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Estados Unidos declara la guerra a España

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Estados Unidos declara la guerra a España

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Mar Mayo 06 2014, 00:19

El 25 de abril de 1898 Estados Unidos le declaraba oficialmente la guerra a España.



La explosión del crucero Maine, con 260 muertos entre sus tripulantes, había facilitado una excusa. Las autoridades españolas ofrecieron una comisión de investigación conjunta, pero los americanos no la aceptaron. En Estados Unidos los medios sensacionalistas habían creado un ambiente de preguerra que rozaba la euforia, aunque las autoridades, con el presidente McKinley a la cabeza, eran todavía reacias al conflicto. En España, pese a que todo el mundo era consciente del poder del gigante americano, se vivió una situación parecida. Una parte de la sociedad, secundada por la prensa más conservadora, se mostró triunfalista. Apelaban al espíritu patriótico y a la inexperiencia bélica de los americanos, e incluso apostaron por la invasión del país. La última oferta de paz del embajador americano, cien millones de dólares a cambio de la isla, más un millón de comisión para quien cerrase la operación, era completamente inaceptable. La defensa de la colonia se estaba convirtiendo en una cuestión de honor y ante esa tesitura no había español que claudicara. «Guerra o deshonor», había sentenciado Sagasta.



    La guerra parecía inevitable, pero nadie podía imaginar que sería tan corta. La flota española fondeada en el puerto se encontró de pronto bloqueada por la escuadra americana, hasta el punto de no poder salir de la bahía sin una acción disuasoria de las baterías de costa. En el interior, las tropas realistas pudieron hacerse fuertes en el Caney y en Loma de San Juan, donde las refriegas se volvieron encarnizadas y la infantería americana empezó a acusar su falta de experiencia. En España nadie entendía la parálisis de la flota y el Congreso, que seguía enzarzado en cuestiones de honor y coraje, forzó la orden de salir a combatir. El almirante Cervera no quiso discutir y puso la proa del buque insignia, el Infanta María Teresa, rumbo a mar abierto. Allí esperaba la flota americana, acorazada, bien pertrechada, con toda la rapidez y precisión de tiro que la tecnología del momento permitía. Los barcos españoles salieron uno a uno. La boca de la bahía era demasiado estrecha para que salieran en bloque. Era un pasillo hacia la muerte. En cuatro horas la flota española fue masacrada. No hubo ayuda desde la costa, ni verdadero combate. Los barcos españoles habían aceptado el sacrificio por el honor de la patria. En la Paz de París, firmada el 10 de diciembre de 1898, España perdía Puerto Rico, Cuba y Filipinas. El Imperio ultramarino tocaba a su fin.





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EL HUNDIMIENTO DEL MAINE, UN CASO DE BANDERA FALSA.

Mensaje por Aingeru el Vie Jun 13 2014, 19:39

EL HUNDIMIENTO DEL MAINE, UN CASO DE BANDERA FALSA.

En medio de un fuerte clima de tensión entre EEUU y España, la armada estadounidense decidió en enero de 1898 enviar a Cuba el acorazado USS Maine como señal de su determinación en la defensa de sus intereses estratégicos en la isla. Un mes después de su atraque en la bahía de La Habana se produjo la explosión y hundimiento del buque, provocando la muerte de 266 marineros.

Su llegada no fue bien vista por las autoridades españolas. La guerra con Cuba se prolongaba ya tres años y en Madrid eran más que conocidos los intereses estadounidenses en controlar la isla. En 1898, las relaciones diplomáticas entre España y Estados Unidos atravesaban por su peor momento. Estados Unidos potencia en auge) disputaba a España (potencia en caída libre) las últimas colonias que esta poseía: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. De hecho, en EE UU la presión mediática liderada por la prensa más sensacionalista para que su Gobierno declarase la guerra a España era feroz. Recordemos que en España era presidente Práxedes Mateo Sagasta, y en Estados Unidos, William Mckinley.

