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ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

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ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Jue Mayo 01 2014, 14:23




El Otro Rostro Del Che Guevara

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Ernesto "Che" Guevara ha sido siempre visto con benevolencia y hasta con misticismo por muchas personas debido a la lucha de la cual formò parte en Cuba, pero mucha gente olvida la estela de sangre que dejò a su paso. La gran mentira en la que se sostiene el aura de romántico, soñador y visionario que rodea al sanguinario guerrillero argentino, no se sostiene por ningun lado al revisar la historia y ver que solo era un asesino implacable. Guevara, a inicios de la revoluciòn cubana, fue cabeza visible de muchos de los juicios de los cuales, mas de 500 personas fueron fusiladas. La gente puede olvidar y perdonar, pero la historia no lo hace, solo basta revisarla para ver quien es quien, y Guevara no fue lo que muchos piensan.

El pez por la boca muere, famoso dicho que calza con exactitud algunas actitudes de las personas. Al respecto, iniciaremos con algunas frases dichas por el guerrillero Ernesto "Che" Guevara. Con respecto al campesino, Guevara dijo que no importa cuan pequeño o pobre sea, no importa cuánto haya ayudado a la revolución y peleado por ella, si llega a generar capitalismo, debe ser "eliminado". Para el Che, ese capitalismo era simplemente el defender el pedazo de tierra que los pobres campesinos tenían para vivir, el cual era colectivizado para la Cuba socialista.

En su famoso "Mensaje a la Tricontinental" (publicado con el título "Crear dos, tres...muchos Vietnam, esa es la consigna") el Che escribió: "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tiene que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal".

Se decìa mucho en esos tiempos que Guevara era un tipo muy frìo, de cabeza muy àgil pero a la vez analìtica, pero en casos extremos, actuaba con mucha dureza y tomaba decisiones muy en contra de los derechos humanos. En Sierra Maestra, Guevara también impuso su personalidad al mostrarse estricto frente a los actos de indisciplina, de traición y criminales, no solo en la propia tropa, sino también con respecto a los soldados enemigos y a los campesinos que habitaban la zona. Esta faceta se hizo evidente el 17 de febrero de 1957, cuando descubrieron que uno de los guerrilleros, Eutimio Guerra, era un traidor que había brindado al enemigo la situación del grupo, lo que permitió al ejército bombardear su posición en el pico Caracas y luego emboscarlos en los Altos de Espinosa, poniéndolos al borde de la derrota definitiva. Fidel Castro decidió entonces que sería fusilado por traición, pero sin indicar quienes lo ejecutarían. Ante la indecisión general fue el Che Guevara quien lo ejecutó disparándole un tiro en la cabeza, demostrando una frialdad y dureza frente a los crímenes en tiempos de guerra que lo harían famoso.

En Santa Clara el Che Guevara dio la orden de fusilar al jefe de policía, Cornelio Rojas, entre otros detenidos. El coronel Joaquín Casillas, quien había sido condenado en 1948 por asesinar al sindicalista Jesús Menéndez y luego dejado en libertad, fue detenido y también resultó muerto. 

Ernesto Guevara también tomó parte del grupo compuesto por Antonio Núñez Jiménez, Pedro Miret, Alfredo Guevara, Vilma Espin, Oscar Pino Santos y Segundo Ceballos, que operaba desde los inicios de la revolución en el máximo secreto, a espaldas del gobierno excluyendo Fidel Castro. Este grupo se reunía todas las noches en la casa que habitó Guevara en Tarará, un balneario cercano a La Habana. El grupo funcionaba bajo la supervisión de Fidel Castro y tenía como fin elaborar y definir leyes claves, como la de reforma agraria y creación del INRA, actuando como un verdadero gobierno paralelo.

Una de la primeras decisiones del nuevo gobierno, fueron los juicios revolucionarios como parte del proceso conocido como Comisión Depuradora contra personas consideradas criminales de guerra o muy asociadas con el régimen de Batista, y más adelante nuevos opositores como el Comandante del Segundo Frente Nacional del Escambray, Jesús Carreras Zayas, acusado de apoyar una rebelión en 1960. Entre enero y abril de 1959, alrededor de mil fueron denunciados y juzgados por medio de juicios sumarísimos de los cuales 550 fueron fusilados. Ernesto Guevara en su condición de jefe de La Cabaña durante los primeros meses de la revolución, tuvo a su cargo los juicios y ejecución contra los detenidos en la fortaleza. La opinión personal de Guevara sobre los fusilamientos fue expuesta públicamente ante las Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1964 : "Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba".

Para tal fin Guevara estableció un sistema judicial con tribunales de primera instancia y un tribunal de apelación bajo su presidencia, que desarrollaron su actuación en audiencias públicas, con fiscales acusadores, abogados defensores y testigos. La legitimidad de los juicios revolucionarios y los fusilamientos por el gobierno cubano son objeto de intensos debates que oponen frontalmente a quienes simpatizan con la Revolución Cubana de aquellos que se le oponen

El otro rostro

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Desdichadamente, Che Guevara dejó una estela de sangre en Cuba en lo relacionado a sus oponentes. Este rastro de sangre apareció primeramente, en la provincia de Las Villas, región central de Cuba y terminó en la prisión de La Cabaña, en La Habana. La toma de la ciudad de Santa Clara fue sangrienta para sus oponentes. En esta batalla el Che perdió sólo un hombre de su columna, el Vaquerito, joven combatiente que era un protegido de Celia Sánchez, pero tuvo algunos heridos. Durante la batalla, un grupo de militares se atrincheraron en un hotel, en el centro de la ciudad, finalmente, se rindieron. Muchos prisioneros fueron ejecutados sumariamente. Puestos ante el paredón de fusilamientos, sin juicios ni misericordia. Estas ejecuciones se llevaron a cabo frente a fotógrafos, periodistas y cámaras de cine. Los prisioneros, en muchos casos, eran jóvenes campesinos que se habían unido al ejército como último recurso de desempleados y eran conocidos como: "casquitos".

En La Habana, el Che fue nombrado jefe del campamento militar de La Cabaña. Este antiguo cuartel, era utilizado como prisión desde tiempos en que Cuba era colonia de España. Más que una guarnición militar, era conocido como una prisión. Cuando fue construido en el siglo XVIII, tenía un gran valor estratégico defensivo. En el siglo XX, era más un monumento histórico que una plaza de importancia militar. Los nuevos armamentos y la aviación lo habían convertido en algo obsoleto, desde el punto de vista bélico. La Cabaña, pronto adquirió nefasta fama: Una abarrotada prisión y centro de ejecuciones día y noche.

El "guerrillero heroico", se convirtió en jefe de la prisión y centro de ajusticiamientos. En los primeros meses del 1959, La Cabaña fue seleccionada para estos fines, por estar bien apartada, aunque en la ciudad de La Habana y no muy accesible al público. Los prisioneros venían de todos los lugares de La Habana y de algunas provincias. El Che, no los había condenado a prisión o muerte. Se limitaba a cumplir las órdenes sin protestas, excusas y orgullo. Un miembro de su columna, de origen estadounidense, conocido por el nombre de Herman, actuaba como jefe de uno los pelotones de fusilamientos. Este individuo usaba un revólver a la forma de los "cowboys" del Oeste estadounidense, y era el encargado de dar el tiro de gracia. Herman, gustaba de hacer girar el arma, macabramente, en su dedo índice y soplar el cañón del revólver después del disparo. Se refería a la Cabaña, "como su coto de caza" o "su campo privado de tiro". Desconozco cómo y cuándo este cruel sujeto apareció y desapareció de Cuba: un aventurero más. En aquellos meses, Herman era parte de la tropa del Che.

Varias personas que visitaron la oficina del Che, en La Cabaña, desde donde se veía el lugar de las ejecuciones, fueron invitadas por éste, para que lo acompañaran a presenciar las mismas desde su ventana. Paradójicamente, la ejecución del comandante Humberto Sorí Marín, compañero de armas del Che en la Sierra Maestra, fue similar a la de él posteriormente en Bolivia. Sorí Marín, se había separado de la revolución y estaba conspirado contra Castro. Semanas antes del desembarco de Bahía de Cochinos, fue sorprendido, con otros conspiradores en una reunión clandestina. Hubo un encuentro a balazos con la policía secreta de Castro y Sorí Marín cayó mal herido. Inmediata condena de muerte en La Cabaña, Sorí Marín no podía sostenerse en pie por sus heridas. Fue virtualmente acarreado al lugar de la ejecución, lo amarraron a un poste y lo ejecutaron. Al Che no se le puede discutir su valentía en el campo de batalla, ni su crueldad terminada la lucha. Muchos estiman que más de dos mil personas fueron ejecutadas en La Cabaña. Acepto el más conservador de este cálculo y llevo el número a la mitad: 1000 personas.

Cuando el Che fue nombrado Presidente del Banco Nacional de Cuba, circulaba un chiste que a él le gustaba repetir. "Fidel reunió a sus íntimos colaboradores y dijo que necesitaba un economista para dirigir el Banco Nacional de Cuba, y preguntó si había un economista en el grupo. El Che levantó la mano y Fidel lo nombró en el cargo. Terminada la reunión Fidel se acercó al Che y le dijo: no sabía que eras economista. El Che respondió sorprendido, no lo soy, creía que preguntabas si había un comunista en la reunión, por eso levanté la mano".

