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Guerra Anglo-Española de 1585-1604

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Guerra Anglo-Española de 1585-1604

Mensaje por ilustrado el Jue Nov 26 2015, 19:36

Participación vascongada en la Guerra Anglo-Española de 1585-1604



INTRODUCCIÓN

La I Guerra Anglo-Española fue un conflicto generado entre el Reino de Inglaterra de Isabel I y el Imperio español de Felipe II, entre los años 1585-1604.

Las causas que llevaron a Felipe II a la guerra fueron económicas, políticas y religiosas:

Políticas: Inglaterra consideraba a España una amenaza para su seguridad, ya que el Imperio español no dejaba de expansionarse por América, se había anexionado el Imperio portugués en 1580, y contaba con el apoyo de los Habsburgo en Alemania y de los príncipes italianos. Además, Inglaterra apoyaba al pretendiente al trono portugués Antonio Prior de Crato, así como a los rebeldes holandeses en la Guerra de los Ochenta Años. Mediante el tratado de Nonsuch de 1585, una alianza militar anglo-holandesa fue pactada contra España.

Religiosas: El protestantismo inglés se enfrentaba al catolicismo español. Cuando Isabel I de Inglaterra fue excomulgada por el papa Pío V en 1570, Felipe II firmó el tratado de Joinville en 1584 con la Santa Liga de París, para combatir el protestantismo.

Económicas: Las constantes expediciones de los corsarios ingleses contra los territorios españoles en las Indias y contra la flota del tesoro, que cargada de riquezas mantenía las finanzas de la metrópoli, no fueron grandes victorias, pero suponían una molestia para los intereses económicos.

La guerra comenzó con algunas victorias inglesas como la de Cádiz de 1587, y la pérdida de la Armada Invencible española de 1588, pero diversas victorias españolas por mar e invasiones a las costas de las islas Británicas produjeron la rendición de Inglaterra a la muerte de Isabel I. El fin de la guerra se produjo con el Tratado de Londres de 1604, bastante más favorable para España.

En el contexto de esta guerra tuvieron gran protagonismo las Armadas de Guipúzcoa y de Vizcaya, y destacándose como héroes de la contienda naval marinos como Juan Martínez de Recalde, Miguel de Oquendo, Pedro Zubiaur o Martín de Bertendona, entre otros.




EL DESEMBARCO DE SMERWICK, 1579

En 1579, el líder de los rebeldes irlandeses, James Fitzmauri, obtuvo en Roma el apoyo del papa y de Felipe II para organizar una expedición libertadora que expulsara a los ingleses de Irlanda. La expedición, zarpó de Civitavechia, reuniéndose en las costas de Galicia con la Flota española.

La flota de asalto estaba formada por 1.500 hombres, la mayoría eran voluntarios irlandeses e italianos, los voluntarios españoles fueron 400, con armas para otros 4.000 rebeldes irlandeses que esperaban en Smerwick, puerto de Kerry, en la costa oeste de la isla. La expedición estuvo conducida por Juan Martínez de Recalde a bordo de 8 naos y 4 pataches. Martínez de Recalde era un veterano almirante natural de Bilbao que había conseguido, años antes, algunos éxitos en las Escuadras de Vizcaya y de Laredo.

A pesar de cumplir con su cometido, la decepción surgió cuando Martínez de Recalde no encontró el apoyo popular que esperaba de los irlandeses, por lo que decidió volver a España con la gran mayoría de voluntarios españoles. Tan solo unos 700 voluntarios se fortifican en el “Castillo de Oro” en Lymbrik, y resistieron durante casi un año a los ataques por tierra y por mar de superiores fuerzas inglesas. Aquello demostró su debilidad y sentó un precedente para futuras invasiones, pero la guerra contra Inglaterra no se había declarado aún.



JUAN MARTÍNEZ DE RECALDE


LA EXPEDICIÓN DE LA “ARMADA INVENCIBLE” ESPAÑOLA

Armada Invencible era el nombre de la Grandísima y Felicísima Armada Española enviada por Felipe II para invadir Inglaterra en el año 1588.

La reina británica Isabel I, contraria a España, había favorecido a los rebeldes de los Países Bajos: firmó con ellos un tratado de ayuda militar a cambio de la presencia de sus tropas en Holanda. En ese mismo año, el corso entre España y Las Indias se recrudeció y, en mayo, Felipe II ordenó la captura de todas las naves inglesas ancladas en puertos españoles. En septiembre, Francis Drake inició una campaña de ataque sistemático a las colonias españolas del área del Caribe.

La invasión de Inglaterra por parte de la Armada tenía como finalidad la dominación de la rebelión en Flandes y terminar con la piratería de los corsarios ingleses que tanto perjuicio causaban a los buques españoles.

Felipe II ordenó la construcción de una gran armada, despertando una gran actividad febril en los astilleros y puertos de Guipúzcoa y Vizcaya, que aportan naves, aparejos, artillería y moniciones, capitanes, marinos, tripulaciones y guarniciones.

La gran armada constituida por 130 naves, 2.000 cañones, 30.000 soldados de infantería y 500 soldados a caballo, salió del puerto de Lisboa en mayo de 1588. Una serie de tempestades hicieron que la marcha fuera lenta y bordeando con dificultades la costa hasta La Coruña.

Las Armadas Guipuzcoana y Vizcaína participaron en aquel intento de asalto, de la mano de Juan Martínez de Recalde y Miguel de Oquendo, como capitanes de sendas armadas. Junto a ellos, otro el bilbaíno Martín de Bertendona capitanea la Armada de Levante.

