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Alain de Benoist en Madrid

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Alain de Benoist en Madrid

Mensaje por Nacional Antisistema el Miér Nov 04 2015, 15:55

Alain de Benoist en Madrid

Posted in Alain de BenoistAutoresConvocatoriasJavier Ruíz PortellaJordi GarrigaJosé Alsina CalvésLibrosMalco Arija,Publicaciones by paginatransversal on 22 octubre, 2015
El pasado sábado, 17 de octubre, tuvo lugar en Madrid la presentación de los últimos títulos de Alain de Benoist publicados en español por Ediciones Fides -del editor Juan Antonio Llopart-, la mayoría de ellos dentro de la colección Biblioteca Metapolítika-coordinada por Jesús J. Sebastián-.
A lo largo del último año, han visto la luz títulos como:

  • Alain de Benoist. Elogio de la disidencia (AA.VV.).
  • Nosotros y los Otros. Problemática de la identidad (AdB).
  • Europa-Tercer Mundo, mismo combate (AdB).
  • El derecho a la diferencia. Para acabar con el racismo (AdB).
  • Liberalismo, el principal enemigo (AdB).
  • Arthur Moeller van den Bruck y la revolución conservadora alemana, (AdB, Colección Originis).




El objetivo de la colección es publicar los libros y ensayos más representativos de la corriente ideológica conocida como “Nueva Derecha”, de la que Alain de Benoist es figura central y principal representante. Otros títulosprogramados para una próxima publicación son: El enemigo americano (de Giorgio Locchi y Alain de Benoist), ¡Viva la Europa libre! (de Charles Champetier), ¿Con o sin Dios? (de varios autores), o Europa, el Imperio interior (del mismo Alain de Benoist).
Anteriormente, aprovechando la visita del célebre autor francés a Madrid, el mismo sábado por la mañana se celebró una mesa redonda en las instalaciones del Espacio Cultural Alternativo OHKA, que contó con la participación del propio Alain de Benoist, José Alsina (director de Nihil Obstat, revista de historia, metapolítica y filosofía), Jordi Garriga (traductor al español de la obra de Alain de Benoist), Javier Ruiz Portella (editor de Áltera y del periódico digital El Manifiesto) y el responsable de Página transversal, Malco Arija. Durante el encuentro, los participantes pudieron hablar acerca de diversos temas, como la globalización, el liberalismo, el capitalismo, la geopolítica, la identidad y la construcción de un discurso crítico alternativo.

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Re: Alain de Benoist en Madrid

Mensaje por Luego Cabalgamos el Vie Nov 06 2015, 23:27

Alain de Benoist

Alain de Benoist nació el 11 de diciembre de 1943 en Francia. Célebre intelectual que se formó en la Sorbona, Alain de Benoist es un brillante ideólogo de lo que se ha llamado la Nueva Derecha europea.

Reflexión
Desde hace más de treinta años, Alain de Benoist está efectuando un metódico trabajo de reflexión en el ámbito de las ideas. Escritor, periodista, conferenciante, filósofo, ha publicado más de 50 libros y más de 3.000 artículos, actualmente traducidos a unos quince idiomas.
Sus principales campos son la filosofía política y la historia de las ideas, pero también es autor de numerosas obras sobre arqueología, las tradiciones populares, la historia de las religiones o las ciencias de la vida.
Indiferente a las modas ideológicas, rechazando cualquier forma de intolerancia y de extremismo, Alain de Benoist tampoco cultiva ningún tipo de nostalgia "restauracionista". Cuando critica la modernidad, no es en nombre de un pasado idealizado, sino preocupado ante todo por las problemáticas postmodernas. Cuatro son los principales ejes de su pensamiento:

la crítica conjunta del individuo-universalismo y del nacionalismo (o del etnocentrismo) como categorías que pertenecen, en ambos casos, a la metafísica de la subjetividad;

la deconstrucción sistemática de la razón mercantil, de la axiomática del interés y de las múltiples dominaciones de la Forma-Capital, cuyo despliegue planetario constituye, a su juicio, la principal amenaza que pesa sobre el mundo;

la lucha en favor de las autonomías locales, ligada a la defensa de las diferencias y de las identidades colectivas;

una decidida toma de posición a favor de un federalismo integral, basado en el principio de la subsidiaridad y de la generalización a partir de la base de las prácticas de la democracia participativa.

Pese a que su obra es conocida y reconocida en un creciente número de países, Alain de Benoist sigue siendo objeto de un enconado ostracismo en Francia, donde su nombre es asociado demasiado a menudo al de una "Nueva Derecha" con la cual Alain de Benoist nunca se ha reconocido verdaderamente.

La vieja Derecha
Benoist ha insistido en que había en los sesenta (y ya mucho antes) la necesidad del nacimiento de una nueva derecha en el escenario europeo. Ha desarrollado para ello una dura crítica a los que llama la Vieja derecha englobando en ella a las posturas diversas de la derecha europea ya sea totalitaria o democrática. Todas ellas padecen -según Benoist- de manías y defectos que no han ayudado en nada al surgimiento de un verdadero escenario derechista que permita en base a las nuevas reglas del juego ideológico, actuar a la par con la izquierda dominante sobre todo en el aspecto cultural.


El combate cultural







Para realizar una labor coherente y decidida, Alain de Benoist concluye que la derecha debe imbuirse en su seno de teóricos que han abordado el tema de la importancia del combate cultural. Por tanto adhiere a la teoría del marxista Antonio Gramsci de que antes de producirse un cambio político, es necesario conseguir la hegemonía cultural, esto es, conseguir que las ideas a implantar sean aceptadas por los ciudadanos a través del ámbito cultural (medios de comunicación, filmes, libros, música, teatro, y cuanta forma cultural haya a disposición) antes de poder aplicarlas en el ámbito de la esfera político partidista. Las grandes revoluciones -sostiene Benoist- se han gestado primeramente en las mentes antes que en el escenario meramente político o partidista. La Revolución Francesa conquistó el imaginario y la mentalidad de los franceses muchos años antes de 1789 con las ideas del iluminismo gestado en las logias masónicas. Por este motivo, Alain de Benoist se centra en el trabajo cultural más que en el político. La gran labor de la derecha es volver a encontrarse con el trabajo y la labor intelectual, académica y mediática, ejercicio que ha abandonado a la total impunidad de la izquierda que ha monopolizado el saber y los medios de comunicación, y así el control de las sociedades postmodernas.


