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ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

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ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por JoséUEI el Sáb Abr 05 2014, 02:15

Bueno, este es un vídeo que ví hace bastante y me parece que en un breve tiempo explica con una buena argumentación, el por qué de que Cataluña es España. Os recomiendo verlo, ya que es un catalán que vive allí y explica la situación. Podría poner un texto, pero creo que es más ameno ver el vídeo con imágenes.




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Re: ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Sáb Abr 05 2014, 02:33

si, ya lo hemos visto, estaba en el otro foro desde hace tiempo  Laughing 

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Re: ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por Lucio Boreno el Sáb Abr 05 2014, 12:07

Vi este video hace tiempo José y ya tuve una acalorada discusión en youtube con un iluso. Debo de decir que ese chaval explica muy bien lo que piensa y que me alegra que los patriotas estén representados por él y los traidores por Junqueras & company.

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Re: ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por JoséUEI el Sáb Abr 05 2014, 20:21

@HIMNOSHISTORICOS escribió:si, ya lo hemos visto, estaba en el otro foro desde hace tiempo  Laughing 

No lo vi, es que como me registré hace un par de días.

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Re: ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por Valle el Sáb Abr 05 2014, 20:36

Muy tranquilo, bien explicado y verdades ...esa es la fuerza...la verdad.

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Re: ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por ilustrado el Sáb Abr 05 2014, 22:39

No conocía esta video, está muy bien resumido y explicado, pero me gustaría aportar con mayor información un par de hechos históricos que merecen ser conocidos con algo más de profundidad. Me estoy refiriendo primero a la Concordia de Alcañiz y Compromiso de Caspe que comenta en el minuto 3:30, y a la Sentencia de Guadalupe en el minuto 7:17.

Dos hechos que demuestran de una manera muy clara la españolidad histórica de Cataluña.

Concordia de Alcañiz y Compromiso de Caspe:
http://www.niunpasoatras.org/t68-com:promiso-de-caspe-la-dinastia-de-trastamara-en-la-corona-aragonesa

Sentencia de Guadalupe: la libertad de los payeses de remesa catalanes:
http://www.niunpasoatras.org/t89-sentencia-arbitral-de-guadalupe-la-libertad-de-los-payeses-de-remensa-catalanes

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El racismo en el separatismo catalán

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Jue Mayo 08 2014, 00:29



Común a los separatismos vasco y catalán ha sido un empeñado racismo. Aunque en tiempos recientes se haya negado tal característica en el caso catalán, los estudios de Francisco Caja, Joan-Lluis Marfany y otros han puesto de relieve lo contrario. Uno de sus primeros teorizadores, Valentí Almirall, afirmaba que en la península vivían dos razas muy distintas, la pirenaica y la del centro-sur. A la pirenaica le distinguiría un espíritu “analítico”, “directo al fondo de las cosas”, “basado en la libertad”, “confederal”, mientras la otra raza era “generalizadora, soñadora, aficionada al lujo y la ampulosidad, arbitraria, centralizadora, absorbente”. La unión con Castilla habría tenido un efecto “fatal” sobre el espíritu catalán, al que habría “desnaturalizado”. Cabe observar el estilo generalizador y un tanto soñador o fantasioso, muy poco pirenaico, del propio Almirall.

Claro que la distinción entre tales razas, invisible en lo físico, resultaba harto vaga e insatisfactoria en lo psicológico, por lo cual otro teórico separatista, Pompeu Gener, la precisará más:

“Nosotros (los catalanes), que somos indogermánicos de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores”.
“No podemos ser mandados por los que nos son inferiores".

En su condición de arios, los catalanes emparentaban “con los demás pueblos arios de Europa”, esencialmente distintos de la raza al sur del Ebro, donde predominaba “el elemento semítico y más aún el presemítico o berber, con todas sus cualidades: la morosidad, la mala administración, el desprecio del tiempo y de la vida, el caciquismo…”: una raza “bárbara, monótona y atrasada como una tribu de África".

Estas ideas iban mezcladas de un fuerte antisemitismo y antijudaísmo, máxime cuando – señalaban con sentimiento– en las clases adineradas de la propia Cataluña se había infiltrado un ingrediente semítico, dificultando que “el elemento indogermánico verdaderamente humano se levante y triunfe de esos neo-moros adoradores del Verbo, raza de gramáticos y sofistas, de esos neo-judíos". El carácter indogermánico de los catalanes era, ni qué decir tiene, tan fantasía como las “cualidades” achacadas a las razas “semíticas y presemíticas” del resto de España. Estas teorías denigraban a las demás regiones, en especial a Castilla, pero la reivindicación “aria” chocaba demasiado. Fueron precisas otras elaboraciones.

Y así, la teorización racista siguió rumbos algo distintos en Prat de la Riba, en el arqueólogo Bosch Gimpera y otros. La diferencia esencial pasaría por los íberos, asentados en el Levante peninsular, incluida Cataluña, y los celtas del resto –con la dudable excepción de vascos y navarros–. Con ello mataban dos pájaros de un tiro, porque de paso establecían la ibero-catalanidad de todo el Levante español, convertido en los Països catalans. La decisiva impronta cultural de cinco siglos de romanización quedaba relegada a un dato superficial, una mera “superestructura” opresora de las esencias raciales ibero-catalanas. La propia España solo sería un estado superpuesto y opuesto a los pueblos: lo cual explicaría la “historia trágica” achacada a España. Íberos y celtas, pues, constituirían la raíz y clave explicativa de la historia hasta hoy. La idea invertía un tanto las tesis de Gener, ya que el grupo celta o celtizado tenía rasgos indoeuropeos, mientras que el ibérico del Levante tenía origen incierto, tal vez en el norte de África. El doctor Robert se dedicó a fundamentar las diferencias estudiando a su manera los cráneos de unos y de otros. Pero en fin, fueran pirenaicos, indogermanos o íberos, importaba definir a los catalanes como esencial, racialmente, diferentes. Y, por supuesto, superiores.

Las provocaciones racistas a los demás españoles eran constantes en la prensa separatista: “Moros, mal que les pese”. “Sí, hay razas”. “Contra los semitas”. Otros invocaban razones de “higiene social” para cortar el paso a las “razas inferiores y decadentes”, intelectual, moral y políticamente degeneradas. Para Prat de la Riba, la “castellanización de Cataluña” formaba una “costra” que era preciso cuartear y romper para hacer surgir “intacta, inmaculada, la piedra indestructible de la raza”.

En 1930, el que sería diputado por la Esquerra, Pere Mártir Rosell, afirmaba que “la raza constituye la única fuente de cultura y debe mantenerse pura, evitando el mestizaje”. Se refería, lógicamente, a la supuesta raza catalana. Rovira i Virgili, otro líder y pensador separatista de izquierda, equipara –como solía hacerse– a España con Castilla y explica su relación con Cataluña como un irreductible antagonismo espiritual. En 1934 Un “Manifiesto para la preservación de la raza catalana” alertaba de los peligros de degeneración genética por la mezcla con otras “razas” peninsulares, y propugnaba crear una Societat Catalana d´Eugenesia para estudiar los efectos de la “mezcla” y proponer medios para defender “la nostra rassa”.

Firmaban el documento notables prohombres e intelectuales del separatismo, como Pompeu Fabra, Vandellós, Pi i Sunyer o Batista i Roca, este último un antropólogo mezclado en asesinatos terroristas en el inmediato posfranquismo. Otro nacionalista distinguía entre “los auténticos obreros, que pasan hambre en silencio, y los vagos foráneos, que hablan siempre en castellano". Desde el primer momento los separatistas se preocuparon de cultivar las relaciones internacionales, y así un tal Karl Cerff, dirigente e instructor de las Juventudes Hitlerianas declaraba a la revista La Nació Catalana, el 17 de octubre de 1933: “Sabemos que los catalanes son una raza muy diferente de la española”. Los ejemplos son muy abundantes.

La cuestión de la raza.

Los mapas genéticos hoy elaborados indican que la población de la Península ibérica es notablemente homogénea y emparentada con la de Europa occidental, y harto disímil de la norteafricana, de la que guarda solo leves incrustaciones. Ello muestra que las ideas raciales de unos y otros carecen de valor, cosa bastante clara para cualquier observador sin necesidad de mayores investigaciones. Sea como fuere, un racismo peculiarmente arbitrario desempeñó sin duda un papel crucial en la constitución de los nacionalismos vasco y catalán.

Naturalmente, después de la experiencia hitleriana resultaba embarazoso para estos nacionalismos hablar de razas o recordar siquiera su discurso anterior. Las expansiones antes tan libres y espontáneas, debieron reprimirse y dar paso a otras formulaciones, tales como “los hechos diferenciales”, la exaltación del idioma regional, la diferenciación por la riqueza, los apellidos, etc. Pero , con unas u otras formulaciones, la pretensión de una superioridad imaginariamente racial sigue siendo la base de las pretensiones diferenciadoras. Sabino Arana y Prat de la Riba y otros han sido los formuladores de un separatismo cuyas bases permanecen en el fondo inamovibles.



Desde la Transición, y ante la evidencia de que la mayor parte de la población en Cataluña y Vascongadas nunca apoyó la secesión, y lo inútil de esgrimir argumentos raciales, la política separatista, aún conservando el substrato de la pretensión racista, ha evolucionado al intento de atraerse a la población originaria de otras regiones. Su argumento pretende que la oligarquía catalana o la vasca había acogido fraternalmente a sus padres, dándoles el pan y el trabajo que se les negaba “en España”. La realidad había sido más bien la contraria pues el separatismo mantuvo una permanente actitud denigratoria contra los trabajadores inmigrantes “de raza inferior”. Esta demagogia se ha acompañado de una frenética y provocadora desvalorización de España y de todo lo español, administrada ya desde la escuela.

El sustrato racista se vuelve obvio en la cuestión de los apellidos. En todas las provincias vascongadas y catalanas, los apellidos más corrientes, con diferencia, son los mismos que en el resto del país: García en primer lugar (posiblemente de origen vasco), seguido, en un orden u otro, por López, Pérez, Fernández, González, Martínez, Rodríguez… Solo mucho después aparecen los considerados originariamente vascos o catalanes. Sin embargo, en las direcciones de los partidos separatistas los apellidos más comunes apenas tienen representación. El PNV dio siempre la máxima importancia a la posesión de numerosos apellidos vascos, considerados “el sello de la raza”: ¡Aún hay necios que se ríen de la distinción que hacemos de los apellidos! El apellido es el sello de la raza: si un apellido es euskérico, euskeriano es el que lo lleva: si es maketo, maketo es su poseedor. Hoy, mezcladas numerosas familias bizkainas con maketas, habría que establecer (en caso de libertad) distinción entre originarios y mestizos, tanto respecto de los derechos como de los lugares en que pudieran avecindarse. De forma deliberada o no, el mismo ejemplo siguen los nacionalistas catalanes. Esa conducta ha variado solo ligeramente después de la II Guerra Mundial, admitiéndose a personas de apellidos españoles corrientes, aunque considerándolos, abierta o disimuladamente, una especie de mancha o defecto y tratando, en general, a los demás como masa de maniobra política.

Debe reconocerse que, dada la complacencia o pasividad de que durante más de treinta años han disfrutado los separatistas por parte de los representantes de España, el éxito de estas demagogias ha sido considerable. A menudo encontramos exaltados separatistas en personas procedentes de otras regiones, y entre muchos se ha puesto de moda cambiarse los nombres y apellidos para “vasquizarlos” o “catalanizarlos”. Para parecerse a “la raza superior” o hacerse “digno” de ella, en definitiva.

