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Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

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Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por BRUC el Miér Jun 03 2015, 16:42



Marzo, día 22 de 1943. En plena Segunda Guerra Mundial, una unidad de las temibles SS nazis (las tropas más ideologizadas de Adolf Hitler) llega al pequeño pueblo bielorruso de Khatyn. Su sed de venganza es insaciable, pues acaban de perder a uno de sus oficiales por el ataque de un grupo de soldados enemigos. Sin mediar palabra sacan a un pueblo entero de sus casas. Mujeres con bebés en sus brazos, niños, enfermos y hombres de todas las edades. Cegados por la ira, obligan a una buena parte de ellos a meterse en un cobertizo, que cierran a cal y canto y al que posteriormente prenden fuego. Es su cruel forma de reparar el agravio que acaban de sufrir y llevar, de paso, a 149 inocentes a la tumba.

Este cruel episodio de la Historia, que bien parece sacado de una película de ciencia ficción, sucedió realmente y vuelve a estar en boca de muchos afectados por la contienda. No es para menos pues, como bien han señalado varios diarios internacionales, la semana pasada dejó este mundo Vladimir Katriusk, un aparentemente inofensivo apicultor de 93 años que, en otra época, ayudó –presuntamente- a perpetrar la masacre de Khatyn. Conocido por ser el segundo criminal de guerra nazi más buscado por el centro Judío Simon Wiesenthal, su muerte ha indignado al mundo. No por el fallecimiento en sí, sino porque se había solicitado que se reabriera su caso para que fuese juzgado y condenado por sus crímenes.

La masacre que acabó con un pueblo
Tragedia y dolor. Ese es la aureola que, según el Memorial creado por el Ministerio de Cultura de Bielorrusia, cubre la ciudad de Khatyn. Pero… ¿qué hecho marcó a fuego esta región? Para entenderlo es necesario retroceder en el tiempo hasta marzo de 1943, en plena «Operación Barbarroja» (el plan de Hitler para invadir la Unión Soviética a gran escala y lograr arrebatar a Stalin los pozos de petróleo del Caúcaso.

En esas andaban los alemanes cuando, el 21 de ese mismo mes, una de sus unidades motorizadas de las SS fue atacada en una autopista cercana (aproximadamente a 6 kilómetros) del pueblo de Khatyn. Aquel fue un día trágico para los nazis, pues, en palabras del susodicho organismo gubernamental, perdieron a uno de sus oficiales más queridos.

Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños
MSC KHATYN
Soldados alemanes en Bielorrusia
La semilla del odio (un odio que ya se había materializado mediante múltiples matanzas de inocentes soviéticos a lo largo y ancho de la región) germinó entonces en estos combatientes. Decididos, marcharon hacia el pequeño pueblo de Khatyn ávidos de venganza. Sabían que los ciudadanos no eran culpables de lo sucedido, pero no les importó. En plena mañana, rodeador todas las casas de la zona y, una por una, fueron sacando a punta de fusil a los habitantes a la calle. Hombres, mujeres, enfermos, niños y bebés. No hubo piedad para nadie. Desde la familia Baranovski y sus nueve hijos, hasta los Yaskevich, cuya madre salió en brazos con su hijo de apenas un año.

Otros tuvieron menos suerte. Fue el caso de la joven Lena Yaskevich que, tras intentar huir, fue acribillada violentamente frente a los ojos asustados de sus padres. Tras este acto de violencia nadie se negó a hacer lo que los uniformados decían, por lo que varias decenas de habitantes (poco más de 150, según el Ministerio de Cultura de Bielorrusia) fueron obligados a entrar en un cobertizo. Todos se temían lo peor y, efectivamente, no fallaron en su juicio. Instantes después, los alemanes atrancaron la puerta, cubrieron el edificio de paja, derramaron gasolina y, sin dudarlo, prendieron fuego al lugar. «Mientras el cobertizo ardía se podía oír a los bebés llorando», determina la página Web dedicada la memoria de este suceso.



Pero lo peor estaba por llegar. Y es que, ante la fuerza y la desesperación de la gente, la casa terminó cediendo y los presos consiguieron escapar. Envuelto en llamas, eso sí. En ese momento los nazis, impertérritos, prepararon sus armas y asesinaron a la gran mayoría. Había 75 menores de edad entre ellos. Acto seguido, y tras acabar con todo aquel que se topó en su camino, redujeron el pueblo a cenizas en el sentido más literal de la frase. Por suerte, algunos pequeños sobrevivieron para poder contar esta tragedia que, en los años posteriores, sobrecogió al mundo entero.

Concretamente, solo lograron escapar de aquella matanza en el cobertizo dos niños. Fueron Viktor Zhelobkovich (de 7 años) y Anton Baranovski (de 12). Ambos habían entrado en el edificio, pero lograron salir cogidos de la mano de su madre. Sin embargo, su progenitora terminó falleciendo por un disparo alemán. En su último acto de bondad, esta cayó sobre el cuerpo de su pequeño, protegiéndole de aquellos asesinos. En menor, por su parte, tuvo que esperar durante horas con el cadáver de su madre encima hasta que los germanos abandonaron la posición.

De nazi, a amable apicultor
A pesar de que nunca se conoció la identidad de todos los alemanes presentes en aquel horrible suceso, siempre hubo un nombre que sobresalió por encima del resto: Vladimir Katriuk, un ucraniano que se encontraba el segundo en la lista de los criminales de guerra nazis más buscados y que falleció la semana pasada a los 93 años de edad. Su historia siempre trajo controversia, pues en su momento formó parte –presuntamente- del grupo de las Waffen SS que arribó y destruyó este pueblo. A su vez, se mantuvo a las órdenes del Reich hasta el final de la guerra y, en 1951, emigró a Canadá falsificando su documentación y su pasado para obtener la nacionalidad.

Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños
MSC KHATYN
Uno de los niños muertos en la masacre
Los años fueron pasando para él y, curiosamente, este ucraniano se ganó la confianza del pueblo de Ormstown (al sur de Montreal), donde pasó sus últimos años. Así, hasta que, hace unas pocas semanas, el Centro Consultivo de Relaciones Judías e Israelíes solicitó al gobierno de Canadá que reabriese su caso. Pretendían demostrar que había asesinado a decenas de personas en Khatyn, algo que no se había logrado en 1999, cuando –en un juicio- no se encontraron pruebas contra él. Sin embargo, finalmente el anciano ha fallecido sin explicarse de nuevo ante un tribunal.

http://www.abc.es/cultura/20150603/abci-masacre-nazi-khatyn-quemados-201506031037.html

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Re: Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por BRUC el Miér Jun 03 2015, 16:44

Atendiendo a la rigurosidad del copy paste inserto la foto con la que ABC ilustra la noticia, pero es necesario destacar que los soldados de la foto superior son de la Werhmacht y no de las SS que fueron los tristes protagonistas de la noticia.

