Traductor
Lee y respeta las Normas del Foro






El Reducto de AGF


El reducto de Richi


El Reducto de Juan García



Últimos temas
» ‘Líderes occidentales, culpables de actos terroristas en el mundo’
Hoy a las 01:07 por HIMNOSHISTORICOS

» TVE cuela un vídeo de 2015 como ‘condena de la comunidad musulmana al atentado de Barcelona’
Ayer a las 23:07 por CALZADA

» El alucinante caso del taxista marroquí y las señoras de las Ramblas
Ayer a las 23:06 por CALZADA

» Misterios y Mitologia
Ayer a las 18:31 por José Francisco

» Atentado en Barcelona: Una furgoneta arrolla a varias personas en la Rambla y provoca decenas de heridos
Ayer a las 15:28 por HIMNOSHISTORICOS

» Los manteros no estaban en el momento del atentado islamista en la Rambla de Barcelona
Ayer a las 14:51 por HIMNOSHISTORICOS

» Abuelo habla claro de los atentados de Barcelona y de los terroristas
Ayer a las 14:21 por Neilo65

» El cinismo de Colau y otra ralea
Ayer a las 14:17 por Neilo65

» El análisis de Reverte: ‘Es la guerra santa’
Ayer a las 14:07 por Neilo65

» De Florencia hasta Niza
Ayer a las 10:15 por Antonio García Fuentes

» Propicios dias
Vie Ago 18 2017, 22:16 por Lucía

» ¿Alguien miro la película "Negación" ??
Vie Ago 18 2017, 21:17 por Neilo65

» TERRORISTA YIHADISTA
Vie Ago 18 2017, 20:30 por OBJETIVOUNION

» Desconcertado por el atentado de Barcelona
Vie Ago 18 2017, 19:01 por HIMNOSHISTORICOS

» Español de ultramar
Vie Ago 18 2017, 15:10 por HUEVON

» Visitando Asís y Florencia
Vie Ago 18 2017, 10:04 por Antonio García Fuentes

» Un grupo antiblanco derriba una estatua en honor a los soldados confederados en Durham (Carolina del Norte, EE.UU.)
Vie Ago 18 2017, 01:33 por 380V

» España Código Femen: Amazonia empieza en los Pirineos
Vie Ago 18 2017, 01:29 por Neilo65

» Humor gráfico y chistes
Jue Ago 17 2017, 14:48 por HIMNOSHISTORICOS

» Resuelto el misterio del origen de la bandera canaria
Jue Ago 17 2017, 10:10 por HIMNOSHISTORICOS

» Día grande en Roma… Día de San Pedro
Jue Ago 17 2017, 09:52 por Antonio García Fuentes

» El Ayuntamiento de Sabadell plantea quitar del callejero a Machado, Goya o Quevedo por “españolistas y anticatalanistas”
Jue Ago 17 2017, 03:30 por JoséUEI

» Citas históricas
Jue Ago 17 2017, 03:23 por JoséUEI

» DELAQUEEL: palabra mágica para cumplir un deseo imposible.
Miér Ago 16 2017, 20:18 por José Francisco

» Rusia pide a Gran Bretaña que devuelva Gibraltar.
Miér Ago 16 2017, 18:46 por Miguel1961

» IDEOLOGIA DE GENERO: LEGALIZACIÓN DE LA PEDOFILIA PRÓXIMAMENTE
Miér Ago 16 2017, 18:43 por HIMNOSHISTORICOS

» Las 40 cosas que debería pensar un juez antes de dictar sentencia
Miér Ago 16 2017, 18:29 por Miguel1961

» Las feministas y el Islam: su perversa alianza
Miér Ago 16 2017, 14:01 por Neilo65

» Malditos los canallas que encubren al islamista que asesinó a una niña en París y acusan a Trump de defender a los “racistas” de Virginia
Miér Ago 16 2017, 13:17 por Neilo65

» los espías islamistas se infiltran en Occidente para aterrorizar a los cristianos
Miér Ago 16 2017, 13:06 por Neilo65

» «Cuando Maduro ordene, estoy vestido de soldado para una Venezuela libre»
Miér Ago 16 2017, 10:42 por HIMNOSHISTORICOS

» ¿Por qué una bandera nazi suscita la condena unánime y las banderas comunistas pasan desapercibidas?
Miér Ago 16 2017, 10:18 por HIMNOSHISTORICOS

