que rendirían vasallaje al reino franco como en el pasado lo habían hecho al reino visigodo, y la ascendencia goda de los reyes de la dinastía astur-leonesa), era bastante pronunciada y compleja en comparación a muchos otros reinos y Estados de la Europa de la época, precisamente debido a la necesidad que existía en el caso de los reinos españoles de consolidar en su poder los territorios reconquistados al Islam, y, siendo la conciencia de los habitantes de dichos reinos medievales, de ser asturianos, castellanos, aragoneses, leoneses, catalanes, etcétera, posterior cronológicamente, por tanto, a la concepción que se tenía ya desde la época de la Hispania romana de ser hispanos o españoles, existiendo citas de propios monarcas de los reinos cristianos peninsulares de la época defendiendo su españolidad (solo por citar un par de ejemplos, tenemos la "Grande e General Estoria de Espanna" ordenada compilar por el rey Alfonso X de Castilla, o varias citas del rey Jaime I de Aragón). Recordemos que hasta los portugueses, en el siglo XVI reivindicaban su condición de españoles. Se ofendían cuando en algunos documentos se les separaba de España y replicaban diciendo aquello de: "aquí todos somos españoles", que diría Luis de Camoes.

El que posteriormente se defina el Estado-nación liberal ciudadano a consecuencia de la Ilustración y del surgimiento del liberalismo, ambos fenómenos característicos del transcurso de la Historia occidental durante el siglo XVIII, no significa que antes no existiera España como nación.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por ilustrado el Jue Feb 12 2015, 11:32

REINO HISPANOVISIGODO, FUNDADORES DE LA PRIMERA NACIONALIDAD DE EUROPA

Durante los primeros siglos de la Alta Edad Media, el pueblo visigodo fusionado con el hispano consiguió establecer un Estado independiente con identidad propia. Los visigodos recogieron el legado cultural de la Hispania romana, unificaron el territorio bajo una misma corona, se convirtieron al Catolicismo, establecieron un derecho común, se fusionaron con los hispanorromanos formando una misma sociedad y forjaron con todo ello un sentimiento de unidad política. Aunque no en el sentido moderno del concepto, los hispano-visigodos fueron los forjadores de una de las primeras nacionalidades de Europa: la Española

Cuando el brillo de Roma se oscureció, los hispano-visigodos recuperaron para Europa el antiguo Derecho romano mediante el cual los súbditos formaban una sola comunidad y revitalizaron la cultura clásica grecorromana cuyo máximo representante fue Isidoro de Sevilla.

CRUZ VISIGODA DE LOS ESPAÑOLES ALTOMEDIEVALES


Europa nace cuando el Imperio romano aceptó su cristiandad y se dividió en dos mitades: la latina y la griega. Por ello, Diocleciano y Constantino restructuraron el territorio según la existencia de diversas nacionalidades llamadas Diócesis, o su equivalente germánico Volk, cuyo significado equivale a “pueblo”.

Cinco grandes Diócesis se establecieron en el lado Oeste del aquel Imperio romano dividido: Italia, Galias, Britania, Germania e Hispania. Mientras las Galias, Britania y Germania abandonaron su nombre por el de los Volk germánicos (francos, británicos, teutones, etc.), Italia y España conservaron su nombre debido a su acusada herencia romana. Hispania obtuvo su identidad a través de Roma, cuando a comienzos del siglo IV, fue reconocida como diócesis cristiana, abandonando el helenismo.

Los hispanorromanos habían comenzado a tener conciencia de formar una unidad. No se trataba de una conciencia nacional, porque el concepto de nación moderna no existía aún, pero si se estaba forjando un sentimiento de comunidad en la península Ibérica.

La muerte del emperador Teodosio en el 395 fue un acontecimiento decisivo. Empujados desde el este por los hunos de Atila, sucesivas oleadas de germanos invadieron el Imperio romano cruzando el Rhin y el Danubio. En el 409 d. C, suevos, vándalos y alanos penetraron en el territorio de una Hispania en descomposición interna. Los suevos se extendieron por Galicia, y los vándalos por Bética, ambos pueblos eran germánicos; los alanos que se extienden por Lusitania eran indoarios.


