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Genocidios del Imperio británico

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Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Mayo 23 2014, 10:42

EL EXTERMINIO INDÍGENA EN AMÉRICA DEL NORTE


Si en el siglo XVI los grabados de Theodore de Bry sirvieron para condenar como criminales de guerra a los descubridores y conquistadores españoles, en el siglo XX una nueva técnica de comunicación, el cine, sirvió para darles el título de héroes a los anglosajones que exterminaron a las poblaciones indias de América del Norte.

Cualquier paralelismo que se proponga, o cualquier alusión al recurso fácil de que “todos fueron iguales” no es más que un prejuicio que se encuentra completamente al margen de lo que fue la verdad. Los conquistadores anglosajones, cuya expansión comenzó con un siglo de retraso en comparación con los españoles, dispusieron desde un principio con armas de fuego fiables.

En el siglo XVII, el potente mosquete y la llave de chispa suponen una gran mejora de la que sacan provecho los ingleses. Y, una vez cobrada su independencia, los estadounidenses aniquilan a los indios, gracias a fusiles y revólveres, armamento bastante mejor que el usado por Cortés o Pizarro. Por el contrario, apenas llegaba al 2% el número de conquistadores españoles que podían permitirse el lujo de poseer un rudimentario arcabuz de mecha que precisaba no menos de 5 minutos para cargarlo después de hacer un disparo, y con el que era imposible acertar a más de 100 metros.





LAS TRECE COLONIAS INGLESAS EN NORTE AMÉRICA


Los conquistadores anglosajones lucharon con una ventaja de 2 a 1 para ocupar América del Norte en 200 años. Los conquistadores españoles sometieron el triple de territorio en cuatro veces menos de tiempo y con una inferioridad numérica de 300 a 1. Los conquistadores anglosajones no crearon nada, simplemente aniquilaron a los indios y sus culturas, para más tarde reocupar sus territorios, a los cuales trasladaron sus formas europeas de vida. Los conquistadores españoles crearon un nuevo mundo mediante la fusión de las culturas europea e indígenas, algo que no se producía (ni se ha producido) desde los tiempos del Imperio romano. Los conquistadores anglosajones usaron sus armas para destruir una forma de vida, y los conquistadores españoles no necesitaron armas para crear una nueva cultura.

Los únicos indios en territorio de los actuales EEUU que no han sido exterminados no deportados y que incluso conservan sus mismas tierras desde hace miles de años son los indios pueblas. La razón de este milagro se encuentra en que sus tierras están en Nuevo México, que fue territorio de la Monarquía española, y por tanto estos indios y sus propiedades estuvieron protegidos por las Leyes de Indias que dictaron los reyes de España. Cuando Nuevo México pasó a formar parte de los EEUU, se hizo con la condición de respetar necesariamente los derechos y libertades de sus habitantes. No es de extrañar que los indios pueblas, en pleno siglo XXI, gusten de lucir en sus fiestas populares la bandera española, y hasta que presuman de pertenecer al linaje de nuestro pueblo.

Las diferencias abismales que hubo entre los conquistadores españoles y sus colegas anglosajones no fueron diferencias causales, o meramente circunstanciales. La diferencia entre las conquistas llevadas a cabo por España y las de Inglaterra son conceptuales, ya que aunque ambos fueron imperios conquistadores, las intenciones que llevaron cada uno marcaron los modos y usos de la misma. Mientras que los españoles buscaban la expansión de unos principios religiosos y culturales, los anglosajones se centraron con auténtico acerbo en la consecución de sus proyectos mercantiles, en los cuales quedaron reflejados los principios filosóficos y teológicos del protestantismo, sobre todo en su versión puritana, en estos proyectos mercantiles.



COLONOS INGLESES HUGONOTES


La colonización anglosajona, formada para expatriados protestantes que no eran tolerados por los anglicanos en Gran Bretaña, no pretendió formar una cultura mixta en América. Estos colonos del norte trajeron sus costumbres y sus mujeres, por lo que marcaron sus posesiones para diferenciarlas de las de los nativos, a quienes luego expulsarían de sus territorios. Por el contrario, los españoles no formaron una sociedad diferenciada por la raza, puesto que desde España apenas viajaban mujeres hacia América en los primeros tiempos. Por eso, desde un primer momento, los españoles se unieron a las indias (después de bautizarlas) y engendraron un mueblo mestizo.

Para los colonos protestantes, los indios no eran unas almas esperando recibir la Fe, sino unos ingratos pecadores que no habían sabido rentabilizar las tierras y talentos que Dios les había dado. Así Dios, dolorido por tan ingrata actitud, había decidido readjudicarlas a sus fieles hijos anglosajones.

En esta línea de pensamiento el mismo T. Roosvelt afirmaba: “Si se hubieran dejado a los indios, por humanitarismo, sus terrenos de caza, ello hubiera significado abandonar amplios contingentes de tierras a disposición de los salvajes; cosa inconcebible. No quedaba otra alternativa; había que desplazarlos…”

Por su parte, Sheridan se ahorraba tantas explicaciones y lacónicamente sentenció: “Los únicos buenos son los que están muertos.”

Estas creencias religiosas de los protestantes se vieron más tarde reforzadas con las teorías científicas de Darwin. En todo el reino animal existían especies superiores y otras inferiores, estando las primeras destinadas por la ley natural a dominar sobre las segundas, y teniendo en cuenta que la ley natural la había creado Dios. Ello equivalía a afirmar que los blancos protestantes tenían la divina responsabilizar de gobernar sobre especies inferiores y paganas. Estas creencias son la única razón por la que hasta mediados del siglo XX no les han sido reconocidos los derechos civiles a los indígenas de las antiguas colonias anglosajonas de América, Sudáfrica, Australia, etc., e incluso hoy día se les sigue sin reconocer el derecho a sus antiguas propiedades.



RETRATO DE CHARLES DARWIN


Los conquistadores anglosajones consiguieron hacer realidad lo que siglos más tarde no pudo Adolf Hitler: exterminar razas enteras, como ocurrió con los indios de América del Norte, o con los de Oceanía, caso este último, bastante más desconocido. En Australia había una población de unos 3 millones de indígenas, cuando llegaron los primeros ingleses con James Cook. Un siglo después, su población apenas llegaba a los 60.000. El asesinato del aborigen se convirtió en un deporte de cacería que se podía practicar con fusil, con espada y al galope, o bien abriéndose el cráneo a golpe de estribo. Los aborígenes de Tasmania tuvieron peor suerte, pues fueron todos literalmente exterminados mediante el sistema de “Cordón negro”; una línea de 2.200 soldados cubría todo el ancho de la isla, mientras avanzaba batiendo a los indios, como si estuviesen en un ojeo de perdices.

Estos crímenes no deben entenderse como algo exclusivo de un pasado lejano, pues hasta 1960 era legal y estaba bien visto apartar de sus padres a los niños indígenas para llevarlos a trabajar en tareas domésticas, si eran hembras, o dedicarlos a las labores del campo, si eran varones. Sólo en Australia, en la primera mitad del siglo XX, unos 150.000 niños indígenas “tuvieron la suerte de ser trasladados de la barbarie a la cultura”, y según justificaba un político, “los aborígenes no tienes sentimientos como nosotros. Aunque hacen aspavientos, gritan y lloran, cuando nos llevamos a los niños, enseguida se olvidan y hacen una vida normal”.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Mayo 23 2014, 10:43

LA "GUERRA NEGRA" EN TASMANIA

Esta expresión no alude a ninguna guerra, sino a la agresión cometida en Tasmania a comienzos del siglo XIX, por los invasores británicos, en agravio de la población aborigen, para adueñarse de su territorio. Este genocidio fue promovido y recompensado económicamente, por el gobierno británico.

Ya en 1772, con el arribo de los primeros colonos europeos, los tasmanos fueron convertidos en esclavos, tomados como fuente de placer sexual, fueron torturados y mutilados por los colonos invasores. Los colonos ingleses les daban caza y las vendían sus pieles, a cambio de una recompensa otorgada por el gobierno. Los hombres eran asesinados; a las mujeres se las dejaba marchar con las cabezas de sus esposos atadas alrededor del cuello. Los hombres que no morían de esa manera eran castrados, los niños morían golpeados y apaleados.





ISLA DE TASMANIA (AUSTRALIA)

El inicio de la colonización británica en Tasmania, ocurrió en 1803, cuando los colonos británicos fundaron una colonia penal en la isla. Más tarde, en Diciembre de 1826, aparece en el diario Colonial Times, un artículo intitulado "Tasmanian advertiser", en el cual su autor escribía a la letra:

"Lo decimos inequivocadamente LA DEFENSA PROPIA ES LA PRIMERA LEY DE LA NATURALEZA. EL GOBIERNO TIENE QUE RETIRAR A LOS NATIVOS -- SI NO, ¡SERÁN CAZADOS COMO ANIMALES SALVAJES Y DESTRUIDOS!"

Posteriormente, en 1828, el colono Gobernador de Tasmania, George Arthur, lanzó una proclamación por la cual expulsaba a los aborígenes de todos los territorios ocupados por los invasores ingleses. Los autorizaba tan sólo a atravesarlos una vez al año para dirigirse a pescar a las costas, y siempre y cuando que portaran un pasaporte expedido ex profeso por los colonos.