» "Analfabetos ha habido siempre pero nunca habían salido de la universidad"
Miér Ago 16 2017, 10:13 por HIMNOSHISTORICOS

» Algunas de sus famosas fuentes y el río de Roma
Miér Ago 16 2017, 09:26 por Antonio García Fuentes

» Mi música, tu música, nuestra música
Mar Ago 15 2017, 23:26 por HIMNOSHISTORICOS

» ESPAÑA 1942.
Mar Ago 15 2017, 23:09 por HIMNOSHISTORICOS

» PUYOL RECONOCIENDO SU ESPAÑOLIDAD
Mar Ago 15 2017, 23:05 por HIMNOSHISTORICOS

» LA ESPAÑA VICTORIOSA
Mar Ago 15 2017, 23:04 por HIMNOSHISTORICOS

» Las visperas de la tragedia en España.
Mar Ago 15 2017, 23:02 por HIMNOSHISTORICOS

» La DIADA de CATALUÑA es MENTIRA. Explicación dentro (tocho).
Mar Ago 15 2017, 21:26 por Valle

» Sale de la cárcel el exlíder de los Joves Socialistas de Elche acusado de difundir vídeos de abusos a bebés
Mar Ago 15 2017, 20:55 por HIMNOSHISTORICOS

» Las tres derrotas que los ingleses no nos perdonarán nunca
Mar Ago 15 2017, 20:38 por Iuris Tantum

» ¿Somos los cristianos intolerantes?
Mar Ago 15 2017, 14:24 por Neilo65

» Melilla retira el monumento 'Héroes de España'
Mar Ago 15 2017, 13:48 por Neilo65

» Separatista analfabeta pide que los no-secesionistas se vayan de Cataluña.
Mar Ago 15 2017, 13:38 por Neilo65

» Roma a la luz del día y por la noche
Mar Ago 15 2017, 10:07 por Antonio García Fuentes

» Una sombrilla con la bandera de España en la playa de La Concha de San Sebastián se convierte en viral
Mar Ago 15 2017, 02:39 por HispanoCortés501

» Ocho falsedades sobre la inmigración e islamización que las élites nos venden como ciertas
Mar Ago 15 2017, 02:32 por HispanoCortés501

» El cantante Francisco: “Si me tachan de facha por amar a España, me siento orgulloso de ser facha”
Mar Ago 15 2017, 02:30 por HispanoCortés501

» Londres intenta frenar el timo de las ‘falsas indigestiones’ de los turistas británicos en España
Mar Ago 15 2017, 02:22 por HispanoCortés501

Consigue Trofeos y Medallas participando en...








REDES SOCIALES








Grupo en Facebook
últimos Patriotas conectados
Mis Amigos
niunpasoatras.org-Copyright©

Francisco de Aldana: El guerrero-poeta de los Tercios que murió en la Tierra del Moro

Publicar nuevo tema   Responder al tema

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Francisco de Aldana: El guerrero-poeta de los Tercios que murió en la Tierra del Moro

Mensaje por SERGIO ESPAÑOL DE BCN el Vie Feb 27 2015, 19:48



El capitán participó en las campañas de Flandes, intervino en las negociaciones con la soldadesca en el Saco de Amberes y murió en Marruecos durante la batalla de Alcazarquivir (1578)                                                                                                                        Francisco de Aldana fue uno de esos tipos que nos forjaron como nación. Uno de esos hombres cuajados en acero, que siempre supo por dónde se ponen los pantalones, o las calzas, por mejor decir. Uno de esos españoles con las gónadas bien puestas y generosísimas en su ánimo y su esfuerzo. Un español de aquellos del siglo XVI, valientes, titánicos y hercúleos, que derrochando su sangre, su sudor y sus lágrimas levantaron en nombre de Dios y de España aquel Imperio en el que no se ponía el sol. Francisco de Aldana se ganó la vida repartiendo estopa a manos llenas, espadazo va espadazo viene, jugándose una y otra vez el pellejo ante los herejes, primero, más tarde ante la morisma, que sería la encargada de finiquitarle en Marruecos, en la trágica derrota de los portugueses en Alcazarquivir.
Más de una vez le escabecharon el cuerpo en el combate, más de una vez fue objeto de envidia, más de una vez también le tocó lidiar con los bravos y feroces soldados de los Tercios, cuando a estos las exhaustas arcas de Felipe II no les pudieron abastecer de sus pagas.