Juan Martínez de Recalde era segundo jefe de la expedición, por detrás del duque Medina Sidonia, pero tenía a su mando las Escuadras de Oquendo y Bertendona, la nao capitana era la San Ana.

Miles de soldados y marinos vascos se encontraban en las armadas de Guipúzcoa y Vizcaya, gentes de Bermeno, Sopelana, Guecho, Plencia, San Sebastián Zarauz, Fuenterrabía, Pasajes y Zumaya. Lo mejor de la marinería vasca se volcó con la empresa de derrotar al enemigo inglés y ocupar su territorio.



ARMADA INVENCIBLE


La Armada Invencible partió del puerto marítimo de La Coruña el 22 de julio de 1588, en dirección al Canal de la Mancha, donde llegaron un semana después.

Tras ser hostigada la Armada por las naves inglesas en el Canal de la Mancha, el primer enfrentamiento serio con los ingleses ocurrió a la altura de Calais, el 31 de julio. La armada inglesa estaba al mando del almirante Howard y Francis Drake. Los ingleses utilizaron bancos incendiarios, y otras tretas y estratagemas.

Poco más tarde, frente a Gravelinas, se desató un terrible tormenta hace dispersar la flota causando grandes destrozos. El furioso temporal dura once días. Los vientos impulsaron hacia el norte a los restos de la escuadra que, ante la imposibilidad de volver al Canal y acudir al encuentro de Farnesio en Holanda. Por otra parte, las tropas de Farnesio no llegan a tiempo a las costas de Flandes según lo planeado.

Finalmente se optó por un largo y duro regreso rodeando las islas Británicas. Recalde agrupó las naos dispersas. Nuevas tormentas, a la altura de Irlanda, remataron el desastre. Aun así, algo más del 50% de las embarcaciones (67) logró llegar al puerto de Santander. La gran mayoría de las naves que se perdieron fue debida a las inclemencias meteorológicas y sus elementos, y no a la fuerza de combate inglés.

La Armada de Vizcaya, gobernada por el capitán general Juan Martínez de Recalde, estaba compuesta de 14 buques: 10 naos y 4 pataches, 1200 marineros, 2000 soldados y 250 piezas de artillería. Los buques eran los siguientes:

Santa Ana
El Gran Grin
Santiago
La Concepción de Zubelzu
La Concepción de Juanes del Cano
La Magdalena
San Juan
La María Juan
La Manuela
Santa María de Monte-Mayor
Patax la María de Aguirre
Patax la Isabela
Patax de Miguel Suso
Patax San Esteban



La Armada de Guipúzcoa, gobernada por el capitán general Miguel de Oquendo, estaba compuesta de 12 buques, y otros 2.600 hombres. Los buques eran los siguientes:

Santa Ana
Nuestra Señora de la Rosa
San Salvador
San Esteban
Santa Marta
Santa Bárbara
San Buenaventura
La María San Juan
Santa Cruz
La urca Doncella
Patax la Asunción
Patax San Bernabé



La Armada de Levante, dirigida por el capitán Martin de Bertendona, tenía 10 buques.

La Armada de Castilla, dirigida por el general Diego Flores de Valdés, tenía 16 buques.

La Armada de Portugal, bajo el cargo del Duque de Medina-Sidonia, tenía 12 buques.

La Armada de Andalucía, a cargo del capitán general Pedro de Valdés, tenía 11 buques.



RUTA DE LA ARMADA INVENCIBLE


LA EXPEDICIÓN DE DRAKE-NORRIS O DE LA ARMADA “INVENCIBLE” INGLESA DE 1589

La expedición de la Real Armada inglesa de 1589 o Contra Real Armada fue una flota naval comandada por el almirante Francis Drake y el general John Norrey, enviada por la reina Isabel I de Inglaterra con la intención de invadir la península Ibérica, durante el conflicto anglo-español de 1585-1604.

El objetivo de la Armada inglesa era aprovechar la ventaja naval obtenida tras el desastre de la expedición de la Armada “Invencible” española que trató de invadir Inglaterra en 1588, y obligar a Felipe II a claudicar la guerra en sus términos de paz.

El plan consistía en quemar la flota española del Atlántico afincada en La Coruña, San Sebastián y Santander, desembarcar en Lisboa para causar una revuelta portuguesa contra Felipe II, y establecer una base naval en las islas Azores para interceptar los tesoros de la Flota de la Carrera de Indias con dirección a Cádiz.

De la financiación de tal empresa se ocuparon la reina Isabel I, el gobierno holandés, y nobles y mercaderes, aun así, sufrió un retraso sobre el plan inicial debido a la falta de logística y el mal tiempo.

Aquella flota estaba por 6 galeones reales, 60 buques mercantes ingleses, 60 barcos pequeños holandeses, y unas 20 pinazas. Al menos 150 buques, mucho mayor que la de la Armada “Invencible” española, compuesta por 131 buques. Además de las tropas de tierra formada por sólo 1.800 soldados veteranos frente a 19.000 voluntarios, desprovistas de armas para sitiar ni caballería, embarcaron 4.000 marineros y 1.500 oficiales. La tripulación total, entre marineros y soldados, alcanzó 23.000 hombres.



MARÍA PITA Y LA RESISTENCIA EN LA CORUÑA


La flota zarpó de Plymouth en 13 de abril. Drake decidió no atacar los puertos españoles de Cantábrico ante el temor de verse acorralados en el golfo de Vizcaya por los fuertes vientos. Prefirió iniciar el ataque en La Coruña el 4 de mayo, tomando la ciudadela baja, destruyendo algunos barcos menores, pero finalmente fueron rechazados ante la heroica resistencia popular, destacándose María Pita.