Importa conocer estas cuestiones, que he abordado en Los nacionalismos vasco y catalán en la Guerra Civil, el franquismo y la democracia, y trataré en un próximo seminario sobre los separatismos vasco y catalán. Pues, pese a tratarse del reto más trascendental que afronta hoy España, el fondo del asunto es solo muy vagamente conocido por la mayoría. Incluidos políticos y periodistas.

http://fnff.es/El_racismo_en_el_separatismo_catalan_2199_c.htm

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El racismo en el separatismo catalán

Mensaje por Alentian el Miér Ago 06 2014, 11:40

El racismo en el separatismo catalán
Por Pío Moa

Común a los separatismos vasco y catalán ha sido un empeñado racismo. Aunque en tiempos recientes se haya negado tal característica en el caso catalán, los estudios de Francisco Caja, Joan-Lluis Marfany y otros han puesto de relieve lo contrario. Uno de sus  primeros teorizadores, Valentí Almirall, afirmaba que en la península vivían dos razas muy distintas, la pirenaica y  la del centro-sur. A la pirenaica le distinguiría un espíritu “analítico”, “directo al fondo de las cosas”, “basado en la libertad”, “confederal”,  mientras la otra raza era  “generalizadora, soñadora, aficionada al lujo y la ampulosidad, arbitraria, centralizadora, absorbente”. La unión con Castilla  habría tenido un efecto “fatal” sobre el espíritu catalán, al que habría “desnaturalizado”. Cabe observar el estilo generalizador y un tanto soñador o fantasioso, muy poco pirenaico, del propio Almirall.

Claro que la distinción entre tales razas, invisible en lo físico, resultaba  harto  vaga e insatisfactoria en lo psicológico, por lo cual otro teórico separatista, Pompeu Gener, la precisará más: “Nosotros (los catalanes), que somos indogermánicos de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores”. “No podemos ser mandados por los que nos son inferiores“. En su condición de arios, los catalanes emparentaban “con los demás pueblos arios de Europa”,  esencialmente distintos de la raza al sur del Ebro, donde predominaba “el elemento semítico y más aún el presemítico o berber, con todas sus cualidades: la morosidad, la mala administración, el desprecio del tiempo y de la vida, el caciquismo…”:  una raza “bárbara, monótona y atrasada como una tribu de África“. Estas ideas iban mezcladas de un fuerte antisemitismo y antijudaísmo, máxime cuando – señalaban con sentimiento– en las clases adineradas de la  propia Cataluña se había infiltrado un ingrediente semítico, dificultando que “el elemento indogermánico verdaderamente humano se levante y triunfe de esos neo-moros adoradores del Verbo, raza de gramáticos y sofistas, de esos neo-judíos. El carácter indogermánico de los catalanes era, ni qué decir tiene, tan fantasía como las “cualidades” achacadas a las razas “semíticas y presemíticas” del resto de España. Estas teorías denigraban a las demás regiones, en especial a Castilla, pero la reivindicación “aria” chocaba demasiado. Fueron precisas otras elaboraciones.

Y así, la teorización racista siguió rumbos algo distintos en Prat de la Riba, en el arqueólogo Bosch Gimpera y otros. La diferencia esencial pasaría por los íberos, asentados en el Levante peninsular, incluida Cataluña,  y los celtas del resto –con la dudable excepción de vascos y navarros–. Con ello mataban dos pájaros de un tiro,  porque de paso establecían la ibero-catalanidad de todo el Levante español, convertido en los Països catalans. La  decisiva impronta cultural de cinco siglos de romanización quedaba relegada a un dato superficial, una mera “superestructura” opresora de las esencias raciales ibero-catalanas. La propia España solo sería un estado superpuesto y opuesto a los pueblos: lo cual explicaría la “historia trágica” achacada a España. Íberos y celtas, pues,  constituirían la raíz y clave explicativa de  la historia hasta hoy.  La idea invertía un tanto  las tesis de Gener, ya que el grupo celta o celtizado tenía rasgos indoeuropeos, mientras que el ibérico del Levante tenía origen incierto, tal vez en el norte de África.  El doctor Robert se dedicó a fundamentar las diferencias estudiando a su manera los cráneos de unos y de otros. Pero en fin, fueran pirenaicos, indogermanos o íberos, importaba definir a los catalanes como esencial, racialmente, diferentes.  Y, por supuesto, superiores. Las provocaciones racistas a los demás españoles  eran constantes en la prensa separatista: “Moros, mal que les pese”.  “Sí, hay razas”. “Contra los semitas”. Otros invocaban razones de “higiene social” para cortar el paso a las “razas inferiores y decadentes”, intelectual, moral y políticamente degeneradas. Para Prat de la Riba, la “castellanización de Cataluña” formaba una “costra” que era preciso cuartear y romper para hacer surgir “intacta, inmaculada, la piedra indestructible de la raza”. En 1930, el que sería diputado por la Esquerra, Pere Mártir Rosell, afirmaba que “la raza constituye la única fuente de cultura y debe mantenerse pura, evitando el mestizaje”. Se refería, lógicamente, a la supuesta raza catalana. Rovira i Virgili, otro líder y pensador separatista de izquierda, equipara –como solía hacerse– a España con Castilla y explica su relación con Cataluña como un irreductible antagonismo espiritual.  En 1934 Un  “Manifiesto para la preservación de la raza catalana” alertaba de los peligros de degeneración genética por la mezcla con otras “razas” peninsulares, y propugnaba crear una Societat Catalana d´Eugenesia  para estudiar los efectos de la “mezcla” y proponer medios para defender “la nostra rassa”. Firmaban el documento notables prohombres e intelectuales del separatismo, como Pompeu Fabra, Vandellós, Pi i Sunyer o Batista i Roca, este último un antropólogo  mezclado en asesinatos terroristas en el inmediato posfranquismo. Otro nacionalista distinguía entre “los auténticos obreros, que pasan hambre en silencio, y los vagos foráneos, que hablan siempre en castellano.  Desde el primer momento los separatistas se preocuparon de cultivar las relaciones internacionales, y así un tal Karl Cerff, dirigente e instructor de las Juventudes Hitlerianas declaraba a la revista La Nació Catalana, el 17 de octubre de 1933: “Sabemos que los catalanes son una raza muy diferente de la española”. Los ejemplos son muy abundantes.  

La cuestión de la raza

 Los mapas genéticos hoy elaborados indican que la población de la Península ibérica es notablemente homogénea y emparentada con la de Europa occidental, y harto disímil de la norteafricana, de la que guarda solo leves incrustaciones. Ello muestra que las ideas raciales de unos y otros carecen de valor, cosa bastante clara para cualquier observador sin necesidad de mayores investigaciones. Sea como fuere, un racismo peculiarmente arbitrario desempeñó sin duda un papel crucial en la constitución de los nacionalismos vasco y catalán.

Naturalmente, después de la experiencia hitleriana resultaba embarazoso para estos nacionalismos hablar de razas o recordar  siquiera su discurso anterior. Las expansiones antes tan libres y espontáneas, debieron reprimirse y  dar paso a otras formulaciones, tales como “los hechos diferenciales”, la exaltación del idioma regional, la diferenciación por la riqueza, los  apellidos, etc. Pero , con unas u otras formulaciones, la pretensión de una superioridad  imaginariamente racial sigue siendo la base de las pretensiones diferenciadoras. Sabino Arana y Prat de la Riba y otros han sido los formuladores de un separatismo cuyas bases permanecen en el fondo inamovibles.

 Desde la  Transición,  y ante la evidencia de que la mayor parte de la población en Cataluña y Vascongadas nunca apoyó la secesión, y lo inútil de esgrimir argumentos raciales, la política separatista, aun conservando el substrato de la pretensión racista, ha evolucionado al intento de atraerse a la población originaria de otras regiones. Su  argumento pretende que la oligarquía catalana o la vasca había acogido fraternalmente a sus padres, dándoles el pan y el trabajo que  se les negaba “en España”. La realidad había sido más bien la contraria pues el separatismo mantuvo una permanente actitud denigratoria contra los trabajadores inmigrantes “de raza inferior”. Esta demagogia se ha acompañado de una frenética y provocadora desvalorización de España y de todo lo español, administrada ya desde la escuela.  

El sustrato racista se vuelve obvio en la cuestión de los apellidos.  En todas las provincias vascongadas y catalanas, los apellidos más corrientes, con diferencia, son los mismos que en el resto del país: García en primer lugar (posiblemente de origen vasco), seguido, en un orden u otro, por  López, Pérez, Fernández, González, Martínez, Rodríguez… Solo mucho después aparecen los considerados originariamente vascos o catalanes. Sin embargo, en las direcciones de los partidos separatistas los apellidos más comunes apenas tienen representación. El PNV dio siempre la máxima importancia a la posesión de numerosos apellidos vascos, considerados “el sello de la raza”:  ¡Aún hay necios que se ríen de la distinción que hacemos de los apellidos! El apellido es el sello de la raza: si un apellido es euskérico, euskeriano es el que lo lleva: si es maketo, maketo es su poseedor. Hoy, mezcladas numerosas familias bizkainas con maketas, habría que establecer (en caso de libertad) distinción entre originarios y mestizos, tanto respecto de los derechos como de los lugares en que pudieran avecindarse. De forma deliberada o no, el mismo ejemplo siguen los nacionalistas catalanes. Esa conducta ha variado solo ligeramente después de la II Guerra Mundial, admitiéndose a personas de apellidos españoles corrientes, aunque considerándolos, abierta o disimuladamente, una especie de mancha o defecto, y tratando, en general, a los demás como masa de maniobra política. Debe reconocerse que, dada la complacencia o pasividad de que durante más de treinta años han disfrutado los separatistas  por parte de los representantes de España, el éxito de estas demagogias ha sido considerable. A menudo encontramos exaltados separatistas en personas procedentes de otras regiones, y entre muchos se ha puesto de moda cambiarse los nombres y apellidos para “vasquizarlos” o “catalanizarlos”. Para parecerse a “la raza superior” o hacerse “digno” de ella, en definitiva.

Importa conocer estas cuestiones, que he abordado en Los nacionalismos vasco y catalán en la Guerra Civil, el franquismo y la democracia, y  trataré en un próximo seminario sobre los separatismos vasco y catalán. Pues, pese a tratarse del reto más trascendental que afronta hoy España, el fondo del asunto es solo muy vagamente conocido por la mayoría. Incluidos políticos y periodistas.

http://www.piomoa.es/?p=2188

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Re: ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por hacer pensar el Miér Ago 06 2014, 12:13

Siempre el separatismo ha sido un dechado de las virtudes humanas, analfabetismo, racismo,infantilismo, borreguismo, estulticia... Veamos los infumables escritos de Sabino Arana, de Blan Infante...
"Los de mi aldea somos los mejores, los de la de al lado son tontos" este es el sentimiento de los separatistas, cuando éramos niños, en mi pueblo, donde éramos muy burros y todavía no estábamos culturizados, apedreábamos a los autobuses o camiones que traían a los equipos de fútbol de los pueblos de alrededor, hasta que mi primo mayor y padrino, que era del equipo del pueblo me hizo reflexionar diciéndome... ¿te parece bien que a nosotros nos hagan lo mismo en otros pueblos?
Después viviendo en el extranjero, vijando, leyendo y cultivándose se quitan estas manías.
Lo malo es que una panda de demagogos, aprovechando la incultura local, las víctimas de la LOGSE, el borreguismo y los complejos de charnego y para didimular su incompetencia y corrupción consigan movilizar a muchos como pasa en Vascongadas y Cataluña.