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Re: Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por SERGIO ESPAÑOL DE BCN el Sáb Jun 06 2015, 01:38

@Bruc escribió:
Atendiendo a la rigurosidad del copy paste inserto la foto con la que ABC ilustra la noticia, pero es necesario destacar que los soldados de la foto superior son de la Werhmacht y no de las SS que fueron los tristes protagonistas de la noticia.
Katyn fue un gulag soviético, no un campo de exterminio nazi. Evil or Very Mad

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Re: Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por Juanma_Breda el Sáb Jun 06 2015, 04:49

No me creo esa historia. De hecho dudo que hiciese eso los nazis.

Seguro que o es un invento o fueron los rusos o partisanos contra "colaboracionistas"....

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Re: Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Sáb Jun 06 2015, 06:20

a mi sinceramente me suena bastante holliwodiense esta historieta

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Re: Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por BRUC el Sáb Jun 06 2015, 07:28

@SERGIO ESPAÑOL DE BCN escribió:
@Bruc escribió:
Atendiendo a la rigurosidad del copy paste inserto la foto con la que ABC ilustra la noticia, pero es necesario destacar que los soldados de la foto superior son de la Werhmacht y no de las SS que fueron los tristes protagonistas de la noticia.
 Katyn fue un gulag soviético, no un campo de exterminio nazi. Evil or Very Mad
¿Donde pone que Khatyn sea un campo de exterminio nazi?

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Re: Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por SERGIO ESPAÑOL DE BCN el Dom Jun 07 2015, 01:34

@Bruc escribió:
@SERGIO ESPAÑOL DE BCN escribió:
@Bruc escribió:
Atendiendo a la rigurosidad del copy paste inserto la foto con la que ABC ilustra la noticia, pero es necesario destacar que los soldados de la foto superior son de la Werhmacht y no de las SS que fueron los tristes protagonistas de la noticia.
 Katyn fue un gulag soviético, no un campo de exterminio nazi. Evil or Very Mad
¿Donde pone que Khatyn sea un campo de exterminio nazi?
Me he explicado mal, no me refiero a un campo de exterminio exactamente, sino la masacre que relatas, la cometieron los bolcheviques y no los nazis. De hecho, iba a poner un post y no pude. A ver si hoy puedo.

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Re: Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por SERGIO ESPAÑOL DE BCN el Dom Jun 07 2015, 01:44

LOS ASESINOS BOLCHEVIQUES ( STALIN ) LA MATANZA DE KATYN . ( NO OLVIDEMOS LA HISTORIA , PARA QUE NO SE REPITA ) Masacre de oficiales y civiles polacos ordenada por Stalin: La terrible matanza de Katyn.

( NO OLVIDEMOS LA HISTORIA , PARA QUE NO SE REPITA )                                                                           En octubre de 2013, varios medios de comunicación han publicado la noticia que
el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) no ha querido expresarse sobre la masacre de Katyn de 1940, cuando el Ejército Rojo de Stalin mató a más de veinte mil oficiales del ejército polaco, al declararse incompetente.

La corte, a la que se habían dirigido los familiares de las víctimas, ha declarado que puesto que el hecho se realizó fuera de su propia competencia, no ha podido expresarse sobre el exterminio al no poder valorar las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades rusas.

Por esta razón, tanto la solicitud de una compensación para los familiares de doce de los oficiales polacos asesinados, como la petición de requerir una condena por parte de Rusia sobre los hechos ha resultado inútil

Falta de colaboración rusa
Formalmente, el TEDH ha explicado que si por un lado deploraba la falta de colaboración de Moscú, por el otro no podía hacer manifestación alguna sobre una investigación dirigida por las autoridades rusas sobre la masacre, al haber sucedido ésta diez años antes de que la Convención Europea de los Derechos Humanos entrase en vigor.

Aunque no hay ninguna duda de que hubo una masacre, sin embargo los familiares no pueden ser considerados víctimas de un trato inhumano por parte de las autoridades rusas, como lo son aquellos que no saben nada de lo sucedido a un familiar suyo desaparecido.

70 años sin reconocerlo
No fue hasta 2010 cuando la Duma rusa reconoció el homicidio de Katyn como un crimen del régimen de Stalin.

Durante mucho tiempo la masacre fue atribuida a los nazis.

En 1990 los rusos reconocieron la responsabilidad de la Armada Roja; en 2010 Vladimir Putin participó en la conmemoración del 70 aniversario de la masacre.

El 15 de julio de 2012, el Patriarca ortodoxo de Moscú y de toda Rusia, Kirill, visitó el lugar del crimen

La película de Wadja
Sobre Katyn, el director Andrzej Wajda rodó una maravillosa película. En una entrevista exclusiva a Tempi, el director había declarado: «Hasta 1989 hubiera sido imposible realizar una película sobre Katyn, porque según la versión oficial impuesta por los soviéticos, la masacre de veintidós mil oficiales del ejército polaco, realizada en 1940 en los bosques de Katyn, había sido obra de los alemanes. En realidad, en Polonia todos sabían que los culpables eran los rusos, y nadie estaba dispuesto a rodar una película llena de mentiras; de este modo, Katyn seguía siendo una herida abierta en nuestra historia».
Pacto Ribbentrop-Molotov
El 23 de agosto de 1939 se firmó un tratado de no agresión entre Alemania y la URSS que se conoció con el nombre de Pacto o Acuerdo Ribbentrop-Molotov, y que contenía un protocolo secreto adicional, firmado en Moscú por el ministro de Asuntos Exteriores del III Reich, Joachim von Ribbentrop, y el comisario soviético de Asuntos Exteriores, Viacheslav Molotov. Además de establecer una mutua garantía de no agresión, las dos naciones se comprometían a consultarse sobre asuntos de interés común y a abstenerse de unirse a cualquier alianza entre potencias que fuera hostil a alguna de ellas. El protocolo secreto dividía la Europa del Este y Central en esferas de influencia rusa y alemana, permitiendo al dirigente soviético Iósiv Stalin mantener una política de ‘manos libres’ en Finlandia, los Países Bálticos y Besarabia.

Desde comienzos de 1939, cuando empezó a delinearse el acercamiento entre Stalin y Hitler, la situación internacional se ponía cada vez más tensa.

La Alemania de Hitler, después de ocupar la región del Sarre, Austria y Checoslovaquia, casi sin obstáculos, se dirigía hacia Polonia. La economía germana iba por delante de la francesa y la inglesa y, al igual que antes de la Primera Guerra Mundial, se convirtió en el enemigo número uno para Londres y París.

