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EL LOBO EN ESPAÑA: EL ETERNO PROSCRITO

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EL LOBO EN ESPAÑA: EL ETERNO PROSCRITO

Mensaje por Juanma_Breda el Jue 21 Ene - 23:06



Hablar del lobo en España es hablar del que es, con toda probabilidad, el animal más emblemático, significativo y perseguido de la fauna ibérica.
Si el lince ibérico se ha elevado a los altares llevándose todos los honores y atenciones debido a su escasez y singularidad, el proscrito lobo ha despertado sin duda las pasiones, reavivando ese mal atávico de la sociedad española de dividirse en bloques totalmente opuestos, en este caso, el de aquellos que aman, admiran y protegen al lobo como símbolo innegociable de la naturaleza salvaje del país, llegando al extremo de la estampa idílica o deificada, considerando al cánido como poco menos que un perrito de peluche, y aquellos otros que lo creen la reencarnación misma del diablo, el mayor mal a erradicar, aprovechando la mínima para avanzar en su objetivo de exterminio absoluto de la especie, colocándolo en cuanto pueden como perfecta “cabeza de turco” de los males que les afectan.
Como uno es de aquellos que entienden que las cosas, en su justo término medio, encuentran soluciones más efectivas y acordes a la realidad, debo seguir esta línea objetiva para encuadrar la problemática en la existencia de tan imprescindible especie de nuestros ecosistemas.
Con todo, en este caso, mi opinión es que el término medio para la conservación y mantenimiento de tan crucial especie se encuentra aún muy lejos, desproporcionado en favor de aquellos que ven al lobo como un indeseable componente al que se debe combatir, perseguir, erradicar, recluir.
La coexistencia con el lobo requiere pues de un gran consenso, entendimiento y compromiso, sobre todo compromiso, por parte de todos, puesto que su presencia es totalmente necesaria en nuestros espacios naturales, como garante imprescindible del correcto funcionamiento natural del círculo ecológico.
Estando el lobo ausente como está en buena parte de ellos, no hay ni puede haber pasos atrás en este sentido en mi visión, hay que apostar decididamente por su retorno, como no podría ser de otra forma.
Salvando todas las distancias con respecto al ser humano, hoy en día el lobo es a Europa, lo que el león a África, el auténtico rey, el escalón más alto de la pirámide.


Si existe un animal con “mala prensa”, al que se ha perseguido con saña en nuestro territorio, y en el conjunto de Europa, desde hace milenios, y por encima de los demás, ese es sin duda el lobo.
Para entender de forma algo global esta relación particular entre humanos y lobos, hemos de remontarnos muy atrás en el tiempo, prácticamente a nuestra llegada al continente, y a lo que entonces era el territorio que hoy habitamos.
Y lo haremos hoy a través de una “idealizada” narración, con cierto aire de fábula, pero que plasma una realidad que, en líneas generales, se aproximaría bastante a lo que verdaderamente sucedió entre ambas especies, desde entonces hasta hoy.
 
Lobos y humanos competíamos ya por los recursos hace 30.000 años, sin embargo, por aquellos tiempos, teníamos preocupaciones mayores a las que atender, respecto a rivalidades.
Leones, hienas y leopardos, supondrían con toda seguridad un mayor quebradero de cabeza para el hombre, y también para el lobo. Y ya desde entonces éste último debió darse cuenta de algún modo de que, permaneciendo cerca del humano, evitaba con mayores posibilidades la presencia y competencia de los megapredadores.
Tal es así que hoy se cree que humanos y lobos convivían en cierta cercanía, al punto de encontrar beneficio mutuo.
Los lobos “sabían” que cerca de los campamentos, la vigilancia de los humanos ante la presencia de leones, leopardos o hienas, era sin duda mucho mayor, por los riesgos que estas especies entrañaban para el hombre, manteniéndolos por tanto, allí, mucho más a raya.
Además, el oportunismo carroñero de los cánidos les llevaría a aprovechar los despojos abandonados por los humanos, como complemento alimenticio nada desdeñable.
Los humanos fuimos dándonos cuenta con el tiempo de que algunos de aquellos lobos presentaban actitudes más sumisas, dóciles, y fuimos seleccionándolos poco a poco, seguramente desde cachorros.
Nuestro similar funcionamiento y comportamiento social, basado en la convivencia grupal, debió facilitar mucho el entendimiento, al punto de una correspondencia con sentimientos de familiaridad y aprecio entre los distintos miembros.
Con todo, hace 30.000 años, los lobos estaban adentrándose ya en el camino hacia la domesticación que habría de convertirles en “el mejor amigo del hombre”; el perro.
Así se ha demostrado en los restos de estas primeras “mascotas primitivas”, a mitad camino entre lobos y perros, encontrados en la Cueva de Goyet (Bélgica).
Los humanos entendimos bien pronto que aquellos “lobos amigos” podían servirnos de gran ayuda para rastrear y dar caza a los animales de los que nos alimentábamos, a cambio de cierta compensación, y además, suponían un fiel seguro de aviso o defensa contra la aparición de otros predadores no deseados.





Pero esa relación de conveniencia fue poco a poco llegando a su fin cuando el humano ganó la batalla contra los grandes predadores.
Los cambios climáticos a gran escala dejaron en clara situación de desventaja a los megapredadores europeos con respecto al extraordinariamente adaptable humano, que aprovechó la ocasión para darles el golpe de gracia definitivo, procurando su extinción.
Leones, hienas y leopardos, desaparecieron en nuestra península en las primeras fases del Temprano Holoceno, hace entre 11.000 y 9.000 años.
Desde entonces, el lobo, beneficiado por las nuevas condiciones ambientales y por la ausencia de sus directos competidores, quedó como el mayor rival del hombre por el provecho de los recursos.
El punto de inflexión definitivo fue la adopción del sistema ganadero, basado en la domesticación de ciertas especies por parte del hombre, que fue asentándose en Europa desde hace al menos 7.000 años.
No hubo término medio entonces, y al lobo “se le dijo”, estás de nuestra parte, o estás en contra, o abandonas tu “esencia” de especie, para adaptarla a la que nos conviene, pasando a ser “perro”, o te conviertes en eterno proscrito que no encontrará un minuto de descanso en nuestra continua persecución.
El lobo, fiel a esa otra parte indómita y salvaje de su “esencia”, aceptó el envite, comenzando así una guerra de miles de batallas perdidas, pero que sigue presente a día de hoy.





Por suerte las cosas parecen estar cambiando, y ya in extremis, el lobo parece contar con un soplo de esperanza para no ver finalizados sus días como especie, aquel que muchos humanos estamos empezando a hacer nuestro, toda vez que hemos llegado a la comprensión de entendernos como parte de un todo con el planeta en que vivimos, siendo capaces de tener una visión más amplia y entrelazada con el medio que nos rodea, y no considerando al entorno como algo ajeno que sojuzgamos sin medida ni control a nuestro interés, pudiendo dar así cabida a muchas de las maravillas de la Evolución.