Siendo Presidente del Banco Nacional, el Che se mostró altanero, arrogante y despectivo. Recibía a visitantes y funcionarios, vestido en sucios uniformes de combate y ponía las botas sobre el escritorio, mientras hablaba con ellos. En una ocasión dijo a un funcionario que miró con sorpresa y atención las botas del Che sobre el escritorio. "¿Qué miras, que no tengo calcetines? Tampoco uso ropa interior". Desconozco si lo expresado por el Che era cierto o no. Posiblemente, era una forma teatral de tratar a sus visitantes. En la práctica, las decisiones del Banco Nacional, eran hechas por dos serios economistas del partido comunista cubano: Regino Boti y el profesor Carlos Rafael Rodríguez. Personas capacitadas, respetuosas y muy conservadoras al vestir y hablar.

Lo que muchos vieron como el colmo de la arrogancia fue que Guevara firmó los billetes de Banco de Cuba con su alias: "Che". No obstante, si el Che se conducía de esta forma, Castro lo permitía. Pero, los comunistas de la vieja guardia y sus aliados soviéticos, no compartían su pensar y forma de actuar. 

Todos los fusilamientos se hacen por órdenes expresas mías

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Guevara fue nombrado por Castro jefe militar de la fortaleza de La Cabaña en La Habana, después de que Batista huyera de Cuba, cargo que ocupo desde enero hasta septiembre de 1959, y también responsable de la Comisión Depuradora, con el fin de implantar el terror revolucionario. En una comparecencia por el canal 6 de la TV en febrero de 1959, el Che declaraba que “en La Cabaña todos los fusilamientos se hacen por órdenes expresas mías.” Aquí él presidió sobre centenares de ejecuciones en juicios sumarios que incluso un biógrafo comprensivo como Jorge Castañeda, en su libro “Compañero: Vida y Muerte del Che Guevara”, dice que “se llevaron a cabo sin el respeto por el buen hacer de la justicia.”

Luis Ortega, en su libro ¡Yo soy el Che! relata lo que el Che le dice a Duque Estrada: “Hay que trabajar de noche, el hombre ofrece menos resistencia de noche que de día. En la calma nocturna la resistencia moral se debilita. Haz los interrogatorios de noche. No hace falta hacer muchas averiguaciones para fusilar a uno. Lo que hay que saber es sí es necesario fusilarlo. Nada más. Debe dársele siempre al reo la posibilidad de hacer sus descargos antes de fusilarlo. Y esto quiere decir, entiéndeme bien, que debe siempre fusilarse al reo, sin importar cuáles hayan sido sus descargos. No hay que equivocarse en esto. Nuestra misión no consiste en dar garantías procesales a nadie, sino en hacer la revolución, y debemos empezar por las garantías procesales mismas.”

Napoleón Vilaboa, miembro del Movimiento 26 de Julio y asesor del Che en La Cabaña, relata la ejecución de José Castaño Quevedo, director del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), contra el cual no pesaban acusaciones criminales y al que llevo a la oficina del Che: “Mientras daba vueltas alrededor de su mesa y de la silla donde estaba el militar, Che sacó la pistola 45 y lo mató allí mismo con dos balazos en la cabeza.”

Escalofriante relato del ex preso político Pierre San Martín, testigo presencial del asesinato a sangre fría de un niño entre 12 y 14 años de edad llevado a cabo por el Che Guevara en la fortaleza de la Cabaña en 1959: “…el crujiente sonido de la puerta de hierro se abrió, al mismo tiempo que lanzaban a una persona más al ya aglomerado calabozo…. ¿Y tú que hiciste?, preguntamos casi al unísono. Con la cara ensangrentada y amoratada nos miró fijamente, respondiendo: por defender a mi padre para que no lo mataran, no pude evitarlo, lo asesinaron los muy hijos de perra. Cerca del paredón donde se fusilaba, con las manos en la cintura, caminaba de un lado al otro el abominable Che Guevara. Dio la orden de traer al muchacho primero, y lo mandó a arrodillarse delante del paredón… El muchacho desobedeció la orden, con una valentía sin nombre le respondió al infame personaje: “si me has de matar tendrás que hacerlo como se mata a los hombres, de pie, y no como a los cobardes, de rodillas.”

Caminando por detrás del muchacho, le respondió el Che: "con que sois un pibe valiente"...Desenfundando su pistola le dio un tiro en la nuca que casi le cercenó el cuello.” 

Ajusticiamientos

Guevara a los 15 años
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Durante los tres primeros meses de la revolución cubana tuvieron lugar 568 ejecuciones por fusilamiento. Incluso el New York Times lo admite, según la periodista de dicho diario Hart Phillips, unos "400 en los dos primeros meses". El periodista Tetlon del London Daily Telegraph escribe lo siguiente, "en ocasiones funcionaban cuatro tribunales simultáneamente, sin abogados ni testigos de descargos, llegando a juzgarse, contemplando la pena capital, hasta 80 personas en juicios colectivos". Los procesos judiciales fueron farsas desvergonzadas que espantaron y repugnaron a todos aquellos que los presenciaron.

Jorge Castañeda en su biografía sobre Guevara, menciona que el fallecido padre Iñaki de Aspiazu, un vasco católico simpatizante de la revolución, habló de 700 víctimas. Luis Ortega escribe en su libro “Yo soy el Che” que Guevara envió a 1,897 hombres al pelotón de fusilamiento. En su libro "Che Guevara: una Biografía," Daniel James escribe que el Che admitió haber ordenado "varios miles" de ejecuciones durante los primeros años del régimen castrista. Félix Rodríguez, un exagente de la CIA, que participo en la captura del Che en Bolivia, le contó a Vargas Llosa que se enfrentó al Che tras su captura recriminándole las "más o menos 2,000" ejecuciones de las que fue responsable a lo largo de su vida. "Me dijo que eran todos agentes de la CIA y no discutió la cifra." Como contraste en los Juicios de Nurenberg, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, de los 24 líderes nazis acusados de crímenes de guerra solamente se aplicó la pena de muerte a 11 de ellos.

Homofòbico

El Che tuvo un rol principal en el establecimiento del primer campo de trabajos forzados en la península de Guanahacabibes en el oeste de Cuba, que se puso en marcha a finales de 1960, para confinar personas que no habían cometido delito sujeto a castigo por la ley, revolucionario o de otro tipo. Che defendió dicha iniciativa diciendo: “Nosotros solamente enviamos a Guanahacabibes aquellos casos dudosos de los que no estamos seguros que deban ser encarcelados…. Nosotros mandamos a Guanahacabibes a la gente que no debería ir a la cárcel, gente que ha cometido crímenes contra la moral revolucionaria, en mayor o menor grado,…” 

“Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, católicos, Testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos, y otras escorias por el estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los "desadaptados" serían transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados sobre la base del modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros serían violados, golpeados, o mutilados; y la mayoría quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor documental de Néstor Almendros, "Conducta Impropia", se lo mostrara al mundo un par de décadas atrás.” 

La homofobia del Che se manifiesta en el cartel colocado a la entrada del campo de trabajos forzados, donde confinaron a los homosexuales, donde se leía “El trabajo os hará hombres'', replica del lema “El trabajo os hará libres” utilizado en los campos de concentración nazis. Pretendía corregir el comportamiento homosexual aplicando castigos rigurosos con el objeto de modificar dicha desviación social, la cual no constituye un delito castigado por la ley.

Intransigente y cruel

Guevara a los 18 años
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Al instinto asesino sigue la cobardía, como lo demuestran los incidentes con el guerrillero Jorge Sotús y el comandante Carreras. La conducta intransigente y cruel que siempre mostró Ernesto Guevara durante su vida, chocó en ocasiones con su actitud un tanto vacilante y flojona durante determinada confrontación personal en que su pellejo corría peligro. Así fue cuando provocó que Sotús se le insubordinara, y Carrera lo retara a duelo. El Che se redujo a la mínima expresión. Con el último se desquitó presenciando su fusilamiento en la Cabaña, donde tuvo lugar el reto.

Confesó también: “Yo en realidad no soy un economista”. Su intervención al frente del Banco Nacional y el Ministerio de Industrias, fue un total desastre. Lo fue también de guerrillero, como quedó demostrado en Africa y Bolivia. Su reacción cuando lo apresaron, fue la de una rata, no la de un héroe. Al final no libera a sus hombres del compromiso de resistir hasta la muerte. El, en cambio, decide rendirse y no morir peleando como cuadra a un héroe, al tratar de convencer a sus captores diciéndoles que valía más vivo que muerto.

El Guevara traidor

Mario Vargas Llosa, en un artículo sobre Ernesto Guevara, dice: "Un ser que de histórico pasa a ser mítico no es juzgado con criterios racionales sino mediante actos de fe y de ilusión. Es el caso de Ché" . Se sabe de su traiciòn en México, cuando los futuros expedicionarios son arrestados, informa a sus captores los nombres de todos los que se encuentran en el campamento, en marcado contraste con el coronel Albeto Bayo quien, ante igual pretensión, respondió: "Yo no me presto ni me prestaré a señalar nombres...a acusar a ninguno, ni que hurguen ustedes sobre nuestro movimiento, que es el de toda la nación cubana". 