En 1828, el mismo George Arthur declaró la ley marcial. El texto empezaba con la declaración siguiente:

"Comoquiera que los negros o aborígenes nativos de esta isla durante un tiempo considerable han realizado una serie de ataques indiscriminados contra las personas y propiedades diversas de los súbditos de Su Majestad: y últimamente en especial han cometido los actos más crueles y sanguinarios de violencia y pillaje; mostrando una evidente y sistemática disposición para matar y destruir a los habitantes blancos de forma indiscriminada siempre que se les presenta la oportunidad(...)".

Consecuentemente, el Gobernador inglés dispuso que se convocaran "partidas de exploración", que tendrían la función de patrullar los asentamientos coloniales y capturar a los aborígenes que encontraran. Asimismo, las autorizó a estas patrullas a abrir fuego contra todo aborigen que se resistiera.



ABORÍGENES DE AUNTRALIA

En febrero de 1830 el gobierno inglés ofreció una recompensa de 5£ por cada adulto aborigen y 2£ por cada niño capturados vivos. El 20 de agosto de 1830 el gobernador Arthur aclaró que la recompensa sólo era por los aborígenes atrapados en flagrante agresión de los asentamientos coloniales y que los colonos y convictos que capturaran nativos inofensivos en las partes más alejadas y descolonizadas del territorio, no serían recompensados.

En 1830, el gobernador Arthur convocó a todos los "colonos" adultos y capaces, convictos o libres, para que formaran una cadena humana, que posteriormente se le conoció como la "línea negra" para batir Tasmania. Al igual que en una partida de caza, los colonos invasores registraron las zonas colonizadas, dirigiéndose al sur y hacia el este durante varias semanas, intentando acorralar a los aborígenes en la península de Tasman, cerrando Eaglehawk Neck, el istmo que conectaba la península de Tasman con el resto de la isla de Tasmania. Arthur pretendía con esto, concentrar a los aborígenes en la península para que mantuvieran su cultura y lenguaje y permanecieran separados de los colonos.

Con estas medidas, en 1830, el número de aborígenes tasmanos se había reducido de unos 5.000, a tan sólo 220. Pero los invasores produjeron este genocidio no sólo por el uso de las armas, sino por las enfermedades que transmitieron a los nativos. Los nativos carecían de defensas biológicas para resistir a estas enfermedades desconocidas, las cuales les provocaron devastadoras epidemias.

Los sobrevivientes a este exterminio, fueron instalados por los invasores ingleses, a viva fuerza, en las islas del Estrecho de Basss, a un campamento de la isla Flinders. En el año 1847 los últimos 47 sobrevivientes de Wybalenna fueron trasladados a Oyster Cove, al sur de Hobart, en el sur-ese de la isla de Tasmania.

El último sobreviviente nativo de este exterminio fue una mujer: se llamaba Truganini o Trugernanner, y murió en 1876. Entonces el genocidio, como señala John N. Gray, se dio por concluido.



Cuadro que describe la «Proclamación del Gobernador por Thomas Davey» pintado en la Tierra de Van Diemen alrededor de 1830 en tiempos del Gobernador George Arthur. Clavada en los árboles la proclamación en cuadros fue diseñada para demostrar que los colonizadores y los aborígenes eran iguales ante la ley y describía una política de amistad y de justicia equitativa que no existían en el momento álgido de la Guerra Negra.


El gobierno inglés jamás pidió perdón por este genocidio. En cuanto a los invasores ingleses: no solamente nunca fueron castigados por sus crímenes, sino que se establecieron, hasta hoy, como dueños absolutos del territorio usurpado a sus víctimas. La Organización de las Naciones Unidas se muestra indiferente ante este genocidio histórico.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Mayo 23 2014, 10:47

LA INQUISICIÓN INGLESA


La historia de la Inquisición anglosajona conoce dos etapas diametralmente opuestas. La primera de ellas abarca los 300 años que trascurren entre el siglo XIII y el XVI: es la época de la Inquisición católica. De esta época el hecho más destacable y conocido es el vergonzoso asesinato en la hoguera de la joven francesa Juana de Arco, acusada de hereje. Aquel proceso, amparado en la religión, consiguió el objetivo político de acabar con una adolescente que carecía de noble abolengo, pero quien había conseguido vencer a los ingleses en el campo de batalla. Tiempo después, el Papa declararía nulo el juicio e inocente a Juana de Arco. Aunque Juana ya había sido ejecutada.

En el primer tercio del siglo XVI esta Inquisición católica inglesa se transforma prácticamente de la noche a la mañana en la Inquisición anglicana, a partir de la ruptura con el Papa y la declaración de Enrique VIII como cabeza de la Iglesia de Inglaterra.

Todo comienza cuando en 1533 Enrique VIII se desentiende de la unidad con Roma como respuesta a la negativa papal a concederle el divorcio de Catalina de Aragón, para casarse con su concubina Ana Bolena. Ante esta ruptura con la Iglesia, el Papa responde con la excomunión. En esta tesitura el monarca inglés sostiene que el Papa no tiene competencia para excomulgarle, pues el verdadero Papa es él mismo. Para que no quedase duda de ello, convocó al Parlamento a fin de que oficialmente lo declarase jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra. Una vez aprobada tal declaración, que contravenía la Carta Magna, se consideró como ley fundamental. Por tanto, para reforzar el rango que se concedía o reconocía al rey de Inglaterra, el Parlamento redactó el Acta de Supremacía. Este documento obligaba a que todo inglés admitiera al rey como su suprema autoridad religiosa.



ENRIQUE VIII

Tal grado de sumisión de la Iglesia al Estado, y (de forma moral) de toda la sociedad al monarca, sigue siendo una realidad constitucional en pleno siglo XXI. Es como, por ejemplo, si en la Constitución española, se escribiese que el rey es también el papa o patriarca de la Iglesia española. Pues eso mismo sigue siendo una anacrónica realidad en un país que nadie duda en llamar moderno, y que en el que su reina, a la vez jefa de Estado, es también cabeza de la Iglesia anglicana.

Una vez aprobada el Acta de Supremacía por el rey Enrique VIII, fundador de la Iglesia anglicana, se decretó que todo el pueblo de Inglaterra había de jurarla, so pena de muerte. La sentencia se fue ejecutando, sin piedad alguna, con todos aquellos que valoraban su derecho a la libertad y dignidad por encima de su propia vida. Así, nada más redactarse el acta, el obispo John Fisher, 18 religioso cartujos y algunos sacerdotes son ejecutados. Meses más tarde, les siguen 500 frailes, 12 duques y condes, 13 abades, 174 nobles, 18 obispos, 2 arzobispos, e incluso el que hasta hacía poco había sido Lord canciller del Reino y máximo dirigente del gobierno: Sir Tomas Moro. Así, decenas de miles de súbditos, que Vittorio Messori llega a cifrar en más de 72.000 víctimas.

A Enrique VIII le sucedió su hija María Tudor, nacida de su matrimonio con Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos). Con ella vuelve el catolicismo a Inglaterra y un periodo de relativa paz, aunque marcado por un grado de revanchismo contra la etapa anterior. María Tudor murió sin engendrar descendencia de su marido Felipe II de España, quien, por cierto, fue el último rey consorte de Inglaterra, ya que el resto de esposos de reinas inglesas han ostentado tal categoría, como es el caso del cónyuge de Isabel II, que es duque y no rey. Ante la ausencia de heredero directo de María, la sucedió su hermanastra Isabel, hija de Enrique VIII y Ana Bolena.

Isabel I ha sido la figura clave y más trascendente en la historia de Inglaterra, y al mismo tiempo la más compleja. Fue clave porque tuvo la determinación necesaria para iniciar la cerrare que convertiría, tiempo más tarde, a Inglaterra en una de las primeras potencias mundiales. Isabel fue también una personalidad de una enorme complejidad que gustaba de adornarse ante sus súbditos de una ternura y sensibilidad casi mística, haciéndose verdaderamente adorable, mientras en la intimidad desataba su lujuria y crimen.



ISABEL I


Fue Isabel la reina que concedió numerosas “patentes de corso”, que eran una especie de licencias pata convertir un oficio deplorable como era la piratería en su servicio útil al pueblo inglés. Así, contó con una armada formada por piratas “por cuenta ajena”. Por tanto, asaltar los buques españoles, asesinar a su tripulación y robar su mercancía ya no era un execrable crimen, sino que era una forma de servir a Dios y a su sagrado pueblo anglicano, puesto que se limpiaba el mar de católicos españoles. Además, esta práctica ayudaba a sanear las finanzas de Inglaterra, que era, casualmente también, la nación predilecta de Dios según la nueva religión.

Durante el reinado de Isabel se termina de afianzar y dar forma a la religión anglicana. Su nuevo Credo, constituido por los “42 artículos”, se denomina Acta de uniformidad. Estos artículos, literalmente calcados del calvinismo, venían a condensar la esencia del anglicanismo, por lo que se hizo obligatorio su juramento, al menos si se quería seguir conservando bienes y vida. También se hizo obligatoria la asistencia a los servicios religiosos protestante (en cambio, la Inquisición española jamás obligó a nadie a ir a misa). La crueldad y la tremenda represión religiosa de este reinado queda bien patente en un extraordinario libro: Tolerance and intolerance in the European reformation 1520-1565. Fue editado en 1996 por la Universidad de Cambrige, y cifra en unas 150.000 víctimas la represión religiosa en esta etapa.