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Los bulos del separatismo catalán

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Jue Mar 05 2015, 01:27



Los separatismos se sustentan en cuatro pilares:


-Racismo: exaltación del territorio y de la raza por encima de los derechos y libertades individuales.
-Enemigo común: (España). Invención de un culpable o chivo expiatorio —una etnia, un país— de los males de la población, al que se deshumaniza y presenta como más incapaz, irracional, malvado. Fomento del odio para cohesionar al grupo.
-Victimismo: explotación ideológica de agravios —reales o imaginarios— para justificar las reivindicaciones secesionistas, los liberticidios y los estallidos de violencia.
-Manipulación informativa: adulteración del pasado y del presente. Construcción de una realidad ficiticia para engañar y dirigir a las masas, para afianzar los tres pilares anteriores. Sustitución de la historia por mitología, y del raciocinio por consignas y eslóganes. Recurso, habitual o esporádico, a métodos coercitivos para la homogeneización ideológica de la población. Eliminación —física o social, profesional y política— de toda disidencia del “pensamiento único”, institucionalizado como verdad irrefutable.
No es necesario remontarse mucho en la historia para reconocer idénticos mecanismos en la articulación de otro terrible fanatismo, sufrido durante el siglo XX. Adolf Hitler inventa el concepto de raza aria e invoca la reconstrucción de la Gran Alemania, que había quedado territorialmente cercenada por las potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial (nacionalismo). Señala al sionismo internacional como culpable en la sombra de las desgracias del pueblo alemán (enemigo común). Rentabiliza políticamente y alimenta la insatisfacción popular derivada de la confiscación de las colonias y del pago de onerosas compensaciones impuestas a Alemania, como responsable moral y material del conflicto, establecidos en el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919 (victimismo).
De la manipulación informativa se encargaría eficazmente quien luego fue su ministro de propaganda, el doctor Paul Joseph Goebbels, siniestro personaje con sobresalientes conocimientos de la psicología de masas, que desde su cargo ejerció un férreo control de los medios de comunicación, de la información saliente y de la entrante en el III Reich. Las enormes dotes de convicción de Goebbels estaban basadas en la apelación a la emotividad y a los instintos primarios del hombre (ira, orgullo, miedo, frustración, odio, etc.), en la exacerbación sistemática de éstos para manipular las voluntades.
Entre las mentiras más llamativas y difundidas por el nacionalismo catalán, se encuentran las siguientes:
1. El bulo de que la nación catalana fue invadida por Castilla en 1714.
2. El mito del héroe y mártir Rafael Casanova.
3. Perjuicios históricos ficticios a Cataluña.
4. El infundio de que Cataluña lleva siglos luchando por su independencia.
5. El bulo de que Franco prohibió el catalán.
6. La falacia del expolio fiscal.
7. La manipulación de las balanzas fiscales.
8. El mito del apoyo popular.
9. La artimaña del anticatalanismo.
10. El bulo del derecho a decidir.
11. El falso carácter democrático del nacionalismo.
12. La farsa de la ‘internacionalización del conflicto’.
13. El engaño del nuevo Estado dentro de la Unión Europea.
14. La quimera de El Dorado.
2. El mito del héroe y mártir Rafael Casanova
Del mismo modo que necesita de enemigos, el nacionalismo precisa también de idolillos para vertebrar su ideología. Y si no existen, se inventan.
El acto central de la celebración de la Diada (Día de Cataluña) cada 11 de septiembre, desde 1901, consiste en una ofrenda floral a los pies de la estatua erigida en Barcelona a Rafael Casanova, icono del nacionalismo por su lucha contra la supuesta invasión de 1714.
Fernando García de Cortázar, en su libro Los mitos de la historia de España; y otros autores, como John Lynch, en La España del siglo XVIII; Pere Anguera, en El 11 de septiembre. Orígenes y consolidación de la Diada; o Núria Sales, autora de Els segles de la decadència: segles XVI-XVIII; describen cómo la resistencia durante el asedio de Barcelona, colofón de la Guerra de Sucesión Española, no resultó tan heróica como algunos han querido pintar.
La vehemente beligerancia de pequeños grupos de exaltados que corrían por las calles de la bombardeada ciudad contrastaba con el sentimiento general de desmoralización del resto de la hambrienta población. El clero y la nobleza carecían de interés en prolongar tan dramática situación, y eran frecuentes las peleas entre los líderes barceloneses. En este contexto, Antonio de Villarroel y Rafael Casanova eran partidarios de la rendición, de una salida negociada. En el pleno del gobierno provisional éste último propuso iniciar conversaciones con el enemigo, pero su exposición fue enérgicamente rebatida por el segundo consejero, Salvador Feliu de la Penya, por cuya opción se decantaron 26 votos contra 4.
En la mañana de aquel 11 de septiembre los sitiadores desataron varios ataques durísimos, y Villarroel volvió a insistir en la conveniencia de rendirse para evitar un sanguinario asalto. Después del bando de Casanova de las tres de la tarde, se declaró un alto el fuego y enviados catalanes parlamentaron con el duque de Berwick, comandante de las tropas borbónicas. A la una de la tarde del día siguiente, el 12, se alcanzó un acuerdo: las autoridades barcelonesas abrirían las puertas de la ciudad para que entrase el ejército de Berwick, bajo su palabra de honor de que se respetaría a la población, aun a aquellos que habían tomado las armas.
Rafael Casanova no murió en los combates, por lo que, evidentemente, no fue ningún mártir. El día 11 había sido herido de levedad en un muslo por una bala cuando ascendió a las murallas con la bandera de la patrona de Barcelona, Santa Eulàlia, para enardecer a los defensores. Antes de la entrada de los felipistas, Casanova delegó la rendición en otro consejero, incendió los archivos que lo involucraban y se hizo pasar por muerto mediante la falsificación del acta de defunción de un cadáver. Disfrazado de fraile, huyó a esconderse en la finca que su hijo tenía en la población de Sant Boi de Llobregat. En 1719 recibió el perdón Real y todos sus bienes incautados le fueron devueltos. Ejerció sin problemas la abogacía en dicha población hasta su retiro, en 1737.
El 3 de mayo de 1743 falleció a la edad de 83 años.
4. El infundio de que Cataluña lleva siglos luchando por su independencia
Francesc Cambó (1876-1947), político y lider de la Lliga Regionalista —partido que muchos consideran germen de la actual Convergència i Unió—, escribió en su obra Memorias este retrato de los albores de nacionalismo catalán:
«En su conjunto, el catalanismo era una cosa mísera cuando, en la primavera de 1893, inicié en él mi actuación (…) Organizamos excursiones por los pueblos del Penedés y del Vallés, donde había algún catalanista aislado (…) no creo que hiciéramos grandes conquistas: los payeses que nos escuchaban no llegaban a tomarnos en serio (…) Aquél era un tiempo en el que el catalanismo tenía todo el carácter de una secta religiosa. Puede decirse que todos los catalanistas se conocían entre sí».
Corroboraría esta realidad el periodista y escritor Josep Pla (1897-1981), cuando reveló sobre aquella época:
«Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos. En cada comarca había aproximadamente un catalanista: era generalmente un hombre distinguido que tenía fama de chalado».
El político Enric Prat de la Riba (1870-1917), unos de los precursores del catalanismo e impulsor de diversas organizaciones y partidos, se lamentaba con estas escalofriantes palabras del escaso eco que su mensaje encontraba entre la población a finales del siglo XIX:
«Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes (…) Esta obra, esta segunda fase del proceso de nacionalización catalana, no la hizo el amor, como la primera, sino el odio».
No fue hasta comienzos del siglo XX cuando el nacionalismo catalán empezó a experimentar cierto auge político.
El 3 de mayo de 1743 falleció a la edad de 83 años.
5. El bulo de que Franco prohibió el catalán
«No es cierto que el catalán estuviera estuviera prohibido durante el franquismo. Lo que pasa es que no era oficial, se podía escribir en catalán y se podía publicar en catalán, pero no era oficial».
Con estas declaraciones, vertidas al diario El Mundo el 21 de diciembre de 2009 durante el transcurso de una extensaentrevista, la escritora catalana Mercedes Salisachs ha sido la última en corroborar públicamente lo que ya sabíamos los impermeabilizados a la intoxicación informativa actual, quienes hemos vivido en aquel periodo o leído sobre él. Más recientemente, en la edición de El Periódico del 16 de julio de 2010, y a la pregunta de por qué se había ido a Madrid a estudiar Derecho, el barcelonés Eduard Punset ofrecía la siguiente clarificadora respuesta:
«Mi padre me mandó a Madrid porque yo apenas hablaba castellano. Él era muy liberal, y era muy sabio. Sabía que no podíamos prosperar sin saber bien castellano».
Economista, escritor y, en los últimos años, conocidísimo divulgador científico, Punset nació el 9 de noviembre de 1936. El periodo al que se está refiriendo, por tanto, aquél en el que creció y se educó, es el franquismo.
Ésta es una cuestión de capital importancia para los separatistas, que basan su peculiar concepto de nación en la existencia de una lengua autóctona. En manos de ellos, no es la lengua herramienta de comunicación, sino arma política y factor identitario. Un distintivo étnico. Son nación, principalmente, porque tienen una lengua diferente. Y en consecuencia, todos los territorios donde se habla catalán —o dicen ellos que es catalán lo que se habla— les pertenecen como parte de su soñado imperio de los Países Catalanes (Valencia, Baleares, la franja oriental de Aragón, etc.).
La ingeniería social nacionalista ha considerado siempre de vital importancia desplazar el español de la sociedad catalana para precipitar la fractura de España. El bulo de la prohibición lingüística supuestamente padecida durante el franquismo es agravio que ahonda en el victimismo inherente a este movimiento ideológico. Pero que, sobre todo, le resulta impagablemente útil para justificar la imposición del catalán con medidas coercitivas. Claras violaciones de los derechos civiles y las libertades individuales, como la inmersión lingüística o el multado de rótulos comerciales, nos son cínicamente presentadas por los secesionistas como intentos legítimos de corregir cuarenta años de desventaja histórica frente al español por una supuesta prohibición durante la dictadura.
En la edición del 30 de marzo de 1969 (en pleno franquismo) del diario barcelonés La Vanguardia, encontramos la noticia sobre una sentencia del Tribunal Supremo por la que se condenaba al periodista Nestor Luján, director del semanario Destino, a una pena de ocho meses de prisión y 10.000 pesetas de multa por haber publicado en la secciónCartas al director de su número 1.577, correspondiente al 28 de octubre de 1967, la misiva de un lector titulada «El catalán se acaba». La sentencia del Supremo, que confirmaba en apelación una anterior del Tribunal de Orden Público, consideró probado que en dicha carta «se vertían conceptos de tipo ofensivo para la lengua catalana, cuyo libre uso particular y social se respeta y garantiza».
Sin salir de la hemeroteca de ese periódico, en la página 7 de su edición del 9 de junio del 19 de junio de 1952, puede observarse el anuncio de una editorial, Biblioteca Selecta, que oferta una colección de libros en catalán (El vent de garbí, de Josep Pla, Coses vistes, Bodegó amb peixos, L’illa dels castanyers, Pa i raIm, Un senyor de Barcelona,El carrer estret, éste último Premio Joanot Martorell del año anterior).
El 24 de junio de 1960, [url=http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/1960/06/24/pagina-29/32730900/pdf.html?search=san jordi]La Vanguardia[/url] comunicaba la convocatoria del premio Sant Jordi de novela, a cuyo importe de 150.000 pesetas podían optar todas aquellas obras «inéditas y originales, escritas en lengua catalana, de una extensión no inferior a 250 hojas holandesas (21×27), mecanografiadas a doble interlínea y escritas por una sola cara, con un margen de 3 centímetros».
Y es que, durante el anterior régimen, la producción literaria en catalán no sólo no estuvo perseguida, sino que fue fecunda. La siguiente es una relación de galardones concedidos a escritores en dicha lengua:
Premio de Honor de las Letras Catalanas
◦ 1969 Jordi Rubió i Balaguer (historiógrafo y bibliólogo).
◦ 1970 Joan Oliver (Pere Quart, escritor).
◦ 1971 Francesc de Borja Moll i Casasnovas (filólogo y editor).