La igualdad, el gran enemigo







Alain de Benoist es especialmente crítico con el cristianismo, al cual denomina "comunismo de la antiguedad" y que considera germen del igualitarismo y el universalismo, por ende el motor ideológico de los fenómenos totalitarios del siglo XX (el comunismo y el nacionalsocialismo). Los conceptos de clase (marxismo) y raza son para Benoist, factores homogeneizantes, indiferenciadores e igualitaristas. Considera que Europa debe redescubrir sus raíces paganas y comunitarias y alejarse de estos conceptos típicamente modernos. El factor fundamental en la disolución cultural europea para de Benoist no es ni el comunismo ni el liberalismo ni la democracia sino la ideología igualitaria que anidando en el cristianismo dio vida a estas ideologías decimonónicas. Es el espíritu igualitario el germen de estas ideas y de un pensamiento totalitario en el que ninguna diferencia o diversidad tiene cabida. Es en este aspecto que centra su obra: la igualdad izquierdizante del hombre y frente a la diversidad y la riqueza en la diferencia de las posturas de derecha, diferenciadora y comunitaria.


Alejamiento del Fascismo







Los sectores más críticos con el pensamiento de Benoist suelen proceder del ala más liberal de la derecha y de gran parte de la izquierda, tachándole en todos los casos de difusor del neofascismo. Sin embargo, Benoist ha atacado repetidamente en sus obras la ideología fascista. La acusación de neofascista probablemente se origine en el hecho de que Benoist comparte con estos el rechazo del cosmopolitismo, la inmigración masiva y la teoría de los derechos humanos aunque desde la visión cultural y no racial.


Bibliografía







Libros Principales en Francés








  • Vu de Droite: Anthologie critique des idées contemporaines (Paris: Copernic, 1977)
  • Les idées à l'endroit (Paris: Libres-Hallier, 1979)


  • Comment peut-on être païen? (Paris: A. Michel, 1981)


  • Démocratie: le problème (Paris: Le Labyrinthe, 1985)


  • (con Andre Béjin & Julien Freund) Racismes, Antiracismes (Paris: Librairie des Méridiens, 1986)


  • Communisme et nazisme: 25 réflexions sur le totalitarisme au XXe siècle, 1917-1989 (Paris: Labyrinthe, 1998)


  • (con Charles Champetier) Manifeste: la Nouvelle Droite de l'an 2000Manifeste pour une Renaissance Européenne (Paris: GRECE, 2000)


  • Critiques - Théoriques (Lausanne & Paris: l'Âge d'Homme, 2003)


  • Au-delà des droits de l’homme: Pour défendre les libertés (Paris: Krisis, 2004)


  • Nous et les Autres: Problématique de l’identité (Paris: Krisis, 2007)


Libros en Español








  • Alain de Benoist, “Arthur Moeller van den Bruck,” Elementos: Revista de Metapolítica para una Civilización Europea, No. 15 (11 June 2011), pp. 20-73. <http://issuu.com/sebastianjlorenz/docs/elementos_n__15>.
  • Alain de Benoist, ¿Cómo se puede ser pagano? (Molins de Rei: Nueva República, 2004) - Esta es la traducción al español de Comment peut-on être païen? (Paris: A. Michel, 1981)


  • Alain de Benoist, Comunismo y nazismo: 25 reflexiones sobre el totalitarismo en el siglo XX (1917-1989) (Barcelona: Áltera, 2005) - Esta es la traducción al español de Communisme et nazisme (Paris: Labyrinthe, 1998)


  • Alain de Benoist, Contra el racismo (Barcelona: Alternativa Europea, 1992)


  • Alain de Benoist, Ernst Jünger y el trabajador (Madrid: Barbarroja, 1995)


  • Alain de Benoist, ¿Es un Problema la Democracia? (Barcelona: Nueva República, 2013) - Esta es la traducción al español de Démocratie: le problème (Paris: Le Labyrinthe, 1985)


  • Alain de Benoist, “Julius Evola, Reaccionario Radical y Metafísico Comprometido. Análisis crítico de su pensamiento político,” Elementos: Revista de Metapolítica para una Civilización Europea, No. 16 (9 June 2011), pp. 25-62. <http://issuu.com/sebastianjlorenz/docs/elementos_n__16>.


  • Alain de Benoist, La ciencia de la geopolítica (Valencia: coll. « Cuadernos del CEFN », 14, Centro de Estudios Federico Nietzsche, 1986)


  • Alain de Benoist, La Nueva Derecha: Una respuesta clara, profunda e inteligente (Barcelona : Planeta, 1982) - Esta es la traducción al español de Les idées à l'endroit (Paris: Libres-Hallier, 1979)


  • Alain de Benoist, ¿Qué ha pasado con la izquierda? (Mollet del Vallès: GRECE, Grup de Recerca i Estudi de la Cultura Europea, 2002)


  • Alain de Benoist, Mañana, el decrecimiento : pensar la ecología hasta el final (Valencia: IdentidaD, 2009)



  • Alain de Benoist, Más Allá de la Derecha y de la Izquierda: El pensamiento político que rompe esquemas (Barcelona: Ediciones Áltera, 2010)


  • Alain de Benoist & Charles Champetier, "Manifiesto: la Nueva Derecha del ano 2000" (Hespérides, Vol. IV, No. 19, March-May 1999, pp. 13-47) -- Esta es la traducción al español de "Manifeste: la Nouvelle Droite de l'an 2000" (Eléments, No. 94, Febrero 1999, pp. 11-23)


