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Guerrilla nacional española en la Guerra de la Independencia

Mensaje por ilustrado el Lun Mayo 26 2014, 17:48

LA GUERRILLA NACIONAL ESPAÑOLA




Durante la Guerra de la Independencia, surge en España un método de guerra novedoso en Europa, y muy utilizado a partir de entonces, al que hoy se denomina guerra revolucionaria. Es el tipo de lucha asimétrica, que enfrenta a grupos armados de civiles (pueblo español) contra un ejercito regular de un Estado (Francia).

Las causas del origen de estos grupos guerrilleros fueron dos:
1. la dispersión del ejército regular a finales de 1808 en las zonas ocupadas por las tropas francesas.
2. al apoyo activo de la población civil, que facilita a los combatientes una serie de servicios como son los abastecimientos, las informaciones, el servicio de correos, la sanidad, etc.




La guerra de guerrillas española se produce de acuerdo con una serie de principios estratégicos y específicos, siendo una actividad permanente, por cuanto todos los nacionales son combatientes potenciales que aprovechan el momento y lugar oportunos para realizar acciones que causen perdidas al enemigo. El apoyo popular convierte el territorio en un medio hostil para el enemigo y favorable al guerrillero.

Sus estrategias más habituales fueron la captura de soldados rezagados, de correos, de patrullas, de cargamentos de armamento y munición, y la voladura de instalaciones. Las emboscadas eran muy habituales en puentes y caminos, aprovechando el gran conocimiento del terreno, mediante ataques rápidos y sorpresivos. Su movilidad y dispersión en pequeños grupos y su habilidad para desaparecer entre la población civil, resultan muy difíciles de neutralizar.




El objetivo de la guerrilla no es la derrota absoluta del enemigo en una batalla, sino el progresivo desgaste y reducción de sus efectivos humanos y el aniquilamiento de sus recursos. La consecuencia fue la aparición de una guerra de desgaste que, a través de una lucha prolongada, hace sufrir al enemigo mayores pérdidas que las que causa.

Por todo esto, los franceses no se vieron obligados a evacuar del territorio español por las derrotas de Arapiles o Vitoria, sino porque gracias a este silencioso y pequeño, pero continuo desgaste, habían llegado a un punto crítico de encontrarse en inferioridad. El propio Napoleón llegó a considerar la resistencia española la causa principal de su derrota, por encima incluso de las catástrofes en Rusia que, según los historiadores, fueron mucho más sangrientas que las españolas.

Paulatinamente avanza la contienda, el Ejército nacional premia la meritoria repercusión, reconoce sus logros y contribución al debilitamiento del ejército invasor, y los eleva al rango de Ejército oficial. Las partidas guerrilleras son Divisiones del Ejército regular, que ahora son coordinados y dirigidos por las autoridades militares.




Dos ejemplos muy claros de esta oficialidad se dieron en Navarra y Guipúzcoa. El Coros Terrestre de Navarra se convirtió en la Division Navarra, adquiriendo en carácter oficial y subordinado en el Ejército español. Los guerrilleros son considerados, con todos los honores, soldados regulares. Estos siempre desearon que sus fuerzas fueran reconocidas como parte del Ejército regular. El propio Tomás Zumalacárregui, voluntario de la guerrilla de Gaspar Jauregui, visitó Cádiz en 1812, junto a su hermano Miguel Antonio Zumalacárregui, diputado por Guipúzcoa en las Cortes, para conseguir el reconocimiento de los grados militares de las guerrillas que operaban en las provincias Vascongadas.

El éxito de la guerrilla en España sirvió de ejemplo a otros pueblos europeos en la lucha anti-napoleónica, como se demuestra en las campañas de Rusia y Prusia en los años 1812 y 1813. Al mismo tiempo, la guerrilla española representa, desde el punto de vista militar, el origen de las modernas guerras revolucionarias, cambiando las estructuras militares que hasta entonces solo organizaban los ejércitos. La praxis guerrillera introduce el concepto de guerra total y de nación en armas.




Los guerrilleros pertenecían en su mayoría a las clases desheredadas de la nación, trabajadores agrícolas, y solían tener unos profundos sentimientos religiosos. Por otra parte, la Iglesia católica aprobaba la guerrilla y algunos curas y frailes capitanearon partidas. Precisamente, en zonas de fuerte predominio del clero como Galicia, Navarra y Cataluña, la acción de la guerrilla fue muy destacada.