A pesar de todo ello, lobos y humanos convivimos como pudimos a lo largo de milenios. 
El lobo, cada vez más acorralado, iba encontrando pocas alternativas salvajes a las que dar caza, pues los humanos transformábamos el medio a ritmo acelerado, roturando los campos para nuestra agricultura, quemando los bosques para pasto de nuestro ganado, construyendo núcleos urbanos para nuestras poblaciones y asentamientos, esquilmando y reduciendo las presas a las que dábamos caza por encima de las posibilidades.
Cada vez fuimos poniéndole más difícil a lobo el mantenerse alejado de nosotros, reavivando el conflicto.
¿Cómo permanecer impasible ante el atolondramiento de aquellos mansos “muflones”, “cabras” o “uros”, que eran una caricatura de sus antepasados, y que se contaban por decenas y decenas de miles, invadiendo hasta el último rincón del territorio otrora compartido?.
El humano, máximo exponente del ingenio hecho especie sobre la Tierra, despreció al lobo, y encontró los artilugios, herramientas y estrategias requeridos para su exterminio.
Jamás el lobo fue tenido en consideración como pieza cinegética digna de admiración, como le ocurriera al oso. Nunca el cánido gozó de un halo de misterio y sigilo, de desconocimiento y poca atención, como sucedió al lince.
No, el lobo quedó en el punto de mira de la animadversión, como la más indeseable de las fieras, convirtiéndose en la imagen viva y personificada del mal, a través de cuentos y leyendas.





¿Quién no ha escuchado alguna vez el cuento de Pedro y el Lobo,Caperucita RojaLos Tres Cerditos, o leyendas como las de losLicántropos, que incluso achacan o justifican las perturbaciones del humano, a la culpa del lobo?, tan inocentes a priori, tan iniciáticos respecto al bien y el mal, tan sugerentes respecto al cuidado que debemos procurar en nuestros actos en la vida para no caer en las garras de la fatalidad. Enfrente, siempre, la figura del lobo, como chivo expiatorio, imagen visible de lo abominable.
Ni que decir tiene que a esto debieron ayudar mucho los ataques del cánido al que durante milenios fue el sustento principal de la población, también el consumo de carroñas, que con toda seguridad le llevó en muchas ocasiones a devorar los cadáveres humanos que en el pasado quedarían a merced de los lobos por cualquier parte, tras guerras, hambrunas o pestes, y no menos cierto es que en el pasado, cuando todavía el lobo se contaba por miles y miles de ejemplares, y no encontraba ya apenas presas silvestres a las que abatir, seguramente cruzó la raya del atrevimiento y perdió en momentos puntuales el miedo y respeto al hombre, llevado por la desesperación y el hambre durante el duro invierno, atacando a personas aisladas, como se deduce de las crónicas escritas a lo largo de los siglos, pese a la exageración y leyendas de las que siempre se han revestido estas narraciones.





Como quiera que fuera, al lobo nunca se le procuró ninguna atención ni mención especial de protección en las disposiciones de las distintas épocas del pasado. El lobo fue considerado siempre como una alimaña a extinguir.
Costó, le costó mucho al humano conseguir tal propósito. Cualquiera que dedique un poco de tiempo al tema puede acceder a la multitud de información existente en nuestro país con respecto al exterminio del lobo, por el que se pagaban buenos premios o recompensas, siendo testigos presentes hoy de cómo se produjo tal extinción animada en todo momento y en cualquier lugar por las distintas administraciones.
Y es que cabe recordar, a aquellos a quienes se les llena la boca al declarar hoy en día que nunca ha habido lobo en tal o cual territorio, que el cánido aún se distribuía prácticamente por todo el territorio de la Península Ibérica, en mayor o menor número, bien avanzado el siglo XIX, hace apenas ciento cincuenta años, en el tiempo en que nacieron nuestros bisabuelos.
Únicamente en alguna zona de la parte central de Cataluña parecía haberse erradicado su presencia por completo ya en aquellas fechas.
Sin embargo, lo que sí se aceleraría a partir de entonces sería la extinción de sus presas silvestres a lo largo y ancho del territorio en las décadas siguientes.
En ese círculo vicioso, al  lobo no le quedó otra que perseguir con mayor insistencia al ganado, del que en muchas partes dependía ya en exclusiva.
Puedo poner como ejemplo o curiosidad, el territorio que más cerca me toca, La Sierra Calderona, a escasos veinticinco kilómetros de la ciudad de Valencia.
A mediados del siglo XIX el lobo todavía estaba presente aquí, incluso hay constancia de que se cazó un lobo junto al Monasterio de Porta Coeli.
Buena parte de la toponimia de la zona deja muestras de la presencia de la especie en tiempos recientes; Barranc del Llop (Olocau), Barranc del Llop (Puçol), Coll del Llop (Náquera), Puntal dels Llops (Olocau) o Pedrera del Salt del Llop (Sagunto).
Y lo que sí sabemos con absoluta certeza es que durante el S.XIX, en esta sierra que muere, y casi nace, en el Mediterráneo, no existían ya ni ciervos, ni corzos, ni cabras hispánicas ni jabalíes.
El lobo, por tanto, basaba su alimentación en el abundante conejo y, cómo no, en los entonces frecuentes rebaños domésticos de ovejas y cabras, hoy desparecidos también, por inviabilidad, en la sierra.
Pocos imaginarían hoy, pues, que esta zona a priori tan ajena desde nuestra visión actual al cánido salvaje, fue territorio lobero hace sólo cinco generaciones.





La guerra sin cuartel contra el lobo fue por tanto acelerada desde mediados del S.XIX, aprovechando el uso de venenos, y empleando cualquier otra práctica posible, siempre alentada por las distintas administraciones que se irían sucediendo en el tiempo.
En apenas cien años, y en el momento en que entró en vigor una nueva disposición encaminada a la erradicación total, con la Creación de la Junta de Alimañas, el lobo había desaparecido de buena parte del país, sobre todo en el Este y parte del Sur.
Pero había todavía lobos hacia 1950 en toda la zona noroccidental ibérica, desde Portugal y Galicia al País Vasco, atravesando Castilla y León, Asturias, Cantabria y la misma Rioja, que conectaban con poblaciones loberas del Sistema Central e Ibérico, cada vez más aisladas, y, a través de Extremadura y Montes de Toledo, con las todavía buenas poblaciones del sur, que se prolongaban desde el Alentejo hasta más allá de Despeñaperros, por toda Sierra Morena.
Algunos ejemplares aislados sobrevivían también en aquellas fechas en el Pirineo, al borde ya de la desaparición.
Esta persecución sin vuelta atrás llevó al lobo al límite, de tal forma que al principio de la década de los setenta, sólo se encontraba ya presente en el Noreste de Portugal, Galicia, parte de Asturias y Cantabria, Norte de Castilla y León, y algunos ejemplares relictos en el sistema Ibérico Norte (Soria y La Rioja), País Vasco en su parte más oriental, y tres poblaciones aisladas en el centro sur peninsular; Sierra de Gata-Sierra de San Pedro (Salamanca y Cáceres), algunos enclaves de los Montes de Toledo, y en Sierra Morena, de forma discontinua, desde Aracena hasta Despeñaperros.
Sin censos fiables, se determinó que en aquel entonces no debían de quedar más de 500 a 700 lobos entre Portugal y España.




Mapa de distribución del lobo en la península Ibérica durante la década de los setenta.


Entones, y ayudado por la proyección de un nuevo invento o artilugio humano, la televisión, el aullido del lobo llegó hasta todos los hogares de España a través de la figura de Félix Rodríguez de la Fuente, “el amigo de los lobos”.
Tal fue el impacto entre la Sociedad, tal fue la inyección de concienciación que Félix procuró al lobo y a la Conservación de la Naturaleza, que la consideración de la especie nunca jamás ha vuelto a ser la misma, y en buena medida, se ha logrado frenar su extinción definitiva en el país.





Sin embargo, lejos de encontrar una solución aceptable desde entonces, el problema de la recuperación del lobo a niveles adecuados sigue más vigente que nunca, aunque esta vez, y correspondiendo quizás a lo mucho que nos aportaron ellos tras convertirse en perros, además de atender a lo maravilloso de preservar la gloria natural evolutiva, muchos hemos realizado el camino contrario, conscientes de que tenemos una deuda histórica para con los lobos, y de uno u otro modo, hemos pasado a formar parte de “sus manadas”, entendiendo necesaria su existencia y "convirtiéndonos en parte de ellos", para trabajar o concienciar firmemente al respecto no sólo de su conservación, sino de su recuperación.