Pocos años después, muerta Isabel sin dejar descendencia, vemos en el trono de Inglaterra a Carlos I, también anglicano, pero casado con una católica francesa, lo que sin duda influyó para crear cierto clima de menor represión. Sin embargo, andaba en marcha una profunda corriente de cambio en el país que conduciría al auge político de la burguesía. Esta clase social, cada vez más pujante, aspiraba a adjudicarse mayores cotas de protagonismo en todos los órdenes, sobre todo en los que quedaban hasta entonces reservados a la vieja aristocracia.

En primer lugar, la burguesía proponía un sistema económico librecambista frente al antiguo proteccionismo de aranceles y monopolios estatales; en segundo lugar, no concebían otro sistema político que no fuese el parlamentario con representación directa de la propia burguesía. En tercer lugar, y como particularidad de la incipiente burguesía inglesa, profesaba la religión puritana, que era una mezcolanza entre un calvinismo a la inglesa (caracterizado por una inusitada austeridad litúrgica plagada de formalismo y apariencias) y una concepción económica enfocada a garantizar su vocación de predominio. El líder de los puritanos era Oliver Cromwell, quien encabezó las revueltas que acabaron en la Guerra Civil de 1642. Esta guerra fue aprovechada para silenciar nuevas persecuciones contra los católicos, más duras todavía que las habían tenido que soportar hasta entonces.



OLIVER CROMWELL


La Guerra Civil acabó con la victoria de Cromwell, y el rey Carlos I se quedó primero sin corona y meses después también sin cabeza. En su lugar, Cromwell se erigió en presidente de la República, una república un tanto singular: no había elecciones y él era presidente vitalicio. En esta época comienza buena parte de la problemática en Irlanda, pues su población en masa se había negado a abandonar el catolicismo, y Cromwell (creyéndose el brazo ejecutor de un castigo divino) organizó lo que se conoce como “el baño de sangre de Drogheda”, en el que buena parte de la población fue aniquilada, y al resto de los irlandeses que quedó con vida se les quitó el derecho a la propiedad y a sus libertades civiles. Todas esas propiedades pasaron a manos de ingleses protestantes de reconocida “piedad” puritana. A los irlandeses católicos no se les reintegraron sus derechos civiles hasta 1913, poco antes de que se permitiera a Irlanda declarar su independencia.

Muerto Cromwell, Inglaterra anhelaba la vuelta a la monarquía y la paz. Para lograr estos objetivos retornaron al trono los Estuardo en la persona de Jaime II, legítimo sucesor del decapitado Carlos I. Pero este rey también duró poco. Su error no fue otro que tratar de poner fin a las persecuciones contra los católicos, lo que le acarreó la corona y el destierro definitivo de la dinastía de los Estuardo. La nueva familia real, fie y probada defensora de los postulados protestantes, comenzó con Guillermo III de Orange, quien promulgó un nuevo y más duro código penal con especial énfasis en los delitos de carácter religioso.



GUILLERMO III DE ORANGE


La inquisición inglesa con el tiempo se fue suavizando. Sin embargo, las trabas contra la libertad religiosa han perdurado hasta el siglo XX, cuando, por ejemplo, para graduarse en Oxford había que jurar los artículos de fe anglicana. El número de prohibiciones y obstáculos para los no anglicanos ha incluido la imposibilidad de acceso a determinados cargos públicos. Durante los últimos siglos ningún católicos ha sido nombrado Primer Ministro, responsabilidad que depende del monarca inglés y que no requiere del voto del Parlamento.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Mayo 23 2014, 11:12

EL EXPOLIO Y LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS


El destierro de los judíos en Inglaterra comienza cuando el rey Juan I, también necesitado de dinero, no tuvo mejor ocurrencia que detener a un acaudalado judío de Bristol y venderle su libertad a cambio de 10.000 marcos. La negativa inicial de este pobre hombre a pagar al extorsión duró tanto como la valoración que tenía de su propia dentadura, pues el rey comenzó a arrancarle un diente por cada día que se retrasase en la “compra de su libertad”. A la sexta mañana la cantidad ya estaba abonada.

Este rey es recordado en Inglaterra con admiración, en las facultades de Derecho del mundo es estudiado como ejemplo de defensa de libertades, por ser el que redactó la Carta Magna, pero en lo que respecta a sus abyectos sistemas de tesorería apenas se dice algo.



JUAN I DE INGLATERRA


Vistos los buenos resultados, las sucesivas necesidades de liquidez de la Corona fueron provistas de fondos con el mismo sistema, hasta que en 1290 Eduardo I acabó por expulsar a cuantos judíos quedaban en Inglaterra, unos 16.000. Por supuesto, habiéndoles quitado previamente cuanto tenían. Este rey les prometió hacerse cargo de su traslado hasta Jerusalén, hecho que les debió tranquilizar e ilusionar bastante, aunque por poco tiempo, pues nada más salir las naves a alta mar, los judíos fueron echados por la borda entre las risotadas de la marinería que les gritaba: “¡Llamad a Moisés para que venga a recogeros!”.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Mayo 23 2014, 15:55

LAS TRES CONQUISTAS Y GENOCIDIOS EN IRLANDA


La conquista de Enrique II

Todo empezó cuando en 1166 un rey de Leinster llamado Diarmuid MacMorrough propuso a un normando formar parte de su reino, fue entonces cuando Enrique II de Inglaterra temiendo que Irlanda se convirtiese en un reino rival decidió invadirla imponiendo el poder de Inglaterra sobre Irlanda que dura hasta día de hoy.

Al invadir Irlanda, Inglaterra decidió imponer sus leyes discriminatorias a los irlandeses. Una de sus primeras leyes racistas, promulgada en 1367, fue el Estatuto de Kilkenny que prohibía el matrimonio entre irlandeses y británicos bajo pena de muerte, hablar el gaélico irlandés o adoptar cualquier costumbre irlandesa. Para los británicos los irlandeses no eran seres humanos.

En 1348 la peste negra llego a Irlanda cebándose principalmente con los ingleses ya que vivían juntos en pueblos y ciudades. Los irlandeses vivían en zonas rurales dispersas y eso hizo que la peste no los dañase con el mismo nivel que a los ingleses. Al ocurrir esto el numero de ingleses en Irlanda disminuyó y al aliarse los irlandeses con noruegos y algunos escoceses consiguieron retomar la gran mayoría del territorio irlandés con excepción del Pale que era una pequeña región en la que se encontraba Dublín.



MAPA DE LA REDUCCIÓN DE TIERRAS EN PROPIEDAD DE LOS CATÓLICOS


La invasión de Enrique VIII y la represión de Elizabeth I

En 1520, cuando Enrique VIII rompió con Roma, esto añadió otra cosa más en contra de los irlandeses (que eran católicos) y decidió conquistar de nuevo Irlanda. Bajo el reinado de la cruel Elizabeth I (1533-1603) Irlanda fue totalmente controlada de nuevo por Inglaterra, Elizabeth I estableció campos de matanzas en Irlanda en los que corrieron baños de sangre de víctimas inocentes. Se estima que 1.5 millones de campesinos irlandeses fueron privados de comida y la mayor parte de sus tierras fueron arrebatadas por los colonos ingleses, mientras ella reinó. Durante este periodo murieron entre 130.000 y 200.000 irlandeses tanto en la guerra y rebeliones, como en los exterminios llevados a cabo por Elizabeth I, como en diversas hambrunas.

En 1601 el rey español Felipe III envió un ejército que desembarco en Kinsale (al sur de la ciudad de Cork) uniéndose al ejército irlandés para luchar contra los ingleses. Aunque en un número los irlandeses y los españoles eran superiores la batalla termino en victoria por parte de los ingleses.

Hacia 1603 la reina Elizabeth I impulso una campaña para colonizar el norte de Irlanda llamada la Plantación de Ulster. Esta era la región más gaélica y la mas irlandesa de las cuatro provincias de Irlanda. Para lograrlo confisco tierras a los irlandeses y se las entrego a colonos protestantes principalmente provenientes de Escocia. En total cerca de 100.000 protestantes se establecieron en Ulster durante este periodo.



MASACRES Y PERSECUCIONES EN IRLANDA


La era de Cromwell

Durante las guerras civiles de Inglaterra un grupo de irlandeses que se llamaban los irlandeses confederados se rebelaron contra el domino inglés y hacia 1641 Irlanda estaba principalmente controlada por ellos a excepción de la región de Dublín. Fue entonces cuando Inglaterra se dispuso a conquistar de nuevo Irlanda y envió al sangriento Oliver Cromwell y a su ejército. Durante la conquista de Irlanda llevada a cabo por el fanático Cromwell, los irlandeses volvieron a ser víctimas de nuevas matanzas.