La guerrilla no significaba acceso del pueblo a la madurez política, por lo menos contribuye a valorar un tipo de hombre sistemáticamente despreciado hasta la fecha. Los pensadores ilustrados habían situado al hombre ideal por encima del común de las gentes, por sus conocimientos; el guerrillero que no se avergüenza de su ignorancia y su rudeza rehabilita a través de su propia imagen al hombre sencillo capaz del supremo sacrificio. Con su participación en la guerrilla el hombre llano del pueblo se ennoblece ante si y sus semejantes.

Entre otros guerrilleros mas notables por su lucha y tesón contra los invasores franceses figuran Juan Martín Díaz “el Empecinado” en Castilla; Mariano Renovales, Javier Mina y su tío Francisco Espóz y Mina, que llegaría a general del ejercito, en Navarra; Gaspar Jauregui en Guipúzcoa; Miguel Sarasa, en Aragón; el cura Jerónimo Merino en Burgos; Julián Sánchez “el Charro” en Salamanca; el medico Juan Palarea, con su partida “los Numantinos” en La Mancha; Francisco Milans del Bosch en Cataluña; Joaquín Ibáñez, Jose Manso, Juan Clarós y otros muchos. Estos grandes líderes guerrilleros llegaron a controlar regiones enteras y a acaudillar partidas de varios centenares, e incluso, miles de voluntarios.
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Re: Guerrilla nacional española en la Guerra de la Independencia

Mensaje por ilustrado el Lun Mayo 26 2014, 17:55

Mariano Renovales, el guerrillero olvidado


Las acciones lideradas por el guerrillero Mariano Renovales contra los franceses en la Guerra de Independencia han quedado eclipsadas por las protagonizadas por otras figuras más rutilantes de aquel periodo. A pesar del olvido, su destacada participación en la defensa durante los dos sitios de Zaragoza, los éxitos conseguidos por las partidas de guerrilleros bajo su mando y su activismo político salpicado de ideas renovadoras, lo convierten en un personaje merecedor de cierta revisión histórica.


Por: José Luis Hernández Garvi




Francisco Mariano Renovales Rebollar Santelices y Mollinedo nació en Arcentales, Vizcaya, el 30 de julio de 1774. Su familia tenía ascendencia cántabra y el joven Mariano ocupó en ella el puesto de segundón, desplazado por su hermano Joaquín, once años mayor que él. Parece ser que desde muy joven se dedicó a la actividad comercial, trabajo aburrido que no debía satisfacer al inquieto carácter de nuestro personaje. Así, con apenas dieciséis años decidió embarcarse rumbo a América, buscando la protección de un tío suyo que había hecho fortuna en Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata.

En 1793, Renovales se alistó en el ejército colonial, sirviendo como cadete en un regimiento de caballería y adquiriendo una valiosa experiencia militar en los combates contra los indios de la pampa argentina. Tras su paso por el ejército se licenció con el grado de teniente, dedicándose a partir de entonces a ayudar a su tío con los negocios. Sin embargo, muy pronto volvería a empuñar las armas con motivo del ataque inglés contra Buenos Aires. El 25 de junio de 1806 fuerzas británicas al mando del coronel William Carr Beresford desembarcaron por sorpresa en la ciudad de Quilmes, situada al sur de la capital del virreinato. Aprovechando el desconcierto inicial, los invasores lograron hacerse con el control de Buenos Aires y el oficial inglés se nombró a sí mismo nuevo gobernador, exigiendo a las autoridades coloniales un juramento de fidelidad a Jorge III mientras se dedicaba a saquear las arcas públicas, enviando su botín a Londres.

Sin embargo, el mandato de William Carr sería efímero. La resistencia argentina se organizó rápidamente y Renovales formó parte de las tropas que el rico comerciante Juan Martín de Puyrredón consiguió reunir para expulsar a los ingleses. El 1 de agosto de 1806, los argentinos fueron dispersados en la batalla de Perdriel, si bien el combate les sirvió de experiencia para preparar mejor el siguiente ataque. Rodeado y sin posibilidad de recibir refuerzos, Carr fue derrotado y hecho prisionero. En previsión de futuros ataques, Renovales empleó parte de su fortuna en equipar un barco, el Mosca, para que patrullase con patente de corso las costas argentinas, vigilando a la escuadra británica que al mando de Sir Home Riggs Popham permanecía en la zona. Por estas acciones, Renovales recibiría el reconocimiento del cabildo de la ciudad de Buenos Aires.