De todo ello tratará el próximo artículo, dedicado al auténtico rey de la fauna ibérica.




http://tierrasylvana.blogspot.com.es/2016/01/el-lobo-en-espana-el-eterno-proscrito-i.html

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Re: EL LOBO EN ESPAÑA: EL ETERNO PROSCRITO

Mensaje por Aurelioj_2003 el Jue 21 Ene - 23:42

El lobo, como cualquier depredador, tiene una función en el ecosistema. Controlar el número de otros animales que son sus presas. 

Claro que no nos hemos querido dar cuenta de que, si destruimos su medio ambiente y lo dejamos sin comida, bajará a "cazar" nuestros rebaños. Si los hubiésemos dejado en paz, dudo que tendríamos los problemas que se dice que hay con el lobo.

Y mejor no hablemos de los "cuentos" donde siempre el lobo es el malo...

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EL LOBO EN ESPAÑA: EL ETERNO PROSCRITO (II).

Mensaje por Juanma_Breda el Vie 29 Ene - 4:56



Habrán notado los lectores de Tierra Sylvana que, poco a poco, este espacio vuelve a asumir o retomar la crítica, que tras una primera fase de reubicación de entradas de presentación, importadas del anterior blog, irá retornando al día a día con toda la fuerza que requiere el momento que atravesamos, como ya les anuncié en la entrada “Amanece”, cuando comenté que “…será una tierra virtual que mirará a otra real desde lo alto del Monte Sylvano, con ojo siempre avizor…”.
Como ya he manifestado en otras ocasiones no soy de los que disfrutan con las entradas denuncia, me amargan el resto día, pero pienso que es una molestia que se debe asumir, desde el compromiso con lo que uno cree o ama.
No quedaría tranquila mi conciencia si este disfrute de afición por la naturaleza, convertido en pasión desde los tres años, que se encuentra entre lo más maravilloso que he podido saborear hasta el día de hoy por mi paso en este mundo, se redujera tan sólo a gozar lo que fue en el pasado y lo que queda en  el presente, sin mirar más allá, asumiéndolo imposible para las generaciones que vendrán.
Nada más lejos de mi intención desde que, en 2012, tomé la firme decisión de hacer algo al respecto, a través de lo que consideré como más a mi alcance en estos momentos, el uso de las redes sociales, para aportar mi pequeño grano de arena.
Por desgracia la dinámica de la vida cotidiana me aleja hoy bastante de poder dedicar mucho tiempo a las presentaciones en este espacio o blog, resultándome más fácil la participación rápida en otros espacios, como Foro el Lince Ibérico.
Gritar, alzar la voz, señalar todo aquello que impunemente se ha dejado de lado en el reto de la conservación en nuestro país, es un deber al que, al menos yo, no puedo sustraerme, y si con ello dejo la impresión de que no sé hacer otra cosa que quejarme, o si a alguno pudiera parecerle que la crítica constante, centrada en estos aspectos abandonados, no es manera de aportar, sumar, o arrimar el hombro de forma positiva…que así sea, yo no lo creo de este modo, en ningún caso.
El lobo está metido de lleno en esa problemática a abordar, y no seré yo quien lo deje de lado o pase de tapadillo.
Por eso, para no alargar en demasía el tema, que podremos ir viendo con mayor tranquilidad a lo largo de la existencia del blog o en cualquier otro espacio de naturaleza de la red, voy a comenzar la entrada de hoy apuntando directamente a la línea de flotación, al verdadero problema de esta especie en España.
El problema del lobo en nuestro país tiene nombre y apellidos, y estos son: Administración, cierta ganadería en extensivo, y cierto sector del colectivo cinegético.
Y es que, la gestión de las administraciones en este terreno es la que es, y los problemas y presiones a los que se enfrenta, también son los que son, pero al menos lo que uno desearía como ciudadano es que no se le tomara por imbécil, y que se dejara de lado el cinismo de seguir vanagloriándose de estar protegiendo, conservando, y fomentando la supervivencia de los grandes carnívoros en España de cara al gran público y a Europa, donde no nos cansamos de repetir lo estupendísimos que somos al mantener estas especies, y a la que constantemente solicitamos fondos y ayudas económicas.
Que cada cual extraiga sus propias conclusiones y opiniones al respecto, yo desde luego ya tengo las mías bien formadas, tras cuarenta años de seguimiento.
Madrid.

La concentración actual de la población española en las urbes es un hecho contrastado. Para hacernos una idea podemos comprobar que sólo los 145 municipios con más de 50.000 habitantes, de los 8.166 existentes en España, aglutinan alrededor de 24.000.000 de habitantes, más de la mitad de la población del país, y principalmente en la costa.
Por el contrario, existen municipios con una densidad muy baja de población que abarcan grandísimas extensiones de tierra, casi siempre muy poco alteradas, con grandes valores naturales.
Por poner algún ejemplo de los más sobresalientes podemos citar a Hornachuelos (Córdoba), en plena Sierra Morena, puesto 15 por extensión, con 909 km2, que tan sólo alberga una población de 4.964 habitantes. Cangas del Narcea (Asturias), en la Cordillera Cantábrica, puesto número 21, 825 km2, 14.077 habitantes. Requena (Valencia), en el Sistema Ibérico Meridional, puesto número 23, 814 km2, 21.394 habitantes.
Y si atendemos a comarcas, en ciertos puntos del Sistema Ibérico Meridional, de un valor ecológico tremendo, como la Serranía de Cuenca, declarada Parque Natural en 2007, podemos encontrar que tres comarcas, Serranía Alta, Serranía Media-Campichuelo, y Serranía Baja, presentan una extensión de 7.215 km2, para una población total de tan sólo 80.000 habitantes, ofreciendo la increíble cifra de 11 habitantes por km2. Pero si además añadimos que tan sólo la ciudad de Cuenca alberga en sí misma 56.000 almas, en 911 km2, el resultado final para el resto nos muestra un total de 6.304 km2 y 24.000 habitantes, una media de 3’8 habitantes por km2. Compárenlo por ejemplo con la ciudad y municipio de Madrid, 605 km2, 3.233.527 habitantes, 5.338 habitantes por km2…
Existen otros muchísimos ejemplos, ya les hablé de las comarcas de Segura, Cazorla y Las Villas (Jaén), que con 3.816 km2, mantienen una población total de 83.000 habitantes, 21 habitantes por km2, en uno de los espacios naturales más increíbles de España, que en su mayor parte es también Parque Natural.
Para qué hablar entonces de provincias enteras como Soria, Guadalajara, Teruel, Huesca, León, Zamora, Ávila, Salamanca, Jaén…




Serranía de Cuenca.


