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Del África española

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Del África española

Mensaje por Quevedo el Miér Abr 23 2014, 01:48

DEL ÁFRICA ESPAÑOLA

El presente artículo fue publicado en la "Revista Cultural Órdago de Torredonjimeno", en el año 2008. Seis años antes, en el 2002, los militares marroquíes invadieron con armas y soldados, la tierra española sin mediar provocación alguna por parte de las autoridades de España. Ese atentado a la soberanía nacional pasó a la Historia como: “El incidente de la Isla Perejil”. Desde esa fecha, la radicalización de las políticas marroquíes para con el pueblo Español, han ido creciendo, pasando a ser agresivas e irracionales y llegando incluso a poner en peligro la estabilidad de la zona.

Con los presentes artículos tratamos de establecer una visión general del panorama hispano-marroquí, dejando de forma clara y concisa, la falta de legitimidad histórica del pueblo marroquí a la hora de reclamar como suyos, los territorios de Ceuta, Melilla, o incluso el Sahara.




"Uniforme de los soldados españoles durante la campaña de 1859-1860"

España durante la campaña militar de Marruecos: 1859-1860

España escudo de Europa.


La península Ibérica es la zona más occidental de Europa, y se encuentra separada del continente Africano por el Estrecho de Gibraltar, puerta natural que han utilizado desde la antigüedad las invasiones norteafricanas para penetrar en la península Ibérica e intentar la conquista del continente europeo. En los tempranos años 171 o 172 d. C. Durante el reinado de Marco Aurelio, ya hay constancia de fuertes invasiones por parte de tribus “mauris” (moras) que asolaban la Bética: “en una expedición cuyo objetivo era la consecución de botín”. Comenta el historiador F. J. Sanz Huesa al hablarnos sobre esas invasiones. (1) El problema se solucionaría años más tarde bajo el emperador Diocleciano al reformarse las provincias Hispanas e incluir una provincia más en el norte de África, la Tingitania, que evitase fuertes invasiones como las anteriores.

En los albores del siglo VII d. C. España era gobernada por los reyes visigodos que, por razones de credo religioso y de sucesión electiva, estaban enfrentados entre partidos. Es el rey Recaredo el primero en convertirse al cristianismo abjurando de la herejía arriana (2) hecho que causó una agudización de las diferencias con sus adversarios, los cuales también pretendían ostentar la corona de “Rex Visigothorum”. Los visigodos que no aceptaron el catolicismo, los arrianos, veían en la nueva forma de religión africana, el “Islam” (vocablo que en árabe significa “sumisión”), muchos parecidos con su herejía, por lo que no dudaron en aceptar a los musulmanes como aliados para derrotar a los católicos, con la finalidad de obtener tierras y dominios. Pactada la traición, en el año 711, en las inmediaciones del río Guadalete, se enfrentaron los ejércitos cristiano y árabe. D. Rodrigo, rey visigodo convertido al catolicismo, traicionado por sus ambiciosos adláteres, es derrotado y muerto en la batalla. Los árabes acceden a la península, y lejos de contentarse con el botín pactado, traicionan a sus aliados para penetrar más adentro en los reinos peninsulares y ocupar por la fuerza la España visigoda.

Los traidores que abrieron las puertas a los árabes facilitándoles la entrada a la península Ibérica no sabían el tiempo y sangre que costaría tamaña traición. Durante casi ocho siglos, los árabes campearán por Hispania haciendo de ella un territorio sometido a su voluntad. Diferentes reyes cristianos empezarán una labor de reconquista que culminará con la liberación de España de los árabes en 1492 de la mano de los Reyes Católicos con la toma de Granada, último reducto islámico en la península y de la Europa cristiana.

El Islam jamás perdonará a España y a los españoles ese hecho, ya que hemos sido el único pueblo de Europa que, después de un sometimiento al Islam de siete siglos, no sólo no lo aceptamos como religión, sino que fuimos capaces de expulsarlos de la tierra que habían ocupado por la fuerza y devolverlos al continente africano.



"Mauris. Moros en la Tingitania española"

La política de los reyes venideros será la de establecer una frontera natural en el norte de África, la Tingitania que actualmente se conoce como el Magreb, que evitase posibles acometidas o invasiones en el futuro.