Desde que el ‘Maine’ llegó al puerto, las medidas de seguridad de la tripulación fueron muy elevadas. De hecho, el capitán del buque, Charles D. Sigsbee, no permitió a los marines bajar a tierra, aunque sí a los oficiales. Cuando el 15 de febrero se produjo la explosión en la que murieron 266 soldados, el Gobierno estadounidense la achacó a una mina submarina y responsabilizó a España. Por su parte, las autoridades españolas negaron cualquier implicación y se mostraron dispuestas a colaborar con los estadounidenses para aclarar los hechos. Una oferta que fue rechazada. En la imagen, entrada del Maine en la Bahía de La Habana.



Los medios de la prensa estadounidense controlados por los grandes magnates Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst encendieron los ánimos belicistas del pueblo americano con titulares como ‘The War Ship Maine was Split in Two by an Enemy's Secret Infernal Machine’. “Pongan las fotos, que yo pongo la guerra”. La famosa frase del magnate de la comunicación William Hearst pone de manifiesto hasta qué punto Estados Unidos tenía interés en participar en el conflicto entre Cuba y España a finales del siglo XIX. La extraña explosión del acorazado ‘Maine’, que Washington esgrimió como ‘casus belli’ contra España, está plagada de sombras. Hearst, considerado el creador de la prensa amarilla y fundador de la Hearst Corporation, uno de los más poderosos grupos de comunicación del mundo en la actualidad. Para entender un poco más la forma de ser de este individuo, basta conocer su lema preferido: “I ake news” (Yo hago las noticias). En la imagen, portada del New York Journal de la época.




El Congreso de EEUU era igualmente favorable a la guerra con España, e intentaba arrastrar consigo al Presidente McKinley, que se mantenía reticente a la intervención militar. Hubo una primera investigación sobre las causas del hundimiento, que apuntaba al efecto de una mina, pero que no fue capaz de determinar con certeza la responsabilidad de España. Eso no impidió que, sólo dos semanas después de la publicación del informe, el Presidente McKinley acabara cediendo ante la presión del Congreso y la opinión pública, y declarase la guerra a España con los resultados conocidos, que no son si no el fin al dominio español en Cuba y Puerto Rico -además de Filipinas- mediante el Tratado de París firmado el 10 de diciembre de 1898. En la imagen siguiente, John Hay, Secretario de Estado estadounidense, firmando la ratificación del tratado en representación de Estados Unidos.



Hubo una segunda investigación oficial del siniestro en 1911 reproduciendo básicamente las tesis de la primera, lo cual no era extraño considerando que sólo habían transcurrido trece años desde la declaración de guerra al grito de ‘Remember the Maine!’ con una fuerte implicación emocional de la opinión pública. Finalmente, en 1976 se realizó una tercera investigación del incidente, esta vez contando con una amplia perspectiva temporal, y dirigida por el Almirante Hyman Rickover. El informe indicaba que el casco del Maine revelaba una explosión hacia afuera, y no hacia el interior del barco, como cabría esperar de la colocación de una mina. Con este informe, España quedaba definitivamente exonerada de la voladura del Maine, reconociéndose el grave error político y militar que supuso su inculpación. Pero el informe tampoco se apuntaba explícitamente a un autoatentado, como es natural, sino que desarrollaba la hipótesis de una explosión fortuita causada por la proximidad del almacén de pólvora al cuarto de calderas. En la imagen siguiente, hundimiento del Maine.



Como se verá más adelante, hay argumentos sólidos para entender la voladura del Maine como una Operación de Bandera Falsa, y así lo ha sospechado tradicionalmente un sector de la historiografía militar española. Pero siempre ha faltado una documentación interna de EEUU reconociendo el hecho. Esta carencia se ha suplido más recientemente con la desclasificación, en 1997, del principal documento preparativo de la llamada Operación Northwoods, mediante la cual el Estado Mayor de EEUU proponía intervenir militarmente en Cuba en 1962 con el fin de derrocar a Fidel Castro. El documento, clasificado top secret, establecía literalmente lo siguiente:
‘A series of well-coordinated incidents will be planned to take place in and around Guantanamo to give genuine appearance of being done by hostile Cuban forces’ (página
7, apartado 2). Y en este sentido, señalaba: ‘A “Remember the Maine” incident could be
arranged in several forms”, apuntando, en primera instancia: ‘We could blow up a US
ship in Guantanamo Bay and blame Cuba’ (p. 8, ap. 3).