  • Alain de Benoist & Charles Champetier, Manifiesto para un Renacimiento Europeo (Mollet del Vallès, Barcelona: Grup de recerca i estudi de la cultura europea, 2000) -- Esta es la segunda edición de "Manifiesto: la Nueva Derecha del ano 2000"


  • Alain de Benoist & Guillaume Faye, con introducción por Carlos Pinedos Cestafe, Las Ideas de la “Nueva Derecha”: Una respuesta al colonialismo cultural (Barcelona: Nuevo Arte Thor, 1986)


  • Alain de Benoist & Konrad Lorenz, La Etología: entrevista con Alain de Benoist (Barcelona" Nou Art Thor, 1989)


  • Alain de Benoist, et al., La Idea de Imperio y Otros Estudios (Bahía Blanca: Univ. Nacional el Sur, 2006)


  • Alain de Benoist, Norberto Bobbio, & Julien Freund, El Derecho Actual y Minima moralia y El problema del Positivismo Jurídico (Bahía Blanca: Univ. Nacional el Sur, 2006)


  • Alain de Benoist, Juan Antonio Llopart, et al, Contra Yanquilandia (Molins de Rei, Barcelona: Nueva República, 2011)


  • Alexander Dugin & Alain de Benoist, ¿Qué es el Eurasismo? Una conversación de Alain de Benoist con Alexander Dugin (Tarragona: Ediciones Fides, 2014)


  • Sobre la filosofía de Alain de Benoist:

    • Rodrigo Agulló, Disidencia Perfecta: La Nueva Derecha y la batalla de las ideas (Barcelona & Madrid: Altera, 2011)
    • Jesús J. Sebastián Lorente (ed.), Alain de Benoist: Elogio de la disidencia (Tarragona: Ediciones Fides, 2015)




http://es.metapedia.org/wiki/Alain_de_Benoist


Última edición por Luego Cabalgamos el Vie Nov 06 2015, 23:35, editado 1 vez

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Re: Alain de Benoist en Madrid

Mensaje por Luego Cabalgamos el Vie Nov 06 2015, 23:31

Elogio de la disidencia 


Acaba de aparecer, publicado por Ediciones Fides, el libro colectivo titulado "Alain de Benoist. Elogio de la disidencia".



JESÚS J. SEBASTIÁN

Acaba de aparecer, publicado por Ediciones Fides (edicionesfides.com), el libro colectivo titulado Alain de Benoist. Elogio de la disidencia. Se trata de un volumen con variadas colaboraciones en forma de anécdotas, experiencias personales, críticas, estudios, recuerdos, síntesis, bibliografías, premoniciones, propuestas… Lo único importante era escribir sobre él. ¿Para qué? Para restaurar el interés por su obra. Para animar a los espíritus inquietos de la periferia del sistema a iniciar un viaje en búsqueda de un pensamiento iconoclasta, disidente, rebelde, radical, en definitiva, una cosmovisión diferente.
 
En la gestación del libro han participado veintiséis autores, algunos de ellos próximos al pensamiento benoistiano, otros no tanto, otros, incluso, desde posiciones críticas pero siempre sabias y ponderadas. La lista es larga: Javier Ruiz Portella, Pedro Carlos González Cuevas, Rodrigo Agulló, José Javier Esparza, Jeónimo Molina, Primo Siena, Manuel Quesada, Néstor Luis Montezanti, Carlos Javier Blanco Martín, Horacio Cagni, Jordi Garriga, Rubén Expósito, Ernesto Milá, Alberto Buela, Michel Lhomme, Carlos Martínez-Cava, Carmen Martín Padial, Pascual Tamburri, Luis María Bandieri, José Vicente Pascual, Juan Pablo Vitali, Diego Luis Sanromán, José Alsina Calvés, Eduardo Basurto, Jesús J. Sebastián Lorente y Juan Antonio Llopart Senent.
  
Y la clásica cuestión: ¿Por qué un libro sobre Alain de Benoist?
 
Ante los progresivos estragos de la sociedad mercado-céntrica, muchos sectores de la sociedad europea reconocen la urgente necesidad de un giro antropológico radical hacia formas alternativas de organización política, social y económica. Desde hace tiempo se está reconociendo que es imprescindible proponer nuevos paradigmas que trasciendan las disciplinas que han respaldado el sistema actual, con su énfasis en el individualismo, la transformación de la naturaleza y las relaciones sociales en mercancías, la subyugación de todo al mercado y la centralidad de la propiedad y el dinero. En los pensadores de la Nouvelle Droite, agrupados en torno a la monumental obra de Alain de Benoist, podemos encontrar numerosos principios y paradigmas heterodoxos que deben ser analizados e incorporados a un conjunto teórico por los intelectuales comprometidos.
 
El debate actual en torno a la forma de superar las contradicciones que se evidencian en esta crisis global ocupa una parte importante de las discusiones en las esferas políticas, pero las recetas socioeconómicas están mostrándose inadecuadas para atender las prioridades y necesidades del momento. Para superar este impasse ideológico, será necesario entender las limitaciones de los paradigmas vigentes e identificar los caminos alternativos ofrecidos por otros paradigmas, otras epistemologías. La necesidad de aprovechar otros paradigmas, de replantear nuestros análisis, sugiere un profundo cuestionamiento respecto a la responsabilidad de los intelectuales y de nuestros políticos. ¿Hasta qué grado contribuimos o somos cómplices en nuestra práctica actual de la malevolencia del tipo de modernidad emanada del proyecto civilizatorio occidental, de una globalización que está construyendo mayores injusticias cada día, intensificando los métodos de la violencia institucionalizada, destruyendo las propias bases naturales de las que depende nuestra existencia?, ¿con qué instrumentos podemos evaluar nuestras ideas y proyectos para no reproducir y extender el sistema vigente, para criticarlo, para regenerarlo, si sus raíces igualitarias están extendiéndose universalmente para ampliar y profundizar su malignidad?
 