La siguiente etapa era invadir Lisboa y provocar el levantamiento portugués en contra de Felipe II y a favor de Prior de Crato, el pretendiente de la Casa de Avis, apoyado por la reina de Inglaterra, con la intención de disminuir el poder de España en Europa.

Al llegar Norreys a Lisboa no se produjo ningún levantamiento. Su armada carecía de medios para realizar un asalto tanto en Lisboa como en Azores, estaba reducida por las tormentas, y la tripulación cada vez más débil por las enfermedades, volviendo a Londres. Drake, de vuelta, saqueó Puerto Santo en Madeira y la villa de Vigo, sufriendo un motín al llegar a Plymouth.

Durante su huida, las galeras españolas salieron en caza y captura. Tres buques ingleses fueron detenidos en el puerto de La Coruña, otros cinco fueron capturados por Martín de Padilla, tres por Alonso de Bazán, y dos por Diego de Aramburu.

La expedición de la Contra-Armada es considerado el segundo mayor desastre naval de que han sufrido los ingleses en toda su historia, sólo por detrás de la humillación que efectuó Blas de Lezo en el sitio de Cartagena de Indias de 1741. Los costes de la expedición inglesa agotaron el tesoro real inglés.

De los 23.000 hombres que zarparon, 3.000 huyeron tras el motín de Plymouth, 2.000 desertaron en La Coruña, y tan sólo 5.000 regresaron vivos a Inglaterra, el resto murió en combate o por enfermedad, entre los que se encontraban coroneles y capitanes. A estas pérdidas hay que añadir la destrucción o captura por los españoles de al menos doce navíos, y otros tantos se hundieron por temporales en el viaje de regreso.



CONTRA-ARMADA "INVENCIBLE" INGLESA


EL COMBATE DE LAS AZORES: LA CAPTURA DEL REVENGE

En la expedición de las Azores de 1591 participaron navíos vizcaínos y guipuzcoanos dirigidos por el General de Armada, Alonso de Bazán, el capitán de la Armada Guipuzcoana, Marcos Aramburu, y el capitán de la Armada Vizcaína, Martín de Bertendona, y almirantes como Joanes de Villaviciosa, Santiago de Aristeguieta y Antonio de Urquiola entre otros.

Tras las pérdidas de la Grande y Felicísima Armada española en 1588, y aunque la Armada inglesa también había sido bastante vapuleada tras la desastrosa aventura de la Contra-Armada de 1589 en Lisboa, la Monarquía inglesa decidió organizar una flota para combatir y apresar los galeones españoles de la Carrera de Indias que traían tesoros desde América, tan necesarios para mantener el extenso imperio colonial de Felipe II. Esta armada pretendía emboscar a la flota española en las inmediaciones de las islas Azores para repostar durante la travesía.



ISLAS AZORES


Una escuadra la británica que se compondría de al menos 20 galeones de guerra y que estaría comandada por dos insignes marinos, Thomas Howard y Richard Grenville. Al mando del HMS Defence, como capitana, y del HMS Revenge, como almiranta a las órdenes de Greenville. Otros 4 galeones de 500 toneladas formaban el núcleo principal de la flota incursora, a los que se unían 4 galeones menores y 6 mercantes armados como corsarios, llegaron en Mayo del mismo año a las Azores. Más tarde, se incorporó otra escuadra de 8 buques, 7 corsarios y el galeón Garland con la misión de vigilar la costa portuguesa en previsión de que apareciese una flota española que los pudiera pillar en desventaja.

Ante esta amenaza, el rey Prudente, Felipe II, dio la orden de retrasar la salida de la Flota de Indias para evitar su captura, y organizar una armada de 52 galeones al mando de Alonso de Bazán, más los 6 filibotes portugueses de Luis Coutiño. Una semana después de su partida, llegaron los navíos españoles a las inmediaciones de las Azores, donde Alonso de Bazán se aprestó a la batalla dividiendo sus fuerzas para coger a los ingleses en dos frentes.

Las órdenes del almirante disponían que Aramburu con los 7 galeones de Castilla, el San Francisco de la Presa, la capitana de los pataches y 2 filibotes portugueses atravesarían por entre la isla de Flores y la del Cuervo, mientras que el principal de la escuadra a su mando lo haría por el margen izquierdo de la de Flores. A barlovento los galeones San Pablo, San Martin y San Felipe con los filibotes de Luis Coutiño y a sotavento los que mandaban Martín Bertendona, Sancho Pardo y Antonio de Urquiola, mientras que los galeones de Villavicencio quedaban a retaguardia como escuadra de reserva.

Tras avistar a la flota de Howard, Aramburu que navegaba junto a Bazán se lanzó contra ellos. Este ya conocía del ataque de los españoles por lo que tenía prestas sus naves para la defensa, pero en vista de la superioridad española optó por retirarse a todo trapo. En un primer momento, los barcos de Aramburu persiguieron a los ingleses tal y como era su misión principal, la destrucción de la flota enemiga e incluso el San Cristóbal llegó a cañonear y disparar varias descargas de artillería al Defence mientras este maniobraba para evitar el abordaje, y finalmente huir.

Grenville, que comandaba el Revenge, se enfrentó a los españoles con notable fracaso: el Golden Noble se retiró de la lucha y poco después lo hizo el Foresight con graves pérdidas, el Revenge, antiguo buque de Darke, fue capturado.