La Campaña de Marruecos

Desde antiguo los enfrentamientos entre españoles y marroquíes han sido una constante. En 1859, tiene lugar la “Campaña Militar de Marruecos”. Como indica el escritor César Alcalá en su obra (3) sobre la campaña de 1859: “O´Donnell estaba esperanzado. Creía que el bienestar económico y la campaña de Marruecos devolverían a los españoles aquel aliento de patriotismo, perdido desde hacía tiempo y todo volvería a la tan deseada normalidad”. (4) Lo cierto es que no sirvió totalmente para los propósitos deseados, y lo que fue una victoria militar, con el paso del tiempo sería una brecha que desangraría a la juventud española encuadrada en el ejército sin remedio.

El pretexto utilizado por el ejército español para entrar en guerra con Marruecos, fue el siguiente.

El gobernador de Ceuta de aquella época, el Sr. Gómez Pulido, inició la construcción de un cuerpo de guardia fortificado que sirviese de defensa a la ciudad por ese lado, pero fuera de las murallas, esto es en terreno neutral. Los marroquíes consideraron que se estaba edificando en terreno que les pertenecía según el tratado anteriormente firmado entre ambos países. Como consecuencia, las obras que se realizaban por la mañana eran destruidas por la noche a manos de los marroquíes. La tensión llegó a tal punto, que un día los marroquíes destruyeron la piedra que delimitaba la frontera con aquel país, cebándose con el escudo de armas que representaba a la nación española.

El ultraje al escudo de armas, en una sociedad decimonónica donde los valores y el sentido del honor estaban muy presentes no podía quedar sin contestación. Se solicitó al rey marroquí que restituyese el honor de los españoles mediante una serie de actuaciones, más con el ánimo de guardar las apariencias que de agigantar un suceso intrascendente. Pero no se llegó a ningún acuerdo positivo por ninguna de las partes, salvo excitar el ánimo de los marroquíes en su afán de venganza. Así las cosas, se utilizó dicho pretexto para comenzar una guerra contra los moros que sería conocida como la “Campaña de Marruecos” que se desarrolló entre los años 1859 y 1860, la cual tenía entre otras finalidades la delimitación del territorio español de forma clara.

El comienzo de las hostilidades fue el 24 de octubre de 1859, y uno de los testigos privilegiados de aquellas luchas fue sin lugar a dudas el escritor D. Pedro Antonio de Alarcón, que tuvo el honor de participar en aquella contienda y dejar reflejadas sus impresiones en sus libros y novelas.(5)

Las luchas contra los moros se sucedieron con una crueldad inusitada. Las atrocidades a las que se sometían los ejércitos en combate eran terribles. Los españoles además de los rigores del clima y el territorio adverso, debían luchar con un enemigo mucho más cruel e invisible: el cólera; la falta de agua y la escasez de higiene harían más estragos entre los españoles que las balas que nos causaba la morisma (6). Al respecto de la crueldad practicada por los marroquíes en el combate nos comenta el escritor de Guadix lo ocurrido en una de las múltiples escaramuzas en las que participó: “ ...Vengando así la suerte que había cabido a algunos soldados españoles, a quienes los bárbaros y crueles marroquíes habían degollado y puesto en cruz, como escarnio hecho a Jesucristo”(7). Sucesos similares y atrocidades mucho peores serían una constante durante toda la “Campaña de Marruecos”. La brutalidad y crueldad no cesarán por parte de los moros. Esas prácticas perdurarán años después con la contienda de la Guerra de África, donde millares de soldados españoles morirán en las más crueles torturas inimaginables para las sociedades civilizadas.



"D. Leopoldo O´Donnell y Jorris, mando supremo de las tropas españolas durante la guerra de África, gracias a la victoria en Marruecos obtuvo el título de duque de Tetuán"

Así las cosas no es de extrañar que el 18 de noviembre Leopoldo O´Donnell después de pasar revista a las tropas españolas en el puerto de Santa María les arengase de esta manera: “Soldados : Vamos a cumplir una noble y gloriosa misión. El pabellón español ha sido ultrajado por los marroquíes; la Reina y la patria confían a vuestro valor el hacer conocer a ese pueblo semi-bárbaro que ofende impunemente a la nación española”. (...) “Soldados: mostraros dignos de la confianza de la Reina y de la patria haciendo ver a la Europa que os mira, que el soldado español es hoy lo que ha sido siempre cuando ha tenido que defender el trono de sus reyes, la independencia de su patria o vengar las injurias hechas a la honra nacional...”(8)

Los combates se sucedieron en los días siguientes con desigual fortuna para ambos bandos. Pero al final, las armas españolas se terminaron imponiendo a los africanos, obteniendo notorias victorias en el campo de batalla. El ejemplo de los batallones vascos y catalanes fue singularmente heroico, como bien refleja el autor Pedro Antonio de Alarcón en sus “Diarios”.