La desclasificación de este documento, el cual no adjuntamos en el presente artículo ya que a parte de estar en inglés, contiene más de doce páginas, es de especial importancia para España ya que en él se reconoce inequívocamente la voladura del Maine como una Operación de Bandera Falsa, y lo reconoce el mismo órgano militar que debió aprobarla (siendo inconcebible que un directorio militar se autoincrimine falsamente de un autoatentado que tuvo, además, el poco glorioso resultado de acabar con la vida de 261 militares estadounidenses). En la imagen siguiente, tripulación del Uss Maine.




Es posible que ningún informe oficial de la administración española haya recogido y reconocido este documento desclasificado, a pesar de que con él se cierra la cuestión del origen de una guerra trascendental en la Historia contemporánea de España, ¿las razones?, como al igual que ocurre en tantas y tantas cosas importantes en la política, se tiende a ensuciar la historia con el simple silencio que es conclusión moral de la cobardía, o el interés creado de la alta política.

¿QUÉ ES BANDERA FALSA?

Para ser más precisos en la calificación técnica de las Operaciones de Bandera Falsa, conviene señalar que contienen dos componentes fundamentales: uno de operación psicológica, y otro de operación de propaganda. La operación psicológica (psy op) comprendería, en este caso, la ejecución del falso incidente, así como de los falsos funerales, siendo responsabilidad de las unidades especiales de guerra psicológica. La operación propagandística, por su parte, sería ejecutada por los medios de comunicación
de masas, encargados de difundir mecánicamente el relato facilitado por los responsables de la operación psicológica. El elemento característico de las Operaciones de Bandera Falsa es que contienen operaciones psicológicas originalmente concebidas para engañar al enemigo en tiempo de guerra, pero dirigidas a engañar al pueblo (y al mundo) en tiempo de paz (y generalmente para iniciar una guerra).

Existen además, varios indicios que nos sirven de prueba para identificar una operación de Bandera Falsa, que son los que se enumeran a continuación, en relación con el caso del hundimiento del Maine:

1.- Móvil

En el caso de la voladura del Maine parece obvio que el supuesto ataque de España perjudicaría enormemente sus intereses, ya que desencadenaría previsiblemente una guerra con un país en evidente posición de ventaja, tanto en términos geográficos, como demográficos, tecnológicos, industriales, y (en resumidas cuentas) militares. Por el contrario, para EEUU el hundimiento del Maine presentaba enormes beneficios si el evento se manipulaba convenientemente. Proporcionaba la justificación necesaria para justificar la guerra, tanto hacia adentro como hacia afuera, y acometer finalmente el control geopolítico de Cuba, que efectivamente se logró.

En este supuesto caso, hay, pues, dos indicadores de motivación que apuntan en la misma dirección. Cuando esto ocurre, se está muy cerca de cerrar el caso.
2.- Capacidad


Cualquier hipótesis que atribuya una acción a un actor determinado debe partir de la constatación elemental de que el actor tiene, efectivamente, la capacidad operativa para llevarla a cabo.

En el caso de la voladura del Maine podría pensarse que España tenía, en principio, la capacidad de hundir el barco mediante una mina, o algún tipo de torpedo. Pero si se observa el casco del barco, y se constata que la explosión se produjo de dentro a afuera, como hizo el Almirante Rickover, la capacidad de España habría quedado descartada, ya que es prácticamente imposible que agentes españoles hubiesen podido penetrar en el barco y plantar los explosivos. La cuestión en este caso es por qué la primera investigación oficial no constató este hecho. En cuanto a EEUU, no hay duda de su capacidad para hundir un barco propio.

3.- Oportunidad
Determinadas circunstancias que rodean a una operación pueden hacerla particularmente oportuna o inoportuna. Cuanto más oportunas sean para un actor las circunstancias que rodean a la operación, más verosímil será la hipótesis que le atribuye responsabilidad. Al contrario, lógicamente, cuanto más inoportunas las circunstancias, más inverosímil la hipótesis.
Existe asimismo el hecho de la oportunidad propiamente dicha, y es que En el caso del Maine hubo diversas circunstancias que habrían hecho particularmente inoportuna su voladura por parte de España en ese momento. El Almirante Rickover señala varias, destacando el hecho de que España tenía en ese momento el buque militar Vizcaya anclado en el Puerto de Nueva York. Cualquier ejército centralizado que se dispone a atacar a otro país tomaría la precaución básica de retirar sus activos de ese país y, en general, de evitar su vulnerabilidad ante las previsibles represalias. Del lado de EEUU no se conocen circunstancias que hubieran hecho el autoatentado del Maine particularmente inoportuno.