CAPTURA DEL GALEÓN INGLES MHS REVENGE


La victoria no fue gratis para los españoles, el Ascensión y el San Andrés, la urca de Luis Coutiño se abordaron de tan mal manera que se fueron al fondo, el Ascensión ese mismo día y la urca al día siguiente, si bien gran parte de su tripulación y su artillería pudieron ser rescatadas. Según las crónicas, las bajas españolas fueron menos de 100, algo menos de las que tuvo solo el Revenge, incluyendo los muertos del Ascensión. Una vez hechas las reparaciones de urgencia, la escuadra se adelantó más allá de las islas para encontrarse con las Flotas de Indias y respaldarlas.

A la llegada a España, la gesta no se consideró una gran victoria, más bien una ocasión perdida para apresar a aquella armada inglesa. En cualquier caso, la jornada no fue más favorable a los ingleses, a la pérdida del Revenge y a la frustración de no haberse podido hacer con las riquezas de la Flota de Indias, hay que añadir, que los barcos que huyeron de las Azores llegaron en muy mal estado a Inglaterra, con grandes pérdidas humanas y materiales (aunque consiguieron llegar todos a Plymouth) y la escuadra corsaria bajo mando de Monson también sucumbió ante las galeras de Francisco Coloma, que les capturo un galeón de 200 toneladas, una zafra y una carabela e hizo prisionero al mismísimo Monson.

Y sobre todo, quedó constancia de que tras la Jornada de Inglaterra, España había vuelto a convertirse en la dueña del mar. Dominio indiscutible que conservaría hasta el combate de las Dunas en 1639 y que a partir de entonces sería disputado por Holanda, no por los ingleses.

Además, el motivo de esta batalla, los metales de la Flota de Indias, nunca estuvo en peligro, ya que previendo el ataque, se desembarcó en La Habana y partió rumbo a Sevilla a bordo de cuatro fragatas que arribaron a España en Enero de 1592.



CAPTURA DEL MHS REVENGE


LA ACTIVIDAD LOGÍSTICA Y CORSARIA DE ZUBIAUR

Pedro de Zubiaur Ibarguren se convirtió en el gran almirante de la segunda mitad de esta Guerra Anglo-Española. Era natural de Santa María de Zenazurra, tenía una gran experiencia en el combate marítimo contra buques ingleses, transportando caudales a Flandes o defendiendo las costas españolas.

En 1590 consiguió el mando de una escuadra integrada por un número variable de filibotes en los que embarcaban entre 35 y 40 soldados en cada uno de ellos. El resultado de la utilización táctica de estas unidades fue excelente en funciones de transporte y corso, aunque tuvieron dificultades a la hora de enfrentarse a unidades enemigas de mayor tonelaje, por lo que Zubiaur reclamó insistentemente la construcción de unos galeones de 250 a 300 toneles que, finalmente, le fueron entregados.

Nada más tomar el mando, fue enviado con 3 filibotes a dar escolta a varios navíos, siendo sorprendido, frente a Bayona, por 14 buques holandeses con los que trabó combate, logrando capturar a siete de ellos que condujo a Ferrol.

Volvió a salir ese mismo año de 1590 para transportar armas y municiones a Flandes y, cuando regresaba a España, se encontró, a unas 40 millas de Muxía, con 9 galeones y un patache ingleses a los que se enfrentó con audacia en un combate que se prolongó a lo largo de nueve horas.

Fue ese mismo año cuando se llevó a cabo el envío del tercio de Juan del Águila a Bretaña, donde estuvo operando en apoyo de la Liga Católica hasta que en 1598, durante los últimos días del reinado de Felipe II se firmaron las paces con Francia y nuestras tropas retornaron a la península.



PEDRO DE ZUBIAUR


Durante los ocho años que duró la presencia española en las ciudades de Blavert y Brest, Zubiaur estuvo al mando de los filibotes de la Armada en la costa de Bretaña. Fue el organizador del mantenimiento de las fortificaciones de Blavet y Brest y de los suministros a las fuerzas allí destacadas, transportando caudales, refuerzos y pertrechos de todo tipo, así como la de tomar parte en importantes hechos de armas.

A pesar del fracaso de la Gran Armada, se mantuvo durante muchos años una eficaz presencia de las unidades navales españolas en esas aguas, amenazando en ocasiones a las propias costas inglesas. Zubiaur consideraba que la mejor utilización de los buques propiciar el colapsar el tráfico marítimo del enemigo, mediante operaciones de corso, sin rehuir los enfrentamientos con sus unidades de combate.

Las presas efectuadas por Zubiaur fueron numerosas, a costa de pérdidas muy limitadas. La que más le dolió fue la de su almiranta, acaecida en 1592 mientras se encontraba en Pasajes.

En Blavet había dejado a cinco de sus filibotes al mando de Juan Pérez de Mutio y fue El Falcón Blanco el capturado por tres navíos de Pechelingas, tras un durísimo combate.

La fama de Zubiaur se acrecentó durante su permanencia en Bretaña por la valentía demostrada en todas las ocasiones en las que hubo de enfrentarse a fuerzas muy superiores. Entre ellas destacó el combate mantenido, en noviembre de 1592, con cuarenta mercantes ingleses a los que quemó la capitana y capturó tres navíos, no siendo mayor el daño causado por la inesperada llegada de seis buques de guerra, de los que pudo zafarse.

Pero, sin duda, el combate más espectacular fue el que mantuvo en abril de 1593, en aguas de Blaye, cuando acudió a socorrer a los católicos que se habían hecho con el control de la plaza y estaban siendo sometidos a un fuerte asedio. En Blaye se encontró con seis navíos ingleses que intentaban bloquearlo y, sin vacilar, los embistió a pesar de tratarse de buques muy superiores, logrando abordar y echar a pique a la capitana y almiranta enemiga que se incendió con todos sus hombres, y capturando todas las banderas de la capitana y parte de las de la almiranta.