La mejor salida a la situación para los políticos de Occidente era el enfrentamiento militar entre Alemania y la URSS. Sin embargo, sus errores políticos provocaron lo contrario: una alianza provisional entre Hitler y Stalin. El dirigente alemán necesitaba, por su parte, neutralizar a la URSS en su inminente conflicto con Polonia; en tanto que Stalin deseaba extender sus fronteras hacia el Oeste por razones de seguridad y evitar cualquier implicación en una guerra para la que Rusia no estaba preparada.
La guerra contra Polonia duró menos de un mes: del 1 al 28 de septiembre de 1939. Los ejércitos alemanes habían ocupado la mayor parte de Polonia Occidental y Central. En el día 17 del mismo mes, las tropas soviéticas invadieron Polonia desde el Este, por lo que las dos potencias invasoras se dividieron el país.

Polonia, al igual que Austria y Checoslovaquia, desapareció. Fue el cuarto reparto histórico de Polonia, solo que esta vez Austria no participó, por que ya estaba incluida en el III Reich.

Los polacos de las zonas ocupadas por los alemanes sufrieron duras represalias, mientras que en el territorio ocupado por los soviéticos, muchos miles de polacos fueron deportados a Siberia y otros muchos fueron eliminados, como en el tremendo y dramático episodio de las matanzas de Katyn.

Ya iniciada la II Guerra Mundial y con Francia a los pies de Alemania, el 12 de septiembre de 1940, Hitler y Molotov se encontraron en Berlín, donde el jerarca soviético no ocultó su preocupación por los triunfos militares de Alemania y su enorme poderío militar. Las relaciones entre Alemania y la URSS se volvieron tirantes. El 18 de diciembre de 1940, Hitler aprueba los planes de la “Operación Barbarroja” para la invasión de la Unión Soviética.

El pacto firmado para diez años duró muy poco. En junio de 1941, Hitler, desembarazado del frente occidental por el hundimiento de Francia y sin ver la posibilidad de éxito en la “Operación Otari”, que era como se llamaba en secreto la invasión de Inglaterra, atacaba a Rusia el 22 de junio de 1941 sin previa declaración de guerra.

Operación Barbarroja.
Cuando la Operación Barbarroja comienza en junio de 1941, Stalin se encontró en la paradójica situación de tener como aliados a los polacos, que habían sido sus enemigos poco tiempo atrás, al tener ambos países un común enemigo, la Alemania de Hitler. Así las cosas, el Gobierno polaco en el exilio en Londres, pidió a los rusos la puesta en libertad de los prisioneros polacos capturados tras la agresión soviética a Polonia, con el objeto de crear un ejército para combatir a los alemanes. Una comisión, dirigida por Joseph Czapski (1), viajó a Rusia para reclutar soldados entre los ya ex-prisioneros para prepararlos e integrarlos en las diferentes unidades a crear. Dicha comisión descubrió que no se conocía el paradero de varios miles de prisioneros, internados en los campos de Kozelsk, Starobielks y Ostashkov y que luego habían sido trasladados hacia un destino desconocido, sin que nadie, ni sus familiares, recibieran más noticias de dichos prisioneros. Cuando el teniente coronel Z. Berling, del Estado Mayor General polaco habló con el segundo jefe de la policía secreta soviética, Merkulov, al referirse a que con los internados en los campos de Kozelsk y Starobielsk se podrían formar los cuadros del nuevo Ejército polaco, Merkulov, de forma harto impulsiva replicó: “¡No, esos no! Hemos cometido un grave error con ellos.”

Sobre la base del informe redactado al respecto por Czapski, el profesor Jan Kot, embajador polaco en Moscú, pidió una entrevista con el ministro de exteriores ruso, Andrei Vichinsky, el 6 de octubre de 1941, para tratar de las desapariciones, y con el objeto de que le ayudara en la búsqueda de los soldados desaparecidos. Vichinsky aludió a la situación caótica existente en Rusia para intentar desentenderse del asunto, añadiendo que los prisioneros liberados estarían perdidos por algún lugar desconocido. Jan Kot le indicó que si alguno de los prisioneros indicados estuviera libre se habría puesto en contacto con las autoridades polacas. Al no haberlo hecho, consideraba que era imposible imaginarse que los aludidos no estuvieran en Rusia. Vichinsky, no sabiendo que decir, despidió a Kot, pero este, no dándose por vencido, pidió otra entrevista. Pero esta vez fue más arriba, esta vez pidió hablar con Stalin.

En el encuentro de Kot con Stalin, celebrado el 14 de noviembre de 1941, expuso que a comienzos de 1940 habían sido trasladados 40.000 oficiales polacos de los campos de concentración de Starobielsk y Kozelsk a otros centros desconocidos y que se ignoraba el paradero de esos hombres. Asimismo, le recordó que había concedido la amnistía a soldados polacos pidiendo al Gobierno ruso colaboración para localizar a todos los que aún no habían aparecido. Stalin se extrañó por la petición y dijo que ordenaría una investigación. Kot, hizo referencia a la urgencia de dar curso a la petición para organizar el Ejército polaco, a lo que Stalin replicó preguntando al embajador si tenían listas de los prisioneros, contestando Kot que sí y que las tenían de un modo detallado y por orden alfabético.

Estuvieron un rato hablando de otros temas hasta que llamó de nuevo el jefe policial a Stalin. Éste, una vez escuchó las explicaciones del policía, continuó con la conversación que tenían, sin mencionar a los prisioneros. Desde aquel momento el Gobierno polaco envió hasta 49 notas diplomáticas al Gobierno ruso relacionadas con el tema, sin obtener contestación alguna.

El Gobierno polaco en Londres hizo uso de sus contactos en los campos de prisioneros, para intentar descubrir si algunos de estos prisioneros polacos habían sido vueltos a capturar por los alemanes. Los resultados fueron negativos. Hasta que las fosas de Katyn fueron descubiertas el 13 de abril de 1943.

El general de división Kaczkowski y el capitán Eugene Lubomirski, directores del departamento que examinó las cartas de los familiares de los desaparecidos a sus familiares, testificaron que las últimas cartas y noticias de los oficiales desaparecidos llegaron en abril y mayo de 1940. Asimismo comentaron que todas las cartas enviadas por los familiares a los oficiales desaparecidos con posterioridad a mayo de 1940, fueron devueltas por las autoridades soviéticas con la inscripción de que se desconocía el paradero de esos oficiales.

Desaparecidos en 1941
En diciembre de 1942 el jefe del Gobierno polaco en el exilio, general Wladislaw Sikorsky decidió, de acuerdo con el presidente de la República polaca Raczkievick, discutir el problema personalmente con Stalin y se fue a Moscú acompañado del general Ladislaw Anders, nuevo comandante del Ejército polaco. Stalin estuvo evasivo añadiendo que en territorio ruso no había ni un solo polaco prisionero y además que quizás habían huido a algún lugar, después de concedida la amnistía. Anders preguntó que adonde podían haber ido y Stalin contestó que probablemente a Manchuria.