Tras estos acontecimientos y a pesar de su creciente prestigio, nuestro protagonista decidió que había llegado el momento de volver a España, y en marzo de 1808 lo encontramos de nuevo en Arcentales, llevando una plácida vida de rico indiano. Sin apenas tiempo para adaptarse, los acontecimientos históricos que estaban a punto de producirse iban a trastocar todos sus planes.

Tras los sucesos de 2 de mayo de 1808 en Madrid, Renovales no dudó en empuñar de nuevo las armas para combatir a los invasores franceses. Haciendo gala de su poder de convicción y de sus dotes de mando, consiguió convencer a un puñado de jóvenes de su pueblo para que se unieran a él y dirigirse juntos hacia Zaragoza para participar en su defensa. El 15 de junio de 1808, el vizcaíno destacó en los combates para repeler a las avanzadillas francesas que habían penetrado en el perímetro de la ciudad. En esas mismas fechas también participó en la defensa de la puerta de Santa Engracia, acciones que sirvieron para poner de manifiesto su capacidad militar, talento que no pasaría desapercibido a sus superiores. El 2 de julio el general Palafox en persona le encomendó la defensa de la Puerta de Sancho, posición estratégica situada al oeste de la ciudad. Renovales consiguió mantener a raya a los franceses y, en cuanto aseguró su sector, acudió con sus hombres a reforzar a los defensores de la Puerta del Portillo. En ningún momento los sitiados se resignaron a permanecer atrincherados tras los muros y parapetos levantados alrededor de la ciudad. Así, durante el mes de julio, los soldados bajo el mando de Renovales salieron por la Puerta de Sancho para sorprender a las tropas francesas que intentaban cerrar el cerco sobre Zaragoza, obligándolas a retirarse hacia posiciones defensivas.

Tras haber demostrado con creces su talento militar, Palafox le confió la defensa del perímetro de la ciudad comprendido entre el monasterio de Santa Engracia y la Puerta del Sol, sabiendo que mantendría la posición hasta el último hombre. A principios de agosto, los franceses se prepararon para lanzar el ataque definitivo contra Zaragoza, reuniendo tropas y artillería mientras estrechaban el cerco. Al amanecer del día 4, las tropas napoleónicas iniciaron el asalto y tras superar las defensas exteriores, consiguieron entrar en la ciudad. Sin embargo, se encontraron con una enconada resistencia en la que participaban soldados y civiles. Tras varias horas de sangrientos combates, los franceses avanzaron lentamente controlando una gran parte de la ciudad. Convencidos entonces de su victoria, no contaban con la decidida resistencia presentada por Palafox y los oficiales bajo su mando.

Al frente de sus hombres, los llamados húsares de Palafox, Renovales acudió allí donde le necesitaban y uniendo sus fuerzas a las de otros patriotas consiguió lanzar un contraataque y desalojar a los franceses de la plaza de la Magdalena, persiguiéndolos hasta acorralarlos en las ruinas del hospital y convento de San Francisco. Las tropas francesas, diezmadas en combates callejeros para los que no estaban preparadas y agotadas por el esfuerzo, comenzaron a ceder posiciones. La lucha en las calles de Zaragoza duró hasta el 14 de agosto, fecha en que las tropas napoleónicas decidieron levantar un asedio que había durado sesenta y un días.