El objetivo que se pretendía con la entrada en guerra con Maruecos tuvo su éxito relativo. En la Península las disensiones políticas de aquellos dos años cruciales fueron mitigadas por los sucesos de la “Campaña de Marruecos” El desembarco en la península de Montemolín, partidario de la facción carlista, fracasó, así como el intento del republicano Sixto Cámara de levantar en armas las guarniciones para forzar un golpe de estado. La bonanza económica obtenida con los ingresos que el ferrocarril estaba obteniendo como símbolo del progreso hacía que los españoles se las vieran muy felices en aquellos años, si no fuera porque más allá de las fronteras peninsulares, muchos soldados españoles dejarían su sangre y su vida y no regresarían jamás a sus hogares.

El final de la guerra fue firmado en una tienda de campaña entre O´Donnell y Mulay-el-Abbas, el 25 de marzo de 1860. En dicho tratado se ratifica la cesión a perpetuidad de una serie de territorios norteafricanos a favor de España, incluyendo la ampliación de las fronteras melillense y ceutí, junto con el pago de una indemnización como gastos de guerra. El éxito de aquella campaña sería, como se verá más adelante, relativo. Las hostilidades con las harcas marroquíes no cesarán, existiendo una prolongación larvada del conflicto, cuyas hostilidades culminarán con la nueva entrada en guerra pasados unos años.

Luis Gómez

NOTAS

(1) “Hispania Tardo romana y visigoda” Francisco Javier Sanz Huesa, Pág. 25 Ediciones Istmo 2007
(2) Ver el artículo de la revista Órdago n º 8, “Los godos una visión general”, Luis Gómez López, pp, 8 a10.
(3) “La Campaña de Marruecos, 1859-1860”, César Alcalá, A. F. Editores de Historia Militar, 2005
(4) ibídem, p. 14
(5) Pedro Antonio de Alarcón reflejó sobre todo sus impresiones en su obra “Diario de un testigo de la Guerra de África”
(6) Según César Alcalá en su obra, el total de muertos en África fu de 9034 hombres, de los cuales, 2888 lo fueron por la enfermedad del cólera, 786 lo fueron en el campo de batalla y otros 366 más lo hicieron a consecuencia de las heridas, Cit. César Alcalá, “La Campaña ...” pp. 164 y 165
(7) Pedro Antonio de Alarcón, “Diario de un testigo de la Guerra de África”, cit. De César Alcalá, “La Campaña de Marruecos, 1859-1860” p. 45.
(8) César Alcalá, Ibíd. p. 49

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Re: Del África española

Mensaje por Quevedo el Miér Abr 23 2014, 01:55

http://movimientoraigambre.blogspot.com.es/2013/07/del-africa-espanola-iii.html

DEL ÁFRICA ESPAÑOLA (III)

Seguimos reproduciendo en está bitácora, algunos de los artículos aparecidos en la Revista Cultural Órdago, de mayo de 20088, sobre la guerra en el África Española.

España al empezar el s. XX. La situación política interna.

Luis Gómez.




"Imagen de los tumultos de la Semana Trágica de Barcelona"

Además de los problemas que el ejército estaba teniendo en el norte del Magreb, hay que sumarle la traición de los políticos de la época, los cuales según cuenta el prestigioso historiador Carlos Seco Serrano, estaban contribuyendo a desestabilizar la nación con sangrientas y violentas manifestaciones de obreros, dirigidas a debilitar al Gobierno, evitándose así el envío de nuevas tropas al conflicto, y todo para favorecer los intereses franceses al mismo tiempo que utilizaban el malestar para intentar acceder al poder. Reproducimos a continuación por su interés el documento en el cual, un diputado tradicionalista español, el Sr. Llorens, de paso por la vecina Francia, se entrevista con el prestigioso y bien informado periodista francés Henri Rochefort, de ideología izquierdista. Al preguntar el español por la posición francesa ante la situación en Marruecos y su actitud frente a España éste le relató lo siguiente:

“Emprendí mi viaje –dijo Llorens- y en París tuve ocasión de celebrar una extensa conferencia con Rochefort (Henri), que para mayor claridad voy a referirle a usted como si él mismo hablase.

-¿Quiere usted – me dijo – que le dé mi opinión sobre el problema de Marruecos y nuestra actitud con respecto a España, y voy a complacerle. Briand está de acuerdo con Pablo Iglesias y Lerroux, sobre todo el primero, para mantener la agitación socialista en España. La semana roja de Barcelona fue alentada desde aquí, y elementos franceses jugaron allí mucho papel; recuerde Vd que entre los cadáveres que resultaron de la revuelta (se refiere el autor a la conocida como “Semana Trágica de Barcelona”, N. A.)muchos de ellos no se pudieron identificar por ser extranjeros. Desde aquí (se refiere a la izquierda socialista francesa, N.A.), pues, se fomentó la campaña contra la guerra de Melilla.