Cromwell como un autentico Hitler de la época escribió frases como estas: "Esto ha complacido a Dios para bendecir nuestros esfuerzos." y "Estoy convencido de que es un juicio honrado de Dios sobre estos desgraciados bárbaros", después de haber asesinado a 3.552 habitantes en la población de Drogheda (cerca del norte de Dublín) en 1649. Las matanzas de Drogheda son uno de los muchos ejemplos de la política de limpiezas étnicas que tuvieron los ingleses en Irlanda durante la conquista de Cromwell, otra fue en Wexford en la que mataron cerca de 2000 ciudadanos. En general esta situación se vivió por toda Irlanda.

Durante sus conquistas muchas de las tierras de la provincia de Ulster que era la que más resistencia había mostrado ante la ocupación inglesa y que tenía las tierras más fértiles, el 41% de las tierras del condado de Antrim, 26% de Down, 34% de Armagh y 38% de Monaghan (tres de ellos forman actualmente parte de Irlanda del Norte) fueron confiscadas y entregadas a mas ingleses o escoceses protestantes. Los terratenientes irlandeses fueron asesinados u obligados a desplazarse al oeste de Irlanda, en concreto a la provincia de Connaught, de ahí la famosa frase de Cromwell: "A Connaught o a la fosa", donde la gran mayoría pasó hambre y murió más adelante.

Un biógrafo de Cromwell etiquetó esta confiscación masiva de tierras irlandesas como una forma de imponer la fe protestante y la ascendencia inglesa en Irlanda, la política británica de colonizar Irlanda con protestantes todavía tiene repercusiones que se sienten hoy en día sobre las calles de Belfast. También es una de las causas de la partición de Irlanda.

Durante la campaña de Cromwell que duro desde 1649 hasta 1652 un tercio de la población de Irlanda fue exterminada. William Petty, un historiador inglés dijo que 660.000 irlandeses fueron asesinados y 20.000 jóvenes irlandeses fueron vendidos como esclavos en las Antillas. Los irlandeses que sobrevivieron fueron forzados a trabajar en el campo y a pagar alquileres por las tierras que les habían sido arrebatadas. Una vez los cultivos empezaron a prosperar, fueron destruidos al ser acusados de competir con los cultivos británicos y por tanto durante el dominio inglés, G.B. se encargo de mantener a Irlanda subdesarrollada y pobre.

Las matanzas de Drogheda fueron justificadas en Londres como una forma de hacer justicia y se inicio otra campaña en contra de los irlandeses.



BORBANDEO SOBRE DROGHEDA


En 1688 se inicio la Revolución Gloriosa en la que el rey católico Jaime II fue derrotado por Guillermo de Orange en la batalla del Boyne, en el Condado de Louth, Irlanda. A partir de ese momento los protestantes del norte de Irlanda celebraron año tras año la victoria pasando y haciendo desfiles por las zonas católicas de Ulster.

Con la pérdida del rey Jaime II y la victoria de Guillermo de Orange se implantaron leyes penales en contra de los católicos irlandeses. A partir de ese momento los irlandeses no pudieron comprar tierras ni tener propiedades hasta la ley de emancipación católica de Daniel O'Connell de 1828.

Durante este periodo muchos monasterios, abadías, ciudades y castillos fueron destruidos, los reyes y la nobleza irlandesa se vieron obligados a exiliarse a Europa. Los católicos irlandeses no podían acceder a las universidades o colegios de Irlanda y tenían que irse a estudiar al extranjero. España fue uno de los destinos de emigración irlandesa donde fundaron sus propios colegios y donde algunos nobles irlandeses cobraron importancia en el ejército español.

Actualmente, en Irlanda del Norte, Cromwell es considerado por bastantes unionistas como un héroe y es alabado por los más radicales, mientras que por el otro lado es considerado como uno de los mayores tiranos en la historia de Irlanda y todavía es, a día de hoy, odiado por muchos.



ESTATUA DE DANIEL O´CONNELL EN DUBLÍN

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Mayo 23 2014, 15:56

LAS GUERRAS DEL OPIO EN CHINA


Las relaciones comerciales entre China e Inglaterra se inician en 1699. Durante el siglo XVIII el consumo de opio se había extendido por todo el territorio chino. A pesar de encontrarse prohibido por las leyes chinas, el tráfico del opio fue perseguido y monopolizado por los ingleses desde 1799 hasta 1834.



Dos oficiales británicos se fotografían con sus soldados cipayos indostanos a fines del siglo XIX


Los cálculos sobre el número de fumadores de opio en China en esa época oscilan entre 100 y 150 millones, de los que aproximadamente un 10% podían tener una fuerte adicción al opio. Preocupados por el rápido crecimiento de este negocio ilegal, el gobierno se empeñó en la erradicación del comercio de drogas. Cuando los oficiales chinos capturaron y destruyeron grandes cantidades de opio, el gobierno británico envió tropas para respaldar las demandas de un tratado comercial o la cesión de una isla, para la protección de los ciudadanos ingleses.

Este hecho desencadenó la Primera Guerra del opio, el 3 de noviembre de 1839, con el ataque de la flota británica a la armada china en Hong Kong. El 29 de agosto de 1842, se firma la Paz de Nankíng entre China y Inglaterra que pone fin a la Primera Guerra del opio, y por el que ésta última obtiene la cesión de Hong-Kong y la apertura al comercio inglés de cinco ciudades chinas. China perdió la guerra y, como consecuencia, Inglaterra y otras potencias occidentales, incluido Estados Unidos, ocuparon por la fuerza las “concesiones” que les generó especiales privilegios comerciales.



ALEGORÍA DEL IMPERIO BRITÁNICO

La Segunda Guerra del Opio (1856-1860) tuvo lugar después de que los chinos se negaron a ceder ante la presión británica de legalizar el opio y permitir el acceso a puertos en el interior. El Tratado de Tientsing, firmado en 1858, abrió 11 puertos más a los poderes occidentales y legalizó la importación del opio. Se calcula que en 1880 las importaciones chinas del opio pasaban de las 6.500 toneladas al año y la población adicta en más de 15 millones.

Los hijos de Inglaterra tuvieron el raro honor de ser los precursores del narcotráfico a gran escala al introducir masivamente el opio en China envenenando a su pueblo, lo que trajo aparejado las Guerras del Opio y la Rebelión Taiping. Los historiadores estiman que durante este trágico período (1840-1865) fueron muertos cerca de 60 millones de chinos, una cifra equivalente al total de fallecidos en la Segunda Guerra Mundial.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Mayo 23 2014, 15:59

LA SEGUNDA GUERRA DEL OPIO


La Segunda Guerra del Opio (1856-1860) fue un conflicto armado entre el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y Francia, por un lado, y la dinastía Qing de China, por otro.


Antecedentes históricos

En la década de 1850 se vio un rápido crecimiento del imperialismo. Algunos objetivos compartidos entre las potencias occidentales incluían expandir sus mercados ultramarinos y establecer nuevos puertos de escala. Tanto el acuerdo francés conocido como Tratado de Huangpu, como el pacto estadounidense llamado Tratado de Wangxia contenían cláusulas que permitían la renegociación de dichos tratados después de doce años. En un esfuerzo de expandir sus territorios en China, el Reino Unido pidió a las autoridades de la dinastía Qing renegociar lo acordado en el Tratado de Nankín, en 1854. Las demandas británicas incluían que pudieran ejercer el libre comercio en toda China, legalizar la comercialización del opio, abolir los impuestos a extranjeros para el tránsito interno, suprimir la piratería, regular el tráfico de culíes (trabajadores semiesclavos) y permitir al embajador británico residir en Pekín, entre otras cosas. La corte de los Qing rechazó las demandas presentadas por el Reino Unido, Francia y los Estados Unidos.



Combate en Cantón durante la Segunda Guerra del Opio


La guerra

La guerra puede ser vista como una continuación de la Primera Guerra del Opio (1839-1842), y por eso fue llamada Segunda Guerra del Opio. El 8 de octubre de 1856, los oficiales de los Qing abordaron el Arrow, un barco de dueños chinos que había sido registrado en Hong Kong (en posesión de los británicos) y era sospechoso de piratería y contrabando. Doce sujetos chinos fueron arrestados y aprisionados. Este hecho fue conocido como el «Incidente del Arrow». Los oficiales británicos en Cantón pidieron la liberación de los navegantes afirmando que como el barco había sido recientemente registrado por británicos estaba protegido bajo el Tratado de Nankín. Sólo cuando fue demostrado que aquél era un argumento débil, los británicos insistieron en que el Arrow había tenido una insignia británica y que los soldados de los Qing habían insultado la bandera. Estando en guerra con los insurgentes de la Rebelión Taiping, los Qing no estaban en condiciones de recibir un ataque de Occidente.