 
EXPANSIÓN TERRITORIAL DE LAS TRIBUS GERMÁNICAS


En el 414 penetraron también los visigodos, que se habían asentado a ambos lados de los Pirineos. Se trata de un pueblo de unas 200.000 personas que había llegado desde algún territorio litoral al mar Báltico. Poseían un grado de civilización superior al resto de pueblos invasores, de hecho, llegaron a pactar con Roma. No eran un pueblo especialmente belicoso, tan sólo querían asentarse a vivir en tierras, por eso Roma aceptó su asentamiento a ambos lados de los Pirineos a cambio de derrotar a los pueblos invasores que estaban asolando el Imperio.

Al frente de los visigodos estaba el rey Ataúlfo, que sustituyó la legitimidad del Imperio romano y estableció su capital en Barcelona. La idea de los visigodos consistía en mantener las condiciones fijadas en la Lex de hospitalitate, intentando mantener la identidad germánica como el portador del poder.

Eurico intentó ofrecer a la sociedad hispanorromana un sistema jurídico aceptable, codificando y ajustando las leyes del emperador Teodosio II, llamándolas Lex romana visigothurum.




VESTIMENTA DEL PUEBLO VISIGODO



Finalmente, el Imperio romano de Occidente se desintegró en el año 476, debido a la fuerza de las invasiones de los pueblos bárbaros y a su decadencia interna; los visigodos se encargaron de recoger su legado: unificaron el territorio bajo una misma corona, recuperaron la herencia cultural, se convirtieron al catolicismo, establecieron un derecho común, se fusionaron con los hispanorromanos formando una misma sociedad y forjaron con todo ello un sentimiento de unidad política.

Se produjeron duras luchas entre las tribus germánicas hasta que en 585, los visigodos se hicieron dueños de la situación, incorporando el territorio que ocupaban los suevos. Leovigildo consiguió unificar políticamente el espacio hispano con capital en Toledo; un territorio que ahora formaba un Estado independiente con identidad propia.

Fue este rey quien permitió la fusión étnica, mediante la legalización de matrimonios mixtos entre godos e hispanorromanos. Fue en este siglo XVI cuando los hispanorromanos impusieron sus modos de ser y de vivir.

Desde 585, los visigodos dominaron en todo el territorio de la península Ibérica, y su dominio no se vio interrumpido hasta la invasión musulmana del 711. Durante ese tiempo, todo el territorio peninsular estuvo unificado bajo una única corona, una religión común, un legado cultural y un derecho unificado.

Durante el III Concilio de Toledo de 589, Recadero, hijo de Leovigildo, y su reino abrazaban la fe romana. El arrianismo fue sustituido por el catolicismo, el latín se impuso sobre la lengua goda, y se sometieron todos los habitantes a una Lex romana custodiada por los visigodos que adoptaron todos los usos y costumbres hispanorromanas. E incluso se terminó abandonando parte de su herencia consuetudinaria al aprobar, en 654, una reglamentación estatal de fuerte tradición romana, el Liber Iudiciorum, aplicable tanto a visigodos como a hispanorromanos.

 
CONVERSIÓN DE RECAREDO POR ANTONIO MUÑOZ DEGRAIN
 
 

Esta unidad religiosa condujo a una estrecha relación entre la Iglesia y la Monarquía, fortaleciéndose ambas merced a esta relación, pero significando también una cierta dependencia que se hizo especialmente acusada en la crisis de la Monarquía.

Por otra parte, la conversión al catolicismo de los distintos pueblos europeos determinó la vida cultural, así en la península Ibérica se desarrolló durante casi dos siglos una importante corriente, mezcla de la tradición latina con el espíritu cristiano.