Tras haber desembarcado el socorro, aparecieron 11 navíos de La Rochelle y de Broage que comenzaron a cañonearle. A pesar del fuego que se inició en su capitana, logró destruir la del enemigo y salvar todos sus buques pero, cuando atardecía, intentaron cortarle el paso 40 navíos y 2 galeotas procedentes de Burdeos. El viento cayó y la corriente hizo encallar algunos de sus barcos, mientras que otros huyeron. Por la noche, pudieron retirarse con la marea alta y emprender el viaje de regreso hasta Pasajes.



COMBATE EN AGUAS DE LA ROCHELLE


Zubiaur se quejaba enormemente de la falta de víveres para la tripulación, el problema radicaba en que los proveedores carecían de los fondos necesarios para el avituallamiento que tenía que depender, en gran medida, de las presas efectuadas en la mar. De ellas se aprovechaban los víveres que transportaban y se vendía el resto de los efectos.

Él fue quien mantuvo las comunicaciones en los momentos difíciles, quien trajo a Diego Brochero de regreso a España en 1595, cuando fue nombrado almirante de la Mar Océano, y quien se encargó de la evacuación de las tropas destacadas en Bretaña, tras la firma de la paz en 1598.

En 1597 es nombrado capitán General de una escuadra de navíos de la Armada, por lo ahora cuenta con mayores fuerzas bajo su mando, partiendo de los puertos (Ferrol, Lisboa y Cádiz) a recorrer la costa para garantizar la seguridad del tráfico marítimo, ante cualquier amenaza de corsarios, o la organización de escuadras para el transporte de personal y suministros.

Participó ese mismo año, en las operaciones de ataque a Inglaterra, sufriendo las penalidades de las grandes tormentas. Su galeón quedó completamente destrozado en su intento de ayudar a la capitana.

A partir de ese momento, sus actuaciones tuvieron como escenario las aguas comprendidas entre el estrecho de Gibraltar y las islas Madeiras, siendo numerosos los buques enemigos que capturó, destacando el enfrentamiento que mantuvo con una escuadra holandesa de la que pudo hacerse con 5 navíos y un rico cargamento que llevó a Cádiz.

Un paréntesis en estas actuaciones fue su participación en la evacuación de Blavet, efectuada en 1598, tras la paz de Vervins, con los galeones a su mando.


EL DESEMBARCO DE CORNUALLES

Al estallar la guerra civil en Francia a finales del siglo XVI, Felipe II apoyó al candidato católico al trono, pudiendo disponer del puerto de Blavert, cera de Brest. Este puerto fue aprovechado por los españoles para atacar el tráfico inglés y holandés por aquellas aguas, especialmente los filibotes y zabras al mando de Pedro Zubiaur y una escuadrilla de galeras de Diego Brochero, consiguiendo continuos éxitos.

Las galeras eran magníficos buques anfibios, y estas se aprovecharon para saquear algunos pueblos hugonotes cercanos a Blavert, como hizo Carlos Amézola con 4 galeras en junio de 1595, poniendo rumbo a Cornualles. La expedición continuó en tierras inglesas, saqueando las ciudades de Mouse Hole, Penzans y Newlin, apresando buques mercantes con carga, y hundiendo 2 buques holandeses.

El capitán Martín de Oleaga volvió a desembarcar en la costa inglesa, con nuevos incendios, saqueos y presas mercantes.

La Corte inglesa decidió apoyar a los hugonotes franceses y atacar a los españoles en el puerto de Blavert. La empresa inglesa resultó, una vez más, un fracaso por la heroica resistencia de los españoles al mando de Juan de Águila por tierra y de los almirantes vascos: Pedro Zubiaur, Martín de Bertendona y Juanes de Villaviciosa. Murió entre otros, el almirante inglés Frobisher.

Finalmente, las tropas españolas ocuparon el puerto de Calais en abril de 1596.



PROVINCIA INGLESA DE CORNUALLES


LAS EXPEDICIONES DE 1596 Y 1597

En octubre de 1596, la gran flota de Martín de Padilla, formada por 100 buques y un tropa de desembarco de 9.000 españoles y 3.000 portugueses, puso rumbo a las costas de Irlanda para apoyar la rebelión católica. Mala suerte pues, un temporal sorprende en 28 del mismo mes, y hace retroceder 32 embarcaciones y 2.000 hombres a las costas gallegas.

Al año siguiente, la flota se incrementó a 136 embarcaciones de todos tipos y 24 carabelas, con 12.500 hombres. Zarpando con retraso en octubre, se reunieron con las galeras de Blavert, y se dispusieron a asaltar Inglaterra. Cuando ya divisaban Falmouth, se desencadenó un terrible temporal que dispersó la flota, hundiendo 7 buques y pereciendo 1.000 hombres ahogados.

Sin embargo, 7 de los buques llegaron a su objetivo y pusieron tierra unos 400 hombres, esperando la llegad del resto. Tras comprobar que la flota estaba dispersa y no llegaban refuerzos, se retiraron hacia España. Esta fue la mejor ocasión para invadir Inglaterra, mejor que la del desastre de la “Invencible” de 1588.

Lo sorprendente fue que la flota inglesa al mando de Essex, Howard y Raleigh, con 120 buques y otros 25 holandeses, no vieran esta gran armada y se dirigieran a las Azores con la intención de interceptar la flota de galeones de la Carrera de Indias, que rebosantes de oro y plata, traía de América el almirante Garibay. Pero este supo burlar a sus perseguidores, que al volver frustrados a Inglaterra, se encontraron además con que habían dejado su nación indefensa.