Aunque los británicos fueron retrasados por la Rebelión de la India, respondieron al Incidente del Arrow en 1857 atacando Guangzhou desde el Río de las Perlas. Ye Mingchen, quien se convertiría en gobernador de las provincias de Guangdong y Guangxi, alertó a los soldados chinos en los fuertes. Después de tomar los fuertes cercanos a Cantón sin mucho esfuerzo, la Armada Británica atacó la ciudad. El Parlamento Británico decidió tomar compensación de China basándose en el reporte del Incidente del Arrow presentado por Harry Parkes, el cónsul británico en Guangzhou. Francia, los Estados Unidos y Rusia recibieron invitaciones para adherirse al Reino Unido en una alianza. Francia se unió a la acción británica en contra de China, provocada por la ejecución del misionario francés Padre Auguste Chapdelaine, en el llamado «Incidente de Auguste Chapdelaine», por parte de autoridades locales en la provincia de Guangxi. Rusia y los Estados Unidos invitaron a Hong Kong a unirse a la causa anglo-francesa, pero nunca aportó ayuda militar.

Los británicos y los franceses unieron fuerzas bajo el mando del almirante Michael Seymour. La armada británica, liderada por Lord Elgin, y la francesa, encabezada por Gros, atacó y ocupó Guangzhou a fines de 1857. Ye Mingchen fue capturado, y Bo-gui, el gobernador de Guangdong, se rindió. Se formó un comité conjunto de la alianza. Bo-gui permaneció en su puesto original para mantener el orden en nombre de los agresores. La alianza anglo-francesa mantuvo el control de Guangzhou por casi cuatro años. Ye Mingchen fue exiliado a Calcuta, India, donde murió de inanición.

La coalición se dirigió luego hacia el norte para asaltar los fuertes de Taku, cerca de Tientsin (Tianjin) en mayo de 1858.



Funcionarios chinos destruyen una partida del opio importado


Tratado de Tientsin o Tianjin

En junio de 1858, la primera parte de la guerra concluyó con el Tratado de Tientsin, en el cual Francia, Rusia y los Estados Unidos tomaron parte. Los chinos inicialmente se negaron a firmar el tratado.

Los puntos más importantes del tratado fueron:

1.El Reino Unido, Francia, Rusia y los Estados Unidos tendrían el derecho de establecer legaciones diplomáticas (pequeñas embajadas) en Pekín, una ciudad cerrada en aquel tiempo;
2.Diez nuevos puertos serían abiertos al comercio internacional, incluyendo Niuzhuang, Danshui, Hankou y Nankín;
3.El derecho de todos los buques extranjeros incluyendo barcos comerciales a navegar libremente por el río Yangtsé;
4.El derecho a los extranjeros de viajar a regiones internas de China, lo cual antes estaba restringido;
5.China debería pagar una indemnización al Reino Unido y Francia de 2 millones de taeles de plata respectivamente;
6.China debería pagar una compensación a los comerciantes británicos de 2 millones de taeles de plata por la destrucción de sus propiedades.


Tratado de Aigun

El 28 de mayo de 1858, el Tratado de Aigun fue firmado con Rusia para revisar la frontera entre aquella nación y China, según se determinaba en el Tratado de Nerchinsk de 1689. Rusia ganó la orilla izquierda del río Amur. El tratado también le dio control sobre el área costera del océano Pacífico que no se congelaba, donde la ciudad de Vladivostok fue fundada en 1860.


Continuación de la guerra

Ángulo interior del Fuerte Norte de Taku inmediatamente después de su captura, 21 de agosto de 1860. Fotografía de Felice Beato.En 1859, después de que China se negara a permitir el establecimiento de embajadas en Pekín como se había acordado en el Tratado de Tientsin, una fuerza naval bajo el mando del almirante Sir James Hope Grant bombardeó los fuertes ubicados en la boca del río Hai He. Un escuadrón naval comandado por el comodoro Josiah Tattnall los dañó gravemente.

En 1860, una fuerza anglo-francesa se reunió en Hong Kong y luego llevó a cabo un desembarco en Pei Tang el 3 de agosto, y un exitoso ataque a los fuertes de Taku el 21 de agosto. El 26 de septiembre, la fuerza llegó a Pekín y tomó la ciudad el 6 de octubre. Nombrando a su hermano, el príncipe Gong, como su representante, el emperador Xianfeng escapó al Palacio de Verano de Chengde, ubicado en la ciudad de Chengde. Las tropas anglo-francesas incendiaron el Palacio de Verano de Pekín y el Viejo Palacio de Verano después de varios días de saquearlos. El Viejo Palacio fue totalmente destruido. Pekín ya no estaba tomada, pero las tropas permanecieron en las afueras de la ciudad.

Los motivos de la destrucción del Palacio de Verano son un tema de debate. La razones oficiales declaradas por Elgin eran las de desalentar a los chinos de usar el secuestro como una herramienta de negociación y vengarse del emperador por su violación a la bandera de tregua. Otras opiniones, como ejecuciones, son discutibles. Elgin calificó este hecho como lo «menos desagradable», al haber dañado el gobierno despótico pero sin alterar la vida cotidiana de los chinos inocentes. Historiadores occidentales afirman que el accionar de Elgin al autorizar la destrucción del Palacio de Verano fue motivado por la tortura y asesinato de casi veinte prisioneros occidentales, incluyendo dos enviados británicos y un periodista del periódico de la misma nacionalidad The Times. Los manchú de esa época habían convertido la tortura en un arte cruel que incluía la muerte por medio de miles de cortes mientras se estaba en lo que podría llamarse una chaqueta de alambre, y muerte por mortificación, en la cual los miembros eran quitados del cuerpo uno por uno. En este contexto, Elgin fue muy insultado por la completa destrucción del Viejo Palacio de Verano. Historiadores chinos han argumentado que esta destrucción fue un encubrimiento para los ya muy difundidos saqueos.



Ángulo interior del Fuerte Norte de Taku inmediatamente después de su captura
21 de agosto de 1860


Convención de Pekín

El Tratado de Tientsin, firmado en junio de 1858, fue finalmente extendido y ratificado por el hermano del emperador, el príncipe Gong, en la Convención de Pekín del 18 de octubre de 1860, firmada mientras las potencias occidentales ocupaban Pekín y se incendiaba el Antiguo Palacio de Verano. Así se puso final a la Segunda Guerra del Opio.

El comercio del opio fue legalizado y a los cristianos se les fueron concedidos todos los derechos civiles, incluyendo el derecho de la propiedad privada y el derecho de evangelizar.[5]

El contenido de la Convención de Pekín incluye:

1.El reconocimiento de China sobre la validez del Tratado de Tientsin;
2.Apertura de Tianjin como un puerto comercial;
3.Cesión del Distrito Nº 1 de Kowloon (al sur de la actual Boundary Street) al Reino Unido;
4.Autorización a los barcos británicos de llevar a los chinos heridos a EE.UU.;
5.Indemnización al Reino Unido y Francia por 8 millones de teals de plata a cada uno;
6.Legalización del comercio de opio.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Mayo 23 2014, 16:00

EL REINADO GENOCIDA DE LA EMPERATRIZ VICTORIA I


Los dominios de Victoria I (1819-1901), reina de Gran Bretaña e Irlanda y emperatriz de la India (entre 1876 y 1901), se extendían a lo largo y a lo ancho de 32 millones de kilómetros cuadrados (130 veces la superficie actual del Reino Unido). Las rebeliones de los países sometidos dentro de tan vasto imperio (Afganistán, Australia, Birmania, Egipto, India, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Sudán, etc.), y los conflictos instigados por Londres, como las dos Guerras del Opio y la Guerra de los Boxers en China, provocaron más de cien millones de muertos en un período de apenas sesenta años (1840-1900).

Como ejemplo irrefutable de la verdadera intención que impulsa a los opresores de la humanidad de todos los tiempos, tenemos el testimonio de un teniente general inglés, sir Charles Napier (1782-1853), que combatió contra Napoleón en Portugal (1810-1812) y que fue el conquistador (1842-1843) y gobernador del Sind (1843-1847), la región ocupada por el delta del río Indo en el actual Pakistán. En su libro History of Sir C. Napier’s Administration of Scinde (Londres, 1847), horrorizado por sus propios crímenes y los cometidos por sus superiores y subordinados, confiesa patéticamente:
«Nuestro objeto al conquistar la India, el objeto de todas nuestras crueldades, no fue otro que el dinero... Se dice que de la India se han obtenido unos mil millones de libras esterlinas en los últimos noventa años (1756-1846). Cada uno de estos chelines se ha extraído de un charco de sangre; se ha limpiado a conciencia y ha ido a parar a los bolsillos de los asesinos. Sin embargo, por mucho que se limpie y se seque el dinero, esa “maldita mancha” no saldrá nunca»

(citado por Edward Rice: El Capitán Richard F. Burton, Ediciones Siruela, Madrid, 1992, p. 106).


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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por TRAJANO.v el Vie Mayo 23 2014, 17:37

Claro hombre. Por eso quedan tan "pocos" indios en Iberoamérica (porque incluyo a Portugal), que hasta tienen Presidentes indigenas.
Todo lo contrario que los ingleses, que quedan "tantos" indios en las zonas donde se asentaron, que se los tienen que quitar de encima como si fueran moscas.
Si aún siguera vivo el tal Theodore de Bry, estaria encantado de decirle: "Váyase usted a hacer leches, pedazo de embustero".

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por Juanma_Breda el Sáb Mayo 24 2014, 01:01

Grandes aportaciones, por eso el Imperio Inglés llegó a ser tan grande, mediante grande y explotación, algo muy diferente a lo que fue el Imperio Español.