Ciertamente, no contamos con las instituciones o con la capacidad colectiva para exigir a nuestros supuestos “líderes” el cumplimiento de una nueva normatividad; pero desde nuestras conciencias atrincheradas nos dedicamos a la búsqueda de verdades y a la definición de los más altos valores políticos, sociales, humanos, porque aquellas carencias no nos absuelven de la responsabilidad de insistir en nuestros valores.
 
Debemos comenzar reconociendo la importancia de la solidaridad como factor fundamental en la evolución de nuestra sociedad. Podríamos remontarnos a las aportaciones de diversos antropólogos, quienes identificaron la centralidad de la reciprocidad del intercambio en la formación de sociedades en cualquier momento de la historia. Asimismo, podríamos reconocer la originalidad de las aportaciones de algunos economistas que han identificado la importancia del carácter institucional de un “mercado universal”. Podríamos destacar también la emergencia de la asociación comunitaria o comunitarismo, con sus formas de democracia directa o participativa reconfiguradas como un mecanismo alterno a las funciones desempeñadas por el Mercado y por el Estado en la asignación de los recursos y en el desarrollo de capacidades tecnológicas. Este planteamiento supone la posibilidad de desarrollar procesos de innovación y construcción de otras racionalidades, asumir que otros mundos son posibles, guiados por principios de justicia y equidad social, con una reorientación hacia lo colectivo (en oposición a lo individual), al desarrollo del bienestar (en oposición al crecimiento) y el respeto a la explotación de los recursos naturales (en oposición al capital). En definitiva, construir nuevos entornos autónomos y soberanos para combatir las prácticas salvajes del neoliberalismo.
 
La construcción de nuevos paradigmas –políticos, sociales, económicos– para “otros mundos mejores” no es algo nuevo. Pero a diferencia de las propuestas interdisciplinares y multiculturales, el diálogo de ideas que presentan pensadores como Alain de Benoist incorpora de manera explícita el rechazo del poder unívoco frente al pluralismo del debate, la negociación y la democratización del conocimiento. Representa, entonces, el reconocimiento de los saberes –autóctonos, tradicionales, locales– que aportan sus experiencias y se suman al conocimiento científico y técnico, pero implica la ruptura de una vía homogénea hacia la sustentabilidad, la apertura hacia la diversidad que rompe la hegemonía de una lógica unitaria y va más allá de una estrategia de inclusión y participación de visiones alternativas y racionalidades diversas… La construcción de otros mundos está en proceso.
 
En fin, Pascual Tamburri recuerda cómo Alain de Benoist nos ha explicado que la oposición activa y no meramente mercantil al liberalismo, al marxismo y sus derivados no tiene por qué pasar necesariamente por "el fundamentalismo religioso, el atlantismo occidental, la defensa del capitalismo y el apoyo a la ideología de mercado", ni por "una mezcla de nacionalismo y xenofobia", ni por la "ideología de la igualdad", ni por el universalismo, ni por el progresismo, ni por la simple democracia formal. El hecho que no todos ven, pero que todos padecemos, es que «el mundo que ha prevalecido desde el fin de la II GM ha terminado…. estamos asistiendo al fin de un gran ciclo histórico de la modernidad. Hemos entrado en la era de la posmodernidad».
 
¿Qué hacer?, se pregunta Rodrigo Agulló: «Toda propuesta disidente que se precie debería aspirar, en primer término, a eliminar esa brecha creciente entre el pueblo y sus gobernantes. Un problema sobre el que la ND ha venido alertando durante décadas y en torno al cual ha venido articulando vías de reflexión alternativas: la reactivación de la idea de ciudadanía, frente a la oligarquía político-mediático financiera en plaza; la reivindicación de la política, frente al dogma tecnocrático en curso; la defensa de las identidades y las culturas, frente a las tendencias homogeneiza-doras de la globalización; el fomento de un auténtico pluralismo, frente a la tiranía del pensamiento único; la promoción de una democracia participativa que implique a todos en una comunidad de destino. Y partiendo de un hecho no siempre a primera vista evidente: democracia y liberalismo no son términos sinónimos. En aspectos importantes, pueden ser incluso nociones opuestas. Una reinvención de la democracia, en suma. Pero que en cualquier caso se inscriba -valga la redundancia- en un horizonte inequívocamente democrático A pesar de la fuerte crítica a la que somete al liberalismo, la ND no ha tenido empacho en asumir lo mejor que esta doctrina puede ofrecer: la idea de libertad […]».
 
¿Qué hacer?, se preguntaba también Dominique Venner. ¿Habrá servido todo esto de algo?, se cuestionaba Michel Marmin. Parece más que probable la aparición de “nuevas” derechas e izquierdas, o bien de movimientos sociales que combinen elementos de ambas, tendencia en la que Alain de Benoist ha sido un auténtico “precursor”, porque –continúa Agulló‒ «más que situarse en una posición de exclusión (ni de derechas ni de izquierdas) o de extrañamiento (más allá de la derecha o la izquierda), lo que ha hecho es adoptar un enfoque inclusivo (de derecha y de izquierda) y ensayar posibles fórmulas conciliatorias: ideas de izquierda más valores de derecha». El valor añadido y el mérito principal de Alain de Benoist «no ha sido tanto la originalidad o un despliegue de hallazgos novedosos, sino la voluntad de síntesis, la capacidad de ensamblaje en un sistema coherente, la ambición de proponer una visión global» durante las últimas décadas, con un espíritu enciclopédico, no exento de genialidad, pero, sobre todo, de buena fe. Rodrigo Agulló le pone título: la disidencia perfecta

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5044

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Re: Alain de Benoist en Madrid

Mensaje por Luego Cabalgamos el Vie Nov 06 2015, 23:32

Liberalismo, el principal enemigo

Contra el mundialismo neoliberal 


Ediciones Fides ha publicado un libro recopilatorio de Alain de Benoist, titulado "Liberalismo, el principal enemigo", en el que efectúa una crítica demoledora de la ideología liberal, así como de su forma-capital (capitalismo) y de su expansión planetaria (mundialismo) como fenómeno de la globalización.