4.- Antecedentes

La verosimilitud de una imputación de responsabilidad por una acción determinada está también afectada, lógicamente, por la presencia o no de antecedentes del actor en cuestión. El criterio parece actuar de forma asimétrica, ya que la ausencia de antecedentes no debilita en gran medida la imputación (siempre es posible emprender caminos nuevos), en tanto que su presencia sí la refuerza considerablemente (‘el que hace uno hace ciento’, dice el refrán popular).


En el caso del Maine puede decirse que España sí tenía antecedentes históricos en la iniciación de conflictos bélicos, por lo que no habría habido motivo para descartar, de acuerdo a este criterio, que estuviera haciéndolo también con la voladura del buque estadounidense. En cuanto a EEUU, no se conocían en ese momento antecedentes de Operaciones de Bandera Falsa—al menos no a nivel estatal—por lo que la sospecha habría carecido de base histórica en su momento.


5.- Pruebas materiales

Toda acción humana mínimamente compleja deja rastros físicos que pueden ser decisivos en la determinación de su autoría. Pero la investigación creíble de esos rastros requiere la voluntad política de conocer la verdad (idealmente, por medio de una comisión de investigación neutra con presencia de las partes interesadas), algo que no siempre se da.
En el caso del Maine se ordenó una primera investigación en tiempo real, pero se trataba
de un equipo exclusivamente estadounidense, y su trabajo sirvió para justificar la guerra.

Si en la investigación hubieran participado expertos españoles, o de terceros países, tal vez habrían advertido públicamente de la deformación hacia afuera del casco del barco, como hizo posteriormente el Almirante Rickover. Con ello se habría exonerado a España de toda responsabilidad, y la Guerra de Cuba habría sido privada de justificación moral y política. Ahora bien, si lo que se pretendía era precisamente fabricar un casus belli, el carácter cerrado del equipo de investigación respondería a una lógica evidente.

Así pues, el criterio de las pruebas materiales ofrece una doble vía para obtener indicios de autoría. Si se consigue constituir un equipo de investigación creíble, se estará a los resultados materiales ofrecidos por esa investigación; si no se consigue, habrá que observar la mayor o menor disponibilidad de las partes a constituirla. La reticencia a realizar una investigación creíble es un claro indicio de responsabilidad; la disposición a
realizarla, un indicio de inocencia.



6.- Coherencia

El relato con que un gobierno explica su posición es, naturalmente, más creíble si resulta coherente con las acciones y posiciones adoptadas por el mismo gobierno ante otras cuestiones, y menos creíbles si contradice a esas acciones y posiciones.

No se advierte que en el caso del Maine EEUU estuviera incurriendo en ninguna incoherencia manifiesta al acusar a España de su voladura, ni al responder militarmente a ese supuesto ataque. Tampoco España estaría incurriendo en ninguna incoherencia patente por medio de esa acción (al margen de lo relativo al móvil de la acción, ya analizado). Es cierto que contradiría las proclamas oficiales de carácter genérico sobre España como país amante de la paz, pero estas proclamas son habituales en todos los países, con independencia de su actuación más o menos agresiva. No parece, por tanto, que el criterio de la coherencia sea excesivamente esclarecedor a este respecto.


7.- Explotación del Evento

Cuando un crimen se produce, las reacciones exculpatorias de los actores pierden credibilidad cuando denotan la intención de sacar provecho del crimen, así como la inmediatez de la acción destinada a lograrlo, ya que sugiere la existencia de un plan preconcebido para explotar el evento y, por tanto, la responsabilidad en la generación del propio evento. Por el contrario, las muestras de perplejidad, las reacciones improvisadas, y la tardanza en formular una línea coherente de actuación, son indicadores de desconocimiento del crimen y, por tanto, de inocencia.