En resumen, unos cuantos ganaderos que ocupan frecuentemente montes de utilidad pública o espacios de interés natural general con sus reses, ya poco o nada productivas, están privando del rico patrimonio nacional que suponen los muchos núcleos potenciales, y compatibles, de hábitat para el lobo y el oso, a veinticuatro millones de españoles, por poner sólo los habitantes de las ciudades con más de 50.000 almas.
Hablaré más detenidamente sobre el Sistema Ibérico Meridional en un próximo post…

Y de esta forma hemos llegado al meollo de la cuestión. El lobo (o el oso) no es hoy ni de lejos el eterno enemigo del hombre (destierren de una vez por todas esta manida y desfasada sentencia), sino el cabeza de turco de buena parte de la ganadería extensiva y de ciertas fincas de explotación intensiva de reses cinegéticas.
Muy al contrario, los grandes predadores son estupendos aliados del ser humano, controlan a los ungulados silvestres y a los predadores menores, consumen carroñas, otorgan valor añadido a los mejores “trofeos” de caza buscados por miles de aficionados que aportan tremendos beneficios económicos, ya que cazan los animales salvajes más viejos o enfermos evitando la propagación de enfermedades y favoreciendo la supervivencia de los más fuertes y preparados, además de generar todo un torrente de ingresos económicos al turismo ecológico rural, nutrido de gentes de la ciudad que demandan su presencia, como máximos garantes de un territorio bien conservado.
Los ataques del lobo a reses no suponen ni siquiera el 1% de las pérdidas del sector ganadero.
Son los bajos precios en la venta de la carne y la leche propiciados por un nuevo sistema de mercado nacional y mundial.
La ganadería extensiva es, a día de hoy, un cadáver andante, y no por el lobo o el oso, ni muchísimo menos, sino por las nuevas políticas agrarias a nivel mundial.
Los modelos productivos globales, encaminados a alimentar a siete mil millones de habitantes, siguen y seguirán la tendencia de la rentabilidad y optimización a través de la ganadería industrial, en granjas de producción intensiva, guste más o guste menos, en tanto en cuanto la ciencia no ponga a disposición de la humanidad lo que a no mucho tardar verán nuestros nietos o bisnietos, las pastillas alimenticias.
De otro modo será imposible alimentar a la cada día mayor población mundial que va a soportar este planeta.
Y esto, no se dejen engañar, no es nada malo, otra cosa es la dependencia actual de recursos y energía para esta intensificación de obtención de los productos cárnicos.
Continuamente oímos hablar de la ganadería tradicional como claro exponente de lo ecológico, ese término metido con embudo a la Sociedad, que por tan manido, sobreexplotado y desvirtuado, empiezo a aborrecer solemnemente.




Granja de ganado vacuno en intensivo.


Las lindas ovejitas del campo, el queso de las vaquitas de montaña, todo en armonía con la naturaleza…Olvídense, puro cuento chino, no existe ni ha existido nada más antiecológico ni pernicioso para la conservación de la naturaleza potencial, a lo largo de los tiempos, que la aparición de la agricultura y la ganadería, en especial extensivas, que han barrido espacios y especies, aniquilando la increíble biodiversidad pasada del planeta, arrasando los auténticos laboratorios naturales de bosques y selvas, y sus especies animales y vegetales, de los que ya jamás extraeremos beneficios, como nuevas medicinas para curas de actuales y futuras graves enfermedades.
Pasó, atrás quedó el oficio de ganadero en extensivo, como quedó el de administrativo de factura y carpesano, o el de los operadores de montajes de cadena, en fábricas.
Los tiempos cambian, también las tecnologías, también los sistemas.
Hoy en día la ganadería extensiva de nuestro país sobrevive principalmente a través de las subvenciones y fondos de ayuda, que salen de los bolsillos de todos.
La inmensa mayoría de la población acude y seguirá acudiendo a las grandes superficies a comprar la carne industrial, mucho más barata e igual de nutritiva.
Aun así, podríamos tener en consideración a algunos miles de paisanos que todavía hoy se dedican a esta práctica anacrónica en nuestro territorio si lo hicieran de forma sostenible y siendo compatibles con el entorno, como se nos exige al resto de ciudadanos en mil cuestiones referidas al medio ambiente, pero, lo que encontramos como contrapartida por su parte es escasa o nula colaboración, más bien un continuo ataque chulesco y provocador contra el patrimonio natural de todos. 




Ganado en extensivo sin cuidado en el Pirineo.


Mucha queja, mucha demanda de subvenciones y ayudas, pero muy poco o nada a cambio. Precios desorbitados, espacios naturales (incluso altamente protegidos como los Parques Nacionales) invadidos por sus rebaños, oposición y aniquilamiento permanente de la fauna salvaje, constantes ataques en contra de lobos y osos, solicitando su control, o mejor su exterminio, aun cuando no suponen siquiera un mínimo porcentaje en sus pérdidas, en la mayoría de casos reses desatendidas, factores ante los que no se molestan ni tan sólo en poner medidas disuasorias, incendios constantes y masivos, a lo largo de años y años, en terrenos públicos o comunales, para la creación de pastos, y un largo etc..
Por estas y otras razones, como incluso el hacer pasar constantemente la muerte de reses por ataques de lobo y otros fraudes, soy totalmente contrario a la subvención sistemática de daños al ganado por parte de las administraciones, sin analizar al milímetro cada caso.
Y no es que deje de entender al ganadero al que en algún momento, y en determinadas zonas, en casos puntuales, puedan afectar los grandes carnívoros, lo que no puedo admitir es que no pongan medidas en su medio de vida para evitar o minimizar esos ataques puntuales, haciendo de la Naturaleza de todos un cortijo por derecho en el que “hago lo que me da la gana”.
Miren, al agricultor le cae el granizo, y pierde toda la cosecha, y para ello tiene un seguro, e incluso en momentos determinados, puede solicitar ayuda, pero voy más allá, si a usted se le estropea un ordenador de su empresa, o se le avería una máquina, por dejarla a la intemperie o no realizar el mantenimiento requerido necesario, se la paga de su bolsillo, nadie le va a indemnizar por haberla perdido ante un factor natural.
Si el ganadero ocupa grandes extensiones de tierra, y deja durante días y noches a sus mansos animales atontados en mitad de la naturaleza, lo lógico es que al final alguno caiga de vez en cuando presa de los carnívoros, que son necesarios, imprescindibles, incuestionables e innegociables como piezas de la cadena trófica de cualquier área natural que se precie, patrimonio de todos y de nadie en cualquier caso.
Empecemos por exigir medidas obligatorias, como perros mastines que acompañen y protejan al ganado que campa a sus anchas, instalaciones de luces led disuasorias, establos continuos, de materiales naturales que se fundan con el paisaje, a modo de refugios de montaña o del campo, donde poder dirigir al ganado durante la noche, o en determinadas épocas del año más susceptibles de ataques de carnívoros. Moléstense en reagrupar las reses diariamente, como antaño hacía el verdadero ganadero, a través de cooperativas, cada día un cupo de pastores, que pierdan un poquito de tiempo en resguardar el ganado, o reinviertan parte de todas esas ayudas estatales que todos les pagamos en contratar a gente que lo necesita, aunque sólo sea un trabajo de media jornada, si ustedes no quieren molestarse en ello.
Busquen beneficio en la coexistencia con los grandes predadores, a través de certificados de calidad y denominación de origen de zona ganadera que apoya al lobo o al oso, como valor añadido a la sostenibilidad.




Res muerta por ataque de predador.