Ello explica que la memoria histórica haya hecho responsables a los elementos del fracaso de la “Invencible”, aunque simplificando los hechos y resumiéndolos en una sola expedición, los tres sucesivos intentos. La Navy sólo intervino en la primera de las ocasiones, y ausente en estas otras dos.

Una notica consoló a los ingleses, Felipe II firmó en 1598, la paz con Enrique IV de Borbón, al que aceptaba como rey de Francia tras su conversión al catolicismo. Y en virtud del tratado fueron devueltas a los franceses las plazas de Blavert y Calais, de suma importancia estratégica contra Inglaterra.

Poco después, el “rey prudente” moría, legando a su hijo, Felipe III, el conflicto con Inglaterra y un enorme imperio.



FELIPE II


IRLANDA, 1601-1602

De nuevo se pensó en que la mejor manera de derrota a Inglaterra era en su débil flanco irlandés, y para ello se organiza una operación de asalto dirigida por Juan de Águila y apoyada por los rebeldes irlandeses, los condes de Tyrone y O´Donnell.

En esta expedición estuvieron presentes de nuevo Diego Brochero y Pedro de Zubiaur que habían coincidido en Bretaña y cuyas discrepancias fueron notorias a la hora de abordar los planteamientos tácticos de la guerra en la mar.

El 3 de septiembre de 1601 zarpaba de Lisboa una escuadra de 23 buques al mando de Diego de Brochero con 4.432 españoles de tropa de desembarco. Antes de llegar, un temporal separaba la flota de Pedro de Zubiaur de 8 buques y 1.000 hombres, regresando a Ferrol.

El resto de la expedición desembarcó en el puerto de Kinsale el 2 de octubre, pero la insurrección de la población contra domino inglés no resultó. Apenas llegan a unirse 900 hombres, mal armados.

Al norte, O´Donnell y Tirconell levantaron a 3.000 hombres pero esperaron en Tipperay a la rebelión de O´Neil, sin auxiliar a los españoles.

El puerto de Kinsale fue cerrado por tierra con 6.000 soldados de infantería y 500 de caballería, dirigidos por el virrey de Irlanda, Mountjoy, y la escuadra naval de Richard Levison.

Zubiaur regresó a Irlanda con 6 buques y 600 soldados, desembarcando en Castlehaven, apoderándose también de los puertos de Baltimore, Bantry y Berehaven, desde los cuales montó una guarnición hispano-irlandesa al entablar acuerdos con los jefes locales.

La flota de Levison, superior en número y porte, atacó a la de Zubiaur en Castlehaven. El duro marinero vasco, apoyado con cañones en tierra para apoyar a la flotilla española, rechazó a la inglesa tras 5 horas de combate, habiendo recibido su buque insignia, el María Francisca, más de 350 balazos. Reparado y libre de bloque se reunió con la flota española.

Juan de Águila efectuó una salida a Kinsale el 12 de diciembre, en la que redujo a los sitiadores ingleses que perdieron 700 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, y unos 20 cañones, por sólo un centenar de españoles.

Mientras que los ingleses recibieron continuos refuerzos de Inglaterra e Irlanda, hasta sumar 12.000 hombres, los irlandeses se decidieron a entrar en combate con 6.000 hombres, contactando con los españoles en Castlehaven.

La operación de liberación de Kinsale se acordó para el 4 de enero de 1602. Pero las milicias irlandesas, improvisadas y mal armadas, no consiguieron resistir a las primeras cargas inglesas. Resistían en Kinsale, los 500 de O´Sullivan y los 200 españoles. El resto se encontraba en los otros puertos del sur.

El otro de los caudillos irlandeses, Hugo O´Donnell, se refugió en Castlehaven, pidiendo ayuda a Zubiaur para ser conducido a España y entrevistarse con Felipe III. El 6 de enero, Zubiaur le acompañó a la mar, llegando a Luarca 7 días después.

En Kinsale quedó Juan del Águila completamente aislado y ante el poco apoyo irlandés, el 12 de enero, los españoles pactaron la capitulación con los ingleses con todos los honores.

El resultado final: una fuerza de 3.000 españoles, entre ellos muchos naturales de las provincias vascas al mando de Pedro de Zubiaur, y con escaso apoyo rebelde consiguió apoderarse de cinco puertos del sur de Irlanda, teniendo en jaque a un costoso ejército inglés de 12.000 hombres, durante 4 meses. Este tipo de acciones pasaría factura a las desastrosas arcas inglesas.



CASTLEHAVEN


LA ÚLTIMA AMENAZA

Un joven capitán, Federico de Spínola, continuó las operaciones de asedio a puertos ingleses, ahora desde las bases en el Flandes español, y el objetivo era ocupar uno o dos de los puertos ingleses, simultáneamente a la expedición irlandesa.

Reuniendo sus galeras, al mando de Carlos Amézola, a las que se unieron otras, sembró el pánico en la navegación mercantil de ingleses y holandeses. En 1600, su hermano Ambrosio Espinola con un ejército de 9.000 hombres llegaba a Flandes. Sin embargo, la resistencia de los rebeldes holandeses consiguió que la tropa se quedase allí.

A finales de 1602, las tropas alcanzaban los 20.000 reclutados y 2.000 caballos, pero de nuevo, la resistencia holandesa salvaba a Inglaterra de una invasión. Federico Spínola murió de una bala de cañón en el pecho cuando sus galeras atacaban a una escuadra holandesa el 25 de mayo de 1603, y con su muerte se perdía el proyecto.