Entonces llegó el golpe demoledor: el martes 13 de abril de 1943, cuando Radio Berlín, tras las noticias de lo que ocurría en los diferentes frentes, informó que en Smolensk, la población local había indicado a las autoridades alemanas de la zona, el lugar donde la NKVD había cometido asesinatos en masa de 10.000 oficiales polacos y que en Kosogory y, más concretamente en el bosque de Katyn, cerca de Gniezdowo a 18 km. de Smolensk, en la carretera Smolensk-Vitebsk, habían encontrado una fosa de 28 metros de larga por 16 de ancha, llena con doce capas de cadáveres de oficiales polacos con un total de 4.143 cuerpos, todos ellos con el uniforme militar y las manos atadas, y presentando heridas de bala en la nuca, causadas por pistola. La identificación no presentaba grandes dificultades ya que estaban enterrados con su documentación. El Ministerio de propaganda de Goebbels indicó como autor del crimen en masa, al NKVD, quien habría actuado por órdenes directas de Stalin.

En 1942, unas brigadas de la Organización Todt (OT) (grupo de construcción y de ingeniería alemana) que trabajaban en la zona de Katyn, tuvieron noticia por un campesino de la zona, que entre las estaciones de Katyn y Gniezdowo se encontraban unas tumbas. Las brigadas excavaron en el lugar señalado y encontraron restos humanos, pero volvieron a cubrir los restos y colocaron en el lugar una cruz con ramas de abedul. Luego de la limpieza del bosque y cuando las fuerzas de ocupación tenían totalmente asegurada la zona, no había razones para revisarla nuevamente. Probablemente, nunca se hubieran hallado las fosas que ocultaban el crimen en masa, de no ser por un hecho fortuito que rebelaría uno de los crímenes de guerra más espantosos del siglo XX. A comienzos del año 1942, una jauría de lobos, que azotaba la zona, era rastreada por un oficial subalterno del Regimiento de Transmisiones 537, estacionado en el Bosque de Katyn en Rusia. En su búsqueda, se tropezó con lo que parecía una parte escarbada del terreno, al lado de una cruz hecha con ramas de árbol. En los alrededores había huesos. Comunicó el hallazgo a sus superiores, quienes enviaron una patrulla que incluía al médico de la unidad. El doctor confirmó que se trataba de huesos humanos. Para identificar los restos, se hicieron investigaciones con personal médico del Grupo de Ejército Centro, quienes realizaron excavaciones en los alrededores de lo que parecía una fosa común y confirmaban que se trataba de osamentas humanas. Se encontraron más huesos, correspondientes a varios cadáveres, lo que obligó a extender la búsqueda. Lo que hallaron fue espeluznante. Se trataba de enormes fosas con miles de cadáveres apilados, todos con uniformes polacos. Al lugar fueron enviados médicos forenses alemanes y polacos, grupo al que más tarde se unieron prestigiosos profesionales de varios países, para formar un equipo de investigación dirigido por la Cruz Roja Polaca. Su misión era elevar un informe completo sobre lo sucedido en la zona. Después de desenterrar todos los cadáveres y hacerles la autopsia, se contabilizó un total de 4.143 oficiales y profesionales polacos, y se determinó que eran los cadáveres de prisioneros procedentes de campos de concentración soviéticos, cuya población, a partir de un traslado, habían sido declarados desaparecidos. Las autoridades polacas, que participaron en las investigaciones, confirmaron que había suficientes evidencias que determinaban que los soviéticos fueron quienes cometieron el asesinato de todos los militares y civiles.

El general Wladislaw Sikorski, jefe del Gobierno polaco en el exilio
Tras la derrota de Polonia y la partición de su territorio entre Alemania y la URSS, el general Wladislaw Sikorski, antiguo primer ministro, logró escapar a Inglaterra, junto a su esposa Elena y de su hija Sofía, convirtiéndose en el jefe del Gobierno polaco en el exilio.

Gran Bretaña se vio obligada a jugar un difícil papel diplomático entre polacos y soviéticos, tras la invasión germana de Rusia en 1941. Lo rusos mantenían sus aspiraciones sobre el suelo polaco, una vez que concluyera la guerra, y por otra parte, eran muy remisos a la liberación de los prisioneros polacos capturados en 1939. Ante esta situación, Sikorski defendía valientemente, en la medida de sus posibilidades, los derechos de la sufrida Polonia, enfrentándose a un Gabinete británico demasiado transigente en esta cuestión.

Los polacos exilados en la capital británica recibieron la ratificación del hallazgo de las fosas de Katyn y de las atroces cifras. Sikorski se reunió con Winston Churchill y le manifestó que las evidencias encontradas indicaban, irrefutablemente, a los aliados soviéticos como los culpables del crimen en masa. Churchill hizo lo posible por evitar una confrontación entre los aliados, manifestándole –cínicamente– al Primer Ministro, que mejor era olvidar el asunto, en vista que nada le devolvería la vida a los oficiales asesinados. El 19 de abril de 1943, el Ministro de Asuntos Exteriores británico, Anthony Eden, culpó a los alemanes, asegurando que habían hecho todo un montaje para enemistar a los aliados. No logró engañar a nadie; las pruebas eran demasiado indudables. Los polacos pidieron una investigación por un equipo internacional, mientras el Kremlin acusaba a los servicios de propaganda alemanes. El gobierno soviético acusó de mentirosos a los polacos exiliados en Londres y ratificaba sus imputaciones contra los alemanes. Churchill se dedicó a apaciguar a sus aliados, pero no lo logró, ante la cantidad de evidencias presentadas por los propios polacos.

Dentro de las certezas encontradas, se hallaron los uniformes de los oficiales polacos con sus insignias e identificaciones, condecoraciones, objetos personales, diarios, cartas, periódicos, fotografías, es decir, todo lo que cualquier soldado lleva encima. En el lugar se encontraron casquillos percutidos y de los cadáveres fueron extraídas balas. Los casquillos y las balas eran de fabricación alemana. Goebbels escribió en su diario, que lamentablemente se habían encontrado balas procedentes de la fábrica Genschow de Karlsruhe-Durlach y él mismo se preguntó, si las balas fueron usadas por los soviéticos para involucrar a Alemania o si fueron parte de las ventas de armamento a los países bálticos en cumplimiento del acuerdo de Rapallo. Posteriores investigaciones confirmaron que se trataba de las municiones vendidas a los soviéticos y que formaban parte del parque regular de sus fuerzas armadas.

Periodistas noruegos acudieron a examinar el lugar y comunicaron del crimen a los periódicos de Oslo. Radio Berlín, como hemos dicho, informó el 13 de abril de 1943, del macabro hallazgo a todos los rincones del mundo y ese mismo día, a las 17:15 horas, añadía algunos comentarios a la primera noticia. Los oficiales asesinados habían sido todos sepultados en el bosque de Katyn a la derecha de la bifurcación que desde la carretera principal va de Smolensk a la residencia de verano de la NKVD. Las víctimas eran bajadas en la estación ferroviaria de Gniezdowo a cuatro kilómetros de Katyn y posteriormente llevadas en camiones cerrados, al lugar de las ejecuciones. El 14 de abril la agencia Tass emitió un comunicado de Stalin, según el cual los prisioneros mencionados habían sido internados en campos especiales en torno a Smolensk y empleados en la construcción de carreteras, y ocurrió que en el momento del avance de las tropas alemanas (julio de 1941) no les fue posible trasladarlos a otro lugar y que por lo tanto cayeron en manos de los alemanes, por lo que si habían aparecido muertos esas muertes eran cosa de los alemanes y que lo que estaban haciendo eran declaraciones falsas por razones propagandísticas.