El periodista cubano en el exilio José Ignacio Rasco dice que la relación entre Castro y el Che es la misma que él presenció en Cuba: "Me consta del miedo que sentía ante Fidel Castro. Cuando fui a Palacio para protestar del cierre de la Universidad de Villanueva -por la ley 11- presencié la escena donde Castro lo trataba con altanería implacable y como él, tímidamente, se le sometía. Castro lo enviaba a expediciones, como la del Congo o la de Bolivia, para alejarlo del poder y hacerlo fracasar. Ni en Venezuela ni en Guatemala tuvo ninguna participación revolucionaria en sus días juveniles, sino más bien se convirtió en un terrible burguesito bohemio de correrías propias de jóvenes malcriados, de pandillitas de barrios en varios países de América Latina. Fue su primera esposa, Hilda Gadea, la que le contagió el virus marxista, más achinado que soviético, siempre sediento de sangre ante su altar de paredón en La Cabaña. Era sádico en su conducta con sus víctimas y los familiares de ellas, gozaba divirtiéndose con la tragedia ajena de esposas e hijos de presos políticos o fusilados con burlas hirientes y sangrientas". 

La ironìa de la foto

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La famosa fotografía de Guevara fue tomada por el fotógrafo cubano Alberto Korda el 5 de marzo de 1960. El editor italiano Gian Giacomo Feltrinelli la descubrió en uno de sus viajes a La Habana. Alberto Korda se la obsequio.

Tras la muerte de Guevara, Feltrinelli -al fin empresario- imprimió millones de carteles. La foto recorrió el mundo y fue el símbolo de los movimientos juveniles del 68 y posteriormente de toda la izquierda asi como de grupos delictuales.

Pero las ganancias fueron para Feltrinelli, ni Korda ni Cuba obtuvieron beneficios. Feltrinelli -quien murió a principios de los años setenta, obtuvo algo mas de 5 millones de dólares por la venta de carteles del Che. Ahora el control sobre esa imagen emblemática se ha perdido: cualquiera la usa y explota comercialmente. Es la ironìa de alguien que luchò contra el capitalismo pero al final su imagen se hizo parte del sistema que deseaba erradicar.[/font][/color]

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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por Quevedo el Vie Mayo 02 2014, 22:56

http://www.memoriacompleta.com.ar/Homes.htm

Los defensores seculares de terroristas y tiranos buscan de cualquier forma justificar sus desmanes, excesos y crímenes. El comunismo internacional, se convirtió en la tiranía más férrea del siglo pasado.

Todos ellos creyeron que sus acciones por muy violentas que fueran siempre iban a ser necesarias para obtener su logros. Por lo tanto, puede justificarse sin que siquiera les remuerda la conciencia, los ajusticiamientos en masa perpetrados por el Che Guevara, Raúl Castro y otros durante los primeros meses de la Revolución Cubana. Si cayeron inocentes, no importa, porque redundo en beneficio del propósito revolucionario.

Al ejercer de abogados del diablo, claro esta, mencionan figuras egregias de la historia como Sarmiento, Bolívar y San Martín.

La mención se hace a vuela pluma sin citar fuentes históricas, cifras, circunstancias, ni otros detalles que valgan a la comparación. Pero caen en una trampa porque un crimen es un crimen, sea quien sea quien lo cometa y emplear palabras como "extirpar" para suavizar con un eufemismo, como si se tratara de un grano, el hecho perpetrado, que no es otra cosa que un asesinato, no establece distinciones entre quienes emplean tales métodos de represión y violencia.

Cabe preguntarse que si se justifica que alguien como el Che realice ajusticiamientos en masa sin siquiera mediar un juicio, se puede justificar también los ordenados por Stalin o Mao TseTung, Todos se dedicaron a "extirpar" a quienes calificaban de "traidores" y "enemigos de la patria". (Como si creyeran en la Patria)

Lo que no podemos es justificar a unos y condenar a otros. La tiranía tiene muchas caras pero un solo propósito: la perpetuación del poder. Sean o no positivos para quienes siguen viviendo los resultados de cualquier crimen, no podemos condonarlo ni justificarlo.

La muerte del Che conllevó la clásica moraleja de que el crimen se paga. Al Che lo ajusticiaron con su propia receta. En el caso del Che, la CIA lo quería vivo. El Che vivo era muy valioso. El Che muerto, por el contrario, se convertiría en un mártir valioso para el comunismo internacional.Pero el Presidente de Bolivia hizo caso omiso a la pataleta de la CIA. Evidentemente, el no estaba a su servicio.

Centenares de "izquierdistas" acuden cada año a rendir tributo al líder mitológico en el poblado de Vallegrande donde lo enterraron hace 30 años.Los militares bolivianos intentaron organizar merecidamente su propio tributo al centenar de soldados que murió combatiendo a la guerrilla del Che. Pero el sorprendente homenaje a su enemigo, ahora agigantado por el fervor de sus admiradores, no ha sido prohibido ni obstaculizado.

Lo lamentable es también que en Cuba no se permite que se rinda un humilde homenaje a los inocentes que murieron "extirpados" (algunos a sangre fría por su propia mano) en la ola ciega de fusilamientos que desato el Che Guevara en los predios de la Fortaleza de La Cabaña.

EL CHE GUEVARA: UN SÍMBOLO DECADENTE

Una crítica a sus biografías.

Dentro de cada rebelde hay un tirano tratado de salir. Nadie se ajusta mejor a esta definición que Ernesto "Che" Guevara. Fue el Ayatola Komeini de la revolución cubana, un asceta que convirtió su propia afición a la renunciación en un imperativo moral para los demás. Un mundo gobernada por Guevara hubiera sido tan divertido como la Ginebra de Calvino.

Es típico de la frivolidad de la juventud del mundo occidental el haber convertido a este inescrupuloso pedante en un símbolo 'pop' por el sólo hecho de que usaba boina, le tenía aversión al baño y resultaba fotogénico desde ciertos ángulos. Esta juventud no conoce sus sanguinarias ideas ni le interesan. Desde su punto de vista, cualquier joven que haya derrocado a un gobierno por la fuerza y en nombre de la justicia debe de ser un héroe.

Para ser justo con Guevara, él no tiene la culpa de ser tan mal comprendido por los estudiantes occidentales. Nunca se preocupó por ocultar ni sus ideas ni sus acciones. Pero, pese a su enorme seriedad, en el fondo compartía la frivolidad moral e intelectual de sus admiradores occidentales. Estos dos biógrafos alegan que tenía una insaciable curiosidad intelectual. Pero no hay ninguna prueba de que se haya dignado a reflexionar, aunque fuera un poco, sobre las causas de los crímenes de Stalin y de Mao. Tampoco se detuvo nunca a meditar sobre las fuentes del poderío económico, cultural y militar de Estados Unidos. No le pareció necesario. De joven, llegó a la conclusión de que la fuente de la riqueza de Estados Unidos y Europa era la explotación, y se mantuvo aferrado a esa estupidez hasta el final. Era la única fórmula que le permitía asignarse a sí mismo un papel providencial en la historia. De otra forma, se hubiera tenido que contentar con una simple práctica de la medicina, para la que no tenía ninguna vocación.

Estas largas biografías son el fruto de una diligente investigación y, aunque hay diferencias entre ellas, la imagen que emerge es básicamente la misma. Castañeda es mucho más informativo que Anderson en relación con ideas económicas de Guevara. Anderson lo es en relación con su infancia y su juventud. Castañeda ubica a la segunda esposa de Guevara, Aleida March, como miembro de la alta clase media. Para Anderson es la hija de un campesino. Castañeda menciona los hijos ilegítimos de Guevara, Anderson no hace referencia a los mismos. Pero ambos concuerdan en las características fundamentales de la vida y la obra de Ernesto Guevara.

Aunque sus dos padres provenían de una familia relativamente empobrecida de la oligarquía argentina, Guevara nunca conoció la verdadera pobreza y tenía la auto confianza de los que nacen en una elite. Sufrió de asma desde muy temprano y esto trajo dos consecuencias. En primer lugar, le garantizó el amor y la ansiosa preocupación de su madre, que fue, con mucho, la mujer más importante de su vida. En segundo lugar, le dio determinación para sobreponerse a las dificultades que encontrara en su camino. Pese al asma, se convirtió en un deportista y nunca cedió ante sus limitaciones físicas.

Durante el resto de su vida fue notablemente poco autocrítico. Aceptó la evaluación de su madre sobre su propia persona y creyó que lo que hacía era justo porque era él quien lo hacía. Hasta el fin de sus días, sobrestimó burdamente la importancia de su propia voluntad en la transformación del mundo que lo rodeaba. Su vanidad y su delirio de grandeza lo llevaron a la destrucción. A la que también arrastró a otros.

Como deja bien clara la narración de Anderson, Guevara desarrolló desde muy temprano la consciencia de su propia importancia. Cuando estuvo en dificultades durante sus juveniles vagabundeos por América Latina, no dudó en estafar a la gente que se cruzaba en su camino.

Consideraba su propia falta de honestidad como una diversión, no como una debilidad moral.

Después de todo, era él quien estaba siendo deshonesto. Posteriormente, su excesiva puntillosidad en cuestiones de dinero, en la que había una gran dosis de esnobismo moral e intelectual, se convirtió en el rasero con que medía a los demás.

Guevara siempre se consideró a sí mismo como un modelo.

Llamarlo un pensador de segunda sería excesivamente generoso. Su concepción económica fundamental, que toda ganancia personal debería de ser eliminada de la vida económica, es una idea estúpida que ni siquiera es original. Quizás sea excusable en un adolescente. Ciertamente es imperdonable en un adulto. Y solamente un monstruo moral estaría dispuesto a matar en aras de semejante ideal.