JESÚS J. SEBASTIÁN


La globalización y el neoliberalismo parecen ser lo mismo. Sin embargo, un análisis exhaustivo permitiría, incluso, reconocerlos como fenómenos esencialmente distintos, pero paralelos. La globalización resulta ser un fenómeno histórico consustancial al capitalismo; mientras que el neoliberal es un proyecto político impulsado por agentes sociales, ideólogos, intelectuales y dirigentes políticos con una identidad muy concreta, pertenecientes –o al servicio– de las clases propietarias del capital en sus diversas formas. La convergencia de ambos procesos constituye la modalidad bajo la que se desarrolla el capitalismo en su fase actual.
Sin embargo, no pueden presentarse los fenómenos del capitalismo, el imperialismo, la globalización y el neoliberalismo como fenómenos independientes. Estas cuatro formas socioeconómicas no existen independientemente la una de la otra. El primero es un régimen económico, el segundo es la actitud y doctrina de dominio del primero, el tercero es la tendencia de los mercados en aplicación del régimen económico capitalista y de la apropiación del planeta por las multinacionales y corporaciones imperiales. Finalmente, el neoliberalismo es un proyecto de renovación del capitalismo que postula la reducción del Estado, en lo social y económico, a su mínima expresión.
Entre otros, los factores que caracterizan a la globalización, son: la expansión del sistema económico capitalista; la nueva forma de organización territorial y política del sistema mundial como proceso permanente (donde el Estado-nación es desplazado); el proceso de expansión de las empresas multinacionales y su peso específico en la producción mundial; el desarrollo de las comunicaciones y la rapidez con que transcurre la innovación tecnológica.
Si bien el proceso de globalización parece irreversible y, en muchos aspectos, independiente de lo que hagan los gobiernos, otra cosa es la ideología basada en la globalización, la ideología del free market, el neoliberalismo, eso que se ha llamado también “fundamentalismo del libre mercado”. El carácter neoliberal de la globalización, es decir, el sometimiento del proceso de producción, distribución circulación y consumo, al “fundamentalismo del libre mercado”, así como de la vida social a los valores del individualismo, se impone mediante un proceso político dirigido por la nueva clase dominante
Sin embargo, uno de los aspectos que los defensores neoliberales de la globalización utilizan con mayor frecuencia, de manera apologética y sin ofrecer confirmación alguna, es que la globalización, en su modalidad neoliberal, trae consigo toda una serie de oportunidades igualitarias. Los hechos, sin embargo, indican todo lo contrario pues, hasta el momento, el proceso globalizador neoliberal en ninguna parte ha acarreado beneficios compartidos; en todo caso, ha mantenido y reforzado los aspectos esenciales del capitalismo –la relación de producción, por ejemplo, basada en la explotación del trabajo por el capital–, cuyo desarrollo desigual significa mantener y profundizar las diferencias sociales y regionales que él mismo crea.
En este sentido, Samir Amin advierte que: «La expansión capitalista no implica ningún resultado que pueda identificarse en términos de desarrollo. Por ejemplo, en modo alguno implica pleno empleo, o un grado predeterminado de igualdad en la distribución de la renta». El propio Amin, encuentra la razón de la desigualdad en el hecho de que la expansión del capitalismo se guía por la búsqueda de la máxima ganancia para las empresas, esto es, sin mayor preocupación por las cuestiones relacionadas con la distribución de la riqueza, o la de ofrecer empleo en mayor cantidad y calidad. 
Por su parte, Alain Touraine, apelando a la historia del desarrollo capitalista es, aún, más contundente: «La afirmación de que el progreso es la marcha hacia la abundancia, la libertad y la felicidad, y de que estos tres objetivos están fuertemente ligados entre sí, no es más que una ideología constantemente desmentida por la historia […] Más aún, lo que se llama el reinado de la razón, ¿no es acaso la creciente dominación del sistema, no son la normalización y la estandarización, las que, después de haber destruido la economía de los trabajadores, se extiende al mundo del consumo y la comunicación? […] ¿Y no es acaso en nombre de la razón y de su universalismo como se extendió la dominación del hombre occidental?».
El neoliberalismo comenzó a imponerse en el mundo a partir de una avasalladora crítica a la intervención del Estado en la economía. Asimismo, el brutal ataque contra el Estado de bienestar (ahora ya lo llaman “Estado de bienestaba”), emprendido por los ideólogos neoliberales en las décadas de los 70-80’ del siglo pasado, tuvo que ver con la conversión de los derechos sociales en servicios mercantiles que sólo pueden ser adquiridos en el mercado a los precios fijados por la ley de la oferta y la demanda. A tal  efecto, se fortaleció la idea de que el Estado resulta ineficiente para producir bienes y servicios; por tanto, se defendió la idea de que únicamente los dueños del capital son capaces de reconocer correctamente las señales que envía el mercado y responder a ellas de manera eficiente, lo que garantiza, no sólo el uso más productivo de los factores de la producción, sino también la producción de los bienes y servicios socialmente necesarios, en la cantidad y calidad con que los consumidores los demandan.
De esta manera, se concluía: si el mercado todo lo resuelve y, además, lo hace de manera eficiente, el Estado nada tiene que hacer en la actividad económica, cuya forma natural de desarrollo se encuentra en el mercado, donde el equilibrio económico se alcanza sin necesidad de la intervención estatal. El desplazamiento del equilibrio entre Estado y Mercado en favor de este último, se ha reforzado con una pertinaz ofensiva en el terreno ideológico que, por un lado, “sataniza al Estado” y, por el otro, “exalta las supuestas virtudes del mercado” y su libre funcionamiento. Incluso, el sentido común neoliberal sostiene que siempre será preferible sacrificar la democracia al bienestar de la población (“el pueblo quiere comer y luego ser libre”), haciéndolas excluyentes y negando la posibilidad de alcanzar ambas, aunque nunca se expongan las razones de tal negación.
Finalmente, la imposición del neoliberalismo como la modalidad actual de la expansión del capitalismo requiere, también, la homogeneización cultural, es decir, para que la modalidad neoliberal avance es necesario eliminar las diferencias culturales y reconocerla como la única opción. En otras palabras, las costumbres, los hábitos y, aún, las representaciones simbólicas de cada cultura diferencial deben desaparecer para asumir las únicas posibles, aquellas que nos permiten una actitud de pasiva aceptación de la globalización neoliberal: si la economía es global, también la cultura debe ser global.
Pero, ¿cuál es la clave de la nueva cultura única globalizada? Para empezar, el concepto de ciudadanía con el que la propia burguesía había igualado a todos (un ciudadano, un voto), ha perdido importancia frente a la noción de consumidor universal: en todos los continentes se consumen los mismos bienes y servicios ofertados y suministrados por empresas transnacionales. En otras palabras, se propone una nueva categoría socioeconómica, la de “consumidor global”. Al mismo tiempo, de grado o por la fuerza, los países empiezan a formar un conglomerado regional donde se diluyen las identidades colectivas, nacionales y étnicas, lo que provoca el júbilo de los defensores de una cultura universal y cosmopolita, que denigran las culturas locales y tradicionales como una mera expresión limitada y provinciana. De esta manera, no se produce el necesario reconocimiento de “otras culturas diferentes”, incluso negándolas como expresiones atrasadas y marginales de la “cultura global”, hegemónica y moderna. ¿Qué será lo siguiente?