Este movimiento de restauración cultural recuperó para Europa el antiguo Derecho romano mediante el cual los súbditos forman una sola comunidad, regida a su vez por esa ley hispano-visigoda, que reducía la servidumbre a dimensiones económicas. Era una ley que garantizaba a los campesinos la subsistencia mediante el trabajo de la tierra, aunque tenían que transcurrir todavía varios siglos para que la servidumbre desapareciera.

Cuando el brillo de Roma se oscureció, los visigodos revitalizaron la cultura clásica, adoptando como suyos el patrimonio y legado hispanorromanos. La cultura hispano-visigoda era floreciente, pujante y fecunda, la más refinada de todo Occidente durante los siglos VI y VII. Estaba basada en el mantenimiento de un sistema educativo heredado de las escuelas municipales que implantó el Imperio romano, y que había sido renovado en el siglo V, carente de parecidos en el resto de Occidente. Así pues, se fundaron nuevos monasterios que prosiguieron la labor evangelizadora, y las sedes episcopales organizaron escuelas, convirtiéndose en focos de cultura.

Destacaron los historiadores Paulo Osorio e Hidalcio, el poeta Prudencio, el filósofo Juan de Bíclaro, o el rey poeta Sisebuto. Cabe destacar, por la importancia de las obras conservadas, entre otros a Martín de Braga, Braulio de Zaragoza, Julián y Eugenio de Toledo, Fructuosos de Braga o Valerio del Bierzo.





EXPANSIÓN DEL REINO HISPANOVISIGODO HASTA LEOVIGILDO



Otra personalidad representativa de la cultura hispano-visigoda fue Leandro de Sevilla, hermano mayor de Isidoro de Sevilla, cuya obra se ha perdido por completo excepto la homilía De triumpho ecclesiae ob convesionem Gothorum y el tratado De institutione virginum.

San Isidoro de Sevilla fue reconocido como el más sabio de su tiempo. Escribió innumerables obras. Las Etimologías resumen las ciencias y los conocimientos de la cultura clásica, fue traducida por Alfonso X el Sabio. También escribió: Historia de regibus gothorum, vandalorum et suevorum, Chronica, y De Virus illustribus. En sus obras se recogen el "trivium" y el "cuadrivium", división de los estudios de la Antigüedad clásica y que pasó a la enseñanza durante la Edad Media.

Las Laudes Hispaniae constituyen un subgénero muy temprano de la literatura española. En ellos se reivindica la identidad nacional a partir del prólogo con el que Isidoro de Sevilla abre su Historia de regibus gothorum, vandalorum et suevorum (Historia de los reyes godos, vándalos y suevos).

Isidoro cantó las glorias de un pueblo en plena asunción de una existencia política propia. Su Loa a Hispania es una alabanza a la España de los primeros siglos de la Edad Media, que refleja el sentimiento de pertenencia y la identidad común de aquel reino hispano-visigodo, mezcla de la herencia romana, la cristiana y la germánica.

La influencia cultural gótica en la formación de España como nación y Estado fue enorme. Los vestidos visigodos, como el pantalón, la camisa y los zapatos, sustituyeron los vestidos telares romanos e ibéricos y las sandalias. Los balcones y voladizos en las casas los introdujeron los godos. Las reglas armónicas de la música son godas. Nuestro concepto del honor es godo, así como gran parte de nuestra ética. La lengua española está impregnada en su vocabulario, fonética y léxico de palabras góticas. Son palabras de orige gótico: zapato, gorro, galones, templado, daga, machete, garbo, estribo, trampa, trepar, rango, banda, bandera, ganado, heno, Galindo, Gutiérrez (hijo de godo), Godoy, Jiménez, Martínez, Rico, etc.

La filóloga Jurate Rosales ha demostrado que la lengua española ha recibido una influencia del latín vulgar gracias a los godos. Se comprueba en las diptongaciones de la o, a, e largas, en la pérdida de la f inicial, en la palatización de las silabas latinas ki y ti, en el cambio de la k latina por la g española, en la terminación ez de los patronímicos, en la ausencia de t en la terminación de la tercera persona del plural, cambios que son similares a los de las lenguas bálticas.