◦ 1972 Salvador Espriu i Castelló (escritor).
◦ 1973 Josep Vicenç Foix (escritor).
◦ 1974 Manuel Sanchis i Guarner (filólogo e historiador).
◦ 1975 Joan Fuster i Ortells (escritor).
Premio Joaquim Ruyra de narrativa juvenil
◦ 1963 Josep Vallverdú, por L’abisme de Pyramos.
◦ 1964 Carles Macià, por Un paracaigudista sobre la Vall Ferrera.
◦ 1965 Desierto.
◦ 1966 Robert Saladrigas, por Entre juliol i setembre.
◦ 1967 Emili Teixidor, por Les rates malaltes.
Premio Josep Pla
◦ 1968 Terenci Moix, por Onades sobre una roca deserta.
◦ 1969 Baltasar Porcel, por Difunts sota els ametllers en flor.
◦ 1970 Teresa Pàmies, por El testament de Praga.
◦ 1971 Gabriel Janer, por Els alicorns.
◦ 1972 Alexandre Cirici, por El temps barrat.
◦ 1973 Llorenç Villalonga, por Andrea Victrix.
◦ 1974 Marià Manent, por El vel de Maia.
◦ 1975 Enric Jardí, por Historia del cercle artistic de Sant Lluc.
Premio Prudenci Bertrana
◦ 1968 Manuel de Pedrolo, por Estat d’excepció.
◦ 1969 Avel∙lí Artís-Gener, por Prohibida l’evasió.
◦ 1970 Vicenç Riera Llorca, por Amb permís de l’enterramorts.
◦ 1971 Terenci Moix, por Siro o la increada consciència de la raça.
◦ 1972 Oriol Pi de Cabanyes, por Oferiu flors als rebels que fracassaren.
◦ 1973 Biel Mesquida, por L’adolescent de sal.
◦ 1974 Desierto.
◦ 1975 Baltasar Porcel, por Cavalls cap a la fosca.
Premio Lletra d’Or
◦ 1956 Salvador Espriu, por Final del laberint.
◦ 1957 Josep Pla, por Barcelona.
◦ 1958 Josep Carner, por Absència.
◦ 1959 Ramon d’Abadal, por Els primers comtes catalans.
◦ 1960 Clementina Arderiu, por És a dir.
◦ 1961 Josep Vicenç Foix, por Onze Nadals i un Cap d’Any.
◦ 1962 Joan Oliver (Pere Quart), por Vacances pagades.
◦ 1963 Joan Fuster, por Nosaltres els valencians.
◦ 1964 Josep Benet, por Maragall i la Setmana Tràgica.
◦ 1965 Jordi Rubió, por La cultura catalana, del Renaixement a la Decadència.
◦ 1966 Manuel de Pedrolo, por Cendra per Martina.
◦ 1967 Gabriel Ferrater, por Teoria dels cossos.
◦ 1968 Marià Manent, por Com un núvol lleuger.
◦ 1969 Xavier Rubert de Ventós, por Teoria de la sensibilitat.
◦ 1970 Joan Teixidor, por Quan tot es trenca.
◦ 1971 Alexandre Cirici, por L’art català contemporani.
◦ 1972 Joan Coromines, por Lleures i converses d’un filòleg.
◦ 1973 Maurici Serrahima, por Del passat quan era present.
◦ 1974 Joan Vinyoli, por I encara les paraules.
◦ 1975 Vicent Andrés Estellés, por Les pedres de l’àmfora.
Premio Mercè Rodoreda de cuentos y narraciones
◦ 1953 Jordi Sarsanedas, por Mites.
◦ 1954 Pere Calders, por Cròniques de la veritat oculta.
◦ 1955 Lluís Ferran de Pol, por La ciutat i el tròpic.
◦ 1956 Manuel de Pedrolo, por Crèdits humans.
◦ 1957 Mercè Rodoreda, por Vint-i-dos contes.
◦ 1958 Josep Maria Espinàs, por Varietés.
◦ 1959 Josep A. Boixaderas, por Perquè no.
◦ 1960 Ramon Folch i Camarasa, por Sala d’espera.
◦ 1961 Estanislau Torres, por La Xera.
◦ 1962 Jordi Maluquer, por Pol∙len.
◦ 1963 Carles Macià, por La nostra terra de cada dia.
◦ 1964 Joaquim Carbó, por Solucions provisionals.
◦ 1965 Víctor Mora, por El cafè dels homes tristos.
◦ 1966 Guillem Viladot, por La gent i el vent.
◦ 1967 Terenci Moix, por La torre dels vicis capitals.
◦ 1968 Jaume Vidal Alcover, por Les quatre llunes.
◦ 1969 Robert Saladrigas, por Boires.
◦ 1970 Montserrat Roig, por Molta roba i poc sabó.
◦ 1971 Gabriel Janer Manila, por El cementiri de les roses.
◦ 1972 Josep Albanell, por Les parets de l’insomni.
◦ 1973 Jaume Cabré, por Atrafegada calor.
◦ 1974 Beatriu Civera, por Vides alienes.
◦ 1975 Xavier Romeu, por La mort en punt.
Al respecto, el profesor italiano de la Universidad de Barcelona, Giuseppe Grilli, ha declarado: «La literatura catalana vivió su mejor momento durante el franquismo, la nueva hornada debería tomar ejemplo». («La leyenda negra del catalán…». ABC, 18-12-2008).
Otros hechos relevantes relacionados con la lengua son:
1942. Aparece el libro Rosa mística, de Mossén Camil Geis, editado en Sabadell e impreso por Joan Sallent en catalán.
1944. Desde ese año, se hace obligatorio por ley que las universidades con Filología románica incluyan la asignatura de Filología catalana. Un decreto sobre la ordenación de la facultad de Filosofía y Letras, firmado por Franco con fecha del 7 de julio, introduce tres horas semanales de Filología Catalana en la Universidad de Granada. Josep Vergés, fundador de Destino en 1939 junto con Ignacio Agustí y el poeta Joan Teixidor, establecen el 6 de enero de 1944 el premio Eugenio Nadal que daba a conocer a la joven Carmen Laforet y a su novela Nada. El galardón descubrió a narradores tan importantes como Miguel Delibes, Ana María Matute, Rafael Sánchez Ferlosio o Carmen Martín Gaite.
1945. Con apoyo y subvención del Gobierno, se celebra el centenario de Mossén Cinto Verdaguer.
1947. Se otorga el premio Joan Martorell para novela en catalán. Son premiados Celia Suñol, por su novela Primera Part,El cel no és transparent, de María Aurelia de Campmany. Se crea el premio Ciudad de Barcelona.
1949. Para narraciones cortas se crea en la Casa del Libro el premio Víctor Català, así como los premios Aedos para biografías, Josep Ysart para ensayos y el Ossa Menor que ideó el gallego-catalán José Pedreira, que se cambió luego el nombre por el de Carles Riba a la muerte de éste, en su honor.
1951. Se otorga un premio a la poesía en catalán con la misma cuantía económica que a la española. Posteriormente el premio se amplia a otras actividades culturales, como teatro y bellas artes. José Mª Cruzet funda Ediciones Selecta para obras escritas en catalán. En colaboración con Aymà concede el Joanot Martorell al insigne veterano de la pluma Josep Pla por su creación El carrer estret.
1952. En la visita de Franco a Cataluña, en el mes de junio, se inaugura la cátedra Milà i Fontanals para el estudio científico de la lengua catalana.
1955. El poeta y escritor José Mª de Sagarra recibe la orden de Alfonso X el Sabio con ocasión de la publicación de su obra en catalán titulada Memories.
1956. Nace el premio Lletra d’Or, sin recompensa económica y tiene como galardón una F de oro, con la que se distingue al mejor libro del año anterior escrito en catalán. El primero en recibirla fue Salvador Espriu, por Final de Laberint.
1959. Los premios barceloneses Crítica se incorporan a la producción en catalán.
1960. El Centro de Lecturas de Valls, inicia un curso de lengua y literatura catalana de carácter público. En Barcelona se crea el premio Sant Jordi para novela, dotado con 150.000 pesetas, cantidad análoga, intencionadamente, a la del Nadal. Con subvención del Gobierno se celebra el centenario del poeta Joan Maragall.
1965. El gran poeta y canónigo de la catedral tarraconense, don Miguel Melendres, edita su obraL’esposa de l’anyell, un poema en catalán de doce mil versos. Encuadernado en rica piel blanca, lo lleva el Arzobispo de Tarragona, doctor Arriba y Castro, al Papa Pablo VI, que recibe complacido esta singular muestra de la lengua catalana que le llega de España. El Ateneo Barcelonés monta un curso de Filología Catalana. A los Premios Nacionales de Literatura, se le añade el Verdaguer para producción en catalán.
1966. Barcelona rinde homenaje a su ilustre hijo Maragall, en el que intervienen Gregorio Marañón, Pere Roig, José María Pemán y Ruiz Jiménez. En los jardines que llevan el nombre del poeta, en Montjuic, se le eleva un busto. Radio Tarragona organiza a través de sus antenas unos cursos de catalán con profesores especializados.
1967. La Diputación de Lérida dota una cátedra de Lengua catalana. La Diputación de Barcelona acuerda dar cursos de catalán en todos los centros culturales dependientes de la corporación y fundar la cátedra de Lengua Catalana en la Facultad de Teología de San Cugat (Barcelona).
1968. Editorial Destino completa el Nadal con el nuevo premio Josep Plà, concedido a Onades sobre una roca deserta, de Terenci Moix. En la lista de quienes lograron este galardón figura lo más florido de la narrativa catalana: Baltasar Porcel, Teresa Pàmies, Cirici Pellicer, Marià Manén, Enric Jardí, Llorenç Villalonga, Jaume Miravilles o Jordi Sarsaneda. En Gerona se otorga por primera vez el premio Prudenci Bertrana. Edicions 62 comienza la publicación de la Gran Enciclopèdia Catalana por fascículos (adquiribles mediante suscripción).
1969. Nace el Premi d’Honor a les Lletres Catalanes, destinado a la consagración de escritores noveles.
En el panorama teatral también podemos comprobar cómo, por ejemplo, la sección de espectáculos de La Vanguardiadel 3 de junio de 1944, anuncia la representación de tres obras en catalán en el Palacio de la Música: La nena donada al blau, El ram de primaveraLa Filoseta.
O que los ejemplares del 15 de febrero de 1952 de dicho periódico daban cuenta del estreno, a las diez y media, deL’alcoba vermella (de José María de Sagarra) en el Romea. Mismo teatro que programaba en su sesión infantil de la tarde otra obra, también en catalán, El rei que no reia.
Precisamente para los niños, en 1956, la empresa barcelonesa Hispano Americana de Ediciones, S.A. lanza la colección de tebeos en catalán Història i Llegenda (‘Historia y Leyenda’). Adaptaban historias populares de carácter fantástico-histórico y ambientación medieval recogidas por el escritor Joan Amades en su libro Les cent millors llegendes populars (‘Las cien mejores leyendas populares’) Cada ejemplar estaba ilustrado en blanco y negro a lo largo de sus 10 páginas. El tirà de Burriac (‘El tirano de Burriac’), La porta daurada (‘La puerta dorada’) y L’espasa de virtut (‘La espada de virtud’) fueron, por orden de aparición, los 3 primeros de un total de 28, que empezaron vendiéndose en los kioscos al precio de 1 peseta.
En 1961 la revista quincenal en catalán Cavall Fort con el objetivo de estimular la lectura en el público de entre 9 y 15 años de edad. Junto a historietas, cuentos y tiras cómicas, en la publicación se daban cita grandes nombres de la literatura catalana, como Salvador Espriu, Maria Aurèlia Capmany, o Montserrat Roig. Su editorial, Edicions 62, es la misma que en 1968 comenzará la publicación de la Gran Enciclopèdia Catalana. En los años sesenta salen a la venta en catalán las historias del célebre personaje creado por Goscinny y Uderzo: Astèrix el gal (‘Astérix el galo’), La falç d’or (‘La hoz de oro’) y Astèrix i els gots (‘Asterix y los godos’) son los primeros títulos de la saga. Y es a mediados de esa década cuando el periodista y escritor Joaquim Ventalló se encarga de traducir los cómics de Tintín dibujados por el belga Hergé; Tintín al país dels sòviets (‘Tintín en el país de los soviets’) inauguró esta colección en catalán.
El sector musical vio nacer, durante la década de 1950, el fenómeno de la Nova Cançó(‘Nueva Canción’) con autores que graban una extensa discografía en catalán, como Lluís Llach, Quico Pi de la Serra, Guillermina Motta, Ovidi Montllor, La Trinca, Núria Feliu y Joan Manuel Serrat; Maria del Mar Bonet en mallorquín; y Raimon en valenciano. En septiembre de 1963, una todavía desconocida cantante que comenzaba, Salomé, ganó el 5º Festival de la Canción Mediterránea (como recoge la noticia de La Vanguardia, del 24 de septiembre de 1963), celebrado en Barcelona, con la melodía en catalán Se’n va anar(‘Se fue’), que compusieron dos autores provenientes de la Nova Cançó: Lleó Borrell y Josep Maria Andreu (vídeo 1).
Poco tiempo después, en las navidades de 1964, el Ministerio de Información y Turismo promovió una macrocampaña propagandística para conmemorar los veinticinco años de paz en España desde el final de la Guerra Civil. Enormes carteles fueron instalados por toda la geografía nacional en español, catalán y vascuence.
Para concluir, en una de las tomas del NO-DO (vídeo 2) sobre la visita que Franco realizó a Cataluña en 1962, con motivo de las terribles inundaciones provocadas en la comarca del Vallés por el desbordamiento del río Ripoll, el 25 de septiembre, y que causaron un millar de muertos así como cuantiosos daños materiales, puede observarse una pancarta de bienvenida a Barcelona con el siguiente texto, en español y catalán: «Viva Cataluña. Visca Espanya».
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6. La falacia del expolio fiscal
Entre quienes mejor han desmontado este embuste, agitado hasta la saciedad por el separatismo para exasperar a las masas (pocas cosas duelen más que el bolsillo, y más en tiempos de crisis), se halla el ex diputado autonómico Antonio Robles, mediante un certero artículo publicado en Libertad Digital el 4 de noviembre de 2010 precisamente bajo el titulo de «El expolio fiscal»:
