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Cuando las islas Canarias fueron portuguesas

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Cuando las islas Canarias fueron portuguesas

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Vie Dic 18 2015, 01:30

Algunas de las Islas Canarias fueron legalmente portuguesas durante 52 días. En efecto, el Rey de Portugal tuvo durante ese plazo el derecho de conquista del archipiélago canario. El 15 de septiembre de 1436 el Papa Eugenio IV firmó la bula "Romanus Pontifex" concediendo a Portugal la conquista de las Islas Canarias. El 6 de noviembre de 1436 el mismo Papa firmó otra bula, la "Romani Pontificis", en la que se desdecía de la anterior, revocando el derecho portugués a la conquista y declarando que el derecho de conquista de las Islas Canarias correspondía al Rey de Castilla y León. Por: José María Rodríguez Montoya



¿Qué ocurrió para que en tan breve plazo de tiempo el mismísimo Papa se contradijera a sí mismo? ¿Cómo fue posible que se tomaran dos resoluciones opuestas de forma casi inmediata? Y sobre todo, ¿cómo se comprende que se tomaran con tanta presteza esas dos decisiones contradictorias sobre un contencioso entre Portugal y Castilla conocido ya desde hacía tiempo y que había contado con la intervención de múltiples expediciones, embajadas y esfuerzos diplomáticos de toda índole?
LA JURISDICCION DEL PAPA
El derecho vigente en el Occidente medieval cristiano consideraba a los infieles carentes de toda personalidad jurídica. Se les suponía sujetos exclusivamente a la voluntad y derecho divino. Por tanto, el Papa, como representante de Dios en la Tierra, tenía potestad sobre los mismos y podía disponer de ellos a su total arbitrio; esta jurisdicción se extendía sobre cualquier territorio tanto conocido como desconocido y alcanzaba tanto a los territorios ocupados por infieles y todo su contenido como a sus propias personas.
Las posibles controversias entre Reinos cristianos por cualquier disputa se dirimían por el Papa y su dictamen divino era inapelable; evidentemente, esto convertía al siervo de los siervos de Dios en el poder terrenal más importante de los existentes
En principio y de forma genérica, los reyes cristianos no necesitaban autorización del Papa para conquistar y ocupar territorios ocupados por infieles. Lógicamente, el Papa las concedía si se producía una petición o bien si tras la conquista se solicitaba la confirmación por el correspondiente monarca. En todo caso, el pronunciamiento del Papa era importante puesto que claramente fortalecía la posición del conquistador. Por supuesto, las posibles controversias entre Reinos cristianos por cualquier disputa se dirimían por el Papa y su dictamen divino era inapelable; evidentemente, esto convertía al siervo de los siervos de Dios en el poder terrenal más importante de los existentes.
Pero obviamente, las decisiones papales se basaban en los dictámenes, estudios y opiniones de los doctores de la iglesia que formaban la curia papal; y esa curia era una corte terrenal como cualquier otra, sometida a camarillas, influencias, intrigas y todo tipo de maniobras que podamos imaginar.