Guevara era ese tipo de monstruo. Era demasiado egoísta como para que la experiencia le hiciera cambiar de ideas. Soñaba con la creación de un Hombre Nuevo que, por supuesto, lo tendría a él como su maestro. Todos los hombres del pasado, desde el inventor de la rueda hasta Shakespeare, Newton y Mozart no satisfacían sus rigurosas exigencias.

Estas dos biografías dejan claro que durante la crisis cubana de los cohetes, Guevara estuvo a favor de la guerra nuclear. Guerra que, por supuesto, hubiera provocado la muerte de decenas de millones de norteamericanos y la aniquilación del pueblo cubano.

Pensaba que era deseable porque, sobre esa base de cenizas, se hubiera podido construir un mundo mejor. No sentía la más mínima vacilación al hablar a nombre de los millones de cubanos que serían inmolados. Guevara pensaba de la misma forma que Pol Pot.

Si terminó matando a muchas menos inocentes que el camboyano, no fue por falta de esfuerzo. Después de todo, estaba entusiasmado con la guerra de Indochina y hubiera gozado al ver dos, tres y muchas Cambodia en todo el mundo. La diferencia entre él y Pol Pot es que nunca estudió en París.

Los dos biógrafos se afanan por rescatar algo de esa vida desastrosa y repulsiva. Cualesquiera que hayan sido sus atractivos personales, un hombre que pueda haber defendido seriamente la muerte de todo un pueblo (teniendo casi la posibilidad de hacerlo realidad) tiene que ser de una indescriptible vileza. Lamentablemente, los autores no se animan a decirlo. Contradice demasiado ese clisé publicitario de nuestra época: que Guevara era un hombre fundamentalmente bueno y generoso. Y cuya imagen permite hacer excelentes carteles. Ninguno de los autores llama la atención sobre el hecho de que Guevara adoptó una posición violentamente antianortemericana y pro-soviética sin saber nada de la historia, la economía, las condiciones de vida o la cultura de ninguno de los dos países. Si Guevara se desilusionó con la Unión Soviética fue porque había dejado de ser suficientemente radical. Sus sueños eran El Gran Salto Adelante y la Gran Revolución Cultural Proletaria, con sus millones de víctimas.

La ambivalencia hacia Guevara es particularmente notable en el libro de Castañeda. Es como un viejo comunista que finalmente ha aceptado que Stalin mató a decenas de millones pero que trata de rescatar algo del inmenso naufragio y habla de éxitos en la salud o en la educación pública. Castañeda es un hombre de la izquierda y, por lo tanto, no puede aceptar que la visión de Guevara sea básicamente errónea. Su ambivalencia esta bien ilustrada en las páginas 188 y 189 de su libro donde describe los efectos de los escritos de Guevara en la juventud de su tiempo. En la página 188 leemos:

"Che no tenía razones para sospechar el impacto que tendrían (sus escritos) en miles de jóvenes estudiantes universitarios en los próximos treinta anos, mientras marchaban alegremente hacia la
masacre. ... ningún autor debe de ser considerado responsable por la sagacidad o falta de sagacidad de sus lectores".

Pero en la página 189 leemos:

"El Che le dio a dos generaciones de jóvenes los instrumentos de esa fe (en la revolución), y el fervor de esa convicción. Pero también tiene que ser considerado responsable por la sangre y las
vidas de esas generaciones decimadas".

Estas citas contienen otra equívoco. Porque los jóvenes universitarios no sólo marchaban a ser masacrados sino también a masacrar. Guevara pensaba (como cita posteriormente el mismo Castañeda) que era necesario tener un "inquebrantable odio por el enemigo, el que empuja al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, convirtiéndolo en una máquina de matar fría, violenta, efectiva y selectiva." Y no sólo eso. Ese odio asesino era el prerrequisito indispensable para construir un mundo mejor. Si Castañeda considera esto como noble, no quiero ni imaginarme que puede considerar innoble.

¿Cómo pudieron ver en Guevara algo más que un inescrupuloso fanático?
La respuesta no está en ninguno de estos dos libros. Pero ambos contienen suficiente información como para dejar claro que Ernesto Guevara fue uno de los más implacables enemigos de la libertad del siglo XX.

Fuente: National Review, septiembre 15, 1997.

EL CHE: UN ASESINO SIN CAUSA

La Banda invasora del Che sólo trajo dolor y muerte al pueblo boliviano.

Era el 9 de Octubre de 1967 cuando el Che Guevara llevaba once meses tratando de llevar la revolución a Bolivia. Estaba convencido que allí, en un pueblo débil tras la revolución comunista de 1952, podría triunfar su guerrilla terrorista.

No le quedaba otro camino, a Cuba ya no podía volver.

Él y su pequeña banda se las habían arreglado para no reclutar ni un solo seguidor entre los campesinos bolivianos. Se habían estado cuidando de una posible traición tal cual le sucediera en un principio con el partido comunista en La Paz al no haberle querido prestar ayuda.

Y al final todo lo que hizo, no fue más que acorralar mediante emboscadas y matar a unos 60 civiles y soldados bolivianos.

Ese es su único "logro" en Bolivia: Asesinar al boliviano.

No es ninguna novedad, en toda América del Sur el "revolucionario comunista" no ha hecho más que tomar el camino de la violencia para formar su tan anhelado "Estado Comunista".

El Coronel Joaquín Zenteno estaba al mando cuando el Che fue herido y capturado junto a dos de los suyos; Los demás murieron en el combate. Fue una captura bastante significativa, aunque el Che distaba mucho en esa época de ser la estatua de la libertad.

Por supuesto, ya había combatido y tenido éxito junto a Fidel Castro en la Sierra Maestra de Cuba, en 1959. Había sido miembro del Gabinete de Castro. Pero era un alma inquieta y, después de escribir un cuaderno titulado "Guerra de Guerrillas" , empezó a recorrer las capitales europeas y durante meses trató de estimular la revolución en el Congo.

El rumor entre los cognoscente era que Castro quería deshacerse de él, en parte debido al natural carisma del asmático fumador en pipa y aficionado a las boinas, lector de poemas y doctor en medicina, con su sonrisa socarrona y su peinado a lo Beatle. Todo eso resultaba irritante a Castro, a quien no le gustaba la idea de compartir el escenario, como descubriera su hermano, entre otros. De modo que cuando el Che dio a conocer su intención de partir para colonizar a toda la América Latina en nombre de la revolución, Castro fue fácilmente persuadido de que debía dejarlo salir de Cuba.

Cuando el Che fue capturado, en el alto mando boliviano se planteó de inmediato la interrogante: ¿Qué hacer con él?. Fue llevado a una pequeña escuela de La Higuera, en donde vivían 175 campesinos muy pobremente.

El General René Barrientos, Presidente de Bolivia en ese momento, ya había lidiado con Regis Debray. Debray era un joven anarco-comunista francés que, al estilo de Fred el Rojo, de Alemania y del Che Guevara, trataba de librar al mundo del capitalismo, de los militares y de las libertades civiles, y fue capturado en plena actividad terrorista. Ese mismo año había sido juzgado en Bolivia, en un juicio que sirvió para organizar las fuerzas de la izquierda internacional, precipitando una larga filípica del filósofo Bertrand Russell, que arremetía contra todo el que calificara a Regis Debray de criminal de guerra.

Barrientos no quería más de eso y, por consiguiente, dio instrucciones a Zenteno de que interrogara a Guevara al día siguiente y, después, lo ejecutara.

Cuando, la tarde anterior, el Che se encontró frente a un soldado que pudo haberlo matado a quemarropa, le gritó: "No dispare, No dispare. Yo soy el Che Guevara y valgo para usted mucho más vivo que muerto" . Pero a la mañana siguiente se dio cuenta de que el alto mando boliviano no estaba de acuerdo en que Guevara era más valioso vivo.

Hacia el fin del interrogatorio se escuchó cuatro disparos provenientes de la habitación contigua. El sargento encargado de ejecutarlo preguntó si el Che sería lo suficientemente gentil como para dejarle su famosa pipa. El Che le dijo algo irreverente.

El Che Guevara había tenido sus propias dificultades con otras guerrillas. En Camagüey, Cuba, en 1962, operaba un movimiento guerrillero anticastrista. Cuando los guerrilleros fueron capturados, el Che Guevara estaba al mando de los militares y el Che dio orden de ejecutar a los guerrilleros.

Pero ahora, los mismos campesinos que no quisieron ayudar al Che vivo, y que incluso dijeron a los militares dónde podían encontrarlo, hablan con veneración del "Santo Che" . Su busto se levanta en la plaza de La Higuera, junto a fotografías colocadas en altares provisionales del Papa Juan Pablo II e imágenes de Jesús.

La publicidad no se detiene ahí, se encuentran imágenes del Che en relojes Swatch, en una cerveza inglesa, en ropas, en esquíes, en varios sitios de Internet, en varios discos compactos de rock, etcétera.

"Los grandes sueños se realizan con grandes sacrificios" , dijo la hija mayor del Che en la ceremonia que tuvo lugar en La Habana cuando se recibieron los huesos del Che, enviados por avión. Ella terminó su discurso con las palabras con que su padre terminaba los suyos: "Hasta la victoria siempre. Patria o muerte" .

La Patria del Che era, de acuerdo con su lugar de nacimiento, Argentina; De acuerdo con su ideología, la Unión Soviética; Pero su destino fue morir en la Patria de Bolivia, que no era su Patria y en la que nada tenía que hacer.