A esto contesté yo –advierte Llorens –que eso me costaba trabajo creerlo, porque entre países amigos no creía semejante conducta. Él (Rochefort) prosiguió diciendo:

-No hace Vd bien en creer que eso sea incorrecto. El mundo esta así ahora. Continuamente se sorprenden en Francia oficiales alemanes que vienen a sorprender secretos de organización, armamento y fortificaciones, y lo mismo ocurre en Inglaterra, y por eso ninguno de los Gobiernos de ambos países se da por ofendido. Hoy se lucha con toda clase de armas y recursos. Pero volvamos a nuestro tema. Nosotros no creíamos nunca que España tendría fuerza bastante para llevar cincuenta mil hombres a África, ni potencia económica para gastar cien millones en guerra. Se ha visto, y aquí se ha considerado preciso impedir que España ensanche su territorio en Marruecos. Como aquí sobra el dinero, se ha comprado a Mokri, y se ha hecho saber a Muley Hafid que no tenga miedo alguno en reclamar que España desaloje sus posiciones, porque no puede ir a la guerra, que impedirán los obreros y los elementos revolucionarios con la huelga general. Además están ustedes desamparados de toda Europa. Inglaterra a pesar del enlace de familia, está de acuerdo con Francia; Alemania les odia a ustedes y hasta les desprecia. No tiene España más que el apoyo romántico del Emperador de Austria, que es tener nada, y el apoyo verbal de Portugal, que significa aún menos porque aquella Monarquía se cae a pedazos. Están ustedes, pues, en una situación comprometidísima y me atrevo a decirle que a nadie pueden culpar de ello. Un país en cuyo Parlamento puede decirse sin protesta de nadie, ni aún del Gobierno, lo que dijeron Pablo Iglesias y Lerroux, que afirmaron terminantemente que si surgía nuevamente la guerra los soldados no tomarían las armas, no tiene derecho aquejarse de sus desdichas. Ese espectáculo que ofreció el Gobierno y el Congreso ha enseñado mucho de Pirineos acá”. [1]



"Henri Rochefort, periodista francés conocedor de las interioridades de la Semana Trágica de Barcelona"

No serían los socialistas los únicos que no tendrían ningún reparo en vender la sangre de sus compatriotas con la finalidad de obtener el poder del Gobierno, el mal llamado “Padre de la Patria Andaluza”[2], Blas Infante, sería otro de los personajes que durante aquellos años del conflicto viajaría en numerosas ocasiones al África marroquí, haciendo públicos halagos a las excelencias del Al-Andalus califal y al esplendor y excelencias árabes, no importándole en ningún momento que los magrebíes volviesen a ocupar España, y todo ello mientras sus compatriotas dejaban su vida por evitar lo contrario[3].

Por otra parte, la cúpula del ejército veía en el norte de África una solución para su carrera. Un destino en el norte de África suponía una notable ventaja con respecto a sus homónimos peninsulares. El ascenso era más fácil, y con él, más y mejores sueldos y posibilidades.

El Estado Mayor Español se encontraba hipertrofiado, “de dimensiones dobles que las del Ejército francés”[4] encontraba entre sus filas más mandos que soldados. Durante los años sucesivos, diferentes reformas políticas tratarán de regular la situación del Ejército, que había ido deteriorándose poco a poco, pero ninguna tendrá éxito. Así las cosas, en 1919, y tras la revolución de las Juntas de 1917, los mandos militares en el norte de África se encontraban en desacuerdo con sus homólogos peninsulares. Dicho acuerdo suprimía los ascensos por méritos de guerra, lo cual parecía injusto para los que se encontraban en primera línea de fuego, que ascendían al mismo tiempo que los militares que se encontraban en la Península realizando operaciones burocráticas. Consideraban en fin, que aquellas Juntas y programas no se ajustaban a un Ejército en Estado de guerra, y sí a uno de paz.