«Esta murga del expolio fiscal comienza a ser trasversal. El soberanismo independentista le llama así, “expolio fiscal”, y cuando se ponen literarios, o se exceden en el análisis intelectual, añaden eso de “España nos roba”. […] Partamos de una constatación: los territorios no pagan impuestos, los pagan los ciudadanos. No es verdad que un ciudadano catalán pague más que un madrileño o un extremeño. Quien gana 35.000 euros en Barcelona paga los mismos impuestos que quien los gana en Badajoz. Es evidente que allí donde hay más personas con mayor renta, el conjunto de sus cotizaciones es mayor que allí donde hay menos. En el ejemplo anterior, es evidente que en Barcelona la cotización al Fisco es mayor que en Badajoz. Una evidencia puramente estadística de la que no se puede extraer jerarquía o tratamiento ventajoso per se.
»La progresividad fiscal y la redistribución de la recaudación del Tesoro público son las formas civilizadas que tienen las Estados sociales y democráticos de derecho de construir sociedades justas sin necesidad de hacer revoluciones sangrientas.
»Sería profundamente injusto e inviable para la igualdad de oportunidades y la cohesión social en un Estado moderno, que los impuestos que se generan en un territorio determinado se invirtieran íntegramente en él. Así sería imposible tener una red de carreteras, sanidad y educación universal para todos, por ejemplo.
»Si el criterio de que quien paga más debe recibir más, o la totalidad de la cantidad recaudada, como sostienen los soberanistas, Barcelona querría controlar sus aportaciones al Fisco frente a Lérida. En Barcelona habría buenos servicios, pero no en cientos de pueblos de la Cataluña interior. Claro que si fuese así, el barrio de Pedralbes (con renta per cápita muy elevada) exigiría gestionar sus impuestos, todos sus impuestos. Es posible que ese atajo de soberanía fiscal logrado por Pedralbes le permitiese tener aceras de mármol de Carrara pero en Nou Barris no tendrían ni alcantarillado público. Pero puestos así, el más rico de Pedralbes se acogería al expolio fiscal y a su estatus de colonia y exigiría gestionar sus impuestos; es decir, no pagaría un euro.
»Este argumento llevado al límite, desenmascara la impostura del soberanismo fiscal. Y es que lo que no pueden disfrutar todos los ciudadanos no es un derecho, sino un privilegio».
Una vez aclarado que expolio fiscal sería que los catalanes pagasen un tipo impositivo más alto que los ciudadanos del resto de España, lo cual obviamente no sucede, queda sólo hablar de déficit fiscal. Y Cataluña tiene déficit fiscal debido a su superávit comercial. En otras palabras, en ella se recauda más porque es más rica, y lo es en la medida en que las demás comunidades le compran más que al resto. Si no fuera porque los consumidores españoles adquieren sus bienes y servicios en lugar de los producidos por las otras regiones de España, Cataluña sería comercialmente deficitaria y pasaría a depender de la solidaridad territorial.
7. La manipulación de las balanzas fiscales
En todos los países existen regiones, departamentos, provincias o cantones que realizan al erario público una mayor contribución fiscal que otros en función de su grado de desarrollo económico. Desarrollo que, muchas veces, no ha sido producto de otra cosa que de cuantiosas inversiones públicas en infraestructuras durante el pasado. Y en todos se hace imprescindible que rija el principio de solidaridad interterritorial en aras del bien común. A la luz de los datos publicados en 2007, Madrid aporta al Estado más del doble que Cataluña, a la cual siguen la Comunidad Valenciana y Baleares en el ranking de las comunidades con balanza negativa, es decir, que dan a la Administración Central más de lo que de ésta reciben. Y no se quejan ni ejercen victimismo alguno.
Pero, pese a la publicación de las balanzas fiscales, no se puede determinar objetivamente la cuantía exacta de estos supuestos desequilibrios, y menos si no es en conjunción con las balanzas comerciales, pues entran en juego muchos factores del presente y del pasado. Alberto Recarte desmontó las mentiras nacionalistas sobre fiscalidad a lo largo de un exhaustivo estudio publicado en La Ilustración Liberal, y cuyas conclusiones reprodujo en dos artículos paraLibertad Digital a principios de 2004:
«Las balanzas fiscales entre las autonomías españolas son imposibles de realizar. No existe información suficiente sobre los ingresos fiscales y los gastos presupuestarios, a nivel autonómico, y cualquier intento de atribución que se haga no tiene suficientes bases en que apoyarse. Pero incluso si pudiera hacerse, sería erróneo obtener conclusiones en un sentido u otro, porque sólo tendría sentido comparar las balanzas fiscales acumuladas a lo largo de periodos muy extensos, en los que se hayan puesto de manifiesto diferentes políticas de gasto público, que en unos casos pueden haber servido para construir infraestructuras en una región determinada, para impulsar y subvencionar determinadas actividades económicas en otras, para hacer un esfuerzo educativo de investigación en una tercera, a través, por ejemplo, de la creación de institutos científicos y universidades o para incentivar la exportación, como ocurrió durante más de veinte años, hasta principios de los ochenta, a través de incentivos fiscales que se dejaron sentir en unas regiones más que en otras.
»Las infraestructuras que han permitido el desarrollo de la España moderna, se han hecho desde finales de los cincuenta, por el estado, a través directamente de los presupuestos públicos o por empresas públicas hoy privatizadas. Esos enormes esfuerzos presupuestarios se centraron en Madrid, Cataluña y el País Vasco, y los pagaron los impuestos de todos los españoles. Eso y otros muchos gastos centrados en estas tres autonomías durante decenios también tienen que tenerse en cuenta por las autonomías ricas cuando hacen cuentas de lo caro que les resulta el resto de los españoles. Con la sola excepción de Baleares, una de las autonomías que más aporta y que históricamente menos ha recibido». («Agravios fiscales imaginarios». Libertad Digital, 08-01-2004).
«En España, los impuestos se pagan en proporción a la renta personal, con la excepción de lo que representan los pagos adicionales por progresividad en sucesiones, donaciones, patrimonio e IRPF, que quizá pudieran valorarse, en conjunto, en torno a 6.500 millones de euros. La proporcionalidad se mantiene para los pagos por IVA, ligados al gasto. En el caso del impuesto sobre sociedades es imposible saber dónde —dentro del territorio nacional— se ha generado el beneficio. Lo que no permite saber a qué autonomía habría que adscribir esos ingresos fiscales. El gasto público, en cambio, tiene como criterio básico el del número de habitantes, con algunas correcciones a las que hemos hecho referencia.
»El conjunto, manejado tal y como lo hacen los nacionalistas catalanes y el PSC, y, por extensión, el PSOE, reflejaría —en el caso de que pudieran hacerse balances fiscales— una transferencia de recursos fiscales de las autonomías ricas a las más pobres, que sería, sin embargo, mucho más importante en el caso de Madrid que en el de Cataluña. Ello es así porque Madrid tiene una renta media mucho más alta, al menos un 10% superior a la catalana. Pero estamos hablando de cuantías muy reducidas, que habría que matizar. La primera sería valorar el coste histórico, reflejado en parte en la deuda pública estatal, de las otras políticas económicas nacionales para los habitantes de cada autonomía, que han pagado los menos favorecidos y que ha supuesto una transferencia de todo tipo de recursos, no sólo fiscales, de los que históricamente vivieron en las autonomías pobres a los de las más ricas. Aunque en la actualidad son pocas las políticas nacionales que pueden favorecer a unos sectores sobre otros, alguna sigue habiendo. Quizá la más importante sea la de promoción de I+D+i, que beneficia, por su propia naturaleza, a autonomías como las de Madrid y Cataluña, o las masivas compras de medicamentos por la sanidad pública, que favorecen claramente a las empresas farmacéuticas establecidas en Cataluña. Pero hay otras, como el Plan Hidrológico Nacional, que beneficia a los habitantes de Aragón, Cataluña, Valencia, Murcia y Andalucía.
»En lo que respecta a grandes inversiones, que pueden aparecer contablemente como gasto presupuestario, nos hemos referido a las inversiones en los distintos AVE y la ampliación de los aeropuertos de Madrid y Barcelona. En cuanto a políticas de gasto, hemos hecho una consideración sobre el mantenimiento del ente RTVE. Aún más importante, cuantitativa y cualitativamente, es el déficit de la seguridad social agraria y a quién atribuirlo, y qué efecto tendría una adecuada contabilización de los gastos por desempleo. Asimismo, son muy dificiles de contabilizar las obligaciones futuras por pensiones públicas, las cuales, si se capitalizaran, podrían suponer el 200% del PIB. Pero, frente a operaciones imposibles, una que habría que hacer, si fuéramos a llevar a cabo con rigor balanzas fiscales autonómicas en las que se recogiera todo lo relevante, sería cómo repartir los 312.000 millones de euros de deuda de la administración central.
»La dificultad, mejor, si somos rigurosos, la imposibilidad de llevar a cabo estas operaciones es la mejor demostración de que toda la discusión sobre balanzas y transferencias fiscales entre autonomías es un disparate. Y lo es porque España es una nación desde hace mucho siglos y las decisiones políticas, con repercusiones económicas y fiscales, se han tomado por los sucesivos gobiernos nacionales con criterios nacionales, aun a sabiendas de que en algunas ocasiones se estaba beneficiando a algunas regiones sobre otras pero, siempre —esperemos que haya sido así— sobre la base de los intereses generales, a largo plazo.
»En la actualidad, cuando la política fiscal es casi la única sobre la que tiene competencias el Gobierno de la nación, es lógico que se preste atención al conjunto de impuestos que se pagan y a cómo se gastan los ingresos conseguidos. Aunque, desde un punto de vista económico, lo que se consideraba relevante —en la discusión pública— era si la política fiscal perseguía el equilibrio, el superávit o el déficit. Pero no en esta España de las autonomías o, mejor, de los políticos de las autonomías, empeñados en incrementar su poder a cualquier precio.
»En cualquier caso, las dudas sobre la efectividad de la política fiscal y sobre la justicia y efectividad de los impuestos progresivos se están resolviendo, en el conjunto de los países más avanzados, con reformas fiscales que reducen tipos y progresividad, por simplicidad y capacidad recaudatoria, de tal manera que el conjunto de los impuestos se paga en relación —y proporcionalmente— a las rentas medias percibidas y gastadas. Por su parte, el gasto público se adecua a la población en cada autonomía, en el caso de España, lo que, parcialmente, corrige la injusticia que significan los tipos únicos de los impuestos para la población menos favorecida, al reducirse, para los que se encuentran en peor situación, su renta disponible, el factor clave que determina el nivel de vida y las perspectivas futuras. Intentar salirse de estos parámetros, dando más importancia a dónde se recauda a la hora de programar el gasto público que a la población que de hecho vive en cada territorio, parece más injusto. Pero, incluso, si se hiciera, esa modificación en la política de asignación del gasto no tendría efectos fiscales significativos. Por el contrario, al tener en cuenta otros factores, como las obligaciones por pensiones y la asignación de la deuda estatal, se modificarían, sustancialmente, esas hipotéticas balanzas fiscales. Ir adelante por este camino significa destruir la convivencia, no ya nacional, sino la personal, familiar, local y autonómica.
»Nadie tiene argumentos suficientes y probados para decir que el actual sistema fiscal perjudica a unas autonomías y beneficia a otras, o que una autonomía transfiere fondos a las otras. Nuestro sistema fiscal y económico no está pensado en estos términos, sino en clave nacional. Y lo que importa, por otra parte, son las personas, no los territorios, del carácter que sean. Si alguna vez se llegaran a hacer balanzas fiscales serían engendros políticos que reflejarían el poder de unos partidos sobre otros, de unas personas sobre otras, no un instrumento para asegurar la igualdad de oportunidades a nivel nacional, que debería ser el objetivo de cualquier político honrado». («El engendro de las balanzas fiscales autonómicas». Libertad Digital, 21-01-2004).
(Alberto Recarte es licenciado en Derecho y en Económicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad ocupa entre otros, los siguientes cargos: Presidente de Libertad Digital, Vicepresidente y Consejero-Delegado de la Empresa Centunión, Consejero de Cajamadrid, Consejero de la Corporación de Cajamadrid, Vicepresidente segundo de la Fundación Hispano-Cubana).
12. La farsa de la ‘internacionalización del conflicto’