En el asunto de las conquistas territoriales que nos ocupa, existía bastante margen para la influencia y la maniobra puesto que, a diferencia de las cuestiones relacionadas con los llamados infieles musulmanes que ya contaban con experiencia de siglos y se conocía perfectamente la jurisprudencia de la Iglesia sobre las mismas, no existía demasiada experiencia en cuestiones sobre los territorios habitados por los llamados infieles paganos y las relaciones con ellos.
En efecto, hasta el siglo XIV no había habido demasiados contactos entre el Occidente cristiano y territorios paganos y mucho menos controversias sobre las que el Papa hubiera debido pronunciarse, por lo que no existía gran experiencia previa ni jurisprudencia papal asentada. Incluso en la propia curia papal existían voces que ponían en duda o al menos cuestionaban la universalidad y omnipotencia de la jurisdicción del Papa. Así pues, la decisión en la materia podía ser objeto de influencias de todo tipo.
LA IMPORTANCIA DE LAS ISLAS CANARIAS
Aunque hubo expediciones y presencias intermitentes genovesas, aragonesas, mallorquinas, castellanas y portuguesas en las islas desde 1312, el contencioso entre Portugal y Castilla comenzó en 1344 cuando el Papa concedió la conquista de las Islas Canarias a Luis de la Cerda,  bisnieto de Alfonso X el Sabio, como un feudo del Papado. Esta peculiar decisión, se basaba en una ley de los tiempos de Constantino que ponía bajo el dominio del Papa todas las islas de Occidente. Conocedor Luis de la Cerda de la controversia por las Islas y las múltiples expediciones realizadas, quiso proteger sus intereses en las Islas solicitando que se explicitara el dominio del Papa sobre las islas y su concesión a título feudal.
En este contexto, en Portugal las únicas sombras políticas eran las derivadas de la inestabilidad dinástica, y en Castilla, además, la finalización de la reconquista territorial
El Rey de Portugal acató la decisión del Papa mencionando que no renunciaba a una posible petición posterior del derecho de conquista; y por su parte, el Rey de Castilla se limitó a recordar a todos que era el titular del derecho legítimo de posesión de las Islas. Este feudo papal no llegó a materializarse realmente y el asunto quedó enquistado hasta el establecimiento de los castellanos en Lanzarote y Fuerteventura 1402 y aún hasta la década de los años treinta en la que los acontecimientos se precipitan, por diversas razones.
En primer lugar, el momento histórico de ambos reinos, Castilla y Portugal, que salían de la Baja Edad Medía y afrontaban una nueva época ya con una notable consolidación política y con economías necesitadas de nuevos mercados y vías de crecimiento. En este contexto, en Portugal las únicas sombras políticas eran las derivadas de la inestabilidad dinástica, y en Castilla, además, la finalización de la reconquista territorial que, si bien ya focalizada solamente sobre Granada, aún requería muy importantes esfuerzos y recursos.
Por otra parte, Castilla y Portugal desde siempre habían tenido una tensa vecindad no ajena a que en origen Portugal era una escisión de Castilla, salpicada de múltiples guerras y escaramuzas casi siempre con trasfondo dinástico, que a principios del siglo XV se habían detenido con la paz alcanzada en 1411 y ratificada por diez años en 1423. El compromiso de paz expiró el 6 de marzo de 1434, fecha y circunstancia a la que sin duda no es ajena la evolución posterior del conflicto.
 