Por su parte y como afirma Raymond Carr: “Los desastres militares de 1921 en Marruecos hicieron que el Ejército se sintiera al mismo tiempo inseguro e indignado. Esto porque veía que los políticos le habían privado de las bases materiales del triunfo, y aquello, porque temía que éstos mismos políticos atribuyeran la “responsabilidad” a un ejército al que su parsimonia había negado el instrumento de la victoria”[5]

Y es que la cúpula corrompida de los mandos militares africanistas, aprovechaban la posición privilegiada que tenían para traficar con todo lo que a ellos estaba sujetos, comida, botas o vestimenta militar e incluso armas que revendían en algunas ocasiones a sus propios enemigos. La cicatería de los políticos a la hora de regular el Ejército con partidas presupuestarias o reformas serias era una utopía. Así las cosas en 1920 los soldados que acudieron a la Guerra de Marruecos, lo hicieron sin hospitales de campaña, sin tanques y sin fusiles modernos. El fracaso de las operaciones servía de revulsivo en la opinión pública española que pedía responsabilidades a los militares, y los políticos de izquierdas que veían en la crispación social, una alternativa más a utilizar para desestabilizar al Gobierno y acceder al poder. En definitiva, más de lo mismo.

[1] Carlos Seco Serrano “La España de Alfonso XIII” Biblioteca de Historia de España, RBA Coleccionables 2005, p. 282 y 283
[2] En la actualidad, todos los partidos políticos PSOE, IU, PP Y PA, reconocen en Blas Infante al precursor ideológico del “hecho diferencial andaluz” con respecto a España, equiparado al Sabino Arana vasco o al Cambó catalán. N.A.
[3] Sobre las actividades de Blas Infante véase artículo en ésta misma revista.
[4] Raymond Carr, “España 1808-1975” Biblioteca de Historia de España, RBA Coleccionables 2005, p. 539
[5] Íbid. p. 541
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Re: Del África española

Mensaje por Quevedo el Miér Abr 23 2014, 02:01

http://movimientoraigambre.blogspot.com.es/2013/07/del-africa-espanola-iv-politica.html

DEL ÁFRICA ESPAÑOLA (IV): POLÍTICA TRANSFRETANA



POLÍTICA TRANSFRETANA

Por Antonio Moreno Ruiz


No son los mejores tiempos para nuestra España. Vivimos una época de decadencia brutal, donde nos encontramos con un sistema político-económico cada vez más corrompido y asalvajado y una mentalidad social harto envilecida. Desde la oligarquía cleptómana que nos desgobierna se favorece continuamente el enfrentamiento y la división entre españoles. Los jóvenes emigramos porque no tenemos otro remedio y el que era el país de turismo y ladrillo se desmorona. Y el moro, siempre que ve débil a esa España que teme y que odia, se envalentona e intenta crecer a nuestra costa.

Desde que se creó el artificioso estado de Marruecos, con el gaullismo como valedor y cómplice que intensifica una geopolítica contra España, los envalentonamientos venidos desde el sur no han parado. Muy pronto se declararon los máximos amigos de los norteamericanos en el Magreb. Con escasas gestiones diplomáticas, consiguieron el territorio de Sidi Ifni, que jamás le había pertenecido. Esta claudicación nos costó cara, pues lejos de amilanarse, los alahuitas financiaron el terrorismo contra España a través del Sáhara y en 1975, estando en las últimas el general Franco, organizaron la ridícula Marcha Verde con prostitutas y mendigos a los que le prometieron tierras. Como es habitual, incumplirían la promesa, y todo estuvo bien supervisado por agentes de la CIA. El actual jefe del estado de la Prostitución de 1978 tomó su primera decisión, y fue la de entregar aquella provincia española del occidente africano a quienes sigue llamando sus hermanos. Así empezaba la tan cacareada transición: Rompiendo España…

No confundamos el caso africano y nos creamos que es una especie de postrimería de aventura colonial. Ni tan siquiera es una “política exterior”. España tiene una presencia milenaria en África, y parte del norte de este continente es tan de nosotros como lo es la Villa y Corte. Como Rusia, si bien arrancamos desde Europa, nuestra condición geográfica, nuestro interés político y nuestra espiritualidad nos sitúan en una amplia encrucijada. Lo que significa Siberia para Rusia significa el norte de África para nosotros, como no deja de significar nuestra América.