BRAULIO DE ZARAGOZA E ISIDORO DE SEVILLA


Codex Revisus, época de Leovigildo:

Que esté permitida la unión matrimonial tanto de un godo con una romana (Hispanorromana), como de un romano (Hispanorromano) con una goda. Se distingue una solícita preocupación en el Príncipe, cuando se procuran beneficios para su pueblo a través de ventajas futuras; y no poco deberá regocijarse la ingénita libertad al quebrantarse el vigor de una antigua ley con la abolición de la orden, que, incoherentemente, prefirió dividir con respecto al matrimonio a las personas que su dignidad igualaba como parejas en status. Saludablemente reflexionando por lo que aquí expuesto como mejor, con la remonición de la orden de la vieja ley, sancionamos con esta presente ley de validez perpetua: que tanto si un godo una romana, como también un romano una goda, quisiera tener por esposa-dignísima por su previa petición de mano-existía para ellos la capacidad de contraer nupcias y esté permitido a un hombre libre tomar por esposa a la mujer libre que quiera en honesta unión tras informar bien de su decisión y con el acompañamiento acostumbrado del consenso del linaje.


De Laude Spaniae por San Isidoro de Sevilla:

 
¡Oh España, madre sagrada y siempre feliz de príncipes y de pueblos! Eres la más hermosa de todas las tierras, habitadas y por habitar, desde Occidente hasta las Indias. Con todo derecho eres ahora la reina de todas las provincias, luminaria de la que se benefician tanto el orbe, la parte más ilustre de la tierra, en la que se regocijan sobremanera y florece espléndidamente la gloriosa fecunda del pueblo godo.

Con gran indulgencia, aunque merecidamente, te enriqueció la naturaleza con notable abundancia de todo tipo de bienes. Eres rica en frutos, copiosa en uvas, alegre en cosechas; te vistes de mieses, los olivos te ofrecen sus sombras, y las vides te sirven como vestido. Tus campos están llenos de flores, tus montes te hacen frondosa, y tus costas abundan en peces. Estás situada en la zona más agradable del mundo; gracias a ello, ni te abrasa el ardor del sol tropical, ni te agarrota el rigor de los hielos glaciares, sino que abrazada por la zona más templada del cielo, te nutres de felices céfiros. Porque, efectivamente, tú haces posible la fecundidad de los campos, el precioso valor de las minas, y cuanto de hermoso tienen los seres vivientes. Y de ninguna manera tienen por qué minusvalorarte esos ríos a los que ennoblece la merecida fama de sus rebaños.

Superas a Alfeo en caballos y al Clitumno en reses, por más que el sagrado Alfeo pueda entrenar a sus veloces cuadrigas por las pistas para hacerse con las palmas olímpicas, y el Clitumno se dedicara en el pasado a ofrecer en sacrificio enormes novillos en el Capitolio. Gracias a tus abundantísimos pastos, no necesitas ambicionar los prados de Etruria, ni rebosantes de palmas, te admiras ante los bosques de Molorco; tampoco sientes envidia de los carros de Élide en la carrera de tus caballos. Tú eres feracísima gracias a tus caudalosos ríos, los torrentes que arrastran pepitas de oro te visten de color amarillo, posees la fuente que engendra la mejor caballería, y te pertenecen los vellones teñidos de púrpura que brillan igual o más que los colores de Tiro. En ti se encuentra la piedra preciosa que brilla en el sombrío interior de los montes y resplandece casi como el sol.

Además, eres rica en hijos, en piedras preciosas y en púrpura; por otras parte, a tu otra parte, a tu gran fecundidad deben existencia numerosos talentos y gobernantes de imperios, eres opulenta para encumbrar príncipes y feliz a la hora de parirlos. Con razón te deseó desde siempre la áurea Roma, cabeza de los pueblos; y, aunque el romano terminara un día poseyéndote gracias a su Romúlea fortaleza, al final el floreciente pueblo godo, tras numerosas victorias por todo el orbe, te robó el corazón y te amó, y goza ahora de ti con segura felicidad entre la pompa regia y el esplendor del imperio.