Esta última descripción serviría para retratar la reacción que tuvo el gobierno de España
al producirse la voladura del Maine, en tanto que la primera describe a la perfección la respuesta de las fuerzas belicistas estadounidenses. Los principales medios de comunicación reaccionaron, inmediatamente y al unísono, propagando el relato oficial que transformaba (infundadamente) el hundimiento del Maine en una agresión española,
y llamando a la necesaria acción de venganza. El aparente éxito de esta operación de manipulación mediática, combinada con la acción concurrente de las fuerzas belicistas del Congreso, consiguió llevar al país a la declaración de guerra.

Hay otro elemento indicativo de la voluntad de explotar políticamente un evento trágico, que es el de los tintes del relato que se transmite a la opinión pública, y que tiene como rasgo predominante la satanización del supuesto enemigo. La propaganda mediática estadounidense que provocó la Guerra de Cuba buscaba la satanización de España no sólo mediante la exageración de su supuesta maldad, empleando adjetivos como ‘cruel and cowardly’, sino también mediante la exageración de su poder, atribuyéndole la capacidad tecnológica de inventar ‘a secret infernal machine’. En el caso de Ghouta, los tintes sentimentales estaban ya implícitos en la acusación de usar las inhumanas armas químicas, pero se cargaron aún más mediante los vídeos oficiales que mostraban contingentes enteros de mujeres y niños asesinados. El objetivo psicológico de este lenguaje es sumar al componente cognitivo del relato oficial un componente emocional, de manera que no sólo se transmita a la opinión pública la información deseada, sino que también se la movilice para el fin deseado.

El criterio de la explotación del evento aporta, en resumen, un fuerte indicio de responsabilidad de la parte de EEUU.

No todos los observadores coincidirán, como es natural, en la consideración de estos criterios, y el propósito de este ejercicio no es dictar sentencia sobre los casos analizados. El objetivo es proponer un método general aplicable para identificar, en el menor tiempo posible, eventos que pudieran constituir Operaciones de Bandera Falsa. Las diferencias personales de percepción pueden ser, de hecho, de gran utilidad para dilucidar la cuestión en un trabajo de equipo, mediante un ejercicio sistemático de contraste de percepciones.

CONCLUSIÓN

Las Operaciones de Bandera Falsa han dejado de ser un obstáculo y que debe ser silenciado por su hiriente obviedad. Son, de hecho, cada vez más reconocidas como una realidad incontrovertible y de uso común en las relaciones internacionales, atribuyéndoseles a menudo un papel decisivo en el desencadenamiento de grandes acontecimientos políticos. Si se carece de un concepto suficientemente fundado y definido de Operación de Bandera Falsa, se carece de una herramienta cognitiva esencial para comprender el curso de los acontecimientos. El objetivo de este Informe ha sido precisamente el de fundamentar y definir suficientemente el término de Operación de Bandera Falsa a fin de darle carta de naturaleza, de manera que pueda convertirse en un concepto de curso legal en el lenguaje analítico interno de la diplomacia española.

No hay ninguna forma inteligente de posicionarse genéricamente en favor o en contra de las hipótesis de Operaciones de Bandera Falsa, por lo que sólo cabe analizarlas una a una, y de la manera más objetiva posible. También se observa en los medios y en la sociedad la presencia de presiones cognitivas tendentes a ‘marcar’ socialmente a los participantes en el debate como ‘oficialistas’ o ‘conspirativos’, según el caso. El objetivo evidente de estas presiones es quebrar del debate racional, por lo que no pueden tener cabida en una administración pública guiada por el principio de racionalidad. La solución obvia consistiría en aplicar un método de análisis que se parezca al máximo al método científico, entendido como un debate libre de ideas, pero limitado a la aportación de argumentos lógicos y empíricos.

Otro de los objetivos de este artículo ha sido proponer una metodología específica para la identificación de Operaciones de Bandera Falsa, en el cual puede desarrollarse el necesario debate racional relativo a cada caso. Con ella se pretende ofrecer un instrumento analítico que pudiera asistir a la diplomacia española en la complicada navegación del Estado por la esfera política de los intereses creados en la propia política internacional contemporánea, y no demasiado contemporánea si analizamos otros casos parecidos del pasado.