La bandera en los dientes


Aunque viniera de gente de moderada alcurnia, el capitán era querido por la tropa, el mayor halago para un militar, probablemente más allá del valor y la fiereza en el combate. El coraje le venía de antiguo. Uno de sus tíos, Juan de Dios de Aldana, a la sazón alférez del rey Alfonso V de Portugal, fue espanzurrado y pasó a mejor vida en la batalla de Toro, sosteniendo la bandera de su señor con los dientes, pues ya le habían desmembrado los brazos. Y su padre, fue oficial de altísimo rango de la tropa española en la Florencia de Cosme I de Médicis.
Pero no solo fue uno de nuestros más brillantísimos comandantes, uno de nuestros más firmes adalides, uno de nuestros más aventajados militares. Porque Francisco de Aldana fue también uno de los más grandísimos literatos de su época, un hombre renacentista, políglota, educado en la enjundia, la fineza y la sabiduría de la cultura clásica.

Lope, Cervantes, Quevedo admiraban a Aldana

Fue poeta de pro, además de combatiente. Como lo había sido el gran Garcilaso, como lo serían después soldados y vates en una misma piel española: Quevedo (más bien espía que militar), Cervantes, Lope de Vega y Calderón. Tipos que empuñaban con el mismo ánimo y envite el arcabuz y la pluma, la daga y el tintero. Cervantes tenía a Aldana por «El Divino», Quevedo lo llamó «doctísimo español, elegantísimo soldado, valiente y famoso soldado en muerte y en vida» y Lope de Vega le dedicó encendidos versos: «Tenga lugar el Capitán Aldana / entre tantos científicos señores, / que bien merece aquí tales loores / tal pluma y tal espada castellana». Poco se sabe sin embargo de la vida de este héroe que se dejó la piel en media Europa batiéndose por España como un titán. Algo nos informa el propio memorial que un día el mismísimo Aldana le remitiera a Felipe II, manuscrito que ahora descansa en el Archivo General de Simancas. Y sobre todo nos ponen al día las vibrantes páginas que Fernando Martínez Laínez dedica a este literato y soldado en su libro «Escritores 007» (Atanor Editores). Del hilo de Laínez tiraremos de aquí en adelante para perfilar el dibujo de aquel español de verso y estocada.

Fiel acero toledano

En 1537 llegó Francisco de Aldana a este mundanal ruido. Unos apuntan que en Alcántara, otros que en Valencia de Alcántara, y no faltan los que sugieren que su alumbramiento sería en la villa de Nápoles, donde su padre servía entonces al Duque de Alba. Coinciden todos en que de una u otra manera el origen de su familia era extremeño. Su vida estaba destinada a la milicia, y su bravura no se hizo esperar, y antes de los dieciséis años ya calzaba peto, se jalonaba la testa con un casco y orlaba su cintura un espadón de fiel acero toledano, fiel espada triunfadora.
No tardaría Aldana en conocer la gloria castrense apenas siendo un veinteañero (entonces los hombres crecían más deprisa), en aquella batalla llamada de San Quintín (1557), gran victoria sobre la tropa gabacha que conmemoraría Felipe II construyendo la octava maravilla del mundo, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Los Países Bajos fueron lugar de terribles escabechinas

Después de ser lugarteniente de su propio padre, aquel descollante soldado no podía ya escapar al imperial destino y marchó a Flandes para servir al tercer Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, esforzado entonces en dura pelea con los rebeldes holandeses. Francisco de Aldana fue uno de sus principales oficiales y así se le encomendó dirigir la artillería en uno de los momentos más terribles de aquella contienda, el sitio de Haarlem, comenzado en diciembre de 1572, una escabechina de proporciones gigantescas entre la gente de los Países Bajos y los nuestros. Una carnicería en la que no faltaron toques a degüello, decapitaciones y crueldades terribles por ambas partes. Nuestro propio Aldana tampoco salió indemne de la espeluznante refriega, un disparo de mosquete le atravesó un pie. Mientras se curaba en el hospital, calló el soldado y habló el genial poeta: «¡Oh galanamente y bien / está mi mal remediado. / Herido y despedazado / y habrá de quedar también / tras cornudo, apaleado». Se refería con cruel ironía a las críticas recibidas por su gestión artillera en aquella industria de Haarlem.