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5199

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Re: Alain de Benoist en Madrid

Mensaje por Luego Cabalgamos el Vie Nov 06 2015, 23:33

Elogio de la diferencia

¿Un antirracismo diferencialista? 


Ediciones Fides ha publicado un libro recopilatorio de Alain de Benoist, titulado "El derecho a la diferencia. Para acabar con el racismo", en el que se analizan los modernos fenómenos del racismo y del antirracismo y se diseña un diferencialismo cultural en el que prevalece el respeto del derecho a las diferencias étnicas y culturales.



JESÚS J. SEBASTIÁN


Alain de Benoist y los autores de la Nueva Derecha (ND) siempre han criticado explícitamente las teorías racistas, esto es, aquellas que jerarquizan las razas en función de prejuicios fundamentados en las características biológicas o genéticas y que, presuntamente, legitimarían la dominación de unas razas sobre las otras, o la creencia de la existencia de unas “razas puras” que se contaminarían por el mestizaje con las “no-puras”. En cambio, la ND ha rechazado siempre el racismo en nombre del respeto al “derecho a la diferencia cultural”.
Sin embargo, varios autores como Taguieff, Dummet, Barker, Balibar o Wieviorka han considerado que el discurso neoderechista, aunque se articule fundamentalmente en torno a argumentaciones relacionadas con la idea de cultura y no recurra a categorías raciales, constituye, en realidad, un “racismo clandestino” o “encubierto”, un “nuevo tipo de racismo”, un racismo “culturalista”, “cultural” o “diferencialista”. El cambio de registro que ese discurso opera (sustitución de categorías biológicas por categorías culturales) vendría a ser, en realidad, una estrategia ideológica para encubrir su racismo, eludir la acusación de “racismo” y dotar a sus planteamientos de respetabilidad ante el descrédito científico e histórico sufrido por la “raciología”.
Así, por ejemplo, Wieviorka opina que conviene reservar el término “racismo” sólo para fenómenos en los que hay referencia a elementos de naturaleza biológica. Atendiendo a esas exigencias, habría que cuestionar la conceptuación del discurso culturalista como un tipo de racismo, sobre todo cuando, en ese discurso la biologización ha sido sustituida por la culturalización y aparece sólo una lógica diferencialista. El análisis que Wieviorka realiza del discurso culturalista de la ND presenta enfoques diferentes con respecto al efectuado por Taguieff. Mientras que para éste el diferencialismo culturalista de la ND constituiría un nuevo tipo de racismo, como resultado de una metamorfosis en el fenómeno racista, para Wieviorka, el llamado racismo culturalista o diferencialista sería el resultado del reforzamiento de una de las lógicas tradicionales del fenómeno racista, la lógica de diferenciación, la cual, en tanto que constitutiva del fenómeno, habría estado siempre presente a lo largo de toda la historia del racismo.
El caso es que Alain de Benoist no ha cuestionado nunca el hecho de la existencia de razas. Esto es, que la existencia de diferencias intraespecíficas en el género humano, de grupos que se definirían por la frecuencia de determinados componentes genéticos, resulta incontrovertible. Pero reconocer este hecho no significa, de modo alguno, postularse en el bando del racismo. Alain de Benoist fijó, muy tempranamente, los términos del debate y el relato de una crítica diferencialista del racismo que, inmediatamente, se convertiría en una de las señas de identidad de la escuela de pensamiento de la Nueva Derecha. 
El racismo, según De Benoist, es una doctrina bipolar. Como actitud, el racismo se manifiesta en un cierto reflejo de exclusión, al que, dada su extensión universal, habría que reconocer el valor de una disposición innata, natural, integrada en las estructuras filogenéticas de la especie humana. Pero, según Alain de Benoist, lo que define, de inicio, al racismo como actitud, es la combinación de este impulso primigenio con una concepción monoteísta del mundo. «La actitud racista –escribe– aparece ligada a la convicción de que no existe más que una verdad. Al mismo tiempo, se presentan reunidas las condiciones de justificación de una intolerancia absoluta respecto de quienes se encuentran en el error». De esta forma, el racismo identifica al propio grupo de origen o pertenencia con la norma absoluta y universal a la que deben someterse los otros grupos, revelando simultáneamente una incapacidad, no sólo para reconocer las diferencias existentes en esos otros grupos, sino las propias de su grupo.
«Esta tendencia a interpretar al otro a través de uno mismo es tanto más absurda cuanto que impide no sólo la comprensión del “otro”, sino también la comprensión de uno mismo, en la medida en que no se puede ser plenamente consciente de la propia identidad sino es mediante la confrontación con una variación exterior: necesitamos al “otro” para saber en qué nos diferenciamos de él». La ceguera del racismo para percibir en la “alteridad” de los otros un valor en sí mismo, niega toda posibilidad para identificar la propia “mismidad”.
Por otra parte, como pensamiento, el racismo, frecuentemente y a pesar de sus muchas variantes, se identifica con el reduccionismo biológico, con la idea de que lo determinante en la historia de las sociedades humanas es la raza. Este reduccionismo racista se olvida de lo esencial, de lo específicamente humano, que es, justamente, lo que no puede ser reconducido a parámetros puramente biológicos de explicación. «Los factores biológicos –afirma Alain de Benoist– no desempeñan en el hombre más que un papel de determinación potencial; no definen más que un marco, un zócalo, una base». Lo específico del hombre no es la naturaleza ni lo biológico, sino la cultura y la historia.
Pero según sus críticos, la estrategia de cambiar el término “raza” por el de “cultura” no haría sino enmascarar lo que Taguieff llamaba un “racismo diferencialista”. La retorcida hipótesis consiste en defender que la absolutización y esencialización del valor de esas diferencias –de todas, no sólo las de un grupo humano– sería la versión moderna de un racismo que siempre ha estado presente en el acervo ideológico de la derecha radical y que la Nueva Derecha intentaría camuflar para legitimar –y dotar de respetabilidad– su discurso neorracista. Una acusación que no deja de ser un simple juicio de intenciones: no se intenta “comprender” al adversario y, en una fase inmediatamente posterior, “criticar” sus posturas, sino de “desenmascarar” un supuesto trasfondo ideológico equiparándolo con la maldad intrínseca de la xenofobia.
Tan singular hipótesis parte de la base de que el racismo puede expresarse tanto en términos de rechazo como de elogio de la diferencia (cultura, tradición, religión, etc.), sólo que siempre sería “mixofóbico”, es decir, contrario al mestizaje. Según Taguieff, el racismo diferencialista «no puede ser reducido a la teoría y la práctica de la desigualdad que legitima la dominación y la explotación. Más bien se encuentra imbuido del imperativo categórico de preservar la identidad del grupo, cuya pureza lo hace sagrado».
Como respuesta, la ND denuncia, sin embargo, el racismo de sus críticos, que puede tener dos tipos de manifestaciones. Una primera, que identifica con el llamado “racismo de asimilación” –conceptualizado por oposición al “racismo de exclusión”–, según el cual no se trataría tanto de “destruir al otro” como de negar sus diferencias o, incluso, de negar su propia existencia. Y una segunda, que denomina “alteromanía”, el respeto de todas las culturas excepto de la propia de los que hacen el juicio de valor, y que sería típica de la izquierda antirracista europea. Se apoya la emergencia y el redescubrimiento de las raíces de otros pueblos, mientras se denigran los mismos esfuerzos para que los europeos encuentren las suyas, lo que, en última instancia, supone una actitud de rechazo de sí mismo, de “autoodio” y de etnomasoquismo: el típico etnocentrismo occidental invertido. En este retorcido contexto, Alain de Benoist se pronuncia por un “antirracismo diferencialista” (no desigualitario), frente al izquierdista y biempensante “antirracismo” que, en realidad, no sería sino una versión del “racismo heterófobo”, esto es, una creencia basada en el odio a las razas y en un programa de erradicación de todas las diferencias raciales y culturales que se disolverían en una gran civilización universal, fruto de un crisol nivelado por el mestizaje, la igualación y la aculturación.