Porque no es cierto, lamentablemente, que las mentiras tengan ‘las patas cortas’, como habitualmente suele decirse, al menos no en las relaciones internacionales. Sólo es verdad en el sentido limitado de que las mentiras dejan trazas por todas partes, y pueden detectarse fácilmente si se tiene la determinación de hacerlo. Pero esta determinación no
siempre existe, y las grandes potencias siempre tienen medios para sepultar u orillar la verdad. Eso hace que las mentiras puedan tener un recorrido sorprendentemente largo en la ‘escena’ mundial, lo que exige estar debidamente prevenido y preparado. Véase, como ejemplo, el falso Tratado de Verona de 1822, ¿podría ser este último, considerado uno de los primeros casos de Bandera Falsa de la Historia, debidamente justificado?, al lector corresponde enjuiciar el resultado.



El USS Maine, fue un acorazado de los denominados segunda clase, perteneciente a los Estados Unidos, el segundo en entrar en servicio activo y el primero en llevar el nombre del estado de Maine. Digamos que, en cuanto a sus características técnicas, se ha considerado al Maine como un buque arcaico debido a varios factores entre los que se encuentra el largo periodo, que hizo que el buque careciera de factores tecnológicos y estratégicos, así como de construcción, pero aún así, fue visto como un avance en la construcción de buques de guerra estadounidenses.


Pese a todo España realizó su propia investigación en la que concluyó que la causa de la explosión no pudo ser una mina ya que no se registró ninguna columna de agua ni tampoco aparecieron peces muertos. Además, la llegada del ‘Maine’ no era esperada en la isla, por lo que la posibilidad de colocar una mina se desvanece. Y más cuando los barcos de la armada española ‘Alfonso XII’ y ‘Legazpi’, que estaban junto al navío estadounidense, también resultaron dañados. La propia comisión estadounidense encargada de la investigación que estableció una causa externa, reconoció que los autores no se habían podido determinar.
Sin embargo, la versión oficial no convencía y se produjeron más análisis. Todas las investigaciones modernas apuntan a que la explosión tuvo un origen interno y no externo. En concreto se inclinan mayoritariamente por la deflagración accidental de las carboneras, que estaban al lado de la sala de municiones, tal y como explicó el almirante estadounidense Hyman G. Rickover en un estudio realizado en 1976. Y es que este tipo de accidentes fueron bastantes habituales en otros barcos de la misma ‘familia’ que el ‘Maine’. Así habían sufrido accidentes de combustión espontánea del carbón el ‘Olympia’, el ‘Wilmington’, el ‘Broolkyn’ o el ‘Oregon’, pero claro, el hablar de la deflagración accidental de las carboneras, no es más que un indicio que para nada, cubre la versión de una conspiración interna ya que en un suceso tan opaco como el del ‘Maine’ no puede faltar la teoría de la conspiración. Y esta dice que la explosión no fue accidental, sino provocada por los propios estadounidenses para tener un pretexto con el que involucrarse en la guerra. Para ello se basan en la explosión se produjo en una zona cercana a la tripulación y no de los oficiales. Como consecuencia solo fallecieron dos de los 19 mandos del buque, mientras que pereció el 70% de los soldados. Tampoco ayuda a resolver el asunto que el Gobierno de Estados Unidos reflotase el barco en 1911 para rescatar los cuerpos y lo volviese a hundir sin permitir que una comisión internacional lo inspeccionase. El ‘Maine’ guarda su secreto a 1.100 metros de profundidad.


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Re: Estados Unidos declara la guerra a España

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Vie Jun 13 2014, 20:18

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Re: Estados Unidos declara la guerra a España

Mensaje por Aingeru el Sáb Jun 14 2014, 13:11

Pido perdón por haber repetido el tema...no me había dado cuenta. De todas maneras, lo que pretendía era denunciar el tema de Bandera Falsa, y el hecho de que habiendo un documento desclasificado que corrobora el acto injuzgable de los norteamericanos, el Estado español haga como hacen, Mizaru, Kikazaru, Iwazaru, o lo que es lo mismo, ver, oir y callar. Como han hecho siempre.

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