La concesión del privilegio real de exploración, conquista y comercio a Enrique el Navegante, había producido una gran actividad relacionada con las expediciones marítimas
Portugal había finalizado la conquista de su territorio natural ya a mediados del siglo XIII. La inercia de conquista, sumada a la necesidad de un proyecto nacional que aglutinara a la nobleza alejándola de las veleidades dinásticas y luchas intestinas, lanzó el período de exploraciones, conquistas y descubrimientos portugueses iniciado con la  conquista de Ceuta en 1415.
En este aspecto, Portugal era mucho más activo que Castilla. La concesión del privilegio real de exploración, conquista y comercio a Enrique el Navegante, había producido una gran actividad relacionada con las expediciones marítimas, en pos de la ruta marítima a las Indias y del previsiblemente muy lucrativo comercio con los nuevos territorios. Por otra parte, el fomento científico de la construcción naval y el empleo de la carabela en los astilleros de Lagos y el estudio de pilotaje, técnicas de navegación, astronomía, cartografía, etc. en la escuela de Sagres, proporcionó un caldo de cultivo apropiado para la exploración y la conquista. Todo este ambiente, sumado a la financiación por el enorme patrimonio de la Orden de Cristo, heredera en Portugal del patrimonio templario y de la que Enrique era Gran Maestre, ya había producido los descubrimientos de Porto Santo en 1419, Madeira en 1420 y Azores en 1426 así como expediciones a Gran Canaria en 1415, 1424, 1427, 1434 y otras al continente africano.
Por otra parte, tras rebasar el mítico Cabo Bojador hacia el Sur en 1434, y la llegada hasta Rio de Oro en 1436, quedó de manifiesto la importancia estratégica de las Islas Canarias como base expedicionaria hacia el Sur en la búsqueda de la ruta marítima de las Indias y exploración del continente y posteriormente como escala en las rutas comerciales.
LOS ARGUMENTOS DE PORTUGAL
Portugal no podía alegar – ni alegaba – ningún tipo de derecho posesorio sobre las islas sencillamente porque tal derecho probablemente no existiera. Todas las pretensiones portuguesas se basaban, de una u otra forma, en que todas las islas no estaban ocupadas y por lo tanto las que estaban vacías podían ocuparse, por lo que sus peticiones se referían específicamente a Gran Canaria y Tenerife.
Así, los argumentos jurídicos eran que las islas desocupadas siempre se habían concedido al primer ocupante al no haber un propietario previo, por lo que podían concederse a Portugal. También se alegaba que, en ausencia de propietario, se convertía en legítimo propietario el príncipe católico poseedor de otras tierras cercanas, como en este caso la tierra más cercana a Canarias es África, que debe considerarse portuguesa al haberse realizado expediciones y comenzado su conquista por Portugal, las Islas Canarias también deben ser portuguesas.
Para sostener estos argumentos era condición necesaria considerar las islas aisladamente, puesto que, si se consideraran como un todo, el archipiélago debería considerarse ocupado al existir presencia castellana en la isla de Lanzarote continua e ininterrumpida desde 1402
También, se alegaba la causa de la fe. Como las gentes que habitaban las islas eran infieles y dado que la causa de la fe es digna de favor en cualquier circunstancia, siendo  además obligación de todo príncipe católico ensanchar los límites de fe y defenderla por las armas, el Reino de Portugal conquistaría las Islas con el objetivo de la conversión a la fe católica de sus infieles pobladores, por lo que tan honrosa empresa no sólo no debería obstaculizarse, sino que debería fomentarse.
En cualquier caso, para sostener estos argumentos era condición necesaria considerar las islas aisladamente, puesto que, si se consideraran como un todo, el archipiélago debería considerarse ocupado al existir presencia castellana en la isla de Lanzarote continua e ininterrumpida desde 1402. Si se consideraran las islas aisladamente, las islas del archipiélago que no tuvieran presencia podrían considerarse como vacantes y por lo tanto como objeto de posible conquista.
LA POSICIÓN CASTELLANA
Castilla consideraba las razones portuguesas como circunstanciales, puesto que entendía que no cabía ninguna pretensión teniendo en cuenta que las Islas Canarias le pertenecían desde tiempo inmemorial. Por lo tanto, no cabía discusión alguna sobre la concesión del derecho de conquista de un territorio que ya tenía propietario y, consecuentemente con esa postura, nunca efectuó la petición formal de conquista.