Las derrotas en Bailén y Zaragoza obligaron a Napoleón a intervenir directamente en las campañas militares que se desarrollaban en nuestro país. Tras derrotar a lo ejércitos españoles en Espinosa y Tudela, el emperador avanzó hacia Madrid mientras el mariscal Lannes asumía la responsabilidad de recuperar el control francés sobre el noreste peninsular. La ciudad de Zaragoza, símbolo de la resistencia española, se convirtió de nuevo en objetivo de las tropas napoleónicas. El mariscal Lannes había conseguido reunir un ejército compuesto por más de 35.000 soldados de infantería y 2.000 jinetes, incluyendo algunas de las mejores unidades de elite francesas. En el interludio entre los dos sitios, Zaragoza había tenido tiempo para mejorar sus defensas, contando con más de un centenar de piezas de artillería, gran parte de ellas capturadas al enemigo. Su guarnición estaba compuesta por unidades regulares del Ejército y por varios miles de civiles dispuestos a expulsar de nuevo a los franceses de las calles de su ciudad. Además contaban con la firme determinación de Palafox. Cuando el general recibió la noticia de la rendición incondicional de Madrid ante Napoleón, reiteró su negativa a negociar una capitulación. Zaragoza pagaría cara su obstinación a dejarse conquistar por el enemigo.

El 21 de diciembre, los franceses atacaron la ciudad por diferentes frentes, buscando los puntos débiles del perímetro defensivo. Sin embargo, se encontraron con una enconada resistencia que les plantó cara sin ceder un palmo de terreno. Durante varios días bombardearon la ciudad con obuses de asedio, construyeron trincheras y minas mientras su infantería intentaba abrirse paso entre las ruinas en una batalla de desgaste y aniquilación. Al frente de sus hombres, Renovales defendió el convento de San José, que se convirtió en uno de los objetivos principales de los franceses. Tras durísimos combates en los que sufrieron numerosas bajas, el 11 de enero se vio obligado a abandonar su posición, no sin antes evacuar a sus heridos y llevarse los cañones desmontados para no dejarlos en manos del enemigo. Por su acción, Renovales fue ascendido a brigadier con efecto inmediato. Sin tiempo para ceremonias, en los días siguientes el curtido oficial siguió combatiendo al frente de sus hombres, apenas un puñado de famélicos soldados a los que solo su odio hacia los franceses les permitía mantenerse en pie.

Sin víveres ni municiones, castigada por la hambruna y una epidemia de tifus, el 21 de febrero de 1808 Zaragoza capituló. Completamente destruida, de sus más de 50.000 habitantes solamente 12.000 sobrevivieron al asedio. Palafox, gravemente enfermo, se rindió en contra de su voluntad al emperifollado Lannes. El mariscal francés, horrorizado por lo que había visto durante el asedio, escribió una carta a Napoleón en la que mostraba su preocupación ante el cariz que estaba tomando la guerra en España, premonición de lo que les esperaba a los franceses en los años siguientes. Renovales fue hecho prisionero junto a otros oficiales que formando una columna iban a ser llevados a Francia. Pero el valiente oficial no estaba dispuesto a dejarse atrapar tan fácilmente.

Desde un primer momento, Renovales se mostró como un prisionero problemático que no dejaba de causar problemas a sus guardianes, dispuesto a aprovechar cualquier oportunidad para escapar antes de llegar a suelo francés. Decidido a fugarse, no tendría que esperar demasiado para conseguirlo. A este respecto, existen varias versiones que explican lo sucedido. El mariscal Suchet hizo una referencia en sus Memorias al comportamiento del intrépido Renovales, diciendo que cuando la columna de prisioneros se encontraba cerca de Pamplona, el oficial español solicitó permiso para ausentarse temporalmente alegando motivos personales. Los ingenuos franceses confiaron en su palabra y no le volvieron a ver.

Felipe Gómez de Valenzuela, en su libro Vivir en Guerra, aporta una versión diferente. Cuando los prisioneros se hallaban en las proximidades de Tudela, una mujer de 62 años llamada Antonia Caparroso ayudaba a escapar a los españoles acudiendo de noche al campamento en donde estaban y entregando sus ropas a las de un soldado capturado para que, disfrazado, pudiera huir aprovechando las sombras nocturnas, mientras la valerosa mujer regresaba a su casa a escondidas y medio desnuda. Cuando le llegó el turno a Renovales fue descubierto, frustrándose su fuga.


http://www.historiadeiberiavieja.com/noticia/934/Historia-Contemporanea/Mariano-Renovales-el-guerrillero-olvidado.html
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Re: Guerrilla nacional española en la Guerra de la Independencia

Mensaje por HispanoCortés501 el Mar Mayo 27 2014, 00:44

Si estos valientes guerrilleros españoles hubiesen sido franceses, ingleses o estadounidenses; se habrían creado novelas, películas y documentales en torno a ellos sin olvidarse de nadie.
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