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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Sáb Mayo 24 2014, 01:05

Lo malo es que para el mundo entero e incluso para muchos españoles los genocidas fueron nuestros antepasados conquistadores, pronto reciclare un vídeo hecho por mi del desaparecido foro NuevaHispania y que aclara un poco esto, pero le tengo que hacer varias modificaciones.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por HispanoCortés501 el Mar Mayo 27 2014, 01:05

Los ingleses siempre han sido expertos propagandistas y manipuladores, exagerando los logros de su país y los defectos de sus rivales.
Si España hubiese puesto mas interés en la propaganda, es posible que se hubiese creado una leyenda negra inglesa mucho mas fiel a la realidad que la leyenda negra anti-española.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por TRAJANO.v el Mar Mayo 27 2014, 13:09

Los britanicos tienen el apoyo mediatico de sus primos norteamericanos.
Por eso hey cientos de peliculas donde a los piratas ingleses los convierten en héroes, mientras que los españoles somos los malos, malisimos. Pero jamás narran las palizas que recibieron estos corsarios y la cantidad de ellos que fueron ajusticiados por manos españolas.
Con tanto director de cine progre que estamos teniendo desde la década de los ochenta, a ninguno de ellos se les ha ocurrido hacer una pelicula o una serie televisiva, que refleje la realidad de nuestra historia, y que narre hechos donde les zurramos a los ingleses.
Quizás sea por desconocimiento de nuestra historia, que hace décadas ha sido expulsada de las aulas.
¿Cuántas peliculas se hubieren hecho en Hollywood, si por ejemplo Blas de Lezo hubiera nacido en Norteamerica, o en el Reino Unido?.
Y cito a Blas de Lezo porque es uno de los mas notables.
Pero existen páginas gloriosas de nuestra historia y nuestros héroes, que siguen empolvandose en los archivos sin que nadie las conozca, como por ejemplo el llamado Milagro de Empel, o la invasion, aunque corta de Inglaterra por parte de españoles conocida como la Invasión de Cornualles, y tantos y tantos hechos de armas.
Y si hablamos de héroes, comenzando por Viriato, y terminando por los ultimos de Filipinas, quedando en medio toda esa saga de conquistadores que formaron un imperio, fijaos amigos foreros si habria temas de donde sacar para hacer peliculas y series televisivas.
Menos mal que tenemos a Arturo Perez reverte, que alguna vez que otra nos cuenta trazos de nuestra historia, de la que deberiamos sentirnos más que orgullosos.


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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Sáb Mar 14 2015, 02:55

NUESTROS ALIADOS INGLESES

Pérez Reverte


Esta semana que viene toca de nuevo conmemorar batallita. Y no se trata de una cualquiera: en Bailén, el 19 de julio de 1808, dos meses y medio después del 2 de Mayo, a las águilas de Bonaparte les hicieron cagar las plumas. Por primera vez en la historia de Europa, un ejército napoleónico tuvo que rendirse después de un partido de infarto, en el que nuestra selección nacional -tropas regulares, paisanos armados y guerrilleros- aguantó admirablemente los dos tiempos y la prórroga. También es verdad que fue la única vez que ganamos la copa, pues luego los franceses nos dieron siempre las del pulpo; o ganamos, cuando lo hicimos, con ayuda de las tropas inglesas que operaban en la Península. Si algo demostramos los españoles durante toda la campaña fue que para la insurrección y el dar por saco éramos unos superdotados, pero que a la hora de ponernos de acuerdo y combatir organizados no había quien nos conciliara. Paradojas de la guerra: por eso los gabachos nunca pudieron ganar. Acostumbrados a que alemanes o austriacos, por ejemplo, después de derrotados en el campo de batalla, se pusieran a sus órdenes con la policía y todo, preguntando muy serios a quién había que meter en la cárcel por antifrancés, no comprendían que los españoles, derrotados un día sí y otro también, no terminaran de rendirse nunca; y encima, en los ratos de calma, se incordiaran y mataran entre ellos mismos.

Al hilo de todo esto, un historiador británico se lamentaba hace poco de que aquí conmemoremos el bicentenario de aquella guerra con poco agradecimiento al papel que las tropas inglesas tuvieron en ella; ya que fueron éstas las que proporcionaron ejércitos disciplinados y coordinaron, con Wellington, las más decisivas operaciones. Y tiene razón ese historiador. En batallas y asedios, Bailén y los sitios aparte, la contribución británica fue decisiva. Lo que pasa es que de ahí a que los españoles deban agradecerlo, media un trecho. En primer lugar, los ingleses no desembarcaron para ayudarnos a sacudir el yugo francés, sino para establecer aquí una zona de continuo desgaste militar para su enemigo continental. Además, y salvo ilustres excepciones, su desprecio y arrogancia ante el pueblo español que se sacrificaba en la lucha fueron constantes, compartidos por la mayor parte de los historiadores británicos de entonces y de ahora. Por último, las tropas inglesas en suelo español se comportaron, a menudo, más como enemigas que como aliadas, cebándose en la población civil. Eso, manifestado ya durante la desastrosa retirada del general Moore en La Coruña, se evidenció en los saqueos de Ciudad Rodrigo, Badajoz y San Sebastián.

Y no hablo de trincar unas monedas y un par de candelabros. Historiadores españoles contemporáneos como Toreno y Muñoz Maldonado, por aquello de la delicadeza entre aliados, pasan por el asunto de puntillas; pero los mismos ingleses -Napier, Hamilton, Southey- lo cuentan con detalle. Sin olvidar la memoria local de los lugares afectados, donde todavía recuerdan los tristes días de la liberación británica. En Ciudad Rodrigo, por ejemplo, la toma de la ciudad a los franceses fue seguida de una borrachera colectiva -extraño, tratándose de ingleses-, asesinatos, saqueo de las casas de quienes salían a recibir alborozados a los libertadores, y violación de todas las señoras disponibles. Wellington atribuyó los excesos a que era la primera vez que sus tropas liberaban una ciudad española, y estaban poco acostumbradas; pero la cosa se repitió, aún peor, en la toma de Badajoz, donde 10.000 ingleses borrachos saquearon, violaron y mataron españoles durante dos días y dos noches, y culminó en San Sebastián, donde al retirarse los franceses y salir los vecinos a recibir a los libertadores, éstos se entregaron a una orgía de violencia, saqueos y violaciones masivas que no respetó a nadie. Luego vino el incendio de la ciudad: de 600 casas, de las que sólo 60 habían sido destruidas durante el asedio, quedaron 40 en pie. Habría sido ahí muy útil la feroz disciplina que, más tarde, Wellington impuso a las tropas que lo acompañaron en la invasión de Francia, cuando fusilaba sin contemplaciones a todo español que cometía algún exceso como revancha contra los franceses.

Puestos a eso, la verdad, simpatizo un pelín más con los gabachos. Al menos ellos saqueaban, mataban y violaban porque eran enemigos, tomando al asalto ciudades donde hasta los niños te endiñaban un navajazo. Los súbditos de Su Graciosa son harina de otro costal: iban a lo suyo y los españoles les importaban un carajo. Así que, en lo que a mí se refiere, que a Wellington y las tropas inglesas los homenajee en Londres su puta madre.

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/207/nuestros-aliados-ingleses/

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Vie Oct 02 2015, 11:33

1 aborigen de Tasmania = 5 libras


Aunque los británicos la llamaron Black War (Guerra Negra), no se declaró ninguna guerra. De esta forma, denominan los ingleses al exterminio de los aborígenes de Tasmania promovido directamente por el Imperio británico.

La isla de Tasmania está situada a doscientos cuarenta kilómetros al sureste de Australia. La isla estaba poblada por aborígenes de tez negra, pelo rizado, baja estatura (hombres 1,60 metros y las mujeres 1,48 metros) y de complexión delgada, dedicados a la caza y recolección con medios muy rudimentarios. Tuvieron la mala suerte de que el navegante holandés Abel Tasman Jansen arribase a sus costas en 1642. Hasta que en 1855 comenzó a denominarse Tasmania por su descubridor, se llamaba Tierra de Van Diemen por Anthony Van Diemen, gobernador general de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en aquella época.

Más tarde pasaron por allí franceses y británicos que comenzaron a esclavizar a muchos aborígenes. En 1803, los británicos establecieron una colonia penal en Tasmania y la isla comenzó a recibir lo mejor de cada casa. Con estos indeseables también llegaron colonos dispuestos a conseguir terrenos donde establecerse sin respetar los territorios de caza de los aborígenes.

Poco tardaron en llegar los primeros enfrentamientos entre los colonos, apoyados por el ejército británico, y los nativos del lugar que siempre llevaron las de perder: asesinatos, violaciones o secuestros se repetían sin castigo alguno para los europeos. A pesar de todo, los aborígenes tasmanos trataron de defenderse, pero poco podían hacer con piedras y lanzas contra las armas de fuego.



Entre 1803 y 1830, se pasó de una población estimada de cinco mil tasmanos a unos doscientos. En 1826, el Tasmania Colonial Times lo justificaba como autodefensa (¿?):

No estamos aquí por nuestra labor filantrópica. La autodefensa es la primera ley de la naturaleza. Si el gobierno no elimina a los nativos [se planteó reubicarlos en otra isla], serán cazados como fieras.