Sikorski, en nombre del Gobierno polaco, publicó una nota en la que comentaba la gravedad de los hechos y al tiempo exigía una investigación exhaustiva y rigurosa por parte de la Cruz Roja Internacional.

Siguieron transcurriendo los días y Radio Berlín continuó dando boletines de noticias explicando detalles sobre los descubrimientos de las fosas. El 23 de abril de 1943, Molotov convocó al nuevo embajador polaco Romer para entregarle una nota en respuesta a la solicitud de la investigación sobre Katyn en la que decía que dada la actitud del Gobierno polaco al repetir las infames calumnias de los nazis se hacia cómplice de Hitler, por lo cual URSS rompía relaciones diplomáticas con el Gobierno polaco.

En ese momento Churchill y Roosevelt intervinieron en la cuestión, ya que no podían permitir que se abriese una fisura entre sus aliados, lo cual podía desembocar en una situación peligrosa. El mismo día de la ruptura de relaciones el embajador polaco en Washington, Ciekanoski, hablaba con el subsecretario de exteriores de los EE.UU, Summer Welles, quien le comentó que no alcanzaba a comprender porque pedían una investigación de la Cruz Roja, ya que se veía que era una maniobra de Goebbels. Ciekanoski le respondió que el Gobierno de EE.UU. sería mucho menos optimista ante la matanza de miles de oficiales americanos. Al día siguiente y en una rápida rueda de prensa leída por un diplomático, Sikorski –que se niega a hacer declaraciones posteriores– anuncia que el gobierno polaco en el exilio ha renunciado a hacer ninguna investigación sobre Katyn, lo que permite que las relaciones ruso-polacas se reanuden. Los alemanes siguen dando noticiarios durante todo el mes de abril sobre Katyn, en una maniobra de Goebbels para sacar partido del asunto.

Viaje de inspección de Sikorski a Oriente Medio y su trágica muerte
El Primer Ministro, el general Wladislaw Sikorski, el 24 de mayo de 1943, decidió inspeccionar las fuerzas polacas que combatían en Oriente Medio, al mando del teniente general Anders, recién liberado de una prisión rusa. Le acompañarían su hija, jefe del cuerpo auxiliar femenino polaco; su jefe de Estado Mayor, el mayor general Tadeusz Kimecki; su jefe de operaciones, coronel Andrzej Marecki: su ayudante naval; su secretario personal, y el coronel Victor Cazalet, oficial de enlace británico. Despegaron del aeródromo de Lyneham, cerca de Bristol, en un bombardero “Liberator” AL 523, pilotado por el teniente checo Edgard Prchal, y tras repostar en Gibraltar, llegaron el 26 de mayo a El Cairo, donde permanecieron seis semanas, repletas de contactos militares y diplomáticos. El viaje de regreso se realizó en la mañana del 3 de julio de 1943, llegando a Gibraltar en la tarde del mismo día. A la mañana siguiente, aterrizó en el aeródromo del Peñón, el embajador soviético en Londres, Ivan Maisky, que fue cumplimentado por el gobernador, quien no le comunicó la presencia de las autoridades polacas a fin de evitar un incidente diplomático.

A las diez de la noche del día 4, Sikorski se dirigió al aeropuerto para embarcar en el “Liberator” y partir hacia Londres. El avión recorrió los 1.650 metros de la pista, se elevó a una altura de 600 metros, cuando el avión picó de forma brusca y se estrelló contra el mar, a casi una milla de la costa. La muerte del general Sikorski, fue un misterio sin desvelar. Así desapareció el hombre que incansablemente se esforzaba por conseguir que se abriera una investigación sobre Katyn y se castigara a los culpables.
Las ejecuciones en el bosque de Katyn
Abril normalmente trae la primavera a los bosques de Katyn, pero el invierno de 1939-40 había sido muy frío, y cuando los primeros soldados polacos llegaron de Kozielsk el 8 de abril de 1940, aún habían ocasionales parches de nieve sobre el terreno, y el barro cubría el camino que llevaba desde la estación a la Kosogory o Colina de las Cabras. En Gniezdowo los vagones de Kozielsk, Starobieisk y Ostashkov descargaban sus pasajeros en unas jaulas de alambre de espino rodeada de una fuerte escolta de soldados soviéticos. Esto no pudo resultar demasiado tranquilizador a los oficiales polacos, que seguro recordarían que el bosque de Katyn había sido usado ya 1919 para la ejecución de numerosos oficiales zaristas. Desde las jaulas los prisioneros fueron llevados en camiones hasta la Colina de las Cabras, y bajados con las manos atadas. Es fácil imaginar su desespero y horror ante el destino que les esperaba. Si un hombre luchaba o se resistía, sus ejecutores le ponían su abrigo sobre su cabeza, atándoselo alrededor de su cuello y llevado a rastras a la fosa, en la que caería una vez recibido el disparo en la nuca.

Los nazis convocaron una comisión dirigida por Leonard Conti, profesor de 40 años y responsable de los Asuntos de Salud del Reich. Dicha comisión estaba formada por científicos y médicos de Finlandia, Rumania, Hungría, Suiza, Holanda, Checoslovaquia, Bulgaria, Yugoslavia, Bélgica y Dinamarca y que también incluía un periodista polaco. La comisión salió hacia Katyn a finales de abril. Al llegar a Katyn en La Colina de las Cabras descubrieron 8 fosas comunes de una longitud de unos 25-28 metros por 16 de ancho que contenían hasta 12 capas de cadáveres. Los trabajos de investigación fueron supervisados por los alemanes, pero el verdadero y propio trabajo estaba comandado por la Cruz Roja polaca, con el doctor Wodzinski como responsable de la investigación, que tenía a su disposición vecinos de pueblos cercanos y a un grupo de prisioneros de guerra rusos. Los cadáveres eran sacados y colocados en fila unos junto a otros, examinados y sacándoles los objetos que tenían en los bolsillos. Los uniformes, aún en buen estado, sólo habían perdido un poco el color y era imposible desabrochar los bolsillos ni sacar las botas. Para poder obtener los objetos personales y hacer un registro minucioso, procedieron a cortar las ropas con cuchillos. Como ya mencionó radio Berlín, los muertos presentan un tiro en la nuca. Además, numerosos prisioneros, ente ellos los generales polacos Smoravinski y Bohatyrewicz, presentaban también heridas de bayoneta. Todos los cadáveres tenían sus manos atadas con nudos especiales usados sólo en Rusia. Muchos de los cuerpos fueron enterrados sin quitarles sus pertenencias, posiblemente debido a la premura con que se efectuaban las ejecuciones.