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Re: ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Jue Mar 05 2015, 01:28

La última arma del nacionalismo consiste en destinar ingentes recursos materiales y humanos a lo que ellos llaman «internacionalización del conflicto entre Cataluña y España», a reclamar la independencia ante organismos supranacionales. Estrategia que consideran de capital importancia y definitiva para la conquista de su objetivo.
Así, el 7 de marzo de 2009, unos tres mil manifestantes —según los organizadores— reclamaron la independencia de Cataluña en Bruselas, principal sede administrativa de la Unión Europea. Y el pasado 8 de mayo de 2010, han repetido la experiencia ante la sede de la ONU en Ginebra, bajo el paranoico lema: «El mundo debe saber qué pasa en Cataluña».
El ardid es claro: como España no escucha sus lamentos —argumentan—, se ven abocados a recurrir a otras instancias. Mas todo apunta a que se trata de la visión colectiva de otro espejismo creado artificialmente y no resulta muy probable que en el exterior encuentren su ansiado apoyo. En el seno de muchos países también se desarrollanfenómenos virulentos separatistas, y la secesión de Cataluña los alentaría, sentaría un peligroso precedente —tras el de las naciones surgidas de la ex Yugoslavia— capaz de precipitar a la geografía mundial en un impredecible efecto dominó: Rusia, por ejemplo, está siendo sangrientamente azotada por el terrorismo checheno, y Canadá tiene un problema en Quebec. En el Viejo Continente, Gran Bretaña sufre los nacionalismos norirlandés, escocés y galés; Francia, el corso, bretón, alsaciano, occitano, vasco y —también allí— catalán; Italia, el sardo, padano y siciliano; Bélgica, el flamenco y valón; Suiza, el jurasiano; y Portugal, pese a prohibir los partidos regionalistas o nacionalistas en el artículo 9º de su Constitución, tiene movimientos políticos que propugnan la independencia del Valle de Miranda.
Por otra parte, y mal acostumbrados a la permisividad y las contemplaciones de los sucesivos gobiernos de España, los nacionalistas de Cataluña han demostrado su proverbial estupidez atacando los intereses políticos y económicos de varias naciones, y granjeándose sus antipatías. El 22 de abril de 2010, el embajador de Estados Unidos criticó duramente al gobierno de la Generalidad por la ley para obligar a Hollywood a doblar el 50% de sus películas al catalán. Y avanzó que las productoras están sopesando la posibilidad de reducir su oferta cinematográfica en la región catalana por falta de rentabilidad.
Peor fue el caso alemán. En 2008, el ex diputado de Esquerra Republicana de Catalunya, Joan Puig, calificó de nazi a Air Berlin desde su blog personal, y hasta colgó en su blog un logotipo de la compañía con una esvástica. Era el colofón a un boicot desatado desde internet por centenares de radicales contra la aerolínea por no fomentar el uso del catalán en sus vuelos. La directiva anunció su gran malestar y la intención de emprender acciones judiciales contra el controvertido político separatista, conocido también por sus ataques verbales a Extremadura, el asalto a la piscina del chalé del periodista Pedro J. Ramírez, y el encadenamiento de protesta ante la sede de la COPE, en Madrid.
Tampoco parecen contar con el aprecio de otro peso pesado de la Unión Europea: Francia. Aparte de tener que asistir a la anexión, a la apropiación virtual, en mapas y libros que los catalanistas han hecho de parte de su territorio del sur (la célebre Catalunya Nord, que comprende las comarcas del Rosellón, Capcir, Conflent, Vallespir y la Alta Cerdaña), encaja también agravios en otros ámbitos. Su Ministerio de Justicia ha elevado en 2010 una queja al Consejo General del Poder Judicial de España por el envío de sentencias en catalán a tribunales galos. La carta recuerda que se trata de una prolongada vulneración del reglamento de usos lingüísticos de este país vecino, el cual sólo acepta comunicaciones judiciales —además de en su lengua nacional— en inglés, italiano, alemán y español.
13. El engaño del nuevo Estado dentro de la Unión Europea
Para ganar adeptos, promueven los separatistas la falacia de que si Cataluña se independizase, automáticamente pasaría a ser un nuevo país miembro de la Unión Europea. Nada más falso. Incluso, utilizan esa mentira como reclamo en el enunciado de las papeletas de los referéndums ilegales que vienen celebrando desde aquel primero en Arenys de Munt, el 13 de septiembre de 2009, al formular la consulta en los siguientes términos:
«¿Está usted de acuerdo con que Cataluña se convierta en un estado de derecho independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?».
Lo que no sólo no cuentan, sino que, además, ocultan, es que en el hipotético caso de que Cataluña se secesionase, quedaría fuera de la UE.
Cataluña, una vez independiente, debería ponerse en la larguísima cola de los países que aspiran formalmente a ingresar en la Unión Europea; y entre los que se cuentan, ahora en 2010, año de redacción de estas líneas: Croacia (en negociaciones desde 2003), Albania (desde 2003), República de Macedonia (2003), Serbia (2005), Turquía (2005), Montenegro (2006), Islandia (2009), y candidatos potenciales que están manteniendo contactos con la Unión para tal fin, como Bosnia-Herzegovina, Georgia y Kosovo.
Los criterios de adhesión fueron fijados por el Consejo de Copenhague de 1993 y el Consejo Europeo de Madrid de 1995, y establecen estrictos requisitos en materia de derechos humanos y respeto de las minorías, de estructuras administrativas, jurídicas, políticas y monetarias. Así como la exigencia de una economía viable, competitiva, y solvencia para respaldar las decisiones que adopte el Consejo Europeo.
Tampoco es cierto que, tal y como sostienen los separatistas, Cataluña podría acogerse a la Convención de Viena, de 1978, sobre la sucesión de Estados (procesos de descolonización) para conservar la responsabilidad de los acuerdos internacionales firmados por el Estado predecesor (España), y evitar así su salida de la Unión. La Convención de Vienasólo es aplicable a tratados internacionales sobre derecho, medio ambiente, diplomacia, comercio, etc. En 1986 se redactó un anexo que complementara el articulado de la anterior Convención y donde se regulasen las relaciones entre Estados y organizaciones internacionales, con el siguiente resultado:
1º Sólo es aplicable a tratados entre Estados, no entre Estados y organizaciones internacionales que no estén listadas en el texto.
2º No está vigente porque sólo lo han firmado 28 de los 35 Estados que, según su artículo 85, deben ratificarlo.
La realidad es que el Tratado de la Unión Europea establece en su artículo 49 que el ingreso de cada candidato, una vez sea sometido a estudio, cumpla todos los requistos y exista informe favorable de la Comisión, se aprueba por unanimidad de los Estados miembros. Si cualquiera de éstos (por ejemplo, lo que quedara de España) vetase la entrada de la recién surgida Cataluña independiente, quedaría fuera a perpetuidad.
14. La quimera de El Dorado
Quedar fuera de la Unión Europea comportaría graves consecuencias políticas y económicas para la nueva nación. Entre éstas:
1º Sería expulsada del euro.
2º Toda exportación catalana a los países de la Unión Europea, incluido España, debería pagar caros aranceles.
3º Dichas exportaciones estarían limitadas en su cantidad o tonelaje por cuotas fijadas anualmente desde Bruselas.
A esto hay que sumar la realidad de que Cataluña carece de recursos naturales importantes (petrólíferos, gasísticos, mineros, pesqueros, forestales). La riqueza que se crea en esta región proviene, principalmente, de la industria y del sector servicios (o terciario). Al quedar fuera del euro, Cataluña debería acuñar una moneda propia, pero continuaría teniendo que pagar las importaciones de materias primas para su producción industrial en euros o en dólares, con el consiguiente perjuicio económico.
Teniendo en cuenta estos factores, y el hecho de que actualmente la industria de Cataluña no es competitiva en el mundo, como lo prueban las dificultades que tiene para abrirse mercados en el extranjero y la constante deslocalización de multinacionales, que se marchan, la independencia sería catastrófica. Nada parecido al vergel que el secesionismo promete a los incautos. El Catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid, Mikel Buesa, ha glosado las nefastas consecuencias en este exhaustivo informe:
«Acaba de celebrarse un referéndum informal —por no calificarlo de ilegal— en 166 municipios acerca de la independencia de Cataluña, con una muy mediocre participación y un resultado evidentemente adulterado por la admisión al voto de los menores de edad y los inmigrantes extranjeros. Ello hace que ni siquiera la cuarta parte de la población censada en esos municipios —seleccionados por los organizadores de la consulta por ser los más nacionalistas de la región— se haya manifestado favorablemente a esa independencia. La valoración política que ello merece es que el nacionalismo ha fracasado en su intento de generar un problema institucional, pues no ha logrado el resultado abrumador que esperaba. No obstante, de ello no se infiere que las fuerzas independentistas no vayan a persistir en sus acciones propagandísticas destinadas a desestabilizar la democracia en España y, por esa vía, abrir la oportunidad de ejercer la secesión.
»En estas circunstancias, tal vez merezca la pena adentrarse en la economía de la secesión catalana para efectuar una estimación de los efectos que una eventual independencia de Cataluña con respecto a España podría producir para dicha región. La economía de la secesión ya la he estudiado para el caso del País Vasco, por lo que me ceñiré ahora a las pautas metodológicas que se establecieron en ese trabajo. Y, de entre todos los temas posibles, he escogido para este texto el de los efectos de la independencia sobre el comercio exterior catalán.
»Uno de los aspectos en los que los nacionalistas insisten cuando plantean sus proyectos secesionistas es el de la estabilidad institucional de las relaciones económicas, como si la cuestión de la independencia fuera sólo un asunto político carente de conexión con la economía. Ello se traduce en la idea de permanencia dentro de la Unión Europea, de manera que, en lo que atañe a las relaciones comerciales, no habría ningún cambio institucional con la secesión. Más en concreto, en el referéndum recién celebrado la pregunta planteada contiene esa premisa sin ningún eufemismo, tal como se desprende de su texto: “¿Quiere que la nación catalana se convierta en un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?”.