En definitiva, ustedes, pocos miles de ganaderos extensivos, den al menos muestra de compromiso serio con la conservación de la naturaleza, de toda ella (y los predadores forman parte de ésta), y quizás millones de no ganaderos les tengamos en mejor consideración, para seguir "manteniéndoles" o aceptando el hecho de que campen a sus anchas por los territorios naturales de interés general.
Y si para implantar ese compromiso de manera decidida y firme necesitan subvenciones, adelante, pero no para desatender el ganado o vivir de “otras cosas”.
Buena parte de esta culpa, debe asumirla también la Administración, respondiendo con celeridad a las compensaciones por daños que realmente queden justificadas, y no alimentando el odio hacia el lobo.
Pero después hablaremos de la Administración, o las Administraciones, mejor dicho.
Cuando las cosas se hacen con un mínimo de sentido común, voluntad, y compromiso, pues salen bastante bien. ¿Tan difícil es avanzar en cositas simples que nos acercan hacia un país moderno y desarrollado en todos los sentidos de la palabra?:
El programa de la Generalitat de Catalunya Cohabitación del oso en el Pirineo de Lleida, ha reducido significativamente los ataques de plantígrados, tan solo dos ataques de osos a rebaños de ovino en el Parque Natural del Alt Pirineu de Lleida, con el resultado de dos ovejas muertas.
El sistema de protección que se sigue supone reagrupar durante el verano los rebaños de una misma zona, aplicando medidas de seguridad, como la vigilancia del rebaño por parte de un pastor las veinticuatro horas del día, la presencia de perros de protección y el cierre nocturno del ganado en los corrales.
Con un mínimo de voluntad, se puede, claro que sí.
Y los hay, conste que los hay, y también hay que romper una lanza en favor de aquellos ganaderos de extensivo que apuestan por la sostenibilidad, a los que debería otorgarse otro estatus y consideración, para que todos supiéramos valorarlo.




Mastín del Pirineo.


Un segundo y no menos grave problema para el conjunto de la fauna salvaje de España, y por tanto, para el patrimonio natural de todos y cuantos nos sucederán, es aquel que procura la empresa cinegética intensiva, la “caza industrial”.
El tremendo impacto negativo de los vallados cinegéticos sobre los ecosistemas deriva en limitaciones de la capacidad de desplazamiento y dispersión de las especies, así como por el incremento de la vulnerabilidad de los carnívoros debido a prácticas ilegales de control no selectivo de predadores en los pasos naturales que estas especies utilizan para atravesar los vallados.
Así, los lobos que quedan (o más bien quedaron) en el interior de los cercados, supusieron una molestia en la crianza industrial de los ungulados, siempre de forma desmesurada y sin respetar el equilibrio ecológico natural, por lo que son elementos a erradicar cuanto antes, y de forma bien fácil.
Y esto fue lo que le sucedió al lobo en Sierra Morena, con el consentimiento de la Administración que siempre miró hacia otro lado.




Lobo ibérico disecado.


Y qué decir de la Administración, o las Administraciones.
Miren, una muestra de cómo las políticas conservacionistas-proteccionistas de Medio Ambiente, desde hace cuarenta años y entrados ya en Democracia, en el caso referido a los predadores, han seguido a pies juntillas la línea o criterio cinegético-zoológico de la etapa franquista, la encontramos en el tratado de Zoología Cinegética Española que en 1949 publicara Luis Pardo.
El autor, Secretario de la Federación Española de Caza, ex Asesor técnico del I Consejo Superior de Caza y Pesca, ex Redactor Jefe del Boletín de Pesca y Caza de la Dirección General en aquel tiempo, se hacía eco de cuáles eran los mejores métodos para erradicar la infección del lobo en España, a través del rifle, el cepo, el veneno o el lazo, y aseguraba y vaticinaba que sólo cuando su número hubiera sido llevado al límite, llegando a constituir sólo una curiosidad faunística, sólo entonces, como ya sucedía con el oso en ese tiempo, habría que cuidar de que no se extinguiera por completo…
Parece ser que con el oso la jugada ha salido casi a la perfección. Erradicado, extinto en el Pirineo, la máxima se aplica y se lleva a la práctica, como ya viéramos, en el núcleo oriental, en el occidental les salió "la mosca cojonera" de FAPAS, que lucharon por dejar atrás el concepto de “curiosidad faunística acotada”.
Y es que si además esa no extinción completa que queda como curiosidad faunística bien acotadita, da para recibir ad aeternum fondos millonarios de Europa, ¡”pues que ni pintao”!.
¿Pero qué sucedió con el lobo?, pues que justo cuando ya casi lo tenían donde querían, apareció no ya una mosca cojonera, sino un tábano inmenso, Félix Rodríguez de la Fuente, para desbaratar la consumación de los planes.
Sin embargo, no ha sido por falta de intentos desde entonces, de hecho en Andalucía se ha conseguido, Medio Ambiente puede felicitarse de haber cumplido allí con el propósito marcado hace sesenta y cinco años, y ahora sí, como no podía ser de otra forma, rareza o curiosidad a recuperar lentamente a través de “milloncejos” solicitados a Europa, como con el lince, y a mantenerlos ahí, en la cuerda floja…
Pero como en el norte no contaban con la versatilidad y capacidad del lobo, aun con todo en contra, la situación les desborda, y ya no saben cómo afrontar su política, la del exterminio consentido y promovido, y la de recluirlo, sin que parezca que va con ellos, a números de curiosidad faunística, en parquecitos de reclamo turístico o en una gran atracción de feria temática, la Reserva de La Culebra.



Lobo ibérico en cercado.


Y eso, pese a quien le pese, es lo que seguimos teniendo hoy en España respecto a la conservación de los predadores, la Hoja de Ruta a seguir que iniciara en su momento Luis Pardo, en 1949.

Las distintas Administraciones se han pasado por el “Arco del Triunfo” cualquier disposición con respecto al lobo.
Su supuesta protección al sur del Duero, culminó en la desaparición a principios de los ochenta del lobo en Montes de Toledo, la desaparición del lobo en Extremadura a principios de los noventa, y la desaparición del lobo hoy, en Andalucía.
En esta última Comunidad Autónoma el tema alcanza el escándalo, y roza el esperpento.
La Junta de Andalucía, con su delegación de Medio Ambiente, llevaba tres décadas  haciendo estudios y manteniendo una supuesta protección del lobo, incluso recibiendo Fondos FEDER europeos para ello, de tal forma que siempre ofrecía los mismos resultados, dos o tres núcleos a lo largo de Sierra Morena, con varias manadas, que daban siempre una cifra de lobos de alrededor de cuarenta o cincuenta ejemplares…Hasta que se ha destapado el pastel, la enorme vergüenza de su extinción consentida.
Desde las instituciones se reconoce hoy en día que no se sabe ni por asomo cuál es la situación real del lobo en Sierra Morena, y quienes han estado más pendientes de ello, alguna ONG de renombre, aseguran que no quedan más de tres o cuatro ejemplares con signos de hibridación con perros…
Pero el colmo de la desfachatez es la nueva línea a seguir, la solicitud de un programa Life a Europa, cifrado en doce millones de Euros por parte de la Junta, al que se han adherido una larga lista de asociaciones y personalidades del Conservacionismo a través del “Manifiesto andaluz por el lobo”.




Logotipo del Progarma Life de la UE.


Es decir, que ahora que se ha dejado perder al lobo, tras treinta años de supuesta conservación y protección, pedimos nada más y nada menos que doce millones de euros para volver a empezar la gestión, aquí no pasa nada oiga, suma y sigue, y todos aplaudiendo y sumándose a la causa…
Pero es que lejos de hacer lo que verdaderamente se debía haber hecho, y lo que no cuesta apenas un euro a las arcas públicas, aún se tiene la cara dura de admitir que el Programa Life y sus millones sólo irán encaminados a fomentar las bases de una recuperación sobre el terreno, dedicándolo a la compatibilidad, la sostenibilñidad, la concienciación, el compromiso con ganaderos y cazadores, y bla, bla, bla, ¡¡las mil milongas de siempre!!, ¡¡y de llevar lobos ni hablar!!.