Todos los objetos hallados (carteras, fotos, medallas, libros, anillos, encendedores, etc.) fueron numerados y el cadáver que los portaba recibía el mismo número. Entre los muertos se encontraron recortes de periódicos editados por los rusos en lengua polaca, postales, cartas, cuadernos y diarios. Todos ellos tenían fechas anteriores a abril de 1940.

Autopsias
Después de desenterrar todos los cadáveres y hacerles la autopsia, se contabilizó un total de 4.143 oficiales y civiles polacos y se determinó, que eran los cadáveres de prisioneros procedentes de campos de concentración soviéticos, cuya población, a partir de un traslado, habían sido declarados desaparecidos. Las autoridades polacas, que participaron en las investigaciones, confirmaron que había suficientes evidencias que determinaban que los soviéticos fueron quienes cometieron el asesinato de todos los militares y civiles.

Testimonio de Ernesto Giménez Caballero
Nacido en Madrid el 2 de agosto de 1899, se doctoró en Filosofía y Letras y en 1919 fue profesor de español en la Universidad de Estrasburgo y más tarde catedrático de Literatura en el instituto Cardenal Cisneros de Madrid.

Su primer libro, Notas marruecas de un soldado (1923) le valió un proceso del que salió absuelto, y en 1927 fundó La Gaceta Literaria, revista de extraordinaria influencia en la España intelectual de su tiempo. Fundó también el primer cine-club de España y publicó diversos libros de carácter vanguardista.

Durante la Guerra Civil española fue oficial del Ejército Nacional y trabajó en los servicios de propaganda, y posteriormente, a partir de 1958, fue embajador en el Paraguay.

En la primavera de 1943, tuvo la oportunidad de ser testigo en Katyn del tremendo holocausto cometido por los soviéticos en el bosque de Katyn, escribiendo un estremecedor artículo desde el mismo marco de la horripilante matanza.


El bosque de Katyn
[…] Ya a más de un kilómetro de la fosa donde estaban exhumados los polacos asesinados, la atmósfera había comenzado a cargarse de una pesadez hedionda.

Cuando salté del coche militar para saludar al famoso criminalista doctor Buhtz, que nos esperaba rodeado de oficiales y de auxiliares médicos, tuve que hacer un esfuerzo desesperadamente viril para no retroceder. No era un espectáculo –lo que me echaba atrás– de aquel cráter humano, donde lo humano había vuelto a ser humus, tierra, fiemo. Sino aquella tierra, aquel humus, humeaba con tal fetidez, que esa fetidez, era casi visible, tangible, pastosa, sápida. Se mascaba el hedor. Un olor que se me impregnó hasta el alma. ¡Pobre Polonia! El auténtico Finis Poloniae, aquel cráter humano.

Se me hizo recorrer el inmenso matadero. Contemplar estratos de cadáveres, unos sobre otros, aplastados, en una hoya redonda y vasta como una plaza de toros. Por el momento iban excavados cerca de 3.000 cuerpos. Con un profundo respeto los iban alineando soldados alemanes, en los claros del bosque: en formación bélica, en escuadrones funerales y solemnes, como tributo de honor a la hecatombe de todo un Ejército. ¡Pobre Polonia!

El hecho había ocurrido en la primavera de 1940. Desde la estación de Gniezdowo fueron trayendo a los oficiales prisioneros hasta aquí, en camiones. El clásico paseo. Tal vez pensaran esos oficiales ir a un campo de concentración. ¡Y qué concentración! Mirarían, como yo miraba la libertad de los pinos en sus copas, ascendiendo al cielo y al aire de primavera donde augúrales volarían cornejas. Pero pronto sus ojos se bajarían a la cárcava silícea –como en una trampa para fieras– fueron cayendo las expediciones precedentes. La mayoría de estos cadáveres tenían el rostro desencajado de espanto y delirio, con muecas de sufrimientos inenarrables. Los cuerpos se habían calcificado, momificado, y muchos se conservaban enteros, pelado el cráneo, rotos dientes, la carne fibrosa, el ojo cristalizado, las manos engarfiadas, y los uniformes de plomo y barro como escayola pintada.

¿Fueron los cuervos quienes con sus graznidos y revoloteos sobre la fosa descubrieron la inmolación, al modo que en el célebre cuento oriental? ¿Fue este campesino viejo, de caftán verdoso y montera peluda, que relataría una vez más lo que ya relató a las autoridades alemanas? (Escondido por el bosque, oyendo los alaridos y los disparos, fue acercándose agazapado, hasta contemplar la histórica carnicería.)

El doctor Buhtz –imperturbable en su grave misión de reconocer muerto tras muerto– los iba haciendo traer en parihuelas hasta una mesa de autopsia, improvisada y de madera, al borde de la fosa.

Me mostraban constantemente documentos y más documentos. Nombres y más nombres. El del General de Brigada Smorawinsky, de Lublin. El del mayor Valeriano Orlowski. Cuentas de hotel, billetes de teatro, carteras de piel, medallas con la Virgen… ¡Pobre Polonia!

Polonia, Rusia y España
–Doctor –le dije de pronto al doctor Buhtz–, creo que no es necesario este trabajo fatigoso y tremendo que hacen ustedes. Creo –proseguí– que les bastaría a ustedes recordar la historia secular de Rusia contra Polonia para comprender que sólo la Rusia de Boris Godunof ha podido tramar esta venganza histórica. Era una vieja cuenta pendiente. Y Stalin la ha liquidado, heredero de los Zares asiáticos.

Un oficial alemán que me estaba escuchando, se me acercó y me ofreció un pitillo.

–Yo soy de su opinión –me dijo en lengua española. Ante mi sorpresa prosiguió–: Estuve en la Legión Cóndor, por eso hablo algo de su lengua. ¿Vamos a tomar una taza de té en la casa de la GPU?

Echamos a andar por el bosque. Entre olor de pitillo y el alejamiento de la fosa, los nervios se iban calmando.

El palacete de leño donde la GPU corría sus juergas tras las ejecuciones. En el vestíbulo había pinturas de mujeres en troikas, elegantes y provocativas. Pasamos a un comedor y nos sentamos esperando un almuerzo.

–Me ha interesado eso que ha dicho usted, atribuyendo el caso de Katyn a una venganza secular de Boris Godunof.

–Es que nosotros, los españoles, tenemos también cuentas pendientes con aquel déspota. En sus tiempos, allá por el siglo XVI, quiso España, la austriaca España, a través de nuestros jesuitas, salvar a Polonia de la esclavitud rusa, terminando con el Cisma ortodoxo y devolviendo esa tierra eslava al catolicismo.