Para acabar con aquel problema por la vía rápida, en 1828 se autorizó la caza de aborígenes estableciendo una recompensa de cinco libras por la captura de un adulto y dos libras por un niño. En 1860 murió el último hombre tasmano y, como recuerdo, el miserable George Stokell, de la Royal Society of Tasmania, ordenó que desollasen su cuerpo para hacerse una cartera. La última mujer tasmana, Truganini, murió en 1876… El genocidio había terminado.




http://historiasdelahistoria.com/2014/07/25/cuando-se-pagaban-cinco-libras-por-la-captura-de-un-aborigen-en-tasmania

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Fue mucho peor: los genocidios de los ingleses contra nuestra leyenda negra

Mensaje por Luego Cabalgamos el Dom Nov 01 2015, 08:47

Fue mucho peor: los genocidios de los ingleses contra nuestra leyenda negra

Los españoles cometieron tropelías en la conquista de América, pero en el caso de los ingleses la mortandad podría calificarse de matanza, sin más consideración o interpretación


Británicos y estadounidenses se las han ingeniado para fingir que la colonización de América no fue una matanza.

25.09.2015 – 05:00 H. - ACTUALIZADO: 25.09.2015 - 17:53H.

'Hay un valor estratégico en una retirada bien planificada. No espero que los bárbaros lo entiendan'.


–Enéas el Táctico, Poliorcética

En el infierno la temperatura es constante pero soportable –Dante dixit– y, además, no es tan alta como en la superficie de la tierra, donde entre el napalm, el plutonio, las armas con uranio enriquecido, el galopante cambio climático, la brutalidad de los psicópatas legales y, la mayoría del tiempo, la indiferencia de la mayoría silenciosa atenazada por una variada gama de miedos paralizantes debidamente alimentados por las cúpulas, hacen que el ambiente esté siempre calentito.

Los infiernos a lo tibetano o a lo Botticelli, aparte de ser pergeñados por sus autores con lujoso detallismo, podían ser tan actuales que no habría que buscarlos en los ubicuos mundos paralelos de lo cuántico, sino aquí, mucho más cerquita, y además se puede elegir camarote a voluntad, pues hay más clases que en los ferrocarriles de la India.

Entre los siglos XVI, XVII y XVIII, la crueldad llegó a niveles de holocausto con la apocalíptica acción de los ingleses en sus áreas de influencia. Los malos parecían siempre los mismos, pues el aparato de propaganda de los destinatarios de la Leyenda Negra estaba muy bien resuelto y el eco de la caja de resonancia de los anglos funcionaba a pleno rendimiento. Por contra, los receptores de las invectivas, los españoles, éramos más proclives al reparto de cera que a una esmerada dedicación a los medios.

Antes de la llegada de los ingleses a América, existían civilizaciones bien estructuradas forjadas durante siglos en algunos casos

El sambenito de los desatinos que se le imputan malévolamente (aunque no carentes de fundamento) a la Conquista Española no lo redime el “y tú más”, obviamente, pero sí es necesario destacar que nuestros detractores no eran solamente inocentes querubines, sino que hacían horas extras por mejorar las estadísticas (lamentables en todo conflicto entre humanos) que nosotros causamos en acciones que por estar enmarcadas en conductas menos civilizadas por la época en que se desarrollaron, no restaban inhumanidad a aquellos actos obligados por la dinámica de conquista, sin atenuar por ello el horror que conllevaron a sus habitantes autóctonos. Las almas despachadas en aquel larguísimo episodio, por su número casi incontable, llegarían a colapsar los sistemas contables de la época.

En el caso de la Conquista Española, la mortandad se asoció más a las enfermedades transmisibles –viruela, sarampión, gripe, tifus, peste bubónica y otras enfermedades infecciosas endémicas en Europa–, que tuvieron un papel decisivo al diezmar a los desprevenidos locales; el ardor guerrero contribuyó lo suyo también. En el caso de los ingleses la mortandad podría calificarse de matanza, sin más consideración o interpretación. El abundamiento de datos certificaría este hecho, pero lo dejaría reducido a las frías miserias de la estadística.
Las dos naves de James Cook en su segundo viaje al Pacífico.

Una forma de crueldad inusual
Antes de la llegada de los ingleses a América, existían civilizaciones bien estructuradas forjadas durante siglos en algunos casos. Para ellos, los habitantes de dichas civilizaciones no tenían la consideración de humanos. El colono anglosajón mostró una forma de crueldad inusual fuera de los campos de batalla y en ello, aunque aquí, en caliente, entran atenuantes obvios. Los pueblos sometidos fueron meros espectadores de las masacres cometidas en los actuales Estados Unidos, Caribe, África y Australia, por mencionar algunas latitudes al azar. Mientras los españoles intentaban convertir a los autóctonos al catolicismo, a veces con métodos algo expeditivos, y los portugueses, más mercantiles, trataban de controlar los puertos de Brasil y la costa oeste de África e India para así potenciar su fabulosa red comercial, los ingleses entendían que los indígenas de América debían ser literalmente exterminados  –como así ocurrió en sus zonas de actuación–, para de esta manera repoblar el continente con ingleses de pura cepa. Y no vale decir que eran presidiarios desalmados o disidentes recalcitrantes frente a la monopolista fe anglicana, no; avezados exploradores como Rourke, Cook, y, antes que ellos, el inefable Drake, postulaban el exterminio en masa de los lugareños que asistían sorprendidos a la total subversión de la hospitalidad por aquellos energúmenos adecentados con uniformes de lujosa botonadura. Era la educada Inglaterra la que se oponía al mestizaje con los subhumanos.

El caso de Australia y de los EEUU es un ejemplo sangrante de lo que sin rubor se puede llamar perfectamente un genocidio

El abuso e imposición arbitrarias de una Inglaterra exultante ante sus conquistas (no existían entre ellos un Fray Bartolomé de las Casas ni la más mínima norma que se pareciera a las Leyes de Indias) permitiría el salvaje saqueo, el expolio y el apalizamiento a millones de “indios” o aborígenes por parte de una cultura que a sí misma se llamaba civilizada. En lo económico y político, los beneficios soslayaron cualquier atisbo de humanidad, dejando a los intereses indígenas totalmente condenados a la muerte en guerras asimétricas, a la inanición en la mayoría de los casos y a la esclavitud flagrante y rampante.

El caso de Australia y de los EEUU es un ejemplo sangrante de lo que sin rubor se puede llamar perfectamente un genocidio. En menos de un siglo en la costa este bajo la influencia colonial inglesa no quedaban autóctonos para contarlo salvo los que servían de diversión en los circos, y por supuesto, ni qué decir de la ola aniquiladora posterior de sus pupilos que no dejaron títere con cabeza hasta llegar al Pacífico en California.

En la India, tras más de dos siglos de dominación británica, la esclavitud era generalizada y no se les permitía a los locales competir con productos propios en los mercados internacionales, hasta que llegó Gandhi con su rueca.

Sir Francis Drake

En Australia se les fue la mano totalmente. De más de 900.000 aborígenes contabilizados por su propia Sociedad Geográfica, algo más de 30.000 escaparon a aquel Apocalipsis de destrucción sistemática y, probablemente, planificada. Estos aborígenes llevaban en Australia aproximadamente 60.000 años cuando los primeros ingleses les hicieron notar su avanzada civilización, era el año 1770 y el infierno abría sus fauces.

Los ingleses declararon a Australia como terra nullius, es decir, sin habitantes humanos, de tal manera podrían así justificar el despojo de las tierras indígenas y el saqueo del continente. Tras arrebatarles las tierras fértiles, arrojaron a los aborígenes a las zonas áridas del interior donde morían como chinches. Enfermedades desconocidas arrasaron aquel último reducto del paraíso en la tierra, en un siglo exacto desde aquel terrible desembarco de los pulcros y puritanos anglos.

Sus hazañas africanas despojaron de su nombre, identidad, dignidad y libertad a millones de esclavos procedentes de los puertos de Senegal y Guinea hacia las plantaciones del Caribe, Norteamérica y Sudamérica. Los infernales viajes donde una multitud de seres castrados de los más elementales derechos de existencia, encadenados entre sí, sin espacio para moverse, viajando durante meses, mareados hasta la extenuación, rodeados de vómitos, entre los alaridos de las mujeres y los lamentos de los agonizantes, generaban escenas de horror inconcebibles. Se calcula que uno de cada tres sobrevivía a esta travesía. Estas acciones de inhumanidad flagrante eran la obra de los que imputaban a España la famosa Leyenda Negra.

El pasado es inevitable

Es probable que bastantes de nosotros podamos sentir vergüenza sobre algunos aspectos de nuestra conquista allende los mares. La esclavitud en Potosí, la explotación en las encomiendas, el asesinato de Atahualpa porPizarro, los efectos colaterales de las enfermedades transmisibles, etc; pero al menos teníamos unas claras y bastantes expeditivas leyes moderadoras. Pudo ser de otra manera, pero no fue así. El pasado es inevitable al tiempo que es una enseñanza.
Tradicionalmente, los historiadores más minimalistas cifran la población precolombina en unos 12.000.000 aborígenes
Mientras las campañas de propaganda bien orquestadas y engrasadas por nuestros adversarios tenían un efecto multiplicador, nosotros usábamos la imprenta para propagar la palabra del Señor que, a la hora de la verdad, estuvo un poco flojo de asistencia en los momentos críticos.