Sin embargo, las amenazas estaban ahí, y la economía inglesa cada vez estaba más en bancarrota, aunque la española tampoco era muy satisfactoria. Y eso que los galeones de la Ruta de las Indias nunca trajeron tanto oro y plata a España desde América como entre 1588 y 1604.



COMBATE NAVAL ENTRE FLOTAS ESPAÑOLA E INGLESA


LA RENDICIÓN DE LONDRES

Los ingleses comprobaban que, a los españoles no les costaba muy esfuerzo atacar las cosas de las islas británicas y resistir allí durante meses, con apenas unos pocos miles de soldados. A Inglaterra, en cambio, le salió muy cara mantener sus suministros en Irlanda, pues mantener a 20.000 soldados del ejército de ocupación le costaba no menos de 300.000 libras anuales de entonces, desprotegiendo a Inglaterra.

Inglaterra estaba agotada tras sus enfrentamientos con España y ya ni siquiera las riquezas pirateadas compensaban los gastos de tal campaña, por ello, inmediatamente de la muerte de Isabel I de Tudor en 1603, se firma con su sucesor, Jacobo I de Estuardo, el Tratado de Londres de 1604.

La paz llegó a petición inglesa ya que no podían sostener más los costes de un conflicto que fue muy lesivo para la economía británica, y de cuyo acuerdo ganó España. Las condiciones contemplaban el cese de las hostilidades (nunca se cumplió en el ámbito de rivalidad marítima) y el cese de la ayuda a los holandeses.

Tras la paz, España recobró su flota, que rápidamente incrementó su supremacía marítima hasta extremos superiores a los de antes de la Armada Invencible. Dicha supremacía duró casi 50 años más años hasta la batalla naval de Las Dunas. Inglaterra fue capaz de consolidar su soberanía en Irlanda, además de establecer colonias en América del Norte.

Drake, Hawkins y Frobisher, almirantes ingleses habían muerto en la larga guerra, y Raleigh fue ejecutado por sus compatriotas.



DELEGRACIONES ESPAÑOLA E INGLESA EN EL TRATADO DE LONDRES


INGLATERRA PIERDE SU PRIMERA GUERRA CONTRA ESPAÑA

Durante la Guerra Anglo-Española, las tropas españolas desembarcaron en las islas Británicas en varias ocasiones. De estas, tres veces se hizo sobre suelo inglés, sin sufrir ningún daño y causándolos enormemente en los puertos y ciudades de Inglaterra.

La única vez que los ingleses ofrecieron resistencia, en Kinsale (1601-1602), los españoles provocaron una grave crisis en el sistema defensivo inglés, que de haber contado con apoyos constantes, hubiera podido haber sido decisivo.

En dos ocasiones de invasión a las costas inglesas, los intentos fueron abortados por temporales, no por las escuadras enemigas, muy especialmente en la “Armada Invencible” de 1588, donde lucharon contra los elementos y a duras penas contra los defensores.

Inglaterra contó, aun así, como mucha suerte, y eso que el desgaste de la guerra era soportado mucho mejor por España, pese a luchar a la vez contra varios enemigos.

Fue algo que supieron valorar muy adecuadamente los gobernantes ingleses: poco tenían que ganar y mucho que perder con la continuación de la guerra: plantearon la rendición y la ofrecieron la paz a la mayor potencia económica, política, militar y cultural del mundo durante los siglos XVI y XVII.


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Re: Guerra Anglo-Española de 1585-1604

Mensaje por Aurelioj_2003 el Jue Nov 26 2015, 19:43

Lo que resulta más desagradable de todo esto es que los ingleses han sabido explotar sus derrotas como si fueran victorias y sus victorias como si fuesen aplastantes triunfos...

En cambio, nosotros hemos hecho todo lo contrario, magnificar las pocas derrotas que sufrimos e ignorar totalmente las grandes victorias. Hagamos, si queremos comprobarlo, una encuesta sobre el conocimiento que pueda tener la generalidad de las personas sobre... digamos, Blas de Lezo.

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Re: Guerra Anglo-Española de 1585-1604

Mensaje por vandalo el Vie Nov 27 2015, 00:04

Los aparatos propagandísticos inglés, francés y protestante funcionaron mucho mejor que el español, sobre todo gracias a la desidia e incapacidad de los historiadores e investigadores españoles. Aunque hoy en día se sigue pensando que "La Graciosísima" fue una enorme pérdida naval para España y que Rocroi fue la tumba de los Tercios, ya están saliendo a la luz estudios e investigaciones que demuestran que no fue así.

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Re: Guerra Anglo-Española de 1585-1604

Mensaje por Aurelioj_2003 el Vie Nov 27 2015, 14:43

Pareciese que el "enemigo está dentro"... Que los mayores enemigos de España somos los propios españoles. ¿Cómo es posible que nuestros "estudiosos" sean tan poco dados a ensalzar los logros de la Patria? Hay que ver, por ejemplo, a los Estados Unidos y su independencia. Si no fuese por el enorme apoyo prestado por Francia y España, todavía serían súbditos de su graciosa majestad británica....

En cambio, los españoles ignoramos olímpicamente a Gálvez (en Texas hay un Galvestown, y no precisamente en mi honor), a Blas de Lezo y a otros tantos comandantes. Y eso sin contar con otros grandes hombres que no han sido necesariamente militares, si no que han sido científicos, políticos, jurisconsultos y sacerdotes, entre otros tantos.