Cada año son puestos sobre la mesa en España más de ciento cincuenta ejemplares de lobo en el norte como cupos para ser abatidos.
La especie está declarada como cinegética al norte del Duero, o cuanto menos, controlable bajo el amparo de las distintas Administraciones.
¡¡Ciento cincuenta lobos ibéricos son sacrificados en España al año y en Andalucía solicitamos doce millones de euros para recuperarlos!!, ¡¡con la que está cayendo!!.
¡¡Vergüenza es lo que debería darnos a todos, especialmente a quienes juegan con todo esto!!.
¡¡Traigan a esos lobos que van a ser abatidos en el norte del mismo país, libérenlos de inmediato en Andalucía, pónganse con firmeza desde ya a protegerlos pateando el terreno, como deberían haber hecho en treinta años, tomen las medidas que haya que tomar contra quienes impiden su supervivencia, soliciten fondos en todo caso para aumentar el empleo y la guardería rural cualificada a fin de que cumplan con el objetivo de proteger a la especie, y déjense de tomaduras de pelo y “manifiestitos”, de una puñetera vez!!.
Vamos, ¡ni un euro tendría que conceder la UE atendiendo a tal despropósito!.


En la próxima entrada seguiremos desmenuzando el tema lobo en España, con su problemática de censos, y las posibles y distintas propuestas para su recuperación o asentamiento verdadero y necesario, a lo largo y ancho del país.




http://tierrasylvana.blogspot.com.es/2016/01/el-lobo-en-espana-el-eterno-proscrito-ii.html

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Re: EL LOBO EN ESPAÑA: EL ETERNO PROSCRITO

Mensaje por Juanma_Breda el Sáb 30 Ene - 23:47

EL LOBO EN ESPAÑA: EL ETERNO PROSCRITO (III).




A pesar de todo lo visto hasta ahora acrca del lobo, hay un dato que, sobre el papel, no podemos pasar por alto. España es, después de Rumanía (y sin contar a Rusia), el país de Europa con mayores efectivos de lobo.
Sin embargo, cabe detenerse unos momentos a reflexionar sobre el tema analizando de dónde o cómo se llega a estos datos, qué importancia relativa tienen con respecto al tamaño y los distintos espacios y áreas del país, y qué medidas deberían ponerse en marcha para garantizar un correcto funcionamiento de los ecosistemas a nivel nacional.
¿Cuántos lobos hay verdaderamente en España?, ¿cuántos debería albergar el país para conservar la especie en vistas al futuro y en los lugares que le corresponde?, ¿sería necesaria una gestión de control humana de la especie en ese futuro, o sólo una opción alternativa de provecho sostenible como sucede con otra mucha fauna cinegética?, ¿qué medidas o visiones se proponen para ello?...
Estos son los aspectos que tratarán las dos siguientes y últimas entradas referidas al lobo en España. Siempre, y ya les aviso, bajo una opinión personal del que escribe, que eso sí, intenta basar desde la objetividad de la situación, tanto del presente, como aquella que pudiera lograrse en el futuro.
Abordemos pues la primera cuestión…¿Cuántos lobos hay realmente en España y dónde se encuentran?.


A día de hoy nadie sabe con total certeza cuántos lobos existen en España, lo que ya de entrada, es un factor que pone en jaque cualquier punto de partida realista al respecto de su conservación.
Los censos de fauna salvaje, salvo en contadas excepciones, suelen realizarse a través de proyecciones, con datos concretos extrapolados al conjunto, por lo que siempre deben considerarse como estimas poblacionales, nunca como verdades absolutas.
Eso sí, estos métodos, por regla general, bien empleados, se han demostrado como bastante acertados y acordes a una realidad, siempre que han sido puestos sobre el terreno en distintas zonas, y atendiendo a diversas variables.


Panel expuesto en el Museo de Ciencias de Onda (Castellón), con carteles de 1970 que ya en aquellas fechas abogaban por la defensa del lobo en España (Félix Rodríguez de la Fuente).


El problema de los censos sale a relucir, por tanto, cuando su elaboración responde a intereses concretos de quienes los encargan o ponen en marcha, resultando de este modo que pueden quedar muy encima o por debajo de la situación real de la especie.
En España el último censo de lobos a nivel nacional verdaderamente fiable, o que al menos ha servido como punto de partida para encarar su conservación, fue el llevado a cabo por J.C.Blanco et. al. en 1988.
Desde entonces, y ya ha llovido, carecemos de verdaderos estudios para la evolución de la especie en nuestro país.
Aquel estudio reflejaba ya la circunstancia de la complejidad de asumir una cifra homogénea en tanto en cuanto la agrupación del lobo en manadas sufre variaciones notables en su composición a lo largo del año.
Para resumir en líneas generales y comprensibles por el ciudadano de a pie, no es lo mismo contar los ejemplares de la manada cuando la hembra líder o alfa ha parido, que hacerlo pasados unos meses, que hacerlo pasado un año, cuando probablemente la manada se ha vuelto a equilibrar al número inicial tras las bajas, bien sea por muerte natural frecuente de cachorros, por muerte por causas humanas, o por abandono de ejemplares juveniles que irán en busca de nuevos territorios para intentar establecer su propia manada.
Grosso modo, podría establecerse que, en España, la composición tipo de una manada, en plenitud de acción, suele rondar los 4’5 ó 5 lobos, lo que no quiere decir que en distintas épocas del año o dependiendo de territorios, no pueda llegar a alcanzar los 7 ejemplares, o tan solo una pareja.
El censo tomó la cifra media de 6 ejemplares, presumiblemente añadiendo al cómputo los ejemplares a considerar en dispersión.
En base a los análisis y variables del estudio de 1988 se llegó a la conclusión de que en España podían existir entonces entre 1.500 y 2.000 lobos, repartidos desde Galicia hasta algunas zonas de La Rioja, con su línea fronteriza sureña marcada por el río Duero, y también con algunos ejemplares en Salamanca, en la extremeña Sierra de San Pedro, y en un par de núcleos de Sierra Morena.





En 1986, dos años antes, el lobo había quedado al norte del Duero como especie controlable por la Administración, e incluso en algunos casos, como especie cinegética, mientras las poblaciones al sur del Duero se catalogaron como de “especie protegida”, aspectos que también corroboraría la legislación a nivel europeo.
La finalidad de estas medidas era, por un lado, buscar la compatibilidad entre humanos y lobos allí donde al cánido se le creía más o menos asentado y a salvo, y procurar la recuperación del mismo en el resto del país, donde o había desaparecido, o quedaba en números muy próximos a la extinción.
En todos los casos, no obstante, la Administración se comprometió a evaluar los supuestos daños ocasionados por el lobo a la ganadería, con el objetivo de compensar económicamente las pérdidas debidas a ataques que así fueran acreditadas.
Desde entonces no existen estudios globales para la situación del lobo en el país, sino, diríamos más bien, parciales e incluso interesados.
El mismo estudio de 1988 ponía ya de relieve que en base a los casos constatados, y también empleando la proyección, no menos de quinientos lobos habían muerto durante 1987, el año anterior al censo. La mayoría, como imaginarán, debido a causas humanas, “legales” o “ilegales”.
Un censo que mantiene una horquilla de quinientos ejemplares para el cómputo global, 1.500-2.000, quedaría por tanto en una media de 1.750 ejemplares.
Si le restamos 500 muertes al año…obtenemos en realidad 1.250 lobos, de los cuales, en condiciones de procrear, atendiendo en este caso a las hembras alfa, no alcanzarían siquiera las doscientas…
Con todo, al versátil lobo le bastaron ciertas circunstancias coyunturales para experimentar cierta expansión, probablemente poblacional, pero certeramente territorial.
El abandono del medio rural desde la década de los sesenta propició, veinticinco o treinta años después, un incremento notable del medio salvaje, traducido en hábitat recuperado ganado al impacto humano.
Las repoblaciones y traslocaciones de ungulados en cotos llevadas a cabo por el colectivo cinegético, procuraron o aceleraron la variable “presas silvestres”, que en un proceso sin parangón devolvieron en pocos años a los herbívoros salvajes a muchas de las zonas que anteriormente habían poblado, ayudados ahora por la recuperación de espacios tras el abandono del medio rural.
De este modo, una década más tarde, el lobo había llegado y comenzaba a asentarse en algunas provincias con territorio al sur del Duero como Zamora, Salamanca, Valladolid, Ávila, Segovia, Madrid, Soria o Guadalajara, mientras sus intentos de progresar hacia el este o noreste, por el País Vasco, Aragón, o la provincia de Cuenca, comenzaban a ser frenados en el más absoluto silencio, con el total desconocimiento por parte del gran público.
Por otro lado, a finales de los noventa comenzaron a llegar lobos itálicos por el Pirineo catalán, ejemplares divagantes de las poblaciones asentadas en Francia, que a día de hoy se encuenntran en muy bajo número, apenas unos ejemplares, en el Pirineo Oriental.