http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5194


Última edición por Luego Cabalgamos el Vie Nov 06 2015, 23:34, editado 1 vez

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Re: Alain de Benoist en Madrid

Mensaje por Luego Cabalgamos el Vie Nov 06 2015, 23:34

Europa-Tercer Mundo, mismo combate

Siete tesis sobre el Tercer Mundo 


Ediciones Fides ha editado el volumen «Europa-Tercer Mundo, mismo combate», de Alain de Benoist. La tesis puede parecer sorprendente. Una alianza entre Europa y el Tercer Mundo contra el liberal-capitalismo encarnado por el enemigo americano y las empresas transnacionales, que destruyen las identidades colectivas y las formas de vida tradicionales, un precio que estos países deben pagar por incorporarse al paradigma del desarrollismo occidental, una nueva forma de colonialismo.






ALAIN DE BENOIST

Todo parece oponerse a Europa y al Tercer Mundo. Sin embargo, actualmente todavía se les ofrece una oportunidad única. Pertenecen ya a esas áreas geopolíticas del mundo que no se funden con las superpotencias, por lo que ambos podrían ayudarse para inaugurar una tercera vía. El libro Europe, Tiers monde, méme combat, de Alain de Benoist, recuerda primero las vicisitudes de la ideología colonial y el extraño destino del Tercer Mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Se verá cómo las divisiones habituales entre la derecha y la izquierda rara vez han correspondido a la realidad de las fuerzas en los países del Tercer Mundo. Y es, quizá, una coincidencia, que un nuevo Tercer Mundo muy diferente del anterior, está surgiendo hoy. La situación actual del Tercer Mundo muestra la responsabilidad de las ideologías dominantes en el estado de subordinación en que se encuentra. Un nuevo orden económico internacional requiere la creación de grandes áreas de desarrollo autocentrado, el único modelo que puede restaurar en el mundo la diversidad que hace de la riqueza identitaria un patrimonio de los hombres y de los pueblos. ¿La ideología de los derechos humanos o la defensa de los pueblos? ¿Hay que elegir? Entonces, la elección es clara: en el momento de la uniformidad globalizante y mundialista, de la muerte de culturas y estilos de vida diferenciados y arraigados, los pueblos de Europa y del Tercer Mundo deben construir su propio destino lejos de las seducciones de Occidente y de los cantos de sirena de Oriente.
* * *
Primera.- El Tercer Mundo es una expresión equívoca que hay que emplear con precaución. Designa una realidad fundamentalmente heterogénea. La definición que se ha dado más frecuentemente de ella es de orden económico: el Tercer Mundo estaría formado por el conjunto de los países pobres, por oposición al mundo desarrollado. Pero se puede también dar una definición política del Tercer Mundo. Éste reagruparía al conjunto de países potencialmente no alineados con las superpotencias. En este sentido, Europa también formaría parte del Tercer Mundo.
Segunda.- Frente al Tercer Mundo (en el sentido clásico), Europa no es culpable de forma particular. Económicamente, la colonización no ha sido un “buen negocio”. No explica tampoco el desarrollo de los países occidentales, así como tampoco explica el subdesarrollo de los países del Tercer Mundo. La responsabilidad de la “deculturación” producida por la colonización no corresponde a Europa, sino a una ideología universalista que Occidente ha adoptado en un momento dado de su historia y que ha sido la primera en sufrir. La colonización es una página definitivamente liquidada de nuestra historia. No hay razón para tener, respecto a ella, rencor, crispaciones, culpabilidad o nostalgia.
Tercera.- La aproximación puramente economicista de los problemas del Tercer Mundo es errónea. Reduce excesivamente el problema: vinculada con la ideología del “progreso”, enmascara en realidad una nueva forma de colonialismo. Proponer a los países del Tercer Mundo, para compensar su “retraso”, que adopten el modelo occidental de desarrollo, equivale a desposeerlos de su identidad, a transformarlos en occidentales de segunda categoría y, finalmente, a condenarlos a un subdesarrollo real permanente. La ayuda al Tercer Mundo no tiene sentido más que si tiende a crear in situ condiciones de desarrollo, respetando las especificidades colectivas y las culturas diferenciadas. El Tercer Mundo debe ser ayudado a ayudarse a sí mismo, principalmente por la creación de grandes zonas de desarrollo “autocentrado”. La realización de tal objetivo implica el abandono de los esquemas marxistas y liberales dominantes, y la revisión de la dogmática del librecambismo internacional. La producción de los países del Tercer Mundo debe orientarse prioritariamente, no hacia exportaciones destinadas a satisfacer la demanda del “mercado mundial”, sino hacia la satisfacción de la demanda interior.