Como bien dice Tomás García Figueras en Marruecos (la acción de España en el norte de África)(1): "El emperador Otón, en prueba de estimación a la provincia de la Hispania Ulterior que él había mandado, y con el fin de que aumentara su comercio y la extensión de su gobierno, en el año 69 d.C. agregó la provincia imperial de la Mauritania Tingitana (que ocupaba dicha orilla sur hasta el río Malva o Muluya, y tenía su capital en Tingis-Tánger) a la provincia Bética y al convento jurídico de Cádiz (aunque posteriormente tuvo convento jurídico propio) llamándola Hispania Transfretana (o que está más allá del Estrecho o fretum). Más tarde, el emperador Vespasiano dividió la Hispania Ulterior en dos provincias: la Lusitania y la Betica, quedando la España transfretana unida a esta última. Bajo Adriano (117-138), Hispania se dividió en las siguientes provincias: Tarraconensis, Carthaginensis, Gallaecia, Lusitania, Baetica y Mauritania Tingitana. La Tingitania entonces tuvo su gobernador propio, que residía en Tánger y también recibió jurisdicción al crearse el Convento de Tánger. El emperador Caracalla rebautizó esa provincia como Nova Hispania Ulterior Tingitana. Posteriormente, con la reforma administrativa del Imperio que lleva a cabo Diocleciano (284-305) se reorganizó el Imperio creando las llamadas diócesis.Una de ellas fue precisamente Hispania cuya capital, parece que estaba en Córdoba. En el 297 la diócesis de Hispania comprendía las seis provincias antes referidas".

Bajo el poder visigótico, la frontera hispánica no era el Estrecho de Gibraltar, sino el Atlas. Y eso lo sabían los bizantinos, en su afán de reconquista romana. Cuando las tropas de Tarik ben Ziyad atravesaron el Estrecho para vencer por desgracia en Guadalete, lo hicieron por tierra hispana. La historia es al revés de cómo la cuenta el sistema: Esa tierra era hispana y cristiana antes que llegara el islam, el mismo que ha intentado borrar todo este pasado y que de hecho, nos quiso borrar hasta el nombre, llamándonos Al Andalus cuando ya éramos Hispania. Nuestra relación con África era buena y estrecha antes de que llegara la media luna de Mahoma, que se encargó de enfrentarnos y dividirnos. No es el imperialismo marroquí quien tiene que reivindicar nada. No era el traidor e impopular Blas Infante (A quien jamás el pueblo andaluz dio voz ni voto estando vivo) quien tenía la razón cuando quería entregar Andalucía a Marruecos. Portugueses, aragoneses y castellanos, ya en el siglo XIV, habían comprendido que la finalización de la Reconquista no era Tarifa, que había que seguir en África, la que consideraban tierra hispana, y por eso no cejaron en su empeño. El descubrimiento de América y la inserción en una política europea compleja distraerían acaso en demasía nuestra natural política transfretana, quedando como asignatura pendiente; si bien hasta el siglo XVIII, España pudo mantener soberanía sobre importantes plazas, hasta que la decadencia consumada en la época de Carlos IV acabó con tan noble propósito, para volver a retomarlo en el siglo XIX, pero ya muy desmejorado y cercado de enemigos. España aún cuenta con su territorialidad con las ciudades de Ceuta y Melilla, así como las islas Chafarinas, el islote Perejil y los peñones de Alhucemas y Vélez de la Gomera. Ni la isla de Alborán ni las Islas Canarias han pertenecido a este entorno, y por eso, todavía menos Marruecos tiene derecho de reclamar nada. Pero los tiranos alahuitas ven que España está débil y se lanzan, sin hallar respuesta que valga.

Por más hundidos que nos veamos, tenemos que despertar. No podemos tolerar esto. España tiene que activar su política transfretana. Ya dejó dicho Isabel la Católica en su testamento (2): “Ruego e mando a la dicha prinçesa, mi hija, e al dicho prínçipe, su marido, que como católicos prínçipes tengan mucho cuidado de las cosas de la honrra de Dios e de su sancta fe, selando(sic) e procurando la guarda e defensión e enxalçamiento della, pues por ella somos obligados a poner las personas e vidas e lo que touiéremos, cada que fuere menester, e que sean muy obedientes a los mandamientos de la santa madre iglesia e protectores e defensores della, como son obligados, e que no çesen de la conquista de África e de pugnar por la fe contra los ynfieles, e que sienpre fauorezcan mucho las cosas de la Sancta Ynquisición contra la herética prauidad, e que guarden e manden e fagan guardar a las iglesias e monasterios e prelados e maestres e Órdenes e hidalgos, e a todas las çibdades e villas e lugares de los dichos mis reynos, todos sus preuillegios e franquezas e merçedes e libertades e fueros e buenos vsos e buenas costunbres que tienen de los reyes passados e de nos, segund que mejor e más cumplidamente les fueron guardados en los tienpos pasados fasta aquí.”