–¿Se refiere usted a lo del falso Demetrio?

–Sí. Fue muy popular en España, hasta nuestro teatro clásico llegó aquella tragedia. Según parece, un jesuita polaco se lo contó a Lope de Vega, quien escribió su Gran Duque de Moscovia, o el Emperador perseguido… Drama polaco fue La Vida es sueño de Calderón, con un Príncipe Polaco, Segismundo, el drama más universal de España. ¡Romántica Polonia! ¡Heroica Polonia! ¡Calderoniana Polonia!

Inolvidable almuerzo
En la gran isba lujosa del bosque de Katyn, donde tuvo su sede el NKVD o Comisariado del pueblo y luego la GPU, tomamos un almuerzo frugal, compuesto de sakuskas y té. Desde las ventanas se veía un paisaje encharcado, silvano y arenoso. Las nubes, entre los árboles aún sin brotes, parecían míticas rusalkas o ninfas del bosque ruso. Llovía suavemente. La primavera en Rusia es el barro.

El doctor Buhtz llegó aún remangado y sin lavarse las manos, impregnadas de cadaverina; se sentó. Tomó un pan de sandwich y, sobre él, exprimió un pus que dijo ser pasta de salmón. Y tras tener un rato tal bocadillo entre sus dedos para que se infestara de olor a cadáver, me lo ofreció con una mirada de desafío. Lo tomé. Y hasta lo mastiqué. ¡Bravo! ¡Bravo! ¡El español siempre!

Salimos a la carretera de Vitebsk a Moscú, camino de Esmolensko.

Paramos un instante en el puesto de policía, transformado en museo de la matanza de Katyn.

Bajo los porches de aquel puesto –cercano a la carretera– se había improvisado una galería de vitrinas con los documentos encontrados a las víctimas. A pesar de estar bajo cristales –aquellas cintas, estrellas, cartas y papeles, y carnés y fotos– apestaban aún a cadaverina, y no se podía estar mucho tiempo inclinado mirándolos.

Yo solicité algunos de estos testimonios para llevarlos a España. Y recuerdo que, al abrir la maleta en el hotel de Barcelona, el olor de Katyn reapareció, se desenroscó serpentino, fétido, y como estaba solo, caí ahora sobre la cama mareado, en náuseas. ¡Vomitando a Katyn!

Orden de Ejecución emitida por Stalin

[Escudo de Armas de la URSS]
URSS
Comisariato Nacional para Asuntos Internos
5 de Marzo de 1940
No 794/
Moscú

A nombre de STALIN:

Un gran número de ex oficiales del Ejército Polaco, empleados de la Policía Polaca y servicios de inteligencia, miembros del Partido Nacionalista Polaco, partidos contra-revolucionarios, miembros descubiertos pertenecientes a grupos de resistencia contra-revolucionarios, fugitivos y otros, todos ellos enemigos jurados de la autoridad Soviética, que odian el sistema Soviético, están actualmente en campos de prisioneros de guerra de la NKVD de la URSS y en prisiones de Ucrania y Bielorrusia.

Los oficiales militares y de policía en los campos están conduciendo actividades de propaganda anti-Soviética. Cada uno de ellos esta esperando solamente su liberación para comenzar sus actividades en contra de la autoridad Soviética.

Los órganos de la NKVD en las provincias occidentales de Ucrania y Bielorrusia han descubierto un número de organizaciones rebeldes contra revolucionarias.

Ex oficiales del Ejército Polaco y policía, así como también de gendarmería han mostrado que están participando en espionaje y actividades insurgentes.

Entre los detenidos (sin considerar los soldados y oficiales subalternos) hay 14.736 ex oficiales, funcionarios de gobierno, terratenientes, policías, gendarmes, guardias de prisiones, colonizadores de regiones fronterizas y oficiales de inteligencia -más del 97% son de nacionalidad polaca.

De ellos:

295 generales, coroneles y tenientes coroneles.
2.080 mayores y capitanes.
6.049 tenientes, subtenientes y alféreces.
1.030 Oficiales superiores y subalternos de policía.
5.138 Agentes de policía, gendarmes, guardias de prisiones y personal de inteligencia.
144 Funcionarios de gobierno, terratenientes, curas, colonizadores de regiones fronterizas.

En la región occidental de Ucrania y Bielorrusia, hay 18.632 Detenidos, de los cuales 10.685 son polacos, incluyen:

1.207 Ex oficiales
5.141 ex oficiales de inteligencia de la policía y gendarmería
347 Espías y saboteadores
465 Ex terratenientes, dueños de fábricas y funcionarios de gobierno
5.345 Miembros de varias organizaciones contra revolucionarias y otros elementos contra revolucionarios.
6.127 Fugitivos

Sabiendo que todos ellos son enemigos declarados de la autoridad Soviética, la NKVD de la URSS considera necesario:

I) Autorizar a la NKVD de la URSS para:
(1) Instruir los casos de los 14.700 ex oficiales de policía, funcionarios de gobierno, oficiales de policía, oficiales de inteligencia, gendarmes, colonizadores de las regiones fronterizas y guardias de prisiones que están retenidos en campos de prisioneros de guerra,
(2) Se debe incluir los 11.000 casos de miembros de varias organizaciones contra revolucionarias, espías y saboteadores, ex terratenientes, dueños de fábricas, ex oficiales de policía, funcionarios de gobierno y fugitivos que han sido arrestados y que están detenidos en las provincias occidentales de Ucrania y Bielorrusia, y se les debe aplicar la pena máxima: ejecución.

II) El examen de los casos deberá ser efectuado sin instruir sumario y sin levantar cargos. Los manifiestos con las conclusiones de las investigaciones y los veredictos finales deberán ser como sigue:

(a) para las personas detenidas en campos de prisioneros de guerra, en la forma de certificados emitidos por la NKVD de la URSS.

(b) para los arrestados en la forma de certificados emitidos por la NKVD de la RSS de Ucrania y de la NKVD de la RSS de Bielorrusia.

III) Los casos deberán ser examinados y los veredictos pronunciados por un tribunal de tres miembros consistentes de los camaradas Merkulov, Kobulov y Bashtakov (Jefe del 1er Departamento Especial de la NKVD de la URSS.)