El Reino de Portugal fue reconocido formalmente por Alfonso VII Rey de Castilla y León en 1143 mediante el Tratado de Zamora, creando un contrato inter vivos
En efecto, según los juristas castellanos, las Islas Canarias eran territorio de posesión castellana desde siempre. Una gran parte de la defensa de la posición del Rey de Castilla se basaba en la determinación jurídica precisa de ese derecho de posesión histórico. Así, las Islas Canarias se conocen desde la antigüedad, en tiempos pertenecieron por vecindad al territorio africano y ese territorio africano era la provincia de los reyes visigodos conocida como Tingitania, llamado Benamarino en el siglo XIV. Así, habiendo sido territorio de la monarquía visigoda, el derecho de posesión de las Islas habría permanecido en los sucesores de aquella monarquía que no son otros que los sucesivos reyes de Castilla y por lo tanto, las islas eran propiedad del Reino de Castilla como sucesor universal de aquella extinta monarquía.
El Reino de Portugal fue reconocido formalmente por Alfonso VII Rey de Castilla y León en 1143 mediante el Tratado de Zamora, creando un contrato inter vivos por el que un determinado territorio hasta entonces castellano se reconoce como independiente y bajo la soberanía de quien se entroniza como Rey y funda su sucesión monárquica propia. Lógicamente, lo único que Castilla cedió en ese contrato es el territorio original portugués, pero no cedió ningún otro de los derechos del Reino de Castilla que se venían y continuaron transmitiendo por sucesión universal de los herederos al trono castellano y entre los que se encontraba – de forma indudable según los juristas castellanos – la posesión de las Islas Canarias.
Secundariamente, los juristas castellanos rebatían el argumento portugués de las islas no ocupadas considerando que no estaban en ninguno de los tres supuestos de ocupación de islas vacantes. En primer lugar, no eran islas nacidas donde no las había anteriormente, puesto hay constancia inmemorial de la existencia del archipiélago. Tampoco era el caso  de que las islas fueran recién descubiertas, porque las Canarias siempre han estado descubiertas y habitadas. Ni tampoco era la reocupación de una isla habitada, puesto que en ese caso la reocupación sólo podría hacerla quien tuviera derecho a ello, es decir, nadie que no sea su legitimo propietario podría hacerlo, y en el caso canario el propietario era el Rey de Castilla.
Tampoco se admitía que las Islas estuvieran vacantes, porque las Islas Canarias estaban ocupadas en parte, y esta ocupación se había realizado con intención de ocuparlas todas. Para refutar los hipotéticos derechos que hubieran podido generarse por las expediciones de conquista portuguesas a las islas vacías, se alegaba la ilegalidad de esos intentos al estar las islas ocupadas por Castilla y que además Portugal nunca ocupó verdaderamente ninguna isla al no mantener la conservación ni la posesión real, cosa que sí se producía por castellanos desde 1402.
Respecto a la posesión por proximidad territorial se argumentó que el territorio africano llamado Benamarino es, en efecto, el territorio más próximo a las Islas, siendo ya argumentado que sobre ese territorio africano también tenía derecho Castilla por sucesión de los visigodos poseedores de Tingitania.
La segunda forma de conquista por causa de la fe era la conquista territorial y de los habitantes para que, además de llevarles la fe, permanecieran bajo la autoridad del conquistador
Por último, respecto a la causa de la fe se alegaba que la conquista de tierras por esta causa se realizaba de dos maneras. La primera era conquistar para obligar a los infieles a permitir el libre movimiento de los predicadores y a lograr la conversión de los mismos sin ser causa de la conquista la apropiación del gobierno o dominio jurisdiccional. En este caso, no debería impedirse la evangelización, pero daba igual quien evangelizara las Islas, porque siempre serían del Rey de Castilla. Así la piadosa evangelización portuguesa podría favorecerse pero quedando siempre a salvo la posesión castellana.
La segunda forma de conquista por causa de la fe era la conquista territorial y de los habitantes para que, además de llevarles la fe, permanecieran bajo la autoridad del conquistador. En este caso las Islas solamente podrían conquistarse por quien tenga el derecho de hacerlo, es decir Castilla, y sería ilícito que lo pretendiera hacer Portugal.