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Re: Guerra Anglo-Española de 1585-1604

Mensaje por vandalo el Sáb Nov 28 2015, 00:12

No es que "pareciese" sino que es. Y unas muestras como ejemplo:

Pocos, por no decir nadie (en España, por supuesto- conoce la batalla de La Rochelle (1372) donde una flota inglesa de 50 buques fue totalmente destrozada (todos sus barcos acabaron apresados, quemados o hundidos) 8000 ingleses fueron apresados, entre ellos 400 caballeros y el almirante al mando de la flota inglesa, el conde Pembroke. Los españoles, a cambio, no sufrieron NI UNA SOLA BAJA.

Poco después, en 1380, el gran Fernando Sánchez de Tovar se plantó ante las mismísimas puertas de Londres. Sólo la misiva llevada por un emisario del rey castellano Juan I en la que le conminaba a regresar inmediatamente a España, libró Londres de la ira de los españoles. Por aquella época (siglos XIV y XV) España se paseaba por el canal de la Mancha como Pedro por su casa.

Hablando de Pedro, un tal Pere Niño, un corsario español que a primeros del 1400 tomó el canal como su patio de recreo e Inglaterra como su cortijo particular, donde arrasó varias poblaciones en diversas incursiones. Este Pere merece un episodio aparte, pues al margen de ser un excelente marinero, fue un galán en toda regla, dominando y triunfando de igual manera en las dos artes más opuestas:en el amor y en la guerra.

En 1568 Drake sufrió un enorme descalabro en San Juan de Ulúa a manos de D. Franciso de Luján, un tipo que les dió de su misma medicina: los barrió tras hacerles creer que los iban a dejar marchar tan ricamente.

La contra-armada inglesa, donde los pérfidos sufrieron mayores pérdidas que las de los españoles en la "Grande y Felicísima", el verdadero nombre con el que Felipe bautizó a su Armada.

La propia "Grande" no sufrió ninguna derrota en el mar frente a los ingleses, tan solo una escaramuza en las Gravelinas (porque tampoco se puede hablar de una batalla en toda regla) puesto que los ingleses se dedicaron a disparar de lejos y a rehuir el enfrentamiento directo. Cuando se quedaron sin municiones -los ingleses- se dieron a la fuga, con Drake a la cabeza y se refugiaron en Londres, donde esperaban lo que pensaban que era irremediable: la invasión de los españoles. A las semanas se enteraron de que otra tormenta había dispersado y hundido la mayor parte de la flota española en las costas irlandesas. Por eso, la puta pública hizo acuñar en 1588 una delatora moneda cuya leyenda es la siguiente:  “Jehová sopló y fueron dispersados”.


La defensa de Cartagena de Indias, donde Blas de Lezo le dio las del bombero a un insolente Vernon, quien por cierto tiene una estatua en la abadía de Westminster, lugar en donde coronan a los monarcas británicos.


En cuanto a los gabachos, también tienen unas cuantas que ocultan, como la batalla de Carcasona allá por el siglo VI,bajo reinado de Recadero (recordemos que fue el rey godo que consiguió reunificar la península) donde 300 toledanos (algunos dicen que fueron emeritenses) pasaron a cuchillo a 5000 francos e hicieron prisioneros a otros 2000. El resto, hasta 60.000, (sí, 60.000) huyeron en un caótico desorden. Las bajas hispanas se redujeron a media docena. Hasta el propio San Isidoro de Sevilla hizo referencia a la batalla asegurando que "hubo intervención divina".


En la batalla de Las Gravelinas (1558), un año después de San Quintín, Enrique III y sus huestes volvieron a sufrir otro enorme descalabro frente a los temibles Tercios. De un total de 12.000 soldados (infantería 10.000 y caballería 2.000) cayeron 7500 y otros 3000 fueron hechos prisioneros. El ejército español estaba compuesto por 12.500 infantes y 3200 jinetes, siendo sus bajas 700 muertos y 1000 heridos. Esta batalla la ocultan los franceses vergonzosamente ya que en la de San Quintín fueron aniquilados por un ejército español que casi triplicaba al francés (77.000 efectivos contra 30.000).


La de Rocroi no dejó de ser una victoria pírrica de los franceses, que sufrieron más bajas que los españoles, así que difícilmente Rocroi es el final de los Tercios. 


Algunos historiadores aseguran que fue la batalla de Las Dunas (1658) el inicio del declive de los tercios, obviando que, al igual que Rocroi, los franchutes sufrieron más bajas que los españoles.


Entre medias de ambas batallas, existen otras dos en las cuales los tercios se reivindicaron como un ejército todavía temible: Tuttlingen (1643), (si unos meses después de la supuesta debacle española en Rocroi) y Valenciennes (1656), que acabaron con sendas dolorosas derrotas galas.


Y como éstos habría un montón de ejemplos más, en los que los historiadores e investigadores españoles se han dedicado al noble y tradicional rito español del acuchillamiento entre sí en vez de escribir las glorias de sus paisanos. Desgraciadamente el problema de España es... los españoles. Ya lo dijo Bismarck:
"España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido".

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Re: Guerra Anglo-Española de 1585-1604

Mensaje por HispanoCortés501 el Vie Dic 11 2015, 03:49

Inglaterra sufría normalmente graves derrotas a manos de España hasta el siglo XIX.
Si España se hubiese promocionado como es debido habría muchas mas grandes figuras históricas españolas que inglesas, las cuales, serían conocidas y admiradas en todo el mundo.

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Re: Guerra Anglo-Española de 1585-1604

Mensaje por Aurelioj_2003 el Vie Dic 11 2015, 15:33

Y yo creo que si Fernando VII no hubiese sido tan felón y miserable, nos hubiésemos ahorrado las Guerras Carlistas, que debilitaron a España. Siendo así, los ingleses se hubiesen llevado unos cuantos palos más...

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