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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por Luego Cabalgamos el Vie Mayo 02 2014, 23:19








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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Lun Mayo 05 2014, 15:50

perlitas de un asesino con un muy buen marketing:

«Ejecutar a un ser humano es algo feo, pero ejemplarizante. De ahora en adelante aquí nadie me volverá a decir el saca muelas de la guerrilla.»

«…acabé el problema dándole en la sien derecha un tiro de pistola 32, con orificio de salida en el temporal derecho. Boqueó un rato y quedó muerto.»

«Tengo que confesarte, papá, que en ese momento descubrí que realmente me gusta matar.»

«En el Perú y Bolivia utilizaremos a la indiada para promover la revolución, de esos hay miles y son fácilmente reemplazables.»

«El negro indolente y soñador, se gasta sus pesitos en cualquier frivolidad o en pegar unos palos (emborracharse), el europeo tiene una tradición de trabajo y de ahorro.»

«Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria. Estos procedimientos son un arcaico detalle burgués. ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro.»

«Los trabajadores cubanos tienen que irse acostumbrando a vivir en un régimen de colectivismo y de ninguna manera pueden ir a la huelga.»

A los homosexuales, «el trabajo os hará hombres.»

«No debemos nunca establecer la coexistencia pacífica. En esta lucha hasta la muerte entre dos sistemas debemos obtener la victoria definitiva. Nosotros marcharemos hacia la victoria aun si ello cuesta millones de víctimas en una guerra atómica.»

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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por wad ras el Vie Mayo 09 2014, 20:11

Un pobre desgraciado enfermo de odio hacia la humanidad.

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Fotos inéditas del Che, su guerrilla y sus prisioneros

Mensaje por BRUC el Vie Jun 27 2014, 17:59

Unas imágenes poco conocidas del Ché en sus últimos momentos...














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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por Luego Cabalgamos el Dom Sep 28 2014, 11:22

La maquina de matar: el Che Guevara, de agitador 
comunista a marca capitalista



El Che Guevara, quien hizo tanto (¿o tan poco?) por destruir al capitalismo, es en la actualidad la quintaesencia de una marca capitalista. Su semblante adorna jarros de café, caperuzas, encendedores, llaveros, billeteras, gorras de béisbol, tocados, bandadas, musculosas, camisetas deportivas, carteras finas, jeans de denim, té de hierbas, y por supuesto esas omnipresentes remeras con la fotografía, tomada por Alberto Korda, del galán socialista luciendo su boina durante los primeros años de la revolución, en el instante en que el Che de casualidad se introdujo en el visor del fotógrafo—y en la imagen que, treinta y ocho años después de su muerte, constituye aún el logotipo del revolucionario (¿o del capitalista?) “chic”. Sean O'Hagan sostuvo en "The Observer" que existe incluso un jabón en polvo con el eslogan "El Che lava más blanco."

Los productos del Che son comercializados por grandes corporaciones y por pequeñas empresas, tales como la Burlington Coat Factory, la cual difundió un comercial televisivo presentando a un joven en pantalones de fajina luciendo una remera del Che, o la Flamingo's Boutique en Union City, Nueva Jersey, cuyo propietario respondió a la furia de los exiliados cubanos locales con este argumento devastador: "Yo vendo lo que la gente desea comprar." Los revolucionarios también se unieron a este frenesí de productos—desde "The Che Store", que vende provisiones, hasta el sitio que atiende "todas sus necesidades revolucionarias" en Internet, y el escritor italiano Gianni Minà, quien le vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario del Che sobre su juvenil viaje alrededor de América del Sur en el año 1952 a cambio de poder acceder al rodaje del film "Diarios de Motocicleta" y de que Minà pudiese producir su propio documental. Para no mencionar a Alberto Granado, quien acompañó al Che en su viaje de juventud y ahora asesora documentalistas, y que se quejaba hace poco en Madrid, según el diario El País, ante un Rioja y un magret de pato, de que el embargo estadounidense contra Cuba le dificulta el cobro de las regalías. Para llevar a la ironía más lejos: el edificio en el cual nació Guevara en la ciudad de Rosario, Argentina, un espléndido inmueble de comienzos del siglo veinte sito en la esquina de las calles Urquiza y Entre Ríos, se encontraba hasta hace poco ocupado por la administradora de fondos de jubilaciones y pensiones privada Máxima AFJP, una hija de la privatización de la seguridad social argentina en la década de 1990.
La metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva, pero la marca viene experimentando un renacimiento—un renacimiento especialmente destacable, dado que el mismo tiene lugar años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Esta suerte inesperada se debe sustancialmente a "Diarios de Motocicleta", la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. (Es una de las tres películas más importantes sobre el Che ya realizadas o actualmente en rodaje en los últimos dos años; las otras dos han sido dirigidas por Josh Evans y Steven Soderbergh.) Hermosamente rodada en paisajes que claramente han eludido los efectos erosivos de la polución capitalista, el film exhibe al joven en un viaje de auto-descubrimiento a medida que su conciencia social en ciernes tropieza con la explotación social y económica, lo que va preparando el terreno para la reinvención del hombre a quien Sartre llamara alguna vez el ser humano más completo de nuestra era.
Pero para ser más preciso, el actual renacimiento del Che se inició en 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cuando cinco biografías abrumaron las librerías y sus restos fueron descubiertos cerca de una pista de aterrizaje en el aeropuerto de Vallegrande, en Bolivia, después de que un general boliviano retirado, en una revelación espectacularmente oportuna, indicara la ubicación exacta. El aniversario volvió a centrar la atención en la famosa fotografía de Freddy Alborta del cadáver del Che tendido sobre una mesa, escorzado, muerto y romántico, luciendo como Cristo en un cuadro de Mantegna.
Es usual que los seguidores de un culto no conozcan la verdadera historia de su héroe. (Muchos rastafaris renunciarían a Haile Selassie si tuviesen alguna idea de quien fue en realidad.) No sorprende que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores post-comunistas, también se engañen a sí mismos al aferrarse a un mito—excepto los jóvenes argentinos que corean una expresión de rima perfecta: "Tengo una remera del Che y no sé por qué."

Considérese a algunos de los individuos que recientemente han blandido o invocado el retrato de Guevara como un emblema de justicia y rebelión contra el abuso de poder. En el Líbano, unos manifestantes que protestaban en contra de Siria ante la tumba del ex primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un jugador de fútbol francés que juega para el Arsenal, en Inglaterra, se apareció en una importante velada de gala organizada por la FIFA, el organismo del fútbol mundial, vistiendo una remera roja y negra del Che. En una reciente reseña publicada en The New York Times sobre Land of the Dead de George A. Romero, Manohla Dargis destacaba que "el mayor impacto aquí puede ser el de la transformación de un zombi negro en un virtuoso líder revolucionario," y agregó: "Creo que el Che en verdad vive, después de todo."
El héroe del fútbol Maradona ostentó el emblemático tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con banderas del Che. En San Francisco, City Lights Books, el legendario hogar de la literatura beat, invita a los visitantes a una sección dedicada a América Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por libros del Che. José Luis Montoya, un oficial de policía mexicano que combate el crimen relacionado con las drogas en Mexicali luce una vincha del Che porque ella lo hace sentirse más fuerte. En el campo de refugiados de Dheisheh, en la margen occidental del río Jordán, los afiches del Che adornan un muro que le rinde tributo a la Intifada. Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney, Australia, enumera a los tres invitados ideales en una cena: Alvar Aalto, Richard Branson, y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido a la junta legislativa de Hong Kong, desafía a Beijing al vestir una remera del Che. En Brasil, Frei Betto, consejero del Presidente Lula da Silva y encargado del programa de alto perfil "Hambre Cero," afirma que "deberíamos prestarle menos atención a Trotsky y mucha más al Che Guevara." Y lo más estupendo de todo, en la ceremonia de este año de los Premios de la Academia, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción principal del film "Diarios de Motocicleta": Santana se presentó luciendo una remera del Che y un crucifijo. Las manifestaciones del nuevo culto del Che están por todas partes. Una vez más el mito está apasionando a individuos cuyas causas en su mayor parte representan exactamente lo opuesto de lo que era Guevara.
Ningún hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa a la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su coraje—que Castro describió como “su manera, en los momentos difíciles y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y peligrosas”—significa que no vivió para asumir la plena responsabilidad por el infierno de Cuba. El mito puede decir tanto acerca de una época como la verdad. Y es así que gracias a los propios testimonios que el Che brinda de sus pensamientos y de sus actos, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente cuan engañados están muchos de nuestros contemporáneos respecto de muchas cosas.
Guevara puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su “Mensaje a la Tricontinental”: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Sus primeros escritos se encuentran también sazonados con esta violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de “siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo olor de la pólvora y de la sangre del enemigo,” Guevara compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación: “¿Revolución sin disparar un tiro? Estás loco.” En otras ocasiones el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo y la tragedia de las victimas de una revolución. En una carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: “Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía”.
La disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México a Cuba a bordo del Granma es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar, publicada en su libro Ernesto: Una Biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: “Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre”. Esta mentalidad había sido reforzada por su convicción de que Arbenz había perdido el poder debido a que había fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior a su ex novia Tita Infante había observado que “Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes”. No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personas—enemigos probados, meros sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.
En enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra, Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que aquel se encontraba pasando información: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho…sus pertenencias pasaron a mi poder”. Más tarde mató a tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si esta victima en particular “era en verdad lo suficientemente culpable como para merecer la muerte,” no vaciló en ordenar la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas, en razón de crímenes no especificados: “Tenía que pagar el precio.” En otros momentos simularía ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura psicológica.
  
Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario conocido como “El Catalán,” quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se encontraba bajo sus ordenes en las montañas. “Ante la duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. En vísperas de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central, hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel, como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex revolucionario que después se convertiría en periodista (agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos como casquitos que se habían unido al ejército simplemente para escapar del desempleo).
Pero la “fría máquina de matar” no dio muestra de todo su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una fortaleza de piedra que fue utilizada para defender a La Habana contra los piratas ingleses en el siglo dieciocho; más tarde se convirtió en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de 1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña, me dijo recientemente que “El Che dirigió la Comisión Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario”. Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres”.
Javier Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a aquellos condenados a morir y que presenció personalmente docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco años de edad, quien se describe como “más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al ex cardenal Cardinal Ratzinger,” Arzuaga recuerda que “La cárcel de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera de la muerte”, donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos “el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón, atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas. Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los últimos tres años. Me fui a México para un tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos. Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos enemigos frente a frente”.
¿Cuánta gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un profesor de economía retirado que ha compilado una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959 (fecha en el que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la Embajada de los Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más de 500.” Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de la revolución, el fallecido Padre Iñaki de Aspiazú, hablaba de setecientas victimas. Félix Rodríguez, un agente de la CIA quien fue parte del equipo a cargo de la captura de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che después de su captura respecto de “las dos mil y pico” ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que todos eran agentes de la CIA y no se refirió a la cifra,” recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D”Rivera reprochó a Santana su vestuario en la ceremonia de los Premios Oscar, y agregó: “Uno de esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. El me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de mucho que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”.
El ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse además del asesinato. La contradicción entre su pasión por viajar—una especie de protesta contra las limitaciones del estado-nación—y su impulso por convertirse en un estado esclavizante en relación a otras personas es patético. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría haber estado describiéndose así mismo. En cada etapa de su vida adulta, sus megalomanía se manifestaba en el impulso depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras personas, y de abolir su libre voluntad.

En 1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spiritus, Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia, regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del alcohol, y el juego informal—un puritanismo que no caracterizaba precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese año: “Las masas que luchan están de acuerdo con asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para reasignar la propiedad según le conviniese condujo al puritano marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el triunfo de la revolución.
El impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar la propiedad del territorio de otros fue central a la política opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país debido a la reforma agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través del número de individuos “que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad.” Este instinto depredador alcanzó un apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios, acerca del “Hombre Nuevo” que él y su revolución crearían.
La obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el Che temporalmente se retiró para recuperarse de una enfermedad. Allí fue donde los líderes principales, incluido Castro, diseñaron al estado policíaco cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la Cheka. Angel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil española enviado por los soviéticos que había estado muy cerca de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó un papel fundamental en la organización del sistema, junto con Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de las fuerzas armadas. La invasión respaldada por los EE.UU. de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar al nuevo estado policíaco, con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al embajador soviético Sergei Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su cabeza.”
“Contrarrevolucionario” es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje.” Los campos de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático era empleado para suprimir el disenso. La historia le atribuye al general español Valeriano Weyler, el capitán general de Cuba a finales del siglo diecinueve, haber empleado por vez primera a la palabra “concentración” para describir la política de cercar a las masas de potenciales opositores—en su caso a los simpatizantes del movimiento independentista cubano—con alambre de púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado) que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después continuasen con esta tradición local. Al principio, la revolución movilizó a voluntarios para construir escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones, y fábricas—todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el Che el estibador, el Che el cortador de caña, el Che el fabricante de telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se volviese un poco menos voluntario: el primer campamento de trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la función desempeñada por este método de confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel , la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado…es trabajo duro, no trabajo bestial”.
Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, victimas del SIDA, católicos, Testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos, y otras escorias por el estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los “desadaptados” serían transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados sobre la base del modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros serían violados, golpeados, o mutilados; y la mayoría quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor documental de Néstor Almendros;  Conducta Impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas atrás.
De esta manera, la revista Time parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió a la división del trabajo de la revolución con una nota de tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro,” a Fidel Castro como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño.” Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante los años de entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso. (Habló abiertamente de su relación con Nikolai Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión del régimen de Castro al comunismo.
Esta fanática disposición convirtió al Che en una parte esencial de la “sovietización” de la revolución que se había jactado reiteradamente de su carácter independiente. Muy poco después de que los barbudos llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con Anastas Mikoyan, el vice primer ministro soviético, quien visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las negociaciones soviético-cubanas durante una visita a Moscú a finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más” le impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto de 1962, fue aún más significativo, en razón de que el mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con Khrushchev en Yalta para finalizar los detalles sobre una operación que ya se había iniciado y que involucraba la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos sobre el peligro de que los Estados Unidos pudiesen descubrir lo que estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendría—en otras palabras, de que Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario había alardeado que “su país se encuentra deseoso de arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable capacidad destructiva para defender un principio.” Apenas después de finalizada la crisis de los misiles cubanos—cuando Khrushchev renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un acuerdo con los Estados Unidos a espaldas de Castro que incluía la remoción de los misiles estadounidenses de Turquía—Guevara dijo a un periódico comunista británico: “Si los cohetes hubiesen permanecido, los hubiésemos utilizado a todos y dirigido contra el mismo corazón de los Estados Unidos, incluida Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia pacífica entre las naciones no incluye a la coexistencia entre los explotadores y el explotado.”
Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por las razones equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas concesiones—a diferencia de la China maoísta, a la cual llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de 1964, un memo escrito por Oleg Daroussenkov, un funcionario soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del valor,” es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica su visión económica—su idea de la justicia social—como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de 1959, y, desde principios de 1961, como ministro de industria. El periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la producción de azúcar, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento—todo esto en el que había sido uno de los cuatros países económicamente más exitosos de América Latina desde antes de la dictadura de Batista.
Su tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió billetes que llevaban la firma “Che,” ha sido sintetizada por su asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economía”. Los poderes de percepción de Guevara respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en 1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del 10 por ciento “sin el menor temor,” y, para 1980, un ingreso per capita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad.” En verdad, hacia 1997, el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos se encontraban bajo una dieta consistente en una ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de pasta de soja por semana; y cuatro huevos por mes.
La reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en la casa del Che.) En el nombre de la diversificación, el área cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, la cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3,8 millones de toneladas métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba carecía de materias primas para la industria pesada, y, como una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas—o incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías han producido una pasta dental… tan buena como la anterior; limpia exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de industrializar a Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó su rol de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para revenderlo a otros países. Durante las tres décadas siguientes, Cuba sobreviviría en base a un subsidio soviético de más o menos entre $65 mil millones y $100 mil millones.
Habiendo fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista—la toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren con pesados refuerzos—es seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo, quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área, está entre aquellos que han criticado la historia oficial de Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, y Haití—todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al persuadirlo de que montase un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo después de que la democracia representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió con dos rebeldes—Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el este—contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era sostenido por los Estados Unido, por mercenarios sudafricanos y exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que podían leer y a todos los que vestían una corbata. Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el mundo descubriría en los años 90 que también él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo después, Mobutu llegó al poder e instaló una tiranía de décadas. (En los países latinoamericanos, de Argentina al Perú, las revoluciones inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado practico de reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez. Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria había tenido lugar unos años antes; el gobierno había respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas; y el ejército era cercano a los Estados Unidos a pesar de su nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto” fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario boliviano. Aún peor, Mario Monje, el líder comunista local, quien no tenía estómago para una guerra de guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país. Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro, poco después de reunirse con el intelectual francés Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la vida en base a principios militares en los territorios bajo su control, pero no era un General Giap. Su libro La Guerra de Guerrillas enseña que las fuerzas populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco insurreccional puede provocarlos, y que el combate debe tener lugar principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de guerrillas, reserva también para las mujeres el rol de cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente de motivación y sin mucha organización; los focos guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos en cenizas para los foquistas, y América Latina se ha vuelto urbana en un 70 por ciento en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también, el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En las últimas décadas del siglo diecinueve, Argentina tenía la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos era superior al de los trabajadores suizos, alemanes, y franceses. Para 1928, ese país ocupaba el duodécimo lugar en el mundo en cuanto a su PBI per capita. Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara, Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder revolucionario en el poder—Justo José de Urquiza, quien derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior. Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda, Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina, fue la base de la Constitución de 1853 que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó la inmigración y aseguró los derechos de propiedad, inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de otras naciones, oponiéndose a la guerra de su país contra Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson.
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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Lun Dic 29 2014, 19:39

Frases del Che Guevara contra los negros y los homosexuales




Hoy vamos a desenmascarar la verdadera cara de uno de los líderes más aclamadas por la izquierda. Un líder que es tanto un referente para ellos, que hasta llevan su cara en su camiseta. Pero su idolatrada líder no era como ellos dicen que es:


El líder de la revolución era contrario al pacifismo, a la libertad de prensa y pensamiento y partidario de la muerte y la violencia.