»Sin embargo, esa estabilidad institucional no es obvia debido a que:
◦ En primer lugar, la Unión Europea la forman Estados de manera que las regiones que forman parte de éstos se integran en el espacio europeo a través de ellos.
◦ Los tratados constitutivos de la Unión Europea no han previsto en ningún caso la posibilidad de la secesión de algún territorio, por lo que, de producirse ésta, la región que formara un nuevo Estado quedaría fuera de la Unión. El precedente establecido por Argelia —que formaba parte de Francia como un Departamento más cuando, en 1962, accedió a la independencia— lo señala con total nitidez; y así lo han declarado expresamente en el Parlamento Europeo tanto la Comisión como su Presidente.
◦ En consecuencia, la secesión de un territorio y la formación de un nuevo Estado implicaría para éste, si quisiera formar parte de la Unión Europea, la necesidad de proceder a la negociación de su adhesión. Tal negociación, en el caso más favorable —es decir, en el caso de que no hubiera ningún veto por parte de los Estados miembros de la Unión— requeriría un plazo no inferior a cinco años. Si además se planteara la entrada en la Unión Monetaria Europea —cuyos requisitos en cuanto a la estabilidad monetaria, el equilibrio de las cuentas públicas, la ausencia de devaluaciones y el mantenimiento de bajas tasas de inflación, establecidos en el Tratado de Maastricht, son muy estrictos— ese plazo podría fácilmente duplicarse.
»En resumen, al menos durante una década el Estado independiente de Cataluña se quedaría fuera de la Unión Europea. Y, en tal circunstancia, quedaría establecida una frontera económica, además de política, entre esa región y España, así como con respecto a los demás países de la Unión Europea. Y las fronteras económicas implican costes para las transacciones comerciales. Unos costes que afectan a la competitividad de las exportaciones y, por tanto, al nivel de éstas, lo que, a su vez se refleja en el Producto Interior Bruto (PIB).
»Veamos esos costes no sin antes aclarar algunas de las cifras fundamentales de la economía catalana y sus relaciones comerciales exteriores:
◦ El PIB de Cataluña en 2008, según el Instituto de Estadística de Cataluña (IDESCAT), fue de 216.923 millones de €.
◦ Cataluña exportó al resto de España 84.682 millones de € e importó 62.908 millones de € —cifras éstas que no proporciona el IDESCAT y que he estimado a partir de la Tabla input output de Cataluña correspondiente a 2001, proyectando las cifras hasta 2008 con la restricción de que el saldo correspondiente fuera el mismo que figura en la Contabilidad Regional publicada por dicho organismo—. El saldo es, por tanto, positivo e igual a 21.774 millones de €.
◦ Las exportaciones catalanas al resto del mundo fueron de 65.368 millones de € —de los que 35.911 correspondieron a los países de la Unión Europea— y las importaciones de 80.438 millones de € —correspondiendo 45.168 a la UE—, con lo que el saldo de estas operaciones fue negativo por un valor de -15.070 millones de €.
◦ Por consiguiente, el saldo comercial externo de la economía catalana —es decir, la suma de los saldos con el resto de España y con el resto del mundo— fue positivo por un valor de 6.704 millones de €.
»Pues bien, a partir de estas cifras se puede hacer un ejercicio de simulación acerca de lo que ocurriría en Cataluña si, como fruto de la independencia, aparece una frontera económica con España y la Unión Europea. Los supuestos de los que parte ese ejercicio son los siguientes:
◦ La frontera económica se traduce en la aplicación a las exportaciones catalanas a España y los demás países de la Unión de un arancel equivalente a la actual protección media de la economía española con respecto a las importaciones procedentes del territorio exterior a la UE. Esa protección fue, en 2008, del 1,07 %.
◦ Asimismo, la frontera implica la aparición de unos costes de transacción derivados de los trámites aduaneros, inspección de mercancías, tramitación de licencias, riesgo del tipo de cambio —dado que Cataluña estaría fuera del área del euro y su moneda dejaría de ser la divisa europea— y otros elementos habituales en las operaciones exteriores, equivalentes al 13 % ad valorem, cifra ésta que ha sido estimada por la OCDE para los países desarrollados.
◦ La elasticidad-precio —es decir, la relación entre la variación de las cantidades comerciadas y la variación en los precios de las mercancías y servicios— de las exportaciones e importaciones catalanas es la misma que el Banco de España ha estimado para las españolas. O sea, -1,3 en el caso de la exportación y -0,6 en el de la importación.
◦ El efecto frontera —concepto éste que alude a la intensidad de las relaciones comerciales de una región con todas las demás de España por comparación con cualquier otro país del mundo en condiciones de equivalencia de tamaño de las respectivas economías y distancia en kilómetros— se reduciría a la mitad, tal y como ocurrió en los casos de las viejas repúblicas soviéticas cuando se disolvió la URSS o en las repúblicas balcánicas cuando se deshizo Yugoslavia tras la muerte del mariscal Tito. Es decir, si actualmente Cataluña comercia con las demás regiones de España con una intensidad que es 22 veces mayor que con cualquier otro país del mundo a igualdad de tamaño y distancia, esa intensidad pasaría a ser de sólo 11 veces. Ello es equivalente a una reducción de la protección de esas relaciones internas a España con respecto a las exteriores desde el 53 % ad valorem hasta el 27 %. O lo que es lo mismo, la reducción del efecto frontera sería equivalente a la imposición de un arancel entre la Cataluña independiente y España del 26 % ad valorem.
◦ Finalmente, como es habitual se parte del supuesto de reciprocidad, de manera que el Gobierno de Cataluña respondería a la aparición de la frontera económica imponiendo a las importaciones procedentes de España y los países de la UE un arancel igual al vigente en estas naciones.
»Pues bien, con estos supuestos y haciendo las operaciones pertinentes cuyo detalle le ahorro al lector, se llega a los siguientes resultados en la simulación:
◦ Las exportaciones de Cataluña hacia España, como derivación de la reducción del efecto frontera, la protección arancelaria y los costes de transacción, experimentarán un aumento de precios del 40,07 %. Y, como consecuencia de tal aumento de precios su volumen acabará reduciéndose en 44.112 millones de €, trasladándose esta caída a la producción, de manera que el PIB se minorará en un 20,3 %.
◦ Las exportaciones catalanas hacia los demás países de la Unión Europea, en virtud del arancel y los costes de transacción, se encarecerán en un 14,07 %, con lo que también acabarán reduciéndose hasta una cifra de 6.568 millones de €. La traslación de este efecto negativo al PIB será equivalente al 3,1 % de su nivel actual.
◦ Por tanto, el PIB de Cataluña experimentará con la independencia una caída de 50.580 millones de € o, lo que es lo mismo, del 23,4 %. En términos por habitante, la Cataluña independiente registrará una reducción desde los 29.457 € per capita actuales a sólo 22.575 €. O sea, de ser una región más rica que la media española —que es de 24.020 € por habitante— pasará a ser una nación más pobre que esa media. O también se puede decir que los catalanes, salvo que una buena parte de ellos abandonen su nación, se empobrecerán hasta llegar a un nivel equivalente al que actualmente gozan los ciudadanos de Ceuta.
◦ Si aplicamos los supuestos antes señalados a las importaciones de Cataluña se llega al resultado de una reducción de las procedentes de España de 15.124 millones de €; y de las originarias de los otros países de la UE, de 3.183 millones de €. O sea, esas importaciones se verán disminuidas en una cifra equivalente al 8,8 % del PIB actual de la región.
◦ Y trasladadas todas esta cifras al cálculo de los saldos exteriores, se llega a este resultado: por una parte, el saldo con España pasará a ser deficitario por un valor de -7.124 millones de € —recuérdese que actualmente hay un superávit tres veces superior a esa cifra—; y, por otra, el saldo negativo con el resto del mundo aumentará su tamaño hasta alcanzar una cifra de -18.455 millones de €. En conjunto, el déficit exterior de la Cataluña independiente alcanzará los -25.669 millones de €, una cifra ésta que será equivalente al 15,4 % del PIB de la nación catalana.
»En otras palabras, la Cataluña independiente será la nación más deficitaria del mundo. Claro que, para llegar a ese déficit tendrá que encontrar a algún país que se lo financie, lo que, dado lo abultado de la cifra, seguramente será imposible. Y entonces, una crisis aún más profunda que la que las cifras anteriores describen se cernirá sobre la economía catalana empobreciendo aún más a sus habitantes. Serán éstos los que, en esa situación, descubrirán que el negocio que les propusieron los nacionalistas con su referéndum no era el de la felicidad sin límite, sino el de una espiral de pobreza, y que, por tanto, no merecía la pena.
»Este es el mensaje que, desde la economía de la secesión, puede transmitirse a los ciudadanos de Cataluña. Sin embargo, soy consciente de que un mensaje así nadie quiere recibirlo y que, como señaló Gabriel García Márquez en un pasaje de sus memorias alusivo al declive de Aracataca, «o nadie lo creía o nadie se atrevió a pensar en sus estragos». Fue el mismo García Márquez el que describió esos estragos señalando que la decadencia se llevó todo: «El dinero, las brisas de diciembre, el cuchillo del pan, el tiempo de las tres de la tarde, el aroma de los jazmines, el amor. Sólo quedaron los almendros polvorientos, las calles reverberantes, las casas de madera y techos de cinc oxidado con sus gentes taciturnas, devastadas por los recuerdos». («La independencia de Cataluña». Blog de Mikel Buesa, 16-12-2009).
Para quienes ha quedado claro que la independencia sí resulta un negocio redondo es para los caciques políticos que la están promoviendo. Para ellos, desde luego.