Asimismo, el insigne tribuno tradicionalista Juan Vázquez de Mella en los formidables Dogmas Nacionales, dejó dicho: "... Y ved, que el Estrecho de Gibraltar es el punto central del planeta, que allí está escrito todo nuestro Derecho Internacional; parece que Dios, previendo la ceguedad de nuestros estadistas y políticos parlamentarios, se lo ha querido poner delante de los ojos para que supiesen bien cuál era nuestra política internacional. Es el punto central del planeta: Une cuatro continentes; une y relaciona el continente africano con el continente europeo; es el centro por donde pasa la gran corriente asiática y donde viene a comunicarse con las naciones mediterráneas toda la gran corriente mediterránea; es más grande y más importante que el Skagerrak y el Kattegat, que el gran Belt y el pequeño Belt, que al fin no dan paso más que a un mar interior, helado la mitad del tiempo; es más importante que el canal de la Mancha, que no impide la navegación por el Atlántico y el Mar del Norte; es muy superior a Suez, que no es más que una filtración del Mediterráneo, que un barco atravesado con su cargamento puede cerrar, y que los Dardanelos, que, si se abrieran a la comunicación, no llevarían más que a un mar interior; y no tiene comparación con el canal de Panamá, que corta un continente. Dios nos ha dado la llave del mar latino. La geología, la geografía, la topografía, las olas mismas del Estrecho chocando en el acantilado de la costa nos están diciendo todos los días: Aquí tenéis la puerta del Mediterráneo, y la llave; aquí está vuestra grandeza...

...La autonomía geográfica de España exige el dominio del Estrecho, la federación con Portugal, y, como punto avanzado de Europa, y por haber civilizado y engrandecido y sublimado a América, esa red espiritual tendida entre aquel continente nuevo y el viejo continente europeo...."

Difícilmente se puede explicar mejor no ya nuestro artículo, sino lo que ha de ser nuestro más claro propósito político en nuestra breve pero clara capacidad. Así lo entendió también el portugués António Sardinha, quien dedica su genial La Alianza Peninsular: “A la memoria de aquellos soldados españoles que, regando con su sangre anónima las peñas de Marruecos, supieron dar vida, en un siglo sin esperanza, a toda la grandeza histórica de Portugal”.

Acaso el Protectorado del Rif fue un leve sueño, pero que nunca se tenía que haber abandonado… Y es que la política transfretana no puede olvidarse de ir en conjunción con Portugal, quien con gallardía y premura señaló el horizonte en las medievales postrimerías. Y es que nuestra África es nuestra seguridad, es nuestra justicia, es nuestra necesidad. No en vano los británicos lo han entendido muy bien, por eso mismo siguen ocupando Gibraltar, y por eso han llegado a amenazar en varias ocasiones a Azores y Madeira, como ayudaron a desmembrar el África Portuguesa. Porque no es sólo llenar el Peñón de monos, contrabando, usura, basura y narcotráfico; es tener un puente clave en el punto más estratégico del mundo y así mejor devorar nuestra economía e integridad. Es un caso parecido al de Francia, cómo a los años entendió lo que significaba África del Norte, y como de hecho lo sigue entendiendo…. ¿Y es que se puede entender la guerra que le montaron a los portugueses en sus provincias del África Negra separando lo que le hicieron a España en el Sáhara? A entrambos nos quisieron echar por igual del continente, y con España acaso empieza la que ellos creen última avanzadilla, porque nunca soportarán la magna obra de la civilización hispánica. Hay que estar alerta. No más bajadas de pantalones. No más desconocimiento de nuestros héroes, no más complejos de inferioridad, no más inconsciencia. Aparcar este tema, aun al socaire de los tiempos tan duros que corren, es seguir consintiendo nuestra minusvalía. Las ideas están más que sentadas, los sacros pilares, más que sabidos. Levantémonos con orgullo y decisión, indagando en nuestras raíces. Sea refrendada la política transfretana y valgan estos humildes versos de mi puño y letra como rúbrica de este irrenunciable ideal:

Escucha, hermano luso, Te lo digo de corazón, Hacia el Norte de África, Debemos conjuntar la razón.

Somos hijos legítimos, De la Hispania Romana, Por derecho propio, Nos corresponde la Tingitana.

En los embates ante el islam, Pocas naciones nos entienden, Quizá los rusos en sus carnes, Algo parecido sienten.

Columnas de Hércules, Estrecho de Gibraltar, Soberanía Transfretana, Para Dios, por tierra y mar.

Querrán destruirnos, Enemigos extranjeros, Por eso, con orgullo, Juntos, pero no revueltos.

Por nuestra seguridad, Por nuestra historia, Por Mella y por Sardinha, Por honor y gloria.

España y Portugal, Deberán celebrar una boda, En los norafricanos pagos, Se consumará la memoria.