El Saco de Amberes

Siguió Aldana en Flandes, como principal ayudante del duque hasta que el de Alba fue sustituido por Luis de Requesens, y el bravo oficial recibió un encargo lejos de sus dotes guerreras, aunque no humanas: intermediar con la soldadesca que andaba rebelada por no cobrar durante meses y meses su soldada. Los amotinados acabaron organizando una gresca formidable conocida como el Saco de Amberes, donde se dieron a descoyuntar holandeses de lo lindo, con aquella terrorífica frase que pasó a la Historia para mostrar su ira: «Cenaremos en Amberes o desayunaremos en el infierno».

Aldana se burlaba de quienes medraban en la Corte

A la postre, Francisco de Aldana consiguió mediar ante la tropa, pero la desilusión entre lo que veía en la guerra y lo que se imaginaba que vivían otros en la corte afiló su lengua y su pluma: «Mientras, cual nuevo sol, por la mañana / todo compuesto andáis ventaneando / en jaca sin parar, lucia y galana, / yo voy sobre un jinete acá saltando / el andén, el barranco, el foso, el lodo, / al cercano enemigo amenazando». menazando».
Aldana estaba cansado. Habían sido veinte años partirse la crisma por Dios, por España, por el Rey, por el Imperio. Había matado por doquiera, había peleado como gato panza arriba a cientos de leguas de la Patria, las cicatrices, los resquebrajos, los destrozos en el cuerpo y en el alma recordaban las dos décadas de encarnizada lucha en los Tercios. Y en los momentos libres, apenas un rato para sus tercetos encadenados. Ya era hora de volver al terruño, y esperar la merecida recompensa por su denuedo, y por su generosa demostración de agallas en la lucha.

El reposo del guerrero

Llegado a Madrid, Su Majestad Católica le tiene por uno de sus más bravos capitanes, le tiene en alta estima, y también sus versos comienzan a ser conocidos más que bien reconocidos. Escribe entonces Gil de Polo, otro escritor de la época: «Este es Aldana, el único monarca que junto ordena versos y soldados». Pero aquel soldado ha perdido media vida en sus esfuerzos. Y quiere soledad, quiere sosiego, quiere la paz que no ha tenido, sentirse a gusto en contacto con la Madre Natura, acercarse por fin a Dios. Y así escribe su Epístola a Arias Montano, el sabio secretario de Felipe II: «Y porque vano error más no me asombre,/ en algún alto y solitario nido / pienso enterrar mi ser, mi vida y nombre...». mi ser, mi vida y nombre...».
Pero el viejo guerrero no descansa. El combatiente imperial permanece atento, siempre alerta ante los manejos de los muchos enemigos de España y dado su carisma ante el monarca le avisa vivamente, y da nombres de los que acechan: Francia, El Turco, los protestantes europeos, los ingleses y Marruecos. Incluso, presiente que hasta los moriscos puedan rebelarse: «Entonces la morisma que está dentro/ de nuestra España temo que a la clara/ ha de salir con belicoso encuentro». Por si no fuera suficiente prevenir al rey, también lo hace con el gran jefe militar Don Juan de Austria: «Dígote que la ibera monarquía / veo a los pies caer de la fortuna; / crece la rebelión y la herejía..». Se cuenta que se le hizo caso, y que la Armada Invencible que cruelmente destrozaría la Mar Océana fue una de las consecuencias de sus avisos y cautelas.

Espiando a la morisma

Mientras don Francisco de Aldana combate desde la razón, sin armas de por medio, otros y cercanos se preparan para la lucha: el rey Sebastián de Portugal quiere tirar de espada contra el Moro que anda liándola y jorobándola en tierras marroquíes. Sebastián quiere echarse al mar por el Alentejo y el Algarve y plantarse allá por Larache a darle escarmiento al sarraceno. Al menos tiene la precaución de mandar antes allí al bueno de Aldana para que eche un buen vistazo. Nuestro querido caballero no dice que no, y disfrazado de comerciante judío y aprovechando su don de lenguas (y unas cuantas triquiñuelas que le enseñara su nodriza, una negra africana) inicia las pesquisas. 