Distribución geográfica del lobo en 1988 (izqda.)  y en 2016 (dcha.).
No tuvo tanta suerte el lobo sureño. El censo de 1988 daba un total aproximado de cinco manadas de lobo en Extremadura, unos 25 a 35 lobos, contando los ejemplares de la vertiente sur de la Sierra de Gata y los de la Sierra de San Pedro, mientras que Andalucía figuraba en el estudio con dos núcleos en Sierra Morena, que albergarían ocho manadas, unos 40 a 56 lobos repartidos por las provincias de Córdoba, Jaén y Ciudad Real.
Seguramente el censo del lobo se había sobrevalorado en estas áreas (como probablemente también en el norte). Además, en estos territorios el lobo sufrió un acoso aún mayor debido al auge e intensificación de la caza industrial y el vallado cinegético.
A principios de los noventa el lobo desapareció en la Sierra de San Pedro, cazado hasta la extinción.
Sólo en la parte de Extremadura colindante con Castilla y León volvieron a verse muy de vez en cuando algunos ejemplares en dispersión, desde el norte.
En Sierra Morena, y principalmente centrada la cuestión en Andalucía, La Junta, a través de su delegación de Medio Ambiente, siguió procurando estudios, acciones, hasta recibiendo fondos europeos de ayuda a la convivencia con el lobo, en su supuesta conservación y recuperación del cánido. Hasta 2014, que, nunca mejor dicho “empezaron a verle de verdad las orejas al lobo”, mantuvieron que había dos o tres núcleos loberos a lo largo de Sierra Morena, con un total de entre 40 y 50 lobos…los mismos de siempre.
Como ya comenté en anteriores entradas, algunos colectivos implicados por la defensa del lobo pusieron de relieve la alarmante situación del cánido, al que se había dejado completamente de lado, poniendo sobre la mesa, para vergüenza de todos, que el aullido del eterno proscrito se había apagado en su emblemático hábitat de Sierra Morena, donde apenas quedaban más de cuatro o cinco ejemplares que, además, parecían presentar síntomas de hibridación con perros.
No quedó otro remedio a la Administración que asumir lo que era una evidencia, un hecho consumado, pero lejos de actuar con contundencia y credibilidad, solicitando lobos al norte, donde son cazados de forma legal a través de permisos en gran cantidad todos los años, para revertir de inmediato la situación y procurar una efectiva recuperación de la especie atacando de lleno los problemas que le afectan, pero con lobos desde el principio, la Junta parece haberse embarcado en lo que, cada vez más, parece un gran engaño a la sociedad preocupada por estos temas, la financiación LIFE de Europa, la llegada de millones de euros desde la UE para abordar la estrategia de forma ralentizada, en un largo plazo que nunca llega a mirar por las especies, y que no se sabe muy bien cómo, concluye en que los fondos se van destinando a otras cuestiones que nunca producen el efecto requerido, el de contar con poblaciones abundantes y estables de la fauna amenazada en el plazo inmediato, y ni siquiera con el paso de los años.





Mientras tanto, los lobos del norte siguen cayendo como moscas, en Galicia, en Asturias, en Cantabria, en Castilla y León…En el País Vasco, hace sólo unos días, sí señoras y señores, en 2016, y para vergüenza de todos, se exterminó a la última manada que quedaba en Euskadi, en la comarca de Encartaciones, en el Valle de Carranza. Hecho consentido por la administración autonómica de ese territorio.

Escopeteros, batidas legales o ilegales, lazos, cepos, y hasta cebos envenenados, siguen a la orden del día hoy mismo, en un círculo vicioso que, desconociéndose la biología y comportamiento del lobo por quienes emplean estas prácticas,  empuja al lobo a aumentar sus ataques contra la cabaña ganadera descuidada.
Las mismas administraciones prefieren descargar la ira de los problemas del sector ganadero en el cabeza de turco que es el lobo, matando ejemplares para acallar el enfado de un sector que se hunde por otras circunstancias que nada tienen que ver con el lobo, una forma fácil y rápida de parecer que se les tiene en cuenta, y de paso, evitar el gasto, en su fórmula; lobo muerto igual a menos pagos en indemnización.
Se alzan las voces y proclamas de organizaciones que piden la erradicación del lobo, que si este o aquel territorio nunca fue tierra de lobos, tonterías totalmente infundadas sobre si la especie es propia o no de una zona, autóctona o alóctona, que deriva incluso en la esperpéntica declaración de “zona, tierra o provincia libre de lobos”, al más puro estilo del pasado, y avalado en muchos casos por los principales partidos políticos que deben procurar la conservación y recuperación de los valores naturales de la nación, trabajando por la sostenibilidad. Una sostenibilidad y compatibilidad que en ningún caso pasa por la irresponsabilidad.
Y para muestra, un botón.
Así, y por petición socialista, apoyada por los populares, en el último pleno de 2015 de la Diputación de Salamanca,  la comarca de Vitigudino quedó declarada “zona libre de lobos”, sumándose al grito de los ganaderos de “puesto que hay un problema, hay que solucionarlo”.
Y esa, esa es la forma de nuestros representantes, la eliminación, la erradicación, la extinción, la declaración de zonas libres de lobo. Ni siquiera se habla ya de compatibilidad, sostenibilidad, llegar a puntos de encuentro, todo eso de lo que siempre se presume y llena la boca de tanto repetir, sólo de cara a la galería, con palabrería hueca, vacía. Nada, "existe un problema y hay que atajarlo", "el lobo es una especie invasora y ajena a este territorio", "primero son las personas que viven en este territorio”, como si habláramos del mismo diablo, o de una hecatombe sin igual que se cierne sobre los desvalidos ciudadanos…
Si primero son las personas, así, en esa forma terriblemente demagógica e irresponsable de enfocar el asunto, nos lo aplicamos todos y para todo ¿eh?, que aquí todo hijo de vecino tiene sus "lobos que afectan". Si eso, vamos a asaltar todos el campo, que primero somos las personas, aquí el último que cierre la puerta...
Esto, enfocado y aprobado de este modo, no supone otra cosa que un grave atentado contra el patrimonio natural de esta Nación.
El Tribunal Superior de Justicia ya respondió a situaciones similares no hace mucho, como las ocurridas en Ávila en 2013, confirmando que acciones de la Junta de Castilla y León en este sentido, o intentos de declarar a provincias libres de lobos, contraviene la normativa estatal y europea que dota de especial protección a las poblaciones españolas de lobos situados al sur del río Duero a diferencia de las situadas al norte, que están excluidas de ese régimen especial y que, en consecuencia, sí pueden ser objeto de medidas de control o explotación y gestión cinegética.