Ernesto Che Guevara, líder de la revolución tan recordado y adorado por muchos, tuvo reiteradas declaraciones contra lo que predica hoy la izquierda.
Sus frases racistas con los negros, despectivas con los homosexuales, antipacifistas, contrarias a la libertad de prensa y a favor de la muerte y la violencia le situarían en nuestro tiempo como un fascista de bota metálica. 
Estas 10 frases son algunas de las joyas que llegó a soltar el despiadado asesino:
1.  “Los jóvenes deben abstenerse de cuestionamientos ingratos de los  mandatos gubernamentales. En su lugar, tienen que dedicarse a estudiar, trabajar y al servicio militar”.
2.  “¡Los jóvenes deben aprender a pensar y actuar como una masa. Es criminal pensar como individuos!”.
3.  “Nunca debemos establecer la coexistencia pacífica. En esta lucha a muerte entre dos sistemas tenemos que llegar a la victoria final. Debemos andar por el sendero de la liberación incluso si cuesta millones de víctimas atómicas”. 
4.  “Hay que acabar con todos los periódicos. Una revolución no se puede lograr con la libertad de prensa”.
5.  “Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria. Estos procedimientos son un detalle burgués arcaico. ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro”. 
6.  “¡El odio es el elemento central de nuestra lucha! El odio tan violento que impulsa al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, convirtiéndolo en una máquina de matar violenta y de sangre fría. Nuestros soldados tienen que ser así”. 
7.  “Los negros, esos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño, han visto invadidos sus reales por un nuevo ejemplar de esclavo: el portugués.  El desprecio y la pobreza los une en la lucha cotidiana, pero el diferente modo de encarar la vida los separa completamente”. 
8.  “ El negro indolente y soñador se gasta sus pesitos en cualquier frivolidad o en ‘pegar unos palos’”. 
9.  “Ejecutar a un ser humano es algo feo, pero ejemplarizante. De ahora en adelante aquí nadie me volverá a decir el saca muelas de la guerrilla”. 

10. “Tengo que confesarte, papá, que en ese momento descubrí que realmente me gusta matar”.

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Las víctimas olvidadas del Che Guevara

Mensaje por Alentian el Vie Ene 16 2015, 13:11

Las víctimas olvidadas del Che Guevara: ¿Cuántos fusilamientos están documentados?



Por María Werlau*

Ernesto Guevara, mejor conocido como Che, es la figura emblemática de la mitológica “elegancia revolucionaria” y el ícono por excelencia de la cultura de masas. Irónicamente, la mayoría de los devotos del culto Ché saben poco o nada acerca de él, de lo que representó e hizo, y de las consecuencias de su cruzada. Sin embargo, hay una verdad oscura e irreconciliable detrás del mito cuidadosamente construido sobre él. Basta una mirada superficial a la extensa bibliografía sobre el Che, incluyendo sus propios escritos, para que emerja claramente.
El alcance persistente y global de la idea romántica del Che, junto con sus imágenes icónicas, es un fenómeno único de la historia moderna. Curiosamente, carece de veracidad histórica.
El Proyecto Verdad y Memoria de Archivo Cuba, surgido a finales de los años 90, busca propiciar una cultura de respeto por la vida y el estado de derecho con su estudio del costo social de la violencia política asociada a la revolución cubana. La documentación y testimonios recogidos por esta iniciativa son la base de la compilación Las víctimas olvidades del Che Guevara (2011), que aporta material testimonial y fotográfico a la extensa bibliografía sobre el Che, tan escasa con respecto a sus víctimas. El libro se presentará en Miami el próximo 13 de diciembre durante el Primer Festival del Arte y la Literatura Independiente.

Impulso sanguinario
El Che llega la Sierra Maestra listo para lanzar su impulso sanguinario sobre los seres humanos.Poco antes, a los 25 años, había escrito una larga y apasionada nota de despertar revolucionario al margen de las “Notas de viajes” de su aventura en motocicleta por América. Es aterradoramente profética del curso violento que emprendería y el largo rastro de sangre que dejará.
Su biógrafo Jon Lee Anderson escribe que Guevara encabezó “la nueva política del Ejército Rebelde de ‘justicia revolucionaria rápida’, forjándose simultáneamente una reputación de ferocidad e implacabilidad”. Anderson señala “el evidente celo calvinista que puso el Che en la persecución de aquellos que se habían apartado del ‘camino correcto’”. Lo que es más espeluznante es que ese celo terminó con muchas vidas, algunas arrancadas por su propia mano, cientos, tal vez miles, por órdenes directas del Ché, e incontables decenas de miles alentadas por él.
El Che fue un severo partidario de la disciplina, incluso entre sus propias tropas, y jugó un rol, ya fuera principal o secundario,en la ejecución sumaria de al menos 21 personas en la Sierra Maestra; al menos uno de su propia mano. Casi todas las víctimas eran campesinos de la zona acusados de colaborar, generalmente como informantes, con el ejército de Fulgencio Batista. Algunos eran voluntarios del ejército rebelde que decidieron abandonar la lucha, ya que ésta se llevaba a cabo bajo terribles condiciones y las tropas frecuentemente pasaban hambre durante días. Algunos eran campesinos de la zona acusados de crímenes que incluían desde merodear por el campamento o robar la comida destinada a los rebeldes, hasta ofensas más graves como la violación o el asesinato de pobladores de las zonas rurales. Todos, sin excepción, carecieron del debido proceso legal y fueron ejecutados en el acto, a veces por una orden del Che que parecía dar con indiferencia.

La tarea del verdugo
El mismo Che es testigo de esta falta de piedad en sus recuentos. En enero de 1957, le escribió a su esposa de entonces, Hilda Gadea: “Aquí, desde la manigua cubana, vivo y sediento de sangre escribo estas encendidas líneas martianas”.
Guevara sabía por su experiencia en Guatemala durante el golpe a Jacobo Árbenz y por su autoeducación comunista que el terror era un componente necesario en el establecimiento del orden revolucionario. Venía preparado para la tarea de verdugo y en la Sierra Maestra se había forjado como asesino en serie.
El 3 de enero de 1959, Fidel Castro nombró al Che Guevara comandante de la imponente fortaleza de La Cabaña en La Habana. Construida en el siglo XVIII cuando Cuba era colonia española, servía como prisión. El Che también fue nombrado Juez Supremo de los Tribunales Revolucionarios que comenzarían a funcionar allí.
Hasta entonces no había pena de muerte en Cuba, ya que el artículo 25 de la Constitución de 1940 prohibía la pena de muerte excepto en casos de traición militar. Ésta se había aplicado una sola vez a un espía alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Pero el 10 de enero de 1959 el nuevo Consejo de Ministros Revolucionario modifi có la Constitución, ignorando las cláusulas que gobernaban la enmienda constitucional, y el 10 de febrero de 1959 promulgó una nueva Ley Fundamental. Estas maniobras le otorgaron a la pena de muerte un viso de legalidad y permitieron su aplicación retroactiva.

Proceder por convicción
Pronto, entre 800 y mil hombres fueron a parar a la prisión de La Cabaña, cuya capacidad era sólo de 300 personas.Tenían que turnarse para dormir y las condiciones eran atroces. La Comisión de Depuración que los sometería a juicio empezó a funcionar las 24 horas. El Che nombró Juez Comisionado de los Tribunales Revolucionarios a su ayudante Orlando Borrego, a pesar de tener sólo 21 años y ser contador, sin ningún entrenamiento legal o judicial. Se estableció un procedimiento operativo: los jueces y fi scales designados se reunirían con el Che antes del juicio para revisar los casos, decidirían la estrategia a seguir y determinarían de antemano la sentencia de los prisioneros acusados.
En los juicios, no existían reglas básicas de jurisprudencia y se tomaban las acusaciones del fiscal como pruebas irrefutables de culpabilidad. Aunque el Che era jefe de los tribunales revolucionarios, no asistía a los juicios; no quería malgastar su tiempo. En una entrevista filmada, José Vilasuso, encargado de revisar y preparar los expedientes de los acusados, narra como el Che le decía: “El oficial investigador siempre tiene la razón y siempre tiene la verdad”. Otros subordinados en los tribunales han reportado que los amonestaba: “No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción”.
También han testificado que los sermoneaba: “No hace falta hacer muchas averiguaciones para fusilar a uno. Lo que hay que saber es si es necesario fusilarlo. Nada más”.
El Che presidía la Corte de Apelaciones. Tenía la última palabra sobre la pena capital y sí presidía las vistas de apelación, conocidas como “revisión de causa”. Eran habitualmente muy cortas, a veces duraban sólo minutos y no se conoce de que anulara una sola sentencia de muerte. Las vistas casi siempre terminaban con el Che enviando al condenado a ejecución inmediata. La Cabaña pronto se convirtió en la fábrica de ejecuciones del nuevo gobierno revolucionario.

79 fusilamientos bajo órdenes directas
Los prisioneros aguardaban juicio escuchando el martilleo de la fabricación de los ataúdes. Casi nunca podían despedirse de sus familias, a quienes entonces no se les entregaba el cadáver y quedaban sin poder celebrar un funeral.Los juicios, las vistas de apelaciones y las ejecuciones, generalmente se llevaban a cabo tarde en la noche, con frecuencia al amanecer, puesto que el Che creía que la gente era más sumisa por la noche. Por todo el país se derrochó publicidad sobre los juicios y ejecuciones.
Sobre el corto período durante el cual el Che estuvo a cargo de La Cabaña (3 de enero al 26 de noviembre de 1959, con varios meses de viaje intercalados), el proyecto Archivo Cuba ha documentado 79 fusilamientos bajo las órdenes directas de Guevara. De enero a mayo de 1959, cuando el Che estaba presente, suman 55. Durante los viajes del Che al extranjero, desde el 4 de junio hasta el 8 de septiembre de 1959, hubo 18 fusilamientos, aunque se desconoce cuán involucrado estuvo en los tribunales. Luego de su regreso a Cuba hubo siete fusilamientos entre el 8 de septiembre y el 26 de noviembre, cuando fue nombrado presidente del Banco Nacional de Cuba.
Los informes sobre el número de fusilamientos en La Cabaña en 1959 varían ampliamente. Algunos estimados por parte de historiadores,biógrafos y la embajada de Estados Unidos en Cuba citan entre 200 y 700. Un abogado que trabajó en La Cabaña bajo las órdenes del Che afirmó que al menos se habían llevado a cabo 600 fusilamientos hasta finales de junio de 1959. Es probable que se refería a las ejecuciones en toda Cuba, pero no queda claro. Archivo Cuba ha documentado 954 fusilamientos en Cuba en 1959, de los cuales 628 habrían ocurrido de enero a junio, 58 de ellos en La Cabaña.