LA FALSA RESOLUCION DEL CONFLICTO
Siguiendo estos argumentos parece que el derecho estaba de parte del Rey de Castilla, o al menos, los argumentos parecían más asentados, otra cosa era que la diplomacia castellana ante el Papa consiguiera el reconocimiento formal, dado el histórico enfrentamiento entre ambas Coronas y los intereses de todo tipo en juego.
Además, un hecho actuaba demoledoramente en contra de Portugal. En 1425 el Infante Don Enrique el Navegante había solicitado al Rey de Castilla la concesión de la conquista de las Islas Canarias, que obviamente fue denegada. Independientemente de los términos en los que esta solicitud se realizara y su resultado, su mera realización, aunque bien pudiera tratarse de un simple error de cálculo, era exhibida por Castilla como un reconocimiento implícito portugués del derecho castellano sobre las Islas.
Así pues, las posiciones eran las siguientes: a Portugal sólo le valía una concesión expresa de la conquista y para ello debería forzar un cambio de actitud del Papa, que en teoría no tenía razón alguna para oponerse al dominio castellano de las Islas. Por su parte, Castilla sólo debía conseguir que no se produjera esa concesión, porque dejando el asunto tal y como estaba mantenía el dominio de facto y la integridad de su hipotético derecho histórico, independientemente de que realizara o no colonizaciones. Lógicamente, cualquier pronunciamiento expreso del Papa a favor del derecho castellano fortalecería y mejoraría su posición.
En esta relativamente precaria posición portuguesa, en 1434 el joven y dinámico Rey Duarte decidió que había llegado el momento de ganar para su Corona las Islas Canarias. Finalizado el compromiso de paz con Castilla alcanzado en 1423, lanzó una expedición a las Islas que, por vicisitudes del viaje, terminó en una de las islas con presencia castellana, lo que desencadenó una protesta formal ante el Papa del obispo Fernando Calvetos que, a su vez, prohibió expresamente a Portugal guerrear en las Islas Canarias.
Ante este nuevo obstáculo, Duarte nombró a finales de 1435 una embajada ante el Concilio de Basilea que debería comenzar su misión a mediados de 1436. Los nuevos embajadores acudieron primero a cumplimentar al Papa en su sede temporal de Bolonia. Allí, pidieron en nombre de su rey una bula que legitimara las expediciones al continente africano, la concesión de la conquista de Canarias y el levantamiento del veto de las expediciones a las Islas Canarias no ocupadas, reduciendo la prohibición a las que tenían presencia castellana permanente.
Tras la petición formal portuguesa y antes de tomar una decisión, el Papa Eugenio IV solicitó un dictamen acerca de la existencia y límites de la jurisdicción papal sobre territorios que nunca fueron cristianos y sobre la posibilidad de su conquista por príncipes cristianos
Enterado Juan II de Castilla de la maniobra diplomática, también jugó sus bazas. A principios de 1436 nombró embajador en la corte papal a Luis Álvarez de Paz, embajador castellano ante el Concilio y para sustituirle en Basilea designó al Obispo de Plasencia, Gonzalo de Santamaría, y al caballero Gutiérrez de Sandoval. Además, ordenó a la embajada de Basilea la confección de un dictamen jurídico sobre el asunto de las Canarias que sirviera de argumentario a Álvarez de Paz para la disputa en la curia papal. Este dictamen fue finalmente confeccionado por Alonso de Cartagena.
Tras la petición formal portuguesa y antes de tomar una decisión, el Papa Eugenio IV solicitó un dictamen acerca de la existencia y límites de la jurisdicción papal sobre territorios que nunca fueron cristianos y sobre la posibilidad de su conquista por príncipes cristianos. Que el mismísimo Papa pidiera consejo sobre su propia autoridad da buena cuenta del estado de la cuestión y de las múltiples dudas que existían en la curia papal para lo que debiera ser decidido y por tanto, de la posibilidad de influencia sobre la decisión final.
Por fin, Eugenio IV decidió autorizar la petición portuguesa y firmó la bula Romanus Pontifex por la que dirigiéndose al Rey Duarte concede a Portugal la conquista mediante la siguiente y desconcertante justificación “…atendiendo a que, según se asegura, nadie ha hecho reclamación en algo a tu proyecto o se ha opuesto verbalmente o de hecho y ningún príncipe cristiano pretende todavía tener algún derecho en dichas islas de los paganos, te concedemos en conquista las mencionadas islas de Canaria…”.