El último intento por burlar esta situación, fue la elaboración del inaceptable censo oficial de lobos de Castilla y León, puesto en marcha por la Junta a través de más de 650 profesionales agentes medioambientales, celadores de medio ambiente y técnicos de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente, que arrojaba un total de 1.600 ejemplares para la Comunidad Autónoma, 179 manadas, lo que suponía un aumento del 20% respecto a un anterior censo de 2001, pasando de 17 a 27 mandas en las provincias al sur del Duero.
Para ello elevaron la cantidad de miembros de cada manada, dejando la media en ¡nueve ejemplares!, incluyendo los dispersantes, pero además, se contabilizaron manadas y ejemplares por duplicado, puesto que los animales no entienden de fronteras en áreas limítrofes.
El objetivo: aumentar los cupos de caza al norte del Duero y justificar su implantación en los territorios al sur de éste dentro de la Comunidad Autónoma.
Y vean hasta qué punto estas interpretaciones son perniciosas e interesadas.
Hace unos meses se dio a conocer un censo independiente del lobo en la Sierra de La Culebra (Zamora), conocida por ser la mejor población lobera de España, llevado a cabo durante dos años al pie del cañón, sobre el terreno, y en el que incluso se dice que recibió ciertas amenazas sancionadoras por parte de la guardería de la Reserva Nacional, a todo aquel que viera con una libreta…Sin comentarios. Escopetas, las que quiera, libretas, ni una. Terrible.
Sus autores, la bióloga Marta Cruz Flores, y el técnico forestal especialista en seguimiento de fauna salvaje, Carlos Soria, han puesto de manifiesto, y de forma pública, una realidad bien distinta a la presentada por la oficialidad de la Administración.
El resultado que muestran sus censos es que la población real no supera las cinco manadas en la Reserva, y sólo tres de ellas son reproductoras, frente al censo de la Administración Castellano-Leonesa que fijaba un total de entre 10 y 12 manadas en el enclave...Claro, tomando además cifras como nueve ejemplares por manada, a la Administración le salen las cuentas para justificar cualquier regulación del lobo a través de la caza, en este caso, entre 90 y 106 lobos para la culebra, y 1.600  para Castilla y León.
Sin embargo, si tomamos las 5 manadas propuestas por los investigadores independientes, las multiplicamos por un número más realista acorde a la composición de manadas tipo, en torno a 5 ejemplares, y hasta asumiendo en ellas un porcentaje de ejemplares en dispersión para el cómputo global y repartido, vamos a tirar por lo alto, 7 ejemplares (y ya nos pasamos seguro), el total de estima que nos sale es de 35 lobos…
De 106 a 35, sólo en un enclave, el mejor por cierto, pues ya dice mucho sobre la situación real del lobo en el país…





No es de extrañar, pues, que ante esta situación, dos grandes personalidades de nuestro país, respecto al tema lobo, como son el Dr. Fernando Palacios, científico del CSIC y Ángel M. Sánchez, biólogo y fotógrafo naturalista de FAPAS, hayan puesto en marcha la coordinación de un nuevo Programa de Voluntariado para el Censo Nacional, Científico e Independiente del Lobo en España.

Esperemos que esta gran propuesta sin referentes, a escala nacional, ofrezca pronto sus resultados, para poder abordar de manera ajustada a realidad la conservación y cohabitación del lobo con el humano en España.




http://tierrasylvana.blogspot.com.es/2016/01/el-lobo-en-espana-el-eterno-proscrito.html

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Re: EL LOBO EN ESPAÑA: EL ETERNO PROSCRITO

Mensaje por HIMNOSHISTORICOS el Lun 1 Feb - 0:19

El lobo ibérico ya es legalmente una especie en peligro de extinción en Andalucía


Una quincena de asociaciones ecologistas solicitaron en marzo a la Junta de Andalucía que se aumentara la protección del depredador
Después de seis meses, la ley da automáticamente por "estimada" la petición
La Consejería de Medio Ambiente le ha comunicado a este diario que la próxima semana se presentará un nuevo plan de recuperación



La ley no deja lugar a dudas: el lobo ibérico ya es legalmente una especie en peligro de extinción en Andalucía. Más de una quincena de organizaciones ecologistas de España y Portugal, como Ecologistas en Acción o WWF, solicitaron el pasado 13 de marzo que la Junta de Andalucía catalogara al gran depredador como especie en peligro de extinción.
La legislación es clara: "Transcurrido dicho plazo [seis meses] sin haberse notificado resolución expresa, se entenderá estimada su petición". Así lo establece el decreto 23/2012 andaluz, que regula la conservación de fauna, flora y hábitats.

"Legalmente el lobo ibérico está ya en peligro de extinción en Andalucía", asevera José Luis Anguita, experto en la especie de Ecologistas en Acción. La organización, tal y como ha señalado en nota de prensa, va a dirigir ahora un escrito al consejero de medio ambiente, José Fiscal, para que "de forma inmediata y mediante Orden, proceda a incluir y publicar en boletín oficial al Lobo Ibérico dentro de la categoría "En Peligro" tal y como establece la propia norma para estos casos". La Orden sería, por tanto, el siguiente paso administrativo para que se cumpla la ley y el lobo ibérico quede correctamente catalogado.
Como señalan los propios ecologistas, el nuevo estado de amenaza supone la puesta en marcha de un plan de recuperación, "que incluya garantías técnicas, jurídicas y económicas" para la especie. En caso de que dicho plan no se ejecute, Ecologistas en Acción amenaza con llevar el caso a los tribunales.
De este modo, los ecologistas cuentan ahora con una nueva herramienta legal para proteger a esta especie emblemática de la Península Ibérica. La reclamación viene de lejos: desde que hace 15 años, el Libro Rojo de los Vertebrados Amenazados de Andalucía estableció que el lobo era una especie en peligro crítico de extinción. Dicha catalogación obligaba a la Administración a redefinir el estado de amenaza del depredador. No ha sido así: el decreto de conservación de la fauna (de 2013) la considera una mera especie de interés especial.
Además, y una vez incluida en el Libro Rojo como especie en peligro, la Junta estaba obligada a aprobar un plan de recuperación. Los ecologistas consideran que dicho plan no se ha llevado a cabo, ya que tildan de insuficiente el plan de seguimiento y conservación aprobado por la Junta en 2003 para " obtener datos acerca de su dinámica de población, indemnizar los daños al ganado, reducir los conflictos con la población local, y en general asegurar la supervivencia de la especie favoreciendo su expansión por las zonas más favorables y menos conflictivas". Ecologistas en Acción estudia ahora interponer una denuncia por prevaricación administrativa a Javier Madrid, director general de medio natural, por no haber recatalogado a la especie y tomado las medidas necesarias para poner freno a su extinción.

¿Cuántos lobos quedan en Andalucía?

Los ecologistas denuncian desde hace años que no solo no se está protegiendo al lobo, sino que se desconoce el número exacto de ejemplares que pueblan Andalucía. Entre 4 y 56 individuos oscila la amplia pinza estimada, respectivamente, por ecologistas y administración pública.
"Nadie sabe cuántos lobos quedan en Andalucía. Las cifras que ofrece [la Junta] son preocupantes, pero están basadas en estimaciones que hacen a través de la recogida de indicios indirectos. No están basadas en una metodología directa, es decir, en la recogida de muestras y en la observación de fototrampeo",  denunciaba Anguita a mediados de marzo.
La Consejería de Medio Ambiente le ha comunicado a este diario que la próxima semana se presentará un nuevo plan de recuperación, los últimos datos oficiales sobre la presencia de la especie en la región y un proyecto Life de "gobernanza y comunicación ambiental sobre el lobo".

http://www.eldiario.es/andalucia/lobo-legalmente-peligro-extincion-Andalucia_0_431157648.html

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