Cuarta.- La pobreza de los países del Tercer Mundo, presentada actualmente como una situación de excepción, ha sido hasta una época reciente el estado normal de todos los países occidentales. Esta pobreza, si bien constituye la desdicha del Tercer Mundo, constituye también la oportunidad de no incidir en los mismos errores que Europa ha cometido –y continúa cometiendo– bajo la influencia de las ideologías universalistas occidentales. Los países del Tercer Mundo tienen la suerte de poseer, en general, sociedades orgánicas todavía vivas. Sin continuar necesariamente con formas tradicionales de existencia, deben ser incitados a inventar formas propias de acceso a la modernidad. El Tercer Mundo debe rechazar el ideal de desarrollo a la manera occidental e intentar poner en marcha modelos originales de crecimiento y modernización.
Quinta.- La descolonización está aún por hacer. A las formas antiguas de dominio han sucedido otras formas nuevas de colonialismo. La dependencia económica y energética, principalmente, enajena la soberanía política de los países del Tercer Mundo, cuyas estructuras sociales se encuentran igualmente amenazadas por la universalización del modo de vida occidental. Europa, a este respecto, no está en una situación muy diferente. Los equilibrios que la sociedad mercantilista ha destruido en el Tercer Mundo, los ha comenzado primeramente por quebrar en el seno mismo de la cultura europea, donde se ha constituido “sobre” y “mediante” la destrucción de los modos de vida orgánicos enraizados. La descolonización, está aún por hacer en todas partes del mundo, tanto en el Tercer Mundo como en Europa.
Sexta.- El Tercer Mundo es actualmente el único lugar donde se pueden elaborar, realizar y probar nuevas formas políticas, es decir, formas de tercera vía. Thomas Molnar constata con bastante razón: «No hemos considerado hasta ahora al Tercer Mundo por lo que es y será, es decir, otro mundo, que no es ni será el Occidente liberal democrático, ni el Oriente comunista». Únicamente el Tercer Mundo ha dado, desde 1945, el ejemplo de fórmulas políticas, económicas y sociales diferentes. Su debilidad económica contrasta, a este respecto, con su poder político potencial. El Tercer Mundo debe ser incitado a rechazar tanto el socialismo marxista como el liberalismo occidental. Frantz Fanon no estaba equivocado al decir que «el Tercer Mundo aparece actualmente, frente a Europa, como una masa colosal cuyo proyecto debe ser intentar resolver los problemas a los que Europa no ha sabido aportar solución». El Tercer Mundo representa una oportunidad capital de salir del dilema Este-Oeste, Oriente-Occidente, y de preservar así el futuro de la diversidad colectiva humana.
Séptima.- Únicamente Europa tiene interés político en el desarrollo del Tercer Mundo. En las condiciones geopolíticas presentes, todo país “no-alineado” del Tercer Mundo es un aliado potencial de Europa, cuya vocación frente a las superpotencias no pude ser otra que la de constituir una “tercera vía” y ofrecer una alternativa a las ideologías dominantes. El “tercermundismo” debe recibir una nueva definición y un nuevo impulso. Mucho más que un deber moral o un imperativo económico, es para Europa una necesidad política vital. La ayuda europea al Tercer Mundo debe ir prioritariamente a los países que rechazan el alineamiento con los “grandes”. Europa y el Tercer Mundo constituyen, conjuntamente, potencialmente, una tercera fuerza. A la ayuda económica de Europa hacia el Tercer Mundo debe corresponder una ayuda política del Tercer Mundo para Europa. Los intelectuales de izquierda se volvían ayer hacia el Tercer Mundo para acelerar la decadencia de la cultura europea. Nosotros nos volvemos hoy hacia él para que nos ayude a salvarla.


http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5185

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