La decisión del Papa iba en contra de la prohibición de las expediciones a Canarias adoptada en 1434. Una posible causa del bandazo del Papa consistiría en que la curia papal comenzó a ver en los descubrimientos atlánticos una oportunidad de afianzar el dominio del Papa sobre el Mundo ante las voces discrepantes de las diferentes facciones existentes en la curia.
También se apunta como posible causa que no existió cambio de criterio sobre la conquista porque la razón de la prohibición de 1434 no habría sido vetar la conquista portuguesa sino una forma de ordenarla y humanizarla atemperando la violencia en un gesto humanitario hacia los conquistados. También se ha especulado como causa del cambio de criterio que el Papa quizá viera con mejores ojos una conquista y colonización bajo la dirección de Enrique el Navegante que sobre los todavía anárquicos y feudales castellanos.
En este punto, es preciso recordar que Castilla jamás solicitó formalmente la conquista porque, como se ha visto, se consideraba el propietario legítimo de las Islas y, dada su posición, siempre se limitó a la defensa de ese derecho y a su alegación frente a cualquier pretensión portuguesa. No obstante y en todo caso, de la literalidad de la justificación parecería deducirse que con esta resolución el Papa bien parece ignorar voluntariamente la existencia del casi centenario pleito y limitarse a resolver la cuestión como si fuera una cuestión nueva y recién planteada.
Eugenio IV emitió días después la bula Romanis Pontificis por la que anulaba y dejaba sin efecto la bula anterior y declaraba el derecho histórico del Rey de Castilla a la posesión de las Islas
La embajada castellana reaccionó tal y como definía el argumentario de Alfonso de Cartagena. Su principal e irrenunciable objetivo era la revocación total de la bula Romanus Pontifex, las instrucciones de la embajada contemplan esta revocación como el objetivo  mínimo y la verdadera línea roja de la negociación, incluso no debería admitirse ninguna revocación parcial. Tras conseguir la revocación debería conseguirse la expresa declaración papal a favor del Rey de Castilla. Finalmente, de no conseguirse la declaración expresa, debería tratar de conseguirse la concesión papal de la conquista, que debería aceptarse por la embajada con la mención que se recibía para fortalecer y revalidar el derecho existente y en ningún modo como una concesión nueva y siempre sin perjuicio del derecho histórico de posesión.
Eugenio IV emitió días después la bula Romanis Pontificis por la que anulaba y dejaba sin efecto la bula anterior y declaraba el derecho histórico del Rey de Castilla a la posesión de las Islas. Previamente a la firma de la nueva bula, Eugenio IV, conocedor de lo delicado de la situación, escribió al Rey Duarte anticipándole el contenido de la bula, advirtiéndole de que la concesión anterior se había realizado sin perjuicio de tercero de mejor derecho y le invitaba a la reflexión y a no lesionar en nada los derechos de Castilla.
La victoria diplomática castellana, siendo una gran victoria que a la postre ganó las Canarias, solamente consiguió que el Papa sólo cediera lo justo suspendiendo la concesión realizada a Portugal pero sin resolver el fondo del asunto. El asunto había quedado exactamente igual que como estaba anteriormente, estado beneficioso para Castilla, pero que mantenía la cuestión sin resolución definitiva.
En 1438 en el Concilio de Basilea, Portugal presentó de nuevo su petición, frente a la que Alonso de Cartagena solicitó del Concilio el estudio del asunto por una comisión designada para ello. Tal comisión fue designada y sus integrantes, los obispos de Milán, Barcelona, Lausanne y York, apenas pudieron ponerse de acuerdo en exhortar a la paz a los Reyes de Castilla y Portugal, con lo que la embajada castellana consiguió meter de nuevo el asunto en vía muerta. La muerte del Rey Duarte y la reedición de las luchas relacionadas con la sucesión portuguesa enfriaron de nuevo el contencioso.
Con el tiempo, a medida que Portugal iba descubriendo territorios y archipiélagos más al Sur disminuyó la importancia estratégica de las islas, lo que contribuyó a adormecer el conflicto. El final definitivo a la cuestión llegó por pacto entre las partes en el Tratado de Alcáçovas en 1479, y la decisión se confirmó en el Tratado de Tordesillas en 1494, pero para esas fechas las Islas Canarias ya no eran lo más importante a repartir entre Castilla y Portugal.