Fusilar mientras sea necesario
Esta información no puede investigarse debidamente, ya que los registros ofi ciales de Cuba no son públicos y no es posible el trabajo de campo dentro de la isla. Los registros de Archivo Cuba sobre los casos documentados han sido construidos con el testimonio de familiares, testigos, informes publicados en los medios de difusión, listas sacadas a escondidas de Cuba y otras fuentes secundarias que registran nombres y circunstancias de muerte durante los primeros tiempos de la revolución. Aunque no existe un conteo preciso, el hecho de que hubo muchos fusilamientos en todo el país -y deliberadamente muy a la vista- es indiscutible.
El Che también habló francamente a la comunidad internacionalsobre el tema de los fusilamientos. En Naciones Unidas, en Nueva York, donde hizo un discurso el 11 de diciembre de 1964, hace ahora 50 años, respondió a las insistentes preguntas sobre las ejecuciones con su famosa declaración: “Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”. Lo que no es tan legendario, pero resulta aún más estremecedor, es que durante la Crisis de los Misiles en octubre de 1962, estuvo a favor de desencadenar la guerra nuclear para “construir un mundo mejor” -supuestamente de las cenizas. Unas pocas semanas después de la crisis, furioso por la “traición soviética” de haber retirado los misiles, le dijo a un periodista británico que si los misiles hubieran estado bajo controlcubano, ellos (los líderes) los hubieran lanzado.
Es probable que nunca se conozca el número de víctimas del Ché. Mucha gente murió en las incursiones guerrilleras que dirigió en el Congo y en Bolivia, así como en revueltas y acciones violentas que planeó y facilitó en América Latina. El sistema totalitario que ayudó a diseñar y a imponer en Cuba ha costado, en las últimas cinco décadas, miles de vidas.

Una propuesta intransigente
Aparte de pisotear el derecho a la vida, el Che también abogó por eliminar y reprimir muchos derechos fundamentales más. Su propuesta intransigente exigía la subyugación de la población cubana.Torturar y silenciar a opositores y disidentes constituía para él un elemento clave del éxito. En 1959 le dijo al periodista cubano de izquierda José Pardo Llada: “Hay que acabar con todos los periódicos, pues no se puede hacer una revolución con libertad de prensa. Los periódicos son instrumentos de la oligarquía”.
Mientras que todo el mundo reconoce al Che, o a su famosa imagen en una camiseta, sus víctimas permanecen prácticamente desconocidas.
Por regla general, los mataron en la flor de sus vidas y dejaron muchos huérfanos. El dolor y la pena que causó el Ché vive en los corazones de muchas almas anónimas que llevan una carga pesada con un silencio traumático -un hijo que perdió a su padre, una madre que perdió a su hijo, una esposa enlutada por el compañero de su vida y luchando por criar sola a una familia.
Curiosamente, los mejores biógrafos del Che le han dedicado cientos de páginas a la más pequeña minucia de su vida, mas sin embargo, es casi nula la atención que le dan a sus víctimas. En su biografía del Che de 410 páginas, Jorge Castañeda dedica exactamente seis líneas a las ejecuciones en la Sierra Maestra y 11 líneas a los fusilamientos en La Cabaña, sin mencionar el nombre de ninguno de los individuos fusilados. Con respecto a los detalles, esto es lo mejor que nos ofrece Castañeda (p. 143): “Por muy justificadas que pudieran haber parecido estas ejecuciones en la época, fueron llevadas a cabo sin respeto por el debido proceso legal. Los estimados acerca de su número exacto varían…”

Sin garantías procesales
Lee Anderson es mucho más generoso con las ejecuciones en la Sierra Maestra, extrayendo muchas citas del diario del Che. Menciona más de 20 casos, y muchos con detalles esclarecedores. Pero mientras su biografía de 768 páginas dedica 27 páginas a la infancia y la adolescencia del Ché y otras ocho páginas a su primer amor, sólo “cuatro páginas de todo el libro hablan sobre los tribunales revolucionarios y los fusilamientos en La Cabaña. Cuatro líneas adicionales dispersas por todo el volumen hacen ligera referencia a los fusilamientos.
En su favor, hay que decir que Anderson escribe que el Che “como fiscal supremo, cumplió la tarea con singular determinación y los viejos muros de la fortaleza resonaban cada noche con las descargas de los pelotones de fusilamiento”. Además, expone la carencia de garantías procesales. Aun así, expresa la idea, o por lo menos nunca la cuestiona, de que los ejecutados eran criminales de guerra, torturadores y esbirros de la dictadura de Batista.
En efecto, la ropa, el aspecto, los intereses arqueológicos, el asma, la sexualidad o la correspondencia del Che con su familia, han provocado más interés que las vidas que robó y el rastro de dolor que dejó en angustiados familiares.
El libro Las Víctimas Olvidadas del Che Guevara se presentará el sábado 13 de diciembre a las 2:30 p.m. en La Casona (111 SW 5ta. Ave), sede del Miami Hispanic Cultural Art Center, dentro del programa del Primer Festival del Arte y la Literatura Independiente de Miami.

*María C. Werlau es directora ejecutiva de Archivo Cuba: Proyecto de Verdad y Memoria.

http://cafefuerte.com/miami/19698-las-victimas-olvidadas-del-che-guevara-cuantos-fusilamientos-estan-documentados/

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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Sáb Abr 04 2015, 23:24

El 'adalid' del progreso

Frases del Che Guevara contra los negros y los homosexuales

Ignacio Crespí de Valldaura
Martes, 21. Octubre 2014 - 17:59
El líder de la revolución era contrario al pacifismo, a la libertad de prensa y pensamiento y partidario de la muerte y la violencia.

EFE
Ernesto Che Guevara, líder de la revolución tan recordado y adorado por muchos, tuvo reiteradas declaraciones contra lo que predica hoy la izquierda. Sus frases racistas con los negros, despectivas con los homosexuales, antipacifistas, contrarias a la libertad de prensa y a favor de la muerte y la violencia le situarían en nuestro tiempo como un fascista de bota metálica. 
A continuación, colgaremos 10 frases del Che Guevara que le definen –en los términos más irónicos- como el adalid del progreso, el centinela de la libertad y el promotor de los derechos humanos del hombre. 
1. “Los jóvenes deben abstenerse de cuestionamientos ingratos de los  mandatos gubernamentales. En su lugar, tienen que dedicarse a estudiar, trabajar y al servicio militar”.

2. “¡Los jóvenes deben aprender a pensar y actuar como una masa. Es criminal pensar como individuos!”.

3. “Nunca debemos establecer la coexistencia pacífica. En esta lucha a muerte entre dos sistemas tenemos que llegar a la victoria final. Debemos andar por el sendero de la liberación incluso si cuesta millones de víctimas atómicas”.

4. “Hay que acabar con todos los periódicos. Una revolución no se puede lograr con la libertad de prensa”.

5. “Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria. Estos procedimientos son un detalle burgués arcaico. ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro”.
 
6. “¡El odio es el elemento central de nuestra lucha! El odio tan violento que impulsa al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, convirtiéndolo en una máquina de matar violenta y de sangre fría. Nuestros soldados tienen que ser así”.

7. “Los negros, esos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño, han visto invadidos sus reales por un nuevo ejemplar de esclavo: el portugués.  El desprecio y la pobreza los une en la lucha cotidiana, pero el diferente modo de encarar la vida los separa completamente”.

8. “ El negro indolente y soñador se gasta sus pesitos en cualquier frivolidad o en ‘pegar unos palos’”.

9. “Ejecutar a un ser humano es algo feo, pero ejemplarizante. De ahora en adelante aquí nadie me volverá a decir el saca muelas de la guerrilla”.

10. “Tengo que confesarte, papá, que en ese momento descubrí que realmente me gusta matar”.

http://www.negocios.com/noticias/frases-che-guevara-los-negros-los-homosexuales-21102014-1759

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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por Alentian el Sáb Abr 11 2015, 12:21


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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Sáb Abr 11 2015, 12:50

Parece ser que en Leganes le han puesto un busto y todo........


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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Lun Oct 10 2016, 01:30


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Re: ERNESTO "CHE" GUEVARA: UNA GRAN FARSA MARXISTA

Mensaje por Torquemada2014 el Lun Oct 10 2016, 11:57

Es una vergüenza que ninguna fuerza política ni grupo social reivindique la vida y la obra de figuras como Fulgencio Batista, Leónidas Trujillo, Augusto Pinochet, Videla, López Rega, etc... icónicos líderes anticomunistas, bastiones de la fe católica, auténticos continuadores de la Hispanidad, y no el atajo de indigenistas rojos que ahora usurpan los gobiernos de Iberoamérica.

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