Comisario Nacional de Asuntos Internos de la URSS

L. Beria

[La firma de L. Beria fue añadida a mano y las firmas que siguen fueron borradas del original.]
Firmado por: Stalin, Voroshilov, Molotov, Mikoyan, Kalinin y Kaganovich
La patraña en Nuremberg
Durante el juicio de Nuremberg se intentó, bajo presión soviética y la indiferencia cómplice británica, de investigar y acusar a los “culpables” alemanes del crimen en masa de Katyn. Incluso se pretendió incriminar a oficiales superiores incluso generales, que no habían sido incriminados en otros supuestos actos criminales.
Por los archivos del juicio, en virtud de los Estatutos de Nuremberg según los cuales los informes de las comisiones de encuestas aliadas tenían el valor de prueba, el informe soviético sobre Katyn, acusando a los alemanes de la matanza de 11.000 militares y civiles polacos fue aceptado por los vencedores como prueba auténtica, indiscutible, el 8 de agosto de 1945. Finalmente, no hubo pruebas suficientes y la causa fue sobreseída

Nueva investigación
En 1945 se abre una nueva investigación promovida por el ministro de Justicia Swiatlovski, dirigida por el procurador general de Cracovia, Román Martini, que, durante la indagación, descubre la relación de oficiales rusos que dirigían los campos de Kozielsk y Starobielsk, además de algo desconcertante: en las fosas habían sido encontrados cartuchos de proyectiles –tal como hemos mencionado anteriormente– de fabricación alemana, de la empresa Gustav Genschow, ubicada en las proximidades de Kalsruhe, cartuchos con la marca de la fábrica GECO 7,65. Martini se preguntaba como era posible que si los alemanes quisieran atribuir la matanza a los rusos hubieran empleado proyectiles propios en vez de soviéticos, de los cuales tenían abundante provisión después de la derrota del Ejército ruso. Román Martini continuó la investigación y descubrió que en 1924 Genschow había sido autorizado a exportar municiones a la URSS en grandes cantidades, pero también recibieron esa munición los países Bálticos y Polonia.

Martini acabó la investigación en febrero de 1946. Volvió a Polonia y envió un memorial con sus conclusiones al Ministro de Justicia, tras depositar previamente una copia en un notario en Suecia, para “abrir en caso de muerte o desaparición”. En la noche del 12 al 13 de marzo de 1946, Martini resultó muerto en su casa de Cracovia por disparos de ametralladora por una pareja de 19 y 17 años, miembros del Comité para la Amistad Soviético-Polaca. Fueron detenidos al día siguiente y encerrados en la cárcel de San Miguel de Cracovia, una de las más rigurosamente custodiadas; a los tres días se fugaron de la prisión durante la noche. Nunca más se sabrá de ellos. Nada sale de lo descubierto por Martini. Todo ello no dejó de ser muy sospechoso…

Epílogo
En 1989, después del colapso de la Unión Soviética, el Primer Ministro Gorbachov admitió, que la NKVD había ejecutado a los polacos y confirmaba la existencia de otros dos lugares más de ejecución similares, donde siguiendo las órdenes de Stalin, en marzo de 1940, la NKVD había dado muerte a 25.700 polacos, incluyendo los encontrados en Katyn.

En mayo de 1992, en un bosque cerca de Kharkov, investigadores privados rusos descubrieron una fosa común conteniendo 3.891 cuerpos de oficiales polacos procedentes del campo de Starobielsk en Ucrania. En junio de ese año, autoridades rusas descubrieron 30 fosas comunes en Miednoje, 100 millas al noroeste de Moscú. Contenían los restantes 6.287 prisioneros polacos del campo en la isla Ostashkov en el Lago Seliguer. Antes de la masacre de 1940, 245 oficiales de Kozielsk, 79 de Starobielsk y 124 del campo de Ostashkor, fueron trasladados, por razones no aparentes, al campo de Pavlishchev Bor, a cien millas al noroeste del campo de Kozielsk. Esos 448 oficiales fueron los únicos supervivientes de la masacre de Katyn. En otros lugares del bosque de Katyn se encontraron otras tumbas, conteniendo cuerpos de políticos rusos prisioneros quienes fueron ejecutados por la NKVD antes de la guerra. Parece ser que el Bosque de Katyn fue el lugar principal de ejecuciones de la NKVD de Stalin.

El 13 de abril de 1990, cincuenta años después de la masacre, Boris Yeltsin oficialmente admitió la responsabilidad de la Unión Soviética en el crimen de Katyn.

El 14 de octubre de 1992, el presidente ruso Yeltsin había dado a conocer que mandaría a Varsovia un enviado especial, el cual entregaría al presidente polaco Lech Walesa documentos muy importantes. El delegado especial era el profesor Rudolf Pijoya, presidente del Comité de los Archivos Estatales de la Federación Rusa. Pijoya llevaba en la cartera fotocopias de papeles originales relacionados con el fusilamiento en 1940 de oficiales y otros ciudadanos polacos, prisioneros de guerra.

Con su decisión, Yeltsin perseguía un doble objetivo: aclarar la verdad y atacar a su adversario político, Mijail Gorbachov. El deseo de Yeltsin era poner de manifiesto que Gorbachov había mantenido en secreto el carácter criminal del Partido Comunista de la URSS.

Al recibir los documentos, el presidente Lech Walesa conteniendo las lágrimas, manifestó: “Somos testigos de la entrega de los documentos más importantes relacionados con los más crueles crímenes contra la nación polaca”. Y añadió: “Me quedo sin habla cuando miro estos papeles: me tiemblan las piernas”.

Según Pijoya, el expediente sobre Katyn, se encontraban en el Kremlin, en el archivo del Politburó, y de ahí pasó al archivo del presidente Gorbachov. De Gorbachov lo había heredado Yeltsin.

Iglesia de Santa Ana en Varsovia
En el interior de esta hermosa iglesia gótica de Santa Ana, ubicada en la Krakowskie Przedmiescie 68, calle principal de Varsovia, hay una capilla muy sobria, dedicada a los polacos asesinados por los rusos en las fosas de Katyn (5-III-1940).

También se pueden contemplar una serie de lápidas, recordando a los 21.857 polacos asesinados por el Ejército Rojo, de los cuales 14.552 eran oficiales del Ejército polaco.

Cementerio londinense de Hammersmith
Desde el año 1976 se alza en dicho cementerio, un obelisco negro costeado por exiliados polacos residentes en Inglaterra, en cuya base se leen dos frases que sobrecogen: «Katyn 1940. Polonia no les olvida…»
https://conelmacheteafilao.wordpress.com/2014/03/02/los-asesinos-bolcheviques-stalin-la-matanza-de-katyn-no-olvidemos-la-historia-para-que-no-se-repita/

SERGIO ESPAÑOL DE BCN
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Re: Khatyn, la sangrienta masacre en la que los nazis quemaron vivos a bebés y niños

Mensaje por URSINO el Dom Jun 07 2015, 12:20

La asunción de toda la la responsabilidad en la matanza de oficiales de Katyn por parte de las autoridades soviéticas es como se describe minuciosamente en el post subido por Sergio BCN, algo que ningún historiador medianamente serio discute ya a estas alturas.

Si el muy prosionista y pro norteamericano ABC todavía no se ha enterado, sus motivos tendrá, intuyo que de carácter económico. Pero en cualquier caso el problema es de ellos, que décadas después de desvelarse al mundo la verdad de los hechos, siguen manipulando la historia, como por otro lado es norma común de los aliados vencedores de la IIGM.

URSINO
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