Henry Kamen, excelente hispanista, en su extraordinario libro 'Imperio', escora en mi opinión en una apreciación quizás algo exagerada, pues habla del genocidio demográfico más grande de la historia documentada (un 90% de mortalidad en los 150 años posteriores al desembarco de Colón). Tradicionalmente, los historiadores más minimalistas cifran la población precolombina –Henry Dobbyns– en unos 12.000.000 aborígenes (los maximalistas hablan de 50.000.000 en todo el continente). La mortalidad posterior por la acción de la guerra de exterminio y la cruel viruela, y las no menos agresivas venéreas, dejó los territorios del norte de América hollados por los ingleses en una tabula rasa sin contar con el énfasis expansivo posterior de sus pupilos tras la independencia.

Parafraseando a Mae West, a la Inglaterra de entonces se le podría adjudicar aquella famosa frase dicha por esta dicharachera fémina con un daikiri en la mano y media docena en el estómago: "He perdido mi reputación. Pero no la echo en falta".

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-09-25/fue-mucho-peor-los-genocidios-de-los-ingleses-contra-nuestra-leyenda-negra_1037058/

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Lun Oct 31 2016, 00:06

LAS HAMBRUNAS DE BENGALA

Bengala experimentó dos hambrunas terribles que costaron numerosas víctimas: la primera en 1770 (apenas a cinco años de comenzado el reinado de los británicos) murió la tercera parte de la población de Bengala, en lo que proporcionalmente ha sido una de las hambrunas más grandes del mundo). La segunda fue en 1943 (durante la Segunda Guerra Mundial), en que murieron tres millones de bengalíes. Sin embargo, la gente de Bengala ha sido capaz de superar estos desastres y reconstruir su tierra en lo que el poeta Rabindranath Tagore describió como la "Bengala dorada".



En 1943, cerca de cinco millones de personas en el estado indio de Bengala murieron de hambre, la desnutrición y las enfermedades. Los británicos, liderados por Winston Churchill, se llevaron decenas de miles de toneladas de grano para alimentar a sus tropas y aliados, dejando a millones de indios muriendo de hambre.

Esta foto no está retocada; cuenta la terrible tragedia, que fue el hombre con un holocausto que muchas personas no quieren siquiera mencionar. Gracias a la Dra. Peggy Mohan por compartir.

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Re: Genocidios del Imperio británico

Mensaje por ilustrado el Miér Nov 30 2016, 01:21

Cuando los ingleses vendían a sus esposas en el mercado en los siglos XVII-XIX


Esta situación descrita en las primeras páginas de la novela de Thomas Hardy El alcalde de Casterbridge seguramente confundirá a más de uno o le hará pensar que es sólo fruto de la imaginación del escritor.

Pero no, es algo que ocurría realmente, una vieja y asombrosa costumbre que se extendió por Inglaterra desde finales del siglo XVII, motivada por las circunstancias jurídicas.


“-Pues, la verdad, no entiendo cómo los hombres que tienen mujeres y no las quieren, no se libran de ellas como hacen los gitanos con sus caballos viejos -estaba diciendo ahora el hombre de la carpa-. ¿Por qué no las venden en subasta pública a otros hombres necesitados de tales piezas? ¡Por mis antepasados que yo vendería la mía ahora mismo si alguien me la quisiera comprar!
(…) El joven y beodo marido ponderó unos segundos esta alabanza inesperada sobre su mujer, medio dudando de la prudencia de su actitud con la dueña de tales cualidades. Pero rápidamente volvió a su postura inicial y dijo con un exabrupto:
-Pues bien, aquí tienen una buena oportunidad. Estoy abierto a cualquier oferta por esta joya de la creación.”

En realidad hay referencias a algún caso en el Medievo pero lo cierto es que no se generalizó hasta siglos después (la primera noticia es de 1533), según apuntan algunos investigadores probablemente debido a su difusión cuando la prensa escrita empezó a hacerse común. Parte de la razón de tan insólita tradición está en la ancestral tendencia británica a no legislar demasiado: es conocido el hecho de que Reino Unido no tiene una constitución escrita y en otros tiempos eso se hacía extensivo a otros aspectos; uno de ellos era el matrimonio, para cuya celebración únicamente era necesaria la edad legal para dar el consentimiento (doce años para las mujeres, dos más para los hombres) y una licencia del sacerdote.

Ni siquiera se registraba, quedando reconocido bajo un formulismo oral implícito de los contrayentes denominado coverture. Esa insólita situación perduró hasta 1753, en que se promulgó la llamada Marriage Act (Acta de Matrimonio), que establecía la obligatoriedad de una ceremonia oficial.





El verdadero problema de esa rareza no estaba en casarse sino en divorciarse, al no haber constancia previa de unión matrimonial. Existían entonces varias formas de proceder para un divorcio: acuerdo mutuo ante notario, solicitud formal al Parlamento e incluso el abandono de la casa por parte de uno de los cónyuges. En todos ellos decidía la Court of Arches (un tribunal eclesiástico) y se juntaban una serie de condicionantes que dilataban el proceso durante muchísimo tiempo, sin contar el enorme coste económico.

Como siempre, las clases adineradas no tenían mayor problema pero en la Inglaterra de aquella época la mayoría de la gente no entraba en esa categoría, así que, quizá inspirándose en el citado caso reseñado en 1302, los ingleses que habían naufragado en la vida matrimonial encontraron esa opción para solucionarlo. Conviene aclarar que hay pocas noticias respecto a que las esposas afectadas se negaran (la mayoría ya decimonónicas), lo que indicaría que ellas mismas estarían de acuerdo en ese método como vía para escapar de la infelicidad conyugal. No obstante, también constan casos en los que las ventas fueron impedidas por grupos de mujeres o por el público mismo.

Así, aunque en realidad era algo ilegal (o, al menos, alegal) y a menudo terminaba en un proceso judicial abierto por las autoridades, el pueblo lo consideraba normal y se solía llevar a la práctica con cierto ceremonial: el marido llevaba a su mujer simbólicamente de un ronzal (o una simple cinta, normalmente atado a un brazo pero a veces al cuello o la cintura) para celebrar una subasta pública en el mercado, frecuentemente publicando antes el correspondiente aviso de venta en un periódico (lo del mercado era por tratarse de un foro de reunión solamente, si bien hay alguna referencia excepcional a alguna mujer vendida al peso). Otras veces se hacía en alguna taberna y la moneda usada para el pago era la bebida.

En cualquier caso, si se hacía publicamente solía haber bastantes espectadores y el ambiente poco agradable para ella. El acuerdo entre vendedor y comprador adquiría categoría contractual sin más, o al menos así lo creían ellos (el British Museum conserva una factura de una de estas transacciones, fechada en 1758, pero es la única conocida), y el esposo quedaba liberado de cualquier compromiso hacia su ex. A menudo, quien pagaba por la adquisición era el amante , pero el precio era siempre muy bajo porque de lo que se trataba era de romper el vínculo entre esposos.




La costumbre, que apenas se extendió a Gales, Irlanda y Escocia (también a las colonias americanas) más que de forma testimonial, perduró en el tiempo, aunque en el siglo XIX decayó y pasó a ser considerada un insulto al sexo femenino, quedando restringida al mundo rural y a los segmentos más bajos de la escala social, con constancia de ciento cincuenta y ocho casos en esa centuria; en total fueron cuatro centenares registrados (en la práctica seguramente más), una minucia comparada con las decenas de miles de fugas que llegó a haber en la era victoriana.

La actitud de las autoridades ante la venta de esposas fue ambigua y a veces contradictoria. Legalmente no se consideraba legítima y, como decía antes, los jueces podían intervenir para impedirla y sancionar a los implicados; sin embargo, en otras ocasiones reconocieron la transacción (en parte quizá por la cuenta que les traía, ya que hay referencia a una agresión popular contra uno que trato de impedir una venta en 1819). Tan imprecisa era la cosa que en alguna ocasión la operación se revirtió: en 1826, tras la muerte del marido que la había comprado, una mujer volvió con el anterior y permanecieron juntos varias décadas.

Por increíble que parezca, las ventas siguieron hasta 1913, aunque para entonces ya eran fruto de la ignorancia más que nada porque la Matrimonial Causes Act de 1857 facilitó los trámites de divorcio con la creación de un Court of Divorce and Matrimonial Causes, es decir, un tribunal específico y civil, y la abolición de la consideración del adulterio como delito (algunos jueces de moral especialmente rígida consideraban que las ventas eran meros encubrimientos para ello). Cabe hacerse ahora otra pregunta: ¿hubo venta de esposos? La respuesta es que sí pero muy pocas de las que se tenga noticia.


http://www.labrujulaverde.com/2016/11/cuando-los-ingleses-vendian-a-sus-esposas-en-el-mercado-en-los-siglos-xvii-xix

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