http://www.minutodigital.com/2011/04/30/los-bulos-del-separatismo-catalan/

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Re: ARGUMENTACIÓN EN CONTRA DEL SEPARATISMO CATALÁN

Mensaje por Alentian el Jue Mar 05 2015, 12:52

Mentiras del nacionalismo catalán




En este artículo vamos a presentar una serie de falacias históricas que el nacionalismo catalán utiliza para reivindicar su división con el resto de España.

1. La Corona catalano-aragonesa o Condederació catalano-aragonesa:
Nunca hubo tal corona, a eso se le llamó siempre Reino de Aragón. el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV que se casó con la reina aragonesa Petronila nunca se tituló rey de Cataluña y Aragón. No solo eso sino que se reconoció vasallo del emperador toledano Alfonso VII (su cuñado) que se titulaba Hyspaniae Imperator. Además por aquella época no existía todavía el gentilicio catalán ni el nombre Cataluña.

2. La bandera cuatribarrada que comparte Aragón, Valencia, Baleares y Cataluña no es catalana:
A pesar de que Rovira i Virgili dijera: “La Unió catalano-aragonesa adoptà l’enseya catalana de les quatre barres vermelles.” es falso. El origen de la bandera es aragonés. Representaba la casa real de Aragón. El primer rey aragonés en usarla fue Alfonso II. Todos los autores catalanes del medievo entre ellos Muntaner llamaron a la bandera cuatribarrada, la senyal real d’Aragó. Nunca dijeron que fuese l’escut de Catalunya como dicen ahora los nacionalistas.
Hablar de banderas o de reyes catalanes no tiene ningún sentido. Nunca hubo ningún rey catalán ni ningún Estado catalán. Los únicos reyes de los que se puede hablar son los reyes de Aragón. La casa condal de Barcelona -que no representa la actual Cataluña porque ésta estaba formada por más condados- al único reino al que pertenecieron fue al de Aragón.
Además en la bandera cuatribarrada se encuentra el origen de la bandera nacional de España. La bandera de la Marina Real en tiempo de Carlos III todavía blanca, se cambió por otra que se distinguiese mejor en altamar, se pensó en la del reino de Aragón, pero tampoco se distinguía bien por ser las barras muy estrechas, así en imitación a esta se ensancharon las franjas y la amarilla se hizo doble que las rojas.

3. La Diada nacional de Catalunya, símbolo de resistencia nacional catalana contra el imperialismo castellano.
Según el nacionalismo catalán, “el centralismo y el espíritu colonizador de Castilla hacia Cataluña se fue intensificando hasta que en 1714, durante la Guerra de Sucesión, Castilla y Francia aliadas, vencierona Cataluña, Inglaterra y Austria”. Nada más falso.
En realidad, el 11 de septiembre de 1714 lo que ocurrió fue la entrada de las tropas de Felipe V a Barcelona que estaba bajo dominio francés. En el asedio a Barcelona participaron miles de catalanes integrando el ejército borbón. Otros miles de catalanes sitiados en Barcelona lucharon para la que estimaban como legítima dinastía española y de la “libertad de toda España”. Así lo atestigua por ejemplo el historiador nacionalista Ferrán Soldevilla.
No sólo eso, sino que un siglo después en la Guerra de la Convención. Los catalanes participaron con entusiasmo en defensa de su religión, su rey y su patria contra los revolucionarios franceses. De hecho se puede leer en el Diario de Barcelona del 1 de octubre de 1792 un Soneto Catalá celebrando la toma de la localidad rosellonesa de Bellaguarda:
” Vallesir, Rosseló, la França entera
del valor espanyol lo excés admira:
Ya espera resistir, ya desespera:
ya brama contra el Cel, però delira:
que lo cel es qui vol que torne a Espanya
lo Rosselló, Navarra y la Cerdenya”.

4. Cataluña históricamente se opuso a España y se reveló contra ella:
Bien, con la invasión napoleónica en 1808, los catalanes se levantaron heroicamente contra los franceses y lucharon a muerte por la libertad de España. De hecho, la heroica defensora de Zaragoza, Agustina de Aragón, fue barcelonesa de padres leridanos, y realmente se llamaba Agustina Raimunda Saragossa Doménech. Por otra parte, igual que hubo catalanes luchando en otras partes de España, también hubo españoles de otras provincias que lucharon en tierras catalanas.

5. Cataluña es una nación histórica.
Todo lo contrario, el nacionalismo catalán tuvo que ver con el auge industrial y económico de la segunda mitad del siglo XIX en Cataluña, además de con la crisis de 1898 con la pérdida de Cuba y Filipinas.
Fíjense lo que dijo Joan Estelrich, diputado de la Lliga Regionalista -el partido de Prat de la Riba y de Cambó- en las cortes de 1931 (fuente: La nacionalidad catalana, cap. VIII de E. Prat de la Riba)
“Lo que nosotros queremos es que todo español se acostumbre a dejar de considerar lo catalán como hostil; que lo considere como auténticamente español; que ya de una vez para siempre se sepa y se acepte que la manera que tenemos nosotros de ser españoles es conservándonos catalanes (…) que no nos desespañolizamos ni un ápice manteniéndonos muy catalanes; en fin, que la garantía de ser nosotros muy españoles consiste en ser muy catalanes. Porque lo contrario es ir contra la naturaleza. Y por lo tanto debe acostumbrarse la gente a considerar ese fenómeno del catalanismo no cómo un fenómeno antiespañol, sino como un fenómeno españolísimo.”
Ojalá te oyeran ahora los Carod, Puig, Tardá, Mas y compañía.

https://laverdadofende.wordpress.com/2013/02/09/las-mengiras-del-pancatalanismo/

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Nacionalismo catalán, una gran farsa

Mensaje por El Zorro el Mar Jun 30 2015, 10:08

EL NACIONALISMO CATALÁN, UNA GRAN FARSA






No se dejen engañar, repasen la historia y entiendan el presente; me remonto al siglo XIX, concretamente al año 1833, en plena transición y apunto de estallar la primera Guerra Carlista en España. Fernando VII muere sin descendientes varones, y declara como heredo al trono, a la recién nacida, Isabel. El hermano del primero, Carlos María Isidro, decide reclamar sus derechos dinásticos, separando así al país e iniciando la mencionada guerra. Sin entrar mucho más en materia, únicamente cabe destacar los pertenecientes al bando de Carlos María Isidro; País Vasco, Navarra, Valencia, Aragón y Cataluña. Y ya que en España el sentimiento picaresco ha sido patente durante siglos –y aún es presente-, aquí cada uno miraba para su propio beneficio, y por ello, Cataluña eligió pertenecer a esta facción.

Les explico despacito y con buena letra, para que me entiendan. Volvemos a viajar en el tiempo, esta vez al siglo XVIII, al año 1713 donde finalmente llega a su fin la Guerra de Sucesión Española, dando lugar a la creación del Decreto de Nueva Planta, que abolía las leyes e instituciones propias del Reino de Valencia, del Reino de Aragón, del Principado de Cataluña y del Reino de Mallorca, todos ellos integrantes de la Corona de Aragón, que se habían decantado a favor del bando perdedor de la guerra. Por lo tanto, los mencionados perdían el poder de gobernarse de una forma similar a lo que hoy en día sería un estado americano, pasando así a tener un mando central para toda la nación.

Y volviendo al siglo XIX, creo que ahora entienden el porqué de la decisión de los catalanes y compañía… Era el momento histórico idóneo para romper el castigo impuesto hace más de un siglo, y recuperar aquellos privilegios para gobernar. Por desgracia, o por fortuna –que sé yo– nuevamente la antigua Corona de Aragón escogió el bando equivocado, ya que la facción que lideraba Carlos María Isidro perdió ante el ejército liberal.

Además, sumándole a Cataluña y Valencia los sentimientos nacionalistas que llegaron de la mano de las ideas ilustradas –adoctrinadas por Napoleón a través del gran imperio que levantó-, éstas son las raíces de la falacia nacionalista que se promulga en nuestros días.  Los ciudadanos catalanes que se levantan defendiendo una Cataluña independiente, no creo que sigan defendiendo a los ya cadáveres del siglo XIX, luchando por fantasmas pasados y guerras entre hermanos… No creo que sigan pensando que aún merece la pena luchar por iniciar de nuevo una guerra carlista, ya que los tiempos han cambiado y las necesidades tanto de España como de Cataluña, no son las mismas que las de hace tanto tiempo atrás.

Pero señores, así es el nacionalismo catalán; ningún miembro, predicador o persona que esté a favor de una Cataluña independiente, me ha comentado lo mencionado anteriormente. El nacionalismo ha pasado de ser un llamamiento político de antaño, a ser un atajo de mentiras, y lo que es peor, el arma que utilizan para poder enriquecerse a costa de la ignorancia, de la incultura y de la manipulación que ejercen a través de sus cadenas televisivas, radios y discursos. El famoso “Espanya ens roba“, o la típica promesa que promulgan al pueblo catalán de que, sin España, tanto en lo económico como en lo social, nos irá mejor. Y lo peor, es que la masa sigue ciega. Sin saber que están defendiendo los privilegios de generaciones tan lejanas, que ni sus propios tatarabuelos conocerían; no ganan nada, solo ruina económica, política y social; ya que perderían, por ejemplo, las ayudas europeas, así como el euro, las subvenciones del estado español, y que decir de la estampida que sufriría la Cataluña independiente, en cuanto a la inversión de las empresas existentes a día de hoy en territorio catalán. Y todo, expresamente para enriquecer a una cúpula de políticos inmorales y estafadores.

http://invertiryespecular.com/2014/10/16/el-nacionalismo-catalan-es-una-farsa/

El Zorro
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