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Re: Cuando las islas Canarias fueron portuguesas

Mensaje por Aurelioj_2003 el Vie Dic 18 2015, 13:48

¡Ya le diste a los podemitas otra causa perdida más! Ahora nos dirán que hay que devolver Ceuta, Melilla y, encima, darle las Canarias a Portugal... O mejor aun, a unos supuestos descendientes de guanches. Unos descendientes que me recuerdan demasiado a los "defensores de indios" en los países de América... Mucho defenderlos, pero no tienen ni una sola gota de sangre india en sus venas.

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Re: Cuando las islas Canarias fueron portuguesas

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Vie Dic 18 2015, 14:01

@Aurelioj_2003 escribió:¡Ya le diste a los podemitas otra causa perdida más! Ahora nos dirán que hay que devolver Ceuta, Melilla y, encima, darle las Canarias a Portugal... O mejor aun, a unos supuestos descendientes de guanches. Unos descendientes que me recuerdan demasiado a los "defensores de indios" en los países de América... Mucho defenderlos, pero no tienen ni una sola gota de sangre india en sus venas.
Razz Razz Razz Razz  creo que también las reclaman los moros ....

¿Son las Canarias marroquíes?

No es una boutade aunque lo parezca. El titular viene en la portada de una solvente revista marroquí de historia, Zamane (El Pasado), que lo presenta con interrogantes en su último número (el 20 de junio de 2012) dedicando luego un documentado reportaje en el interior firmado por Adnan Sebti. Por cierto que Sebti viene de ceutí, pero ese es otro asunto. Las cuestiones importantes son tres: primero, la primitiva población del Archipiélago Canario por etnias bereberes (amazighs); segundo, su situación geográfica "más próxima al Sahara que a España"; y finalmente su inclusión por el padre del nacionalismo marroquí, el político neosalafista de origen andalusí Mohamed Allal El Fassi (1910-1974), en su proyecto del "Gran Marruecos" (1956) cuyas fronteras llegarían, por el sur, hasta el Senegal y por el norte... otro día les cuento. Al oeste las Canarias quedarían anexionadas. De remate, matizar al respetable que el Reino de Marruecos jamás ha renunciado, ni implícita ni expresamente, a este proyecto expansionista con ribetes imperialistas soñado por El Fassi.
De la seriedad de Zamane, publicación dirigida por el periodista Yussef Chmirou, no me cabe duda, conozco al director y a parte de su equipo, sigo la revista desde sus comienzos hace ahora casi dos años y, créanme, es una revista con categoría y bien impresa, seria y profesional, dedicada a la historia marroquí en sus más variados aspectos.
En cuanto al autor del reportaje, que comienza citando los testimonios de Nicolosso de Renco tras el descubrimiento de las Islas por el reino de Portugal en 1341, concluye emparentando a los guanches autóctonos con los "magrebíes emigrados a las Islas entre los siglos V y X antes de Jesucristo", junto con otras noticias históricas. Alude Adnan Sebti a la reivindicación del líder istiqlalí Allal El Fassi que incluía a las Islas en su imaginario del Gran Marruecos, "Estado mítico" (sic) para el autor, quien reconoce que "esta reivindicación, política y sentimental, no es por tanto aceptable", recordando que "ni siquiera en tiempos de Al-Andalus los árabo-amazighs que reinaban sobre la Península Ibérica tuvieron nunca ninguna consideración hacia estos océanos perdidos en el Océano Atlántico", aludiendo a la España musulmana de las dinastías bereberes almorávides y almohades.
Adnan Sebti es taxativo: "No hay nada que pueda justificar tal reclamación" (sobre Canarias), otra cosa serían, apunta el autor las "reivindicaciones marroquíes" sobre Ceuta, Melilla, el Peñón de Alhucemas, etc. Esto sobre el papel. La realidad es que, al día de hoy, asociaciones de corte amazigh reivindican las Canarias como parte de Tamazgha y el mismo Reino de Marruecos ha hecho ya algún tanteo por medio de los harakíes del Movimiento Popular (MP), partido político de extracción bereber.
El autor de hecho, cuyo trabajo es francamente interesante, dedica un recuadro al "Nacimiento y turbulencia del nacionalismo canario", constatando la existencia activa del movimiento independentista local, desde el PPA de primeros del siglo pasado y el Partido Nacionalista Canario en 1924, hasta la creación del Mpaiac en 1964?
Añadamos, por cierto, que la organización terrorista de Cubillo estaba apoyada por Argelia y uno de los "efectos colaterales" positivos, al menos a corto plazo, de la controvertida Al Massira Khadra en 1975 (Marcha Verde marroquí), fue cortar esta aproximación. Pero todo fluye como ya advertía Heráclito ("Todo cambia, nada permanece") y la geopolítica está dando un vuelco.
Los yacimientos de petróleo y la proximidad de Canarias al inestable continente africano en su lado sahariano, aumentan la puesta en valor del Archipiélago.
Malos tiempos para andar con recortes en el ya magro presupuesto militar de España.
Las Canarias "marroquíes" darán que hablar... Visto.

http://www.laprovincia.es/opinion/2012/06/16/son-canarias-marroquies/464444.html


Y pongamos un poco de ficción bélica.....



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Re: Cuando las islas Canarias fueron portuguesas

Mensaje por Aurelioj_2003 el Vie Dic 18 2015, 14:35

Cierto, había olvidado que los morlacos también reclaman las Canarias... No me extraña que todos las quieran, son un lugar maravilloso desde todo punto de vista... Pero, se van a joder TODOS, porque son ESPAÑOLAS....

Sobre la ficción bélica que muestras... ¿qué haremos con los demasiados soldados musulmanes que tenemos? ¿con los demasiados soldados extranjeros que tenemos? ¿piensas que cumplirán con su deber y defenderán España? Yo los veo más bien como un peligro, una quinta columna dentro de nuestros Ejércitos.

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Re: Cuando las islas Canarias fueron portuguesas

Mensaje por Rambo el Dom Dic 20 2015, 01:45

Desconocía este hecho totalmente, nunca te acostaras si saber una cosa mas cyclops

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