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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por HispanoCortés501 el Vie Feb 13 2015, 02:12

Hay quienes piensan que la herencia visigoda en España es mínima por que enseguida se adaptaron la cultura hispano-romana aparte de que eran poco numerosos en comparación con los habitantes de Hispania. 
Hay quienes creen que la nación española fue fundada en el reino de Asturias, en la unión de los reinos de Castilla y Aragón durante el reinado de los Reyes Católicos.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por Luego Cabalgamos el Vie Feb 13 2015, 10:37

@HispanoCortés501 escribió:Hay quienes creen que la nación española fue fundada en el reino de Asturias, en la unión de los reinos de Castilla y Aragón durante el reinado de los Reyes Católicos.

Eso mismo se lo he llegado a escuchar a gente presuntamente docta y patriota, como Fernando García de Cortázar. También se lo escuché decir a Rajoy, cuando no era maricomplejín y defendía en alguna medida la nación española para seducir a sus votantes y hacerse pasar por un líder patriota. Otros imbéciles incluso dicen que realmente la conciencia española no aparece hasta la Constitución de 1812, o que la nación catalana es genuina, diferente y más antigua que España... quien dice Cataluña, dice Andalucía, ahí tenemos al necio de Sánchez Gordillo. Y no se dan cuenta de que, si no hubiese nacido una conciencia nacional española visigótica, la Reconquista hubiese sido de trazos exclusivamente religiosos, y hoy la Península ibérica se parecería más a los Balcanes, en todo caso, la unificación sólo hubiera fructificado en la fiebre nacionalista del siglo XIX.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por Neilo65 el Mar Feb 17 2015, 01:13

@Luego Cabalgamos escribió:
@HispanoCortés501 escribió:Hay quienes creen que la nación española fue fundada en el reino de Asturias, en la unión de los reinos de Castilla y Aragón durante el reinado de los Reyes Católicos.

 Otros imbéciles incluso dicen que realmente la conciencia española no aparece hasta la Constitución de 1812, o que la nación catalana es genuina, diferente y más antigua que España... quien dice Cataluña, dice Andalucía, ahí tenemos al necio de Sánchez Gordillo. Y no se dan cuenta de que, si no hubiese nacido una conciencia nacional española visigótica, la Reconquista hubiese sido de trazos exclusivamente religiosos, y hoy la Península ibérica se parecería más a los Balcanes, en todo caso, la unificación sólo hubiera fructificado en la fiebre nacionalista del siglo XIX.
Cierto, hay algún inculto catalanista que me ha llegado a escribir que España fue constituida como país en 1812, que su constitución es la mas antigua e incluso que el primer escrito que se conoce en alguna lengua de la peninsula fue escrito en Cataluña y en catalan.
Pero luego le recuerdo que como españoles se nos denomina asi desde la toma de Granada, aunque anteriormente ya desde Don Pelayo se hablaba de reinos hispanos, le recuerdo que la primera constitución dictada en España es 186 años anterior a la catalán, puesto que en 1188 la Curia Regia la establecio Alfonso IX de Leon, que provenia de la Curia Plena promulgada por Alfonso V de Leon a la que añadieron a la burguesía, haciendo de ella lo que hoy denominamos constitución. Sobre el escrito en castellano mas antiguo tampoco hay mucho que rascar y solo decir Nodicias de kesos, fechado en el 959, es mas que suficiente como para que no volvieran a contestar.

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Re: ¿Desde cuándo existe España?

Mensaje por El Zorro el Mar Feb 17 2015, 16:05

Pues también diles que Cataluña jamás tuvo "Constitución", sino un compendio de normas medievales siempre sujetas a la jurisprudencia de la Corona de Aragón que se denominó Constituciones (al igual que los Fueros valencianos o aragoneses) y que obviamente no es el mismo concepto que algunos pretenciosamente pretenden adjudicarle actualmente...

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