El rey Sebastián de Portugal quería sangre mora

Volverá con un detallado informe de la tropa musulmana que pronostica duros quebrantos para los cristianos si se afanan en combatir allí. El rey, joven, impetuoso y valiente cruzado no se arredra aunque su tío Felipe le pide que desista. Pero el cuerpo le pide sangre al audaz lusitano, le pide sangre del Islam. La tropa se embarca, con Francisco de Aldana al frente de la infantería. Sus designios se cumplen. Un calor insoportable se incrusta en las corazas y los cascos cristianos, la marcha es agónica, los moros acechan, aunque nuestro poeta soldado aún tenga palabras de ánimo para el rey portugués: «Guárdele Dios y proporcione su poder a su valor, que es el que tiene menester la soldadesca cristiana para levantarse del abismo a do va cayendo». Sin embargo, el enemigo es cuantioso en caballos y en peones y está bien mandado por un militar experto: Abdel Malik. Las tropas de unos y de otros por fin se ven las caras en el lugar que acabaría siendo el camposanto de los nuestro y que la historia llamará Alcazarquivir. Los infantes más que lusos son ilusos, gente novata, apenas preparada, que no ha visto un moro en su vida. Aldana se lamenta: «Los portugueses no tenían la rigurosa obediencia que profesa la nación española en la guerra». 
El capitán castellano viendo que todo se ponía más negro que el carbón insta a Sebastián a que abandone la batalla, porque «no quedará hoy hombre con vida de nosotros». Pero Sebastián, aunque fuera imprudente y harto osado, los tenía en su sitio. Bien puestos, y se apresta a morir como un caballero, como un valiente, como un cristiano con las entrañas bien curtidas. Y allí que los morunos lo pasaportan al lado de Dios Padre, finiquitado como un héroe, muerto en plena lid. Francisco de Aldana no le va a la zaga. Con la «espada tinta en sangre» como recordará alguno de los pocos testigos «se metió a morir matando entre la morisma y allí quedó».
En tierra mora y sin cristiana sepultura per secula seculorum, carne de las alimañas quien fuera bravísimo alférez y adalid de nuestros Tercios. Allí moría el poeta y el soldado castellano, sin dar un paso atrás, peleando como un poseso, con la mano sobre la Cruz de San Andrés, la bandera de la Patria y del Imperio. El poeta Aldana nunca quiso publicar sus poesías, que bien se las guardaba nada más que para los grandes amigos. Pero su hermano Cosme tenía otras y mejores intenciones. Recopiló todo lo que encontró y consiguió hacer dos ediciones, una en Milán, en 1589, y la segunda en Madrid, en 1591. Desde entonces quedaron entre lo más florido y admirado de la lengua y la literatura españolas. No lejos del talento de Boscán, de Garcilaso, ni de los que luego vinieran con Cervantes y Lope a la cabeza.
Allá, en tierra extraña, los huesos de Francisco de Aldana quedaron para la eternidad. Su orgullo, su patriotismo, su audacia, su valor de soldado español hasta los huesos jamás debemos olvidarlo. Si lo hacemos, entonces sí que Francisco de Aldana habrá muerto para siempre.                                                                                                                    

Soneto

FRANCISCO DE ALDANA
Es tanto el bien que derramó en mi seno,
piadoso de mi mal, vuestro cuidado,
que nunca fue tras mal bien tan preciado
como este tal, por mí de bien tan lleno.
Mal que este bien causó jamás ajeno
sea de mí, ni de mí quede apartado,
antes, del cuerpo al alma trasladado,
se reserve de muerte un mal tan bueno.
Mas paréceme ver que el mortal velo,
no consintiendo al mal nuevo aposento,
lo guarda allá en su centro el más profundo;
sea, pues, así: que el cuerpo acá en el suelo
posea su mal, y al postrimero aliento
gócelo el alma y pase a nuevo mundo.

http://www.abc.es/archivo-historia-abc/20121129/abci-francisco-aldana-poeta-soldado-201211291741.html
avatar
SERGIO ESPAÑOL DE BCN
17-Cabo 1º
17-Cabo 1º

España
Advertencias : 100%
Mensajes : 727
Puntos patrióticos : 17132
Fecha de inscripción : 13/08/2014
Edad : 47
Localización : Barcelona

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Publicar nuevo tema   Responder al tema
 
Permisos de este foro:
Puedes responder a temas en este foro.