Por los héroes de Alcazarquivir, Por Ceuta y por Melilla, Por los que en tantas guerras cayeron, Continuemos la Reconquista.

Hermano lusitano, Sin absorción ni confusión, Por justicia y necesidad, Por claridad y decisión,

Hermano portugués: Nuestra politique d´abord, Nuestro sentido común, Por la Hispana Civilización.

(1) http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=10422

(2) Sobre el testamento de Isabel la Católica:

http://es.wikisource.org/wiki/Testamento_de_Isabel_la_Cat%C3%B3lica

http://articulosdejaviergarisoain.blogspot.com.es/1999/09/el-testamento-de-isabel-la-catolica.html

http://www.delsolmedina.com/TestamentoTexto-11.htm
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Re: Del África española

Mensaje por Quevedo el Miér Abr 23 2014, 02:05

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=10422

Por la liberación de la Hispania Transfretana ocupada por el Islam

Hay que recuperar la integridad hispana: finalizar la Reconquista de lo invadido




Mapa de Mauritania Tingitana .

La historia de la España africana se remonta cuando menos a tiempos del Imperio Romano, cuando en el año 69 d.C. el emperador Otón agregó la provincia imperial de la Mauritania Tingitana, que tenía su capital en Tánger (Tingis), a la provincia Bética de la Hispania Ulterior y al convento jurídico de Cádiz, llamándola Hispania Transfretana (más allá del fretum -estrecho-).

"El emperador Otón, en prueba de estimación a la provincia de la Hispania Ulterior que él había mandado, y con el fin de que aumentara su comercio y la extensión de su gobierno, en el año 69 d.C. agregó la provincia imperial de la Mauritania Tingitana (que ocupaba dicha orilla sur hasta el río Malva o Muluya, y tenía su capital en Tingis-Tánger) a la provincia Bética y al convento jurídico de Cádiz (aunque posteriormente tuvo convento jurídico propio) llamándola Hispania Transfretana (o que está más allá del Estrecho o fretum).

Más tarde, el emperador Vespasiano dividió la Hispania Ulterior en dos provincias: la Lusitania y la Betica, quedando la España transfretana unida a esta última.

Bajo Adriano (117-138), Hispania se dividió en las siguientes provincias: Tarraconensis, Carthaginensis, Gallaecia, Lusitania, Baetica y Mauritania Tingitana.

La Tingitania entonces tuvo su gobernador propio, que residía en Tánger y también recibió jurisdicción al crearse el Convento de Tánger.

El emperador Caracalla rebautizó esa provincia como Nova Hispania Ulterior Tingitana.

Posteriormente, con la reforma administrativa del Imperio que lleva a cabo Diocleciano (284-305) se reorganizó el Imperio creando las llamadas diócesis.

Una de ellas fue precisamente Hispania cuya capital, parece que estaba en Córdoba.

En el 297 la diócesis de Hispania comprendía las seis provincias antes referidas".

García Figueras. «Marruecos (la acción de España en el norte de África)»

Tras la desaparición del poder romano (430), la Mauritania Tingitana siguió formando parte de Hispania, con la Monarquía hispano-goda, hasta la invasión agarena.

Es comprensible por tanto, que la posterior Reconquista no sólo se dirigiera a recuperar la España peninsular, sino, igual que se recuperaron las Islas Baleares, también la provincia hispánica de la Tingitania como muestra, por ejemplo, el Testamento de Isabel la Católica.

La ocupación islámica de Mauritania ya dura demasiado tiempo.

Esta región formó parte del Occidente Cristiano, antes, por ejemplo, que Alemania, Inglaterra, Escandinavia, etc..



Mapa de las provincias romanas de Mauritania Tingitana, Mauritania Cesariense y Numidia.

No hay que renunciar a liberar estos territorios cristianos invadidos y ocupados por la fuerza por extraños que destruyeron la civilización.



Mosaicos en Volubilis (Mauritania Tingitana)

Y, como primer paso, defender los reductos de Ceuta y Melilla, rescatados, como Granada, en el siglo XV, focos de libertad del Africa invadida por el Islam
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Re: Del África española

Mensaje por Juanma_Breda el Miér Abr 23 2014, 20:14

Puro irredentismo, pero algo que hay que hacer cada vez que Marruecos nos amenacen con Ceuta y Melilla, y Sahara hay que despojarlo de Marruecos ya sea integrado a España o como estado independiente, pero todo sea por debilitar al enemigo.

Que por cierto la junta de Andalucía desvía millones allí por mil tonterías y Felipe y otros políticos tienen sus mansiones.
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